Las Torres de Satélite

Gustavo López Padilla 

Las sociedades logran perdurar y trascender en el tiempo a partir de sus capacidades creativas. Lo anterior queda de manifiesto, cuando ponen en juego su espíritu y su mente para reflexionar en relación con el significado y sentido de la vida del hombre, al imaginar y llevar a la práctica variadas formas de organización social, con las cuales intentan la sana convivencia colectiva y desde luego también, con el ejercicio de todas aquellas expresiones que asociamos con el arte, entendido como una necesidad humana por dejar constancia de su paso e interpretaciones de la vida. 

Las ciudades, dada su diversidad y complejidad, sin duda, representan una de las manifestaciones creativas del hombre mas completas. En los ámbitos urbanos caben casi todas las expresiones artísticas, desde las formas mismas de organización del espacio de convivencia colectivo, como calles, plazas o jardines, pasando por el valor de obras arquitectónicas, ya sea el conjunto de las mismas o de aquellas que destacan por sus particularidades, hasta llegar a otras expresiones del arte como pueden ser la escultura o la pintura. Algunas de estas obras, por diversas circunstancias, que tienen que ver con eventos sociales, políticos, religiosos o simplemente dada su calidad de ejecución y valores que representan, se vuelven hitos y pasan a formar parte de la vida cotidiana de los moradores de las ciudades. Y es aquí, justamente, cuando entran en juego no solo las habilidades creativas de los seres humanos, sino también sus sensibilidades para conservar aquellas obras, que se han valorado como trascendentes. Estamos de acuerdo que la naturaleza misma de la vida tiene que ver con el cambio, la transformación y la evolución, sin embargo existen algunas expresiones que se vuelve necesario conservar. Ideas, eventos u obras, que se convierten en  puntos de referencia indispensables, que nos permiten tener conciencia, darle sentido  y evaluar nuestro paso por la historia. 

ilustración: Natalia González Piña

 

El conjunto de las reflexiones anteriores viene a cuento, ahora que el gobierno del Estado de México, ha anunciado la posible próxima realización de un segundo piso del periférico, en el trayecto que pasa por su demarcación rumbo a la ciudad de Querétaro. Independientemente de la valoración, afectación urbana y social que pueda resultar de la realización y modos de operación de la obra mencionada, existe la preocupación particular, muy importante, en relación con el impacto que esta obra del segundo piso, puede acarrearle a las Torres de Satélite.  Como se recuerda, estas últimas fueron realizadas en el año de 1957 por Mathías Goeritz, en colaboración con Luís Barragán y en concordancia con el plan de desarrollo urbano de Ciudad Satélite, allá en el Estado de México, desarrollado por Mario Pani. Sin duda se trata de una obra mayor de arte urbano que ha pasado a formar parte insustituible del paisaje de la zona metropolitana del Valle de México. La construcción del segundo piso del periférico, en el Estado de México, no puede entenderse con la cortedad de miras eficientista, sin considerar el impacto que pueda tener en la calidad y afectaciones de vida y urbanas a todo lo largo de su trayecto y desde luego es impensable y sería totalmente reprobable, que afectara la calidad del ámbito urbano perimetral, colindante, a las Torres de Satélite. No estamos ante cualquier nodo urbano. Se trata de una obra monumental, espléndida, que representa la creatividad de tres grandes del arte, la arquitectura y el urbanismo mexicanos. Nos referimos a una obra que la sociedad ha vuelto suya y que forma parte insustituible de la cotidianeidad y el patrimonio cultural colectivo de nuestro país en su conjunto. Afectar directamente la calidad del entorno urbano de las Torres equivaldría a dar una muestra más de la brutalidad e insensibilidad con la que nuestros gobiernos se han comportado, en relación con nuestro patrimonio cultural, sobre todo lo que tiene que ver con los tiempos modernos.   

No es razonable oponerse a la transformación de nuestras ciudades, pero lo anterior no puede realizarse sin tomar en cuenta y valorar las obras, zonas urbanas y calidades de vida, que forman parte y han dado significación  a nuestra sociedad como cultura. Las nuevas obras deben enriquecer nuestro patrimonio colectivo y no convertirse en factores de deterioro y desencanto social. 

Como alternativa vial se ha propuesto realizar un túnel al aproximarse a la zona donde se ubican las Torres, para respetar así el entorno a las mismas. Los argumentos del costo que esta obra pueda ocasionar no son sostenibles. La significación de las Torres, como arte urbano mayor, para nuestra sociedad, se mide con otros valores. Aprendamos no solo ha seguir siendo creativos, desarrollemos también nuestra sensibilidad y capacidades para conservar lo que hemos podido crear y se ha vuelto contribución, incluso, para la humanidad en su conjunto. 

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