Compromisos con la memoria

Reflexiones sobre el patrimonio arquitectónico moderno

Gustavo López Padilla

La memoria no es lo que recordamos, sino lo que nos recuerda. La memoria es un presente que nunca acaba de pasar.

                                                                                                                        Octavio Paz.

En un artículo publicado por el Doctor Arquitecto Profesor de la Escuela de Arquitectura de Madrid Alfonso Muñoz Cosme sobre El patrimonio arquitectónico y la ley de memoria histórica nos comenta: Las ciudades y su arquitectura constituyen la memoria construida de la sociedad. En las calles y en los muros de las urbes se van acumulando los estratos del pasado, creando la obra colectiva mas elocuente para expresar la historia y las transformaciones de la civilización. Pero la arquitectura y los espacios urbanos son también el escenario del presente, que utilizamos para desarrollar nuestra vida y el espacio futuro que queremos crear, para disfrutarlo nosotros y legarlo a las generaciones venideras. Alfonso Muñoz nos comenta además: De esta forma una ciudad viva, una arquitectura viva, son las que reutilizan los elementos del pasado y a la vez construyen el presente e innovan el futuro. Termino aquí la cita.

De manera natural, las sociedades y sus ciudades, al paso del tiempo van acumulando un patrimonio construido, que tiene que ver con los distintos periodos históricos por los que han transitado. Algunas remontan su patrimonio hasta los años anteriores a la era cristiana y otras más jóvenes, están vinculadas a lo que llamamos  ¨la modernidad. Hablando en lo particular de lo que sucede en México, nuestro patrimonio construido se remonta hasta  la época prehispánica, que podemos fechar desde el año 2500 AC, hablamos de un periodo creativo y fecundo constructivamente hablando. que se interrumpe con la conquista en el año 1521; a lo anterior le sucede el tiempo de la colonia que va de 1521 a 1810, que corresponde con nuestra independencia nacional  y naturalmente se suma a lo anterior el tiempo mas reciente, lo que tiene que ver con el periodo contemporáneo, pasando por los movimientos de La Independencia Nacional, precisamente en 1810, la Revolución Mexicana del año 1910 y de ahí hasta los tiempos actuales. En términos de valoración patrimonial nos ha sido relativamente sencillo considerar las ciudades y la arquitectura, desde nuestros orígenes hasta los principios del siglo XX. Un elemento fundamental en lo anterior es sin duda, la calidad del conjunto de las ciudades y sus obras y lo que los entendidos llaman la valoración de estas obras tomando en cuenta su perspectiva histórica. En contraposición, hemos minimizado lo que tiene que ver con el desarrollo contemporáneo  de nuestras ciudades y su arquitectura moderna, hablamos de lo sucedido después del año 1920. Pero si lo pensamos con detenimiento a partir de la misma idea de perspectiva histórica, no podemos dejar de recordar, que sin transitar plenamente a través de lo sucedido en Europa entre la revolución industrial, que se inicia a mediados del siglo XVIII y el protoracionalismo de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, nosotros nos subimos de improviso, de la noche a la mañana, al carro de la modernidad, a partir de los años veinte del siglo pasado y así las cosas han transcurrido poco mas de noventa años desde aquellos hechos históricos. Luego entonces ha pasado suficiente tiempo, como para que valoremos  nuestra arquitectura moderna, con la misma importancia que asignamos a las arquitecturas prehispánica y colonial. Pero la cuestión del asunto es que no solo hemos sido desdeñosos en la valoración patrimonial de la arquitectura moderna, sino que hemos desarrollado una constante actividad destructiva, desapareciendo sin consideración alguna muchos edificios y zonas urbanas completas, que bien valía la pena que fueran conservadas y que debían haber sido tomadas en cuenta como patrimonio nacional.

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Paseo Jacarandas, 1957,  Arq. Ramón Torres y Hector Velazquez, (Demolido)

Es importante reconocer que el propio movimiento moderno nació con una actitud arrogante, planteando que deberían desaparecer sectores importantes de las ciudades, que se consideraron con poco valor cultural, para dar paso a sus propuestas urbanas y arquitectónicas, apoyándose en criterios como racionalidad, eficiencia,  economía y funcionalidad, asumiendo que la arquitectura moderna debía ser mejor que lo preexistente y que con su práctica se podrían resolver las grandes demandas de las poblaciones que se incrementaban en las ciudades, después de la primera guerra mundial, debido a la aparición en las mismas ciudades, de mejores oportunidades de trabajo y también mejores condiciones de vida. En este sentido el ejemplo más elocuente de la arrogancia del movimiento moderno, lo representa la propuesta Lecorbusiana del Plan Voisín, planteado para la ciudad de París, del año 1925, que proponía demoler una sección importante de la ciudad, para dar paso a un diseño urbano moderno, apoyado en las ideas de zonificación de los usos del suelo y construir edificios altos, espacios jardinados y calles regulares, proyecto que no le permitieron realizar al maestro del movimiento moderno. Con el mismo sentido, en nuestro país, a manera de ejemplos, fue notable la destrucción, al inicio del movimiento moderno en México, de importantes sectores de la ciudad de México, como una buena parte de la colonia Juárez, acción documentada claramente por el maestro de la UNAM el Arq. Vicente Martín, en los Apuntes para la historia y crítica de la Arquitectura Mexicana del siglo XX, en su volumen I, edición de la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes. Entre otras se suman también a lo anterior, intervenciones importantes en la colonia Roma, que han sido ampliamente comentadas y documentadas, por diferentes instancias e incluyendo al mismo INBA. Esta actitud intolerante, inculta, irracional, insensata, destructiva, sin valorar con detenimiento lo que se demolía, con la que se ejerció el movimiento moderno en nuestro país, al paso de los años de transformó en una mala costumbre, una practica cotidiana y finalmente se ha vuelto contra el mismo movimiento moderno, desapareciendo sin miramientos muchos edificios, que como ya comenté líneas arriba, bien valía la pena que fueran conservados. Al destruir o transformar acríticamente y quiero insistir en el término, acríticamente, siguiendo solamente tendencias del mercado inmobiliario, sectores valiosos  de nuestras ciudades u obras particulares importantes de nuestra arquitectura moderna, lo que hemos estado haciendo es crear huecos o vacíos dentro de nuestra memoria. Hoy en día, el cuerpo esencial de nuestra cultura construida, de nuestra historia y tradiciones, ha quedado incompleto al no haber cuidado el lugar que debían merecer obras correspondientes a la arquitectura moderna. Esta práctica se sigue ejerciendo cotidianamente en muchas ciudades de la República Mexicana y los vacíos culturales se van haciendo cada vez mas grandes. Cruzamos entonces la frontera entre la memoria al olvido.

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Presencia de la Colonia Juárez, D.F. de los años 20, siglo XX

 Las muestras evidentes de incultura en la destrucción del patrimonio contemporáneo de la arquitectura en México, desde luego es responsabilidad del conjunto de la sociedad mexicana, de sus gobiernos al paso de los años y nos atañe de manera directa a los arquitectos. Por principio de cuentas, los arquitectos mexicanos hemos estado lejos de la tradición que tiene que ver con la documentación histórica y el ejercicio de la crítica, en lo que se refiere a nuestra arquitectura contemporánea. A diferencia de lo que sucede con las arquitecturas prehispánica y colonial, de las cuales existen numerosos estudios y publicaciones, muchas de ellas realizadas desde diferentes enfoques y a veces correspondiendo con trabajos de extranjeros, que la sociedad en general conoce y valora, a partir de que están presentes en los estantes de  librerías y tiendas departamentales, que en general la sociedad frecuenta, se ha tomado conciencia de la importancia de su conservación patrimonial. En contraposición podemos contar casi con los dedos de las manos, los trabajos serios, atractivos, bien documentados, que terminan siendo  libros y revistas e incluyendo también lo que tiene que ver con  los medios contemporáneos de comunicación, que poco se preocupan y ocupan por el registro histórico y la valoración crítica de nuestra arquitectura moderna. Hemos perdido mucho de nuestro patrimonio construido contemporáneo, pero por fortuna contamos todavía con mas obras que bien vale la pena que consideremos como parte de nuestro legado histórico, como experiencia valiosa de nuestro pasado reciente y que nos permitirán visualizar de mejor manera el presente y el futuro. Aquí entonces existe mucho por hacer y los arquitectos somos corresponsables en esta tarea.

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Casa  Cecil O’Gorman, 1929, Juan O’Gorman

De manera natural, al paso del tiempo, existen obras que se van cargando de significados de distinta naturaleza, mismos que pueden ser políticos, sociales, culturales, emocionales o históricos, luego entonces la sociedad identifica las obras y las hace suyas, pasando a formar parte de su patrimonio vivencial. En este orden de cosas, es fundamental que los arquitectos en nuestro país asumamos plena y conscientemente la responsabilidad que nos toca, e impulsar  y realizar los trabajos necesarios, primero de  documentación histórica de las obras de nuestra modernidad. Pero no solo es necesario hacer lo anterior, el compromiso implica además una actividad paralela, que debe ser constante y eficiente, referida a la difusión de los trabajos de documentación, para que la sociedad en general conozca las obras. Un verdadero movimiento que impulse la conservación de las obras, tiene que tomar en cuenta necesariamente el pensar y sentir del conjunto de la sociedad, la labor solo de los arquitectos es muy limitada. La sociedad debe saber, participar y concientizarse en relación a que obras, de las que forman parte de su cotidianeidad, de su vida diaria, deben estar en la balanza de las valoraciones y así poder identificar si tienen un carácter patrimonial y luego entonces impulsar movimientos y leyes que las protejan. Con la documentación histórica, al mismo tiempo se debe desarrollar una actividad de crítica a las mismas obras, para sopesar sus valores y significados urbanos, así como sus específicos valores compositivos, formales, vivenciales, sociales y políticos, para de esa manera identificar cuales vale la pena considerar como patrimonio y así plantear tres escenarios posibles: primero cuales obras se deben conservar tal y como están ahora, tocándolas apenas, en segundo término cuales deben ser restauradas de acuerdo con sus planteamientos de programa originales y finalmente cuales otras pueden ser intervenidas, como y de que manera, para que respondan a los requerimientos de vida y funcionales mas actuales. La actividad de la crítica, constante, sistemática, ordenada, clara, entendible, abierta, plural e incluyente, es el instrumento esencial que nos permite reconocer la trascendencia de las obras. Sin el ejercicio de la crítica constante se da paso a los peores escenarios de destrucción patrimonial. La critica urbana y arquitectónica, a diferencia de otros ejercicios de crítica, se hace entre la intimidad y la calle, en base a lecturas y recorridos, continuos y comparativos de las obras. Vale la pena recordar, que la mejor escuela de arquitectura que existe en el mundo es justamente la calle. En este sentido Josep María Montaner, crítico e historiador contemporáneo español, en su libro llamado precisamente Crítica, nos comenta: La actividad del crítico de arquitectura también es nómada. El lugar donde  ejerce su juicio es en el interior de la misma obra arquitectónica, recorriendo sus espacios y valorando su realidad material dentro del entorno y de la ciudad.

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Escuela Normal de Maestros, 1945, Mario Pani

Como planteamiento metodológico, en primer instancia es necesario identificar el valor urbano de las obras, que en ocasiones llegan a constituir tejidos, en los que lo que vale la pena es el conjunto de los proyectos y no necesariamente el valor en lo individual de cada una de las obras. Las colonias Hipódromo y Condesa, en la ciudad de México, con sus proyectos Art Decó, de los años treinta y cuarenta del siglo pasado, son un buen ejemplo de lo anterior, en donde si abstraemos una obra en lo individual, es posible que cuente con un valor limitado, pero el conjunto de las obras en las colonias, constituye un entorno urbano que muestra una notable calidad proyectual y habitable, habiendo experimentado con el principio de  unidad en la variedad, como es el caso semejante de algunas ciudades europeas como París, Barcelona, Amsterdam o Copenhagen. Evidentemente en estos contextos consolidados, existen obras que destacan en su individualidad, que merecen atención propia y se han convertido en hitos o referencias esenciales dentro del conjunto de las ciudades y la arquitectura. La identificación valorativa de la individualidad de las obras, constituye la otra parte del planteamiento metodológico con las que hay que mirar estas obras, a lo que se deben sumar consideraciones de carácter histórico, social, económico y político.

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Edificio San Martín, 1931, Colonia Hipódromo, D.F., Ing. Ernesto I. G. Buenrostro.

Las obras del movimiento moderno, además de formar parte de nuestro patrimonio cultural construido, pueden convertirse en un impulso importante de la economía. Mucha gente en el mundo, está dispuesta a invertir su tiempo y dinero en viajes de miles de kilómetros, con la finalidad de disfrutar la presencia, recorrido espacial y vivencial de obras urbanas y arquitectónicas que forman parte de la modernidad. Por ejemplo, muchos hemos realizado viajes para disfrutar ciudades como París, Lisboa, Londres, Nueva York, Cartagena de Indias, Barcelona, Brasilia y desde luego incluyendo la espléndida ciudad de Guadalajara. En la particularidad de la arquitectura, le dedicamos tiempo y dinero para disfrutar obras de autores como Lecorbusier, Wright, Gropius, Aalto, Niemeyer, Eladio Dieste, Frank Ghery, Peter Zumthor o Rogelio Salmona  y muchos otros, así como vemos a viajeros que frecuentemente visitan en nuestro país las obras de Barragán, como su casa o el Convento de las Capuchinas Sacramentarias, las de Juan O´Gorman, como las Casas Taller de Frida Kahlo y Diego Rivera, el restaurant de los manantiales en Xochimilco, de Félix Candela, las de Pedro Ramírez Vázquez como el Museo Nacional de Antropología, el espléndido conjunto de Ciudad Universitaria, reconocido como Patrimonio Nacional y Patrimonio de la Humanidad o el Mercado Libertad de Alejandro Zohn, aquí en Guadalajara, por citar tan solo algunos ejemplos conocidos. Pero la lista de obras evidentemente es mayor, solo que no han sido debidamente valoradas, siendo necesario impulsar la edición de un mayor número de libros, revistas y guías arquitectónicas, que documenten y orienten a los interesados, a los turistas, nacionales y extranjeros, para conocer y disfrutar obras contemporáneas que valen la pena.

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Casa Barragán, 1948, Luis Barragán

Además de que los arquitectos mexicanos, en el ejercicio de su profesión, asuman su responsabilidad de lo que hemos comentado, es importante fomentar en las Escuelas de Arquitectura, entre los jóvenes, cursos y  actividades permanentes que tengan que ver con la investigación e identificación del patrimonio construido moderno, que se traduzcan finalmente en documentación histórica y crítica. En relación a lo que hemos platicado, la participación de los jóvenes, de las nuevas generaciones es fundamental. Siendo igualmente indispensable que estos trabajos universitarios sean conocidos por el conjunto de la sociedad para contribuir a la conciencia social sobre el valor patrimonial de la arquitectura moderna. Nuevamente, tienen una repercusión limitada estos trabajos, por muy buenos que sean, si solo se quedan en el ámbito de las aulas. En este orden de cosas es importante considerar su difusión y discusión, aprovechando los distintos medios de comunicación, como cine, televisión,  radio,  prensa y la publicación masiva de libros y revistas, sin olvidar por supuesto a los medios de comunicación mas recientes como el internet, Facebook y twitter, estas últimas herramientas de difusión de las ideas, que en los últimos años han tenido un fuerte impacto social y que entre los jóvenes son muy populares. Tampoco podemos  olvidar lo que se puede hacer a través de la literatura, el teatro e incluso la danza, en las cuales puede estar presente la arquitectura y las ciudades contemporáneas de diversas maneras, entendiendo que la arquitectura forma parte integral de la cultura. La arquitectura moderna puede y ha sido el escenario mismo de la representación de las ideas de estas otras expresiones del arte. Existe por ejemplo un importante número de novelas y películas, nacionales y extranjeras, en las cuales las ciudades y la arquitectura moderna son protagonistas esenciales. Recuerdo que en los años cuarenta y cincuenta, en muchas de las películas de las que se consideran esenciales dentro del cine mexicano, comenzaban con imágenes de algunas zonas o suburbios de nuestras ciudades, con tomas que daban cuenta de su modernidad. Eran reiteradas las tomas aéreas de la glorieta de Colón, de la ciudad de México, mostrando sus imágenes de modernidad, sus visiones cosmopolitas, desde la perspectiva de las obras de Mario Pani o Juan Sordo Madaleno y que decir de las películas de los jóvenes de los años sesenta, que mostraban la gran Biblioteca de la UNAM de O´Gorman o el espléndido estadio universitario, proyecto de Augusto Pérez Palacios. La ciudad de Acapulco y sus hoteles modernos, quedaron registrados en las divertidas películas de Mauricio Garcés y Enrique Rambal. Mas recientemente podemos recordar la película Solo con tu pareja, en la que los protagonistas desarrollan parte de la trama recorriendo la Torre Latinoamericana, proyecto moderno, funcionalista, de Augusto H. Álvarez, mostrando además tomas nocturnas de la ciudad de México desde el mirador alto de la misma torre. Los ejemplos sobran y son memorables en este sentido algunas películas extranjeras, como las de Woddy Allen, en las cuales distintas ciudades han estado presentes. Recuerdo en particular la película Manhattan.

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Ciudad Universitaria, 1948, Varios Autores

Como parte de los procesos de investigación y documentación del patrimonio moderno construido, se debe establecer una relación cercana y productiva entre los trabajos de los arquitectos en lo individual, los de las universidades, incluyendo la responsabilidad de los Colegios de Arquitectos y aquellas otras instancias del estado como el Instituto Nacional de Bellas Artes, los gobiernos nacionales y locales, no solo para que se documenten y acrediten los proyectos que deben ser considerados patrimonio, sino para que se puedan elaborar las políticas y leyes correspondientes, en sus distintas modalidades y apartados, para que el resguardo de las obras sea razonable y cuente con una seguridad institucional y legal. Es de esperase que como resultado de este 1er. Coloquio Internacional El Patrimonio Moderno en Iberoamérica, se puedan enriquecer  algunas líneas de acción para que nuestro objetivo se pueda consolidar en un futuro cercano.

Restaurante Los Manantiales, Félix Candela y Joaquín Álvarez Ordoñez. Ilustración:Natalia González Piña

Restaurante Manantiales, 1958, Félix Candela

Un problema fundamental en la conservación de las obras aparece cuando mueren sus moradores originales, cuando aparecen problemas hereditarios, cuando dejan de ser útiles o rentables y quedan a la deriva, en el abandono. En los entornos de las ciudades las vemos deteriorarse poco a poco, hasta que muestran una presencia de ruinas, lamentable, independientemente de su valor urbano y arquitectónico, hasta el punto en el cual parece que la mejor opción es demolerlas y levantar nuevos proyectos y construcciones. También sufren aquellas que tienen destinados pocos recursos para su operación y mantenimiento. Así las cosas algunas gentes levantan sus voces, llamando la atención sobre estas obras y es frecuente que se proponga inmediatamente que se conviertan en museos. Pero como sucede con muchas obras que adquieren valor patrimonial, evidentemente no todas  pueden, ni se deben convertir en museos. El que se transformen en  viviendas en sus distintas modalidades, nuevas oficinas, hoteles, escuelas o comercios, les permite un cuidado y mantenimiento mas razonable, siendo necesario que al conjunto de las obras que muestran signos de abandono, se les dedique tiempo y creatividad, para descubrir e instrumentar esas otras vocaciones de uso, respetando la esencia misma de los proyectos, pero que las vuelva necesariamente autofinanciables, para que se conviertan en impulsoras de la economía y no en una carga para sus propietarios o para la sociedad. En este sentido se puede aprovechar el criterio de plantas libres, continuidad  o versatilidad de los espacios, que es característico de una buena cantidad de obras contemporáneas y que permite justamente una gran variedad de posibilidades en su reconversión de uso.

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Flora 20, 1992, Saya+ Arquitectos

Quiero finalmente cerrar mis comentarios trayendo de nueva cuenta a la mesa las sabias palabras del poeta, poniéndoles particularmente atención, reconociendo que acercarnos a la poesía siempre es una posibilidad que nos orienta e ilumina los sentidos y el pensamiento; y entonces Octavio Paz nos dice: La memoria no es lo que recordamos, sino lo que nos recuerda. La memoria es un presente que nunca acaba de pasar. Cierro la cita del poeta y así entonces la presencia de la arquitectura moderna, nos recuerda, nos hace y mantiene presentes y en particular a los que hemos vivido parte del siglo XX y lo que va del siglo XXI y nos puede proyectar de mejor manera hacia el futuro tomando en cuenta el conjunto total de nuestro patrimonio edificado, lo que necesariamente implica la arquitectura moderna.

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