Barragán funcionalista

Gustavo López Padilla

Es importante que toda sociedad sepa valorar su patrimonio cultural, sienta orgullo por el mismo y se identifique con él, teniendo presente que su identidad está soportada en buena medida a partir de este patrimonio. Las ciudades y sus arquitecturas correspondientes forman parte esencial de este patrimonio y dan cuenta en buena medida de los valores que  dan sentido a estas sociedades, registrando en el trascurso del tiempo la constancia, evolución y diversidad de estos valores. En este orden de ideas, en la ciudad de México se ha restaurado recientemente un edificio de 1939, ubicado el la Glorieta Melchor Ocampo No. 38, en la colonia Cuauhtémoc, en la Delegación del mismo nombre y cuyos autores son Luís Barragán Morfín (1902-1988) y Max L. Cetto Day (1903-1980). Este edificio representa la fructífera relación profesional, de amistad e intelectual entre ambos arquitectos y uno de los períodos más lucidos, productivos y de gran calidad ejecutiva, en términos de conceptualización y ejecución constructiva, siguiendo las ideas, búsquedas y maneras de entender la vida arquitectónica y urbana, dentro de lo que conocemos como movimiento funcionalista, que por esos años se presentaba como una alternativa viable y necesaria, para enfrentar las necesidades de modernidad y progreso para el México que se construía después del movimiento revolucionario (1910-1921) El edificio al que nos referimos, forma parte de un conjunto de edificios que se construyeron por esos mismos años, definiendo en buena medida el perfil urbano de lo que fuera la original y espléndida  Glorieta Melchor Ocampo, representando por un buen tiempo al México moderno, cosmopolita, siguiendo  imágenes y calidades urbanas de algunas ciudades  centroeuroperas, que muestran una densidad media de construcción.  El conjunto de edificios mencionado cuenta con una altura promedio de cinco niveles y muestra en términos compositivos y formales el criterio de unidad en la variedad, con continuidades en lo que se refiere a las superficies de los paramentos de sus fachadas y sus remates de alturas.

Plaza Melchor Ocampo

El edificio que ahora nos ocupa, el de Barragán y Cetto, fue conceptualizado originalmente para ser utilizado como estudios para pintores y en este sentido vale la pena comentar de inicio, que la orientación de la fachada principal dominante es norte, resultando adecuada para los fines del uso  propuestos para el lugar. Siguiendo algunos criterios lecorbusianos,  como los experimentados en la propuesta para la Casa Citrohan de 1922 o hasta el propio estudio para el pintor Ozenfant también de 1922, el proyecto de Melchor Ocampo 38 está resuelto en cinco niveles, un primero donde se ubican el acceso peatonal y los estacionamientos y en los cuatro restantes se desarrollan cuatro departamentos,   resueltos cada uno en dos niveles, contando cada unida básica con una doble altura, generosamente iluminada por medio de grandes ventanales, constituyendo estos últimos  los elementos formales de la fachada que dan presencia urbana al proyecto,  estableciendo con ello además,  una relación directa entre los interiores del edificio con el paisaje exterior arbolado, que forma parte esencial de la glorieta.  Las áreas públicas de cada departamento se ubican en las plantas bajas, sumándose a lo anterior la cocina y en las plantas altas, un mezzanine abierto a la doble altura mencionada, define las áreas de descanso, a las que se suman sus baños correspondientes. Los departamentos cuentan con superficies que van de 71.13 m2 hasta 72.82 m2

Siguiendo criterios funcionalistas, el proyecto está resuelto con base en formas geométricas simples, regulares, con tendencia hacia la abstracción, en donde los manejos de proporción y escala se aprecian muy cuidados, buscando lo mas esencial desde el punto de vista funcional, incorporando detalles constructivos igualmente sencillos, procurando bajos costos de ejecución y mantenimiento. Predomina en la construcción el uso de colores claros, lo que proporciona a los lugares interiores una gran luminosidad y serenidad al mismo tiempo. Ya están aquí presentes las ideas de lo mínimo y la austeridad que se volverán constantes en la arquitectura mas conocida de Luís Barragán.

Con otros mas de semejante calidad de manufactura, realizados por esos mismos años por Barragán, este edificio funcionalista se ubica a medio camino entre la arquitectura de expresiones locales de la primera etapa barraganiana y las de su última etapa, en las que retoma las esencias de las dos anteriores, local y funcionalista, para alcanzar las obras mas personales y logradas, que se volvieron las imágenes mas consolidadas de las búsquedas de Barragán y que lo llevaron a ocupar uno de los lugares mas destacados dentro de la arquitectura contemporánea universal. Los trabajos de restauración del proyecto original, fueron realizados por el grupo denominado VRTICAL, constituido por Luís Beltrán del Río y Andrew Sosa y la ejecución constructiva estuvo a cargo de Jorge Salcido. Se trata de un equipo de jóvenes que tuvieron la voluntad y seriedad profesional de estudiar con detenimiento la obra de Barragán, sus planos originales en la medida de lo posible y con una actitud inteligente y respetuosa, procuraron ajustarse  al diseño original del edificio, incorporando solo algunos detalles complementarios, tratando de hacerlo mas funcional para los tiempos que corren, pero estableciendo relaciones amables, respetuosas y puntuales de armonía, entre diseños, manejo de materiales y tiempos arquitectónicos.

Estamos ante un trabajo bien ejecutado que vale la pena replicar en otros edificios, como en los de la misma Plaza Melchor Ocampo para no ir muy lejos, reconociendo de inicio el valor patrimonial de edificios del movimiento moderno, que pueden convertirse en referencias fundamentales, para otros proyectos que respondan a los requerimientos mas actuales de la arquitectura. Se trata de evolucionar la cultura arquitectónica nacional, reconociendo  valores y logros del propio patrimonio construido.

Agradecimientos

Quiero agradecer muy particularmente a la Arq. Dolores Martínez Orralde Directora de la Dirección  de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico e inmueble del INBA por su valioso apoyo para la realización de los presentes comentarios. En este mismo sentido agradezco  la colaboración de la Lic. Liliana Mijangos.

También la amabilidad del Arq. Andrew Sosa, representante del grupo Vrtical para visitar el edificio y contar con la información necesaria para realizar los comentarios.

Fotografías Gustavo López

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