Laboratorio Reforma

Gustavo López Padilla

La Ave. Paseo de la Reforma es sin duda una de las más importantes y emblemáticas de la Ciudad de México. Desde la segunda mitad del siglo XIX ha sido escenario fundamental de la vida pública del país. Sus componentes paisajísticos, monumentos y edificaciones representan las distintas visiones y valores de los períodos de la historia de México, desde aquellos años del Imperio de Maximiliano hasta nuestros días. Como parte de lo anterior, el México moderno, de voluntad cosmopolita, desde la década de los años veinte, terminada la Revolución Mexicana en el siglo pasado, ha dejado constancia de su desarrollo mediante las construcciones que se han levantado en el Paseo de la Reforma. Así las cosas esta avenida se ha convertido en un significativo laboratorio arquitectónico y urbano. Es un sitio emblemático donde se realizan frecuentemente distintas manifestaciones políticas y sociales, en el cual se desarrollan las más diversas actividades económicas, además de ser lugar de representaciones culturales y encuentros cotidianos entre los grupos que conforman la sociedad mexicana. Visita obligada para quienes llegan por primera vez a esta ciudad.

 Dada su extensión actual, la Ave. Reforma, contiene una gran variedad de atmósferas vivenciales, representando distintos valores sociales, culturales y económicos, expresados a través de diversas calidades espaciales y formales. Con una densidad construida media baja, al norte de la ciudad, el Paseo se inicia en la Glorieta de Peralvillo, llegando en su primer tramo hasta su entronque con la Ave. Juárez, mostrando actualmente un carácter popular, representando una reserva potencial de desarrollo urbano. De la ave. Juárez hasta el Castillo de Chapultepec, el segundo tramo,  que corresponde con la extensión y el trazo originales del antiguo Paseo, en dirección hacia el poniente de la ciudad, con una alta densidad construida, muestra una visión cosmopolita, moderna, en constante transformación, dada su intensa vida económica. En esta zona se ubican algunos de los monumentos nacionales más emblemáticos, como son: La Columna de la Independencia, el Monumento a Colón, el Monumento a Cuauhtémoc y en otro orden de significación la Diana Cazadora. En el tercer tramo, con una densidad baja, del Castillo de Chapultepec hasta un poco después de la Glorieta de Petróleos, se ubica una zona privilegiada para el desarrollo de las actividades de esparcimiento y culturales, pues en ese recorrido se ubican el Bosque de Chapultepec, con todos sus equipamientos y algunos de los más importantes museos del país, además del Auditorio Nacional. Ahí se combina también una importante actividad económica, apoyada entre otras cosas por las operaciones hoteleras. El último tramo, de densidad baja, siendo el más largo, mostrando algunas variaciones de presencia, que llega hasta el entronque con las carreteras que conducen hacia la ciudad de Toluca, es uno de los lugares de residencia de los grupos sociales de mayores ingresos, desarrollado básicamente a partir de casas unifamiliares. 

Apoyado en una intensa actividad financiera especulativa, el movimiento moderno de la arquitectura se ha mostrado a plenitud sobre el Paseo de la Reforma, fundamentalmente en el tramo que va de la ave. Juárez al Castillo de Chapultepec e incluyendo una franja lateral sobre el tramo que llega hasta la glorieta de Pétróleos. De las antiguas construcciones que datan de la segunda mitad del siglo XIX quedan tan solo los recuerdos y unas cuantas imágenes. El siglo XX y la actualidad del XXI se han impuesto en la imagen urbana del Paseo, desde unas cuantas obras porfiristas  que se conservan, hasta las más recientes construcciones que se levantan en el lugar. Al terminar la Revolución Mexicana, al inicio de los años veinte del pasado siglo, un puñado de jóvenes arquitectos, que se convertirían en los maestros del movimiento racionalista en México, comenzaron a poblar de edificios el Paseo, traduciendo lo anterior en imágenes que representaron el inicio de la modernidad cosmopolita de la ciudad. Entre otros Carlos Obregón Santacilia, con la Secretaría de Salubridad y Asistencia del año de 1925 y el edificio del Seguro Social de 1946, José Villagrán García, con el edificio de oficinas y cine Paseo, del año 1956, el Hotel María Isabel, del año de 1962, en colaboración con Juan Sordo  y Mario Pani, con el edificio de la Secretaría de Recursos Hidráulicos del año 1950 y el primer edificio de oficinas y departamentos en condominio del año de 1955, a los que se sumarían Augusto H. Álvarez con el edificio Jaysour, del año 1961, Juan Sordo Madaleno con el Cine París y sus oficinas del año 1954 y el edificio de Seguros Anáhuac, del año 1957.  Pedro Ramírez Vázquez contribuyó con los museos de Antropología e Historia y de Arte Moderno, ambos del año 1964. Mas recientemente Teodoro González de León ha incursionado en la zona, haciendo equipo con Abraham Zabludovzky con el diseño del Museo Tamayo, del año 1981 y diseñó en solitario el Conjunto Corporativo Reforma 222, del año 2008. Sin estar protegidas por la ley, más como una valoración colectiva y gremial, algunas de estas obras se convirtieron en patrimonio construido de la arquitectura moderna en México. Sin embargo algunas de ellas han desaparecido o han sido transformadas, debido a los embates de la actividad sísmica de la ciudad de México, sobre todo por el terremoto ocurrido en 1985 y otras más producto de la actividad especulativa de la zona.

En los últimos años ha habido una importante actividad constructiva que cambia constantemente el perfil urbano y la imagen del Paseo de la Reforma, incorporándose generaciones más jóvenes de arquitectos, como el yucateco Javier Muñoz Menéndez, quién diseño en el año 2010, la nueva sede del Senado de la República y ha cobrado también relevancia la presencia de firmas extranjeras de arquitectos, haciendo obras como la Torre Mayor, obra de Zeidler Roberts Partnership o el conjunto residencial St. Regis de César Pelli, del año 2009. Se construyen en estos días, entre otros, la Torre BBVA Bancomer diseñada por Ricardo y Víctor Legorreta, haciendo equipo con Richard Rogers. Vale la pena puntualizar que varios edificios están siendo terminados en estos días y la valoración preliminar de sus resultados es poco alentadora. Muy poco contribuyen a la evolución y enriquecimiento de la arquitectura mexicana actual. Todo el repertorio construido en el Paseo de la Reforma, dentro de los criterios de la arquitectura moderna, incluyendo algunas versiones del posmodernismo, conviven con otras obras que aluden en su lenguaje y sus composiciones a las referencias históricas, academicistas, constatando que las ciudades modernas, como la ciudad de México, conforman diferentes ámbitos urbanos que llevan a confirmar que las ciudades son al mismo tiempo distintas ciudades, que conviven entremezcladas en su diversidad, contradicciones, complejidades, ambigüedades y tiempos históricos.   

Recorrer en estos días el Paseo de la Reforma, es una experiencia por demás interesante. Además de ser un destacado escaparate de la historia del urbanismo y la arquitectura  mexicana contemporánea, nos muestra la vitalidad de la vida en la ciudad de México. Así las cosas ahí encontramos diferentes muestras de actividades culturales y arte urbano, una gran variedad de usos del suelo, mezclando diferentes actividades económicas y grupos sociales, apreciamos la riqueza de su imagen paisajística, las actividades de franca verbena comercial que periódicamente se alientan en su territorio, se participa o padece de la presencia de manifestaciones sociales y políticas, del ir y venir de paseantes y un grupo importante de gentes en bicicleta, recorriendo su segura ruta ciclista urbana, reconocemos el valor social, económico y cultural de la presencia de visitantes nacionales o extranjeros que recorren el lugar a pié o en turibús; todo en conjunto es un espectáculo deslumbrante. Un gran laboratorio de la vida, la arquitectura y la experiencia urbana. Sin duda el Paseo de la Reforma es una de las grandes avenidas de México y del mundo, mezcla entre los Campos Elíseos de París y Park Avenue de Nueva York, mostrando orgullosamente una personalidad propia.

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