Tadao Ando – La Puerta de la Creación

Gustavo López Padilla

La crítica es una operación creadora…  Octavio Paz.

En arquitectura como en la vida, existen  periodos de búsqueda, de consolidación, de constantes, pero también existen tiempos de cambio, entendidos naturalmente como parte de la vida misma, que la enriquecen y le proporcionan los matices de diversidad que la caracterizan. Lo anterior tiene sentido, ahora que conocemos una de las más recientes obras diseñadas por el arquitecto japonés Tadao Ando, ubicada en el campus de la Universidad de Monterrey, en la ciudad del mismo nombre, en el Estado de Nuevo León, México. La arquitectura de Tadao Ando (1941, Osaka, Japón), desde aquella pequeña casa, del año 1976, denominada Sumiyoshi, ubicada en Osaka, Japón, se ha caracterizado por conciliar la reinterpretación de la  arquitectura tradicional japonesa, con las expresiones mas abstractas del movimiento moderno, racionalista, cercanas al pensamiento y las obras de Mies Van Der Rohe, Lecorbusier y Louis Kahn, reconociendo además, el propio Ando, su admiración e influencias de parte de Luís Barragán y Félix Candela. Así las cosas, sus obras se expresan a través de formas geométricas simples, regulares, eliminando todo aquello que pueda considerarse superfluo, racionalizando al máximo el uso de materiales constructivos y sus procesos de edificación, privilegiando el uso del concreto en su expresión aparente, buscando economía al construir las obras y durante su ocupación.

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La austeridad en la conceptualización de las obras de Ando, ha implicado necesariamente asumir una actitud frente a la vida por parte de los habitantes de las mismas, en las que a la distancia podemos referirnos al espíritu de la filosofía zen o a la vida austera de los conventos de la religión cristiana. Algunos proyectos, por su tema, como la Capilla en el agua, Tomamu, Hokkaido, 1985-1988, han acercado a Ando a esta últimas ideas religiosas. Se entiende entonces una arquitectura que busca la serenidad, el silencio, la austeridad, espacios intimistas, cerrados en si mismos por medio del predominio del muro, la masividad, la experimentación cuidadosa de la luz y los claroscuros, el manejo sensible de la escala, la proporción y la presencia visual y táctil de la materialidad de sus obras, fundamentalmente expresadas a través del concreto aparente, modulado en base a los tableros de su cimbra y a la tersura de sus acabados. Así las cosas, se identifican los trabajos de Ando con lo que se llama el Minimalismo.

IMG_1981 Masato Kawamukai, historiador y crítico de la arquitectura, ha dicho que Tadao Ando ha mostrado una preocupación por buscar nuevas maneras de utilizar el lenguaje  heredado de los maestros de la arquitectura moderna y ha comentado además, que Ando ha creado rigurosamente, por sí mismo, una sensibilidad y una estética propias, que evidentemente lo identifican. A lo largo de su experiencia proyectual, Ando ha defendido: la honestidad en el uso de materiales, el empleo de una geometría pura y el establecimiento de una relación armoniosa con la naturaleza, aún pensando que esta pueda ser intervenida por la mano, el pensamiento intelectual y geométrico del ser humano. Obras como la casa Koshino, Ashiya, Hiogo 1979-1984, la casa Nakayama, Suzaka, Nara, 1985, la casa Kidosaki, Setagaya, Tokio, 1986 o la Capilla de la luz, Ibaraki, Osaka, 1989, dan muestra clara de sus búsquedas, logros y congruencia de su pensamiento.

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Pero cuando nos encontramos con el proyecto del Centro Roberto Garza Sada de Arte, Arquitectura y Diseño, denominado por el propio Tadao Ando, como Puerta de la Creación, ubicado en el campus de la UDEM, Monterrey Nuevo León, mayo del 2013, la realidad de la obra nos muestra un vuelco importante en el pensamiento y actitudes frente al diseño, por parte del arquitecto japonés, reconocido con el Premio Pritzker, en el año de 1995. Por principio de cuentas, la escala de la obra es imponente, de presencia monumental. Estamos hablando de un edificio que según los datos publicados recientemente, cuenta con 99 metros de largo, 27 metros de ancho, seis niveles de altura, con una medida en altura por nivel de 5.40 metros, librando un claro sin apoyos de hasta 88 metros y habiendo costado poco mas de 45 millones de dólares. El edificio forma ahora parte del campus de la UDEM, -que es poco ordenado, poco claro, con mezclas de edificios de diferentes tiempos de ejecución y presencia formal- rematando las vistas que dan hacia el Cerro de las Mitras. Por su escala, el Centro Roberto Garza o Puerta de la creación, impone su presencia y formalmente es una propuesta que alude metafóricamente, por medio de un arco que forma parte del acceso principal al edificio y que lo vincula con el paisaje, a la forma de un cerro, incorporando además algunos pliegues en la textura de sus fachadas, que se refieren a la misma presencia accidentada del paisaje natural, que sirve de fondo para la volumetría del edificio.

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En congruencia con las ideas generales de las obras de Tadao Ando, el edificio se cierra sobre si mismo, procurando fundamentalmente actividades hacia sus interiores, relacionándose con el paisaje y el resto del campus, de manera puntual y limitada. Lo anterior si bien es congruente con su pensamiento, es contradictorio al mismo tiempo, porque su aislamiento no promueve la convivencia colectiva universitaria con el resto de la comunidad y las otras instalaciones, condición que debería ser fundamental en una institución educativa de esta naturaleza. Sorprende también como otra condición del edificio, que esté resuelto fundamentalmente en base a una robusta estructura de acero que no se deja ver bajo ninguna circunstancia, complementándose y recubriéndose con concreto, dando la apariencia que todo estuviera resuelto con este último material. Lo anterior es contrario al pensamiento esencial del arquitecto japonés, que defiende como principio la congruencia y presencia aparente, natural de los materiales empleados. En otro sentido, para acceder al edificio se camina por una plaza, semicubierta, de buena escala, bordeada de jardines, que sin embargo no propicia el estar en ella y la convivencia colectiva, dados sus componentes de diseño. El lugar está entendido como un vacío, de simple tránsito. Se suma de manera adversa el que en la plaza se forman importantes corrientes de aire que hacen poco agradable la estancia en el sitio. El diseño de paisaje en general, en los alrededores del edificio, se muestra por ahora esquemático y abstracto.

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El conjunto del edificio propiamente, está constituido por dos crujías longitudinales, disponiendo al centro de las mismas, una importante zona donde se ubican las articulaciones verticales, llámense escaleras, algunos lugares de distribución y convivencia, a manera de patios y otros servicios complementarios. Las crujías que definen los lugares útiles, que viven hacia la zona central mencionada, funcionales, bien iluminadas, operan a manera de plantas libres que se subdividen respondiendo a los requerimientos de programa. Por los interiores, sobre todo el la zona central entre crujías,  aparecen algunos componentes resueltos en base a complejidades geométricas mayores, algunas de criticable resolución, generándose una buena cantidad de espacios residuales. En continuidad con sus experiencias anteriores se cuenta con dos lugares a manera de pequeñas ágoras, que recuerdan, el Teatro del Agua, Tamamu, Hokkaido, 1986. Se suman a lo anterior, dos grandes aberturas ubicadas en las fachadas  laterales del edificio, sobre una notable superficie de concreto, que aluden a la distancia la fachada de acceso de la Casa Adosada en Sumiyoshi, Osaka, 1976.

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La parte central, entre crujías, no queda del todo resuelta, vivencialmente hablando, ya que se generan también importantes corrientes de viento, que llegan a ser poco confortables, limitando en alguna medida el uso de los lugares públicos ubicados en esa zona. Preocupa además el que algunos espacios, de esa misma zona central, no están protegidos  del agua de lluvia, pudiendo llegar la misma incluso, por escurrimientos, hasta la planta baja del edificio. Las soluciones de recolección de lluvia en la pequeñas plazas, ubicadas en los niveles superiores, podría representar también algunos problemas, al estar al mismo nivel los patios y los lugares interiores.  La recolecta del agua se diseñó mediante angostas aberturas en los pisos, que pueden saturarse. Durante una plática que ofreció Tadao Ando durante la inauguración del edificio, reconoció abiertamente, que en algunos otros proyectos ha tenido problemas semejantes, en relación con el clima, ya sea frío, viento o lluvia, a lo que recomienda que los usuarios se adapten y vivan estoicamente sus propuestas de diseño, ya que él no está dispuesto a cambiarlas. Incluso ha comentado en otras circunstancias, que puede abandonar los diseños, cuando se encuentran en sus fases iniciales, si sus clientes y usuarios muestran desacuerdos y no están dispuestos a vivir según sus ideas, reglas y criterios de diseño.

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En el Centro Roberto Garza Sada de Arte, Arquitectura y Diseño, nos encontramos con una etapa distinta dentro del ejercicio profesional de Tadao Ando, en el que además de la continuidad preexistente en sus ideas, explora complejidades geométricas mayores, constructivas, abandonando en buena medida aquellos criterios de simplicidad, austeridad, serenidad, economía y discreción que lo han caracterizado, acercándose peligrosamente a aquella arquitectura de moda de hoy en día, entendida antes que nada como espectáculo, como el deslumbrante impacto visual de los diseños, actitud arrogante, que privilegia el formalismo y la obra como un culto a si mismo, descartando el ejercicio de la profesión entendida como un servicio y el establecimiento de posibles relaciones arquitectónico espaciales resultantes de las obras, que contribuyen a la vida individual y colectiva, a la conformación de conjuntos, al tejido construido, amable y vivible de las ciudades. El tiempo nos irá mostrando los nuevos caminos  recorridos por Tadao Ando, el valor de las ideas experimentadas en los mismos, en tanto las escuelas de Diseño de Arte, Arquitectura y Diseño, de la Universidad de Monterrey, tendrán tiempo de hacer suyo el nuevo edificio, podrán ajustarlo naturalmente a sus requerimientos y formas de operación didácticas,  para seguir contribuyendo a la formación de recientes generaciones de estudiantes. Vale la pena reconocer que la Universidad de Monterrey y el Centro Roberto Garza Sada, cuentan actualmente con jóvenes directores y cuadros de profesores, preparados y entusiastas, comprometidos con la educación, piedra fundamental para el desarrollo del país.

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