Remozamiento del Parque México

Gustavo López Padilla

En los últimos años el Parque México, llamado también San Martín, ubicado en la colonia Hipódromo,  uno de los espacios públicos verdes mas emblemáticos de la ciudad de México, fue sometido a importantes trabajos de remozamiento, que fueron concluidos recientemente con la reapertura de su foro al aire libre, denominado Charles Lindbergh, incluyendo además trabajos que tienen que ver con sus cuerpos de agua, uno de ellos un  pequeño lago que colinda hacia el norte con el propio foro y algunas otras fuentes que conforman el conjunto del parque. A partir de lo anterior, mas allá de la importancia de estos trabajos de mantenimiento y restauración, que debieran ser periódicos, preventivos, para garantizar su adecuado funcionamiento y la calidad paisajística y vivible del parque que disfrutan los cientos o miles de personas que lo visitan diariamente, vale la pena reflexionar sobre el pasado y presente del conjunto del desarrollo urbano en la ciudad de México.

planoEs significativo que durante los años veinte, treinta, cuarenta y cincuenta -mismos que corresponden con una importante expansión del territorio urbano y de la población de la ciudad de México-  aparecieron nuevas colonias y zonas de desarrollo, respondiendo a criterios proyectuales que fueron acordados entre los inversionistas de los desarrollos, los representantes gubernamentales y los arquitectos e ingenieros responsables de sus diseños, muchos de ellos destacados, que forman parte esencial de nuestra historia urbana y arquitectónica moderna; criterios  dentro de los cuales se plantearon lotificaciones que respondieron al mercado inmobiliario de la época, pero que incluyeron además la incorporación de importantes espacios públicos, abiertos, democráticos, entre los que se cuentan parques, plazas, glorietas y avenidas amplias con camellones arbolados. Hubo entonces una visión de conciliar la idea de hacer ciudad, de manera generosa, amable, vivible, con imágenes urbanas sencillas, claras, ordenadas, con personalidad propia, armonizando lo anterior con la postura de hacer negocios que fueran rentables.

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La colonia Hipódromo comenzó su construcción, en la segunda mitad de los años veinte, de la mano de los fraccionadores José de la Lama y Raúl Basurto, habiendo sido encomendado el proyecto de diseño urbano al arquitecto José Luís Cuevas, quién retomó ideas que se habían experimentado previamente en algunas ciudades inglesas y de los Estados Unidos de Norteamérica, que en esencia tomaban en cuenta lo que se denominó como ¨las ciudades jardín¨, en las cuales los espacios públicos y sobre todo los verdes son considerados prioritariamente, pensando en la calidad de la vida comunitaria de los pobladores de estos desarrollos urbanos, armonizando y mezclando equilibradamente diferentes usos del suelo. Seguramente en el diseño de la Hipódromo, estuvieron presentes también los criterios paisajísticos que Frederick Law Olmstead experimento en algunas ciudades norteamericanas como Nueva york y Boston y así las cosas,  para la Hipódromo, desde sus consideraciones iniciales, se planteó que contaría con un amplio parque, que se ubicó al centro del desarrollo, retomando en alguna medida la traza de la preexistencia de lo que fueran las instalaciones del Hipódromo de la Condesa; espacio verde de casi 90,000 m2 de forma elíptica, determinando así en buena medida la condición un tanto orgánica del conjunto de la colonia. Coincidió con el arranque de los trabajos de construcción de la Hipódromo, la presencia del movimiento Art Decó que se había originado en Europa, teniendo notables repercusiones en México, justamente entre la segunda mitad de los años veinte y manteniendo una permanencia hasta los cincuenta. El Foro Lindbergh, diseñado por Leonardo Noriega y Javier Stávoli, representa fielmente dentro del parque las expresiones Decó.

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Desde el punto de vista urbano, sobre todo en lo que tiene que ver con los elementos constitutivos de sus equipamientos, la Hipódromo es también representativa del mencionado movimiento cultural. En congruencia, una buena parte de las construcciones que se levantaron inicialmente en la colonia, siguieron formal y compositivamente  los criterios Decó, de la mano de diseños de notables ingenieros como lo fueron Francisco J Serrano,   José María Buenrostro y arquitectos como Juan Segura y Ernesto I. G,  entre otros. Los planteamientos urbanos, paisajísticos, de equipamiento e infraestructura, fueron tan buenos y racionales desde sus inicios,  que hoy en día se han actualizado con bastante naturalidad, respondiendo a las condiciones de vida, aplicación de densidades construidas mayores y a la economía actual,  manteniendo una presencia y calidad tales, que continúa siendo la colonia Hipódromo, una de las mas importantes, vivibles, atractivas y rentables de la ciudad de México.

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Lo anterior vale la pena contrastarlo con la mayoría de los desarrollos urbanos que se han ejecutado en la ciudad de México en los últimos años y las comparaciones son totalmente desfavorables para los desarrollos recientes. Mientras en la Hipódromo se pensó en la idea de hacer ciudad con visiones de futuro y rentabilidad financiera razonable, en la actualidad se piensa solamente, de manera egoísta, en la inmediatez de hacer un negocio  inmobiliario, sin pensar en la ciudad, sin considerar la vida presente, menos aún la futura y sin tomar en cuenta a la gente que habita y habitará los desarrollos urbanos. El deterioro de las nuevas áreas urbanas ha llegado pronto y las insuficiencias de infraestructura y espacios públicos recaen en la vida cotidiana de las poblaciones que las habitan. Recuerdo todavía que hasta finales de los años setenta, existían reglamentaciones precisas que definían, para un número determinado de viviendas, la obligación de dejar espacios abiertos verdes y los equipamientos necesarios en materia de comercio, educación y salud, de tal suerte que se promoviera un desarrollo urbano armónico y vivible. Hoy estas reglamentaciones han quedado en el olvido y la brutalidad de los nuevos desarrollos ha provocado fuertes desequilibrios urbanos para la ciudad de México, afectando negativamente la calidad de vida del conjunto de los pobladores de la capital de la República.  Pienso a manera de ejemplos negativos, en los desarrollos urbanos ubicados, uno de ellos en la confluencia del Anillo Periférico y San Antonio, en lo que fuera una fábrica de cementos, o en otro conjunto de viviendas, oficinas y museos, que forman parte de la llamada Plaza Carso. Ni a las autoridades, ni a los inversionistas, ni a los arquitectos y urbanistas, les ha importado la ciudad y la gente.

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Celebrar la reapertura las Foro Lindbergh y el conjunto de las instalaciones del formidable Parque México, nos debería motivar a realizar una serie de reflexiones sobre lo que hemos hecho en materia de desarrollo urbano en nuestra ciudad, en los últimos años, incluyendo los horrendos desarrollos ubicados en las periferias de la ciudad y replantear lo que imaginamos y queremos para el futuro de nuestra ciudad, pensando en aquella máxima de que ¨las ciudades se hacen y rehacen en el tiempo¨. Si hemos hecho una gran cantidad de barbaridades urbanas, es tiempo de reorientar el camino, destruir una buena parte de lo que hemos hecho mal y hacerlo mejor, nuevamente, aprendiendo de nuestros errores, valorando la importancia de contar con una ciudad compacta, vivible, pensando en la gente que camina y anda en bicicleta, mezclando diferentes densidades construidas y usos del suelo, privilegiando las densidades medias y con ello la necesidad de contar con mas espacios públicos abiertos, democráticos, tratando de acercarnos a la norma internacional consensada, de contar con entre 12 y 15 metros cuadrados por habitante, en lo que tiene que ver con los espacios verdes. La calidad construida de nuestras ciudades, que incluye no solo a sus edificaciones, sino también los espacios públicos necesarios, debiera ser el resultado de la voluntad colectiva de quienes las habitamos. Unas ciudades que nos incluyan a todos y no que privilegien a manera de islas urbanas, a unos cuantos que pueden vivir en desarrollos exclusivos. Queremos ciudades y en especial a la ciudad de México, con mas Parques México, entendidos a la manera de Frederick L. Olmstead, como sistemas integrales dentro de la infraestructura de la ciudad. Parques abiertos con sus áreas arboladas, con sus cuerpos de agua que den vida y alojamiento a aves y peces, con sus foros abiertos en los cuales se desarrollen distintas actividades culturales y de convivencia del conjunto de nuestra sociedad.

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