Pasado memorable, incierto futuro.

Gustavo López Padilla

Apenas terminada la Revolución Mexicana, al inicio de los años veinte del siglo pasado, los gobiernos emanados de aquél movimiento social, plantearon que se debían instrumentar diversos programas políticos, sociales y económicos que atendieran las urgentes demandas del conjunto de la sociedad, con atención particular a los grupos de menores recursos, lo que incluía por supuesto a la clase  trabajadora. Así las cosas se propusieron programas de atención a la educación, a la salud y como parte de ello el Programa Nacional de Construcción de Viviendas, con la intención de dotar de espacios habitables dignos, sobre todo a los mas necesitados que emigraban del campo a las ciudades en busca de mejores oportunidades de vida. Para lograr lo anterior se invitó a reconocidos arquitectos, para que pensaran desde sus orígenes como deberían ser las viviendas, con que programas, orden en la distribución de espacios, tratando de aprovechar los materiales y procedimientos constructivos mas modernos, que se introducían en el país, al inicio del siglo XX. Se siguieron las ideas, proyectos urbanos y arquitectónicos, que sobre el tema se desarrollaron como parte del movimiento moderno que se consolidaba en Europa al final de los años veinte del siglo pasado. El Estado Mexicano se convirtió así en promotor, organizador, regulador y vigilante de la calidad de los proyectos, llevándolos hasta su realización con inversiones estatales, alimentadas del manejo de los impuestos. A lo largo del tiempo, el Estado Mexicano organizó distintas entidades gubernamentales a las que les fueron encargadas las realizaciones de los proyectos mencionados, bajo distintas modalidades financieras de inversión y recuperación, asignando los proyectos a los beneficiarios bajo esquemas de renta en un principio y mas adelante mediante ventas directas a los usuarios, con valores, intereses y modalidades de pago preferenciales.

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Proyecto de vivienda obrera. Juan Legarreta

A lo largo de poco mas de cincuenta años, desde el inicio de los años treinta, hasta los primeros años de la década de los noventa, bajo la mencionada dirección del estado mexicano, se realizaron una buena cantidad de proyectos de conjuntos habitacionales, lo que incluye los diseños de los prototipos de vivienda necesarios, que han pasado a formar parte sustancial de la arquitectura mexicana contemporánea, habiendo entendido, en esta práctica profesional,  el ejercicio de la arquitectura como un servicio social. Esta experiencia se remonta hasta proyectos de la importancia y trascendencia de lo realizado por Juan Legarreta, como sus proyectos de la Casa Obrera Mínima, ubicada en la colonia Moctezuma, del año 1932, proyecto realizado en colaboración con Justino Fernández, a lo que se suman los conjuntos Balbuena y San Jacinto, de 108 y 205 unidades habitables, de los años 1934 y 1935, en los que participó también Enrique Yáñez. A estas experiencias se fueron sumando poco a poco otros proyectos, que fueron modelando una parte del rostro de la ciudad de México, de distintas escalas, número de viviendas, densidades construidas, repercusiones urbanas y maneras de entender el diseño urbano, de paisaje y el arquitectónico propiamente de las unidades habitables, como lo fueron la Unidad Modelo No. 9, de 3700 unidades habitables, ubicada en Iztapalapa, del año 1948, diseño en el que intervinieron Félix Sánchez Baylón, José luís Cuevas, Domingo García Ramos, Homero Martínez de Hoyos y Mario Pani, el Conjunto Urbano Miguel Alemán, ubicado en Félix Cuevas y Ave. Coyoacán, de 1080 unidades habitables, considerado el primer multifamiliar de México, del año 1950, diseñado por Mario Pani, la Unidad Habitacional Presidente Juárez, de 950 unidades habitables, ubicada en la Ave. Cuauhtémoc, del año 1952, diseñado por Mario Pani en colaboración de Salvador Ortega, la Unidad independencia de 2500 unidades habitables, ubicada en Anillo Periférico y San Jerónimo, del año 1960, proyecto de Alejandro Prieto Losada y José María Gutiérrez.

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Conjunto Urbano Presidente Alemán. Mario Pani

Mas adelante se sumaron a las anteriores el Conjunto Habitacional Nonoalco Tlatelolco, de 12,000 unidades habitables, ubicado en Paseo de la Reforma, entre el Eje 2 norte y Ave. Ricardo Flores Magón, del año 1964, proyecto de Mario Pani, el Conjunto Habitacional San Juan de Aragón de 10,000 unidades habitables, ubicado al norte de la ciudad de México, cercano al Bosque también llamado Aragón, del año 1964, proyecto de Ramón Torres y Héctor Velázquez, el Conjunto Habitacional Villa Olímpica, de 904 unidades habitables, ubicado en Ave. Insurgentes Sur y Camino a Santa Teresa, del año 1968, proyecto de Ramón Torres, Agustín Hernández, Manuel González Rul y Carlos Ortega,  el Conjunto habitacional Mixcoac Lomas de Plateros, de 2056 unidades habitables, ubicado en Anillo Periférico y Molinos, del año 1971, proyecto de Teodoro González y Abraham Zabludovky,  el Conjunto Habitacional Iztacalco, de 2850 unidades habitables, ubicado en Ave. Río de Churubusco y Tezontle, del año 1974, proyecto de Imanol Ordorika y Mariano Araluce.

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Unidad Independencia. Alejandro Prieto y José María Gutierrez

Poco tiempo después se construyeron: el Conjunto Habitacional la Esmeralda, de 576 unidades habitables, ubicado en Camino a San Juan de Aragón y Gran Canal, del año 1975, proyecto de Gonzalo Gómez Palacio y Gustavo Eichelmann, el Conjunto Habitacional Integración Latinoamericana, de 1460 unidades habitables, ubicado entre Ave. Universidad y Cerro del Agua, del año 1976, proyecto de Félix Sánchez, Luís Sánchez, Gustavo López y Fernando Mota, con la participación también de Héctor Meza y Humberto Ricalde, el Conjunto Habitacional Alianza Popular Revolucionaria, de 4738 unidades habitables, ubicado en Canal de Miramontes y Calzada de las Bombas, del año 1976, proyecto de Miguel Herrera, Honorato Carrasco y Ricardo Gabilondo y cambiando radicalmente de escala de proyecto, a manera de una inserción o acupuntura urbana, el Conjunto Velázquez de León, de 40 unidades habitables, ubicado en Velázquez de león No. 70, del año 1978, proyecto de Gonzalo Gómez Palacio y Gustavo Eichelmann.

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Villa Olimpica. Ramón Torres, Agustín Hernández, Manuel González Rul y Carlos Ortega

A estos conjuntos les sucedieron algunos más que todavía muestran calidades de realización y habitables dignas de tomarse en cuenta, no tantos como se hubiera deseado, hasta que al inicio de los años noventa, en los cuales bajo el mandato y por instrucciones del presidente Carlos Salinas de Gortari, se transformaron y casi se desmantelaron las instituciones que regulaban los proyectos de vivienda y se convirtieron en simples financieras de construcciones, dejando de lado la atención con cuidado, de las calidades de proyectos urbanos y arquitectónicos, cambiando radicalmente el rumbo de las realizaciones de conjuntos de viviendas sociales en México. El Estado Mexicano consideró que la dirección, ordenamiento, realización y mantenimiento de proyectos de esta naturaleza, significaban una carga para el erario y trasladó entonces  su ejecución a la iniciativa privada, que ha visto en lo anterior simplemente una oportunidad de negocios, sin importar donde se ubican los proyectos, su calidad proyectual y el manejo adecuado de sus densidades construidas, lo que ha repercutido en una equivocada extensión territorial construida, horizontal, en las periferias de muchas ciudades en la República Mexicana, quedando de lado el compromiso social y político que había asumido el Estado Mexicano con las clases sociales mas necesitadas, perdiéndose además la idea de que al construir estos conjuntos de vivienda se debería de hacer ciudad, de conformar tejidos urbanos apropiados y olvidando también la calidad habitable de las unidades de vivienda, lo que se ha traducido, al final del camino, en que muchas unidades habitacionales recientes han terminado por ser abandonadas, dada la mala calidad de los proyectos y las construcciones ejecutadas y al no contar con los equipamientos necesarios para ser razonablemente habitadas.

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Mixcoac Lomas de Plateros. Teodoro González y Abraham Zabludovky

Los diseños de los importantes conjuntos de vivienda que aparecen en las imágenes y en el listado de líneas arriba, respondieron a criterios dentro de los cuales se consideraba, que se debía contar con razonables equilibrios entre las áreas de ubicación de vivienda, circulaciones vehiculares, espacios abiertos y algunos otros servicios necesarios en materia de educación, salud, comercio y recreación. Hasta hace aproximadamente veinticinco años, existían normas urbanas precisas que regulaban, de acuerdo al numero de viviendas y la densidad construida, las relaciones porcentuales entre los distintos y necesarios usos del suelo, pensando en la mezcla razonable de los mismos. Las calidades proyectuales, habitables, urbanas, paisajísticas y de los diseños arquitectónicos de las distintas unidades de vivienda, en los conjuntos a los que se hace referencia, han sido valorados hasta el punto  de considerar que forman parte de un pasado, que podríamos llamar memorable de la arquitectura mexicana contemporánea. En cambio, las realizaciones proyectuales y constructivas, de los últimos veinticinco años, forman parte de un presente vergonzoso; casi no hay proyectos que valgan la pena de ser reconocidos. Tal parece que las experiencias previas, valiosas e importantes de diseño urbano, arquitectónico y de paisaje de estos proyectos de unidades habitacionales, hubieran quedado en el olvido y así las cosas, el presente y sobre todo el futuro en esta materia, el de la vivienda de interés social, son inciertos, pobres y poco alentadores, significando además las  malas realizaciones recientes, un importante deterioro de gran parte del territorio de las ciudades, sobre todo en sus periferias, que han sido depredadas, ambientalmente hablando, para dar paso a estas horribles extensiones construidas.

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Integración Latinoamericana. Félix Sánchez, Luis Sánchez, Gustavo López, Fernando Mota, Hector Meza y Humberto Ricalde

Es fundamental entonces hacer un alto en el camino, valorar críticamente  lo realizado en los proyectos destacados a lo largo del siglo XX en materia de vivienda social, reflexionar también en relación a los errores de nuestro pasado mas reciente y plantear mejores alternativas pensando en el futuro de nuestras ciudades, que requieren necesariamente de proyectos de vivienda social. Es importante dejar atrás la idea de construir proyectos que extiendan aún más las manchas territoriales, ocupando áreas verdes fundamentales para el equilibrio ecológico del conjunto de las ciudades y realizar entonces proyectos en el corazón de las mismas, sobre todo considerando densidades medias, conjuntos de no muchas unidades habitables, a manera de acupunturas urbanas, evitando la problemática de la administración, costos de mantenimiento y convivencia, asociados a los grandes conjuntos y pensar además que los nuevos proyectos de vivienda social y de la vivienda en general, deben ir necesariamente acompañados de la construcción de nuevos equipamientos en materia de salud, comercio, educación y recreación, a lo que hay que sumar, nuevos espacios públicos y lugares verdes, para que la población tenga a donde ir y realizar actividades saludables y comunitarias. Ha sido un error la construcción de muchas unidades habitables, sin considerar estos requerimientos de equipamientos.

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Velázquez de León #70. Gonzalo Gómez Palacio y Gustavo Eichelmann

Hacer vivienda social tiene que implicar necesariamente hacer ciudad, pensando en conseguir entornos con imágenes urbanas bien diseñadas, bellas podríamos decir, que  contribuyan a lograr una mayor calidad habitable para el conjunto de la ciudad. La revisión y replanteamiento de las políticas de vivienda social,  deben volver a ser  un claro compromiso del Estado Mexicano para con la sociedad, con acciones propias y regulando adecuadamente las acciones de la iniciativa privada; además, no pueden plantearse de manera aislada, romántica y utópica, sino al contrario, deben formar parte integral de las políticas del Estado Mexicano en su conjunto, pensando antes que nada en impulsar sobre todo la educación de calidad, mejoras en cuanto a las cantidades y calidades de las oportunidades de trabajo, definiendo  mejores niveles de salarios, de tal manera que el conjunto mayoritario de la sociedad pueda ser sujeto de crédito y así plantear alternativas proyectuales en materia de vivienda, a las cuales se pueda acceder razonablemente. La gente no puede atender debidamente  sus requerimientos de vivienda, sin que en paralelo se vayan resolviendo sus necesidades de educación, trabajo, alimentación, salud, vestido y recreación.

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