¿Escribir es hacer arquitectura?

Gustavo López Padilla

Existe una diferencia fundamental entre construir y hacer arquitectura. Construir lo puede hacer casi cualquier persona, se trata al final de cuentas de colocar simplemente un tabique sobre otro, o alguna piedra sobre otra,  de tal manera que se sostengan y conjuntamente con una cubierta cualquiera, delimitar un espacio que sirva para protegerse de las inclemencias del tiempo y realizar actividades diversas en ese espacio definido. De hecho así se construyen en el mundo, una buena parte de las obras en las ciudades. Se trata de edificaciones de diferentes escalas y usos que simplemente están ahí, cumpliendo eso sí una función social importante, dar cobijo a las mayorías, pero las mas de las veces, carecen de valores formales, habitables, simbólicos o culturales reconocidos, que permitan el desenvolvimiento de las mejores emociones y capacidades creativas de quienes habitan esos lugares. Hacer arquitectura es otra cosa, es justamente poner en juego la imaginación para lograr la construcción de espacios habitables, que tengan un manejo de los materiales y procedimientos constructivos disponibles, de manera ingeniosa y creativa, logrando una atmósfera vivencial amable, funcional, confortable, disfrutable, que resulta de la búsqueda de un orden compositivo, una secuencialidad espacial y una disposición formal tales, que logran que sus habitantes los consideren bellos y permiten que se desenvuelvan en su seno, las mejores calidades de vida, conductas positivas individuales y colectivas, propiciando emociones y el desarrollo de las capacidades creativas de sus moradores. Es indudable que las condiciones de los espacios generan conductas, positivas o negativas, dependiendo de su calidad  habitable.

El hacer arquitectura no está asociado necesariamente a un estilo o movimiento cultural en específico, ni está determinado por un costo o manejo de materiales y procedimientos constructivos en lo particular. Es desde luego plural en sus expresiones. No necesariamente la arquitectura es aquella que realizan los arquitectos, sino que resulta de la sensibilidad, experiencia, acuerdos sociales y creatividad de sus realizadores, que pueden ser o no arquitectos. Existen muchos ejemplos en el mundo, en diferentes tiempos históricos que demuestran lo anterior. Para referirnos a algunos de esta naturaleza,  nos podemos remitir a los estudios que realizó Bernard Rudofsky ( Suchdol Nad Odrou, República checa 1905 – Nueva York, E.U., 1988) y que quedaron registrados en sus libros Arquitectura sin arquitectos del año 1964 y en Constructores prodigiosos del año 1977. Pero desde luego los arquitectos a lo largo de la historia han realizado importantes contribuciones que han quedado registradas en un sinnúmero de publicaciones. En general cuando hablamos de arquitectura, nos referimos a aquella que genera emociones y un interés colectivo tales, que propician que la gente viaje muchos kilómetros, con la finalidad de disfrutar las calidades formales, espaciales y vivenciales de esas obras en específico. Pero hablar de arquitectura es considerar al mismo tiempo la idea de ciudades. En ocasiones visitamos en las ciudades obras en lo particular, en su individualidad arquitectónica, pero en muchas otras oportunidades visitamos y disfrutamos el conjunto de obras, que conforman los ámbitos de las ciudades y que son el resultado de la actividad creativa del conjunto de sus sociedades. Desde luego tenemos que considerar que existe una relación estrecha entre lo que significa hacer arquitectura y hacer ciudad.

Hablar de arquitectura, nos lleva a valorar  el conjunto de ideas o razones que le dan sentido, que le confieren sentido de pertenencia a un lugar y un tiempo determinados. Ideas que le dan congruencia al orden  y secuencia de espacios que  conforman cada arquitectura, al manejo de materiales y procedimientos constructivos empleados, pero sobre todo hablar de arquitectura se refiere a lo construido que resulta de considerar un mundo de significados y valores históricos, sociales, políticos, económicos, culturales, emocionales, filosóficos y vivenciales. En los tiempos modernos, los trabajos creativos de los arquitectos, reconociendo la importancia del valor de las ideas en arquitectura, se han constituido con tiempos que se dedican a pensar y elaborar el conjunto de sus ideas y otros dedicados a la  realización material de sus proyectos. De pensar y crear se procede a la edificación material  de las ideas y de ellas se vuelve a los ámbitos del pensamiento reflexivo. Se retroalimentan mutuamente. Así las cosas, acercándonos a algunos de los arquitectos mas importantes del movimiento moderno, valorando el desarrollo de su proceso creativo, encontramos ejemplos notables que dan cuenta de los tiempos y trabajos en los que se dedicaron a pensar y crear el universo de sus propias ideas.    En primera instancia, identificando los orígenes del movimiento moderno de la arquitectura, nos podemos remitir al movimiento Protoracionalista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que daría finalmente como resultado el Movimiento Moderno o Racionalista y aquí justamente nos tenemos que referir a los trabajos intelectuales  de  Adolf Loos, arquitecto Austriaco ( Brno, Moravia 1870 – Viena, Austria 1933 ) quién escribiera un breve texto denominado Ornamento y delito, en el año 1908, en el que sentara las bases conceptuales para la realización de una nueva arquitectura, alejada de las cargas formales, constructivas y vivenciales de la arquitectura histórico académica. Se trató de la búsqueda de una arquitectura distinta, acorde con la nueva realidad económica, social y política de su tiempo,  tomando en cuenta los nuevos materiales y tecnologías constructivas resultantes del desarrollo de la revolución industrial. Loos nos habla de realizar obras congruentes con los tiempos de principios del siglo XX, dejando de lado los adornos, lo superfluo, buscando formas geométricas simples, una arquitectura eficiente, funcional y económica.  Con ello Loos sentó las bases conceptuales que siguen vigentes, aún en la actualidad, para una manera racionalista de ver la arquitectura y las ciudades.

Muy cercano a lo anterior,  podemos recordar el trabajo intelectual que realizara  Antonio Sant´Elia ( Como, Italia 1888 – Monfalcone, Italia 1916 ) y que dejara documentado en su Manifiesto futurista del año 1914, formando parte de un gran movimiento cultural que se llamó Las vanguardias figurativas. En este documento el arquitecto Sant´Elia, visualiza el desarrollo de ciudades que creen en el progreso, en el desarrollo de la ciencia, la técnica y una economía tales, que deberían estar ordenadas a partir de las ideas de movilidad y velocidad, planteando la instrumentación de importantes densidades construidas, que se reflejan formalmente en la dinámica de una gran variedad de edificios altos y vialidades resueltas en diferentes niveles.Retomando en buena medida las experiencias intelectuales de los dos arquitectos anteriores, Lecorbusier ( La chaux –de- fonds, Suiza 1887 – Roquebrun – Cap Martín, Francia 1965 ) el gran maestro del movimiento moderno racionalista, se dio a la tarea de construir las bases conceptuales, urbanas y arquitectónicas, que le darían sentido a su prolífica tarea profesional y que sirvieron también de guía para la multitud de profesionales, que en casi todas las latitudes del mundo lo siguieron de cerca. Lecorbusier fue un prolífico pensador y dejó ampliamente documentado lo anterior en un conjunto de libros en los que propuso a manera de un deber ser, como debían realizarse los proyectos arquitectónicos y urbanos, incluyendo no solo un repertorio conceptual y formal, sino llegando incluso a proponer un distinto sistema de medidas, apoyado en los criterios históricos de belleza, que se expresan a través de la llamada sección aúrea. Lecorbusier propuso su sistema de medidas que llamó el Modulor. Entre las obras intelectuales escritas, más conocidas del maestro suizo-francés, destacan desde luego: Hacia una arquitectura del año 1923, La máquina de habitar, 1924, Urbanismo, 1924 y El Modulor, 1950. Como una expresión distinta y complementaria al movimiento moderno, Frank Lloyd  Wrigth ( Wisconsin E.U., 1876 – Arizona, E.U., 1959 ) en paralelo al desarrollo de sus obras, en una buena cantidad de escritos,  dejó documentadas sus reflexiones entorno a sus interpretaciones de la arquitectura orgánica, con la idea de realizar si una arquitectura racionalista, pero que tuviera mayor atención a lo que tiene que ver con las particularidades objetivas y subjetivas de los usuarios y a la valoración cuidadosa de los entornos naturales, estableciendo relaciones de equilibrio y armonía entre lo construido y los espacios verdes, tanto en lo que tiene que ver con el desarrollo de las ciudades, como en lo referente a las particularidades de la obra arquitectónica. Propuso pensar la arquitectura en íntima relación con la vida y todo lo que ella significa y representa. Podemos acercarnos al pensamiento wrightiano  en un texto que recopila algunos de sus escritos denominado El futuro de la arquitectura.Asumiendo una postura diferente y contestataria, Louis Isadore Kahn ( Kuresaare, Estonia 1901 –Pensilvania, E.U., 1974 ) se desarrollo dentro del movimiento moderno de la arquitectura, a partir de valorar teórica y formalmente, el papel que podía jugar el considerar de nueva cuenta a la historia como una referencia importante, que reconceptualizada contemporáneamente, podía enriquecer los repertorios conceptuales, compositivos, formales y vivenciales del racionalismo, considerando con ello además, propuestas de orden y jerarquía, monumentalidad, masividad, materialidad, eficiencia y claridad en lo que tiene que ver con el empleo de materiales aparentes y procedimientos constructivos racionalizados.  Su pensamiento queda documentado en una variedad de escritos, a los que nos podemos acercar. La obra proyectual de Robert Charles Venturi ( Pensilvania E.U., 1925 ) no se puede entender, sin sus trabajos que tienen que ver con la valoración del conjunto de la historia de la arquitectura, con particular atención a lo que tiene que ver con el movimiento moderno. El resultado de sus reflexiones quedó documentado entre otros, en su libro Complejidad y contradicción en arquitectura del año 1966, ampliando como resultado de sus trabajos, los horizontes y posibilidades para el ejercicio de la arquitectura y el urbanismo, dejando atrás la posición reduccionista, simplificadora que resultaba de la imposición e implementación de las ideas del movimiento moderno. Sin duda existe un antes y un después en la historia de la arquitectura moderna, a partir de los trabajos teóricos escritos por Venturi. Por principio de cuentas se consideró a partir de entonces, la aceptación de la diversidad y de las diferencias con los otros, como  condiciones necesarias e irreversibles, lo que se tradujo en la practica, en un enriquecimiento de posturas y posibilidades en el ejercicio de la arquitectura, aceptando como válidas distintas maneras de experimentar los repertorios formales, compositivos y constructivos, respondiendo a diferentes realidades políticas, sociales, económicas, culturales, filosóficas y de desarrollo tecnológico.Un ejemplo notable en la reciente arquitectura, que tiene que ver con la importancia que se otorga a la generación de ideas que van a dar sentido a la arquitectura, está representado por la obra de Remmet Lucas Koolhaas ( Roterdam, Holanda, 1944 ) quién cuenta con dos oficinas, una dedicada a pensar la actualidad de la vida, la arquitectura y las ciudades y otra distinta que realiza diseños de proyectos arquitectónicos y urbanos, que son en buena medida,  consecuencia conceptual de los resultados de la primera oficina ya mencionada.  Los trabajos de investigación intelectual de Koolhaas han quedado documentados en distintos libros, entre los cuales se significa Delirio de Nueva York, del año 2008, en el cual reflexiona sobre las complejidades, realidades y posibilidades de la vida actual y sus manifestaciones que tienen que ver con altas densidades construidas, con la congestión urbana y humana, con la dinámica y velocidad de la movilidad citadina, con las ideas de globalidad,  diversidad y angustia que todo esto conlleva. Si se piensa con detenimiento, estamos ante la valoración de la realización construida llevada al extremo, de las ideas futuristas de Sant ´Elia, de los inicios del siglo pasado, con las interpretaciones propias de Koolhaas pensando en el fin del siglo XX y los inicios del XXI.

Al tomar en cuenta la revisión del conjunto de trabajos de este grupo de arquitectos notables, que han tenido que ver con el planteamiento y desarrollo de las ideas  que han significado una buena parte de la realidad edificada del urbanismo y la arquitectura del siglo XX y lo que va del XXI, queda clara la importancia de lo que tiene que ver con la construcción de ideas que dan sentido y están íntimamente ligadas con la materialidad de las obras. Ideas que son útiles para quién las genera, pero que se convierten en referencia fundamental para muchos otros que las siguen, las hacen suyas y las convierten también en realidades habitables, distintas o semejantes. Y es aquí donde retomamos la pregunta inicial de si pensar y escribir significa construir ciudades y arquitectura. Desde luego la arquitectura y las ciudades tienen su propia realidad, que tiene que ver con su materialidad y cuando los usuarios  recorren sus espacios, los usan, viven, disfrutan o padecen; pero es entendible que responden a una idea previa que les da sentido. Los arquitectos desarrollan a lo largo de su ejercicio profesional,  capacidades para imaginar, elaborar y crear conceptos de ciudades y arquitecturas en su intelecto, lo que incluye  calidades y formas de vida que tienen sus propios valores, sus propios universos de existencia y que pueden tener distintas interpretaciones formales y compositivas. Estas ideas cuentan  con su propia realidad, casi como verdaderas construcciones. Hablamos de realidades no materiales pero igualmente importantes. El trabajo creativo de los arquitectos, se desarrolla como un proceso que puede iniciar con la construcción de ideas y formas en el intelecto, que se vuelven mas adelante obras reales. Pero se trata de un proceso que no es necesariamente lineal.   Hablamos de  un proceso que se retroalimenta de ida y de vuelta. Pasar de la idea a lo construido  y de lo construido a la idea, asumiendo que son realidades distintas, pero complementarias y siempre hablando de arquitectura.  De lo anterior se puede inferir, que escribir conceptualmente si se puede considerar como una forma de hacer ciudades y arquitectura. Es mas, lo anterior es un trabajo absolutamente necesario, para hacer tangible lo que consideramos verdaderamente como arquitectura. Porque la arquitectura no existe sin las ideas que le dan sentido, significación  e importancia. Hablamos de arquitectura, como la expresión construida de los valores de la vida. Pero desde luego no todo lo escrito de arquitectura lo podemos considerar arquitectura. Todo tiene sus valoraciones y como se ha documentado, al hablar de arquitectura nos referimos en particular de los textos teóricos realizados por arquitectos, los buenos arquitectos o conocedores del tema, que son capaces de conceptualizar o imaginar formas nuevas de habitar y construir los espacios, arquitectónicos y urbanos.

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