Respiro verde en el paraíso del cemento y el automóvil

Gustavo López Padilla

El desarrollo de la Ciudad de México se relata en una larga historia, en la que a partir de la conquista española en el siglo XVI, se emprendieron acciones urbanas, que por lo general han sido contrarias a la presencia de la naturaleza. Increíblemente, durante este tiempo se mandaron  secar cinco  enormes lagos y se destruyeron grandes extensiones boscosas, lo que nos ha ubicado como una de las ciudades contemporáneas mas agresivas, en términos de equilibrios ambientales. En la actualidad estamos perdiendo la última gran oportunidad de enderezar el camino, al iniciar la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad, precisamente en los terrenos de Texcoco, cancelando casi la posibilidad de restaurar en buena medida nuestra original condición verde y lacustre. Según los estudiosos de las ciudades, se debe disponer con al menos entre doce y quince metros cuadrados de espacios verdes por habitante, para contar con condiciones propicias y adecuadas a la convivencia colectiva. Nuestra ciudad de casi nueve millones de habitantes, con una densidad de 5996 hab. por km2, actualmente dispone de cinco metros y medio de estos espacios verdes, lo que nos ubica distantes de las condiciones necesarias y deseables. Seguimos construyendo, extendiendo, densificando la ciudad y las oportunidades para crear nuevos e importantes espacios verdes se van limitando peligrosamente, poniendo en riesgo la viabilidad razonable de nuestro desarrollo urbano, si no pensamos este último de manera equilibrada e integral: arquitectura y espacios públicos.Tomando en cuenta este panorama, resulta importante que el pasado mes de noviembre  del año 2017, se haya inaugurado un nuevo parque urbano, en la Delegación Política de Cuajimalpa, en la zona de Santa Fé, denominado La Mexicana. Este nuevo espacio colectivo forma parte de 41.5 has., de las cuales el 70 % 29 has.,  está destinado al uso de área verde, en tanto que el restante será enfocado al desarrollo  de viviendas privadas. El Parque la Mexicana forma parte de un proyecto en el que participan el gobierno de la ciudad y la iniciativa privada. La inversión para ejecutar el parque de dos mil millones de pesos y su administración, mediante concesiones, corre a cargo de la iniciativa privada. Esta última desarrollará los proyectos de viviendas mencionados. Todo lo anterior regulado por el gobierno. El diseño del parque les fue encomendado a los arquitectos Víctor Márquez y Mario Schjetnan. El terreno donde se ubica el proyecto, de forma alargada, está limitado por la Ave. Tamaulipas, el Paseo de los Arquitectos y la Ave. Luís Barragán, colindando de manera cercana con una zona de edificios altos por un lado y por el otro con áreas habitacionales de viviendas unifamiliares de distintos niveles socioeconómicos y cerca también del Centro Comercial Santa Fé.        

En el lugar que originalmente fue explotado como una mina, los arquitectos diseñadores aprovecharon sus desniveles preexistentes, acentuando además otros nuevos cambios de nivel, para definir y delimitar distintas zonas de uso de acuerdo a los programas incluidos en el parque, entre los que se incluyen zonas de juegos, ciclopista, pistas de skate, carriles para corredores, andadores peatonales, mirador, anfiteatro, zona canina, dos lagos artificiales, fuentes, zonas de comida y desde luego extensas zonas verdes. Se trata de un nuevo espacio verde, abierto, público y democrático, que funciona como un respiro apenas necesario, en medio de un intenso y continuo trafico vehicular, paraíso del automóvil y el cemento, que resulta de una zona de desarrollo urbano de gran densidad construida, en donde el peatón es un ser en desamparo, que casi no es tomado en cuenta, si acaso tan solo cuantificado como dato para el consumo, resultando además una zona urbana difícilmente articulada con el tejido del resto de la ciudad de México. El parque La Mexicana es amable, agradable, bien ejecutado, aceptado por el público en general; se pueden ver familias y personas de distintos grupos sociales, que recorren el lugar, que lo viven, lo disfrutan y comienzan a hacerlo suyo, aprovechando las distintas actividades que ahí se ofrecen.Se trata de que el parque, dada su administración, seguridad y concesiones privadas,  opere su funcionamiento y mantenimiento de manera regular y eficiente, garantizando en todo momento su inclusión social abierta y plural. En términos de diseño y ambientales, el parque cuenta con cisternas para almacenar el agua de lluvia y aprovecha además una planta de tratamiento de aguas residuales cercana al lugar, para garantizar así el riego eficiente del parque y el agua necesaria para los dos lagos artificiales, incluyendo su chorro de agua y otras fuentes, limitando la utilización de  agua potable. La iluminación nocturna requerida se administra mediante luminarias con celdas solares y se cuenta en la zona con internet inalámbrico. Me parece que hubiera sido deseable, que se retrasara un poco de tiempo su entrega y apertura al público, para garantizar que las especies vegetales pudieran consolidar su presencia en el lugar. Pero evidentemente los tiempos razonables de proyecto, nunca coinciden con los tiempos políticos. La administración privada del lugar y el público en general, deberán poner de su parte lo que les corresponda, para no deteriorar la calidad del parque.La posibilidad de imaginar y llevar a cabo un desarrollo urbano para nuestra ciudad, coordinando esfuerzos e intereses entre la iniciativa privada y los gobiernos de la ciudad, es un camino viable, diría incluso necesario, respetando razonablemente los niveles de inversión y recuperación para ambas partes, pensando sobre todo en el bienestar común y no solo en los intereses de la iniciativa privada. Es una realidad que para los gobiernos de la ciudad, en muchas ocasiones es difícil la operación y mantenimiento de los espacios públicos, de ahí que la participación, insisto razonable, de la iniciativa privada sea deseable. A nuestra ciudad le hacen falta todavía muchos espacios verdes, muchos lugares en donde el agua esté presente; tenemos que aprovechar los pocos territorios disponibles e incluso afrontar el hecho de tener que destruir zonas ya construidas, aumentando razonablemente su densidad construida, buscando la posibilidad para alojar nuevos espacios verdes.La meta de contar con al menos entre doce y quince metros cuadrados de espacio verde por habitante, la debemos tener presente, asumiendo que las ciudades se hacen y rehacen en el tiempo, pensando en nuevos espacios comunitarios amables y bellos, para la convivencia y el confort de quienes aquí vivimos; tratando de restituir para nuestra ciudad, en la medida de lo posible, las atrocidades ambientales que hemos realizado a lo largo del tiempo. El Parque la Mexicana es un buen paso y ejemplo en este sentido; hay que mejorar los mecanismos operativos y financieros empleados, para lograr mas lugares como este. En este sentido hay que valorar adecuadamente los terrenos que ocupará el nuevo aeropuerto de la ciudad y los que queden al trasladar allá las instalaciones existentes. Evidentemente no todo puede ser espacio publico, pero una posición razonable, equilibrada, nos daría la oportunidad de contar con mas parques como La Mexicana, con mayores áreas útiles, tratando de recuperar en la medida de lo posible nuestra condición boscosa y lacustre.

Anuncios

Acerca de navegandolaarquitectura

Navegar por las ideas e imagenes que le dan sentido a la arquitectura
Esta entrada fue publicada en Sobre la ciudad y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s