Espacio, función y estructura, Enrique de la Mora y Palomar

Gustavo López Padilla

En la esencia misma del proceso creativo arquitectónico, se establece una interrelación dinámica entre la manera de conceptualizar las formas de los espacios,  la valoración de  las funciones o actividades de la vida que se van a realizar en los mismos y con ello se plantean de manera simultánea, los criterios de cómo se pretenden materializar estos espacios, es decir lo que tiene que ver con la definición de las estructuras y los materiales con los cuales finalmente se puedan construir estos espacios. Este proceso creativo responde a tiempos y metodologías de trabajo, que van a depender de la naturaleza misma de los proyectos y los resultados proyectuales pueden ser muy variados,  respondiendo a las circunstancias vitales,  formación intelectual, intereses y habilidades creativas de los diseñadores de estos proyectos. El balance entre las maneras de conceptualizar espacio, función y estructura, depende también de las distintas maneras en que cada  diseñador visualiza el cómo  deberían ser sus proyectos, que valores quiere experimentar, abriendo con ello la posibilidad de distintas posturas de cómo se ejerce la arquitectura. Enrique de la Mora y Palomar (1907-1978), arquitecto mexicano representante del movimiento racionalista, asumió de manera particular las ideas anteriores, lo cual queda claramente identificado en el conjunto de sus obras, en las cuales deja ver un interés por experimentar diversas posibilidades estructurales, que se ven reflejadas  en los resultados compositivos, formales y volumétricos de estas mismas obras. Vale la pena recordar que el arquitecto nació en la ciudad de Guadalajara, pero realizó sus estudios profesionales en la ciudad de México, en la Escuela Nacional de Arquitectura, habiendo obtenido su título profesional en el año de 1933. A lo largo de su ejercicio profesional que comienza en 1934 y se extenderá hasta 1974, periodo de tiempo en el que la presencia de la arquitectura racionalista en México tuvo un carácter dominante, estableció distintas relaciones profesionales con arquitectos y especialistas en estructuras, entre los que destacan José Villagrán, Fernando López Carmona, Alberto González Pozo, José Creixell, Leonardo Zeevaert y muy particularmente tuvo relevancia su relación con Félix Candela, arquitecto español avecindado en México, experimentador matemático, geométrico y constructivo de los cascarones de concreto armado.

Entre las obras de Enrique de la Mora destacan: el pequeño edificio de departamentos ubicado en la calle de Estrasburgo 20, en la colonia Juárez, ciudad de México, del año 1937, realizado en colaboración con José Creixell, P. Padilla y M de la Mora, el templo Parroquial de La Purísima Concepción, del año 1946, ubicado en la ciudad de Monterrey, la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, 1952, realizado en colaboración con Manuel de la Colina y Enrique Landa, la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, conocida como El Altillo, del año 1958, ubicado en Ave. Universidad, ciudad de México, realizado en colaboración con Fernando López Carmona y Félix Candela, la Capilla de la Medalla Milagrosa, del año 1960, ubicada en la colonia del Valle, ciudad de México, realizado en colaboración con Fernando López Carmona y Félix Candela, el edificio de Seguros Monterrey, del año 1960, ubicado en Ave. Presidente Mazaryk, ciudad de México, realizado en colaboración con Alberto González Pozo y con el diseño estructural del Ing. Leonardo Zeevaert y el Condominio Paseo, ubicado en Ave. Paseo de la Reforma 195, en la ciudad de México, del año 1965. Con esta relación se  mencionan algunas de sus obras mas importantes. Desde luego son ampliamente conocidos y difundidos los proyectos que realizó el arquitecto Enrique de la Mora en colaboración con Félix Candela, pero en esta ocasión me quiero referir y reflexionar, sobre los logros y resultados del edificio identificado como Condominio Paseo, mismo que ya ha sido mencionado líneas arriba. Recuerdo que aún antes de iniciar mis estudios de arquitectura en la UNAM, al recorrer a pié el Paseo de la Reforma, en particular  siempre me llamaba la atención este edificio, que muestra una imagen  distinta del conjunto de edificios, que formaban el paisaje urbano de esta importante avenida de la ciudad de México. Así las cosas, siguiendo criterios racionalistas, el edificio se soluciona acudiendo a formas geométricas simples, regulares, experimentando con la idea de plantas libres, buscando con ello la máxima rentabilidad financiera, flexibilidad de espacios y la mas eficiente captación de luz natural, pero limitando en la manera de lo posible, la incidencia directa del sol y con ello sus ganancias de calor, que repercuten en el consumo de energía de los sistemas de aire acondicionado.

Si se revisa con atención la composición de la planta tipo, como representativa del conjunto de los 18 niveles que componen el edificio, se puede observar su forma rectangular y en la que  el conjunto de las articulaciones verticales y servicios necesarios se disponen de la manera mas compacta posible, casi al fondo del terreno, en su sección norte, convirtiendo estos elementos en uno de los apoyos estructurales fundamentales, que trabajan en conjunto con una serie de columnas metálicas, ubicadas al sur de la composición, que tienen la particularidad de estar fuera de la superficie útil del edificio. Estas columnas se conceptualizan estructuralmente como un entramado de formas romboidales, que llegan a constituir  una primera fachada del edificio, que se libera de una segunda fachada terminada con aluminio, cristal y acero porcelanizado. La primera fachada estructural romboidal, se liga en nodos específicos al volumen de concreto de los servicios antes mencionados, mediante armaduras metálicas, que trabajando en conjunto con losas de concreto coladas en sitio, constituyen así el esqueleto estructural del edificio, logrando con ello el máximo aprovechamiento posible de la superficie útil, de las distintas plantas que constituyen el proyecto.  Pequeñas secciones en planta, ubicadas al oriente y poniente de cada planta tipo, se resuelven en voladizo, liberando así, estructuralmente, las esquinas de fachada del edificio.

Volumétricamente el edificio está constituido por cuatro primeros niveles, destinados a comercios y oficinas, que funcionan como una base, trece niveles de oficinas que conforman el cuerpo fundamental y un remate muy formal en azotea, con terraza incluida, constituyendo espacios desde los cuales las perspectivas visuales del propio Paseo de la reforma y la ciudad en su conjunto, resultan muy atractivas. El uso del color complementa la presencia urbana de la obra. Negro resaltando la primera fachada estructural desprendida y suaves tonos de verdes, definiendo el volumen de cristal y acero del edificio, que constituyen una segunda fachada. Vale la pena resaltar en la solución de las diferentes plantas libres, el que en la segunda fachada constituida por cristal y acero porcelanizado, las superficies transparentes son la mitad superior de cada entrepiso, lo que permite regular en alguna medida las incidencias del sol y sus ganancias de calor, así como el poder recargar muebles en fachada, sin causar problemas de imagen urbana y haciendo más útil el aprovechamiento interior de los espacios.

Estamos ante una propuesta racionalista expresiva, identificando y dramatizando con claridad sus componentes programáticos y estructurales, convirtiendo parte de estos últimos en la imagen misma del edificio, experimentando además con la idea de contrastes, juegos de planos, volúmenes, colores, luces, texturas y sombras. En esta propuesta la conceptualización y soluciones estructurales son determinantes para el funcionamiento y la utilidad de los espacios, así como para la definición de la presencia formal y urbana del edificio, siendo importante resaltar, el cuidado y calidad de las soluciones de detalle, sobre todo en lo que tiene que ver con las intersecciones volumétricas, detalles de conexiones y cambio de materiales. Hoy en día, el edificio muestra algunas alteraciones respecto del proyecto original, que bien valdría corregir, a lo que habría que sumar algunas intervenciones necesarias de mantenimiento que vale la pena realizar, para que el edificio realce su dignidad original y siga formando parte esencial del patrimonio moderno de la arquitectura en México y del panorama construido a lo largo del Paseo de la Reforma. En los últimos años, en el propio Paseo de la Reforma y en otras áreas al sur de nuestra ciudad, se ha vuelto a experimentar con soluciones expresivas cercanas al Condominio Paseo, que pueden parecer novedosas. En este orden de cosas es importante tener en cuenta, el valor que en este sentido tienen las contribuciones de la obra del arquitecto Enrique de la Mora y Palomar.

Quiero agradecer a la Arq. María Eugenia Hernández Sánchez, representante del Archivo de Arquitectos Mexicanos, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, su valiosa contribución, en términos de información, para la realización de los presentes comentarios.

Anuncios

Acerca de navegandolaarquitectura

Navegar por las ideas e imagenes que le dan sentido a la arquitectura
Esta entrada fue publicada en Arquitectura Mexicana y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s