Le Corbusier

Gustavo López Padilla

Sin duda Charles-Edouard Jeanneret 1887-1965, mejor conocido como Le Corbusier, fue y sigue siendo, uno de los arquitectos mas polémicos e influyentes del Movimiento Moderno Racionalista. Su recia personalidad, la contundencia y claridad de sus pensamientos urbanos y arquitectónicos, así como la riqueza y diversidad de su obra, lo convirtieron en referencia indispensable en el desarrollo y consolidación de la arquitectura posterior a la primera guerra mundial 1914-1919, que le ha dado rostro, en buena medida, a las ciudades y las obras contemporáneas. Muchas publicaciones y reportajes de distinta naturaleza han dado cuenta de sus trabajos y pensamientos. Para esta oportunidad, me interesa destacar lo que está en la esencia de su postura, en el como, porqué y a partir de qué, Le Corbusier abordó sus propuestas proyectuales urbanas y arquitectónicas.

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Por principio de cuentas es importante destacar que para su formación, no asistió a alguna universidad, para hacerse de los conocimientos necesarios y luego entonces ejercer la profesión. Son míticos y ampliamente conocidos los viajes que realizó por distintas ciudades europeas, en los cuales se dedicó a dibujar y con ello a pensar, analizar y comparar, distintos ámbitos urbanos y edificios representativos de diferentes ciudades y tiempos culturales. Los recorridos de calles, plazas, jardines y la vivencia directa de las obras, se tradujeron en sus mejores experiencias formadoras en términos urbanos y arquitectónicos. Podemos afirmar que su mejor escuela de arquitectura fue la calle y a lo anterior se sumó su decidida voluntad de convertirse en un arquitecto propositivo y trascendente. Adicionalmente, como parte de su formación, se planteó establecer tempranas relaciones profesionales, particularmente con dos destacados arquitectos que formaban parte del movimiento Protoracionalista: August Perret por un lado y Peter Behrens por el otro. Ambas experiencias se convertirán en influencias determinantes en la construcción de su repertorio intelectual, así como en la manera particular de cómo resolver compositiva y constructivamente sus proyectos. De lo anterior le quedan el pensamiento racionalista y el empleo del concreto armado, como material y procedimiento constructivo fundamental que aplicaría en sus obras. Las circunstancias anteriores que determinan la formación profesional de Le Corbusier, constituyen lecciones importantes, que escapan al tiempo y que bien vale la pena tener presentes; aprender de la realidad de las ciudades y relacionarse profesionalmente, en épocas tempranas, con autores que cuenten con experiencias y conocimientos importantes, que merezcan ser asimilados y posteriormente desarrollados y reinterpretados.

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Con la voluntad de enriquecer y diversificar aún más su visión de la vida y la cultura, lo que evidentemente traduciría en términos de urbanismo y arquitectura, Le Corbusier tejió otra serie de relaciones de amistad e intelectuales con diferentes personalidades, entre las que podemos mencionar a los pintores Amedée Ozenfant, Juan Gris, Pablo Picasso, Fernand Léger, mostrando algunos acercamientos incluso con Albert Einstein, como consta en alguna fotografía específicamente. Le Corbusier fue consciente y estudioso de la realidad política, social, económica y cultural del momento en el cual desarrolló su arquitectura. Sus ideas urbanas y arquitectónicas reflejan, muestran congruencia con aquella realidad. Nuevamente Le Corbusier nos da una lección, a partir de que la arquitectura no puede entenderse como una práctica aislada, sino que debe asumirse como el resultado de un proceso histórico y formando parte de la cultura, la ciencia, la economía y la filosofía de un momento determinado. No podemos dejar de mencionar en particular, la importancia intelectual que tuvo en su momento para Le Corbusier, el desarrollo y conocimiento de las llamadas Vanguardias Figurativas, entre las que destacan movimientos como el expresionismo, el cubismo, el neoplasticismo, el constructivismo, el suprematismo y el futurismo.

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Equipado emocional e intelectualmente con todo lo anterior y a partir de sus primeras experiencias proyectuales, Le Corbusier se dio a la tarea de construir por principio de cuentas, el conjunto de ideas que le dieron sentido a sus propuestas urbanas y arquitectónicas. No se conformó con realizar variaciones compositivas y formales de los repertorios que se experimentaban en su momento; le dedicó tiempo a pensar en su experiencia, en la experiencia de los otros y plantear, desde su punto de vista como debían ser la arquitectura y las ciudades. Lo anterior lo desarrolló, difundió y defendió en distintos foros, entre los cuales destacaron los Congresos Internacionales de Arquitectura, realizados a finales de los años veinte y principios de los treinta. Su obra intelectual, arquitectónica y artística la documentó a lo largo de casi seis décadas dejando como legado 34 libros, poco mas o menos 8000 dibujos, mas de 400 cuadros, 44 esculturas, 27 cartones para tapices y 75 edificios. (1) Le Corbusier representa para su momento y a su escala, aquella visión del gran artista de todos los tiempos, el renacentista Leonardo Da Vinci. Le Corbusier que fue pintor, impulsando su propio movimiento llamado purismo, también escultor, pensador, ensayista, conferencista, diseñador de muebles, urbanista y desde luego un gran arquitecto. En todo esto incluyó sus preocupaciones en relación a producir obras bellas, para lo cual debía utilizar un sistema de medidas y relaciones proporcionales que garantizaran la estetica en la realización de las mismas. Estudió y planteó su propio sistema de medidas, llamado el Modulor, que fue el resultado de reinterpretar distintos estudios de relaciones de medidas, en función de la llamada proporción o número de oro, que se remite hasta las experiencias estéticas, geométricas y matemáticas de los egipcios, griegos, romanos, la edad media y desde luego el renacimiento. En el universo intelectual de Le Corbusier se entrecruzaron y enriquecieron sus distintas actividades artísticas y en sus obras, la arquitectura convivió con pinturas, esculturas y el diseño industrial. Por momentos los límites entre estas actividades artísticas se disipan y retroalimentan. Hablamos de esculturas habitables o arquitectura en cuyas formas la pintura deja constancias de su presencia. Le Corbusier como pocos, fue un gran explorador de la forma y las calidades de las secuencias espaciales, muchas de las veces sorprendentes, que están presentes en sus proyectos.

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Desde luego todo lo anterior resulta en un conjunto de obras que han cautivado y siguen haciéndolo a un gran número de arquitectos, artistas y público en general, que está dispuesto a viajar cientos de kilómetros para disfrutar las mismas. Sus proyectos siguen siendo cautivadores y motivantes. Pueden representar el impulso inicial para nuevas interpretaciones. Obras como el proyecto para Las Casas Domino, de 1914, proyecto de las Casas Citrohan, de 1920, el Plan de una ciudad de tres millones de habitantes, 1922, la Villa Stein-de Monzie, Francia, 1926-1928, la Villa Savoye, Francia, 1928-1931, la Unidad de Habitación de Marsella, Francia, 1946-1952, la Casa Shodan, India, el conjunto urbano y arquitectónico de Chandigard, 1951-1955, India, el Convento de La Tourette, Francia, 1953-1960, el Carpenter Center, en Massachusetts, E.U., 1959-1962, la Capilla de Notre Dame-Du-Haute, Francia, 1951-1955 o el llamado ahora Centro de Le Corbusier, Zurich, Suiza, 1963-1967, entre otras. Pero mas allá del valor e importancia de las obras mencionadas, quiero insistir en la gran lección lecorbusiana del a partir de qué, de su actitud integral de cómo enfrentar sus proyectos. Mas allá de ideas, imágenes y resultados, si comprendemos y valoramos su postura frente a la vida y la arquitectura, habremos aprendido una gran lección, que tiene que ver en última instancia con el orgullo, la confianza y voluntad de ser uno mismo, de construir antes que nada un repertorio propio de ideas que le den sentido a las acciones proyectuales, aprovechando las experiencias de los otros.

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(1).- Le Corbusier, autor Jean-Louis Cohen. Editorial Taschen. Pág. 7

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