Escenarios de transformación

Gustavo López Padilla

Los valores que dan presencia a un país, que lo ubican en el tiempo, en la historia, en la geografía política, que posibilitan su trascendencia, que lo mantienen vivo y presente, están directamente relacionados con las expresiones del conjunto de su cultura. Hablamos en este sentido de como se concibe el cosmos, el tiempo, la naturaleza, la filosofía, la política, la economía, la ciencia, la vida en su conjunto y dentro de esta última como se entiende y que valores tienen el hombre y sus relaciones con otros hombres. La cultura de un país está  relacionada en gran medida con las modalidades de sus actividades educativas. La educación tiene que ver con las calidades y el enfoque  de la enseñanza que se imparte en sus escuelas y dentro de ellas juegan un papel relevante sus universidades. El desarrollo del México moderno está vinculado en gran medida a las actividades de la Universidad Nacional Autónoma de México. Formando parte de la cultura, la arquitectura es la expresión construida de los valores de la sociedad y nuestra modernidad urbana y arquitectónica tiene que ver con la educación  que se ha impartido en la UNAM, con una tradición que data de poco mas de dos siglos, desde la fundación de la Academia de San Carlos en 1781, hasta la actual Facultad de Arquitectura. Después de la Facultad de Arquitectura de la UNAM y justamente a partir de ella, hoy contamos en el país con otras instituciones que se suman a la enseñanza de la arquitectura.

1El pasado 8 de noviembre del año en curso, fue inaugurada una exposición en el Museo Universitario de Ciencias y Arte, ubicado dentro de las instalaciones de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, denominada Escenarios de transformación, que da cuenta de algunos de los proyectos arquitectónicos y urbanos mas significativos, que representan para México, las contribuciones de los arquitectos egresados de la propia universidad, al desarrollo moderno de sus ciudades y su arquitectura.  En la exposición se deja constancia del compromiso educativo, de formación, promoción y difusión de la Facultad de Arquitectura de la UNAM,  impulsando el sentido de que la educación que se imparte en esta facultad, se  entiende al final del camino, como el ejercicio de la profesión planteada como un servicio comprometido con el conjunto de la sociedad mexicana. La exposición da cuenta de los trabajos realizados por los arquitectos egresados de la UNAM, desde los inicios del movimiento moderno en México, en la segunda mitad de los años veinte del pasado siglo XX, con los proyectos de los maestros pioneros que iniciaron e impulsaron la modernidad arquitectónica en nuestro país, llegando hasta proyectos recientes de las mas jóvenes generaciones e incluyendo además diseños exitosos, ampliamente reconocidos, de jóvenes estudiantes que cursan actualmente sus estudios en nuestra Facultad.

2El criterio de selección de los proyectos fue por principio de cuentas, el ser incluyentes y diversos, sin menospreciar significación, variedad temática, ubicación geográfica, escala, costos de construcción, repercusión urbana, postura política-teórica- proyectual, nivel social de los usuarios destinatarios, uso de materiales y procedimientos constructivos. Toda selección implica un riesgo, asumir una postura crítica y al final del camino, el conjunto de las doscientas sesenta obras recientes presentadas, mas el conjunto de las de los maestros, representan con fidelidad, los logros, aportaciones y visión de la arquitectura moderna, desde la perspectiva de los arquitectos egresados de la UNAM. La presentación de la exposición comienza con un par de salas en donde se muestra, en una de ellas por un lado,  con algunas publicaciones, fotomurales y sobre todo material audiovisual, los grandes proyectos de los maestros de la arquitectura mexicana contemporánea. Las obras de aquellos que sentaron las bases y construyeron los soportes del México moderno. La otra sala da cuenta de lo sucedido en el año 1968, parteaguas, punto de quiebre en nuestra historia política, social, económica y cultural, año en el que se celebraron las XIX Olimpiadas en nuestro país y ocurre también el movimiento social y político que cambió el rumbo del país, en concordancia con lo que sucedía en otras partes del mundo. Se da énfasis en la exposición a 260 proyectos, realizados entre 1968 y 2016, mostrados de manera fluida y ordenada  temáticamente, desplegados en el amplio, extraordinario, expresivo y luminoso conjunto de espacios que constituyen el Museo Universitario de Ciencias y Artes. Planos, fotografías, maquetas y videos dan cuenta de  ello. Así las cosas se tienen proyectos que tienen que ver con  espacios para la educación,  cultura,  salud, trabajo,  recreación,  pasando por proyectos de vivienda individual particular, conjuntos de vivienda social y vivienda colectiva privada. Existen también diseños destinados al rubro del transporte y la movilidad en general. Obras de arquitectura participativa y autoconstrucción, restauración de monumentos y edificios patrimoniales, sin dejar de lado la restauración de obras emblemáticas de la arquitectura moderna mexicana. Se muestran también algunas realizaciones de planeación, diseño urbano, espacios públicos y arquitectura de paisaje. Se complementa la exposición con algunas informaciones que tienen que ver con hechos significativos que forman parte del desarrollo de la  la política, la economía y la cultura, entendiendo que la arquitectura forma parte  de nuestra experiencia como país en su conjunto.

3Todo este esfuerzo colectivo -en el que participaron los propios despachos que forman parte de la muestra y diversas instancias de la Facultad de Arquitectura- que ahora los invitamos a visitar, es un primer  paso, que cobrará su pleno sentido a partir de que comiencen  las otras actividades paralelas que son consecuencia de la exposición, que tendrán que ver con publicaciones diversas en libros, revistas y periódicos, programas de televisión, radio, conferencias y visitas guiadas, teniendo como centro y esencia de estas actividades el ejercicio de la crítica y la reflexión. Orgullosamente estos somos los arquitectos de la UNAM, esto es lo que hemos hecho, esto es lo que hacemos actualmente, estas son nuestras posturas sociales, políticas y proyectuales frente a la arquitectura y nos planteamos ser mejores justamente  a partir de la propia autocrítica y  valorando las críticas respectivas de los demás, no solo las de los arquitectos, sino las de la sociedad en general, pensando en el  beneficio, evolución y desarrollo de nuestro país, de nuestra sociedad, nuestras ciudades  y  nuestra arquitectura. Una arquitectura que entendemos desde luego como moderna, comprometida con nuestro pasado, siendo conscientes de nuestro presente y visualizando el futuro, una arquitectura que forma parte del mundo globalizado, pero que  deberá seguir respondiendo a nuestras propias necesidades y representar el espíritu, la esencia y la impronta de la cultura mexicana.

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Pasado memorable, incierto futuro.

Gustavo López Padilla

Apenas terminada la Revolución Mexicana, al inicio de los años veinte del siglo pasado, los gobiernos emanados de aquél movimiento social, plantearon que se debían instrumentar diversos programas políticos, sociales y económicos que atendieran las urgentes demandas del conjunto de la sociedad, con atención particular a los grupos de menores recursos, lo que incluía por supuesto a la clase  trabajadora. Así las cosas se propusieron programas de atención a la educación, a la salud y como parte de ello el Programa Nacional de Construcción de Viviendas, con la intención de dotar de espacios habitables dignos, sobre todo a los mas necesitados que emigraban del campo a las ciudades en busca de mejores oportunidades de vida. Para lograr lo anterior se invitó a reconocidos arquitectos, para que pensaran desde sus orígenes como deberían ser las viviendas, con que programas, orden en la distribución de espacios, tratando de aprovechar los materiales y procedimientos constructivos mas modernos, que se introducían en el país, al inicio del siglo XX. Se siguieron las ideas, proyectos urbanos y arquitectónicos, que sobre el tema se desarrollaron como parte del movimiento moderno que se consolidaba en Europa al final de los años veinte del siglo pasado. El Estado Mexicano se convirtió así en promotor, organizador, regulador y vigilante de la calidad de los proyectos, llevándolos hasta su realización con inversiones estatales, alimentadas del manejo de los impuestos. A lo largo del tiempo, el Estado Mexicano organizó distintas entidades gubernamentales a las que les fueron encargadas las realizaciones de los proyectos mencionados, bajo distintas modalidades financieras de inversión y recuperación, asignando los proyectos a los beneficiarios bajo esquemas de renta en un principio y mas adelante mediante ventas directas a los usuarios, con valores, intereses y modalidades de pago preferenciales.

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Proyecto de vivienda obrera. Juan Legarreta

A lo largo de poco mas de cincuenta años, desde el inicio de los años treinta, hasta los primeros años de la década de los noventa, bajo la mencionada dirección del estado mexicano, se realizaron una buena cantidad de proyectos de conjuntos habitacionales, lo que incluye los diseños de los prototipos de vivienda necesarios, que han pasado a formar parte sustancial de la arquitectura mexicana contemporánea, habiendo entendido, en esta práctica profesional,  el ejercicio de la arquitectura como un servicio social. Esta experiencia se remonta hasta proyectos de la importancia y trascendencia de lo realizado por Juan Legarreta, como sus proyectos de la Casa Obrera Mínima, ubicada en la colonia Moctezuma, del año 1932, proyecto realizado en colaboración con Justino Fernández, a lo que se suman los conjuntos Balbuena y San Jacinto, de 108 y 205 unidades habitables, de los años 1934 y 1935, en los que participó también Enrique Yáñez. A estas experiencias se fueron sumando poco a poco otros proyectos, que fueron modelando una parte del rostro de la ciudad de México, de distintas escalas, número de viviendas, densidades construidas, repercusiones urbanas y maneras de entender el diseño urbano, de paisaje y el arquitectónico propiamente de las unidades habitables, como lo fueron la Unidad Modelo No. 9, de 3700 unidades habitables, ubicada en Iztapalapa, del año 1948, diseño en el que intervinieron Félix Sánchez Baylón, José luís Cuevas, Domingo García Ramos, Homero Martínez de Hoyos y Mario Pani, el Conjunto Urbano Miguel Alemán, ubicado en Félix Cuevas y Ave. Coyoacán, de 1080 unidades habitables, considerado el primer multifamiliar de México, del año 1950, diseñado por Mario Pani, la Unidad Habitacional Presidente Juárez, de 950 unidades habitables, ubicada en la Ave. Cuauhtémoc, del año 1952, diseñado por Mario Pani en colaboración de Salvador Ortega, la Unidad independencia de 2500 unidades habitables, ubicada en Anillo Periférico y San Jerónimo, del año 1960, proyecto de Alejandro Prieto Losada y José María Gutiérrez.

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Conjunto Urbano Presidente Alemán. Mario Pani

Mas adelante se sumaron a las anteriores el Conjunto Habitacional Nonoalco Tlatelolco, de 12,000 unidades habitables, ubicado en Paseo de la Reforma, entre el Eje 2 norte y Ave. Ricardo Flores Magón, del año 1964, proyecto de Mario Pani, el Conjunto Habitacional San Juan de Aragón de 10,000 unidades habitables, ubicado al norte de la ciudad de México, cercano al Bosque también llamado Aragón, del año 1964, proyecto de Ramón Torres y Héctor Velázquez, el Conjunto Habitacional Villa Olímpica, de 904 unidades habitables, ubicado en Ave. Insurgentes Sur y Camino a Santa Teresa, del año 1968, proyecto de Ramón Torres, Agustín Hernández, Manuel González Rul y Carlos Ortega,  el Conjunto habitacional Mixcoac Lomas de Plateros, de 2056 unidades habitables, ubicado en Anillo Periférico y Molinos, del año 1971, proyecto de Teodoro González y Abraham Zabludovky,  el Conjunto Habitacional Iztacalco, de 2850 unidades habitables, ubicado en Ave. Río de Churubusco y Tezontle, del año 1974, proyecto de Imanol Ordorika y Mariano Araluce.

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Unidad Independencia. Alejandro Prieto y José María Gutierrez

Poco tiempo después se construyeron: el Conjunto Habitacional la Esmeralda, de 576 unidades habitables, ubicado en Camino a San Juan de Aragón y Gran Canal, del año 1975, proyecto de Gonzalo Gómez Palacio y Gustavo Eichelmann, el Conjunto Habitacional Integración Latinoamericana, de 1460 unidades habitables, ubicado entre Ave. Universidad y Cerro del Agua, del año 1976, proyecto de Félix Sánchez, Luís Sánchez, Gustavo López y Fernando Mota, con la participación también de Héctor Meza y Humberto Ricalde, el Conjunto Habitacional Alianza Popular Revolucionaria, de 4738 unidades habitables, ubicado en Canal de Miramontes y Calzada de las Bombas, del año 1976, proyecto de Miguel Herrera, Honorato Carrasco y Ricardo Gabilondo y cambiando radicalmente de escala de proyecto, a manera de una inserción o acupuntura urbana, el Conjunto Velázquez de León, de 40 unidades habitables, ubicado en Velázquez de león No. 70, del año 1978, proyecto de Gonzalo Gómez Palacio y Gustavo Eichelmann.

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Villa Olimpica. Ramón Torres, Agustín Hernández, Manuel González Rul y Carlos Ortega

A estos conjuntos les sucedieron algunos más que todavía muestran calidades de realización y habitables dignas de tomarse en cuenta, no tantos como se hubiera deseado, hasta que al inicio de los años noventa, en los cuales bajo el mandato y por instrucciones del presidente Carlos Salinas de Gortari, se transformaron y casi se desmantelaron las instituciones que regulaban los proyectos de vivienda y se convirtieron en simples financieras de construcciones, dejando de lado la atención con cuidado, de las calidades de proyectos urbanos y arquitectónicos, cambiando radicalmente el rumbo de las realizaciones de conjuntos de viviendas sociales en México. El Estado Mexicano consideró que la dirección, ordenamiento, realización y mantenimiento de proyectos de esta naturaleza, significaban una carga para el erario y trasladó entonces  su ejecución a la iniciativa privada, que ha visto en lo anterior simplemente una oportunidad de negocios, sin importar donde se ubican los proyectos, su calidad proyectual y el manejo adecuado de sus densidades construidas, lo que ha repercutido en una equivocada extensión territorial construida, horizontal, en las periferias de muchas ciudades en la República Mexicana, quedando de lado el compromiso social y político que había asumido el Estado Mexicano con las clases sociales mas necesitadas, perdiéndose además la idea de que al construir estos conjuntos de vivienda se debería de hacer ciudad, de conformar tejidos urbanos apropiados y olvidando también la calidad habitable de las unidades de vivienda, lo que se ha traducido, al final del camino, en que muchas unidades habitacionales recientes han terminado por ser abandonadas, dada la mala calidad de los proyectos y las construcciones ejecutadas y al no contar con los equipamientos necesarios para ser razonablemente habitadas.

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Mixcoac Lomas de Plateros. Teodoro González y Abraham Zabludovky

Los diseños de los importantes conjuntos de vivienda que aparecen en las imágenes y en el listado de líneas arriba, respondieron a criterios dentro de los cuales se consideraba, que se debía contar con razonables equilibrios entre las áreas de ubicación de vivienda, circulaciones vehiculares, espacios abiertos y algunos otros servicios necesarios en materia de educación, salud, comercio y recreación. Hasta hace aproximadamente veinticinco años, existían normas urbanas precisas que regulaban, de acuerdo al numero de viviendas y la densidad construida, las relaciones porcentuales entre los distintos y necesarios usos del suelo, pensando en la mezcla razonable de los mismos. Las calidades proyectuales, habitables, urbanas, paisajísticas y de los diseños arquitectónicos de las distintas unidades de vivienda, en los conjuntos a los que se hace referencia, han sido valorados hasta el punto  de considerar que forman parte de un pasado, que podríamos llamar memorable de la arquitectura mexicana contemporánea. En cambio, las realizaciones proyectuales y constructivas, de los últimos veinticinco años, forman parte de un presente vergonzoso; casi no hay proyectos que valgan la pena de ser reconocidos. Tal parece que las experiencias previas, valiosas e importantes de diseño urbano, arquitectónico y de paisaje de estos proyectos de unidades habitacionales, hubieran quedado en el olvido y así las cosas, el presente y sobre todo el futuro en esta materia, el de la vivienda de interés social, son inciertos, pobres y poco alentadores, significando además las  malas realizaciones recientes, un importante deterioro de gran parte del territorio de las ciudades, sobre todo en sus periferias, que han sido depredadas, ambientalmente hablando, para dar paso a estas horribles extensiones construidas.

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Integración Latinoamericana. Félix Sánchez, Luis Sánchez, Gustavo López, Fernando Mota, Hector Meza y Humberto Ricalde

Es fundamental entonces hacer un alto en el camino, valorar críticamente  lo realizado en los proyectos destacados a lo largo del siglo XX en materia de vivienda social, reflexionar también en relación a los errores de nuestro pasado mas reciente y plantear mejores alternativas pensando en el futuro de nuestras ciudades, que requieren necesariamente de proyectos de vivienda social. Es importante dejar atrás la idea de construir proyectos que extiendan aún más las manchas territoriales, ocupando áreas verdes fundamentales para el equilibrio ecológico del conjunto de las ciudades y realizar entonces proyectos en el corazón de las mismas, sobre todo considerando densidades medias, conjuntos de no muchas unidades habitables, a manera de acupunturas urbanas, evitando la problemática de la administración, costos de mantenimiento y convivencia, asociados a los grandes conjuntos y pensar además que los nuevos proyectos de vivienda social y de la vivienda en general, deben ir necesariamente acompañados de la construcción de nuevos equipamientos en materia de salud, comercio, educación y recreación, a lo que hay que sumar, nuevos espacios públicos y lugares verdes, para que la población tenga a donde ir y realizar actividades saludables y comunitarias. Ha sido un error la construcción de muchas unidades habitables, sin considerar estos requerimientos de equipamientos.

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Velázquez de León #70. Gonzalo Gómez Palacio y Gustavo Eichelmann

Hacer vivienda social tiene que implicar necesariamente hacer ciudad, pensando en conseguir entornos con imágenes urbanas bien diseñadas, bellas podríamos decir, que  contribuyan a lograr una mayor calidad habitable para el conjunto de la ciudad. La revisión y replanteamiento de las políticas de vivienda social,  deben volver a ser  un claro compromiso del Estado Mexicano para con la sociedad, con acciones propias y regulando adecuadamente las acciones de la iniciativa privada; además, no pueden plantearse de manera aislada, romántica y utópica, sino al contrario, deben formar parte integral de las políticas del Estado Mexicano en su conjunto, pensando antes que nada en impulsar sobre todo la educación de calidad, mejoras en cuanto a las cantidades y calidades de las oportunidades de trabajo, definiendo  mejores niveles de salarios, de tal manera que el conjunto mayoritario de la sociedad pueda ser sujeto de crédito y así plantear alternativas proyectuales en materia de vivienda, a las cuales se pueda acceder razonablemente. La gente no puede atender debidamente  sus requerimientos de vivienda, sin que en paralelo se vayan resolviendo sus necesidades de educación, trabajo, alimentación, salud, vestido y recreación.

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Remozamiento del Parque México

Gustavo López Padilla

En los últimos años el Parque México, llamado también San Martín, ubicado en la colonia Hipódromo,  uno de los espacios públicos verdes mas emblemáticos de la ciudad de México, fue sometido a importantes trabajos de remozamiento, que fueron concluidos recientemente con la reapertura de su foro al aire libre, denominado Charles Lindbergh, incluyendo además trabajos que tienen que ver con sus cuerpos de agua, uno de ellos un  pequeño lago que colinda hacia el norte con el propio foro y algunas otras fuentes que conforman el conjunto del parque. A partir de lo anterior, mas allá de la importancia de estos trabajos de mantenimiento y restauración, que debieran ser periódicos, preventivos, para garantizar su adecuado funcionamiento y la calidad paisajística y vivible del parque que disfrutan los cientos o miles de personas que lo visitan diariamente, vale la pena reflexionar sobre el pasado y presente del conjunto del desarrollo urbano en la ciudad de México.

planoEs significativo que durante los años veinte, treinta, cuarenta y cincuenta -mismos que corresponden con una importante expansión del territorio urbano y de la población de la ciudad de México-  aparecieron nuevas colonias y zonas de desarrollo, respondiendo a criterios proyectuales que fueron acordados entre los inversionistas de los desarrollos, los representantes gubernamentales y los arquitectos e ingenieros responsables de sus diseños, muchos de ellos destacados, que forman parte esencial de nuestra historia urbana y arquitectónica moderna; criterios  dentro de los cuales se plantearon lotificaciones que respondieron al mercado inmobiliario de la época, pero que incluyeron además la incorporación de importantes espacios públicos, abiertos, democráticos, entre los que se cuentan parques, plazas, glorietas y avenidas amplias con camellones arbolados. Hubo entonces una visión de conciliar la idea de hacer ciudad, de manera generosa, amable, vivible, con imágenes urbanas sencillas, claras, ordenadas, con personalidad propia, armonizando lo anterior con la postura de hacer negocios que fueran rentables.

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La colonia Hipódromo comenzó su construcción, en la segunda mitad de los años veinte, de la mano de los fraccionadores José de la Lama y Raúl Basurto, habiendo sido encomendado el proyecto de diseño urbano al arquitecto José Luís Cuevas, quién retomó ideas que se habían experimentado previamente en algunas ciudades inglesas y de los Estados Unidos de Norteamérica, que en esencia tomaban en cuenta lo que se denominó como ¨las ciudades jardín¨, en las cuales los espacios públicos y sobre todo los verdes son considerados prioritariamente, pensando en la calidad de la vida comunitaria de los pobladores de estos desarrollos urbanos, armonizando y mezclando equilibradamente diferentes usos del suelo. Seguramente en el diseño de la Hipódromo, estuvieron presentes también los criterios paisajísticos que Frederick Law Olmstead experimento en algunas ciudades norteamericanas como Nueva york y Boston y así las cosas,  para la Hipódromo, desde sus consideraciones iniciales, se planteó que contaría con un amplio parque, que se ubicó al centro del desarrollo, retomando en alguna medida la traza de la preexistencia de lo que fueran las instalaciones del Hipódromo de la Condesa; espacio verde de casi 90,000 m2 de forma elíptica, determinando así en buena medida la condición un tanto orgánica del conjunto de la colonia. Coincidió con el arranque de los trabajos de construcción de la Hipódromo, la presencia del movimiento Art Decó que se había originado en Europa, teniendo notables repercusiones en México, justamente entre la segunda mitad de los años veinte y manteniendo una permanencia hasta los cincuenta. El Foro Lindbergh, diseñado por Leonardo Noriega y Javier Stávoli, representa fielmente dentro del parque las expresiones Decó.

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Desde el punto de vista urbano, sobre todo en lo que tiene que ver con los elementos constitutivos de sus equipamientos, la Hipódromo es también representativa del mencionado movimiento cultural. En congruencia, una buena parte de las construcciones que se levantaron inicialmente en la colonia, siguieron formal y compositivamente  los criterios Decó, de la mano de diseños de notables ingenieros como lo fueron Francisco J Serrano,   José María Buenrostro y arquitectos como Juan Segura y Ernesto I. G,  entre otros. Los planteamientos urbanos, paisajísticos, de equipamiento e infraestructura, fueron tan buenos y racionales desde sus inicios,  que hoy en día se han actualizado con bastante naturalidad, respondiendo a las condiciones de vida, aplicación de densidades construidas mayores y a la economía actual,  manteniendo una presencia y calidad tales, que continúa siendo la colonia Hipódromo, una de las mas importantes, vivibles, atractivas y rentables de la ciudad de México.

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Lo anterior vale la pena contrastarlo con la mayoría de los desarrollos urbanos que se han ejecutado en la ciudad de México en los últimos años y las comparaciones son totalmente desfavorables para los desarrollos recientes. Mientras en la Hipódromo se pensó en la idea de hacer ciudad con visiones de futuro y rentabilidad financiera razonable, en la actualidad se piensa solamente, de manera egoísta, en la inmediatez de hacer un negocio  inmobiliario, sin pensar en la ciudad, sin considerar la vida presente, menos aún la futura y sin tomar en cuenta a la gente que habita y habitará los desarrollos urbanos. El deterioro de las nuevas áreas urbanas ha llegado pronto y las insuficiencias de infraestructura y espacios públicos recaen en la vida cotidiana de las poblaciones que las habitan. Recuerdo todavía que hasta finales de los años setenta, existían reglamentaciones precisas que definían, para un número determinado de viviendas, la obligación de dejar espacios abiertos verdes y los equipamientos necesarios en materia de comercio, educación y salud, de tal suerte que se promoviera un desarrollo urbano armónico y vivible. Hoy estas reglamentaciones han quedado en el olvido y la brutalidad de los nuevos desarrollos ha provocado fuertes desequilibrios urbanos para la ciudad de México, afectando negativamente la calidad de vida del conjunto de los pobladores de la capital de la República.  Pienso a manera de ejemplos negativos, en los desarrollos urbanos ubicados, uno de ellos en la confluencia del Anillo Periférico y San Antonio, en lo que fuera una fábrica de cementos, o en otro conjunto de viviendas, oficinas y museos, que forman parte de la llamada Plaza Carso. Ni a las autoridades, ni a los inversionistas, ni a los arquitectos y urbanistas, les ha importado la ciudad y la gente.

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Celebrar la reapertura las Foro Lindbergh y el conjunto de las instalaciones del formidable Parque México, nos debería motivar a realizar una serie de reflexiones sobre lo que hemos hecho en materia de desarrollo urbano en nuestra ciudad, en los últimos años, incluyendo los horrendos desarrollos ubicados en las periferias de la ciudad y replantear lo que imaginamos y queremos para el futuro de nuestra ciudad, pensando en aquella máxima de que ¨las ciudades se hacen y rehacen en el tiempo¨. Si hemos hecho una gran cantidad de barbaridades urbanas, es tiempo de reorientar el camino, destruir una buena parte de lo que hemos hecho mal y hacerlo mejor, nuevamente, aprendiendo de nuestros errores, valorando la importancia de contar con una ciudad compacta, vivible, pensando en la gente que camina y anda en bicicleta, mezclando diferentes densidades construidas y usos del suelo, privilegiando las densidades medias y con ello la necesidad de contar con mas espacios públicos abiertos, democráticos, tratando de acercarnos a la norma internacional consensada, de contar con entre 12 y 15 metros cuadrados por habitante, en lo que tiene que ver con los espacios verdes. La calidad construida de nuestras ciudades, que incluye no solo a sus edificaciones, sino también los espacios públicos necesarios, debiera ser el resultado de la voluntad colectiva de quienes las habitamos. Unas ciudades que nos incluyan a todos y no que privilegien a manera de islas urbanas, a unos cuantos que pueden vivir en desarrollos exclusivos. Queremos ciudades y en especial a la ciudad de México, con mas Parques México, entendidos a la manera de Frederick L. Olmstead, como sistemas integrales dentro de la infraestructura de la ciudad. Parques abiertos con sus áreas arboladas, con sus cuerpos de agua que den vida y alojamiento a aves y peces, con sus foros abiertos en los cuales se desarrollen distintas actividades culturales y de convivencia del conjunto de nuestra sociedad.

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Compromisos con la memoria

Reflexiones sobre el patrimonio arquitectónico moderno

Gustavo López Padilla

La memoria no es lo que recordamos, sino lo que nos recuerda. La memoria es un presente que nunca acaba de pasar.

                                                                                                                        Octavio Paz.

En un artículo publicado por el Doctor Arquitecto Profesor de la Escuela de Arquitectura de Madrid Alfonso Muñoz Cosme sobre El patrimonio arquitectónico y la ley de memoria histórica nos comenta: Las ciudades y su arquitectura constituyen la memoria construida de la sociedad. En las calles y en los muros de las urbes se van acumulando los estratos del pasado, creando la obra colectiva mas elocuente para expresar la historia y las transformaciones de la civilización. Pero la arquitectura y los espacios urbanos son también el escenario del presente, que utilizamos para desarrollar nuestra vida y el espacio futuro que queremos crear, para disfrutarlo nosotros y legarlo a las generaciones venideras. Alfonso Muñoz nos comenta además: De esta forma una ciudad viva, una arquitectura viva, son las que reutilizan los elementos del pasado y a la vez construyen el presente e innovan el futuro. Termino aquí la cita.

De manera natural, las sociedades y sus ciudades, al paso del tiempo van acumulando un patrimonio construido, que tiene que ver con los distintos periodos históricos por los que han transitado. Algunas remontan su patrimonio hasta los años anteriores a la era cristiana y otras más jóvenes, están vinculadas a lo que llamamos  ¨la modernidad. Hablando en lo particular de lo que sucede en México, nuestro patrimonio construido se remonta hasta  la época prehispánica, que podemos fechar desde el año 2500 AC, hablamos de un periodo creativo y fecundo constructivamente hablando. que se interrumpe con la conquista en el año 1521; a lo anterior le sucede el tiempo de la colonia que va de 1521 a 1810, que corresponde con nuestra independencia nacional  y naturalmente se suma a lo anterior el tiempo mas reciente, lo que tiene que ver con el periodo contemporáneo, pasando por los movimientos de La Independencia Nacional, precisamente en 1810, la Revolución Mexicana del año 1910 y de ahí hasta los tiempos actuales. En términos de valoración patrimonial nos ha sido relativamente sencillo considerar las ciudades y la arquitectura, desde nuestros orígenes hasta los principios del siglo XX. Un elemento fundamental en lo anterior es sin duda, la calidad del conjunto de las ciudades y sus obras y lo que los entendidos llaman la valoración de estas obras tomando en cuenta su perspectiva histórica. En contraposición, hemos minimizado lo que tiene que ver con el desarrollo contemporáneo  de nuestras ciudades y su arquitectura moderna, hablamos de lo sucedido después del año 1920. Pero si lo pensamos con detenimiento a partir de la misma idea de perspectiva histórica, no podemos dejar de recordar, que sin transitar plenamente a través de lo sucedido en Europa entre la revolución industrial, que se inicia a mediados del siglo XVIII y el protoracionalismo de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, nosotros nos subimos de improviso, de la noche a la mañana, al carro de la modernidad, a partir de los años veinte del siglo pasado y así las cosas han transcurrido poco mas de noventa años desde aquellos hechos históricos. Luego entonces ha pasado suficiente tiempo, como para que valoremos  nuestra arquitectura moderna, con la misma importancia que asignamos a las arquitecturas prehispánica y colonial. Pero la cuestión del asunto es que no solo hemos sido desdeñosos en la valoración patrimonial de la arquitectura moderna, sino que hemos desarrollado una constante actividad destructiva, desapareciendo sin consideración alguna muchos edificios y zonas urbanas completas, que bien valía la pena que fueran conservadas y que debían haber sido tomadas en cuenta como patrimonio nacional.

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Paseo Jacarandas, 1957,  Arq. Ramón Torres y Hector Velazquez, (Demolido)

Es importante reconocer que el propio movimiento moderno nació con una actitud arrogante, planteando que deberían desaparecer sectores importantes de las ciudades, que se consideraron con poco valor cultural, para dar paso a sus propuestas urbanas y arquitectónicas, apoyándose en criterios como racionalidad, eficiencia,  economía y funcionalidad, asumiendo que la arquitectura moderna debía ser mejor que lo preexistente y que con su práctica se podrían resolver las grandes demandas de las poblaciones que se incrementaban en las ciudades, después de la primera guerra mundial, debido a la aparición en las mismas ciudades, de mejores oportunidades de trabajo y también mejores condiciones de vida. En este sentido el ejemplo más elocuente de la arrogancia del movimiento moderno, lo representa la propuesta Lecorbusiana del Plan Voisín, planteado para la ciudad de París, del año 1925, que proponía demoler una sección importante de la ciudad, para dar paso a un diseño urbano moderno, apoyado en las ideas de zonificación de los usos del suelo y construir edificios altos, espacios jardinados y calles regulares, proyecto que no le permitieron realizar al maestro del movimiento moderno. Con el mismo sentido, en nuestro país, a manera de ejemplos, fue notable la destrucción, al inicio del movimiento moderno en México, de importantes sectores de la ciudad de México, como una buena parte de la colonia Juárez, acción documentada claramente por el maestro de la UNAM el Arq. Vicente Martín, en los Apuntes para la historia y crítica de la Arquitectura Mexicana del siglo XX, en su volumen I, edición de la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes. Entre otras se suman también a lo anterior, intervenciones importantes en la colonia Roma, que han sido ampliamente comentadas y documentadas, por diferentes instancias e incluyendo al mismo INBA. Esta actitud intolerante, inculta, irracional, insensata, destructiva, sin valorar con detenimiento lo que se demolía, con la que se ejerció el movimiento moderno en nuestro país, al paso de los años de transformó en una mala costumbre, una practica cotidiana y finalmente se ha vuelto contra el mismo movimiento moderno, desapareciendo sin miramientos muchos edificios, que como ya comenté líneas arriba, bien valía la pena que fueran conservados. Al destruir o transformar acríticamente y quiero insistir en el término, acríticamente, siguiendo solamente tendencias del mercado inmobiliario, sectores valiosos  de nuestras ciudades u obras particulares importantes de nuestra arquitectura moderna, lo que hemos estado haciendo es crear huecos o vacíos dentro de nuestra memoria. Hoy en día, el cuerpo esencial de nuestra cultura construida, de nuestra historia y tradiciones, ha quedado incompleto al no haber cuidado el lugar que debían merecer obras correspondientes a la arquitectura moderna. Esta práctica se sigue ejerciendo cotidianamente en muchas ciudades de la República Mexicana y los vacíos culturales se van haciendo cada vez mas grandes. Cruzamos entonces la frontera entre la memoria al olvido.

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Presencia de la Colonia Juárez, D.F. de los años 20, siglo XX

 Las muestras evidentes de incultura en la destrucción del patrimonio contemporáneo de la arquitectura en México, desde luego es responsabilidad del conjunto de la sociedad mexicana, de sus gobiernos al paso de los años y nos atañe de manera directa a los arquitectos. Por principio de cuentas, los arquitectos mexicanos hemos estado lejos de la tradición que tiene que ver con la documentación histórica y el ejercicio de la crítica, en lo que se refiere a nuestra arquitectura contemporánea. A diferencia de lo que sucede con las arquitecturas prehispánica y colonial, de las cuales existen numerosos estudios y publicaciones, muchas de ellas realizadas desde diferentes enfoques y a veces correspondiendo con trabajos de extranjeros, que la sociedad en general conoce y valora, a partir de que están presentes en los estantes de  librerías y tiendas departamentales, que en general la sociedad frecuenta, se ha tomado conciencia de la importancia de su conservación patrimonial. En contraposición podemos contar casi con los dedos de las manos, los trabajos serios, atractivos, bien documentados, que terminan siendo  libros y revistas e incluyendo también lo que tiene que ver con  los medios contemporáneos de comunicación, que poco se preocupan y ocupan por el registro histórico y la valoración crítica de nuestra arquitectura moderna. Hemos perdido mucho de nuestro patrimonio construido contemporáneo, pero por fortuna contamos todavía con mas obras que bien vale la pena que consideremos como parte de nuestro legado histórico, como experiencia valiosa de nuestro pasado reciente y que nos permitirán visualizar de mejor manera el presente y el futuro. Aquí entonces existe mucho por hacer y los arquitectos somos corresponsables en esta tarea.

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Casa  Cecil O’Gorman, 1929, Juan O’Gorman

De manera natural, al paso del tiempo, existen obras que se van cargando de significados de distinta naturaleza, mismos que pueden ser políticos, sociales, culturales, emocionales o históricos, luego entonces la sociedad identifica las obras y las hace suyas, pasando a formar parte de su patrimonio vivencial. En este orden de cosas, es fundamental que los arquitectos en nuestro país asumamos plena y conscientemente la responsabilidad que nos toca, e impulsar  y realizar los trabajos necesarios, primero de  documentación histórica de las obras de nuestra modernidad. Pero no solo es necesario hacer lo anterior, el compromiso implica además una actividad paralela, que debe ser constante y eficiente, referida a la difusión de los trabajos de documentación, para que la sociedad en general conozca las obras. Un verdadero movimiento que impulse la conservación de las obras, tiene que tomar en cuenta necesariamente el pensar y sentir del conjunto de la sociedad, la labor solo de los arquitectos es muy limitada. La sociedad debe saber, participar y concientizarse en relación a que obras, de las que forman parte de su cotidianeidad, de su vida diaria, deben estar en la balanza de las valoraciones y así poder identificar si tienen un carácter patrimonial y luego entonces impulsar movimientos y leyes que las protejan. Con la documentación histórica, al mismo tiempo se debe desarrollar una actividad de crítica a las mismas obras, para sopesar sus valores y significados urbanos, así como sus específicos valores compositivos, formales, vivenciales, sociales y políticos, para de esa manera identificar cuales vale la pena considerar como patrimonio y así plantear tres escenarios posibles: primero cuales obras se deben conservar tal y como están ahora, tocándolas apenas, en segundo término cuales deben ser restauradas de acuerdo con sus planteamientos de programa originales y finalmente cuales otras pueden ser intervenidas, como y de que manera, para que respondan a los requerimientos de vida y funcionales mas actuales. La actividad de la crítica, constante, sistemática, ordenada, clara, entendible, abierta, plural e incluyente, es el instrumento esencial que nos permite reconocer la trascendencia de las obras. Sin el ejercicio de la crítica constante se da paso a los peores escenarios de destrucción patrimonial. La critica urbana y arquitectónica, a diferencia de otros ejercicios de crítica, se hace entre la intimidad y la calle, en base a lecturas y recorridos, continuos y comparativos de las obras. Vale la pena recordar, que la mejor escuela de arquitectura que existe en el mundo es justamente la calle. En este sentido Josep María Montaner, crítico e historiador contemporáneo español, en su libro llamado precisamente Crítica, nos comenta: La actividad del crítico de arquitectura también es nómada. El lugar donde  ejerce su juicio es en el interior de la misma obra arquitectónica, recorriendo sus espacios y valorando su realidad material dentro del entorno y de la ciudad.

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Escuela Normal de Maestros, 1945, Mario Pani

Como planteamiento metodológico, en primer instancia es necesario identificar el valor urbano de las obras, que en ocasiones llegan a constituir tejidos, en los que lo que vale la pena es el conjunto de los proyectos y no necesariamente el valor en lo individual de cada una de las obras. Las colonias Hipódromo y Condesa, en la ciudad de México, con sus proyectos Art Decó, de los años treinta y cuarenta del siglo pasado, son un buen ejemplo de lo anterior, en donde si abstraemos una obra en lo individual, es posible que cuente con un valor limitado, pero el conjunto de las obras en las colonias, constituye un entorno urbano que muestra una notable calidad proyectual y habitable, habiendo experimentado con el principio de  unidad en la variedad, como es el caso semejante de algunas ciudades europeas como París, Barcelona, Amsterdam o Copenhagen. Evidentemente en estos contextos consolidados, existen obras que destacan en su individualidad, que merecen atención propia y se han convertido en hitos o referencias esenciales dentro del conjunto de las ciudades y la arquitectura. La identificación valorativa de la individualidad de las obras, constituye la otra parte del planteamiento metodológico con las que hay que mirar estas obras, a lo que se deben sumar consideraciones de carácter histórico, social, económico y político.

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Edificio San Martín, 1931, Colonia Hipódromo, D.F., Ing. Ernesto I. G. Buenrostro.

Las obras del movimiento moderno, además de formar parte de nuestro patrimonio cultural construido, pueden convertirse en un impulso importante de la economía. Mucha gente en el mundo, está dispuesta a invertir su tiempo y dinero en viajes de miles de kilómetros, con la finalidad de disfrutar la presencia, recorrido espacial y vivencial de obras urbanas y arquitectónicas que forman parte de la modernidad. Por ejemplo, muchos hemos realizado viajes para disfrutar ciudades como París, Lisboa, Londres, Nueva York, Cartagena de Indias, Barcelona, Brasilia y desde luego incluyendo la espléndida ciudad de Guadalajara. En la particularidad de la arquitectura, le dedicamos tiempo y dinero para disfrutar obras de autores como Lecorbusier, Wright, Gropius, Aalto, Niemeyer, Eladio Dieste, Frank Ghery, Peter Zumthor o Rogelio Salmona  y muchos otros, así como vemos a viajeros que frecuentemente visitan en nuestro país las obras de Barragán, como su casa o el Convento de las Capuchinas Sacramentarias, las de Juan O´Gorman, como las Casas Taller de Frida Kahlo y Diego Rivera, el restaurant de los manantiales en Xochimilco, de Félix Candela, las de Pedro Ramírez Vázquez como el Museo Nacional de Antropología, el espléndido conjunto de Ciudad Universitaria, reconocido como Patrimonio Nacional y Patrimonio de la Humanidad o el Mercado Libertad de Alejandro Zohn, aquí en Guadalajara, por citar tan solo algunos ejemplos conocidos. Pero la lista de obras evidentemente es mayor, solo que no han sido debidamente valoradas, siendo necesario impulsar la edición de un mayor número de libros, revistas y guías arquitectónicas, que documenten y orienten a los interesados, a los turistas, nacionales y extranjeros, para conocer y disfrutar obras contemporáneas que valen la pena.

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Casa Barragán, 1948, Luis Barragán

Además de que los arquitectos mexicanos, en el ejercicio de su profesión, asuman su responsabilidad de lo que hemos comentado, es importante fomentar en las Escuelas de Arquitectura, entre los jóvenes, cursos y  actividades permanentes que tengan que ver con la investigación e identificación del patrimonio construido moderno, que se traduzcan finalmente en documentación histórica y crítica. En relación a lo que hemos platicado, la participación de los jóvenes, de las nuevas generaciones es fundamental. Siendo igualmente indispensable que estos trabajos universitarios sean conocidos por el conjunto de la sociedad para contribuir a la conciencia social sobre el valor patrimonial de la arquitectura moderna. Nuevamente, tienen una repercusión limitada estos trabajos, por muy buenos que sean, si solo se quedan en el ámbito de las aulas. En este orden de cosas es importante considerar su difusión y discusión, aprovechando los distintos medios de comunicación, como cine, televisión,  radio,  prensa y la publicación masiva de libros y revistas, sin olvidar por supuesto a los medios de comunicación mas recientes como el internet, Facebook y twitter, estas últimas herramientas de difusión de las ideas, que en los últimos años han tenido un fuerte impacto social y que entre los jóvenes son muy populares. Tampoco podemos  olvidar lo que se puede hacer a través de la literatura, el teatro e incluso la danza, en las cuales puede estar presente la arquitectura y las ciudades contemporáneas de diversas maneras, entendiendo que la arquitectura forma parte integral de la cultura. La arquitectura moderna puede y ha sido el escenario mismo de la representación de las ideas de estas otras expresiones del arte. Existe por ejemplo un importante número de novelas y películas, nacionales y extranjeras, en las cuales las ciudades y la arquitectura moderna son protagonistas esenciales. Recuerdo que en los años cuarenta y cincuenta, en muchas de las películas de las que se consideran esenciales dentro del cine mexicano, comenzaban con imágenes de algunas zonas o suburbios de nuestras ciudades, con tomas que daban cuenta de su modernidad. Eran reiteradas las tomas aéreas de la glorieta de Colón, de la ciudad de México, mostrando sus imágenes de modernidad, sus visiones cosmopolitas, desde la perspectiva de las obras de Mario Pani o Juan Sordo Madaleno y que decir de las películas de los jóvenes de los años sesenta, que mostraban la gran Biblioteca de la UNAM de O´Gorman o el espléndido estadio universitario, proyecto de Augusto Pérez Palacios. La ciudad de Acapulco y sus hoteles modernos, quedaron registrados en las divertidas películas de Mauricio Garcés y Enrique Rambal. Mas recientemente podemos recordar la película Solo con tu pareja, en la que los protagonistas desarrollan parte de la trama recorriendo la Torre Latinoamericana, proyecto moderno, funcionalista, de Augusto H. Álvarez, mostrando además tomas nocturnas de la ciudad de México desde el mirador alto de la misma torre. Los ejemplos sobran y son memorables en este sentido algunas películas extranjeras, como las de Woddy Allen, en las cuales distintas ciudades han estado presentes. Recuerdo en particular la película Manhattan.

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Ciudad Universitaria, 1948, Varios Autores

Como parte de los procesos de investigación y documentación del patrimonio moderno construido, se debe establecer una relación cercana y productiva entre los trabajos de los arquitectos en lo individual, los de las universidades, incluyendo la responsabilidad de los Colegios de Arquitectos y aquellas otras instancias del estado como el Instituto Nacional de Bellas Artes, los gobiernos nacionales y locales, no solo para que se documenten y acrediten los proyectos que deben ser considerados patrimonio, sino para que se puedan elaborar las políticas y leyes correspondientes, en sus distintas modalidades y apartados, para que el resguardo de las obras sea razonable y cuente con una seguridad institucional y legal. Es de esperase que como resultado de este 1er. Coloquio Internacional El Patrimonio Moderno en Iberoamérica, se puedan enriquecer  algunas líneas de acción para que nuestro objetivo se pueda consolidar en un futuro cercano.

Restaurante Los Manantiales, Félix Candela y Joaquín Álvarez Ordoñez. Ilustración:Natalia González Piña

Restaurante Manantiales, 1958, Félix Candela

Un problema fundamental en la conservación de las obras aparece cuando mueren sus moradores originales, cuando aparecen problemas hereditarios, cuando dejan de ser útiles o rentables y quedan a la deriva, en el abandono. En los entornos de las ciudades las vemos deteriorarse poco a poco, hasta que muestran una presencia de ruinas, lamentable, independientemente de su valor urbano y arquitectónico, hasta el punto en el cual parece que la mejor opción es demolerlas y levantar nuevos proyectos y construcciones. También sufren aquellas que tienen destinados pocos recursos para su operación y mantenimiento. Así las cosas algunas gentes levantan sus voces, llamando la atención sobre estas obras y es frecuente que se proponga inmediatamente que se conviertan en museos. Pero como sucede con muchas obras que adquieren valor patrimonial, evidentemente no todas  pueden, ni se deben convertir en museos. El que se transformen en  viviendas en sus distintas modalidades, nuevas oficinas, hoteles, escuelas o comercios, les permite un cuidado y mantenimiento mas razonable, siendo necesario que al conjunto de las obras que muestran signos de abandono, se les dedique tiempo y creatividad, para descubrir e instrumentar esas otras vocaciones de uso, respetando la esencia misma de los proyectos, pero que las vuelva necesariamente autofinanciables, para que se conviertan en impulsoras de la economía y no en una carga para sus propietarios o para la sociedad. En este sentido se puede aprovechar el criterio de plantas libres, continuidad  o versatilidad de los espacios, que es característico de una buena cantidad de obras contemporáneas y que permite justamente una gran variedad de posibilidades en su reconversión de uso.

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Flora 20, 1992, Saya+ Arquitectos

Quiero finalmente cerrar mis comentarios trayendo de nueva cuenta a la mesa las sabias palabras del poeta, poniéndoles particularmente atención, reconociendo que acercarnos a la poesía siempre es una posibilidad que nos orienta e ilumina los sentidos y el pensamiento; y entonces Octavio Paz nos dice: La memoria no es lo que recordamos, sino lo que nos recuerda. La memoria es un presente que nunca acaba de pasar. Cierro la cita del poeta y así entonces la presencia de la arquitectura moderna, nos recuerda, nos hace y mantiene presentes y en particular a los que hemos vivido parte del siglo XX y lo que va del siglo XXI y nos puede proyectar de mejor manera hacia el futuro tomando en cuenta el conjunto total de nuestro patrimonio edificado, lo que necesariamente implica la arquitectura moderna.

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El relevo generacional en la Arquitectura Mexicana Contemporánea

Gustavo López Padilla

Quiero comenzar recordando al poeta y ensayista Octavio Paz, quién afirma: el arte de la modernidad ha sido, simultáneamente, creación crítica y crítica creadora; el mismo comenta además que reconoce en la crítica a la madre del cambio, entonces aquí y ahora se conjuntan varias cosas, por un lado la realidad de que existe un cambio generacional en la arquitectura mexicana contemporánea y por otro la necesidad ineludible de intentar entenderlo justamente a partir del ejercicio de la crítica. La crítica entendida como una de las palancas fundamentales que posibilitan la evolución del ser humano, de la cultura en su conjunto y por ende de la propia arquitectura. Es importante reconocer que en los últimos veinte años se han incrementado y mejorado, en nuestra arquitectura, las actividades que tienen que ver con la documentación histórica y la crítica. Si bien todavía no son suficientes, se comienza a perfilar una cultura que tiene que ver con ambas y que seguramente contribuirán para entender de mejor manera, cuáles son los valores que acompañan actualmente nuestra arquitectura y cuáles pueden ser los rumbos en el  tránsito entre el presente y el futuro de la misma, pensando que la crítica pueda contribuir en la consecución de un mayor compromiso social en la ejecución de las obras, mejor entendimiento de la relación entre arquitectura y ciudad, que los proyectos propiamente arquitectónicos alcancen mayores calidades en lo que tiene que ver con sus propuestas conceptuales y pragmáticas y así la arquitectura mexicana logre renovadas contribuciones a nuestra propia realidad construida en las ciudades que habitamos, consolidando en la historia, la nuestra y la de los otros, su lugar de trascendencia.

libro

La metodología y el camino recorrido para llegar al final a la presentación del libro El relevo generacional en la arquitectura mexicana contemporánea, se inicia con la propuesta que hice al Arq. Honorato Carrasco, Secretario de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, para realizar una exposición sobre jóvenes arquitectos mexicanos, que terminó llamándose 21 jóvenes arquitectos mexicanos, relevo generacional, que se presentó en la citada facultad en el mes de septiembre del año 2012 e hizo varios recorridos por la República Mexicana, incluyendo las ciudades de Mérida, Tijuana y Monterrey y que el año que viene culminará sus presentaciones aquí justamente en el Museo de Arquitectura, en este Palacio de Bellas Artes. Para la realización de la exposición mencionada hice equipo con los arquitectos Honorato Carrasco Mahr y Lucía Zesati. Agradezco a ambos su entusiasmo, su valiosa e inteligente participación en la realización de dicha exposición. Ya para el libro, apoyado en los resultados de la exposición, decidí ampliar el número de despachos a treinta, tratando al igual que en la exposición, de que la muestra fuera lo más representativa e incluyente posible, tomando en cuenta las distintas regiones geográficas y culturales del país, las diferentes maneras de entender y enfrentar la arquitectura experimentadas por los jóvenes e incluyendo, con un interés particular, las experiencias que tienen que ver con las mujeres.

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         Para entender lo que han realizado los jóvenes despachos en nuestra arquitectura reciente, vale la pena hacer algunas consideraciones de carácter general. Es claro que en el mundo se consolidan, cada vez más, las condiciones de diversidad y globalidad económica, cultural, tecnológica y sobre todo lo que se refiere al desarrollo del universo de las comunicaciones. Ideas y proyectos que se piensan y ejecutan en distintas regiones geográficas, relacionadas con diversas economías, culturas, formas de vida y desarrollos tecnológicos se conocen de manera inmediata, enriqueciendo el repertorio de referencias que se pueden considerar a la hora de desarrollar nuevos proyectos. Los jóvenes están inmersos en este rico y variado universo de la información, muchos nacieron con el mismo, se mueven en él con fluidez y naturalidad, incluyendo desde luego lo que tiene que ver con el internet y las redes sociales, que en los años recientes han desplegado una intensa, variada y cambiante actividad. Los últimos diez años, a nivel mundial, se han caracterizado también por una constante crisis económica, política y social, que ha tocado por igual a países desarrollados, en vías de desarrollo y por supuesto a los más pobres. Como resultado de lo anterior, se han generado movimientos de protesta y demanda de mejoras de todo orden y sobre todo educativas, en las cuales los jóvenes en particular han desempeñado un papel central y lo siguen haciendo.

Conjunto de Departamentos  13 de Septiembre Javier Sánchez, Juan Reyes, Iris Sosa, Mariana Pas, María E Reyes Escandón, México D.F., 2004

Conjunto de Departamentos 13 de Septiembre
Javier Sánchez, Juan Reyes, Iris Sosa, Mariana Pas, María E Reyes
Escandón, México D.F., 2004

Es importante tener en cuenta que toda obra arquitectónica o urbana representa y es el resultado de consideraciones de carácter político, económico y social. En la particularidad de nuestra realidad, desde hace poco más de treinta años, el estado mexicano decidió recortar su presencia en el escenario económico, dando cabida a políticas que identificamos como neoliberalistas, en las cuales la iniciativa privada ha ocupado gran parte de los espacios que ha dejado vacantes el estado. Lo anterior, aunado a las crisis antes mencionadas, se ha reflejado en el rumbo, sentido y calidades de desarrollo de nuestras ciudades y nuestra arquitectura. En este sentido, una primera y significativa consideración de lo que han hecho los jóvenes en los últimos veinte años, tomando en cuenta el conjunto de los trabajos que forman parte del presente libro, es que el 80 % de sus obras, corresponden con las promovidas por la iniciativa privada y tan solo el 20 % a las impulsadas por el estado mexicano. Lo anterior se relaciona de manera directa con otra circunstancia, que tiene que ver, de manera natural, con afinidad de intereses. El 73 % de los arquitectos que forman parte de la muestra de las presentes reflexiones, estudiaron en universidades privadas y tan solo el 27 % en universidades públicas. Como consecuencia de lo anterior, mayoritariamente los temas de proyectos en los que han estado involucrados los jóvenes, tienen que ver con los que interesan a la iniciativa privada, quedando relegados aquellos de mayor compromiso social, como lo que se refiere a la vivienda popular, mercados, escuelas públicas y hospitales estatales. Esto debido en gran medida a que el propio estado mexicano no ha promovido la realización de muchos proyectos de esta naturaleza, como sucedió entre los años treinta y ochenta del pasado siglo XX. No se trata necesariamente de un desinterés de los jóvenes arquitectos en realizar obras de mayor compromiso con los grupos sociales más necesitados, sino de la limitación de oportunidades para realizar proyectos de esta naturaleza, específicamente promovidos por el estado mexicano o como otra posibilidad por las llamadas ONG,s.

Conjunto OB Juan Carlos Seijo San Bruno Yucatán, 2011

Conjunto OB
Juan Carlos Seijo
San Bruno Yucatán, 2011

Otra circunstancia que vale la pena tener en cuenta, es lo que vamos a denominar como la nueva diversidad geográfica en la realización de los trabajos. Es una realidad que en la mayoría de los estados de la república mexicana, existen actualmente escuelas de arquitectura, una buena cantidad de ellas sucursales de prestigiosas universidades nacionales. La economía al interior de la república, en distintos estados ha mejorado en los últimos años y con ello las oportunidades para que los jóvenes arquitectos desarrollen su actividad profesional en sus lugares de origen. Así estados como Monterrey, Yucatán, Baja California, San Luís Potosí, Morelos, Veracruz, Jalisco y la capital de la república, cuentan con destacados jóvenes arquitectos que son reconocidos en la escena nacional y algunos incluso internacionalmente. Ha quedado atrás el tiempo en que hablar de arquitectura mexicana contemporánea era referirse exclusivamente a lo realizado en la ciudad de México, Guadalajara o Monterrey. Sin embargo, todavía mayoritariamente, existen más despachos dignos de tomarse en cuenta en la capital de la república. En otro orden de cosas, sería deseable además, que no solo conociéramos obras de distintas regiones de nuestro país, sino que existieran libros de documentación histórica y crítica, de la mayoría de los estados, que incluyeran valoraciones de su propia arquitectura y la del conjunto del país, que nos permitieran conocer los distintos puntos de vista de los jóvenes. En este sentido Octavio Paz comenta: ver el mundo con otros ojos en su caso, lo que quiere decir; verlo como si su mirada fuese la primera mirada. En este mismo orden de cosas, Josep María Montaner, en su excelente libro llamado precisamente crítica comenta: Una obra (en nuestro caso una obra arquitectónica) es una criatura viviente y vivida; una pieza que cada generación verá e interpretará de maneras distintas.

Escuela de Arte Culinario Jorge Gracia Tijuana, Baja California, 2010

Escuela de Arte Culinario
Jorge Gracia
Tijuana, Baja California, 2010

 Asumiendo que dentro de la experiencia profesional de los despachos a los que se hace referencia en el libro, puedan existir obras que experimentan con ideas que puedan ser distintas entre una experiencia proyectual y por razones de orden en sus reflexiones respectivas, los agrupé en base a las ideas dominantes dentro del hacer de cada despacho. Así las cosas, en la arquitectura realizada por las treinta firmas de arquitectos que ahora nos ocupan, una primera impresión tiene que ver con la idea de que se mantiene la postura de que mayoritariamente hayan sido desarrolladas dentro de la línea de pensamiento que identificamos con el movimiento racionalista. Sin embargo, considerando el repertorio de las obras mencionadas, existen variantes de las mismas que identificamos con proyectos que contienen valores compositivos y formales más expresivos, existiendo otras dentro del llamado minimalismo y otras adicionales dentro del llamado high tech, todas ellas formando parte del mismo racionalismo. El repertorio de obras se vuelve bastante limitado al explorar ideas compositivas diferentes, como lo relacionado con las arquitecturas complejas, con la llamada arquitectura orgánica e incluso con aquellas que tienen que ver con el regionalismo. Los jóvenes han evitado casi por completo desarrollar proyectos dentro de la llamada arquitectura posmoderna. Vamos a darle una breve y continúa mirada, al repertorio de obras que aparecen en el libro, que representan las anteriores tendencias en nuestra arquitectura, realizadas por los jóvenes en cuestión. Algunas de ellas, ya en el desarrollo del propio libro, han sido consideradas para realizar reflexiones más detalladas.

Estación Metrobus Centro Cultural Universitario Departamento de Vinculación  Facultad de Arquitectura UNAM Honorato Carrasco Mahr, Víctor Ramírez Vázquez, Matias Martínez Ciudad de México, 2011

Estación Metrobus Centro Cultural Universitario
Departamento de Vinculación
Facultad de Arquitectura UNAM
Honorato Carrasco Mahr, Víctor Ramírez Vázquez, Matias Martínez
Ciudad de México, 2011

En el discurso los jóvenes plantean abiertamente preocupaciones que tienen que ver con la sustentabilidad, pero en la realidad de sus proyectos, hasta ahora existen pocos que puedan considerarse contribuciones novedosas en relación con este tema. Las leyes mexicanas han ido avanzando en la reglamentación de los proyectos y construcciones, debiendo considerar criterios de sustentabilidad. Entre los proyectos que ahora hemos revisado, podemos identificar al Hotelito desconocido, de los ya mencionados Carlos Rodríguez y Laura Sánchez, como uno de los que mejor ha tratado de mimetizarse con su entorno y procurar las menores repercusiones ambientales, utilizando las tipologías espaciales, constructivas y uso de materiales propios de la región geográfica donde se ubica. La reciente remodelación del edificio de oficinas de la empresa BASF, de Juan Carlos Baumgartner ha sido reconocido por sus aplicaciones sustentables.

Edificio BASF Juan Carlos Baumgartner Ciudad de México, 2012

Edificio BASF
Juan Carlos Baumgartner
Ciudad de México, 2012

En términos urbanos, ambientales y paisajísticos, siguiendo de cerca seguramente las experiencias como la de la recuperación del río Cheonggyecheon, en el corazón de Seúl, Corea del Sur, los jóvenes Elías Cattan, Lucie Nguyen y Delfín Montañana, han propuesto el proyecto de la rehabilitación del Río de la Piedad, que fue entubado y pavimentado desde 1952 y que corre a lo largo de lo que identificamos como el Viaducto Miguel Alemán.

Recuperación del Río de la Piedad Elías Cattan, Lucie Nguyen y delfín Montañana

Recuperación del Río de la Piedad
Elías Cattan, Lucie Nguyen y delfín Montañana

La arquitectura no puede entenderse como una actividad aislada. Necesariamente está implicada en relación a todo lo que sucede en la sociedad en su conjunto. Es una expresión política, social, económica, filosófica, tecnológica y cultural. Para ofrecer una interpretación arquitectónica realmente novedosa, es indispensable que forme parte de un movimiento cultural, amplio e incluyente. Entre los jóvenes arquitectos mexicanos, apenas es perceptible hasta ahora, la conformación de grupos interdisciplinarios o amistades con otros artistas o jóvenes talentosos que se dediquen al desarrollo de la ciencia, la tecnología, la filosofía y las diferentes manifestaciones del arte, como el cine, pintura, literatura, escultura o los diferentes medios de comunicación como la televisión, la radio o el periodismo. Ahí están los jóvenes pintores, escultores, cineastas, músicos, científicos, filósofos, pero transitan por caminos paralelos a los jóvenes arquitectos mexicanos. Hay que edificar entonces, los puentes, los cruces, los vasos comunicantes entre todos los jóvenes, para que puedan construir en conjunto, las ideas del presente y el futuro, que le den sentido a los diferentes movimientos culturales, que se traduzcan en propuestas arquitectónicas y urbanas. En un mundo globalizado que privilegia las imágenes, muchas veces impuestas sin ser razonadas, hay que renovar el valor del universo de las ideas y sobre todo las propias. En este sentido Josep María Montaner, en su libro Las formas del siglo XX nos comenta: frente a una creciente cultura de consumo de lo visual, sin atender a las raíces y a las interpretaciones críticas de los objetos y fenómenos a los que hacen referencia, una interpretación estructuralista de las formas podría contribuir a entender el sentido de los objetos, las relaciones entre ellos, la pertinencia de los espacios, la lógica de las estructuras constructivas, los significados de los sistemas de lenguaje, los mecanismos de los métodos de articulación, las razones de las tipologías arquitectónicas, las implicaciones políticas y sociales.

Capilla del Atardecer Estaban Suárez y Sebastián Suárez Acapulco, Guerrero, 2011

Capilla del Atardecer
Estaban Suárez y Sebastián Suárez
Acapulco, Guerrero, 2011

Treinta firmas de jóvenes es un número significativo para representar con fidelidad las inquietudes, intereses e ideas en función de las cuales resuelven sus trabajos las nuevas generaciones de arquitectos en México. Su aportación más valiosa y no es para nada desdeñable, consiste en realizar simple y llanamente buena arquitectura. Muchas ciudades en el mundo que son atractivas, muestran tejidos urbanos construidos en los cuales se puede advertir en general buena arquitectura, realizada por el colectivo de sus sociedades, mostrando tan solo algunas obras puntuales que sobresalen. De ahí que ejecutar buenos proyectos, razonablemente resueltos, que hagan ciudad de manera respetuosa y discreta, que pasen a formar parte del tejido vivo de las mismas ciudades, es una aportación que bien vale la pena que sea reconocida. Sin embargo, entre algunos de los jóvenes mexicanos es perceptible que puedan lograr en un futuro próximo, alternativas que pudieran representar, además de buenas soluciones, distintas aportaciones a la arquitectura y en especial a la mexicana. Para lograrlo tendrán que asumir una conducta, una postura, un tanto más arriesgada, más crítica e innovadora, sin caer en la banalidad proyectual, formal y sin alejarse de la idea central de que en la arquitectura lo más importante tiene que ver con el valor de las ideas que le dan sentido y sustento, además de entenderla como un compromiso social, un servicio, que tiene como razón de ser las necesidades habitables del ser humano y de la sociedad.

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Hotel B”O Elizabeth Gómez Coello, Jorge Medina Robles, Germán Velasco Espinoza San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 2011

Para alcanzar trascendencia en la consecución de nuevas propuestas conceptuales, que luego se debieran materializar constructivamente,  no es cuestión y responsabilidad solo de lo que realicen los arquitectos de manera aislada y particular, es deseable la conformación de un amplio movimiento cultural en el que debe participar la sociedad mexicana en su conjunto, para definir que se quiere y como se imagina el futuro de la vida, de la arquitectura y las ciudades, con qué orden y calidades habitables, con que valores sociales, políticos y culturales, impulsando equilibradamente la arquitectura pública y la privada. En este movimiento cultural, hay que insistir, debieran participar los poetas, los filósofos, los pintores y escultores, los cineastas, los hombres de ciencia y de leyes, los economistas y por qué no, aunque están muy desprestigiados, hasta los políticos. El relevo generacional en la arquitectura mexicana contemporánea, debe significar no solo la aparición y consolidación de nuevas personalidades en el ámbito profesional, es deseable un relevo y evolución de las ideas que le den sentido a la arquitectura, congruentes con las nuevas circunstancias históricas que les está tocando vivir a los jóvenes.

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Remodelación de la librería Octavio Paz, primeras impresiones.

Gustavo López Padilla

Realizar una remodelación es una actividad proyectual que conlleva sus propias  particularidades, que van desde el condicionamiento de preexistencias espaciales, volumétricas y formales que en ocasiones es necesario respetar, pasando por limitaciones estructurales y de instalaciones, a lo que se suma el reto de las comparaciones entre lo que había y lo remodelado, con el compromiso ineludible de que la nueva obra sea necesariamente mejor que la anterior. La intención en las remodelaciones es lograr un planteamiento distinto en el ordenamiento, atmósferas y funcionalidad de los espacios, de tal suerte que respondan de mejor manera al compromiso de las condiciones cambiantes y dinámicas que caracterizan los tiempos actuales. A partir de consideraciones cercanas a lo anterior, la arquitecta Frida Escobedo realizó la remodelación de la librería Octavio Paz, dependiente del Fondo de Cultura Económica, ubicada al sur de la ciudad de México, en la Avenida Miguel Ángel de Quevedo 115, en la colonia Chimalistac, Delegación Álvaro Obregón.

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La calidad de la volumetría general y los espacios resultantes en la remodelación de la librería Octavio Paz, responde a los criterios que tienen que ver con la arquitectura minimalista, que busca formas geométricas simples, ordenadas e identificables, tendiendo a la abstracción, la búsqueda de esencias y atmósferas espaciales serenas. La presencia urbana de la librería, un aparador acristalado de doble altura, apoyado sobre un discreto pórtico de finas columnas, busca ligereza, transparencia, el aprovechamiento de la luz natural e interacción entre los espacios propiamente interiores y su contexto  próximo, valorando la presencia al otro lado de la calle del atractivo Parque Tagle. Llama la atención que el elemento mas importante en el aparador de doble altura, la imagen dominante hacia la calle de la librería, sea una escalera que articula los dos niveles útiles, quedando un tanto relegada, hacia el fondo, la presencia de los libros que son el motivo principal de la existencia del lugar.

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El interior propiamente de la librería se organiza a partir del criterio de plantas libres y un espacio central flexible, de doble altura, en torno del cual se disponen los estantes que alojan los libros. Se cuenta con una cafetería en la parte alta y al fondo del lugar, que mira por un lado, de manera limitada, hacia el espacio central mencionado y por otro, hacia la parte descubierta del estacionamiento que se ubica al fondo de todo el terreno disponible. La librería cuenta ahora con una gran cantidad de luz natural, que llega por el ventanal de la fachada principal, por un tragaluz que se ubica sobre el espacio central y otro tanto por una ventana que comunica la cafetería con el estacionamiento mencionado. Esta condición de luminosidad, aparte de su postura sustentable, al ahorrar durante el día consumo de energía en lo que tiene que con la iluminación necesaria, vuelve agradable el recorrido por los estantes llenos de libros. Muy en el criterio minimalista, todos los lugares interiores en lo que tiene que ver con las estanterías, muros y techos, están terminados en color blanco, los pisos en un color arena neutro, volviendo amable el lugar, aunque preguntando a algunos usuarios, comentaron que lo percibían un tanto frío y despersonalizado. Esta atmósfera del predominio del blanco y de la luz, se ha vuelto una constante en las librerías del Fondo de Cultura Económica, sobre todo en algunos de sus últimos proyectos, como la Librería Rosario Castellanos, el Centro Cultural y Librería Elena Garro y ahora con la experiencia de la Octavio Paz. Se ha preferido también, en el diseño de Frida Escobedo, el que los espacios entre estantes sea notablemente generoso, contando además con bancas y algunos elementos a manera de atriles, en los cuales se ubican individualmente libros de significación especial. Los tiempos cambian y ahora que se habla de las crisis en las librerías, a partir de las tecnologías mas contemporáneas aplicadas a la difusión de las ideas, da la sensación de que hay menos libros en relación con los que había con anterioridad en la librería. En lo que tiene que ver con las instalaciones eléctricas y de aire acondicionado, muestran sus recorridos, componentes y conexiones de manera aparente, buscando funcionalidad, flexibilidad, eficiencia y una cierta economía, tanto de construcción como de operación cotidiana, siendo congruentes formal y visualmente con la idea de austeridad minimalista.

IMG_1463 Personalmente tengo dudas en relación a la funcionalidad del espacio central de doble altura ya comentado, que se destina como elemento de distribución, descanso y lectura, pero que con unas cortinas altas, desplegables, pueden limitar uno o dos espacios contiguos, en los cuales se pueden realizar eventos de presentaciones de libros o firma de los mismos, con la presencia de sus autores. La proximidad de las zonas de exposición de libros y la limitación acústica de las cortinas, pueden dificultar el sano aprovechamiento de este espacio central. En otro sentido, la ubicación de la cafetería ahora, me parece también un tanto desangelada, ya que sus vistas y atmósfera espacial resultante son poco atractivas. Anteriormente llegué a frecuentar la antigua cafetería y era realmente placentero beber café, leer el periódico o algún libro, mirando y admirando directamente el Parque Tagle. Ahora el parque se visualiza al transitar entre un nivel y otro de la librería, recorriendo la escalera que se ubica en la cristalera principal.

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Se trata al final de cuentas de una remodelación que cuenta con una propuesta clara, ordenada, bien diseñada y resuelta en sus detalles, con finos tratamientos por ejemplo en lo que tiene que ver con las soluciones de barandales o el contraste volumétrico y de masa entre la escalera que va de la calle al primer piso de la librería y la segunda escalera, mas ligera, que llega al nivel alto de la misma. Creo sin embargo que al diseño de conjunto le falta un poco de fuerza, para lograr una personalidad propia mas contundente.

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Museo nacional de Antropología 50 años después

Gustavo López Padilla

En tanto que permanezca el mundo, no acabará la fama y la gloria de México Tenochtitlan.  

Memoriales de Culhuacán.

Existen obras que por sus significados, contenidos, ubicación geográfica y dada su calidad arquitectónica y vivencial, se convierten en referencias vitales insustituibles para la gente, que las hace suyas, pasando a formar parte de su orgullo y patrimonio cultural. Tal es el caso del Museo Nacional de Antropología, ubicado en la ciudad de México, en medio del emblemático Bosque de Chapultepec, colindante con el Paseo de la Reforma, sin duda una de las avenidas urbanas mas hermosas del mundo. El museo  fue inaugurado el 17 de septiembre de 1964 por el entonces Presidente de la República Mexicana Adolfo López Mateos, formando parte de un ambicioso proyecto cultural. El proyecto les fue encomendado a los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez, Rafael Mijares y Jorge Campuzano, desplantado en una superficie de 79,700m2 de los cuales 44,000 m2 son construidos y 35,700 m2 forman parte del espacio abierto, constituido por la plaza de acceso, un espacio central semicubierto que ordena la composición general del conjunto y espacios verdes, boscosos, que rodean al museo.

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El Museo Nacional de Antropología aloja la mayor y mas esplendorosa colección del mundo de arte prehispánico de Mesoamérica, referida a las culturas maya, azteca, olmeca, teotihuacana, tolteca, zapoteca y mixteca e incluyendo la etnografía de los pueblos actuales de México.  El museo cuenta con 24 salas de exposición, de las cuales 23 están destinadas a las exposiciones permanentes y una más, a las exposiciones temporales, que puede alojar muestras de distintas culturas en el mundo. Adicionalmente el museo dispone de dos auditorios, los espacios necesarios para alojar el acervo de la Biblioteca Nacional de Antropología, tienda, cafetería, zona de administración y servicios complementarios. Anualmente visitan el museo 2 millones de personas provenientes del propio país y desde luego de todas partes del mundo. Los turistas que llegan a la ciudad de México, de manera obligada le dedican algunas horas para deleitarse con el Museo Nacional de Antropología, valorando sus contenidos y la propia arquitectura del museo. 

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El proyecto de los arquitectos Ramírez Vázquez, Mijares y Campuzano, está conceptualizado a partir de los criterios que forman parte y definen el movimiento moderno de la arquitectura occidental, pero entrelazándolos con referencias, atmósferas vivenciales y detalles formales, que hacen alusión a las propias culturas prehispánicas. Formas geométricas simples, regulares, en las cuales se privilegia el manejo de una escala monumental, el estudio cuidadoso de las proporciones volumétricas del conjunto y el cuidado de las soluciones de detalle, que implican las relaciones geométricas, el despiece y uso de materiales diversos. Un orden riguroso caracteriza la totalidad del proyecto, de la misma manera que lo hicieran los pueblos prehispánicos a la hora de construir sus centros ceremoniales.  Un eje longitudinal dominante, en este caso oriente poniente, define casi con precisión el equilibrio volumétrico de sus componentes de programa. El orden arquitectónico buscando relaciones con el orden cósmico. Secuencias de grandes vacíos y masas construidas, a semejanza también de las construcciones prehispánicas, regulan la composición, las presencias volumétricas y los posibles recorridos, que tienen como característica fundamental una gran libertad de elección, sin compromisos de rutas obligadas.

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Una plaza que se relaciona de manera directa con el bosque, le da presencia y jerarquía al acceso al museo. El vestíbulo de gran escala también, para recibir al numeroso público visitante, aloja los servicios propios de ingreso, la tienda, el acceso por separado del resto del museo a la sala de exhibiciones temporales y al auditorio principal calificado por un espléndido mural de Rufino Tamayo, que recuerda el reconocido movimiento de integración plástica que ha caracterizado a la arquitectura moderna mexicana desde los años veinte del pasado siglo, en alusión a la propia arquitectura prehispánica y desde luego incluyendo la arquitectura de la época de la colonia, dándole continuidad a esta tradición que interrelaciona la arquitectura con otras artes como la pintura, la escultura y los bajorrelieves. Un volumen bajo, dentro de la generosa doble altura del vestíbulo principal limita la vista hacia el patio principal, otorgándole a la experiencia un cierto misterio, que se descubre con sorpresa y admiración al acceder al patio central, de aproximadamente 8 mil metros cuadrados, que opera como ordenador y distribuidor a las diferentes salas de exposiciones que conforman el museo.

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La mitad del patio está cubierta por un paraguas que cuenta con una superficie de 4368 m2, apoyado en una columna de aproximadamente 3 metros de diámetro, terminada en bronce, que contiene los bajorrelieves realizados por los hermanos José y Tomás Chávez Morado, aludiendo al tradicional árbol llamado ceiba de la cultura maya. Este paraguas que funciona como protección del sol y de la lluvia es al mismo tiempo una  fuente monumental, cayendo el agua de la cubierta bordeando la columna de apoyo. En la mitad descubierta se ubica un estanque de agua que contiene lirios, dando frente o precediendo el acceso a la sala de los aztecas, pudiendo representar también el lugar hidráulico  de la fundación de esta cultura. El patio central permite acceder libremente a las salas de exposición con las que cuenta el museo, haciendo una clara diferencia en relación a distintos museos en el mundo que obligan a recorridos secuenciales. La fuerte presencia de espacios abiertos y la libertad de movimientos es también característica de los centros ceremoniales prehispánicos.

INT-MUSEOLas salas propiamente de exposición se organizan en torno al patio central, a su eje longitudinal de composición y siguiendo la forma de una herradura;  un bloque de la citada herradura mira al norte, otro al sur y uno mas preponderante, el de la cultura azteca, ubicado al poniente de la composición, remata el conjunto, visto desde el acceso principal. Los bloques o crujías combinan una o dos alturas, colindando estas últimas con las áreas abiertas que rodean al museo. En relación también con las ideas del movimiento moderno, estas crujías están conceptualizadas a manera de plantas libres, que de manera flexible pueden dividirse en el sentido corto de las mismas, permitiendo resolver con versatilidad las necesidades  de las salas del museo. Es interesante al visitar cada sala, acceder en una sola altura y terminar en una sección de doble altura, con un gran ventanal que mira y se relaciona con los espacios abiertos, boscosos, a los cuales se puede salir para conocer las piezas o construcciones que ahí se ubican y forman parte de cada cultura que se expone. Los recorridos así concebidos que combinan el patio central, los interiores ricos y variados de cada sala y la posibilidad de salir a la zona boscosa, los hacen amables, descansados, diversos y divertidos. Resulta  atractivo el contraste de calidades de luz entre las zonas de exposición y los espacios abiertos. Son interesantes también las plantas altas, desde las cuales, aprovechando la continuidad entre los espacios y las dobles alturas, se pueden mirar las zonas de exposición de las plantas bajas, a lo que se suma el poder admirar los espléndidos exteriores verdes. Las mismas plantas altas cuentan con una continua circulación perimetral, lo que permite diferenciar recorridos y admirar desde una perspectiva distinta el patio central, el paraguas monumental y el estanque de agua. Ocupa un lugar destacado la sala de doble altura, de espacios continuos y generosos, que aloja las piezas representativas de la cultura azteca, rematando toda la composición del conjunto museístico la espléndida piedra que representa el calendario azteca.

SALAS

El proyecto arquitectónico de geometría clara y ordenada, levantado con materiales y procedimientos constructivos modernos, industrializados, apoyado en el ejercicio pleno de la razón, fiel a los principios del movimiento moderno, se matiza y califica hondamente con referencias formales y atmósferas vivenciales que tienen que ver con las culturas prehispánicas. En este orden de cosas vale la pena destacar la celosía que limita la planta alta de las crujías norte y sur, que nos remiten a la distancia con los bajorrelieves de lugares como Mitla, en Oaxaca o Uxmal con su cuadrángulo de las Monjas, en Yucatán y la reja que limita el museo respecto de la avenida Reforma, diseñada por Manuel Felguérez llamada Muro de Calaveras, en alusión a los altares prehispánicos denominados Tzompantlis. Se suman a lo anterior el tratamiento formal de los plafones modulares al interior de las salas y desde luego el ya comentado paraguas del patio central. A la calidad, riqueza formal y espacial de la composición general del conjunto del museo se le suman componentes con un carácter simbólico.

REJAS

En otro orden de cosas, dada la importancia y trascendencia del museo, me parece importante comentar que considero imperdonable que en la ruta peatonal para llegar a la plaza principal de acceso, estén ubicados un sinnúmero de vendedores ambulantes que demeritan el lugar. La plaza limpia, vacía, en relación directa con el bosque realza la presencia del museo. Este problema de los vendedores existe en el museo e increíblemente también en los accesos a los principales sitios prehispánicos. Se pierde con los ambulantes presencia y dignidad, que deberían caracterizar estos sitios de enorme valor patrimonial y cultural. Ya al interior del museo, considero que les falta calidad de diseño a la tienda y a la cafetería, que deberían ser congruentes con la calidad del conjunto del edificio  y la significación nacional y mundial del lugar.

CAFE

Celebrar 50 años del Museo Nacional de Antropología, uno de los mejores, mas importantes y visitados en el mundo, es reconocer desde luego el enorme valor de sus contenidos, que significan las contribuciones trascendentes de nuestras culturas prehispánicas y celebrar además los importantes logros de la arquitectura mexicana contemporánea, que representan la visión moderna del país, que suma pasado y presente, en este caso incorporando reinterpretaciones contemporáneas que forman parte de nuestra historia y tradiciones.

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