Arte, Ciudad y Arquitectura

Gustavo López Padilla

Toda realidad humana es una pasión…  Jean Paul Sartre.

Históricamente ha existido una estrecha relación entre la manera de entender y expresar socialmente el arte, la ciudad y la arquitectura. En este sentido México no ha sido una excepción y desde la época prehispánica, en concordancia con una particular interpretación del cosmos, el ser humano, el tiempo y los valores de la vida, se experimentó unitariamente la construcción de ciudades y edificios que fueron acompañados por esculturas, pinturas y relieves. Los ejemplos son ampliamente conocidos, entre los que podemos destacar los conjuntos de Monte Albán, Palenque, Cacaxtla, Uxmal, Chichén Itzá o Teotihuacan. Más adelante, en el tiempo de la colonia, en ciudades como Zacatecas, Guanajuato, Tlaxcala, Oaxaca o Pátzcuaro, se mezclaron las preexistencias culturales con la interpretación española del universo, con la filosofía tomista y agustiniana, la religión católica, la economía que consolidaba el comercio y la burguesía, la ciencia y la cultura europeas, calificadas hondamente por los movimientos de la Reforma y la Contrareforma, dando origen a espacios urbanos, arquitecturas y manifestaciones artísticas como esculturas, pinturas al fresco en muros y bajorrelieves, que igualmente de manera unitaria, representaron al nuevo mundo, en su interpretación mexicana. En tiempos modernos, como resultado de la Revolución Mexicana, se planteó la voluntad de desarrollar un arte comprometido, congruente con las nuevas realidades sociales, económicas, políticas y culturales del naciente siglo XX, realizándose ejemplos notables de sectores urbanos y edificios vinculados con lo anterior. Una vertiente importante de este movimiento cultural se identificó como Integración Plástica. Al inicio de los años cincuenta, el proyecto colectivo de Ciudad Universitaria, al sur de la ciudad de México, con sus espléndidos edificios funcionalistas, acompañados algunos de ellos por magníficos murales y relieves realizados por Diego Rivera, Juan O´Gorman, David Alfaro Siqueiros, José Chávez Morado y Francisco Eppens, lo representan cabalmente.          

Chche Itzá, Plaza Santo Domingo Oaxaca

Como experiencia cultural, al final del siglo XIX y principios del XX, se desarrolló en la Europa Central y en Rusia, el conjunto de movimientos artísticos denominados como Vanguardias Figurativas, en los que se experimentó con la pintura, la escultura, la literatura, los diseños industrial y gráfico, la conceptualización arquitectónica y urbana, de la mano de interpretaciones filosóficas como el positivismo y la fenomenología, el estudio de la psicología, de movimientos culturales como el surrealismo, el existencialismo y desde luego tomando en cuenta los avances de la ciencia y la tecnología. De manera integral, las Vanguardias Figurativas retroalimentaron conceptualmente el conjunto de las artes y las maneras de entender las ciudades modernas y la arquitectura, a partir de movimientos tan diversos como el impresionismo, el expresionismo, el futurismo, el cubismo, el suprematismo, el constructivismo, el neoplasticismo o el dadaísmo. La experiencia de las vanguardias ha mostrado sustancia, fuerza y trascendencia tales, que todavía hoy en día podemos advertir claramente sus influencias. En México se experimentaron las Vanguardias, a partir del final de los años veinte del siglo pasado, sin haber participado directamente en su creación intelectual.

Torres de Satélite y Rectoría con Murales de Siqueiros

En los últimos quince años, ha habido importantes experiencias en México, que tienen que ver con la interrelación entre el arte, la ciudad y la arquitectura, pero ejecutadas como hechos aislados, habiendo impactado en sus entornos próximos, representando experiencias individuales, sin constituir movimientos amplios, colectivos, en términos de ideas, que pudieran significar mayor trascendencia para el conjunto de la cultura mexicana. Entre ellas se pueden destacar obras urbano artísticas como la Fuente monumental, ubicada en el conjunto de la Plaza Juárez, frente a la Alameda Central, en la ciudad de México, del año 2003, obra de Vicente Rojo, la escultura Figura mirando al infinito, ubicada en la Plaza Necaxa, en la colonia Cuauhtémoc, ciudad de México, del año 2000, obra de José Luís Cuevas, la escultura cocodrilo, ubicada en Havre y Paseo de la Reforma, ciudad de México, del año 2000, obra de Leonora Carrington  o la escultura denominada Puerta 1808, ubicada en la confluencia de la Ave. Juárez y Ave. Paseo de la Reforma, ciudad de México, del año 2007, obra de Manuel Felguérez. Años atrás, la más trascendente experiencia de arte urbano, fue sin duda, el espléndido proyecto de las Torres de Satélite, ubicadas en el anillo periférico, en la llamada Ciudad Satélite, en el Estado de México, del año 1957, obra de Mathías Goeritz y Luís Barragán. Otra experiencia significativa, del año 1968, de notable impacto urbano, fue la llamada Ruta de la Amistad, en la que un nutrido grupo de artistas escultores de diferentes países, dejaron su huella permanente en la ciudad de México, con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos.En relación con los ámbitos de la arquitectura y el arte en lo particular,  se pueden identificar experiencias recientes como la escultura llamada Mátrix móvil, ubicada en el espacio central principal de la Biblioteca Vasconcelos, en la ciudad de México, del año 2006, obra de Gabriel Orozco y más recientemente en el año 2009, vale la pena registrar los murales La historia de la justicia en México ejecutados por Rafael Cauduro, en el edificio de la Suprema Corte de Justicia, ubicada en las cercanías de la Plaza de Zócalo, en la ciudad de México. 

Figura mirando al Infinito y Cocodrilo

Las condiciones sociales, políticas y económicas por las que ha transitado México en los últimos años, hacen necesario replantear el rumbo del país, con la idea de consolidar una verdadera democracia representativa y participativa, proponiendo mejorar las condiciones económicas y de vida para el conjunto social de la nación y estableciendo relaciones de igualdad entre las distintas regiones geográficas del país, para las diferentes etnias y  grupos sociales, pensando y asumiendo que los periodos de dificultades son tiempos de  reflexión y oportunidades. En estas definiciones, las cuestiones culturales juegan un papel preponderante y luego entonces es necesario plantear cuales deberían ser las visiones esperadas de futuro para las ciudades mexicanas, cuales los valores y cualidades que deben dar sentido a los proyectos arquitectónicos y las expresiones artísticas que los deben acompañar, dentro de un marco integral; lo anterior desde luego, considerando criterios de diversidad e inclusión. A todos nos corresponde contribuir, en relación al planteamiento de estos escenarios de futuro, pero sobre todo los jóvenes tienen que plantear, desde ahora, que es lo que esperan, como lo imaginan y como lo pueden llevar a cabo. Es necesario crear un nuevo movimiento cultural mexicano, acorde con el siglo XXI, que de manera integral incluya las visiones urbanas, arquitectónicas y artísticas, a semejanza de aquellas Vanguardias Figurativas ya comentadas previamente y del gran movimiento cultural mexicano de los años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo pasado, que tuvo manifestaciones importantes y reconocidas en la literatura, el teatro, el cine, la danza, la pintura, la escultura y desde luego en la arquitectura.

Matrix Móvil en la Biblioteca Vasconcelos

Para impulsar el nuevo movimiento o los nuevos movimientos mexicanos, evidentemente el punto de partida es distinto, dada la actual globalidad cultural y financiera, el vertiginoso y constante avance en la ciencia, la tecnología y las comunicaciones, debiendo tomar en cuenta las más recientes posturas filosóficas, post-estructuralistas, las ideas del caos, dada también la complejidad y diversidad de la vida y las estructuras sociales actuales, incluyendo la mexicana, en la cual existen distintas y nuevas valoraciones del individuo, diferentes estructuras familiares, de organización y representación social. Hoy se es parte del mundo, pero asumiendo el compromiso de conservar la propia identidad, respetando, valorando y reinterpretando las preexistencias culturales e históricas. Como parte sustantiva del proyecto cultural del presente y el futuro, no se pueden dejar de lado las cuestiones ambientales, que han pasado a ocupar una posición central en las preocupaciones del mundo y de México, llegando a constituir escenarios de supervivencia. Recordando a William Curtis, en su libro La arquitectura moderna desde 1900, cuando afirma que hoy en día ya no existen en el mundo, centros culturales únicos y dominantes, que definan los rumbos del desarrollo de la cultura y asumiendo la fuerza y los valores que ha mostrado la cultura mexicana a lo largo de su historia, la mesa está puesta para generar desde aquí nuevos caminos que la identifiquen y signifiquen al mismo tiempo contribuciones importantes a la cultura universal. Lo anterior solo es factible con la participación colectiva y decidida de  poetas, músicos, urbanistas, pintores, filósofos, científicos, arquitectos, sociólogos, cineastas, escultores y la sociedad en general.

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