Museo del chocolate Nestlé

Gustavo López Padilla

  La naturaleza de un encargo arquitectónico, sugiere de inicio, algunas directrices que orientan el desenvolvimiento de su diseño. Desarrollar el proyecto de un museo relacionado con el chocolate, abre  posibilidades para explorar alternativas compositivas y formales divertidas, novedosas, dentro de parámetros de experimentación bastante libres. Tal es el caso de lo que fue solicitado al arquitecto Michel Rojkind para el Museo del Chocolate Nestlé, ubicado en la ciudad de Toluca, Estado de México, obra realizada en colaboración con Agustín Pereyra, Mauricio García-Noriega, Moritz Melchert, Juan Carlos Vidals, Paulina Goicoolea, Daniel Dusoswa y Mathew Lohden, terminada en el año del 2007, contando con 634.00 m2 y 300.00m de longitud.

Conceptualmente el edificio del museo está planteado como una escultura  promocional habitable, arquitectura entendida como espectáculo visual, que manifiesta abiertamente su voluntad de destacar su presencia en medio de un entorno industrial de escaso valor arquitectónico y urbano. Michel Rojkind decidió acercarse a criterios compositivos que algunos críticos y teóricos de la arquitectura, como Josep María Montaner  identifican como la arquitectura del caos y en particular lo que tiene que ver con la teoría de los pliegues desarrollada entre otros por Gilles Deleuze.  Montaner comenta en su libro Sistemas arquitectónicos contemporáneos, de la editorial Gustavo Gili, 2008, que ¨ la teoría de los pliegues se acerca tanto a lo exuberante y vivo de la naturaleza como a la imprevisibilidad de los acontecimientos ¨ Haciendo referencia al pensamiento de Delleuze, Montaner comenta además ¨ que los seres vivos y los objetos complejos están totalmente conformados por pliegues ¨ En este orden de cosas, teniendo como antecedentes o referencias previas proyectos como El museo judío, ubicado en Berlín, 1988-1999, de Daniel Libeskind, la obra escultórica de Mathías Goeritz denominada Serpiente, ubicada en el Museo El Eco, ciudad de México, del año 1952, la propia experiencia del Museo El Eco o la Universidad Adolfo Ibáñez, ubicada en Santiago de Chile, 2001-2002, del arquitecto José Cruz Ovalle, Michel Rojkind decidió desarrollar su proyecto.

Acceso al museo Ilustración Tania Tovar Torres

 

El sitio donde se ubica el Museo del Chocolate Nestlé es una esquina, lo cual le permite desplegar con cierta libertad las posibilidades  geométricas y formales del conjunto. Los pliegues geométricos asumidos en la solución volumétrica, direccionan algunas de sus  superficies, de tal suerte que permiten definir lateralmente el acceso principal, una fachada que mira,  toma luz natural y define la presencia urbana del museo hacia la avenida principal, para finalmente después de un recorrido lineal, establecer  contacto con un  acceso a la planta de producción de la propia empresa, construcción preexistente.  El conjunto se desplanta sobre una serie de apoyos puntuales, reforzando la idea de establecer un franco contraste entre la geometría compleja del museo, el entorno natural del terreno y su relación respecto de la simplicidad de lo construido con anterioridad. Existe una clara voluntad de destacar la presencia del nuevo museo.

Fachada principal hacia avenida Ilustración Tania Tovar Torres

 

El programa que conforma el museo es sencillo, constituido por recepción, auditorio, museo shop y sus servicios complementarios. Lo anterior se recorre en una secuencia continua, en la que se procuran diferentes calidades espaciales y vivenciales, definidas y dramatizadas por su complejidad geométrica y  diferencias entre calidades de luz natural y artificial.  Existe evidentemente una buena dosis de formalismo y gratuidad en la disposición, detalles y forma de los distintos componentes que definen dichos espacios. El juego de color, texturas y luz, complementan y le dan personalidad al encargo. Con rojo formando parte de una textura acanalada y rugosa industrial, se define la piel exterior. Utilizando blanco calificando superficies tersas, con juegos de luz natural, artificial y claroscuros se definen los espacios interiores y sus recorridos.  El Museo del Chocolate Nestlé es un acercamiento a lo que Montaner define como   sistemas formales que intentan aproximarse al caos y que recurren a las formas no matriciadas que tienen relación con lo orgánico, haciendo énfasis en una posible sistematización del caos que lleva a nuevos tipos de estructuras desordenadas, mutantes, versátiles y desjerarquizadas. El Museo Nestlé representa al final de cuentas un ejercicio experimental que pudiera tener mayores repercusiones de fondo a futuro.

Interior del Museo Ilustración Tania Tovar Torres

Es importante que instituciones de prestigio, públicas y privadas, confíen en arquitectos de nuevas generaciones y alienten con sus encargos oportunidades para experimentar posibilidades de la arquitectura distintas a las experiencias usuales y con ello abrir la puerta a nuevas alternativas que puedan enriquecer la diversidad de la arquitectura mexicana contemporánea, asumiendo el peligro de cruzar una frontera muy delgada que puede conducir al abuso de interpretaciones arquitectónicas que resulten banales o superficiales. Siempre lo mejor será correr el riesgo y no quedar rezagados en relación a las nuevas formas de pensamiento e interpretación arquitectónicas..

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