Museo de Arte Contemporáneo de la Fundación Jumex

Gustavo López Padilla

Desarrollar el proyecto de un museo es uno de los temas mas atractivos para los arquitectos en general. Y si además la obra está ubicada en una ciudad importante y aloja una colección de arte reconocida, aumenta aun más el interés por la ejecución de la misma. Todas estas circunstancias están presentes en la ejecución del Museo Jumex, recientemente inaugurado, diseñado por David Chipperfield, arquitecto nacido en Londres, Inglaterra, en el año de 1953, quién estudió en la Architectural Association School of Architecture de Londres, licenciándose en el año de 1977. Como parte de sus experiencias previas y la  consolidación de su formación profesional, entre 1978 y 1984 trabajó, entre otros, con los reconocidos arquitectos, Richard Rogers y Norman Foster. A partir de esta última fecha fundó su propia firma de diseño, habiendo realizado una buena y significativa cantidad de proyectos, destacando particularmente en el tema de museos.

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El Museo Jumex, se encuentra ubicado al norponiente de la ciudad de México, en la colonia Ampliación Granada, muy cercana a Polanco, formando parte de la llamada Plaza Carso. Sin responder a un plan de desarrollo claramente planteado, el entorno cercano y próximo al museo, muestra un desarrollo urbano intenso, desordenado, de mediana calidad proyectual, en donde prevalece el criterio de la especulación inmobiliaria, que muestra como una de sus caras mas visibles y criticables, la escasez de espacio realmente público, que pueda equilibrar y humanizar la alta densidad construida. El museo da frente a uno de los pocos lugares abiertos de los que se dispone en el desarrollo del conjunto, resultando además una buena parte de este espacio abierto, lo que fuera un antiguo derecho de vía, por donde circulaba el tren que cruzaba por la zona.

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Un proyecto de esta naturaleza, busca de inicio contar con una imagen identificable, dominante, que se vuelva referencia dentro de la zona urbana donde se ubica, para sus habitantes,  de tal suerte además, que pase a formar parte de la memoria construida de los visitantes al lugar. En el resultado formal del Museo jumex se entremezclan de manera consciente o inconsciente, imágenes que tienen que ver con la experiencia previa del mismo David Chipperfield, como su Museo Fluvial y del Remo, ubicado en Henley on Thames, Inglaterra, a lo que se suman los proyectos de la casa del pintor Ozenfant, ubicada en París, del año 1922, diseño de Lecorbusier, las casas taller de Diego Rivera y Frida Kahlo, ubicadas en la ciudad de México, del año 1932, diseñadas por Juan O´Gorman y el Museo Whitney, ubicado en la ciudad de Nueva York, del año 1996, obra de Marcel Breuer. Se incorpora a lo anterior, el recuerdo de la actividad fabril, que existió precisamente en esa zona urbana de la ciudad de México, previamente a su transformación y cambios de uso del suelo actuales. El Museo Jumex, cuenta con 6,600.00 m2 construidos, con cuatro niveles por debajo del nivel de banqueta, constituidos por un sótano y tres niveles de estacionamiento, sumándose la planta baja y tres niveles sobre el mismo nivel de banqueta. Los tres niveles superiores se destinan a las exposiciones propiamente. El primero para exposiciones temporales, contando con amplias terrazas y lugares interiores, para alojar muestras de distinta naturaleza. Los dos pisos superiores, muestran la colección permanente de la institución.

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Sobre un terreno de forma trapezoidal de 2500.00 m2, Chipperfield despliega para el Jumex una volumetría serena, que define con precisión sus componentes de programa, empleando formas geométricas simples, regulares, formando parte de los repertorios de la arquitectura minimalista, dentro de la cual el arquitecto inglés ha desarrollado la mayoría de sus trabajos. Una plaza de acceso frontal permite llegar a la planta baja porticada, imagen semejante a su experiencia previa del Museo Fluvial y del Remo, para acto seguido, encontrarse con el acceso principal al museo. En este mismo nivel, se ubica la cafetería, que funciona de manera independiente, al contar con un acceso común al museo y otro más particular para la propia cafetería.  Apoyados en el criterio de plantas libres, el primer nivel cuenta con una amplia terraza, galería, que recorre perimetralmente una zona central de exposiciones. El segundo nivel cuenta con algunas ventanas y el tercero toma su luz de manera controlada, a partir de las posibilidades que ofrece la cubierta de imagen fabril, que es un diente de sierra, regulando las incidencias  del sol y sus ganancias de calor.

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Los interiores del museo destinados a exposiciones se muestran sencillos, serenos, elegantes, blancos, versátiles, con personalidad propia, pero sin excesivos protagonismos, permitiendo que el material a exponer, cuente con su propia presencia e importancia. La escala del conjunto total es amable, se pueden recorrer las salas de manera pausada y tranquila, ofreciendo en ocasiones, en sus recorridos, algunas posibilidades de asomarse al entorno, volviendo rica la experiencia. Vale la pena destacar la sencillez de la propuesta, misma que se aprecia también en el planteamiento de los procesos constructivos implicados y en la solución detallada de sus componentes, haciendo énfasis en lo que tiene que ver con las juntas que definen las transiciones entre los pocos materiales empleados, destacando el mármol Travertino de Xalapa en pisos y muros, mas concreto blanco liso y aparente. Se entiende una propuesta de arquitectura sistemática, funcional, modular, incluyendo el orden de la estructura, los materiales de acabados y las instalaciones, haciendo énfasis en el tema de la distribución y posibilidades de uso de la iluminación artificial. El diseño y solución constructiva de la escalera principal, que articula  los diferentes niveles del museo, por sus detalles, combinación de materiales, colores y calidad plástica, se vuelve un atractivo funcional y escultórico, que anima a recorrerla.

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Esta obra que resulta de la relación profesional entre un cliente particular y un arquitecto también particular, significa la oportunidad de conocer, enfrentar y evaluar, maneras de entender y resolver proyectos por parte de arquitectos extranjeros destacados, como David Chipperfield, con las propias visiones e interpretaciones que caracterizan a la arquitectura mexicana contemporánea.

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