Ramón Torres Martínez 1924-2008

Gustavo López Padilla

Mucho se ha discutido, desde la segunda mitad de los años sesenta, del pasado siglo XX, sobre la vigencia del movimiento racionalista. Se han puesto sobre la mesa de las discusiones sus principios, objetivos, alcances y la realidad construida de las obras, arquitectónicas y urbanas, siguiendo sus ideas. Se ha argumentado además, el desgaste de sus repertorios compositivos y formales, llegando en ocasiones a posturas tan radicales, como considerarlo un movimiento sin perspectivas de futuro. La realidad desde aquellos años sesenta, hasta nuestros días, ha demostrado lo contrario, en el sentido de que de manera continua y sin interrupciones, se ha seguido proyectando y construyendo, de la mano de los criterios racionalistas, un sinnúmero de obras y algunas ciudades modernas. Las razones que le dan sentido a su permanencia, tienen que ver con la facilidad de comprensión por parte de quienes requieren la realización de nuevos proyectos.  Si se piensa en sus principios fundamentales, como el que la forma siga a la función, tomando en cuenta las necesidades y realidades de los usuarios, que las obras sean económicas, eliminado lo superfluo, razonablemente construidas, utilizando los materiales de la mejor manera posible, mismos que pueden ser industrializados, aprovechando así posibles economías, utilizando formas geométricas simples, de fácil comprensión e interpretación; lo anterior deja ver unas ideas que escapan al tiempo y que pueden permitir, de acuerdo con los conocimientos, habilidades y sensibilidades de cada quién, nuevas y distintas interpretaciones, que pueden  y deben ser congruentes además, con sus particulares tiempos históricos y circunstancias sociales, económicas, políticas y culturales. En México, el racionalismo ha estado presente, desde los inicios de los años veinte del pasado siglo y existe un conjunto de arquitectos, que lo han representado con dignidad y calidad. Entre ellos destaca el arquitecto Ramón Torres Martínez, quién haciendo equipo, en la mayoría de sus proyectos, con Héctor Velázquez Moreno, ha dejado un legado nutrido de obras, que vale la pena recordar, revisar, valorar, en el entendido de que a partir del ejercicio de la crítica, se pueden encontrar nuevas interpretaciones para la arquitectura y en lo particular, siguiendo las ideas del movimiento racionalista, evolucionándolo y dándole continuidad.

FAC. DE MEDICINA, UNAM

Ramón Torres, estudió en la Escuela Nacional de Arquitectura, cuando su sede era la Academia de San Carlos, ubicada en el centro de la ciudad de México, graduándose, en el año de 1949, tiempo en el cual, el movimiento racionalista estaba consolidado en Europa, los Estados Unidos y en México, habiendo cobrado relevancia desde los primeros años de la década de los veinte, de ese mismo siglo. Entre otros, Walter Gropius y Mies Van Der Rohe contaban con una fuerte presencia en el país y en particular el segundo, influyó de manera determinante en la arquitectura de Ramón Torres. En México fueron referencia para sus trabajos y formación profesional, arquitectos como José Villagrán, Mario Pani, Enrique del Moral y Augusto H. Álvarez. Muy pronto, a los 26 años de edad,  Ramón Torres tuvo oportunidades profesionales relevantes, siendo particularmente significativo el proyecto de la Escuela de Medicina, del año 1950, formando parte del conjunto de la naciente Ciudad Universitaria, ubicada al sur de la ciudad de México, proyecto realizado en colaboración con Pedro Ramírez Vázquez, Roberto Álvarez Espinoza y Héctor Velázquez Moreno. En esta oportunidad pusieron en práctica los criterios racionalistas, siguiendo las propuestas intelectuales de Descartes, de análisis y síntesis, descomponiendo los componentes de programa en tres cuerpos geométricos y articulándolos con conectores para formar el conjunto de la escuela,  a la manera de lo que sucedió con el proyecto de la Bauhaus, diseñada por Walter Gropius, en Dessau, Alemania, el año de 1925 o la propuesta de Lecorbusier para el proyecto no construido del Palacio de los Soviets, Moscú, Rusia, 1931-1932. Los principios Lecorbusianos están presentes en la Escuela de Medicina de manera evidente, el lo que se refiere a la planta baja porticada, el criterio de usar plantas libres, uso de rampas, solución estructural en base a columnas y losas planas, sumándose el uso de parasoles en fachada. En este proyecto es notable además, la presencia del movimiento de Integración Plástica, con el mural en una de las cabeceras principales de fachada, que mira al poniente, realizado por Francisco Eppens.

EPSON MFP image

Desde el año de 1954 Ramón Torres emprendió la práctica profesional privada, haciendo equipo con Héctor Velázquez y en 1959 realizaron una de su obras más significativas, el Pasaje Jacarandas, en la llamada Zona Rosa, en la Colonia Juárez, en la zona centro de la ciudad de México. Se trataba de un pasaje comercial de presencia urbana serena, elegante, discreta, que daba frente a tres calles, planteando desde  estas últimas, circulaciones interiores peatonales que confluían en una plaza central de distribución y convivencia. El conjunto lo formaban locales comerciales de doble altura, con la posibilidad de implementar mezzanines, ocupados en su mayoría por galerías y restaurantes, que propiciaron una intensa vida social y cultural. La propuesta, ordenada, mostraba sus fachadas terminadas con mangueterías metálicas y cristal, en base a criterios claramente miesianos. Formas simples, impecablemente resueltas, en lo que tiene que ver con sus continuidades espaciales, tanto en planta, como en altura, con un  cuidado sensible en el manejo de sus proporciones, detalles y transparencias, con un justo equilibrio entre el espacio privado y el público. Es lamentable que esta obra, representativa del racionalismo,  en su mejor expresión, con clara tendencia a la abstracción, de acuerdo con lo que sucedía en la arquitectura mexicana al final de los años cincuenta e inicios de los sesenta, haya sido destruida, dando paso a obras intrascendentes, anodinas, comerciales, de baja calidad proyectual, que han contribuido al deterioro de la calidad de vida e imagen urbana, de lo que fuera la emblemática zona rosa. Otras obras de impecable resolución racionalista, miesiana, son la propia casa del arquitecto, la Casa Torres del año 1962 y los edificios de departamentos Marsella 79, colonia Juárez y Nazas 143, colonia Cuauhtémoc, en las cuales de igual manera, el rigor geométrico, la simplicidad formal, control de las proporciones,  despiece de materiales y solución de detalles, dejan ver en continuidad, las habilidades proyectuales de sus diseñadores.

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Ramón Torres  y Héctor Velázquez, también  incursionaron exitosamente en el tema de la vivienda social, con proyectos significativos como el diseño urbano y arquitectónico del Conjunto Habitacional San Juan de Aragón, 1964,  de 18,071 viviendas, desplantado en un área de 663.68 has., contando con una densidad construida de 163 viviendas por hectárea, proyecto que conforma un barrio consolidado, identificable, siguiendo el criterio de la organización de un conjunto, resuelto en base a la idea de supermanzanas, compuestas por casas de dos niveles, contando con todos sus equipamientos necesarios,  que se integra con naturalidad al tejido de la ciudad, conjuntamente con el importante espacio abierto público, que significa el 41 % del área, compuesto por andadores y plazas, ubicadas al centro de las manzanas, sumando en ello el importante espacio verde del Bosque de Aragón. En 1968, con un criterio diferente, un conjunto cerrado, con algunos equipamientos deportivos y espacios verdes, diseñó en equipo con Agustín Hernández, Manuel González Rul y Carlos Ortega,  la llamada Villa Olímpica, que se construyó con motivo de la celebración, en la ciudad de México, de los Juegos Olímpicos de 1968. El conjunto, ubicado al sur de la ciudad, en la Delegación Tlalpan, resuelto en base a 29 edificios de 6 y 10 niveles, sirvió originalmente para alojar a los atletas y la prensa que participaron en dichos juegos, siendo ocupados más tarde por algunos afortunados que disfrutan el lugar. El conjunto desplantado en 10.13 has., cuenta con 904 viviendas, con una densidad de 89.23 has y un espacio abierto del 63.08 %. Por su calidad de diseño y vivencial, estos dos proyectos, con otros mas de diferentes autores, representan una de las mejores épocas de la arquitectura mexicana en temas de compromiso social, como son los de vivienda colectiva.

loteria

En 1971, diseñó haciendo equipo con David Muñoz y Sergio Santacruz, el edificio conocido como la Torre de la Lotería Nacional, mismo que cuenta con 28 niveles, 55,000.00 m2 construidos, resuelto en base a una planta triangular, contando con una estructura  metálica aparente, terminada en fachada combinándola con componentes de cristal. Se encuentra ubicada en la confluencia de las avenidas Juárez y Reforma, en el centro de la ciudad de México. Su solución estructural, que implica desde el sistema de excavación, el levantamiento de la estructura, ubicada perimetralmente en relación con la planta y los entrepisos resueltos como plataformas integrales, de manera sistematizada, le han conferido de manera probada, una seguridad estructural confiable. Plantas libres y algunas esquinas de las mismas resueltas a dobles alturas, permiten flexibilidad y continuidad espacial, que caracterizan el uso del edificio. Las transparencias permitidas por la piel de cristal, le otorgan una cierta ligereza y complican un tanto la vivencia interior de los espacios y sus costos de operación, dadas las incidencias directas del sol y sus ganancias de calor, condición común en edificios de esta naturaleza y que caracterizaron el movimiento racionalista, siendo por ello motivo de críticas. El resultado formal del edificio, dejando ver en su base un cierto espíritu neoyorkino, al contar con una discreta plaza abierta, porticada, que define el acceso principal  y el volumen dominante, prismático, tendiendo a la abstracción geométrica, dejan  ver una imagen moderna, cosmopolita, que se ha convertido en hito urbano para esa zona de la ciudad de México, en conjunto con la Torre del Caballito y el original edificio de la Lotería Nacional, representativo del Art Decó, del año 1945.

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En el haber profesional de Ramón Torres aparecen otros proyectos de temas distintos, como algunos hospitales, el General de Zamora, Michoacán y el Hospital General Homeopático, ubicado en el Distrito Federal o el Museo de Historia Natural, del año de 1986, ubicado en la Laguna de las Ilusiones, en Villahermosa, Tabasco. Entre sus últimas obras, en el año de 1993, diseñó conjuntamente con el arquitecto Héctor Velázquez Graham, la espléndida Casa Hernández, ubicada en la ciudad de Oaxaca, en la que de manera respetuosa se relaciona con su entorno urbano próximo y por los interiores se despliega una fluida continuidad espacial, que recorre los espacios públicos de la casa, en torno a un patio, calificado por un importante cuerpo de agua. La combinación de materiales artesanales e industriales, con sus colores, texturas, detalles constructivos particulares, juegos volumétricos y de claroscuros, hacen de la casa un lugar amable, confortable y mostrando una plasticidad atractiva, que da cuenta de las habilidades proyectuales de sus diseñadores. Ramón Torres impartió clases en la primero Escuela y luego Facultad de Arquitectura de la UNAM desde 1952 y fue director de la misma entre 1965 y 1973, mostrando con ello las diversas facetas y compromisos  integrales del arquitecto en relación con la arquitectura mexicana contemporánea. El conjunto de la personalidad del arquitecto Ramón Torres, su obra proyectual, construida y su labor académica, son representativos de la modernidad en la arquitectura mexicana, específicamente dentro del movimiento racionalista, siendo motivo de estudio, reflexión y crítica, como una de las alternativas para entender las posibilidades de continuidad, evolución, búsqueda y encuentro de nuevas opciones, dentro de la realidad de la arquitectura mexicana contemporánea y del movimiento racionalista, que ha demostrado que sigue vigente y dejando ver que existen todavía muchos recorridos viables dentro del mismo

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