Cien años después, necesitamos más escuelas Bauhaus

Gustavo López Padilla

Histórica y objetivamente está comprobado que el nivel de educación de un país, influye de manera directa y determinante en el bienestar y calidad de vida de sus pobladores, existiendo además una relación clara entre la educación de los países y las condiciones de habitabilidad urbana y arquitectónica en sus ciudades. Alemania ha tenido claro lo anterior y es así que ha impulsado constantemente sus programas de educación, que tienen que ver con consideraciones de carácter filosófico, social, económico, político, científico y tecnológico.  Los teutones  tuvieron presente desde mediados del siglo XIX, que para competir y formar parte de los países modernos industriales, necesitaban como decisión de estado, impulsar y crear escuelas técnico artesanales, preparando a sus jóvenes para la competencia comercial. Así las cosas años mas tarde, como parte de aquél espíritu educativo tecnológico, entre las escuelas creadas de esta naturaleza, en el año 1902, Henry Van de Velde (Amberes, Bélgica 1863–Zurich, Suiza 1957) dirigió el Weimar Kunstergewerblicher Institute, que mas adelante en el año de 1919, el 1 de abril, se convertiría en la Escuela de la Bauhaus, organizada y dirigida en su primer período (1919-1928) por el arquitecto Walter Gropius (Berlín, Alemania  1883 – Boston E.U. 1969). En periodos subsecuentes Hannes Meyer (1889 Basilea, Suiza- Crossifisso, Lugano 1954) la dirigió entre 1928 y 1930, para finalmente entre 1930 y 1933, la dirigiera Mies Van Der Rohe ((1886 Aquisgran, Alemania-1969 Chicago, E.U.

Con una visión inteligente, incluyente y diversa, Walter Gropius planteó un programa educativo que tomó en cuenta aprendizajes artesanales, de diseño industrial, arquitectónico, urbano e  incluyendo además diseño gráfico, pintura, escultura y hasta artes escenográficas, entendiendo la vida como una expresión humana integral, en la cual todas las disciplinas enumeradas anteriormente tenían cabida, se mezclaban y retroalimentaban para resolver necesidades sociales. Gropius tuvo además una notable capacidad de convocatoria, que se tradujo en una planta de profesores de primerísimo nivel, en las diferentes disciplinas del conocimiento que se impartían en la Bauhaus. El planteamiento educativo implicaba aprender haciendo, relacionando directamente lo anterior con las realidades y necesidades de la sociedad, produciendo proyectos y objetos diversos que podían ser vendidos, ayudando con ello al mantenimiento e independencia de la escuela. La Bauhaus representó en el año de 1919 la consolidación del movimiento moderno racionalista, que resultaba de un largo proceso evolutivo, remitido hasta la Revolución Industrial de mediados del siglo XVIII, pasando por la Arquitectura de la Ingeniería, el movimiento Arts and Crafts, el Art Nouveau, la Escuela de Chicago, las Vanguardias Figurativas y el Protoracionalismo, culminando con el propio Movimiento Racionalista o Funcionalista, justamente en los años veinte del pasado siglo XX. Formó parte sustancial de lo anterior el importante desarrollo de la ciencia y sus aplicaciones tecnológicas, la Filosofía Racionalista y los movimientos sociales relacionados con el pensamiento de Karl Marx (1818 Tréveris, Alemania – 1883 Londres, Reino Unido) y Federico  Engels (1820 Barmen, Alemania – 1895 Losndres, Reino Unido)

Estudio Urbano de Ludwig Hilberseimer

El modelo educativo de la Bauhaus implicaba la promoción del trabajo en equipo, entendido con un carácter multidisciplinario, con base en talleres en los que se mezclaban la artesanía y la técnica, además de una nueva estética que resultaba de entender y aplicar los criterios de lo útil, lo funcional, lo económico, eliminando las referencias formales a todo aquello que significara una visión académica con referencias al pasado.  Lo anterior respondía con naturalidad y eficiencia a las nuevas circunstancias históricas, que resultaban de las urgentes y crecientes demandas sociales, posteriores a la terminación de la primera Guerra Mundial (1914-1919) que había provocado rezagos y destrucción, al mismo tiempo que la población se incrementaba sobretodo en las ciudades. El exitoso modelo educativo se convirtió rápidamente en una referencia trascendente, que se replicó en diferentes partes del mundo, incluyendo a nuestro país, en los programas de la entonces Escuela de Arquitectura de la UNAM, en la que de manera integral se enseñaban arquitectura, urbanismo, diseño industrial y artes aplicadas en general. Los proyectos arquitectónicos, de diseño industrial, artesanal, gráfico y los acercamientos de algunos profesores de la Bauhaus en relación a propuestas urbanas, se convirtieron en referencias, manifiestos construidos, identificados con el movimiento moderno racionalista. Fue particularmente reconocido en el programa docente de la escuela, el curso de iniciación que impartía Johannes Itten, en el cual se acercaba a los alumnos mediante trabajos experimentales lúdicos, al manejo y conocimiento de las formas, sus posibilidades expresivas, compositivas, cualidades y repertorios estéticos, haciendo énfasis en el manejo del color, las texturas y los distintos materiales, teniendo un papel preponderante en esto último el manejo de los materiales metálicos, que fueron aplicados, entre otras cosas, al diseño de muebles que se volvieron emblemáticos. Ya en el año de 1968 recuerdo con agrado y entusiasmo, mi curso de iniciación en la ya Facultad de Arquitectura de la UNAM, en donde replicamos el curso bauhasiano.

 

 

 

 

 

 

 

Desde luego entre los proyectos realizados dentro de la Bauhaus, destaca el  diseño de la escuela (1925-1926), cuando esta se traslada de Weimar a Dessau, cuyo autor es el propio Walter Gropius, quien había ejecutado previamente los proyectos de dos fábricas, que están conceptual y compositivamente relacionados con el diseño de la Bauhaus; se trata de la fábrica Fagus del año 1913 y la fábrica de Colonia, diseñada esta última, haciendo equipo entre Walter Gropius y Adolf Meyer (1881 Mechernich, Alemania – 1929 Isla de Baltrum). Entre los principales profesores que impartieron clase en la escuela destacan: Wassily Kandisnsky (1866-1944) pintor, Lyonel Feininger (1871-1956) pintor y fotógrafo, Paul Klee (1879-1940) pintor, Ludwig Hilberseimer (1885-1967) arquitecto y urbanista, Johannes Itten (1888-1967) pintor y profesor de arte, Lazlo Moholy Nagy (1895-1946) diseñador visual, Marcel Breuer (1902-1981) arquitecto, Lotte Beese (1903-1988) arquitecto y urbanista, Josef Albers (1888-1976) pintor y docente de arte y Gunta Stolzi (1897-1983) tejedora. Una buena cantidad de estos profesores, estuvieron relacionados con la actividad y desarrollo de las Vanguardias Figurativas, movimiento cultural y artístico de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que transformaron radicalmente la cultura, dejando atrás las referencias al pasado y experimentando con formas nuevas, que representaban su tiempo y el futuro. Vanguardias como el expresionismo, el constructivismo ruso, el suprematismo, el futurismo, el cubismo, el neoplasticismo y el dadaísmo. De los trabajos realizados dentro de la escuela se llegó a consolidar un conjunto de diseños que fueron identificados como Diseños Bauhaus, que dada su calidad, lograron un gran impacto y aceptación en su momento, pero que han logrado escapar al tiempo. Si apreciamos sus diseños de arquitectura, de muebles, objetos y gráficos, bien podríamos  considerarlos absolutamente actuales, como si pertenecieran a los días recientes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Han pasado cien años de aquella extraordinaria experiencia y sus propuestas conceptuales, docentes y educativas siguen siendo vigentes y dignas de tenerse en cuenta para lo que sucede en nuestras universidades y en nuestros actuales talleres de proyectos. Creo que hay que volver a pensar en la escala de nuestros centros de enseñanza, talleres de aprendizaje y prácticas profesionales. En la Bauhaus su escala era amable y manejable, permitiendo un conocimiento e interacción entre todos sus componentes. Es importante considerar nuevamente el compromiso social de la enseñanza, vinculada con la realidad de las ciudades y sus sociedades, tomar en cuenta la necesidad de la interdisciplinariedad de los equipos de trabajo. Desafortunadamente en la realidad de hoy en día, los equipos profesionales y docentes trabajan por separado y de manera fracturada. Sobre todo en las escuelas de diseño, los arquitectos recorren su propio camino, los urbanistas por el suyo, los paisajistas por senderos pàralelos, los diseñadores industriales y gráficos trabajan por separado y ni que decir de la labor de pintores y escultores. Pero al final de cuentas la vida sigue siendo unitaria con múltiples expresiones. Vivimos en ciudades en donde los espacios urbanos están definidos por la arquitectura y dentro de esta última conviven integralmente y utilizamos de manera muy relacionada muebles, objetos y  distintas manifestaciones del arte, llámense pinturas, esculturas y diseños gráficos. Debemos pensar además en el compromiso que tenemos con nuestro propio tiempo y asumirlo. Hoy en día, pasados cien años,  necesitamos mas escuelas como la Bauhaus, mas personajes con la visión, generosidad,  sensibilidad, talento, capacidad de convocatoria y profesional, como nos enseñó Walter Gropius, pensando en impulsar una educación integral, comprometida con las necesidades de la sociedad, practicar una educación que contemple la inclusión de la cultura en lo general, la experimentación en materia de arte, el impulso a la ciencia y a la técnica aplicadas a la vida cotidiana en las ciudades, sus arquitecturas y todo aquello que consideremos verdaderamente indispensable, para vivir de manera confortable la vida moderna, eliminando lo superfluo, pensando en lo útil, funcional y económico, como lo planteaban los principios educativos de la Bauhaus, representando lo mejor del movimiento racionalista.

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