Espacio público y ciudad

Gustavo López Padilla

 Las ciudades, una de las expresiones sociales más completas, fueron surgiendo en principio, en relación con una fuente confiable de abastecimiento de agua potable, llámense ríos, lagos o lagunas y definiendo de origen un espacio abierto que cargándose de significados, permitiera organizar la vida colectiva, convirtiéndose en elemento sustancial de relación entre el hombre y el cosmos y vinculación amable con el entorno natural.  Al paso del tiempo, este espacio abierto inicial, constituiría el elemento esencial de la estructura urbana que identificaría a cada ciudad en lo particular. El crecimiento y desarrollo de las ciudades posibilitó que el espacio urbano colectivo se fuera multiplicando, diversificando y que en relación a la variedad de estos espacios abiertos se fueran  construyendo los edificios, respondiendo a necesidades de uso y a interpretaciones políticas, sociales, filosóficas y religiosas, de cada grupo social en lo particular.

La vida colectiva de las ciudades se fue estructurando y cobrando sentido, a partir de conjuntos de edificios y espacios abiertos, dando alojamiento a las distintas actividades cotidianas como el intercambio comercial o la simple convivencia y a todas aquellas festividades políticas y religiosas, que  significan y representan su interpretación de la vida y de relaciones posibles entre quienes constituyen la comunidad urbana. La calidad, cantidad y diversidad de los espacios públicos, así como la construcción de los edificios que constituyen las ciudades, les confieren  identidad formal, vivencial y posibilitan las relaciones colectivas, el intercambio de experiencias de vida y conocimientos, definiendo en gran medida conductas que se ven reflejadas en la salud social. El espacio público en las ciudades, constituido por plazas, calles y jardines fundamentalmente, es pues un elemento sustancial para la vida social.

Los espacios públicos pueden ser definidos y construidos por las propias comunidades, a partir de la vida cotidiana o pueden ser promovidos por las instituciones políticas, religiosas, culturales o sociales. Como quiera que sea es muy importante su presencia y existe la necesidad de ellos, vinculada a razones subjetivas y a otras más de salud pública, estrechamente relacionadas a datos de densidad de población. Las grandes ciudades requieren de un razonable y equilibrado número y diversidad de espacios públicos. Sus limitaciones extremas pueden generar conductas sociales negativas que pueden desembocar en violencia y la destrucción de cosas materiales o en la desaparición de valores, actividades y vínculos fundamentales, que le dan sentido y pertinencia a los diferentes grupos humanos que constituyen las ciudades.

 

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calle de Madero, ciudad de México ilustración Tania Tovar Torres

En los últimos treinta años, la ciudad de México a crecido territorial y poblacionalmente hasta límites difícilmente manejables, incrementando en diferentes zonas de la ciudad sus índices de densidad poblacional, sin ofrecer a la ciudadanía alternativas de nuevos espacios abiertos, que permitan canalizar y desarrollar actividades sociales. Hace tiempo que no se conoce la construcción de nuevas plazas o jardines importantes. Sin embargo, en este orden de cosas es relevante, que recientemente se hayan inaugurado: La renovación de la llamada Plaza de la República, que aloja el Monumento a la Revolución y la peatonalización de la calle de Madero, en el Centro Histórico de la ciudad.

En pocos días la ciudadanía a hecho suya la calle de Madero, ahora destinada solamente para ser recorrida a pié y el número de visitantes es significativo. El trayecto total de esta calle articula la Alameda Central, el Palacio de Bellas Artes, el edificio de Correos y los del Banco de México, con el Zócalo, su Catedral Metropolitana, Palacio Nacional y los edificios de gobierno de la ciudad, permitiendo en su recorrido admirar tranquilamente otros edificios, de distinta naturaleza y uso que se remiten a la época colonial, pasando por las distintas etapas de modernidad por las que ha transitado la ciudad de México. Comercios de condición diversa son adicionalmente un importante atractivo. Esta calle se relaciona con otras mas, también peatonales, que la atraviesan o tocan  perpendicularmente, convirtiéndose en conjunto en un sistema diverso, que ofrece a la ciudadanía una oferta interesante de actividades, que enriquecen y dan sentido y salida a una parte de la vida colectiva.

Plaza de la República y Monumento a la Revolución Ilustración Tania Tovar Torres

La Plaza de la República, aunque también es de origen un espacio público preexistente, en su remodelación ofrece resultados atractivos. De igual manera el planteamiento de su diseño fue entendido como un sistema, que articula Paseo de la Reforma,  la calle de Lafragua. Ave. Juárez y la Ave. de los Insurgentes. Se trata de un espacio urbano de proporciones y escala generosas, predominantemente terminado con materiales pétreos, con algunas zonas arboladas desplantadas sobre el pavimento mismo y algunos jardines de dimensiones menores. Una fuente saltarina se ofrece como un atractivo adicional. El Museo que se aloja en la parte baja del Monumento fue también intervenido con instalaciones mas modernas y se puede ahora, utilizando un polémico elevador -realizado a imagen de lo que sucede en el  nuevo arco parisino, construido entre 1983 y 1989, ubicado en el remate de los Campos Elíseos, obra del diseñador  danés Otto Von Spreckelsen- visitar la parte alta del monumento, llegando a un mirador que permite la vista del conjunto de la plaza y las calles que confluyen al lugar. El tratamiento de pisos, límites virtuales y la vegetación propuesta, realzan el lugar, su escala y monumentalidad, dada su continuidad de detalles, texturas y color. La Plaza es no solo sitio de reunión, sino que permite la realización de actividades diversas que van desde el simple ocio hasta culturales.

Será de esperarse que además del beneficio que significan los resultados de la remodelación de la plaza y el monumento, esta obra, se pueda convertir en un detonador del desarrollo y mejoramiento de la zona, comenzando por su entorno más próximo. Resulta ahora recomendable la remodelación y modernización del edificio del Frontón México, con todo lo que esta obra puede significar desde el punto de vista comercial y cultural.

Obras como las anteriores son bienvenidas, tienen una significación importante para la vida colectiva de la ciudad de México y será de esperarse, que nuevas y distintas obras de espacio público se sumen a las existentes, para enriquecer y diversificar la vida social. Ojala y dentro de ellas se pueda contar con nuevos espacios verdes, que contribuyan a disminuir el déficit de metros cuadrados por habitante, que en este sentido, aqueja a la ciudad. El largamente prometido Parque Bicentenario en Azcapotzalco, todavía no es una realidad. Pero se necesitan muchos más espacios públicos para la ciudad de México, de ser posible que cuenten también con importantes cuerpos de agua. Otras ciudades del interior de la República requieren también de estos espacios, entendidos como sistemas que propicien la riqueza de la vida colectiva a partir de actividades de distinta naturaleza, que colaboren al bienestar de la conducta social y contribuyan también al mejoramiento de las cuestiones de carácter ambiental. 

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