Iglesia y Centro Comunitario Santa Fe

Gustavo López Padilla

El tema de diseño de una iglesia, de entrada es atractivo y sugerente. A lo largo de la historia existen un buen número de obras de este tipo, que se han convertido en hitos fundamentales que forman parte de la vida, la cultura, las ciudades y memorias colectivas, en los cuales a lo largo del tiempo,  se ha podido experimentar con un repertorio compositivo, vivencial, formal, de materiales  y constructivo amplio y diverso. Hoy en día, es un reto encontrar alternativas de diseño, que representen la actualidad social, con toda su problemática y que al mismo tiempo puedan identificarse con claridad, formalmente, con los valores y significados de la religión. Así las cosas Javier Sordo Madaleno Bringas y su equipo de colaboradores compuesto por Javier Sordo Madaleno Haro, Jorge Isaías Guerrero y Jaime Krasowsky, enfrentaron en el año del 2008, el diseño de la Iglesia y Centro Comunitario Santa Fe, ubicado en Joaquín Gallo 101, Lomas de Santa Fe, delegación Álvaro Obregón, en el la Ciudad de México, contando con 4671.00 m2 construidos.

Fachadas por el exterior

El contexto circundante a la iglesia es complejo, tomando en cuenta la diversidad de propuestas formales de las obras a su alrededor, que aisladamente, en franca competencia, cada una en la particularidad de su lote,  grita su presencia y dada también la dureza del criterio urbano, que privilegia la velocidad del automóvil, desdeñando al peatón, que cuando tiene que recorrer los alrededores, lo hace en medio  del desamparo. El proyecto se asienta en un terreno que remata en una esquina curva, que mira hacia el norte, donde confluyen las avenidas Joaquín Gallo, Antonio Dovalí y Vasco de Quiroga. La propuesta de conjunto de la Iglesia y Centro Comunitario, muestra también una presencia aislada, cerrándose espacialmente sobre si mismo,  requiriendo también exagerar su imagen desde el punto de vista urbano. Al fondo del predio, se ubica un estacionamiento descubierto, privado, de acceso controlado, para uso exclusivo de los fieles y aprovechando en parte el desnivel natural del terreno,  la iglesia dramatiza su presencia mediante el juego escalonado de volúmenes, dando frente hacia Antonio Dovalí y Vasco de Quiroga, que a manera de una base de desplante, permite destacar y dar fuerza al cuerpo alto que propiamente está dedicado al culto. Al atrio, espacio abierto fundamental en toda propuesta religiosa, se accede básicamente a través del estacionamiento, restringiendo la relación vivencial directa entre Iglesia, Centro comunitario y la ciudad.

Acceso principal desde el atrio

En la memoria que acompaña las presentaciones del proyecto, se afirma que la forma de la iglesia en planta, una elipse, representa un pez, uno de los más tradicionales símbolos cristianos, desplegando su volumetría mediante el juego de dos muros de superficies alabeadas, que nunca se tocan. Se dispone en la parte más alta del espacio con una ranura, que rítmicamente permite el paso de la luz. En el acceso a la iglesia y en su remate al fondo que coincide con al altar, otras ranuras verticales suman cantidades de luz y terminan por calificar la atmósfera del interior. Al recorrer la iglesia es inevitable recordar como referencia previa la Iglesia de San Ignacio de Loyola, ubicada en la esquina de Moliere y Horacio, en la colonia Polanco, ciudad de México, obra del año de 1961, realizada por Juan Sordo Madaleno, padre de Javier Sordo. Aún contando con geometrías distintas, las semejanzas son evidentes. Ambas obras cuentan con una  abstracta simplicidad formal, atrio, sentido direccional del espacio que desde el acceso remata en el altar, disposición de planos inclinados ascendentes y entradas de luz que califican justamente la zona de los altares. Incluso hay similitudes en los detalles de ubicación y diseño de referencias y símbolos religiosos, como la presencia de grandes crucifijos, que otorgan significado al lugar. Programáticamente la Iglesia y Centro Comunitario Santa Fe, se complementan con un centro de catequesis, oficinas, librería, zona de criptas, capilla, residencia para sacerdotes y otra más para el personal de apoyo. Cada componente opera de manera autónoma, complementándose unos a otros, existiendo algunos conectores o  corredores  de servicio que los articulan. 

Vistas interiores por acceso y hacia el altar

En términos de apreciación, desde el punto de vista urbano, a la Iglesia y Centro Urbano Santa Fe, le falta carácter. Si no fuera por la débil presencia de una cruz exterior ubicada en la esquina principal del conjunto, este  podría aparecer como un corporativo más, dentro del entramaje de edificios colindantes. Sin embargo, en otro sentido, al interior de la iglesia, sobretodo dadas las calidades de luz que dramatizan el espacio, si se logra crear una atmósfera relacionada con el culto religioso y su funcionamiento es eficiente. Al campanario, referencia y símbolo natural en la tipología de estos edificios, cercano al atrio de acceso a la iglesia, le falta fuerza, presencia y diseño. Resulta demasiado esquemático y débil volumétricamente hablando. El resultado formal y operativo de la zona de criptas es interesante, logrando un sano equilibrio entre calidades de materiales y manejo de la luz artificial, confiriéndole al lugar solemnidad, serenidad y eficiencia, interpretación moderna en los servicios de esta naturaleza. El resto de los componentes de programa operan con solvencia y es amable su presencia formal. El estacionamiento pudo haber contado con un diseño mas sustentable, sobre todo lo que tiene que ver con sus pavimentos, mejorando su presencia dentro del conjunto total.

Criptas y Capilla

 Al final de cuentas, la creación de un conjunto de esta naturaleza, se realiza pensando en la comunicación y transmisión de valores, en el funcionamiento del lugar como nodo urbano, lugar de convivencia, centro comunitario, en el que es importante lo que se refiere a la celebración de los ritos religiosos y la catequesis, enfocada fundamentalmente hacia los niños y adolescentes. Sin embargo, para esta Iglesia y Centro Comunitario Santa Fe, no debe ser fácil su operación cotidiana, pensando que su ubicación y el funcionamiento urbano de  los alrededores, dado el flujo vehicular,  complica el acercamiento de los fieles en general y de los niños en particular, dado que preferentemente se llega en automóvil. Las condiciones obligan a planear de antemano la visita al lugar, dado que el acercamiento casual es francamente limitado. Resulta complicado, dadas estas condiciones de anticiudad y aislamiento, que un lugar como este, pueda convertirse en un verdadero corazón de convivencia y formación comunitaria de la sociedad, como sucede en otras zonas de la ciudad, donde al paso, el encuentro y la accesibilidad es sencilla y natural, ya que las instalaciones correspondientes forman parte de un tejido amable de ciudad. 

                                                                                                                          

 

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