Espacio público y ciudad

Gustavo López Padilla

Sin duda entendemos que las ciudades son de las expresiones sociales y políticas mas completas y complejas, en las cuales al recorrerlas es posible leer e identificar, a partir de los vacíos y lo construido, la historia de los valores, sueños, aspiraciones, contradicciones y maneras de entender el mundo y la vida, por parte de los seres humanos que las habitan. La mayoría de las ciudades en su origen, surgen a partir de un espacio público, generalmente una plaza, a veces una calle o un lugar jardinado, en donde la gente se encuentra, convive, discute, se organiza para las acciones de la vida. Se realizan ahí actos políticos, culturales, religiosos o simplemente de diversión. Estos espacios públicos con los edificios que los delimitan, se cargan de significados sociales, políticos y culturales al paso del tiempo y terminan por representar a la sociedad en su conjunto.

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Las ciudades nacieron caminables y al crecer los espacios públicos se diversificaron y se fueron creando redes de espacios vitales que se viven de distinta manera, de acuerdo a las fechas del calendario social o de acuerdo a acontecimientos que pueden ser resultados del azar. En algunas ciudades, su escala y habitabilidad fueron amables y manejables, pero fueron impactadas poco a poco con el surgimiento de la Revolución Industrial a mediados del siglo XVIII. Con la Revolución Industrial se manifiesta la soberbia de los seres humanos en su idea de someter a la naturaleza, a partir de la explotación de sus recursos y el crecimiento de las ciudades a partir de las ideas de plusvalía y competencia. En la segunda mitad del siglo XIX aparecieron importantes voces de alerta, vamos a pensar en personajes como William Morris, arquitecto inglés representante del movimiento Arts and Crafts, quienes advirtieron que de seguir por el camino no racional de la industrialización, las ciudades afectarían de tal manera a la naturaleza, que se podrían alcanzar situaciones límite, que llegarían a ser irreversibles. Evidentemente se impuso la soberbia y la sinrazón y hoy en día pagamos las consecuencias y estamos justamente en situaciones límite. Basta pensar en los estragos escalofriantes de las afectaciones provocadas por la central nuclear de Fukushima, en Japón y la contaminación generalizada en el Oceáno Pacífico, después de las explosiones ocurridas en aquel lugar en el año 2011.

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En el siglo XX, con la visión de algunas ciudades representativas de los países más industrializados, se termina por desplazar su condición caminable, toda vez que la máquina  deja ver su presencia y al considerar al automóvil como la unidad de medida fundamental, en lo que tiene que ver con su ordenamiento y crecimiento. El automóvil impone su presencia y devora las ciudades, sobretodo en lo que tiene que ver con el espacio de sus calles, siempre de manera insaciable creciente. En otro sentido, con la oferta industrial y las actividades administrativas, las ciudades crecen territorialmente, aumentando su población de manera considerable y los espacios públicos se vuelven cada vez mas insuficientes, toda vez que no aumentan en número, al mismo ritmo de construcción en las ciudades. La liberalización económica ha desplazado en buena medida la vida colectiva, de los tradicionales espacios públicos abiertos, democráticos e incluyentes, como las plazas, calles y jardines, hacia los centros comerciales. Estos últimos años han proliferado, teniendo el algunos casos un impacto negativo, en el orden, rostro y amabilidad de las ciudades. Con los centros comerciales, nuevamente los automóviles se vuelven protagonistas. Grandes extensiones territoriales o construidas, se destinan a estacionamientos. En este orden de cosas Zigmunt Bauman, pensador contemporáneo, nos comenta que en  ¨el mundo actual todas las ideas de felicidad acaban en una tienda¨. La destrucción de espacios hidráulicos y territorios verdes, arbolados, es otra constante en el crecimiento de las ciudades modernas. Los estudiosos en la materia han recomendado después de importantes y reiterados estudios urbanos y de salud pública, que las ciudades deberían contar, con al menos, entre doce y quince metros cuadrados de espacio abierto por habitante. Con el crecimiento descontrolado, horizontal, extensivo  y destructivo de la naturaleza por parte de las ciudades, muchas están lejos de esas cifras recomendables.

congestionado Desde hace por lo menos cincuenta años, desde diversos puntos de vista, sociólogos, políticos, economistas, filósofos, científicos, urbanistas y arquitectos han estudiado el fenómeno de las ciudades modernas. Se han realizado y se realizan actualmente, muchos seminarios y simposiums sobre las ciudades, sin duda el tema es de los mas estudiados. De las ciudades hoy se conocen a detalle sus problemáticas, causas, efectos y se han llegado a una serie de ideas o planteamientos de lo que se debería de hacer, para en muchas de ellas recomponer el camino, en el entendido que las ciudades se hacen y rehacen en el tiempo. Sabemos hoy en día que hacer, como hacerlo, porque hacerlo. La ciencia y la tecnología están de nuestro lado. Son emblemáticos en este sentido personajes que han estudiado las ciudades como Jan Gehl, arquitecto y urbanista danés, que ha dejado constancia de sus trabajos y reflexiones en su texto denominado Ciudades para la gente, mismos que ha aplicado exitosamente en ciudades como Copenhague, Nueva York, Moscú o Melbourne.

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A partir de lo anterior, hoy sabemos que debemos controlar el crecimiento territorial desmedido de las ciudades, que se debe evitar su crecimiento horizontal constante, con base en densidades bajas, por ser este modelo muy agresivo con la naturaleza, además de implicar altos costos de operación para las mismas ciudades. En consecuencia se deben entonces impulsar mayores densidades construidas, entre medias y altas, combinadas con sentido, racionalidad y creatividad, mezclando además diferentes usos del suelo, como es la naturaleza propia de las ciudades contemporáneas. Para algunas ciudades puede ser necesario que para lograr una adecuada densificación, lo que trae consigo  el lograr ciudades compactas, que son mas funcionales y rentables económicamente hablando, que se tengan que destruir zonas de las ya construidas, restituyendo a la naturaleza mas espacios libres, verdes o hidráulicos, tratando de alcanzar por lo menos los doce o quince metros de espacio libre verde por habitante, que ya hemos comentado.

ecatepecSe insiste ahora en el planteamiento de ¨rehumanizar¨ las ciudades, reposicionando como unidad de medida al hombre que vive el espacio urbano abierto, justamente en la escala adecuada para servir y ser vivido por el propio hombre. Limitar lo mas posible el uso del automóvil, impulsando el transporte público, el uso de la bicicleta y sobre todo que la gente camine sus espacios públicos. Dicen los expertos en salud, que caminar una hora diaria aumenta las expectativas de vida en siete años.  Se trata de impulsar, diversificar y privilegiar los lugares  públicos, ya sean plazas, parques o calles, como espacios abiertos, democráticos e incluyentes, conectados además con las redes de transporte público. En términos ambientales se trata además para las ciudades,  de utilizar energías limpias, renovables, como la solar, la eólica o la resultante del aprovechamiento del hidrógeno, racionalizar el uso del agua potable y aprovechar la de lluvia, reciclar las aguas residuales de muy diferentes maneras, tratando incluso de restituir con las aguas residuales, zonas hidráulicas que se hayan perdido, como ríos, lagos, lagunas o manglares. Reciclar la basura, entendiendo que esta y las aguas residuales son un bien aprovechable, rentable  y no un desperdicio del cual hay que deshacerse. Se trata de conciliar el desarrollo industrial, turístico, de servicios, forestal, ganadero, agrícola y urbano con la naturaleza, entendiendo que para gobernar la naturaleza, la única manera de hacerlo es siendo humilde, respetándola y siendo amables y armoniosos con ella.

Malecón Cajititlán, Tlajomulco, Jalisco. Proyecto Ricardo Agraz

Malecón Cajititlán, Tlajomulco, Jalisco. Proyecto Ricardo Agraz

 Se plantea identificar y valorar los modos de vida particulares de cada región, ciudad, de cada cultura, para que estas ideas de ciudades respondan a las particularidades del lugar, de su gente, su economía y disponibilidades tecnológicas, reconociendo sobre todo el valor de representar la diversidad y lo particular. Darle  importancia a la suma de  trabajos de pequeña escala, bien ejecutados, que uno a uno terminan conformando el conjunto de las ciudades, tratando de evitar la imposición de generalizaciones esquemáticas, como se pretendió con las ideas del movimiento moderno. Se reconoce la importancia de impulsar la participación responsable de la gente que vive en las ciudades, en el entendido que todos, absolutamente todos, somos corresponsables de la calidad de vida en nuestras ciudades. En este orden de cosas es notable, que cada vez más y con mayor conocimiento de causa, la gente en las ciudades participa en las decisiones que tienen que ver con la calidad de vida de los lugares en donde vive; en este sentido vale la pena recordar el ejemplo promovido por los propios vecinos del lugar, de lo que conocemos como el High Line Park, en Nueva York.

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Vale la pena insistir en la idea previamente expresada de que las ciudades son fenómenos sociales vivos, en constante transformación, el que las ciudades son muchas ciudades al mismo tiempo, ciudades que se hacen y se rehacen, mostrando que se pueden andar y desandar los caminos, logrando a partir de la valoración de las experiencias previas, mejores calidades habitables, si se tiene como objetivo y la voluntad de entender el desarrollo de las ciudades y sus diseños, como oportunidades de servir a la gente, pudiendo lograr mejores ciudades, que es lo que a todos nosotros nos importa. Se trata de privilegiar y  sobre todo encontrar nuevas maneras de entender y conseguir mas espacios públicos, entendiendo que es lo que quiere la gente, que necesita en materia de espacios, abiertos y democráticos, practicando de alguna manera, como ya se ha comentado el diseño participativo, lo que hace que finalmente los espacios resultantes los sientan como suyos, los cuiden y mejoren; esa en nuestra tarea a desarrollar, tratando al final del camino, que cada lugar en particular, descubra y alcance su propia personalidad y calidades habitables, para que sean dignos de ser habitados y visitados por todos, impulsando con ello las relaciones sociales, el desarrollo cultural, la vida en común y la economía de la gente.

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