Compromiso social y cambio climático

Gustavo López Padilla

Es bien sabido que los problemas ambientales en el mundo no son cosa nueva; comenzaron con la Revolución Industrial a mediados del siglo XVIII en la Europa Central y un siglo después sus efectos ya eran identificables. Distintas voces de alerta visualizaron los daños que esta manera de desarrollo podrían acarrear al conjunto de la tierra; William Morris (1834-1896) y John Ruskin (1819-1900) en Inglaterra, con su movimiento Artes y Artesanías, propusieron reorientar el crecimiento de las ciudades, sus industrias y la manera de entender y ejercer la arquitectura, tratando de establecer relaciones mas amables con respecto de la naturaleza. Evidentemente no fueron escuchados, como no lo fueron todos aquellos que a lo largo de todo el siglo XX, -el más devastador de la historia- argumentaban con razones la crisis ambiental, que era  previsible, dado el tipo de desarrollo, egoísta y destructivo, practicado tanto en el campo como en los mares y las ciudades. A los que alzaron sus protestas se les consideró todo el tiempo como alarmistas. Las catástrofes ambientales ya nos alcanzaron y en muchos casos hemos sido rebasados por ellas. Los costos sociales, económicos, políticos, culturales y humanos, año con año, rebasan por mucho las capacidades de los estados para enfrentar esta problemática ambiental. Hemos llegado a situaciones límite, poniendo en peligro, la viabilidad del desarrollo y la convivencia contemporáneas. El tiempo y la necesidad de acuerdos sociales, con resultados tangibles, nos obliga a actuar con racionalidad y rapidez.

La responsabilidad de enderezar el camino no es solo de los grupos políticos sino de la sociedad en su conjunto. De hecho los representantes políticos tienen ya muchos años realizando reuniones internacionales, sin acuerdos sustanciales. Al final de cuentas siguen teniendo fuertes compromisos, más que con la sociedad, con los intereses de los grandes capitales -de quienes dependen en gran medida y reciben apoyo- que han explotado y pretenden seguir explotando la naturaleza, para su beneficio particular, sin preocupaciones por el futuro y el planeta. La sociedad a través de sus distintas organizaciones y representaciones, tiene que demandar y actuar, pensando que las ciudades, el campo, los bosques, los mares, las montañas, las zonas de glaciares, con todos los sistemas de producción que involucran, deben reorientar su desarrollo.

La educación a todos los niveles es herramienta fundamental para lograr un nuevo equilibrio entre los ecosistemas que constituyen nuestro planeta. Comenzando desde los niveles de instrucción básica, incentivando el conocimiento de las cuestiones ambientales, pero sobre todo fomentando pequeñas acciones o conductas entre los escolares, para que el cuidado de la naturaleza se vuelva costumbre, parte sustancial de la vida cotidiana, no solo en las escuelas sino el la vida diaria de las familias en sus hogares. En la educación superior se tienen que impulsar sobre todo las cuestiones éticas. Es evidente que el problema fundamental de las agresiones a la naturaleza, no se deben al desconocimiento de sus resultados sino a problemas de carácter moral. Se ha actuado contra la naturaleza, con egoísmo, con conocimiento de causa, pensando solo en las utilidades inmediatas, sabiendo de sus efectos. Evidentemente que la investigación científica aplicada debe recibir también mayores apoyos, confiando en que la razón aplicada a la ciencia y al desarrollo nos ayuden a resolver las dificultades ambientales. En otro sentido instrumentar y mejorar las leyes de protección ambiental, cuidando desde luego su aplicación, respeto y sanciones, es otra tarea que se debe cumplir. De nueva cuenta se trata de un problema de responsabilidad y ejercicio de la ética, como instrumento fundamental del desarrollo.. 

Torre solar Eureka en Andalucía España Ilustración Tania Tovar Torres

Se ha avanzado mucho en el conocimiento y experimentación de los modelos y prácticas de desarrollo, aplicando criterios de sustentabilidad, tanto en el campo como en las ciudades. El calentamiento global nos ha llevado a incentivar la ciencia en rubros como la energía solar, la del viento, la de las mareas, la energía asociada al hidrógeno, la reutilización y reciclamiento de la basura entendida como un bien de alto potencial económico y no como un desperdicio, la utilización racional del agua potable, el aprovechamiento del agua de lluvia, el tratamiento y reutilización de las aguas residuales, el aprovechamiento de la luz natural, el desarrollo de productos de bajo consumo energético. Evidentemente que todo lo anterior combinado con sistemas racionales de aprovechamiento y explotación del campo, los bosques, los mares, considerando la protección de los sistemas ecológicos que implican a todas las especies animales.

La ciencia nuclear con sus dificultades y temores, se ha seguido desarrollando y la apuesta es lograr en la medida de lo posible, garantizar sus medidas de seguridad, formas de aplicación, el manejo lógico de sus residuos, de tal manera que no lleguen a ser dañinos para la naturaleza y los seres humanos. No podemos descartar la ciencia nuclear. A partir de ella, hoy en día se suministra gran parte de la energía que consumen varios países desarrollados. Procurar una energía nuclear segura, económica y amigable con la naturaleza, es uno de los retos de la ciencia moderna. 

Las ciudades y los modelos de desarrollo se hacen y se rehacen en el tiempo y la pregunta fundamental de compromiso social es: ¿Que estamos haciendo cada uno de nosotros hoy en día para transformar la realidad negativa ambiental que nos aqueja? De la suma de las pequeñas y grandes acciones que cada uno realice para la transformación y reorientación del camino que nos reconcilie con la naturaleza, depende el éxito de la empresa. Hay que demandar el cambio,  realizarlo y cuidarlo. No hay excusa; sabemos lo que tenemos que hacer, como hacerlo y el bienestar que lo acompaña; también conocemos las consecuencias negativas y la destrucción que significa seguir por el camino equivocado. Todos somos responsables. 

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