Juan José Díaz Infante Entre el esplendor y la crisis del movimiento racionalista

Para cuando Juan José Díaz Infante se recibe de arquitecto en la UNAM en 1959, el movimiento racionalista representaba en el mundo sus años de máximo esplendor. Se confiaba en el progreso apoyado en la razón, el desarrollo de la ciencia y el pensamiento liberal. En Europa y los EU los arquitectos maestros del movimiento racionalista gozaban de prestigio, su pensamiento y obras eran las rutas indiscutibles por donde debía transitar el desarrollo de las ciudades. Hablamos de autores como Mies Van Der Rohe, Lecorbusier, Gropius, Neutra, incluyendo a Frank Lloyd Wright y Alvar Aalto dentro de la tendencia orgánica. Por esos años en México, subidos también al tren del desarrollo, los seguidores de los maestros mencionados, habían consolidado también su presencia. Arquitectos como Carlos obregón Santacilia, José Villagrán, Mario Pani, Juan o´Gorman, Augusto H. Alvarez, Juan Sordo Madaleno, Ramón Marcos, Luís Barragán o Enrique Yañez. Juan José Díaz Infante pertenece a una generación posterior.

 Pronto Díaz Infante tuvo oportunidad de ejercer como arquitecto, entre 1960 y 1985 realizó diversas obras como el Centro Comercial Insurgentes Mínimax, de 1960, hoy destruido, estudio y realización de prototipos de viviendas prefabricadas de plástico, en colaboración con la empresa Vitrofibras, el proyecto de la Delegación Política Venustiano Carranza, de 1973, la Terminal de Autobuses de Oriente, de 1978, el edificio de  Bufete Industrial, ubicado en Río Mixcoac, de 1980, el edificio para el Citybank, ubicado en el Paseo de la Reforma, de 1980 y el Club Asturiano, ubicado en Polanco, de 1984. En el conjunto de estas obras se puede apreciar el manejo geométrico y compositivo de formas regulares, simples, formando parte de un orden sistemático, empleando materiales y métodos constructivos modernos, aplicando una clara racionalidad proyectual, cercana a las obras y pensamiento de los maestros del movimiento moderno universal y nacional.

Díaz Infante fue un personaje polémico, polifacético, llegando a la excentricidad conductual de pensamiento y presencia. Fue jugador de fútbol, portero del equipo fundador de los Pumas de la UNAM en 1954. Fue también corredor de autos de Fórmula 1, diseñador de autos para  Ferrari y asesor de la NASA y los rusos en materia de aeronáutica.  Su identificación con la UNAM y los pumas se dejaba ver en el constante uso de la chamarra emblemática de la institución y en la asistencia al estadio para ver los juegos de los felinos. Acostumbraba también usar y vestir camisetas y relojes con la imagen de Mickey Mouse.

Al final de los años sesenta, en el mundo, el movimiento racionalista fue criticado en lo que tiene que ver con sus compromisos sociales, los resultados compositivos de sus obras y la congruencia entre estas y sus  principios fundamentales. El repertorio de las obras racionalistas dio muestras de agotamiento. Así las cosas, a partir de ese tiempo se comenzaron a buscar en Europa y los EU otras alternativas que enriquecieran y diferenciaran los tiempos históricos por los cuales transitaba la arquitectura universal. Lo anterior se tradujo en la aceptación de la diversidad en lo que tiene que ver con las ideas generadoras de los proyectos hasta sus resultados formales y compositivos. El propio racionalismo buscó nuevas alternativas, alejándose de un cierto esquematismo en el cual se vieron atrapados un buen número de autores y sus obras. Todo esto fue alimentado por la feroz competencia entre arquitectos e instituciones que buscaban obras que destacaran sus presencias. Se experimentó con diseños más complejos, destacando el estudio y búsquedas formales en los arranques de los edificios y sus remates de azotea. Fue polémico el edificio Pennzoil, diseñado por Phillip Johnson, construido en Houston en 1976, que muestra juegos de planos truncados e inclinados  en el remate del conjunto de los dos edificios que componen la obra.

Ilustración: Alvaro Díaz Escobedo

En México la crisis del movimiento racionalista se dejó sentir a mediados de los años ochenta, coincidiendo con los sismos ocurridos en la cd. de México. Díaz Infante, después de los sismos diseñó y construyó su propia casa, ubicada en la col. Condesa, en donde puso en práctica sus inquietudes por lograr una arquitectura a prueba de sismos, experimentando con estructuras ligeras tubulares y con las ideas que el denominó Kalikosmia. A partir de estas últimas buscaba una arquitectura que empleara la menor cantidad de materia, con mayor velocidad, lo que es igual, según Díaz Infante, a lograr mayor espacio en menos tiempo. Desde entonces las ideas kalikósmicas lo acompañaron permanentemente, al grado que al él mismo se le identificaba como el Kalikósmico. Existe un pequeño libro a manera de una historieta, del 2005, que se titula Kalikosmia: Hacia un mundo inmaterial. Aventuras de kalikósmico Dies.

La tardía crisis del movimiento racionalista en México se reflejó en las obras de Díaz Infante. Los proyectos más significativos de lo anterior son: El edificio de la Bolsa Mexicana de Valores, ubicado en el Paseo de la Reforma y Niza, de 1990, sin duda la obra que mas lo identifica como arquitecto, además del edificio Diamante, ubicado en ave. de los Insurgentes sur, de 1991. El edificio de la BMV tiene como influencias formales los edificios de la Pennzoil, ubicado en Houston, de 1976, de  Phillip Johnson, el Citicorp Center, ubicado en Nueva York, de 1978, de Hugh Stubbins y en México es referencia Transportación Marítima Mexicana, ubicado frente al Centro Comercial Perisur, de 1984, de Augusto H. Álvarez.

En concordancia con la crisis del movimiento racionalista, buscando nuevas alternativas de presencia urbana, tomando en cuenta los proyectos mencionados previamente, Díaz Infante, en su proyecto para la BMV, explora una alternativa formalista, que busca destacar al edificio en medio del conjunto de los otros edificios que ya existían en el Paseo de la Reforma. La propuesta de descomponer el conjunto total en tres volúmenes adosados, a los que se suma un cuerpo bajo terminado con una forma de cúpula, que aloja la zona de remates de la Bolsa, truncando los remates de los volúmenes altos de azotea, dramatizándolos mediante planos inclinados y aristas vivas, le confiere una imagen que se ha vuelto identificable, para quienes viven y visitan la cd. de México. Su ubicación en una de las glorietas mas reconocidas de la ciudad, la forma trapezoidal del terreno donde se ubica que aguza su volumetría y sus inesperadas presencias en perspectiva, desde diferentes rumbos de la ciudad, le han conferido al edificio una imagen que se asocia inevitablemente a la visión cosmopolita de la capital del país. La forma caprichosa del edificio, las aristas y planos inclinados que lo conforman, se traducen en limitaciones en cuanto a la eficiencia de los espacios que lo constituyen. La entrada principal de escala reducida, no es congruente con la masa total y la importancia del edificio. En su parte más alta, existe un salón que mira hacia la calle de Niza, espacio atractivo, pero que muestra restricciones visuales dado el entramado de unas estructuras tubulares de importante densidad construida, que responden a la misma dirección en perspectiva hacia la calle.

Un artículo aparecido en la revista Obras, relata que en el año 1991, tras terminar la sede de la Bolsa Mexicana de Valores, la Facultad de Arquitectura de la UNAM y el CAM – SAM quisieron rendirle un homenaje. El preparó una fiesta en el penthouse de la sede bursátil y contrató al Coro de los Niños de Viena. Mientras estos hacían sus acordes, Díaz Infante vestido con abrigo de mink tomó el micrófono para anunciar: Hoy dejo de ser arquitecto. Hoy me convierto en diseñador de espacios y sistemas. Muchas gracias por todo ¨ Un instante después Díaz Infante se despojó de su abrigo para dejar al descubierto unas bermudas rojas, ajustadas con tirantes, en donde relucían un par de botones amarillos. El arquitecto homenajeado de pronto aparecía disfrazado de ratón de caricatura para recibir la medalla honorífica.

 Al final Juan José Díaz Infante fue polémico,  diseñando el conjunto de una obra arquitectónica dispareja, con ejemplos que hoy en día, sin llegar a ser verdaderamente originales, forman parte de la memoria construida de la ciudad de México.

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