Crítica e historia en la formación de los jóvenes arquitectos mexicanos

  Gustavo López Padilla      

Desde que México se incorporó a la modernidad arquitectónica, a partir de la primera  mitad de la década de los años veinte, del pasado siglo, la formación de los jóvenes profesionales en la materia, ha estado apoyada en el pensamiento y obras de arquitectos, historiadores y críticos  extranjeros, fundamentalmente centroeuropeos y de los Estados Unidos de Norteamérica, representando los intereses políticos, culturales y formas de vida de aquellos países dominantes económicamente. Como parte fundamental del modelo educativo de los arquitectos en México, ha sido frecuente el referirse a los  análisis de las obras arquitectónicas y urbanas, relacionadas con la evolución del proceso histórico que se remonta hasta la Revolución Industrial Centroeuropea de mediados del siglo XVIII, pasando por la consolidación industrial tanto de la misma  Europa como la de los Estados Unidos de Norteamérica a lo largo del siglo XIX, siguiendo los movimientos de las vanguardias de finales del siglo XIX y principios  del XX, también experimentadas básicamente en aquellos países, acercándose además a la experiencia de la Bauhaus, en Alemania, 1919-1933, incluyendo por supuesto las obras y textos mas reconocidos de los llamados maestros del movimiento moderno y de ahí hasta nuestros días, con un desfile variado de autores e imágenes extranjeras, que se han convertido en los cánones a seguir, para la mayoría de los arquitectos mexicanos contemporáneos.

 

Entre otros, Lecorbusier ha sido uno de los personajes emblemáticos del movimiento moderno, convertido en un icono que debiera ser entendido cabalmente, más allá del reconocimiento de sus obras realizadas -valorando antes que nada su postura frente a la arquitectura y el urbanismo- con la idea no de repetirlo, sino considerarlo como un referente que puede motivar la búsqueda de nuevas interpretaciones conceptuales. Lecorbusier fue capaz de comprender su circunstancia histórica, sus influencias y referencias, construyendo en paralelo a la ejecución de sus obras, un conjunto de ideas que le daban razón de ser a las mismas. Escribió libros que dejaron constancia de su pensamiento, se acercó a la pintura y un poco a la escultura como un complemento cultural que sirvió también de apoyo para la realización de sus proyectos, atreviéndose inclusive a la experimentación de su polémico sistema de medidas, buscando conciliar con ello orden, razón y belleza. Participó en la realización de importantes congresos internacionales de arquitectura, donde se discutieron las ideas que terminaron por formar parte esencial de las propuestas del movimiento moderno. Supo acercarse en su momento, a otros notables personajes de la cultura, intercambiando con ellos experiencias de vida, que por supuesto enriquecieron su visión de la cultura y sus posibilidades de interpretación en proyectos y obras arquitectónicas y urbanas. Todo lo anterior es una parte fundamental del legado lecorbusiano que es importante valorar, a la hora de intentar asumir nuevas posturas frente a la cultura y la arquitectura.  

Los arquitectos mexicanos han carecido de una sólida tradición referida a la historia y crítica de la arquitectura contemporánea y  han aceptado, en términos generales,  como válidas, en ocasiones acríticamente, las obras documentales que en esa materia contienen las ideas de autores nacidos mas allá de las fronteras del país. Un reducido y poco trascendente número de trabajos relacionados con la historia y la reflexión crítica, dan cuenta de lo anterior. Así las cosas, el grueso de las obras ejecutadas en México, por la mayoría de los autores nacionales, aún siendo buenas realizaciones, han terminado en variaciones de obras previas diseñadas por otros. No se han logrado construir, hasta ahora, interpretaciones históricas y criterios conceptuales modernos, que le otorguen a la arquitectura mexicana contemporánea, un lugar destacado en la materia y que traducidos en obras le lleven a ocupar en consecuencia un sitio de mayor significación en la escena de la arquitectura mundial. Barragán hasta ahora, constituye la mejor excepción que confirma la regla, aún sin haber legado por escrito un sólido pensamiento teórico y crítico. Sus obras se han constituido en un objetivo manifiesto conceptual. Al final de cuentas, el valor más importante de Barragán radica en aquello que no necesariamente vemos con los ojos. Vale la pena comentar, que a pesar de la escasa producción de trabajos relativos a la historia y la crítica, lo anterior no constituye necesariamente una descalificación generalizada de los proyectos realizados  por los autores mexicanos. Existen a lo largo de casi noventa años de modernidad, buenas obras, bien ejecutadas, que dan muestra de las habilidades proyectuales de sus autores. Sin embargo es importante asumir una actitud mas agresiva frente a la posibilidad de realizar proyectos arquitectónicos y urbanos. Los arquitectos en México, deben construir las ideas que le den sentido a sus proyectos, realizar las obras correspondientes, documentar la historia, la suya y la de los otros, desde su propia perspectiva y valores, entendiendo que se forma parte de una cultura globalizada, pero sin perder el sentido de pertenencia a una cultura y realizar finalmente, los ejercicios necesarios de crítica a las obras ejecutadas, entendiendo que lo anterior es fundamental para valorar lo realizado y vislumbrar las posibilidades de futuro.

Taller Max Cetto

William Curtis ha hecho un comentario alentador, en el sentido de que ya no existen los exclusivos centros culturales en el mundo, generadores de las ideas rectoras, que debieran servir de base a todos los países para realizar sus obras arquitectónicas, urbanas y de la cultura en general. Si algo caracteriza los tiempos actuales es la aceptación de la diversidad y la confianza en las capacidades de los múltiples posibles autores de las obras. Para construir una sólida tradición histórica y crítica, que le de pleno sentido y mayores posibilidades de trascendencia a la arquitectura y el urbanismo mexicanos, es indispensable incentivar, preparar y confiar en las generaciones jóvenes, que estudian actualmente o que recientemente han terminado sus estudios profesionales. Es necesario fomentar en ellos la lectura, el acercarse a las distintas expresiones de la cultura, el estudio comparado de las obras importantes previas que les han antecedido, la visita permanente a estas obras, entendiendo que la experiencia de la calle es la mejor escuela de arquitectura.  Invitarlos  a pensar,  discutir, escribir, formando grupos interdisciplinarios y a realizar sus proyectos desde luego, confiando en que lo más importante es el valor de sus propias ideas, asumiendo los riesgos de lo que esto implica, sin dejarse deslumbrar por lo que piensan los otros. Sin el ejercicio de la crítica, seria, constante, razonada, documentada, el futuro nos relega necesariamente a ocupar en el mejor de los casos, segundos planos en los lugares de la historia.   

Enlace

En este sentido, me parece importante la aparición reciente de un nuevo sitio en Internet, relacionado con la arquitectura, el urbanismo y la cultura, denominado www.derivaarquitectura.com realizado por jóvenes estudiantes del Taller Max Cetto, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, lo que dará oportunidad de conocer que piensan, como visualizan el futuro, cuales son sus inquietudes e intereses vitales, pudiendo convertirse esta oportunidad en el inicio de una nueva etapa experimental para construir  la historia y crítica contemporáneas dentro de la arquitectura mexicana y lo anterior se pueda reflejar en una nueva arquitectura, más comprometida con su tiempo, la sociedad y el medio ambiente. Es de esperarse que pronto se pueda contar con referencias de obras construidas y bibliográficas, novedosas e inteligentes, de autores nacionales, que conjuntamente con las realizadas por extranjeros, contribuyan a la formación de las nuevas generaciones de arquitectos en las universidades de México.

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