Ricardo Legorreta (1931-2011)

Gustavo López Padilla

                                                                                          En constante primavera 
muros de colores
cobijan el espacio
glp

 Ricardo Legorreta inició su práctica profesional en el año de 1960. Tres años mas tarde se asoció con Noé Castro y Carlos Vargas, apareciendo las primeras obras importantes que comenzaron a perfilar el rumbo conceptual por el que transitarían en su hacer profesional, llevándolos a ocupar, paulatina y constantemente, un lugar destacado dentro de la arquitectura mexicana y universal. Aquellos fueron años de definiciones. Legorreta había trabajado previamente con José Villagrán García, maestro del movimiento moderno en México, impulsor del racionalismo, valorando las obras y el pensamiento de Mies Van Der Rohe, Walter Gropius y Lecorbusier, entre otros. Por esos años también, Legorreta mantuvo una cercanía de amistad e intelectual con Luís Barragán, que representaba una manera distinta de enfrentar la modernidad arquitectónica en México, por la vía de conciliar la reinterpretación conceptual y formal de una parte de la cultura nacional con los criterios compositivos del movimiento racionalista ya mencionados. Al inicio de los años sesenta fue muy claro que la mayoría de los arquitectos mexicanos había decidido, veinticinco años antes, abiertamente, adoptar la postura proyectual impulsada por José Villagrán, Juan O´Gorman, Carlos Obregón Santacilia, Mario Pani, Augusto H. Álvarez, Juan Sordo Madaleno, Ramón Marcos, Enrique Yañez y otros más, mostrando el movimiento racionalista una buena cantidad de obras que lo consolidaron en el país.

Hotel Camino Real Ciudad de México 1968

Legorreta decidió seguir profesionalmente la vía Barraganiana, que comenzaba a ser reconocida dentro y fuera de las fronteras de México. Asumiendo los riesgos que implicó la decisión, seguramente pesó de manera sustancial, el atractivo de poder acercarse a algunos criterios, formas de vida, composiciones y tratamiento de materiales, relacionados con la cultura nacional, tanto en lo que tiene que ver con las particularidades de la arquitectura, como en lo relativo a las imágenes y atmósferas vivenciales de los espacios colectivos que están relacionados con algunas ciudades, que representan también estas ideas de las tradiciones locales. Las circunstancias profesionales entre Barragán y Legorreta fueron diferentes, dado que la escala y complejidad de los encargos solicitados a este último fueron mayores y distintas. De ahí que el reto fundamental consistió en cómo mantener y reinterpretar las ideas y atmósferas vivenciales, intimistas, de las propuestas del arquitecto tapatío, resolviendo requerimientos programáticos mas allá de las dimensiones de una casa habitación. A Legorreta le pidieron diseñar hoteles, escuelas, centros culturales, complejos de oficinas y habitacionales, sin dejar de lado una buena cantidad de casas habitación, que en su mayoría respondieron a solicitudes y escalas diferentes a lo que le pidieron a Luís Barragán.  

Hotel Camino Real Ixtapa 1981

Así las cosas en la solución particular de una buena parte de los proyectos arquitectónicos de Legorreta, se tiene la impresión de transitar por pequeñas porciones de ciudad, que al recorrerse van mostrando secuencialmente pórticos, calles, patios, rincones y espacios propiamente interiores, que se van descubriendo en la medida que se suceden los recorridos, manteniendo el criterio Barraganiano de una arquitectura de discreta y elegante presencia urbana, que se vuelca hacia el interior, de escala amable, en donde predomina la masa sobre el vacío, buscando que los muros protejan la cotidianeidad y las ventanas necesarias busquen la luz y se asomen a un paisaje sereno y controlado, en el cual la presencia del agua vuelve a ser constante. Legorreta experimentó algunas variaciones sobre este último tema, el del agua, que finalmente se llegaron a identificar con su propia arquitectura. El recuerdo de presencias formales relacionadas con la obra del pintor De Chirico y referencias a las vanguardias figurativas tendientes a la abstracción, de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, vuelven a estar presentes. Es una realidad que los proyectos mejor logrados por Legorreta, si bien cuentan con una escala y complejidades mayores, mantienen constantemente la condición de secuencias espaciales desarrolladas horizontalmente. Sus proyectos verticales resultan menos afortunados, tienden a ser esquemáticos y se pierde naturalmente el encanto del descubrimiento de espacios que van cautivando poco a poco a quién recorre las obras. 

Complejo Solana, Texas. EUA. Ilustración Alvaro Díaz Escobedo. 1988

Se mantiene a lo largo de la trayectoria de su obra el manejo de formas geométricas simples, regulares, próximas a un racionalismo de expresión cubista, pero buscando emotividad en las calidades y secuencias espaciales que nos recuerdan formas de vida cercanas a nuestra cultura, empleando materiales y procedimientos constructivos relativamente tradicionales, calificando sus volumetrías con color como un complemento sustancial. Legorreta se mantuvo cerca del repertorio Barraganiano, experimentando con algunas variantes adicionales de color que han llegado a ser identificadas con su propia experiencia. Una férrea fidelidad a sus ideas y logros compositivos caracterizaron su experiencia profesional. Las variantes fueron excepcionales y en ocasiones significativas. En la mayoría de sus propuestas proyectuales tendió a la repetición, a veces al esquematismo, llegando en ocasiones a una cierta circunstancia escenográfica. Sin embargo es una realidad que sus propuestas han sido tremendamente exitosas y de amplio reconocimiento mundial. La arquitectura mexicana contemporánea de los últimos cuarenta años, en buena medida es identificada fuera de las fronteras del país, con los trabajos de Ricardo Legorreta.  

Escuela de Graduados, Monterrey Nuevo León. 1999. Ilustración Natalia González Piña

Sus herederos intelectuales enfrentan ahora un reto crucial y trascendente.  Mantener la misma ruta de ejercicio profesional, simple y sencillamente realizando variantes mas o menos afortunadas o intentar diversificar y enriquecer el legado proyectual de Ricardo Legorreta, respetando la memoria del maestro, pero buscando su propio lugar en la historia, colisionando las propuestas originales con otros lenguajes, tratamientos de materiales y procedimientos constructivos. La postura defendida por el mismo Ricardo Legorreta de que México puede tener mayor presencia en el escenario mundial de la arquitectura, por la vía de acercarse a su cultura y tradiciones, arquitectónicas y urbanas, sin dejar de lado necesariamente las experiencias de los otros, sigue vigente, pero es una realidad que las circunstancias históricas que originaron las propuestas iniciales de Barragán, continuadas exitosamente por Legorreta han cambiado. No es lo mismo mediados del siglo XX, que los inicios del siglo XXI. Por otro lado, la riqueza de la cultura mexicana ofrece muchas alternativas que aún no han sido exploradas y reconceptualizadas,  arquitectónica y urbanísticamente.

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