Aprendiendo como lo hacía Lecorbusier

Gustavo Lopez Padilla

Sin duda una de las experiencias mas gratificantes, es la oportunidad de compartir a través de la enseñanza, lo que se ha ido aprendiendo a lo largo del tiempo. Desde muy joven tuve interés por la enseñanza y por la participación además, en grupos interdisciplinarios, como una posibilidad de aprender e intercambiar puntos de vista en relación con la vida y la cultura. Siendo estudiante de los últimos semestres en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, participando en el movimiento del Autogobierno, en el año de 1973 tuve la oportunidad de comenzar a enseñar a mis propios compañeros de los semestres inferiores, ante la falta de maestros que pudieran ocupar las vacantes, que el propio movimiento del Autogobierno demandaba. De esos años a la fecha he impartido clases, ininterrumpidamente todos los días de la semana, primero en lo que se identificaba como el Taller Cinco del Autogobierno, mismo que se convertiría años mas tarde en el Taller Max Cetto, que conserva todavía muchos de los ideales que se consolidaron con el Autogobierno, siendo fundamental entender que la práctica de la arquitectura es antes que nada un servicio y un compromiso social, en el sentido mas amplio de los términos.

Una condición esencial que ha calificado mi experiencia en la enseñanza, ha sido la fantástica oportunidad, que resulta de asistir casi todos los días del año a las espléndidas instalaciones de la Facultad de Arquitectura y al propio conjunto de la UNAM, Patrimonio Nacional y de la Humanidad, lo que sin duda mi espíritu agradece constantemente. Disfrutar y admirar el Campus, sus edificios, sus espléndidos jardines y los magníficos murales, obras de algunos de los mas importantes pintores de la plástica mexicana, Siqueiros, Rivera, O´Gorman, Eppens, Chávez Morado, enriquecen la experiencia cotidiana. Lo anterior confirma la idea, de que la calidad de los espacios que uno habita cotidianamente, generan conductas, positivas o negativas y propician las condiciones para alentar o no un mejor aprendizaje. Desde luego que las instalaciones del conjunto de Ciudad Universitaria, son propiciatorias para que aflore lo mejor, espiritual e intelectualmente hablando, por parte de sus ocupantes y visitantes. Estas mismas instalaciones, con todo lo bueno y discutible que puedan mostrar y contener, como obras arquitectónicas y urbanas, se vuelven en sí mismas, al recorrerlas, en una constante lección aprendizaje.

Desde un inicio, como consecuencia de mis intereses personales y la disponibilidad de mis horarios, me dediqué básicamente a impartir clases de teoría de la arquitectura, historia y diseño urbano, este último también desde el lado de la teoría. Es importante reconocer que a lo largo de mi actividad docente, he tenido influencias, deudas de formación, información y modalidades de enseñanza, con algunos personajes entrañables de la propia Facultad de Arquitectura, como con mis maestros todos: José Luís Benlliure (1928-1994), Humberto Ricalde (1942-2013), Jesús Barba (1935-2009) y Carlos González Lobo (1939), entre los más significativos. En los últimos años ha sido importante también en mis cursos, la influencia de la obra histórica y teórica del arquitecto español, Josep María Montaner, considerando la variedad y profundidad de su vasta obra escrita y publicada. Así las cosas, los modus operandi de mis clases han ido variando a lo largo de los años, y van desde visitas directas a las obras, exposiciones de las mismas a través de transparencias, hasta la modalidad actual que se estructura a partir de dibujar, leer, pensar y discutir un conjunto de obras, de acuerdo a un programa previamente establecido, compartiendo y discutiendo con mis alumnos, lo que en conjunto sabemos de los temas, teorías, autores y proyectos, que forman parte de nuestros programas actuales.

Dos grandes vertientes de la historia y teoría de la arquitectura me han interesado y conforman fundamentalmente mis cursos. Por una lado los orígenes, desarrollo, consolidación y expresiones actuales del movimiento moderno de la arquitectura y por otro lado, como lo anterior se ha expresado y experimentado en México, a partir de los años veinte del siglo pasado, hasta nuestros días. Y es así que tomando en cuenta este marco general, mis alumnos, de acuerdo a un programa previamente establecido de autores, obras y tendencias arquitectónicas, tienen que dibujar para cada clase, tres obras, representándolas cada una, en tres planos tamaño doble carta, mostrando plantas, cortes y apuntes perspectivos. Para cada sesión, deben dibujar necesariamente nueve planos, realizados obligatoriamente a mano, con la técnica que mas les guste, calcando los dibujos de copias tamaño doble carta, que previamente deben conseguir. En paralelo deben leer, en libros de historia y teoría previamente acordados o en otros más, si son de su interés, sobre la formación de cada autor o arquitecto, la tendencia o tendencias de la arquitectura a las que pertenecen, reconociendo cuales son las características y valores de estas mismas tendencias. A la hora de dibujar a mano las obras, deben imaginarse dentro de las mismas, recorriéndolas, identificando su relación con el tejido de la ciudad donde se ubican, reconociendo ordenes compositivos y estructurales, manejos de materiales e imaginando las calidades resultantes de los espacios: escala, proporción, ritmos, simetrías, contrastes, juegos de claroscuros y manejo del color.

En cada sesión se seleccionan los mejores dibujos que se hayan realizado en el grupo, mismos que se fijan al frente, en el pizarrón del salón y se comienza así una discusión colectiva, pudiendo comparar obras, de las que se discuten en cada sesión, pero comparándolas además con las que previamente en sesiones anteriores se hayan discutido y que puedan formar parte de tendencias arquitectónicas semejantes o distintas. El haber dibujado a mano las obras, les permite tener un acercamiento y conocimiento de las mismas, lo que les permite además poder memorizar y pensar sus contenidos y ordenes compositivos, de tal manera que a la hora de proyectar, en sus clases de taller de proyectos, pueden decidir si plantean sus diseños, siguiendo o no las experiencias previas de los maestros o plantear posturas totalmente distintas. Para proyectar parten del conocimiento razonado de las obras previas y no de la nada o la inspiración solamente. Así es como se vincula la clase de teoría con los talleres de diseño. Se trata al final de cuentas de dibujar, leer sobre las obras y sus autores, sobre todo pensar las mismas, discutirlas colectiva y comparativamente. Realizamos algo semejante a como aprendió arquitectura en buena medida Lecorbusier, el gran maestro del movimiento moderno, que si bien no fue a una escuela de arquitectura, aprendió dibujando proyectos que fueron de su interés, meditándolos y comparándolos. Vale la pena reconocer, que si bien la manera anterior de acercarse al conocimiento de la arquitectura tiene sus virtudes, es absolutamente necesario complementar lo anterior, con recorridos personales a las obras y a los contextos urbanos donde se ubican. Algo que también hizo el propio Lecorbusier. No hay duda, la calle es la mejor escuela de arquitectura.

En términos generales los cursos anteriormente descritos han tenido aceptación y buenos resultados entre los alumnos de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, aunque es importante reconocer también que ha habido estudiantes a los que no les han parecido interesantes e importantes los contenidos y técnicas de cómo imparto estas clases. Han habido críticas furibundas contra mis cursos y otros más han reconocido que han contribuido a su formación profesional. Respeto y considero las críticas y reconozco también las valiosas aportaciones de una buena cantidad de alumnos que han participado con entusiasmo en estos cursos y de los cuales he tenido la oportunidad constante de aprender. Quiero expresar mi agradecimiento permanente a la Facultad de Arquitectura de la UNAM y al Taller Max Cetto, por esta oportunidad invaluable de convivir cotidianamente e intercambiar experiencias arquitectónicas, urbanas y de vida, con los jóvenes estudiantes de arquitectura.

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