La actualidad de las ideas

 Gustavo López Padilla 

Durante casi cinco décadas, en el pasado siglo, las ideas del movimiento moderno, impulsadas y consolidadas por los países industrializados, fundamentalmente los centroeuropeos en un inicio, seguidos por los Estados Unidos, propusieron un desarrollo moderno de las ciudades, apoyado en los criterios de zonificación de los usos del suelo, ordenados de tal manera que las gentes los pudieran identificar y vivir con claridad. En congruencia con lo anterior, las propuestas arquitectónicas de los arquitectos pertenecientes al mismo movimiento moderno, funcionalista, experimentaron un repertorio compositivo, apoyado en geometrías simples, regulares, vinculando lo anterior al uso de materiales y procedimientos constructivos industrializados, buscando –a veces solo en teoría- una relación directa entre forma y función,  economía y racionalidad constructivas. 

  Después de las guerras mundiales, el funcionalismo fue considerado como la alternativa adecuada para enfrentar las demandas sociales en materia de desarrollo urbano y soluciones arquitectónicas requeridas en los temas de vivienda, educación, salud, transporte y trabajo. Indudablemente la experiencia del funcionalismo calificó de manera notable importantes zonas de desarrollo de distintas ciudades en el mundo, con un considerable número de obras arquitectónicas, realizadas por los maestros de este movimiento y apoyadas por los críticos e historiadores que valoraron y defendieron las ideas anteriormente descritas. 

  En los años setenta del siglo XX, en buena medida a partir de las observaciones y análisis urbanos realizados por Robert Venturi,  reflexionando además sobre el amplio universo de las experiencias arquitectónicas que se realizaban en muchos países, ya no solo en los industrializados, se llegó a comprender que el fenómeno arquitectónico y urbano construido en el mundo, rebasaba las propuestas del movimiento moderno, que si bien eran importantes, resultaban al final de cuentas limitadas y esquemáticas, a la luz de la complejidad de las experiencias urbanas concretas. 

  

Conjunto de departamentos Silodam Amsterdam 2002, Grupo MVRDV. Ilustración: Natalia González Piña

Se aceptó que la realidad de cada ciudad no es necesariamente unitaria, sino que cada ciudad es al mismo tiempo muchas ciudades, en las que existe un repertorio arquitectónico rico, complejo, ambiguo, dinámico, yuxtapuesto –formal e históricamente hablando- y que las gentes en las ciudades disfrutan y alientan la condición de diversidad como parte de la vida. Los pensadores del urbanismo y la arquitectura admitieron que las experiencias de desarrollo y diseño han sido siempre diversas y se incluyeron en las discusiones y análisis, las propuestas, ya no solo de los países industrializados, sino todas aquellas que contuvieran algo importante y creativo que decir y contribuyeran a la gran experiencia cultural universal construida.  En este orden de cosas, hacen sentido las propuestas de los grupos jóvenes de arquitectos, como el holandés MVRDV, que con su proyecto del conjunto de viviendas denominado Silodam, ubicado en la ciudad de Ámsterdam y terminado en 2002, ejemplifica la actualidad de las ideas, que anteponen los criterios de diversidad e inclusión o de unidad en la variedad, a los de un orden estricto que conlleva a la uniformidad, planteada por el movimiento funcionalista, representado, entre otros, por el proyecto de departamentos Lake Shore, en Chicago, 1948-1951 de Mies Van Der Rohe. En el proyecto Silodam,  los holandeses proponen un collage en el que  conviven diferentes alternativas, de tal suerte que los usuarios del nuevo conjunto disponen de variadas ofertas de viviendas en cuanto a  tamaño, programa y calidades de habitabilidad. El conjunto Silodam representa formal y compositivamente, una porción de ciudad en la que caben diferentes grupos sociales, que se apoyan y retroalimentan, enriqueciendo la experiencia de vivir colectivamente.  

 La imagen tradicional de una calle de Ámsterdam, es aquella en la que ningún edificio es igual a su vecino, sin embargo como experiencia urbana, formal, colectiva, el conjunto de la ciudad se conforma con el criterio de variedad en la unidad. Existen lenguajes y tratamientos comunes, pero existe la posibilidad de acentuar las individualidades. Mas allá del mero formalismo, el Silodam de MVRDV es la expresión actualizada el espíritu urbano holandés, incluyendo el hecho de ubicarse, desplantarse y construirse en el agua a manera de un palafito moderno.  

 Lo actual y representativo es la aceptación de los otros, tratando de respetar sus particularidades, no solo como buena intención, sino llevado al punto de representarlo en términos arquitectónicos y urbanos, en las obras que califican la imagen de las ciudades. Finalmente el funcionalismo, de tendencia dominante, ha pasado a ser una opción entre otras. Ajustando en alguna medida sus principios, ha logrado mantener su vigencia.   

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