Preguntas sobre el presente y futuro de la ciudad de México

Gustavo López Padilla

Cada vez es mas frecuente conocer a través de los diversos medios de comunicación, las distintas preocupaciones de quienes habitamos la ciudad de México, en relación a las   problemáticas que enfrenta la ciudad, que tienen que ver con la calidad de vida, de los servicios que aquí recibimos o lo que tiene que ver con la seguridad social y las condiciones físicas del entorno colectivo habitable, que desde luego propician conductas en nuestras relaciones cotidianas. Cada vez con mayor conocimiento de causa, la gente manifiesta sus deseos, inquietudes o inconformidades, demandando acciones concretas que enfrenten y resuelvan lo anterior.

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En este orden de cosas, vale la pena tener presentes algunas preguntas de orden general que tienen que ver con el pasado, presente y futuro de nuestra ciudad. Dependiendo de la orientación de nuestras respuestas podemos imaginar los escenarios de como afrontar estas inquietudes. Las ciudades requieren necesariamente de planeación, para ordenar en la medida de lo posible los rumbos por los cuales se va a orientar su desarrollo, que al final de cuentas se va a expresar en calidades de vida para los habitantes de las mismas. Partiendo de la realidad existente en la ciudad de México, una primera pregunta importante se refiere a si debe seguir creciendo; y como la respuesta surge casi de inmediato y es que inevitablemente seguirá haciéndolo, la siguiente pregunta es como crecerá y cual debiera ser el límite de este crecimiento. En relación con lo anterior, se debe partir de la base que el conjunto del área metropolitana ronda los 20 millones de habitantes y tan solo en la ciudad de México, de acuerdo con datos del INEGI,  en el año 2010  habían 4,617,297 mujeres, 4,233,783 hombres, haciendo un total de 8,851,080  personas, con una densidad poblacional de 5,920.00 habitantes por kilómetro cuadrado. De acuerdo con estos mismos datos censales de la ciudad de México, la población se ha mantenido estable, desde 1980, en poco menos de nueve millones de habitantes y sus proyecciones de futuro para 2030, es que habrá una discreta  disminución poblacional que deberá estar cercana a 8,439,786.00. En este sentido debemos considerar que existe una relación directa entre el número poblacional, su densidad y las conductas de los habitantes urbanos que en condiciones desfavorables se pueden traducir en acciones destructivas que pueden llegar a ser incontrolables. Así las cosas, tener en cuenta el dato poblacional de nuestra ciudad, es necesario para imaginar e instrumentar los planes de desarrollo para el presente y el futuro.

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El número de pobladores implica una política de manejo territorial y un tratamiento adecuado de las densidades construidas. Según datos del propio INEGI la extensión territorial de la ciudad de México es de 1495 km2. Así las cosas, por el propio funcionamiento de la ciudad y sus costos de operación, su extensión territorial debe tener un límite, no puede extenderse indiscriminadamente afectando además el entorno natural. A partir de lo anterior surgen  otras preguntas: ¿ Cual debe ser razonablemente ese límite de extensión territorial? ¿Cuáles son las variables que lo determinan? Como consecuencia se deduce que debieran existir zonas de restricción, otras de crecimiento, mezclas de densidades pertinentes y  variables de uso del suelo que permitan el desarrollo integral de la vida cotidiana, estableciendo fronteras razonables de crecimiento. En este sentido es fundamental actualizar la legislación respectiva y sobre todo hacerla respetar por el conjunto de la población en su aplicación eficiente, tratando de evitar los actos de corrupción, que tanto daño han hecho al desarrollo, imagen y calidad habitable de nuestra ciudad. Y aquí aparece otra consideración que es importante tomar en cuenta. ¿Con cuánta agua es posible contar en la ciudad de México para dar servicio eficiente al conjunto de la población y que no unos dispongan de ella y otros padezcan su falta de suministro? ¿ Hasta donde es posible trasladar el agua en términos de extensión territorial y de altura para que el abastecimiento sea lógico desde el punto de vista de su costo?  La disponibilidad de este recurso puede orientar los límites de la extensión  máxima de la ciudad y su población total.

infraestructura_121213_gSe suman a lo anterior las posibilidades de movilidad colectiva. A una población dada, a sus densidades habitables y a una extensión territorial determinada, corresponden datos que pueden y deben ser medibles en términos de las facilidades que se deben cumplir para que la gente se pueda mover a lo largo y ancho del territorio de la ciudad, tomando en cuenta tiempos de traslado y comodidades razonables. Sin control de crecimiento y el manejo de las densidades adecuadas podemos caer rápidamente en la inmovilidad colectiva, como ya nos sucede por lapsos de tiempo en la actualidad, en algunos sectores, con sus inminentes costos para la ciudad, para los habitantes de las mismas, traduciéndose lo anterior  en agresivas conductas sociales. La fluidez en la movilidad urbana está determinada por el número poblacional, que debe incluir las personas que habitan la ciudad, además de la población flotante que viene a la misma por motivos de trabajo u otras actividades, a lo que se suman, la densidad, la extensión territorial, las condiciones de la infraestructura existente, las geográficas, la disponibilidad de espacio y sus costos de operación adecuados. En relación con lo anterior se deben tomar en cuenta distintas modalidades de movilidad. A diferencia de lo que sucedió en el siglo pasado, es un hecho que hoy en día nos debemos preguntar: ¿Cuál debe ser el futuro del automóvil? ¿Cuáles sus restricciones? ¿Hasta donde y como, con que modalidades se debe impulsar el transporte público? ¿Cuál debe ser el papel de la bicicleta en la movilidad y hasta donde la gente puede y debe caminar? Es necesario dar clara respuesta a las interrogantes anteriores y crear las condiciones generales necesarias para que lo conducente suceda.

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Otra variable tiene que ver con la disponibilidad y razonable equilibrio de la demanda de espacios abiertos y en particular los que sean específicamente verdes. A una población determinada le deben corresponder unos metros cuadrados de espacio abierto por habitante, para que la vida social sea saludable en términos de conductas sociales. Según las normas internacionales en la ciudades deben existir entre 12 y 15 metros cuadrados de espacio abierto por habitante. En la ciudad de México contamos actualmente con aproximadamente 3.5 m2. Si no se dispone de el espacio abierto necesario, las conductas agresivas, delictivas de quienes aquí habitamos, pueden seguir aumentando. Es necesario regular el crecimiento poblacional y  territorial,  aumentando sensiblemente los metros cuadrados de espacio abierto por habitante, transformando sectores importantes de la ciudad, cambiando las densidades construidas.

descarga La construcción de vivienda en sus distintas modalidades, para alojar de manera confortable  las demandas de la  población, es una actividad que se debe impulsar y regular. Se deben incrementar las mezclas de densidades construidas, privilegiando las densidades medias como sucede en muchas ciudades en el mundo que muestran altas calidades de vida social; se deben reorientar y racionalizar las mezclas de los usos del suelo. De lo anterior se desprende ¿ Donde construir sin que esto signifique deteriorar y destruir los entornos que ya tienen una calidad habitable? No se trata de sobreexplotar lo que tiene un valor urbano ya consolidado. Es una realidad que para variar las densidades construidas tenemos que destruir para construir. Lo importante es saber donde y como, conservando lo que debe ser conservado, que forma parte del patrimonio edificado. El objetivo final es contar con viviendas dignas que propicien las mejores conductas humanas, dejando fluir las habilidades y  capacidades creativas de cada ser humano. No podemos seguir construyendo viviendas unifamiliares agobiantes, en horrendos, despersonalizados y esquemáticos conjuntos habitacionales,  ubicados en la periferia de las ciudades, destruyendo el medio natural y generando grandes extensiones urbanas sin servicios y sin oportunidades de trabajo. El reto es impulsar áreas integrales de desarrollo urbano, con distintas densidades, con mezclas razonables de usos del suelo, aprovechando en buena medida las infraestructuras ya instaladas en la ciudad, sin crecer territorialmente de manera extensiva y horizontal, como lo hemos hecho en los años recientes, tanto en la ciudad de México, en su área conurbada y como en muchas otras ciudades que han repetido el modelo equivocado de esta metrópoli. Además es fundamental precisar,  cuantificar y contar razonablemente con  los servicios necesarios para una población determinada en términos de educación, salud, recreación y comercio, además de garantizar la disponibilidad de comida para abastecer a todos, pudiendo  definir con claridad, a partir de todo lo anterior las fronteras de crecimiento. Si como se espera el comportamiento de crecimiento de los pobladores en la ciudad de México puede ser estable y no debiéramos crecer horizontalmente la zona urbana, entonces el criterio de desarrollo presente y futuro implica un reordenamiento de lo existente, mejorando la calidad de todo aquello que debe mejorado. Pero justamente hay que insistir, se trata de mejorar y no deteriorar lo existente.

4 El desarrollo reciente y las proyecciones de futuro para la ciudad de México, no pueden dejar de lado las condiciones de carácter ambiental. Las realidades adversas en este sentido han repercutido en graves problemas de salud para los habitantes de la ciudad y en importantes recursos aplicados para tratar de afrontar esta problemática. Los criterios de habitabilidad sustentable, deben también definir el límite de crecimiento de la ciudad de México en lo que tiene que ver con su extensión, condiciones vivenciales,  tomando en cuenta la calidad del aire, del agua, los niveles de ruido, el manejo de la basura, las aguas residuales, el manejo de energías renovables, limpias y la disponibilidad de espacios verdes entendidos como sistemas de parques. Es impostergable además, impulsar en la medida de lo posible, el restablecimiento de la condición lacustre de la cuenca, ocupando con el agua tratada, proveniente de la misma ciudad, los terrenos baldíos próximos al aeropuerto internacional de la ciudad de México.

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 Estas preguntas y otras más que afectan como variables al problema citado, las conocemos claramente desde hace muchos años. A estas alturas de nuestra historia urbana deberíamos tener  propuestas y respuestas precisas en términos de planeación urbana, apoyados en estudios serios al respecto. Es necesaria la participación de la sociedad en general, los investigadores especializados, las universidades, los arquitectos, planificadores urbanos, urbanistas y el gobierno de la ciudad. ¿Cómo imaginamos la ciudad en diez, veinte o treinta años? ¿Cuáles son sus límites? ¿Cómo queremos vivir y como queremos que vivan nuestros hijos? ¿Con que calidades de vida y esperanzas de futuro? No podemos postergar más el proponer respuestas. Debemos actualizar nuestros planes de desarrollo existentes y contar con otros de futuro que incluyan planes concretos, medibles, que conozcamos todos, entendibles, de fácil acceso y difusión, que visualizan y acoten el desarrollo de la ciudad de México, tomando en cuenta el conjunto de la zona metropolitana, impulsando paralelamente el crecimiento de otras ciudades y polos de desarrollo que forman parte de nuestra república, tratando de equilibrar la distribución poblacional del país, a todo lo largo y ancho del territorio nacional. Podemos aprovechar las experiencias previas, las propias y las de los otros, asumiendo que las ciudades se hacen y se rehacen en el tiempo. El conjunto de la sociedad no solo debe expresar sus inconformidades o sus aprobaciones; debe poner sobre la mesa sus propuestas. Todos somos corresponsables de nuestro futuro.

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