Candela en México, experiencia desperdiciada

 Gustavo López Padilla

 Félix Candela desarrolló en México, entre 1949 y 1971, una intensa y diversa actividad de investigación, experimentación, diseño, construcción y docencia, relacionada con la arquitectura que privilegia en su conceptualización, la consideración expresiva de sus componentes estructurales, determinando con ello las calidades y posibilidades de uso de sus espacios, haciendo énfasis en la utilización de membranas de concreto, ejecutadas geométricamente en base a una doble curvatura inversa.  Conocedor de las matemáticas y la geometría, realizó concienzudos estudios de las mismas, intentando optimizar sus propuestas arquitectónico estructurales, de tal suerte que ocuparan el mínimo de materiales posible, dentro de parámetros de seguridad estructural, buscando al mismo tiempo un razonable costo de ejecución, aprovechando la mano de obra barata, considerando el lapso de tiempo en el cual ejecutó sus proyectos en México. Exploró distintas posibilidades formales, acordes con sus preocupaciones matemáticas, buscando en ellas fuerza expresiva, unidad, ligereza, dinamicidad, juego de claroscuros, ritmos y texturas, dentro de repertorios cercanos a los criterios de organicidad, contrastando constantemente superficies cóncavo convexas. La presencia y  materialidad de sus propuestas logró una fuerza y calidad plástica tales, que sus obras se convirtieron en iconos urbanos, referencias que pasaron a formar parte de la vida cotidiana en los lugares donde estas se ubican. Sus propuestas teóricas las fue poniendo en práctica, en ocasiones realizando modelos construidos a escala, verificando el comportamiento real de sus componentes estructurales, su resistencia, visualizando sus dificultades constructivas y posibles aplicaciones para una variedad de temas que van desde bodegas de almacenamiento, fábricas, pasando por iglesias, cubiertas para significar accesos, edificios públicos, mercados, restaurantes, centros nocturnos o estaciones del metro. Merece especial reconocimiento, el que sus inquietudes y experiencias teóricas y prácticas, las fuera desarrollando al mismo tiempo que las compartía con jóvenes estudiantes, siendo profesor, en la Escuela Nacional de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, entre 1953 y 1971.  

Restaurante Los Manantiales, Félix Candela y Joaquín Álvarez Ordoñez. Ilustración:Natalia González Piña

El conjunto de su obra ha sido ampliamente reconocido, realizándose para el efecto una buena cantidad de exposiciones, seminarios y publicaciones, lo cual ha permitido conocerla a profundidad, lo que se suma a la experiencia, siempre interesante y motivadora de visitarla. Entre sus realizaciones destacan el Pabellón de los Rayos Cósmicos, del año 1951, ubicado en la Ciudad Universitaria, al sur de la ciudad de México, realizado en colaboración con Jorge González Reyna, la cubierta que marca el acceso a los Laboratorios Ciba, ubicada en Calzada de Tlalpan, Churubusco, ciudad de México, del año 1954, proyecto en colaboración con Alejandro Prieto, la Iglesia de la Medalla Milagrosa, ubicada en la colonia Narvarte, en la ciudad de México, del año 1955, el conjunto de paraguas de la fábrica textil High Life, ubicada en Coyoacán, ciudad de México, del año 1955, el Mercado de Coyoacán, ubicado en la colonia del mismo nombre, ciudad de México, del año 1995, realizado en colaboración con Pedro Ramírez Vázquez, la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, mejor conocida como El Altillo, ubicada en la Ave. Universidad, al sur de la ciudad de México, del año 1955, el Restaurante Los Manantiales, ubicado en Xochimilco, ciudad de México, del año 1958, proyecto en colaboración con Joaquín Álvarez Ordóñez, la Capilla Abierta, ubicada en Lomas de Cuernavaca, en el estado de Morelos, del año 1959, diseño en colaboración con Guillermo Rossel y Manuel Larrosa o el Palacio de los Deportes, ubicado en la Magdalena Mixhuca, en la ciudad de México, del año 1968, realizado en colaboración con Enrique Castañeda y Antoni Peyri.

Resulta sorprendente que en México, dada la cantidad de obras construidas por Candela, el número de exposiciones y publicaciones realizadas en torno a las mismas y considerando la población de alumnos que transitaron por los cursos que impartió en la Universidad Nacional Autónoma de México,  que no existan seguidores de sus ideas, ni haya logrado crear un movimiento arquitectónico estructural que le diera continuidad a sus trabajos y con ello mayor significación a la Arquitectura Mexicana Contemporánea. Comentando lo anterior con algunos amigos y conocedores de la trayectoria de Félix Candela, comentan que su manera de hacer arquitectura perdió vigencia, en la medida que se fue revalorando el costo de la mano de obra mexicana, aumentaron los precios de algunos componentes constructivos, como la madera de cimbra, a lo que se suma que la propia experiencia formal y geométrica, a la manera Candela se había agotado. Si bien es cierto que algunas de las consideraciones anteriores no dejan de ser razonables, parece limitado el que después de la partida de Félix Candela, al comienzo de los años setenta, no haya sucedido nada importante en México, en esta particular manera de hacer arquitectura.  

Iglesia de la Medalla Milagrosa. Ilustración: Natalia González Pïña

Por principio de cuentas no se puede entender el camino emprendido por Candela, solamente a partir de la valoración y resultado formal de sus obras en particular. Con una visión más amplia, debería considerarse como una postura frente al ejercicio de la arquitectura, que puede permitir múltiples interpretaciones. Si se piensa conceptualmente en la posibilidad de generar espacios habitables que privilegien en su conceptualización y en los resultados de sus calidades habitables, la fuerza expresiva de sus componentes estructurales, como idea abstracta, permite de inicio, la utilización de distintos materiales y procedimientos constructivos. Félix Candela experimentó fundamentalmente con las membranas de concreto, pero se pueden explorar otros materiales como  acero, madera, cristal, plásticos, cartón o barro, resultando alternativas distintas, desde los puntos de vista formal, habitable, compositivo, de relaciones urbanas o de condicionantes de sustentabilidad. Se pueden aplicar variantes geométricas y matemáticas. Seguir el pensamiento de Candela, no necesariamente implica, ejecutar cascarones de concreto. Lo anterior es una visión limitada. Acercarse a Candela, debe hacerse desde el punto de vista conceptual y luego entonces se abre un abanico variado de posibilidades. Pero incluso pensando en las cubiertas ligeras de concreto, a partir del avance de la tecnología actual, el desarrollo de las matemáticas aplicadas, la disponibilidad de  nuevas clases de concreto y acero y el avance moderno de los procedimientos constructivos, desde mediados del siglo pasado hasta los inicios del siglo XXI, visualizado todo en conjunto, se abren posibilidades para explorar nuevas alternativas, a las ideas originales de Candela. Desde luego hay que dedicarle tiempo y esfuerzo al estudio de las matemáticas, la geometría y a la experimentación constructiva, hecho que aleja y atemoriza a la mayoría de los admiradores del arquitecto, considerado maestro dentro de la arquitectura mexicana. 

Si en la actualidad existen varias decenas de miles de estudiantes de arquitectura, en las distintas universidades de México, es sorprendente que no existan, cinco o diez, al menos, que continúen y renueven, reinterpretando, las ideas y experiencias de Candela. Se trata de voluntad y de un camino, que ofrece un sinnúmero de posibilidades. Si se reflexiona en torno a la historia, existe un proceso que va desde Antoni Gaudí, pasando por Eduardo Torroja, Félix Candela y que culmina en la actualidad, en los polémicos trabajos de Santiago Calatrava.  Así las cosas, en México, la importante experiencia de Candela ha sido desperdiciada, al no existir absolutamente nadie, que haya pasado de la valoración y la admiración, a la investigación arquitectónico estructural y su experimentación, llegando hasta las propuestas de diseño, metodología que al final de cuentas significa, la importante  herencia del arquitecto y no solo las imágenes de sus obras.  El verdadero reconocimiento a la obra de Félix Candela, debería ser revalorarla y llevar sus propuestas originales a nuevas interpretaciones, acordes con las nuevas circunstancias económicas, sociales, científicas, tecnológicas y culturales.

 

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