Humberto Ricalde

Gustavo López Padilla

Conocí a Humberto Ricalde cuando iniciaba mis estudios en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, en el año de 1968, siendo él mi profesor de dibujo. Durante su clase recorrimos distintos lugares interesantes de la ciudad, mismos que debíamos dibujar a mano, a veces con lápiz, otras mas con acuarela y al mismo tiempo comentamos sobre la importancia, significación y características arquitectónicas y urbanas de esos lugares. Recuerdo haber dibujado en Ave. de los Insurgentes y el Anillo Periférico, la escultura denominada Reloj Solar, obra del escultor polaco Grzegorz Kowalski, que forma parte de la llamada Ruta de la Amistad, que se instalara con motivo de la visión cultural de los Juegos Olímpicos, celebrados en nuestro país en el año 1968. Visitamos y dibujamos también la Parroquia de San Jacinto, obra dominica del siglo XVI, ubicada en San Ángel, al sur de la ciudad de México. Desde los años de la preparatoria, yo había comenzado a trabajar como dibujante en algunos despachos y recuerdo que ya en la universidad, siendo Humberto mi profesor me quedé sin trabajo y le comenté si había alguna posibilidad de trabajar con él. Unos días después me informó que había una oportunidad de entrar a trabajar en el despacho del arquitecto Augusto H. Álvarez, con quien él trabajaba por esos tiempos. A partir de esa oportunidad de trabajo se empezó a tejer una relación de amistad,  misma que duró cuarenta y cinco años.

Trabajando juntos íbamos con frecuencia a comer, platicábamos de arquitectura, de la vida y desde luego nos tocó compartir en ese tiempo, varias manifestaciones que formaron parte del movimiento del 68. Recuerdo la estremecedora manifestación del silencio y cuando, en otro día, estando sentados en  la plancha del Zócalo, frente a Palacio Nacional en su costado izquierdo, escuchamos las arengas de los dirigentes del movimiento estudiantil, estos últimos encaramados en un camión que habían hecho llegar hasta ese lugar. De ese tiempo tengo presente también que me regaló algunos libros: Rayuela de Julio Cortázar, de Editorial Sudamericana, Buenos aires,  1967, el Fenómeno humano de Teilhard de Chardin, de Taurus ediciones, Madrid, 1967 y un poco mas tarde, El concepto del espacio arquitectónico desde el Barroco a nuestros días, de Giulio Carlo Argan, ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1977, mismos que me impactaron en su momento, libros que conservo hasta la fecha con afecto y que he vuelto a releer.  Poco tiempo después Humberto se fue a Praga en Checoslovaquia y allá continuó viviendo los sucesos mundiales, sociales y políticos, consecuencia del 68, además de estudiar una maestría en diseño arquitectónico, en la escuela de Artes y oficios de aquella ciudad. Estuvo también en Italia y en Finlandia. Mientras él estuvo allá, mantuvimos una constante comunicación a través de cartas. Sus cartas que recibía con entusiasmo, se convirtieron muy pronto en un motivo de preocupación para mí. Eran las más de las veces disertaciones largas y profundas sobre la vida y la arquitectura. Me costaba trabajo contestarlas. En ocasiones tenía que buscar información y leer algunos libros o revistas para poder contestar esas cartas. Pero al final del camino, debo reconocer que esto formó parte del impulso directo o indirecto de Humberto, con lo que me acerqué a los libros de manera mas constante, consciente y ordenada y lo cual desde luego siempre he agradecido.

Unos años después Humberto regresó de Europa, casado con la arquitecta italiana Giovanna Rechia y continuó nuestra amistad, incluyendo ahora a Giovanna y a Maricarmen mi mujer. Nos veíamos con frecuencia a comer o cenar, ya sea en su casa o en la nuestra y a veces con otros amigos.  El recuerdo de aquellas reuniones es verdaderamente entrañable; ricas en conversaciones y por supuesto con muy buena comida. Tanto Humberto como Giovanna cocinaban de maravilla. A veces comida yucateca, otras comida italiana. En el año de 1974, yo ya formando parte de Sánchez Arquitectos y Asociados, lo invitamos  junto con el arquitecto Héctor Meza, quién también había sido colaborador del Arquitecto Augusto H. Álvarez, a que formaran parte del equipo que diseñamos el conjunto habitacional, que terminó llamándose Integración Latinoamericana, para el Fovisste, ubicado al sur de la ciudad de México, que inaugurara Luis Echeverría como una de sus últimas obras sexenales en el año de 1976.

Poco mas tarde en 1980, la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes, que dirigían en ese entonces los arquitectos Juan Urquiaga y Víctor Jiménez, decidieron realizar una serie de libros revistas, que dieran cuenta de la arquitectura mexicana a partir del inicio del siglo XX, hasta justamente los años ochenta. Se invitó a un nutrido grupo de arquitectos y a Humberto Ricalde y a mí, en equipo, nos encargaron realizar un ensayo que revisara y valorara la arquitectura en el período comprendido entre 1960 y 1980. Ese período en la amistad entre Humberto y yo fue muy rico e intenso. Nos reuníamos con regularidad por las noches en mi casa a discutir, planear, organizar y redactar, los textos que nos habían encomendado. Maricarmen mi esposa, nos preparaba de cenar y en ocasiones, terminábamos platicando los tres entrada la noche, de cultura, de la vida y sus asegunes. En el año de 1982 aparecieron los dos volúmenes de los Apuntes para la historia y crítica de la Arquitectura Mexicana del siglo XX. Nuestros textos, de Humberto y míos, unitariamente aparecen en el volumen número 2. Humberto siempre fue un lector constante, un viajero frecuente y un crítico inteligente, certero y en muchas ocasiones  cáustico. Hablaba varios idiomas y sus viajes a muchos lugares en el mundo eran intensos, como casi todo lo que hacía en la vida. Caminar diez o doce horas diarias, luego visitar bares y dormir pocas horas, así durante días y días. El comentaba que no se iba a lugares distantes a dormir, eso ya se haría después, lo importante era aprovechar la oportunidad para conocer, aprender y la mejor manera de lograrlo era realizar intensas caminatas, con los ojos y los sentidos atentos. De ahí aprendí que la mejor escuela de arquitectura que existe en el mundo, es precisamente la calle. Aprender como lo hizo el mismísimo Lecorbusier. En este orden de cosas recuerdo haber hecho un viaje con el y los integrantes de quienes formábamos el despacho Sánchez Arquitectos y Asociados a Nueva York, luego entonces comenzábamos muy temprano por las mañanas, a las seis o seis y media y a caminar, con un plan preestablecido, así hasta la madrugada, viviendo y admirando a lo largo del día, la ciudad, sus calles, plazas, edificios, museos, jardines, restaurantes y bares. Ocho días agotadores y resultando al final de cuentas una gran lección formativa como arquitectos. Así fueron siempre sus viajes, quienes tuvieron la oportunidad de realizarlos junto con él, sin duda disponen de un innumerable conjunto de anécdotas y vivencias.

La personalidad de Humberto, como la de casi todos los personajes brillantes, inteligentes y cultos, era compleja y cambiante, de acuerdo a muchas circunstancias;   podía ser muy amable, conversador y de pronto a veces ácido e incluso hiriente. Por ahí de 1987 tuvimos una discusión que no terminó en buenos términos y llegamos a distanciarnos por un tiempo, aunque nos seguíamos tratando y viendo con frecuencia en eventos distintos y en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, específicamente en el Taller Max Cetto, lugar donde dábamos clase casi todos los días. He reconocido con frecuencia y en varios foros, mi deuda intelectual con Humberto. El fue un importante maestro en mi vida. Le he dedicado algunos textos que he realizado en mi camino como interesado en reflexionar sobre las ciudades y la arquitectura y recuerdo en particular que en el año 2010, lo invité a la presentación de mi primer libro, llamado Arquitectura Mexicana Contemporánea, Critica y Reflexiones y sus comentarios fueron muy generosos, lo cual le agradecí en su momento y lo sigo recordando con afecto. Humberto fue maestro de diseño y teoría de la arquitectura de muchas generaciones, poco mas de cuarenta años de docente en distintas universidades e impartió una buena cantidad de pláticas y conferencias. Escucharlo era un gran aprendizaje y un deleite, porque sabía relacionar la arquitectura, con la cultura en general y con la vida. Recuerdo entre muchas,  dos platicas que realizó en los llamados ¨viernes de la cubita, en Sánchez Arquitectos y Asociados¨, ambas excelentes, una sobre la obra y el pensamiento de Alvar Aalto, a quién conocía muy bien  y otra no menos interesante sobre las casas Milá y Batlló de Antoni Gaudí, habiendo él regresado de un viaje a Barcelona, en el que tuvo la oportunidad de visitarlas.

Izquierda: Integración Lationamericana, Derecha: Edificio Oficinas Prado Sur

En relación a su obra proyectual y constructiva, vale la pena decir que sorprendentemente siendo un arquitecto con una gran formación intelectual y reconocidas habilidades proyectuales, casi no existen obras de su propia autoría. Hasta donde tengo información, realizó algunas pequeñas obras de carácter familiar, que poco se conocen. Básicamente trabajó haciendo equipo con otros, entre los que vale la pena destacar desde luego sus valiosas colaboraciones con Augusto H. Álvarez, Sánchez Arquitectos y Asociados, Alberto Kalach y Moisés Becker. Recuerdo entre estas colaboraciones, particularmente con Becker, el diseño del edificio de oficinas, del año 2000, ubicado en la calle Prado Sur, cerca de la intersección del Paseo de la Reforma y el Periférico. No dejó tampoco una abundante obra escrita. Algunos lo incitábamos a que escribiera libros, diciéndole que tenía mucho que aportar a la historia y crítica de la arquitectura y la cultura; el contestaba socráticamente, que lo más importante de su pensamiento caminaba en las personas de sus alumnos y de sus amigos.

Entre lo poco de su pensamiento documentado destacan: Arquitectura en México 1960-1980, escrita conmigo y que forma parte de los Apuntes para la historia y crítica de la Arquitectura Mexicana del siglo XX, vol. 2, edición de la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes, 1982,  a lo que se suman escritos diversos y responsabilidad de la edición de un suplemento llamado Traza, formando parte del periódico unomasuno, del cual aparecieron ocho números entre marzo-abril de 1983 y julio-agosto de 1984. En ese mismo año 1984, realizó un ensayo en colaboración con Félix Sánchez, con motivo  del Premio Nacional de Arquitectura 1983, otorgado al arquitecto Augusto H. Álvarez, texto denominado Arquitectura Mexicana siglo XX, editado por la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México, A.C. En el año 1994, apareció el libro La Arquitectura Mexicana del siglo XX, coordinada y prologada por el arquitecto Fernando González Gortázar, edición del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en el que apareció una colaboración de Humberto, relacionada con la valoración de la obra del arquitecto yucateco Manuel Amábilis. En el año 2005 apareció el libro Max Cetto vida y obra, editado por la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Mas adelante en el año 2006, fungió como Asesor en Arquitectura y escribió el prólogo de un libro llamado Entre el concreto y el cielo, editado por Cementos Cruz Azul.  En el año 2013, apareció el libro Lo mejor de lo mejor, arquitecturas mexicanas 2001-2010, edición del año 2012 de editorial Arquine, en el cual a partir de la selección de 50 obras, Humberto Ricalde reflexiona sobre los valores y logros de la arquitectura mexicana, a lo largo de ese período. Finalmente en el año 2016, apareció el libro Luís Barragán 1990 Historia de un debate, edición de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, que recoge la ponencias que se realizaron con motivo de una reunión que se efectuó en el año 1990, coordinada por el arquitecto Enrique X de Anda, con la idea de valorar la obra del arquitecto jaliciense y en la que Humberto participó con el tema: Entre la morada y el pensamiento (Una reflexión sobre Luis Barragán). Sin duda será importante realizar una labor más exhaustiva y detallada de investigación, para documentar el conjunto total de los textos que Humberto realizo a lo largo de su vida, dejando con ello constancia de sus conocimientos, inquietudes y su pensamiento.

Seguramente existen entre sus amigos distintas versiones, interpretaciones, vivencias y anécdotas en relación con la intensa vida del maestro Ricalde, que a lo mejor mas adelante podremos conocer. El presente texto es una breve versión de mi relación profesional y de amistad  con él. Humberto Ricalde nació en la ciudad de Mérida, en el estado de Yucatán, en el año 1942, se graduó de arquitecto en la Facultad de Arquitectura de la UNAM y murió en la ciudad de México en el año 2013.

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2 respuestas a Humberto Ricalde

  1. Lucia Zesati Farías dijo:

    Excelente artículo Gustavo, un homenaje a Humberto Ricalde.

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