Centro Cultural Elena Garro

Gustavo López Padilla

El pasado 5 de octubre del año 2012 fue inaugurado el Centro Cultural Elena Garro, ubicado en la calle Fernández Leal No. 43, Col. Barrio de la Conchita en Coyoacán, proyecto de las arquitectas Fernanda Canales y Saidee Springall. La realización de la obra estuvo envuelta en una fuerte polémica con los vecinos del lugar, quienes se oponen al funcionamiento del nuevo Centro Cultural, alegando su impacto, fundamentalmente en lo que tiene que ver con el estacionamiento de autos y el aforo vehicular en la zona, que desde hace tiempo es conflictivo. Los promotores de la obra  representados por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, argumentan que se trata de un  proyecto de barrio e invitan a los visitantes a llegar al lugar, preferentemente a pie o en bicicleta, para afrontar así los reclamos vecinales y en la medida de lo posible armonizar su presencia con la vida cotidiana del entorno preexistente. El Centro Cultural cuenta entre sus instalaciones con un estacionamiento subterráneo de 20 lugares, lo cual si no se respeta la invitación anterior de llegar preferentemente a pié, se vería seguramente rebasado en su demanda. Es un hecho que para conciliar el desarrollo y la vida moderna de las grandes ciudades, la nuestra incluida, se requiere urgentemente instrumentar nuevas políticas de movilidad vehicular, ordenando y limitando el uso del automóvil, incluyendo perímetros de restricción de los mismos, por la vía de cobrar para acceder a ciertas zonas urbanas o francamente prohibiendo su circulación en las mismas, lo que implicaría construir suficientes lugares de estacionamiento en los accesos y límites de las zonas restringidas, alentando el uso de bicicletas o recorridos a pie, al interior de las áreas en cuestión. Desde luego que la presencia de un nuevo Centro Cultural es siempre bienvenido, por todo lo que ello significa y así las cosas, se requiere para su natural funcionamiento, de un compromiso razonable entre las autoridades delegacionales, los vecinos, directivos del Centro, visitantes y usuarios del mismo, de tal suerte que cada uno ponga de su parte lo que sea necesario, para que el lugar se convierta en un articulador de la vida social, promotor de la cultura y no en un motivo para el enfrentamiento y la discordia.

Vistas exteriores

 En términos del proyecto, las arquitectas responsables, mostraron sensibilidad al procurar que la imagen urbana del mismo, fuera amable, mesurada y discreta, al respetar una doble altura como máximo en su volumetría general y remetiendo el paramento de la fachada principal, respecto del alineamiento del terreno disponible. Se suma a lo anterior la presencia de un macizo verde, bajo, como primer elemento de contacto sobre el alineamiento de banqueta, entre los transeúntes y la fachada acristalada  del Centro. En el lugar se contaba con una construcción que data de los inicios del siglo XX, lo que implicó tratar de armonizar las preexistencias porfirianas, con interpretaciones modernas de la arquitectura. A manera de un aparador de dos niveles, un gran plano limpio de cristal templado y muros laterales de concreto aparente con cimbra horizontal expuesta, delimitan el primer espacio de la librería Educal, que forma parte del Centro, enmarcando la remetida  fachada de la construcción preexistente, de la cual se respetan sus componentes fundamentales, siendo intervenidos con elementos metálicos modernos los vanos de sus ventanas. Al interior de la librería, se pueden apreciar algunos árboles, altos, de edad avanzada, que seguramente formaban parte también de lo que originalmente era el entorno. Estos últimos fueron respetados y se trató de integrarlos a la propuesta moderna de diseño.

Vistas interiores

 Sobre un terreno de 1504.00 m2 se despliega del Centro Cultural Elena Garro, contando con un programa de 1771.00 m2 construidos,  compuesto por estacionamiento subterráneo, la librería Educal ya mencionada, cafetería, dos aulas de trabajo, áreas de administración, sala de presentación de libros y zonas jardinadas. Para lograr la disponibilidad y flexibilidad de los espacios requeridos para las nuevas funciones, se eliminaron los muros divisorios que existían en la casa preexistente, buscando contar con plantas libres en la medida de lo posible. Se buscaron además algunas dobles alturas y continuidades en los recorridos de los espacios, lo cual resulta interesante y dinámico. Distintas aberturas en ventanas y tragaluces, a veces formando parte del tejido de los libreros necesarios para la exhibición de los libros, permiten de manera controlada, dotar de suficiente luminosidad natural a los distintos lugares que conforman el conjunto, lo cual se suma a la propuesta de privilegiar los colores claros en pisos, muros y techos. Los interiores de la librería resultan amenos e invita a su recorrido y permanencia, sin embargo, en lo que tiene que ver con el diseño de disposición de las unidades de iluminación, salidas de aire acondicionado y otras instalaciones necesarias en los plafones, resulta caótico, desordenado, poco claro. La cafetería, de pocos servicios disponibles, al menos hasta ahora, se extiende a un pequeño patio, semicubierto y a una espléndida zona jardinada, descubierta, que corre lateralmente en la zona norte del predio. En esta última zona, el diseño de pisos con diferentes texturas y acabados, se combina con un buen trabajo de selección y ubicación de elementos vegetales, lo cual genera una atmósfera agradable. El auditorio que se usará entre otras cosas para presentación de libros, ubicado al fondo del conjunto, pequeño, resuelto básicamente en base a tratamientos de madera, es amable y funcional. Este auditorio se conecta con la zona jardinada lateral mencionada, lo que permite extender las actividades de un evento hacia esa zona. Lo que tiene que ver con la definición de la arquitectura de paisaje estuvo a cargo de Tonatiuh Márquez y Hugo Sánchez. Se complementa el diseño del conjunto, con el trabajo escultórico-plástico de Paloma Torres, en la definición de los portones laterales del Centro, resueltos en bronce, recordando en forma y textura  los tratamientos de cimbra horizontal de los muros de concreto aparente, que forman parte de la solución estructural y de texturas del proyecto.

Patio, cafetería y lateral

En términos de ideas, el proyecto está planteado y resuelto de manera clara, eficiente, en base a  criterios racionalistas, tendiendo a la abstracción minimalista, valorando, contrastando a veces y mimetizando también, las preexistencias construidas, experimentando con un repertorio conocido de materiales, formas simples y regulares, sin mayores riesgos de experimentación formal o constructiva.  Vale la pena señalar además, la importancia del grupo de diseño encabezado por mujeres, Fernanda Canales, Saidee Springall y Paloma Torres, lo cual no es frecuente ni numeroso, para la realidad de la arquitectura mexicana.

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