Memoria y presente urbano en Nueva York

Gustavo López Padilla

Las ciudades como expresiones sociales son fenómenos vivos permanentemente cambiantes, complejos, ambiguos, inesperados, incluyentes, representativos de los valores que corresponden a cada etapa histórica, a través de las cuales han transitado las edificaciones y espacios que son propios de esas ciudades. Las obras privadas o públicas, así como los espacios colectivos como calles, plazas y parques, son la expresión construida de una manera de entender la filosofía, el cosmos, el mundo, el tiempo, el espacio, las relaciones sociales y las estructuras económicas. El ámbito de las ciudades es el lugar natural de la acción política, significando valores y  maneras de ejercerla. Las ciudades son al final de cuentas una de las manifestaciones mas acabadas de la cultura. El paso del tiempo alimenta la memoria y en las ciudades trae como consecuencia el que se vayan acumulando una tras otra, a manera de distintas capas identificables, yuxtapuestas, diferentes interpretaciones urbanas. Las ciudades se convierten en múltiples ciudades que conviven al mismo tiempo, con valores distintos,  en un territorio definido.

La ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos de Norteamérica, una de las más representativas del mundo moderno capitalista, que remonta sus orígenes a la mitad del siglo XVII, nos ha mostrado una permanente capacidad y voluntad de transformación y adaptación a las circunstancias, pero conservando al paso del tiempo, algunos lugares y edificios emblemáticos que han pasado a formar parte de su relativamente joven historia, cultura y tradiciones. Recientemente en la zona oeste de Manhattan, en los distritos conocidos como Meat Packing y Chelsea, entre las avenidas 9 y 10 y las calles 30 y Gansevoort, cerca de Greenwich Village, colindando paralelamente con la West Side Highway que da frente a la zona portuaria que corre a lo largo del Río Hudson, se ha estado realizando un proyecto paisajístico muy interesante conocido como High Line, en el que se mezclan memoria y conservación, con renovación y transformación territorial. Esa zona de la ciudad se consolidó como un importante territorio industrial, requiriendo para su funcionamiento en el año de 1934, de la construcción de un ferrocarril elevado con el que se transportaban insumos y productos elaborados en las fábricas que constituían la imagen urbana y ambiental predominantes en el lugar.

ilustración Tania Tovar Torres

ilustración Tania Tovar Torres

Como consecuencia de la dinámica natural de las ciudades, la vocación de uso del suelo de este territorio neoyorkino se ha ido transformando, dando cabida o otras actividades distintas a las industriales y así las cosas el tren elevado fue perdiendo sentido, hasta que realizó su último recorrido en el año 1980. La estructura metálica elevada, por la que transitaba el ferrocarril, permaneció algunos años en el olvido, hasta que en el año de 1999 Joshua David y Robert Hammond, residentes del barrio a través del cual cruzaba el tren,  reconociendo esta construcción como parte de su memoria urbana vital, decidieron fundar la Asociación de Amigos del High Line, promoviendo e impulsando su conservación, restauración y transformación en un espacio público, que colaborara a la convivencia colectiva, al mejoramiento ambiental y de imagen de la zona.

Después de algunos años de gestiones privadas y públicas se convocó a un concurso de diseño urbano y paisajístico, otorgándose el proyecto, en el año del 2004, al equipo conformado por James Corner Field Operations y a los arquitectos Diller Scofidio + Renfro. Se planteó que el proyecto a realizarse a lo largo de 2.3 KM. de este trayecto ferroviario, se realizaría en tres etapas, inaugurándose la primera en el año 2009 y que comprende desde la calle Gansevoort hasta la calle 20. Una segunda sección se inaugurará en el año 2011, comprendiendo lo que va de la calle 20 a la 30 y finalmente se propuso una tercera etapa con alcances y fechas por definir.

 

 

ilustración Tania Tovar Torres

 

 

Lo que ahora se conoce como High Line Park se ha convertido conjuntamente con otras fuerzas del mercado, en un detonador del desarrollo, que ha impulsado la transformación de ese sector urbano neoyorquino. Es importante destacar en este proyecto la conciencia de pertenencia y la voluntad de los fundadores de la Asociación de Amigos del High Line, a la que seguramente se sumaron muchos mas vecinos e inversionistas, valorando la historia, significación cultural y patrimonial del sitio. Evidentemente que tuvieron también buen olfato para descubrir una buena oportunidad para realizar negocios. Finalmente la comunidad y su representación gubernamental, unidos, han logrado incluir un amplio repertorio de oportunidades de proyecto e inversiones, que incluye por delante el mejoramiento de la calidad de vida de los residentes del lugar y la generación de empleos, con un carácter distinto a la antigua zona industrial. Se han realizado recientemente construcciones de distinta naturaleza en los alrededores, que incluyen oficinas, viviendas en edificios, restaurantes, boutiques y mercados, diseñados algunos por prestigiados despachos de arquitectos como Frank Gehry o Jean Nouvel.

El proyecto del parque, ubicado a diez metros de altura sobre el nivel de calle, partiendo de las preexistencias estructurales, vivenciales y direccionales de las vías ferroviarias, termina siendo un agradable mirador paseo lineal, que permite recorrer, apreciar y reconocer el paisaje urbano de esa zona oeste de la ciudad, creando la posibilidad intermitente de mirar el Río Hudson. El abandono por algunos años de las vías ferroviarias propició el crecimiento de superficies vegetales con especies silvestres que se convirtieron en motivos sugerentes para conservar algunas de ellas, diseñar otros sectores a lo largo del paseo con atmósferas cercanas también a lo silvestre, combinando lo anterior con propuestas de diseño mas cuidadas y controladas. Se puede hablar de criterios de diseño que combinan la conservación y la intervención contemporánea, dentro de lo que se puede llamar también paisajistica y ambientalmente como azoteas verdes. Las áreas caminables y de estar, alternándose con lugares verdes, acentúan el carácter lineal del parque, al estar constituidas por superficies definidas por franjas de piso angostas y paralelas, que definen los itinerarios del recorrido. Continuando los paralelismos anteriores, una buena parte del mobiliario urbano necesario como bancas y luminarias, emergen delimitadas en su superficie, siguiendo las continuidades geométricas de las franjas mencionadas. Cuando a lo largo del recorrido se llega a un cambio en diagonal de dirección, entre las calles 16 y 17 en su intersección con la ave. 10 se encuentra una zona escalonada, a manera de un pequeño foro a descubierto que mira justamente hacia la ave.10, lugar interesante que se convierte en nodo de reunión, descanso, mirador del paisaje y la movilidad urbana de la zona. La estructura preexistente a todo lo largo del recorrido, metálica, atornillada, aparente, representando un tiempo y una manera de realizar construcciones, se ha convertido en referencia, en huella de la memoria neoyorquina.

 

 

 

ilustración Tania Tovar Torres

 

 

Pero más allá del hecho de que el parque-corredor y la zona urbana, en su transformación reciente, dada su aceptación y calidad de resultados obtenidos, formales, espaciales, vivenciales y de negocios,  se haya convertido en un nuevo atractivo turístico y económico para la ciudad de Nueva York, vale la pena insistir en la importancia que tiene el hecho de que los vecinos de un sector de la ciudad, la hubieran sentido como suya, mostrando orgullo por la pertenencia a ese lugar determinado y también hubieran mostrado capacidad de organización, para que más adelante, conjuntamente con sus representantes gubernamentales e inversionistas privados, aprovecharan los valores de la infraestructura urbana instalada, convirtiéndola en una oportunidad de desarrollo, social, económico y cultural. Se habla de reconocer y conservar los valores de la historia y la cultura sin interpretaciones nostálgicas  y aprovechar las oportunidades del presente con una visión de futuro. Se tuvo conciencia del compromiso con los tiempos actuales, siendo menester dejar constancia de los mismos. Finalmente es importante recalcar  el hecho de que las   ciudades se hacen y rehacen en el tiempo y el que  las calidades de vida que resultan de las condiciones urbanas construidas, contribuyen de manera decisiva en la modelación de conductas y valores en los habitantes de las ciudades, además de abrir oportunidades de negocios y trabajo. El presente y futuro de las ciudades son responsabilidades colectivas.

 

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