Visiones de futuro para la ciudad de México

 

Gustavo López Padilla 

Recientemente fue presentado el libro que contiene la versión revisada y actualizada de la propuesta de planeación urbana denominada México Ciudad Futura,  realizada por el equipo de trabajo  encabezado por los arquitectos Alberto Kalach, Teodoro González de León y Gabriel Quadri de la Torre. Se trata de un análisis cuidadoso del desarrollo urbano de la ciudad de México, comenzando desde los primeros asentamientos prehispánicos que datan del siglo XIV, hasta los recientes resultados del crecimiento de la ciudad y su área metropolitana, mostrando a lo largo del tiempo, los graves e irracionales desequilibrios ambientales y el desorden construido, resultado de las agresiones a la naturaleza preexistente, la limitada y mala planeación urbana y la aplicación del criterio del dejar hacer, respondiendo a intereses particulares por sobre el bienestar colectivo. Apoyados en las propuestas previas del doctor Nabor Carrillo y del ingeniero Gerardo Cruickshank, que datan de los años sesenta del siglo pasado, Kalach, González de León y Quadri, insisten con sobrada razón, en la urgente necesidad de restituir en la medida de lo posible, la condición lacustre de la cuenca de México, aprovechando hidrológicamente los terrenos baldíos existentes en el municipio de Texcoco, en el estado de México, colindantes a la ciudad de México y que formaran  parte de los grandes lagos existentes en el período prehispánico. El agua para realizar la operación, sería producto de la reutilización racional de las enormes cantidades de aguas residuales, previamente tratadas, provenientes de la propia conurbación metropolitana

Son innegables los diversos beneficios ambientales de la propuesta en términos de mejoramiento climático, calidad del aire, restitución de buena parte de los niveles de aguas freáticas, limitación de los hundimientos diferenciales de la capital del país, disponibilidad de agua para ser convertida en potable y otro tanto más que puede ser utilizada para riego en las zonas agrícolas periféricas a la ciudad, aumento de áreas verdes, el planteamiento  de nuevas convivencias en relación con distintas especies animales, sumándose adicionalmente a los beneficios, la apertura de diversas y significativas áreas territoriales, colindantes a la zona lacustre propuesta, que serían susceptibles de nuevos y calificados desarrollos urbanos, que ejercidos con la planeación adecuada, podrían alojar en el mediano plazo,  una buena parte del crecimiento de  la ciudad de México y sus alrededores. Hablamos de una propuesta importante, a la que se deben sumar otras más, que planteen de manera racional, integral, las distintas visiones de futuro, necesarias para la ciudad de México y su área metropolitana.   

Vista Calzada México-Texcoco. Tomada del libro México Ciudad Futura

 Otras propuestas deben incluir las visiones de futuro de la propia área que ocupa actualmente la ciudad, evaluando las diferentes calidades urbanas y vivenciales de lo ya construido, pensando que las ciudades se hacen y rehacen en el tiempo, planteando la urgente necesidad de limitar nuevos crecimientos territoriales horizontales perimetrales, la regulación del incremento poblacional y su  redistribución  mediante nuevas propuestas lógicas de densificación urbana y desde luego, hablando en términos de planeación nacional, incentivar el apoyo al desarrollo de otras ciudades intermedias. En las propuestas se deben incluir también, la construcción de nuevos espacios públicos, fundamentales para la convivencia colectiva, el mejoramiento de los existentes, el contar con mayores áreas verdes y nuevos cuerpos de agua aprovechando el reciclamiento de aguas residuales. Deberíamos contar con más proyectos como el Parque Tezozómoc, ubicado en la delegación Atzcapotzalco, -proyecto de los arquitectos Mario Schjetnan y José Luís Pérez Maldonado- conceptualizados como sistemas de  áreas verdes, a lo largo y ancho de la ciudad, aprovechando la propuesta de que al densificar algunas zonas ya construidas, se podría plantear que como resultado de lo anterior, ciertos nodos puntuales y estratégicos  quedaran libres para la ejecución de los parques. La apuesta proyectual debería tender a reducir la precaria disponibilidad de 3.5 m2 de espacio verde por habitante y acercarse lo más posible a los 12.00 m2 recomendados por los estudiosos de la planeación urbana. No tiene sentido seguir creciendo horizontalmente con miles de casas ubicadas en las periferias de la ciudad, carentes de servicios, espacios públicos y las zonas verdes necesarias y suficientes. Los desarrollos periféricos resultan con altos costos para suministrarles agua potable, drenaje, electricidad y transportes. Resultan nuevas zonas urbanas, que a falta de condiciones adecuadas de espacios públicos y servicios, mucha gente termina abandonando. No se crean nuevos polos de desarrollo, sino lugares simplemente donde se va a dormir.

Desarrollos en las periferias de la ciudad ilustración Natalia González Piña

 En otro orden de cosas, existen vastas zonas construidas en la ciudad, con uno o dos niveles, formando parte del tejido de la misma, que no están debidamente aprovechadas, contando además con servicios e infraestructura. En estas zonas urbanas se debe instrumentar la idea de redensificación urbana, de manera tal, que se aprovechen las redes disponibles de agua potable, drenaje, suministro de energía eléctrica, transporte y servicios, pero sin llegar  a la sobreexplotación, como ha sucedido en distintas zonas de la ciudad, en las que la construcción incontrolada e irracional, ha llegado a límites de sobresaturación y casi la asfixia. Polanco y la colonia del Valle dan cuenta de ello. Las nuevas obras, en lugar de significar mejoramiento urbano, están resultando factores de deterioro de las calidades de vida colectivas. Densidades medias, de cinco o seis niveles de construcción, a la manera de distintas e interesantes ciudades europeas, puede ser uno de los modelos a seguir. Evidentemente algunas otras zonas  puntuales, estratégicamente planeadas, con equilibrios racionales entre área construida, espacio público, servicios, estacionamientos y disponibilidad de vialidades, pueden sin embargo alojar construcciones de mayores densidades, formando parte de la idea y la realidad de que una ciudad es al mismo tiempo muchas ciudades.

El tema del agua potable es fundamental en las visiones de futuro de la ciudad, debiéndose pensar en la restitución de la condición lacustre, la modernización de las redes de tuberías existentes, además del uso racional y aprovechamiento de las aguas residuales, hasta el punto de volverlas potables. Tendremos que llegar en el mediano plazo a la consideración de ciclos cerrados de uso y aprovechamiento del vital líquido, aplicando las posibilidades que ofrece la tecnología moderna, convirtiendo esta alternativa en rentable. En lo que tiene que ver con el transporte, las propuestas deben contemplar la limitación del uso de vehículos particulares en distintas zonas de la ciudad, como sucede también en varias ciudades europeas, uso de vehículos pequeños y menos contaminantes, el incentivar el transporte público, el uso extensivo de la bicicleta y la peatonalización de un mayor número de calles en distintos sectores de la ciudad. El manejo de la basura entendida como un bien reciclable, con gran potencial industrial, económico, con la consecuencia de generar fuentes de empleo y su aplicación en la obtención de energía, son conceptos que deben incluirse también en las propuestas.  

 

Celebro el proyecto de planeación Ciudad Futura de Alberto Kalach, Teodoro González de León, Gabriel Quadri de la Torre y su equipo de colaboradores. Aunque con una intención parcial, limitada territorialmente, es importante y sin duda hay que apoyarlo, así como hay que incentivar el estudio y documentación de otros más, elaborados por el estado, la iniciativa privada, las universidades y los particulares interesados en el tema, con la intención de proponer un abanico amplio de distintas y complementarias visiones de futuro para el conjunto del área metropolitana de la ciudad de México. Sin propuestas de planeación urbana, el futuro de las calidades de vida para la ciudad de México y su área metropolitana resultará adverso y caótico. Es claro que las visiones de futuro, tienen que revisarse y ajustarse en el tiempo, pero siempre esto es mejor al caos que resulta del dejar hacer. Sabemos lo que tenemos que hacer, disponemos de la tecnología, la imaginación  y los conocimientos necesarios; las experiencias propias y las diversas de muchas ciudades en el mundo nos sirven de referencia; de la voluntad política y capacidades de negociación del conjunto de la sociedad, la iniciativa privada y el gobierno, dependen los resultados de las calidades de vida resultantes de nuestras acciones en el futuro para nuestra ciudad y del conjunto de las ciudades en el país. Finalmente es importante decir que las visiones de futuro no pueden estar limitadas y comprometidas con los períodos sexenales y los intereses políticos de particulares y de los partidos. La planeación urbana debe perseguir antes que nada el bien común y el tiempo debe ser un aliado, una ruta de desarrollo  y no una restricción.

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