Aprender de los maestros, Juan Carral O´Gorman.

Gustavo López Padilla

Como en la vida, en arquitectura los resultados y trascendencia al final del camino, tienen que ver en principio con una relación afortunada, inteligente y sensible entre alumnos y maestros. Los casos en la historia de la cultura en general son muchos y variados, pero ajustándonos al ámbito de la arquitectura, podemos mencionar a manera de ejemplos algunos notables, como la relación fructífera que existió entre Louis Sullivan y Frank Lloyd Wright, August Perret y Lecorbusier, Adolf Loos y Peter Behrens con Mies Van Der Rohe, si atendemos  a la escena internacional o hablando de México, la relación que hubo entre  Juan O´Gorman y Hannes Meyer, Lecorbusier y Teodoro González de León o entre Augusto H. Alvarez y Enrique Carral Icaza con  Walter Gropius y Mies Van Der Rohe. Es importante anotar que la personalidad y contundencia teórica de los maestros fue muy fuerte y los alumnos tuvieron que hacer un esfuerzo  por asimilar las influencias,  para  luego intentar su particular camino tanto teórico como proyectual, de acuerdo con sus circunstancias, intereses y visión de la vida y así mostrar sus propias personalidades, habilidades y contribuciones a la arquitectura, de tal suerte que pudieran ocupar su  lugar en la historia.

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Lo anterior viene al caso a la hora de acercarnos a valorar la obra del arquitecto mexicano Juan Carral O´Gorman, nacido en la ciudad de México 1976,  quién estudió inicialmente en la UIA entre 1995 y 1998, habiendo terminado sus estudios de licenciatura en el Taller Max Cetto de la Facultad de Arquitectura de la UNAM entre 1999 y 2004, realizando además una maestría en vivienda en la Universidad Politécnica de Cataluña, bajo la dirección de Zaida Muxi y Josep María Montaner. Para hacer algunos comentarios en relación al trabajo profesional de Juan Carral, nos vamos a referir a una de sus obras, el edificio de departamentos conocido como FR 43, del año 2008, ubicado en la calle de General Francisco Ramírez No. 43 esquina con Gobernador José Ceballos, colonia Ampliación Daniel Garza, en la Delegación Miguel Hidalgo, en la ciudad de México. El entorno urbano donde se ubica la obra está constituido predominantemente por construcciones de uno o dos niveles, que salvo contadas excepciones son de poco valor arquitectónico, destinadas básicamente a viviendas, con algunos servicios y comercios de barrio, entorno que se ha ido transformando lentamente en los últimos años, con la aparición de edificios de densidades un tanto mayores de entre cinco y seis niveles. Calles relativamente angostas, saturadas de tráfico vehicular continuo,  desembocando algunas de ellas en la periferia del barrio a vialidades mayores, contando la zona con infraestructura urbana resuelta, en lo que tiene que ver con los servicios de agua potable, drenaje y energía eléctrica.

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Fotografías: Luis Gordoa, Onnis Luque, Cortesía Juan Carral

Sobre un terreno en esquina como ya se dijo, de forma rectangular, de 205.00 m2 de superficie, el proyecto se ordena a partir de formas geométricas simples, regulares, definiendo compositiva y programáticamente con claridad en la parte posterior del predio, las articulaciones verticales y circulaciones comunes y ubicando hacia el frente dominante del terreno el volumen que contiene los departamentos, que cuentan con orientación oriente-poniente, buscando así la captación lumínica natural, ventilación cruzada y las vistas al entorno próximo. El edificio de 1000.00 m2 construidos cuenta con seis niveles, alojando 15 departamentos de 48.00 m2 útiles. La estructura del edificio resuelta en concreto con terminado aparente, rigurosamente modulada, ordena la disposición de todos los espacios, contando en planta baja con el acceso principal y la ubicación de los autos disponibles y en los niveles restantes, tres departamentos por piso, de doble crujía cada uno, en donde el espacio fluye libremente y se puede subdividir mediante cortinas o mobiliario.  Hablamos de una arquitectura racionalista, eficiente, funcional, de claras referencias a las obras de Mies van Der Rohe, Lecorbusier o en relación mas directa a la arquitectura nacional, de una arquitectura que hace alusiones a las obras de Augusto H. Álvarez, Enrique Carral Icaza, Juan Sordo Madaleno, Ramón Torres o Enrique del Moral. Detalles como la solución de las puertas metálicas en planta baja, las que limitan el estacionamiento, formalmente nos remiten a la arquitectura de los años cuarenta y cincuenta realizada en la ciudad de México.  El tratamiento interesante de desniveles y juegos de alturas cuatrapeadas al interior de los departamentos, les otorga a los mismos riqueza, luminosidad, continuidad y dinámica formal, con claras referencias a la arquitectura lecorbusiana, a la Unidad Habitacional de Marsella, 1952,  para ser precisos, pero reconociendo una interpretación particular de Juan Carral. El diseño de la fachada principal, que hace evidente al exterior la dinámica espacial interior, deja ver una propuesta para el edificio que jerarquiza tamaños de ventanas por funciones, las mas grandes para los espacios públicos y las mas reducidas, apaisadas para los lugares privados; tratamiento que me recuerda a la distancia la composición formal del  edificio AMIME de Ramón Torres y Héctor Velázquez, del año 1970, ubicado en la calle de Culiacán 123, en la colonia Roma Sur, en la ciudad de México.

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Cortesía Juan Carral

Reconociendo que el resultado final del edificio que ahora nos ocupa, nos da cuenta de una obra bien conceptualizada y realizada en su conjunto, de digna presencia urbana, en otro orden de cosas me parece que a la entrada peatonal, en planta baja, le falta jerarquía, calidad urbana y formal. Otro tanto sucede con el recorrido peatonal  entre esta entrada y la llegada a las articulaciones verticales, me parece también pobre en cuanto a su diseño. Creo además que se pudo haber tenido alguna consideración de diseño, para afrontar la condición de orientación poniente, sobre todo en los ventanales amplios de la fachada principal. Para una ciudad como la capital de la República Mexicana, cosmopolita, moderna, de gran diversidad social, me parece fundamental que existan opciones de edificios departamentales de la naturaleza del FR 43, pensando en la cantidad y variedad de gentes como los recién casados, adultos mayores o personas solas, que no requieren áreas habitables grandes. Hablamos de edificios que cuenten con  densidades medias, departamentos pequeños como los resueltos en los  contextos de algunas ciudades europeas, Amsterdam, París o Barcelona por citar algunas, que aprovechan de mejor manera la infraestructura urbana instalada, que pueden ubicarse en los diferentes barrios  de la ciudad o constituirlos como conjuntos urbanos. Dentro de la dinámica de la capital de la República Mexicana, estas nuevas densidades que suplen o complementan las densidades bajas, como parte de la transformación natural de la ciudad, deben ir acompañadas con estudios de planeación urbana integral, pensando que con el incremento de lo construido, se deben instrumentar mas y mejores espacios públicos, pensando incluso en la necesidad de demoler algunas zonas edificadas, para resolver y proveer razonablemente de jardines, plazas o equipamientos de estudio y esparcimiento. No se deben simplemente construir mayores densidades, sin atender los espacios públicos necesarios, porque de lo contrario el simple incremento poblacional se puede traducir en conductas sociales negativas.

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Fotografías: Luis Gordoa, Onnis Luque, Cortesía Juan Carral

Desde los años sesenta del siglo pasado, se ha escrito suficiente por parte de críticos e historiadores, sobre la vigencia y limitaciones de la arquitectura racionalista y es una realidad que sus principios básicos han demostrado su validez y sustancia, de tal manera que han logrado escapar al tiempo y aunque ha habido periodos de agotamiento compositivo y formal, esta manera de entender y enfrentar la arquitectura sigue teniendo posibilidades de desarrollo en el presente y futuro de las ciudades. Resulta entonces importante que las nuevas generaciones de arquitectos retomen las ideas y principios racionalistas y con una actitud diferente, renovada, actualizada para las formas de vida en las ciudades que habitamos en el siglo XXI, planteen nuevas alternativas, busquen nuevos repertorios compositivos y formales, partiendo de las experiencias previas de los maestros. A esto contribuyen también las nuevas posibilidades que tienen que ver con materiales y procedimientos constructivos novedosos, que pueden mostrar nuevos rostros y calidades plásticas para el racionalismo. Y en esto desde luego,  existen las experiencias de los otros fuera de México y las nuestras, y así las cosas,  valorando la propia historia, vale la pena tomar en cuenta a los iniciadores del movimiento moderno en nuestro país, dentro de los cuales existen proyectos destacados, que los jóvenes arquitectos mexicanos pueden tener en cuenta para el desarrollo y descubrimiento de su propia arquitectura. Tal es el caso de Juan Carral, en el que se perciben con claridad referencias a los maestros, a sus maestros, pero que en los resultados del conjunto de las obras realizadas por el propio Carral, ha intentado, ha arriesgado variaciones que perfilan a este joven arquitecto, para ocupar un lugar dentro del ámbito de la arquitectura mexicana contemporánea.

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