Pensar las ciudades modernas a partir de Lynch, Jacobs y Gehl

Gustavo López Padilla

Es constante en nuestros días, que diferentes medios de comunicación, como  televisión, radio, prensa escrita, libros, revistas y muchas páginas en internet, den cuenta de las preocupaciones, estudios y propuestas, que tienen que ver con la calidad habitable de las ciudades modernas. Desde diferentes perspectivas, en las distintas universidades ubicadas en los cinco continentes, se habla y reflexiona también constantemente, sobre las realidades materiales y sociales de las ciudades, sobre sus vertiginosas transformaciones, que tienen que ver con la aparición constante de nuevas obras arquitectónicas y urbanas, que impactan, transforman y condicionan la vida cotidiana de  millones de gentes que viven hoy en esas ciudades. Dentro de estas reflexiones en el mundo, es notable que aparezcan continuamente  menciones a  tres estudiosos que han sido ampliamente reconocidos, a partir de los resultados de sus trabajos de investigación y diseño, volviéndose referencias importantes para imaginar el presente y futuro de las ciudades. Hablamos de Kevin Andrew Lynch, ingeniero, urbanista y escritor estadounidense (1918-1984), Jane Jacobs, divulgadora científica, teórica del urbanismo y activista sociopolítica canadiense, nacida en Estados Unidos (1916-2006) y Jan Gehl, arquitecto danés y consultor de diseño urbano, nacido en el año de 1936. Estos tres pensadores de las ciudades modernas, se acercaron al estudio de las mismas, desde distintos y complementarios puntos de vista, existiendo entre ellos influencias y vasos comunicantes intelectuales, en el planteamiento y resultados de sus trabajos. En primera instancia Kevin Lynch, con un importante equipo de trabajo, desarrolló y valoró sistemáticamente un conjunto de experiencias, relacionadas con como la gente común percibe las realidades materiales habitables de los espacios urbanos, a partir de sus recorridos cotidianos. Las ciudades de Boston, Jersey City y Los Ángeles, fueron los escenarios principales de sus estudios. Estos últimos, quedaron debidamente registrados en su libro La imagen de la ciudad, editado inicialmente en el año de 1960 por MIT Press., convirtiéndose rápidamente esta edición en referencia fundamental para los estudiosos de las ciudades contemporáneas. Indudablemente para Kevin Lynch lo más importante para sus estudios, tiene que ver con la vida, con la sensibilidad de la gente, con la valoración de sus capacidades perceptivas para relacionarse con los espacios urbanos con los cuales tiene contacto frecuentemente. Se trata  de saber como la gente va reconociendo intelectualmente las imágenes de los lugares que habita y recorre y como va identificando las estructuras urbanas que les dan sentido y materialidad,  permitiendo con ello ubicarse, orientar sus recorridos, cargarlos de significados e ir construyendo un sentido de pertenencia en relación a estos lugares. Lynch reconoce que las ciudades por su propia naturaleza son cambiantes y con ello sus valoraciones también lo son y así las cosas, puntualiza que en relación con las ideas que se pueden tener de las ciudades, siempre se pronuncia una primera palabra  y no la última. Identifica como parte sustancial de las estructuras de las ciudades cinco componentes, que denomina sendas, bordes, barrios, nodos y mojones y a partir de ellos valora sus lugares de estudio, convirtiéndolos además en parte esencial de las herramientas de diseño, que le permiten realizar nuevas propuestas urbanas.

Jane Jacobs, sin contar con estudios especializados en arquitectura o urbanismo, a partir de una fina y aguda capacidad de observación natural, mostró particular interés por lo que sucedía en su entorno urbano, centrando sus estudios en el comportamiento cotidiano de la gente, en relación con los lugares urbanos donde habita, escalando sus observaciones desde los ámbitos de la calle, pasando por el ámbito de las manzanas, los barrios y hasta llegar a las dimensiones de los distritos que constituyen la geografía política de las ciudades. En buena medida la ciudad de Nueva York, donde vivió mucho tiempo, fue el escenario principal de sus reflexiones. Lo anterior quedó registrado en un texto denominado Muerte y vida de las grandes ciudades, publicado en el año de 1961, que pronto se convertiría en obra teórica fundamental, para los estudiosos de las ciudades contemporáneas. A Jacobs le interesó en particular la vitalidad de las ciudades, comenzando por el ámbito de las calles, partiendo incluso de observaciones de la calle misma donde ella vivía, identificando el comportamiento usual y cotidiano de sus vecinos. Esta vitalidad que considera indispensable, la asocia con la diversidad de usos del suelo posibles y complementarios que se pueden alojar en las calles, resultando con ello, la deseable y necesaria convivencia de diferentes grupos sociales y socioeconómicos, que al intercambiar sus experiencias de vida, posibilitan el progreso y el buen desarrollo social. Para que lo anterior fuera realidad, identifica la necesidad de contar además con una densidad media construida, que podría fluctuar entre los 400 habitantes por hectárea y perfiles de calles de entre 4 a 7 niveles edificados. Ella nos habla  en particular de unas calles definidas perfectamente por los paramentos de los edificios que las limitan, lotificaciones angostas, contando con múltiples entradas a los mismos, comercios diversos en planta baja y de ser posible con algunos pequeños jardines cercanos a las entradas. En este entorno se desarrolla el espectáculo de las calles, que a lo largo del día propicia muestras de vida de diferentes personajes que habitan y recorren estas calles, estos barrios, que pueden ser los que viven ahí mismo o los que pasan incidentalmente por el lugar.

Le preocupan la convivencia, el intercambio de experiencias de vida, pero también, con la permanencia de la gente en las calles, a partir de las múltiples miradas de los vecinos que viven en el sitio, la seguridad del vecindario. Es interesante que en todo lo anterior, para ella son  importantes los niños, que pueden jugar en las banquetas o en los arroyos de las calles y todas las actividades de la familia asociadas alrededor de lo anterior. Ella reconoce que unas calles y barrios vitales, pueden mostrar un rostro urbano amable, vivible, que se puede mantener y renovar, propiciando mejores condiciones de habitabilidad para todos. Sus estudios y observaciones urbanas se contraponen frontalmente a las propuestas de zonificación de los maestros del movimiento moderno, comenzando por sus diferencias con el mismo Lecorbusier y sus proyectos urbanos, como el de la Ciudad contemporánea de 1922 o el  Plan Voisín de 1925, para la ciudad de París. Ella identifica que esta manera de entender el urbanismo y la vida en las ciudades, con edificios aislados, jardines entre ellos y usos muy específicos del suelo, sin mezclas, privilegiando el uso del automóvil, con vías rápidas para el efecto, es esquemático y pobre, limitando las experiencias de vida y posibilitando un pronto deterioro de los conjuntos urbanos construidos con  base en estos principios del llamado racionalismo. Para ella la realidad de la mayoría de las ciudades en el mundo, que muestran una vida compleja, rica e intensa, está mas allá de las ideas rudimentarias y esquemáticas del movimiento moderno. Sin ser necesariamente urbanista, Jacobs aventura algunas consideraciones generales, conceptuales, que deberían contemplar los diseños urbanos, ya sean nuevos o de rehabilitación, para ser tomados en cuenta, en el cómo deberían ser las calles, las extensiones de recorrido en las mismas, los tamaños de las manzanas y sus mezclas de usos, tomando en cuenta todo esto al visualizar al ámbito de los barrios y por ende al de las ciudades en su conjunto. Todo lo anterior tomando en cuenta precisamente a la gente,  sus comportamientos cotidianos, como referencia fundamental para hacer propuestas concretas de diseño. Es importante reconocer que Jacobs conoció los trabajos realizados por Kevin Lynch y de alguna manera los tomó en cuenta para sus propias investigaciones.

Jan Gehl, reconoce de antemano que tiene una clara influencia de los estudios realizados por Jane Jacobs y también en relación a lo que hizo Kevin Lynch, con la particularidad de que Gehl, ha tenido diferentes e importantes oportunidades, no solo de realizar trabajos de investigación, sino que ha puesto en práctica proyectos concretos, en diferentes ciudades del mundo, incluyendo por supuesto a la misma Copenhagen, lo que podría representar la suma del conjunto de las reflexiones y experiencias de los tres personajes que ahora nos convocan. Los estudios realizados por este arquitecto y urbanista danés, han quedado debidamente registrados en distintos libros que ha publicado, destacando el editado en el año de 1971 con el título de La humanización del espacio urbano, la vida social entre los edificios. Tiene en común con Jacobs y Lynch, en basar sus reflexiones con base en la observación del comportamiento directo de la gente, en sus actividades cotidianas. Tiene en común también con Jacobs, el hecho de contraponer sus propuestas a las del movimiento moderno, que privilegiaba la zonificación y la presencia dominante de los automóviles. Se trata para Gehl, de volver a poner en el centro de sus atenciones a la gente, la gente que recorre las ciudades a pié, en bicicleta o en transporte publico, que vive rica e intensamente las calles, las plazas o los jardines, con la idea fundamental de privilegiar la vida en los espacios públicos, entendidos como una extensión fundamental de la vida privada de la casa. Al ser arquitecto y urbanista practicante, Gehl realiza reflexiones teóricas, pero con la finalidad concreta de ponerlas en práctica en proyectos reales, en donde sobretodo se trata de contar y diversificar los espacios públicos, que cuenten con  buenos diseños, entendiendo que de la calidad de diseño y habitabilidad de los espacios colectivos, dependen en gran medida las conductas de quienes habitan en las ciudades.

A Gehl le atraen en particular las calidades habitables de las ciudades medievales europeas, en las cuales reconoce que las cualidades de sus calles, las construcciones mismas de los edificios que las componen, su escala y materialidad, comportan ambientes urbanos que generan tranquilidad y gozo, propiciando una intensa vida colectiva, lejos de los automóviles, la agitación y estrés que acompañan a algunas ciudades modernas, sobretodo en la interpretación de las ciudades estadounidenses. Le interesan las ciudades de densidades medias, de escalas amables, de extensiones caminables o recorribles en bicicleta o fácilmente en transporte público. Admite sin embargo que podrían haber calles con autos, de manera limitada y controlada, pero sabiamente combinadas con las posibilidades espaciales, para que la gente las pueda recorrer también a pié. Al igual que Jacobs estudia el ámbito de las calles, las plazas y jardines, sus posibilidades de estar en ellas, de recorrerlas, de estar momentos simplemente a pié platicando con vecinos o posibles transeúntes ocasionales o estar sentado en ellas, contemplando el transcurso de las vida y la calidad de los espacios que miran. Pone en juego los estudios que tienen que ver con los sentidos de las gentes, en cuanto a su percepción de los ambientes urbanos, como el oído, la vista, el olfato y hasta el mismo tacto, para sensibilizarse con las texturas que definen estos lugares. Se trata para Gehl, de lograr ciudades o territorios de ciudades,  compactos, que puedan ser caminables, tratando de propiciar una intensa, rica y variada vida colectiva. Vale la pena insistir que Gehl no es tan solo un estudioso teórico de las ciudades, sino que es al mismo tiempo un diseñador practicante de sus ideas, que han quedado plasmadas en diferentes ciudades del mundo. Las imágenes de las calidades habitables de sus diseños, se han convertido en rutas posibles, para ser reinterpretadas en otras ciudades.

Existe un interesante documento, realizado en la Universidad Politécnica de Valencia, en su Escuela Superior de Arquitectura, por parte de Gustavo Vicentini Harboe, con tutoría de Javier Pérez Igualada, que es el resultado de un curso impartido entre 2018 y 2019, en donde desarrollaron un estudio comparativo, entre los libros de Jacobs y Gehl, los que se mencionan en estas reflexiones, con alusiones por supuesto a Lynch, que resulta importante consultar. El título del estudio que se puede consultar en internet es Vida urbana y ciudades para la gente, un análisis comparativo de Jane Jacobs y Jan Gehl en sus textos. Así las cosas, para los interesados en el estudio y diseño de las ciudades contemporáneas, resulta necesario acercarse a las obras teóricas y prácticas de estos tres investigadores, con la idea no necesariamente de repetir a pié de la letra los resultados de sus estudios, sino para tomarlos en cuenta y reinterpretar lo necesario de ellos, incorporando por supuesto ideas propias, que resultan de las propias realidades y necesidades de nuestras ciudades. Es alentador y motivante el hecho, de que el común denominador de estos pensadores a los que hemos hecho referencia en las presentes reflexiones, tienen como eje y sustancia de sus trabajos a la gente, sus necesidades y sus realidades concretas. Se trata de visualizar el presente y futuro de las ciudades con un sentido humanista, dejando atrás en buena medida las conceptualizaciones de las ciudades que se estructuraron a partir de la presencia y movilidad de los automóviles. Las propuestas teóricas de Lynch, Jacobs y Gehl, se han convertido en reflexiones sugerentes, que reinterpretadas, pueden traducirse materialmente en buenos diseños urbanos de espacios públicos, insistiendo en la premisa, que de la calidad y variedad de los espacios urbanos públicos, con los que cuentan las ciudades, se generan calidades de vida y conductas en la gente, que pueden alentar la expresión de sus mejores capacidades sociales, creativas e intelectuales.

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