Arquitectura pública – arquitectura privada

Gustavo López Padilla

Al terminar la Revolución mexicana al final de la segunda década del pasado siglo XX, los gobiernos emanados de la misma, instrumentaron una serie de programas institucionales con la finalidad de afrontar las crecientes necesidades de la población, en materias como vivienda, escuelas, hospitales, mercados, edificios de servicios públicos y todo lo que tiene que ver con la infraestructura necesaria para el buen funcionamiento moderno de las ciudades, como redes de agua potable, drenaje, suministro de energía eléctrica y transporte público. El estado posrevolucionario asumió directamente el compromiso de orientar, regular y dirigir el desarrollo político, social, económico y cultural del país, con criterios de compromiso social, pensando en el conjunto de la sociedad mexicana, pero sobre todo tomando en cuenta a los grupos mas desprotegidos. México se sumó a la modernidad arquitectónica por esos años, acercándose a las ideas del movimiento racionalista, que aparecían como la posibilidad natural de hacer viables las propuestas del Estado Mexicano, toda vez que este movimiento planteaba la realización de arquitecturas sustentadas en el ejercicio de la razón, buscando sobre todo su eficiencia funcional,  economía en lo que se refiere a sus construcciones, eliminado todo aquello que se considerara como adornos o superfluo, para lo cual se preferían formas geométricas simples, regulares, edificadas con los procedimientos constructivos y materiales mas modernos de la época, como el uso del concreto armado.

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Con el conjunto de las ideas anteriores, a lo largo de casi setenta años, se construyeron en la Arquitectura Mexicana Contemporánea una gran cantidad de proyectos, que en buena medida le dieron rostro a las ciudades mas importantes del país y la identificaron nacional e internacionalmente, dejando constancia de uno de sus periodos históricos, constructivos, mas brillantes y fructíferos. Los llamados maestros de la Arquitectura Mexicana, entre los cuales se pueden mencionar a autores como Juan O´Gorman, Carlos Obregón Santacilia, José Villagrán, Mario Pani, Enrique Yañez y Enrique del Moral, fueron algunos de los encargados de impulsar e instrumentar los programas mencionados y la realización de obras representativas de esta arquitectura de claro compromiso social. Evidentemente se sumaron en el tiempo otros arquitectos, que en sintonía con lo anterior le dieron presencia y relevancia a esta arquitectura mexicana, como es el caso de Pedro Ramírez Vázquez, Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky. La relación de las obras socialmente comprometidas es larga y variada, para lo cual es necesario acercarse a los libros especializados en el tema; sin embargo, vale la pena mencionar aunque sea unas cuantas que son representativas como: El conjunto de 28 escuelas primarias realizadas para la SEP, en el año 1934, por Juan O´Gorman, dentro de las cuales destaca la Escuela Primaria Melchor Ocampo, el conjunto habitacional Miguel Alemán, del año 1950 de Mario Pani, el Instituto Nacional de Cardiología, del año 1937 de José Villagrán que formaba parte del Centro Médico Nacional, el mercado de la Merced, del año 1957 de Enrique del Moral, el Hospital de la Raza del año 1952 de Enrique Yánez o el edificio de las oficinas administrativas del IMSS del año 1950, de Carlos Obregón Santacilia. Mas adelante se suman a los anteriores ejemplos obras tales como: el Museo Nacional de Antropología del año 1964 de Pedro Ramírez Vázquez, el Colegio de México del año 1974 de Teodoro González y Abraham Zabludovzky o el conjunto habitacional Torres de Mixcoac del año 1971 de los mismos autores.

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Evidentemente en paralelo al conjunto de las obras de marcado compromiso social, la iniciativa privada por su cuenta, o en ocasiones haciendo equipo con el gobierno, realizó un número significativo de otras obras de buena calidad, que acompañaron o complementaron las políticas de desarrollo del gobierno nacional. En estas acciones empresariales, la iniciativa privada buscó consolidar sus propios intereses de grupo, pero por lo general se ajustaron razonablemente a los lineamientos de desarrollo establecidos por el estado. En este orden de cosas aparecen obras importantes como el edificio de oficinas Jaysour, del año 1961, de Augusto H. Álvarez, el Hotel Camino Real, del año 1968, de Ricardo Legorreta, la capilla de las Capuchinas Sacramentarias del año 1955 de Luis Barragán o el Centro Comercial Plaza Universidad del año 1969, de Juan Sordo Madaleno. Existen desde luego mas autores y obras que en esta oportunidad no es posible reseñar.

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Dentro de este panorama, en este lapso de tiempo que va de 1920 a 1988, las obras promovidas y ejecutadas por la iniciativa privada si bien son las más numerosas, dada la calidad, escala y significación de las obras de carácter social realizadas por el Estado Mexicano, se pudo establecer un sano equilibrio de importancia y trascendencia en el conjunto de la Arquitectura Mexicana Contemporánea, entre la producción de las obras públicas y las privadas. Pero las cosas cambiaron radicalmente a partir del final de los años ochenta, bajo el mandato presidencial de Carlos Salinas de Gortari, en el cual se promovió la reducción sustancial de las estructuras institucionales del estado mexicano, con lo cual se redujeron notablemente las obras promovidas por este último, las denominadas de compromiso social. Paulatinamente la iniciativa privada fue ocupando los vacíos de poder y operativos que le permitía el gobierno y muy pronto, a partir de aquellas fechas, es notable que la mayoría de las obras realizadas dentro de la arquitectura mexicana reciente, ahora responden a los intereses y visiones de la vida y las ciudades de la iniciativa privada, relajando además, el estado, los controles y regulaciones en lo que tiene que ver con el qué, donde y el como de lo que se construye actualmente. Esta debilidad y falta de claridad de regulaciones gubernamentales, en lo que tiene que ver con los planes de desarrollo ha generado abusos, alentados por la corrupción, afectando en muchas ocasiones los equilibrios urbanos, ecológicos, patrimoniales y paisajísticos de muchas localidades a lo largo y ancho del país. Se ha construido alterando los usos del suelo,  las densidades permitidas, afectando zonas de valor patrimonial y localizando desarrollos en zonas que debían ser conservadas como reservas ecológicas, causando desequilibrios tales que la naturaleza ha puesto en evidencia, reclamando constantemente restaurar las condiciones ecológicas originales que han sido abusivamente alteradas, propiciando entre otras cosas graves inundaciones. Un ejemplo del abuso de las densidades construidas, es lo que sucede actualmente al sur poniente de la capital de la República Mexicana, en la llamada Colonia Granada y sus alrededores, en la que se han construido indiscriminadamente muchos edificios de gran altura, sin generar los espacios abiertos y servicios públicos necesarios para equilibrar y humanizar tales desarrollos. Otro ejemplo significativo se localiza en el Estado de Guerrero, donde se han construido conjuntos habitacionales en zonas de cuerpos de agua que necesariamente debían ser conservados. 

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Edificaciones en la Colonia Granada

Es entendible para los tiempos actuales, en donde predominan las ideas y prácticas del neoliberalismo, que es indispensable la presencia y actuación de los capitales privados. Pero necesariamente su actuación debe ser regulada por el Estado, pensando que sus  intereses deben responder no solamente a criterios de consumo, especulativos y de ganancias rápidas, sino que de manera razonable se piense en el bien común, en el futuro necesariamente equilibrado del desarrollo de nuestras ciudades, poniendo en práctica criterios de orden, respeto a los usos del suelo, densidades lógicas y procurando que los nuevos desarrollos cuenten con una racionalidad sustentable, respetando lo mas posible los entornos naturales, contando además con servicios y espacios abiertos públicos que puedan ser vividos por todos en general con criterios democráticos. Dentro de esta necesidad de restablecimiento de equilibrios es fundamental además, imaginar los mecanismos necesarios para volver a impulsar la realización de buenas y suficientes obras de mayor compromiso social, como lo que tiene que ver con la vivienda, las escuelas públicas, mercados, espacios recreativos, ejecutadas razonablemente en el tejido y corazón mismo de las ciudades, impulsando preferentemente densidades medias de construcción, evitando construir de manera depredatoria en las periferias de las ciudades. Proyectos que además deben ser  otorgados a sus posibles diseñadores, mediante la práctica de concursos públicos, abiertos y transparentes. La arquitectura en general, ya sea ejecutando proyectos de naturaleza pública o privada, debe ser entendida, antes que nada,  como un servicio que antepone por sobre todas las cosas al ser humano, el bien social y es entonces que las obras individuales tienen que contribuir a crear o consolidar tejidos urbanos de calidad, amables, vivibles, bellos, que propicien la exteriorización de las mejores capacidades humanas.

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