EBC Campus ciudad de México

Gustavo López Padilla

En buena medida, los países desarrollados han cimentado el bienestar de su población en la educación, traduciendo lo anterior en una realidad cotidiana, que muestra buenas calidades de vida para el conjunto de sus habitantes. Se trata de una educación crítica, abierta, respetuosa, interactiva, promotora de los valores humanos, experimentando metodologías didácticas que se apoyan en la lectura, el intercambio de ideas, la reflexión y en medios avanzados de comunicación del conocimiento. Estas mismas sociedades tienen en cuenta la importancia, de que para que esta educación de calidad pueda desarrollarse en las mejores condiciones, es necesario disponer de unas instalaciones educativas, que cuenten con  condiciones espaciales tales, que propicien o alienten la dinámica de enseñanza aprendizaje. Saben que la calidad y variedad de los espacios educativos, generan conductas entre los educandos y educadores y así las cosas, se preocupan por contar con espacios eficientes, confortables, bellos, variados, flexibles y divertidos.

En este orden de cosas, la Escuela Bancaria y Comercial, consciente de su compromiso educativo para con los jóvenes que acuden a sus instalaciones y en su afán de brindarles las mejores condiciones para desarrollar sus estudios y capacidades,  emprendió desde hace por lo menos quince años, un programa constante y ambicioso de mejoramiento, expansión y diversificación de sus planteles o campus, en distintas entidades del país, acompañando lo anterior con la actualización de sus programas y metodologías de enseñanza. Como parte de lo anterior, el pasado mes de abril de este 2018, fueron inauguradas las instalaciones del nuevo Campus ciudad de México, ubicadas en la calle de Liverpool No. 54, haciendo esquina con Dinamarca, en la colonia Juárez, de la Delegación Cuauhtémoc. Previamente a unas cuadras de la recién inaugurada, en la esquina de Hamburgo y Dinamarca, en la misma demarcación política, abrió las puertas de su Escuela de Posgrado en el año 2003 y en la misma calle de Liverpool, en su número  57, un edificio de estacionamientos en el año 2016. Este conjunto de proyectos fueron diseñados por el arquitecto Gustavo López Padilla, quién forma parte del grupo SAYA + Arquitectos, haciendo equipo con los también arquitectos Luis Sánchez Renero, Félix Sánchez Aguilar y Fernando Mota Fernández, contando además con la activa colaboración de los arquitectos Joel Damian Villa,  Alfredo Hernández, Graciela Díaz del Barrio, Angélica Becerra y Citlali Ovando, siendo fundamental la participación estrecha de las propias autoridades representativas de la EBC para la realización de los proyectos. Los resultados obtenidos son consecuencia de un estrecho y constante trabajo en equipo, que incluye desde luego al conjunto de los constructores implicados en las obras.En términos urbanos, la proximidad entre las instalaciones educativas mencionadas, conforma un sistema educativo y edificatorio, que se integra y relaciona con naturalidad, a la vida colectiva  del barrio donde se ubican.  Coadyuvan con lo anterior el hecho de  contar con cuatro niveles construidos sobre el nivel de la calle, una densidad media de construcción, la condición de que los predios dedicados a los dos edificios  educativos, cuentan con una esquina dominante y el que ambas soluciones arquitectónicas de los proyectos, además de tomar en cuenta esta condición de esquina, se presentan abiertos, transparentes, dejando ver hacia el exterior, hacia la calle, la vida y las actividades educativas que se desarrollan en su interior.  Los edificios de la EBC están en el barrio de la Juárez, enriquecen la vida colectiva del lugar y del conjunto de la ciudad. Son obras que cuentan con una escala y una presencia urbana amables, que hacen ciudad. Se suman a lo anterior, el que entre las tres instalaciones, sumando el edificio de estacionamientos, se puedan hacer recorridos a pié y su cercanía con importantes calles y avenidas de la ciudad, como lo son Ave. de los Insurgentes, el Paseo de la Reforma, ave. Chapultepec o la calle de Niza y con ello disponer de las facilidades de transporte y movilidad, que esta zona de la ciudad de México ofrece, tales como el metro, el metrobús, rutas de camiones y desde luego estaciones y carriles de bicicletas. El barrio en su conjunto cuenta con edificaciones en las que conviven distintos periodos históricos, con usos del suelo diversos y complementarios como  restaurantes, oficinas, centros culturales, oficinas administrativas, otras escuelas, lugares de entretenimiento y sobre todo calles caminables, reflejando la condición e intensidad de la vida colectiva y mezclas de usos del suelo, que caracterizan a las modernas ciudades contemporáneas.Desde el punto de vista arquitectónico, el campus EBC ciudad de México representó un reto de diseño, en el sentido de lograr una vez mas su propia identidad, pero que al mismo tiempo significara una nueva contribución para consolidar la imagen corporativa de la institución, reinterpretando algunos componentes compositivos y formales, previamente experimentados en otros campus de la propia Escuela, de tal manera que el público en general siga identificando con claridad a la EBC. El conjunto de los edificios ubicados en esta ciudad, nos muestra escuelas semejantes, complementarias pero distintas, aprovechando y mejorando en cada oportunidad, las experiencias previas. Como constantes en el campus ciudad de México, se ordenan los requerimientos de programa en relación al criterio de patios, con diferentes escalas y condiciones habitables, pensados como lugares de distribución y encuentros, con vistas y relaciones claras, francas  hacia la calle,  buscando siempre aprovechar al máximo la luz natural, regulando las incidencias del sol y protegiéndose de la lluvia. La disposición de componentes de programa y la solución estructural metálica del edificio, permite la máxima flexibilidad en la subdivisión y utilización del espacio, que se puede reconfigurar con facilidad, avanzando en paralelo con las nuevas y dinámicas metodologías educativas.Formando parte del compromiso social y educativo de la EBC para con la ciudad, el país y el planeta, en este nuevo campus se volvieron a experimentar, mejoradas, soluciones de carácter ambiental, sustentables, que ya desde hace varios años han caracterizado los distintos campus de la institución. Hablamos de aprovechar la luz natural, racionalizar la utilización de energía con base en equipos y componentes de bajo consumo y máxima durabilidad en el tiempo, regular las incidencias del sol y sus ganancias de calor mediante el criterio de dobles fachadas y utilizando aire acondicionado solo en zonas indispensables. Se suman a lo anterior el reutilizar el agua de lluvia, reciclar en buena medida las aguas residuales, regular la producción de basura y contar con zonas verdes al interior del edificio, que mejoran las condiciones interiores ambientales, al tiempo que contribuyen a la salud y propician conductas amables de los ocupantes de la escuela. Las aulas como unidades base de la escuela, son variadas en cuanto a sus dimensiones, pero semejantes en cuanto a contar con suficiente luz natural, ventilación natural cruzada, regulando el ruido ambiental y el del interior de las mismas, con soluciones acústicas de detalle y uso de materiales, que procuran que las clases cotidianas se desarrollen en las mejores condiciones de confort. En términos de programa de necesidades el Campus ciudad de México, cuenta con 11,689.00 m2 construidos, distribuidos en controles de acceso, salones de clase de disposiciones y tamaños diferentes, salones de usos múltiples reconfigurables, biblioteca-centro de información y cómputo, oficinas administrativas, gimnasio, circuito para correr y caminar, dos cafeterías y sobre todo patios, puentes y terrazas con condiciones de uso y ambientes diferentes, ubicados  a distintos niveles, que desde diversas perspectivas fomentan la vida colectiva y la posibilidad de intercambio de información y experiencias de vida. En el nivel de acceso, articulando secuencialmente los patios principales, se establece un recorrido peatonal a manera de una calle interior, que articula todo el conjunto y posibilita la relación entre las calles de Liverpool y Marsella. La edificación está resuelta con base en una estructura metálica atornillada, sistemas de pisos de losacero y concreto, muros divisorios acústicos reconfigurables, block de cristal, instalaciones en general aparentes, propiciando la posibilidad de su fácil mantenimiento o el que puedan ser  modificadas o sustituidas por aquellas más avanzadas en el tiempo. Los materiales empleados en la construcción, son en su mayoría aparentes, de bajo mantenimiento y solo algunos complementarios como maderas, telas y cerámicas, califican  algunos lugares en lo particular.En sintonía con las mejores ciudades e instituciones educativas en el mundo, la experiencia del campus ciudad de México, se suma a otros de la misma EBC, como los de Hamburgo y Dinamarca, Tlalnepantla, Toluca, Querétaro, León, San Luis Potosí y Mérida, diseñados todos por los mismos autores, logrando consolidar una red nacional educativa, que cuenta con una imagen corporativa que identifica a la institución, que se ha caracterizado por preocuparse por el confort, eficiencia,  funcionalidad, calidad, variedad y flexibilidad de los espacios que se ofrecen a sus alumnos, profesores y personal administrativo, como una condición esencial para un adecuado y amable aprendizaje.

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La arquitectura de la vivienda colectiva

Gustavo López Padilla

Es ampliamente conocida, la nutrida obra histórico reflexiva del arquitecto  Josep María Montaner, en relación con el surgimiento, desarrollo y perspectivas de la arquitectura contemporánea universal. Dan cuenta de ello, el conjunto diverso de libros que ha escrito hasta ahora, abordando el tema desde distintos enfoques, que incluyen documentaciones y valoraciones históricas, sociales, culturales, filosóficas, económicas y políticas e incluyendo desde luego consideraciones que tienen que ver con las calidades y significados de los ordenes compositivos, formales y constructivos, desde la escala de las ciudades, pasando por las distintas posturas arquitectónicas y tomando en cuenta lo que tiene que ver con la arquitectura del paisaje y el diseño industrial. Entre sus acercamientos a los hechos urbanos y arquitectónicos, destaca el hecho de ser catedrático de Composición Arquitectónica, en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, dentro de la  cual codirige con Zaida Muxi, el Laboratorio de la Vivienda Sostenible.Así las cosas, el tema de la vivienda y sobre todo la vivienda colectiva, ha ocupado un lugar central en el desarrollo de sus actividades profesionales, educativas e intelectuales. En sus libros como: después del movimiento moderno, Gustavo Gili, 1993, las formas del siglo XX, Gustavo Gili, 2002, Sistemas arquitectónicos contemporáneos, Gustavo Gili, 2008, Arquitectura y política, Gustavo Gili, 2011 y en La condición contemporánea de la arquitectura, Gustavo Gili, 2015, entre otros, la preocupación y valoración de lo que tiene que ver con la vivienda han estado presentes. Pero al final del camino, después de muchos cursos, conferencias y trabajos en lo particular, luego de años de recopilar información, ordenarla y valorarla, apareció en el año 2015, el libro La arquitectura de la vivienda colectiva, políticas y proyectos de la ciudad contemporánea,  editado por Reverté, en el que desarrolla de manera ordenada y reflexiva, la documentación histórica -desde los años finales del siglo XIX, hasta los inicios del presente XXI- del surgimiento, consolidación y desarrollo de las políticas y ejecución de proyectos que tienen que ver con la vivienda colectiva, incluyendo lo sucedido tanto en Europa, como Asía y América, tomando en cuenta las experiencias de los países industrializados, las de aquellos considerados como emergentes y algunos otros de economías menos desarrolladas. En este sentido me parece importante reconocer el Montaner, el interés dedicado a las contribuciones mexicanas sobre el tema, incluyendo además otros países latinoamericanos.

Esquema de Ciudad Jardín de Ebenezer Howard

Los estudios de Montaner en materia de la vivienda colectiva, incluyen recopilaciones y valoraciones desarrolladas en gabinete, de informaciones sociales, políticas, culturales, tecnológicas y aquellas  referidas a los resultados concretos en el tiempo, de proyectos emblemáticos específicos. Una buena parte de los resultados de estas investigaciones, fueron obtenidas como consecuencia de haber ido a los lugares de los proyectos, en las distintas localidades y países; caminarlos, entenderlos en sus valores como diseños en lo individual, pero al mismo tiempo tomar en cuenta sus relaciones para con el tejido de las ciudades y las sociedades que les han dado vida y sentido. La postura de Montaner que se percibe y reconoce en el libro, es la de ser incluyente, al tomar en cuenta proyectos de distintas escalas y significaciones, incluyendo desde modestas y económicas experiencias, hasta proyectos de escalas  y costos mayores. En todos ellos  se valoran al final de cuentas sus significados sociales, políticos, culturales, filosóficos y tecnológicos, entendiendo que la labor de los arquitectos y urbanistas, es antes que nada un servicio para el conjunto de las sociedades, considerando de igual manera las necesidades de la gente humilde y las de  aquellos que disponen de mayores recursos.

Casa Domino, Le Corbusier

Así las cosas, en las cuatro secciones y dieciséis capítulos con los que cuenta el libro y reconociendo de entrada, la importancia sustancial que el tema de la vivienda ha tenido en el desarrollo de las ciudades contemporáneas, Montaner documenta las propuestas y resultados de los proyectos de vivienda colectiva, desde las experiencias de los desarrollos de vivienda de las llamadas Company Towns en Inglaterra, como resultado de la Revolución Industrial, pasando por las propuestas de los Socialistas Utópicos y las ciudades Jardín, los movimientos de las vanguardias y el Protoracionalismo de finales del siglo XIX y principios del XX, sumando el inicio y consolidación del Movimiento Moderno, desde los años veinte hasta finales de los sesenta del pasado siglo, tomando en cuenta las propuestas de la llamada Arquitectura Orgánica. Valora también el tránsito que va de la crisis del movimiento moderno, hasta llegar a la diversificación de posturas urbano arquitectónicas, que nos caracterizan en los días que corren actualmente. Se trata de un recuento y valoración completa e incluyente. Hablamos de un trabajo comparativo de experiencias, en donde lo importante es reconocer aportaciones y limitaciones, como parte de la evolución y desarrollo de la arquitectura.

Casa Schröder, Gerrit Rietveld

En el recorrido histórico, se ponderan los valores de las viviendas  como proyectos específicos en lo individual, reconociendo sus particularidades, lenguajes formales, ordenes compositivos, formas de uso vivencial, flexibilidad de los espacios componentes, la aplicación de las tecnologías constructivas y uso de materiales mas avanzados para su tiempo. Se valoran también las viviendas como parte de un edificio o un conjunto de viviendas, entendiendo y reflexionando sobre sus significaciones políticas, sociales y culturales. Cuando es el caso y la escala, se valoran los proyectos en la medida que hacen ciudad, revisando de que manera se insertan en el tejido urbano, propiciando y enriqueciendo o no la vida colectiva. Una clara preocupación de Montaner es el hecho de estudiar las viviendas colectivas, en su relación con la diversidad de usos que deben caracterizar a las ciudades. Entendiendo la necesidad de que los proyectos de viviendas colectivas deben acompañarse, con actividades recreativas, comerciales, de servicios y de trabajo, con la idea de que un conjunto de vivienda, sea como una  pequeña porción de la ciudad, que debe contener y representar la vida colectiva, con todo lo que ello significa. Habla de la importancia de dedicarle tiempo y esfuerzos a la experimentación teórica y proyectual, como la posibilidad de lograr mejores resultados y la evolución del conjunto de la arquitectura.

Unidad Habitacional de Marsella, Le Corbusier

Montaner comenta la necesidad de combinar razonablemente distintos tipos de densidades construidas, procurando en la medida de lo posible las densidades medias y altas, para lograr desarrollos urbanos más eficientes, compactos y ecológicos, al limitar su huella de desplante y  contar con ello con mayores áreas verdes en las ciudades. En este mismo sentido ecológico, valora la necesidad de lograr proyectos que privilegien el uso de luz natural, que limiten el consumo de energía, procurando ventilaciones cruzadas, razonable uso del agua potable, estudios claros de la incidencia del sol, utilización del agua de lluvia y reciclamiento de las aguas residuales y la basura. En sus reflexiones incluye proyectos realizados como parte de los intereses de la iniciativa privada, otros realizados por distintas instancias gubernamentales y sumando a lo anterior la llamada arquitectura participativa, que puede ser el resultado de las acciones de las llamadas Ongs o algunas otras entidades y personas preocupadas por las viviendas de grupos sociales con menores recursos y posibilidades de contar con viviendas dignas. Toma en cuenta en sus trabajos, los proyectos que se realizan para afrontar condiciones de emergencia y las experiencias muy generalizadas de las viviendas marginales, que forman parte de la realidad social, política, económica, cultural y del paisaje urbano de muchas ciudades. Puntualiza a lo largo de sus reflexiones, la valoración de las ideas de lo que tiene que ver con la flexibilidad y la posibilidad de transformación en el tiempo de las viviendas, de acuerdo a las necesidades cambiantes de sus usuarios, así como la necesidad de contar con una cantidad de variantes de las mismas, para considerar la inclusión de distintos grupos sociales, económicos y culturales, tomando en cuenta desde la familia nuclear tradicional, las nuevas y diversas realidades de familias, las gentes mayores o las personas que viven solas, entendiendo la importancia de la relación entre todas estas diversidades, para el propio desenvolvimiento de la sociedad y la cultura contemporáneas.

Conjunto de Viviendas Silodam, MVRDV

En términos urbanos Montaner insiste de manera reiterada, en la necesidad de que en los proyectos de vivienda colectiva, existan mezclas de usos del suelo, incluyendo el estar o vivir en los lugares, el divertirse y el poder trabajar, sumando las ideas de privilegiar el espacio público, ya sean plazas, jardines o calles, con el sentido de que lo más importante en las ciudades son las personas, el fomentar la vida social, otorgándole una consideración menor  a los automóviles, que a lo largo del urbanismo del siglo XX ocuparon un lugar preponderante. En este mismo orden de cosas apoya las ideas de privilegiar el transporte público, el uso de la bicicleta y peatonalizar lo mas posible distintas áreas en las ciudades. Montaner valora de manera sustancial, la combinación entre lo que tiene que ver con las posibilidades de las viviendas que pueden ser adquiridas por sus usuarios como propiedades privadas y la necesidad de contar con algunas otras, en número y variedad razonables, que pueden ser vividas mediante el pago de rentas. Pone sobre la mesa de las discusiones, el problema social del desplazamiento de importantes grupos sociales, hacia las periferias de las ciudades, ante la imposibilidad de adquirir viviendas en compra en el centro de las mismas. Periferias  construidas, que generalmente carecen de los servicios y las combinaciones de usos del suelo, que hacen que un lugar pueda ser realmente vivible, en toda la extensión de lo que esto significa y no solo un lugar para dormir.

Conjunto de Viviendas en Ahome Sinaloa, Carlos González Lobo

Se trata al final del camino con el libro de Josep María Montaner, no solo de una relación histórica, sino de una revisión minuciosa, reflexiva y comparada, bastante completa y representativa, que nos permite conocer el conjunto de las experiencias previas en materia de vivienda, a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, entendiendo la anterior no solo como una información cultural, sido además como una herramienta intelectual, que nos puede permitir plantear en el presente y en el futuro, nuevas posibilidades proyectuales urbanas y arquitectónicas, en relación con el importante tema de la vivienda colectiva.

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¿Escribir es hacer arquitectura?

Gustavo López Padilla

Existe una diferencia fundamental entre construir y hacer arquitectura. Construir lo puede hacer casi cualquier persona, se trata al final de cuentas de colocar simplemente un tabique sobre otro, o alguna piedra sobre otra,  de tal manera que se sostengan y conjuntamente con una cubierta cualquiera, delimitar un espacio que sirva para protegerse de las inclemencias del tiempo y realizar actividades diversas en ese espacio definido. De hecho así se construyen en el mundo, una buena parte de las obras en las ciudades. Se trata de edificaciones de diferentes escalas y usos que simplemente están ahí, cumpliendo eso sí una función social importante, dar cobijo a las mayorías, pero las mas de las veces, carecen de valores formales, habitables, simbólicos o culturales reconocidos, que permitan el desenvolvimiento de las mejores emociones y capacidades creativas de quienes habitan esos lugares. Hacer arquitectura es otra cosa, es justamente poner en juego la imaginación para lograr la construcción de espacios habitables, que tengan un manejo de los materiales y procedimientos constructivos disponibles, de manera ingeniosa y creativa, logrando una atmósfera vivencial amable, funcional, confortable, disfrutable, que resulta de la búsqueda de un orden compositivo, una secuencialidad espacial y una disposición formal tales, que logran que sus habitantes los consideren bellos y permiten que se desenvuelvan en su seno, las mejores calidades de vida, conductas positivas individuales y colectivas, propiciando emociones y el desarrollo de las capacidades creativas de sus moradores. Es indudable que las condiciones de los espacios generan conductas, positivas o negativas, dependiendo de su calidad  habitable.

El hacer arquitectura no está asociado necesariamente a un estilo o movimiento cultural en específico, ni está determinado por un costo o manejo de materiales y procedimientos constructivos en lo particular. Es desde luego plural en sus expresiones. No necesariamente la arquitectura es aquella que realizan los arquitectos, sino que resulta de la sensibilidad, experiencia, acuerdos sociales y creatividad de sus realizadores, que pueden ser o no arquitectos. Existen muchos ejemplos en el mundo, en diferentes tiempos históricos que demuestran lo anterior. Para referirnos a algunos de esta naturaleza,  nos podemos remitir a los estudios que realizó Bernard Rudofsky ( Suchdol Nad Odrou, República checa 1905 – Nueva York, E.U., 1988) y que quedaron registrados en sus libros Arquitectura sin arquitectos del año 1964 y en Constructores prodigiosos del año 1977. Pero desde luego los arquitectos a lo largo de la historia han realizado importantes contribuciones que han quedado registradas en un sinnúmero de publicaciones. En general cuando hablamos de arquitectura, nos referimos a aquella que genera emociones y un interés colectivo tales, que propician que la gente viaje muchos kilómetros, con la finalidad de disfrutar las calidades formales, espaciales y vivenciales de esas obras en específico. Pero hablar de arquitectura es considerar al mismo tiempo la idea de ciudades. En ocasiones visitamos en las ciudades obras en lo particular, en su individualidad arquitectónica, pero en muchas otras oportunidades visitamos y disfrutamos el conjunto de obras, que conforman los ámbitos de las ciudades y que son el resultado de la actividad creativa del conjunto de sus sociedades. Desde luego tenemos que considerar que existe una relación estrecha entre lo que significa hacer arquitectura y hacer ciudad.

Hablar de arquitectura, nos lleva a valorar  el conjunto de ideas o razones que le dan sentido, que le confieren sentido de pertenencia a un lugar y un tiempo determinados. Ideas que le dan congruencia al orden  y secuencia de espacios que  conforman cada arquitectura, al manejo de materiales y procedimientos constructivos empleados, pero sobre todo hablar de arquitectura se refiere a lo construido que resulta de considerar un mundo de significados y valores históricos, sociales, políticos, económicos, culturales, emocionales, filosóficos y vivenciales. En los tiempos modernos, los trabajos creativos de los arquitectos, reconociendo la importancia del valor de las ideas en arquitectura, se han constituido con tiempos que se dedican a pensar y elaborar el conjunto de sus ideas y otros dedicados a la  realización material de sus proyectos. De pensar y crear se procede a la edificación material  de las ideas y de ellas se vuelve a los ámbitos del pensamiento reflexivo. Se retroalimentan mutuamente. Así las cosas, acercándonos a algunos de los arquitectos mas importantes del movimiento moderno, valorando el desarrollo de su proceso creativo, encontramos ejemplos notables que dan cuenta de los tiempos y trabajos en los que se dedicaron a pensar y crear el universo de sus propias ideas.    En primera instancia, identificando los orígenes del movimiento moderno de la arquitectura, nos podemos remitir al movimiento Protoracionalista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que daría finalmente como resultado el Movimiento Moderno o Racionalista y aquí justamente nos tenemos que referir a los trabajos intelectuales  de  Adolf Loos, arquitecto Austriaco ( Brno, Moravia 1870 – Viena, Austria 1933 ) quién escribiera un breve texto denominado Ornamento y delito, en el año 1908, en el que sentara las bases conceptuales para la realización de una nueva arquitectura, alejada de las cargas formales, constructivas y vivenciales de la arquitectura histórico académica. Se trató de la búsqueda de una arquitectura distinta, acorde con la nueva realidad económica, social y política de su tiempo,  tomando en cuenta los nuevos materiales y tecnologías constructivas resultantes del desarrollo de la revolución industrial. Loos nos habla de realizar obras congruentes con los tiempos de principios del siglo XX, dejando de lado los adornos, lo superfluo, buscando formas geométricas simples, una arquitectura eficiente, funcional y económica.  Con ello Loos sentó las bases conceptuales que siguen vigentes, aún en la actualidad, para una manera racionalista de ver la arquitectura y las ciudades.

Muy cercano a lo anterior,  podemos recordar el trabajo intelectual que realizara  Antonio Sant´Elia ( Como, Italia 1888 – Monfalcone, Italia 1916 ) y que dejara documentado en su Manifiesto futurista del año 1914, formando parte de un gran movimiento cultural que se llamó Las vanguardias figurativas. En este documento el arquitecto Sant´Elia, visualiza el desarrollo de ciudades que creen en el progreso, en el desarrollo de la ciencia, la técnica y una economía tales, que deberían estar ordenadas a partir de las ideas de movilidad y velocidad, planteando la instrumentación de importantes densidades construidas, que se reflejan formalmente en la dinámica de una gran variedad de edificios altos y vialidades resueltas en diferentes niveles.Retomando en buena medida las experiencias intelectuales de los dos arquitectos anteriores, Lecorbusier ( La chaux –de- fonds, Suiza 1887 – Roquebrun – Cap Martín, Francia 1965 ) el gran maestro del movimiento moderno racionalista, se dio a la tarea de construir las bases conceptuales, urbanas y arquitectónicas, que le darían sentido a su prolífica tarea profesional y que sirvieron también de guía para la multitud de profesionales, que en casi todas las latitudes del mundo lo siguieron de cerca. Lecorbusier fue un prolífico pensador y dejó ampliamente documentado lo anterior en un conjunto de libros en los que propuso a manera de un deber ser, como debían realizarse los proyectos arquitectónicos y urbanos, incluyendo no solo un repertorio conceptual y formal, sino llegando incluso a proponer un distinto sistema de medidas, apoyado en los criterios históricos de belleza, que se expresan a través de la llamada sección aúrea. Lecorbusier propuso su sistema de medidas que llamó el Modulor. Entre las obras intelectuales escritas, más conocidas del maestro suizo-francés, destacan desde luego: Hacia una arquitectura del año 1923, La máquina de habitar, 1924, Urbanismo, 1924 y El Modulor, 1950. Como una expresión distinta y complementaria al movimiento moderno, Frank Lloyd  Wrigth ( Wisconsin E.U., 1876 – Arizona, E.U., 1959 ) en paralelo al desarrollo de sus obras, en una buena cantidad de escritos,  dejó documentadas sus reflexiones entorno a sus interpretaciones de la arquitectura orgánica, con la idea de realizar si una arquitectura racionalista, pero que tuviera mayor atención a lo que tiene que ver con las particularidades objetivas y subjetivas de los usuarios y a la valoración cuidadosa de los entornos naturales, estableciendo relaciones de equilibrio y armonía entre lo construido y los espacios verdes, tanto en lo que tiene que ver con el desarrollo de las ciudades, como en lo referente a las particularidades de la obra arquitectónica. Propuso pensar la arquitectura en íntima relación con la vida y todo lo que ella significa y representa. Podemos acercarnos al pensamiento wrightiano  en un texto que recopila algunos de sus escritos denominado El futuro de la arquitectura.Asumiendo una postura diferente y contestataria, Louis Isadore Kahn ( Kuresaare, Estonia 1901 –Pensilvania, E.U., 1974 ) se desarrollo dentro del movimiento moderno de la arquitectura, a partir de valorar teórica y formalmente, el papel que podía jugar el considerar de nueva cuenta a la historia como una referencia importante, que reconceptualizada contemporáneamente, podía enriquecer los repertorios conceptuales, compositivos, formales y vivenciales del racionalismo, considerando con ello además, propuestas de orden y jerarquía, monumentalidad, masividad, materialidad, eficiencia y claridad en lo que tiene que ver con el empleo de materiales aparentes y procedimientos constructivos racionalizados.  Su pensamiento queda documentado en una variedad de escritos, a los que nos podemos acercar. La obra proyectual de Robert Charles Venturi ( Pensilvania E.U., 1925 ) no se puede entender, sin sus trabajos que tienen que ver con la valoración del conjunto de la historia de la arquitectura, con particular atención a lo que tiene que ver con el movimiento moderno. El resultado de sus reflexiones quedó documentado entre otros, en su libro Complejidad y contradicción en arquitectura del año 1966, ampliando como resultado de sus trabajos, los horizontes y posibilidades para el ejercicio de la arquitectura y el urbanismo, dejando atrás la posición reduccionista, simplificadora que resultaba de la imposición e implementación de las ideas del movimiento moderno. Sin duda existe un antes y un después en la historia de la arquitectura moderna, a partir de los trabajos teóricos escritos por Venturi. Por principio de cuentas se consideró a partir de entonces, la aceptación de la diversidad y de las diferencias con los otros, como  condiciones necesarias e irreversibles, lo que se tradujo en la practica, en un enriquecimiento de posturas y posibilidades en el ejercicio de la arquitectura, aceptando como válidas distintas maneras de experimentar los repertorios formales, compositivos y constructivos, respondiendo a diferentes realidades políticas, sociales, económicas, culturales, filosóficas y de desarrollo tecnológico.Un ejemplo notable en la reciente arquitectura, que tiene que ver con la importancia que se otorga a la generación de ideas que van a dar sentido a la arquitectura, está representado por la obra de Remmet Lucas Koolhaas ( Roterdam, Holanda, 1944 ) quién cuenta con dos oficinas, una dedicada a pensar la actualidad de la vida, la arquitectura y las ciudades y otra distinta que realiza diseños de proyectos arquitectónicos y urbanos, que son en buena medida,  consecuencia conceptual de los resultados de la primera oficina ya mencionada.  Los trabajos de investigación intelectual de Koolhaas han quedado documentados en distintos libros, entre los cuales se significa Delirio de Nueva York, del año 2008, en el cual reflexiona sobre las complejidades, realidades y posibilidades de la vida actual y sus manifestaciones que tienen que ver con altas densidades construidas, con la congestión urbana y humana, con la dinámica y velocidad de la movilidad citadina, con las ideas de globalidad,  diversidad y angustia que todo esto conlleva. Si se piensa con detenimiento, estamos ante la valoración de la realización construida llevada al extremo, de las ideas futuristas de Sant ´Elia, de los inicios del siglo pasado, con las interpretaciones propias de Koolhaas pensando en el fin del siglo XX y los inicios del XXI.

Al tomar en cuenta la revisión del conjunto de trabajos de este grupo de arquitectos notables, que han tenido que ver con el planteamiento y desarrollo de las ideas  que han significado una buena parte de la realidad edificada del urbanismo y la arquitectura del siglo XX y lo que va del XXI, queda clara la importancia de lo que tiene que ver con la construcción de ideas que dan sentido y están íntimamente ligadas con la materialidad de las obras. Ideas que son útiles para quién las genera, pero que se convierten en referencia fundamental para muchos otros que las siguen, las hacen suyas y las convierten también en realidades habitables, distintas o semejantes. Y es aquí donde retomamos la pregunta inicial de si pensar y escribir significa construir ciudades y arquitectura. Desde luego la arquitectura y las ciudades tienen su propia realidad, que tiene que ver con su materialidad y cuando los usuarios  recorren sus espacios, los usan, viven, disfrutan o padecen; pero es entendible que responden a una idea previa que les da sentido. Los arquitectos desarrollan a lo largo de su ejercicio profesional,  capacidades para imaginar, elaborar y crear conceptos de ciudades y arquitecturas en su intelecto, lo que incluye  calidades y formas de vida que tienen sus propios valores, sus propios universos de existencia y que pueden tener distintas interpretaciones formales y compositivas. Estas ideas cuentan  con su propia realidad, casi como verdaderas construcciones. Hablamos de realidades no materiales pero igualmente importantes. El trabajo creativo de los arquitectos, se desarrolla como un proceso que puede iniciar con la construcción de ideas y formas en el intelecto, que se vuelven mas adelante obras reales. Pero se trata de un proceso que no es necesariamente lineal.   Hablamos de  un proceso que se retroalimenta de ida y de vuelta. Pasar de la idea a lo construido  y de lo construido a la idea, asumiendo que son realidades distintas, pero complementarias y siempre hablando de arquitectura.  De lo anterior se puede inferir, que escribir conceptualmente si se puede considerar como una forma de hacer ciudades y arquitectura. Es mas, lo anterior es un trabajo absolutamente necesario, para hacer tangible lo que consideramos verdaderamente como arquitectura. Porque la arquitectura no existe sin las ideas que le dan sentido, significación  e importancia. Hablamos de arquitectura, como la expresión construida de los valores de la vida. Pero desde luego no todo lo escrito de arquitectura lo podemos considerar arquitectura. Todo tiene sus valoraciones y como se ha documentado, al hablar de arquitectura nos referimos en particular de los textos teóricos realizados por arquitectos, los buenos arquitectos o conocedores del tema, que son capaces de conceptualizar o imaginar formas nuevas de habitar y construir los espacios, arquitectónicos y urbanos.

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Intervención 2018 en el Museo El Eco

Gustavo López Padilla

A partir del año 2010 el Museo El Eco, dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México, (obra original del año 1953, cuyo autor es  Mathias Goeritz,  Polonia 1915 – Cd. de México 1990) ha convocado año con año a jóvenes arquitectos radicados en México, para realizar intervenciones temporales en su patio, con la finalidad de incentivar las capacidades creativas de los participantes, tomando en cuenta desde luego como base fundamental en los concursos realizados, la conservación de las preexistencias construidas. En 2018, los ganadores de esta reciente oportunidad fueron los arquitectos José G. Amozurrutia (Cd. de México 1983) y Carlos Facio Gaxiola (Cd. de México 1983) ambos egresados de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, del Taller Max Cetto, quienes hacen equipo con otros jóvenes como Mariana Brito,  Úrsula Rebollar y Álvaro Martínez, contando además con la colaboración de Pedro Lechuga, Ana Lu Villaseñor, Angélica Mota, Patricia García Morales y Sergio Carbajal. La reciente intervención fue denominada por los autores como Campanario.

Es importante destacar de inicio que las propuestas de este concurso, presentan la dificultad de coexistir con la escala, calidad y contundencia del proyecto original de Goeritz, que en sus resultados originales nos muestran una arquitectura de secuencias direccionales de espacios racionales, continuos, emotivos, minimalistas, plenos de contrastes formales, volumétricos, de luz, color y texturas. El espléndido patio como continuidad de la sala principal del museo, nos muestra entre sus componentes, la fuerte presencia de una  estela alta de color amarillo y el contraste de muros desnudos terminados en gris, calificados algunos por el color, juegos de luces y sombras de la profusa vegetación, que próxima pero fuera del museo, juega su papel dentro de la composición general del conjunto.

Así las cosas, la propuesta de los jóvenes arquitectos, de manera respetuosa se posa libremente  sobre la superficie del piso original, terminado con cuarterones de barro, sin interactuar constructivamente con estos últimos. Sobre el piso, un cuádruple entramado de varillas de acero soportan esbeltos apoyos, también ejecutados con varillas de acero, en series de 36 unidades, para dar un total de 144, que se coronan a su vez con unos platos o sombrillas ejecutadas en cobre. La esbeltez vertical de las varillas de apoyo, permite que vibren y los platos puedan tocarse entre si, produciendo una serie de resultados sonoros. El público asistente a la intervención, interactúa lúdicamente con los elementos constitutivos de la misma, moviéndolos, chocándolos, al tiempo que recorre un laberinto ordenado, que produce juegos cambiantes de perspectivas, luces y sombras. El resultado formal de diseño, cuenta con fuerza y personalidad propias, logrando estar ahí en el lugar, dejando ver su presencia racional y orgánica; cubierta ligera y discontinua, que establece un diálogo respetuoso y contrastante, con el minimalismo de las formas dominantes en el Eco.

Es importante en el orden compositivo direccional y de perspectivas, el que la altura de las sombrillas o platos, varíe desde la barra horizontal media  de la ventana alta, que da luz a la sala principal del museo, hasta una altura de 1.95 metros. Es atractivo el brillo de las mencionadas sombrillas y el juego de color que hacen respecto de los cuarterones de barro del piso. Otro tanto hacen los reflejos y sombras cambiantes que se producen en el citado ventanal y al interior mismo de la sala principal del museo. Debe ser interesante poder apreciar El Campanario durante la lluvia, pensando en sus posibilidades sonoras y en el juego de las verticalidades que se producen entre el caer de la propia lluvia y los soportes de las sombrillas. Se aprecia una buena calidad de manufactura y seriedad en la solución de los detalles necesarios para la ejecución de la obra. Sin embargo, en otro sentido, me parece un tanto pobre la calidad sonora de los resultados del trabajo, al ser demasiado seca y homogenea. Entiendo la dificultad que representa y el tiempo que se requeriría, para que con calidades distintas de material, espesores y dimensiones diversas, se lograra una mayor riqueza sonora. A la distancia, desde luego en otra escala y circunstancia, el trabajo de Amozurrutia y Facio, me recuerda el juego de columnas-cubierta, que Frank Lloyd Wright (Wisconsin 1867 – 1959 Arizona ) diseñara, para los interiores de la gran sala de trabajo de los Laboratorios Johnson Wax, (1936 – 1939) ubicados en Racine Wisconsin, en los Estados Unidos de Norteamérica.

Vale la pena recordar el hecho de que la obra fue pensada tomando en cuenta el respeto a las preexistencias en el museo y en la posibilidad de reciclar los materiales empleados para la ejecución de la misma. Por un lado se pueden reutilizar las varillas de acero y los autores proponen vender los platos de cobre y las ganancias donarlas a alguna causa social. Al final de cuentas la propuesta llamada Campanario resulta atractiva y divertida para los visitantes al museo y muestra las habilidades conceptuales y proyectuales de sus diseñadores, que prometen ocupar un lugar en el futuro de la arquitectura mexicana contemporánea. Es importante también resaltar la significación de la labor que realizan las autoridades universitarias del Museo El Eco, en la promoción y difusión de oportunidades para el desarrollo profesional de jóvenes arquitectos residentes en México.

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Galería OMR

Gustavo López Padilla

Durante poco más de cincuenta años, la Sala Margolín, ubicada en la calle de Córdoba número 100, casi esquina con Álvaro Obregón, en la colonia Roma, fue un importante recinto cultural-comercial, donde se podían adquirir los mejores discos de música clásica, ópera, música latinoamericana, jazz o blues. Esta sala fue fundada a finales de los años cincuenta por Walter Gruen (Viena, Austria 2014 – Cd. de México 2008), quién fuera marido de la extraordinaria pintora surrealista Remedios Varo (1908 Anglés España – Cd. de México 1963). El recinto de la sala diseñado por el arquitecto José Priani, era amplio, generoso, iluminado, acogedor y mientras uno recorría los anaqueles para seleccionar la música deseada, se podía uno encontrar a distintos personajes importantes de la cultura mexicana. Sin lugar a dudas, la Margolín, fue un referente fundamental de la vida colectiva y cultural de la colonia Roma y de la ciudad de México. Su suerte de permanencia, asociada a la vida y comercialización de los discos y lo Cds., la llevó a tener que cerrar el 31 de mayo del año 2012, significando una gran pérdida emocional y vivencial, para todos aquellos conocedores y aficionados a la música.

Foto: María Luisa Severiano

Durante años la sala permaneció cerrada y su destino parecía estar encaminado hacia su desaparición. Pero finalmente al inicio del año 2016, el recinto original fue destinado a alojar las nuevas instalaciones de la Galería OMR, que había sido fundada originalmente en el año de 1983 por Jaime Riestra y Paulina Ortiz Monasterio, habiendo tenido su ubicación original en un caserío de principios del siglo XX, ubicado en Plaza Río de Janeiro No. 54. Las nuevas instalaciones de la Galería OMR, ahora dirigidas por Cristóbal Riestra, fueron diseñadas por los jóvenes arquitectos Mateo Riestra (Ciudad de México 1980, arquitecto de la Universidad Iberoamericana), José Arnaud Bello (Oaxaca 1976, arquitecto de la Universidad Iberoamericana) y Max Von Werz (Montreal 1977, arquitecto de la Architectural Association de Londres), aprovechando las preexistencias construidas de lo que fueran las instalaciones de la Sala Margolín. El proyecto resultante de dos niveles, resuelto con base en detalles muy finos y bien resueltos, es respetuoso de la propuesta original de José Priani.Pensando el proyecto como parte de la ciudad, se mantiene en buena medida una presencia discreta, con la imagen y volumetría que recuerdan a la distancia lo que fuera la sala de música, pero mostrando con serenidad un nuevo rostro, que ahora se identifica con la Galería OMR. En su primer nivel de doble altura, se ubican un pequeño jardín de acceso, las áreas de recepción y control, la sala principal de exhibición, una pequeña zona de servicios y un jardín posterior. En un nivel intermedio de la doble altura, al fondo del volumen construido, se ubican los servicios sanitarios correspondientes. En el segundo nivel, de altura un poco mas alta de lo habitual, se ubican tres salas de exposiciones, de menor tamaño en relación con  la ubicada en el primer nivel, una biblioteca, la oficina principal del museo, incluyendo una sala de juntas. En colindancia con estas últimas y dando frente hacia la fachada de la calle de Córdoba, se ubica una terraza jardinada. En el nivel azotea, existe un área útil, destinada a actividades diversas complementarias.En términos generales la conceptualización del diseño, se acerca a los criterios de un racionalismo minimalista, en donde los espacios se definen de manera clara, con base en componentes mínimos esenciales ordenados modularmente, uso de materiales aparentes, formas geométricas simples, regulares, eliminando los adornos y lo superfluo, otorgándole fuerza presencial, al manejo diestro de la escala y la solución cuidadosa de los detalles necesarios correspondientes. La sala principal de exposiciones, de doble altura, un paralelogramo que cuenta con cuatro columnas de concreto aparente ubicadas casi al centro de su superficie, muestra la estructura del entrepiso, resuelta con  base en casetones aparentes de concreto, otorgándole al conjunto espacial una fuerza expresiva interesante, contrastando con las superficies lisas de las paredes y del plafón luminoso, localizado al centro de las cuatro columnas. El piso de cemento pulido rigurosamente subdividido complementa la imagen de la sala, que apunta hacia una neutralidad formal y visual, como telón de fondo propicio para dar cabida a las diferentes expresiones de las exposiciones que ahí se muestran. Desde luego el criterio de las distintas salas de exposiciones involucra la idea de plantas libres reconfigurables, dependiendo de las necesidades propias de cada exposición.La escalera que articula verticalmente los distintos niveles del proyecto, ubicada al fondo de la volumetría construida, racional y funcionalmente ejecutada, se despliega formalmente de manera interesante en la fachada secundaria de la galería. El conjunto de los detalles de las distintas herrerías necesarias, incluyendo el ventanal de doble altura que colinda con el jardín, rigurosamente modulado tanto en planta como en alzado y el que da frente e ilumina la zona de oficinas en el segundo piso, resueltos ambos mediante placas y ángulos metálicos convencionales, nos dejan ver las habilidades de diseño de los arquitectos encargados del mismo, reforzando la filiación, racionalista minimalista del proyecto. Los jardines, entendidos como espacios necesarios para procurar una iluminación regulada, contrastan la simplicidad de sus limitantes formales, con la vegetación implementada y estos además, funcionan como posibles extensiones espaciales de algunas exposiciones. Siguiendo cánones lecorbusianos, la azotea es también un lugar útil, en el que se pueden desarrollar algunas actividades culturales complementarias

El resultado final de la remodelación – conversión a galería de exposiciones, de la OMR, nos remite a la distancia, a la buena arquitectura mexicana de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Diálogo sabroso entre modernidad y nostalgia. Aprovechamiento de las preexistencias construidas, valoración-reinterpretación del patrimonio reconocido de la arquitectura mexicana contemporánea y compromiso por dejar constancia del propio tiempo.

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El futuro

Gustavo López Padilla

Al final construimos porque creemos en el futuro; nada muestra más compromiso con el futuro que la arquitectura. Y construimos bien porque creemos en un futuro mejor.

                                               Paul Goldberger en Porqué importa la arquitectura.

Si pensamos en las dificultades que implica reflexionar sobre el presente, a partir de la difícil posibilidad de disponer de datos suficientes,  claros y certeros, dada la limitada perspectiva con la que nos enfrentamos a los hechos; visualizar y sopesar las posibles realidades futuras, nos ubica aún más en la incertidumbre. Sin embargo es indudable la importancia y necesidad de detenerse a pensar desde el pasado, cruzando por el  presente y aventurar los posibles escenarios de futuro, entendiendo lo anterior como un proceso en el que se establecen relaciones de causa y efecto, pero al que se incorporan de manera inevitable, lo que tiene que ver con el azar, lo imprevisto, a veces lo inexplicable, condiciones estas últimas que hacen que la vida sea fascinante, valga la pena ser vivida y hacen de sus expresiones una experiencia rica, atractiva y emocionante. Vivimos el presente como consecuencia del pasado y hoy mas que nunca lo hacemos con tal intensidad, como si este fuera nuestra única posibilidad de vida, pero al mismo tiempo siempre están ahí la esperanza, las ideas, los sueños de mejores cosas en todos los sentidos que imaginamos para el futuro. Como seres humanos conscientes, somos necesariamente los tres tiempos estrechamente relacionados, pasado, presente y futuro, cada uno con sus características particulares.Pero ahora la idea es reflexionar precisamente sobre como deseamos e imaginamos nuestro futuro. Y así las cosas, quiero primero pensar y valorar lo que tiene que ver con lo social. Históricamente hemos vivido la desigualdad, esta se ha afianzado en casi todas nuestras sociedades. Hoy mas que nunca la pobreza, la desigualdad, la falta de libertades y la injusticia  nos agobian. Unos pocos disfrutan excesivamente los increíbles beneficios de la vida moderna, mientras millones de personas  en los cinco continentes padecen hambre, sed, falta de trabajo, techo y arraigo a un lugar determinado. Poco más de veinte siglos de filosofía, desde los presocráticos hasta los postestructuralistas, de desarrollo de la ciencia, desde la máquina de vapor hasta la nanotecnología, de experiencias en sistemas políticos y organizaciones sociales, desde los originales sistemas autoritarios, pasando por el socialismo y la democracia, hasta el neoliberalismo mas crudo, no nos han sido suficientes para lograr condiciones de vida aceptables para el conjunto de todos los que habitamos en este planeta. Pero eso si, ya estamos empeñados por conquistar y habitar marte. Podemos entender que a lo mejor siempre habrá pobres, pero la realidad de hoy en día es que su número y condiciones de vida son inhumanas, alarmantes, inaceptables y vergonzosas. Los malos manejos   políticos, sociales, el egoísmo, la insensibilidad y la ambición desmedida, están incrustadas en lo mas hondo de nuestra naturaleza humana y el futuro, por ahora, no nos augura notables cambios para mejorar en este sentido. Y luego entonces tenemos que considerar un hecho contundente; si no somos capaces de mejorar en lo social y en una redistribución razonable de las riquezas, todos los demás logros serán relativos,  motivo de severas criticas, desencuentros, enfrentamientos que cada vez pueden ser mas peligrosos y destructivos. Pensando en el futuro, para lograr mejores condiciones sociales y económicas, tenemos que empeñarnos en mejorar la aceptación de los otros, lo que tiene que ver con la  diversidad, la libertad, la justicia, la práctica de la democracia, entendida con sus limitaciones como la mejor organización que hemos imaginado y experimentado en poco mas de veinte siglos y lo que va del presente siglo XXI. Tenemos que  mejorar sobre todo la educación y después de esta como su consecuencia, la instrumentación de oportunidades de trabajo que dejen atrás las ideas de explotación de los desprotegidos, el respeto por el estar, el derecho al arraigo a la tierra y a contar con un techo seguro que nos proteja, el acceso a los medios de comunicación. Tenemos que aprovechar mejor  el impresionante desarrollo de la ciencia para beneficio de todos. Lo anterior se nos presenta hoy en día  como una utopía. Debemos comprometernos y empeñarnos en ser capaces de lograr la realización de esta utopía, si aspiramos a mejores cosas para los tiempos que vienen.

Es una realidad que el futuro nos depara que mayoritariamente la población mundial vivirá en ciudades, se visualiza que en los años por venir lo haga el 75 % de la población mundial; esta es una de nuestras certezas en el tiempo. En las ciudades se han realizado y se verifican las mayores transformaciones sociales, políticas, económicas, científicas, culturales y no dejan de sorprendernos cotidianamente. Nuestro futuro en buena medida está enraizado en la realidad de las ciudades y todo lo que ello implica. En los últimos años se ha aceptado abiertamente la transformación de la familia, entendida como la célula principal de la organización social urbana. De aquella idea de familia, con padres, hijos, abuelos y tíos, hemos pasado a una variedad de posibilidades que están dadas por la aceptación de la diversidad sexual y por lo que nos ofrece la ciencia a través de la genética. Hoy existen distintas modalidades de familia. En otro sentido, como consecuencia del desarrollo de la medicina, nuestro tiempo de vida se ha alargado considerablemente, a lo que se suma un incremento notable de la población mundial, mal distribuida en relación con la geografía mundial y a la accesibilidad de los satisfactores vitales. La movilidad social entre países en el mundo, buscando mejores oportunidades de vida, es inevitable y habrá que enfrentarla en el presente y en el futuro con inteligencia y sensibilidad, reconociendo las aportaciones de las distintas culturas. Paulatinamente, distintos grupos sociales cada vez mas informados y mejor preparados, participan activamente en el desarrollo de sus ciudades y demandan activa y conscientemente  distintos satisfactores a sus demandas y se oponen a todo aquello que consideran daña a sus comunidades. Requeriremos en el futuro planear una racional  distribución poblacional en el planeta, con un sentido humanista e incluyente. Además deberemos regular el crecimiento poblacional, entendiendo y regulando de manera mas equitativa la distribución de los satisfactores naturales, que requiere toda la población y que desde luego son limitados y acotados en nuestro planeta. El futuro de nuestras ciudades, su orden espacial colectivo, el tipo de arquitecturas y sus condiciones de habitabilidad van a tener que responder a todos estos requerimientos, condiciones políticas, culturales, económicas y sociales descritas previamente.El futuro estará en gran medida calificado por el vertiginoso desarrollo de la ciencia, aplicada a un sin fin de campos del conocimiento y de la vida. Creo que lo mas impactante tendrá que ver con la medicina, por un lado el control de enfermedades que alargarán aún más la vida, con calidad para disfrutarla, lo que aumentará radicalmente la población adulta, con todo lo que conlleva lo anterior. En otro sentido la tecnología aplicada al cuerpo humano, la llamada biotecnología, mejorará aún más sus capacidades y rendimientos, entrecruzando la naturaleza de los seres humanos con los robots  y  desde luego todo lo que tiene que ver con la regulación de las calidades bilógicas de los seres humanos, en particular lo referido a las manipulaciones genéticas y los clones, que hoy en día son una realidad. Me atrevo a afirmar que ya existen los primeros clones humanos y eso formará parte de nuestra cotidianeidad. Nuevas formas de producción de energía estarán sin duda presentes en nuestro futuro, energías que esperamos sean cada vez mas limpias, de mucha mayor duración y rendimiento. Lo que tiene que ver con el hidrógeno por ejemplo. No podemos seguir consumiendo energías altamente contaminantes y destructivas, estamos en las fronteras límite, que ponen en riesgo la viabilidad de la vida como la conocemos. Confío en la sensatez de los seres humanos para impulsar  nuevas fuentes de energía, amigables con la naturaleza. Nuevas formas de comunicación no dejarán de sorprendernos, lo que puede traer consigo, distintas y novedosas formas de conductas, relaciones humanas y distintas modalidades de  conocimiento. La ciencia aplicada a la movilidad, tendrá también un impacto muy importante en el futuro, formalizando aún más los criterios de globalidad, reduciendo tiempos y distancias. Movilidad personal y colectiva, dejando atrás el rudimentario uso de los automóviles, que cederán su lugar a otros sistemas mas avanzados. La tecnología aplicada al trabajo en general, tendrá un impacto brutal en todos los campos, lo que terminará por transformar las formas de vida de los seres humanos. La llamada inteligencia artificial y la presencia práctica de los robots impactando en lo que tiene que ver con el trabajo y el desenvolvimiento de la vida cotidiana. Tenemos que imaginar radicalmente en el futuro, nuevas formas de ocupar, distribuir el tiempo y con ello ser imaginativos, creativos de nuevas actividades. La tecnología aplicada en las ciudades y en la arquitectura producirá cambios sorprendentes, de los cuales atisbamos hoy en día apenas unos cuantos. Seguirán apareciendo materiales mas ligeros, económicos, durables, con mayores resistencias, distintas calidades y presencia, que transformarán las formas de construcción, operación y mantenimiento de las ciudades y la arquitectura. Lo que tiene que ver con la nanotecnolgía por ejemplo. Las máquinas estarán presentes, reordenando la participación en el trabajo de los seres humanos, incluyendo  lo que tiene que ver con el diseño y todo lo referente a la construcción, operación y mantenimiento de las ciudades y sus arquitecturas. Los robots intensificarán su presencia en nuestras vidas, en lo que se refiere a la limpieza y mantenimiento de nuestros hogares, preparación de alimentos, atención al público, mejoramiento y regulación de las condiciones de confort de los espacios habitables, controlando todo por computadoras.Pero es importante entender que el futuro no implica borrón y cuenta nueva; es necesariamente continuidad entre el pasado, el presente y el futuro. Con una visión optimista se requiere meditar y valorar los logros y errores de poco mas de veinte siglos y lo que va del presente siglo XXI con sus maneras de entender las ciudades y sus arquitecturas, aprovechando unos y evitando los otros. El futuro implica la conservación de los patrimonios construidos que hemos heredado y que nos son significativos, entrañables e indispensables, la restauración de otros que por falta de visión, sensibilidad y arrogancia hemos dañado, la construcción de nuevos ámbitos habitables que deben solucionar y responder a nuestras necesidades presentes y la conceptualización y visualización de escenarios futuros que pensamos serían deseables, siempre pensando en que podremos ser mejores seres humanos y dispondremos de mejores condiciones habitables. En primera instancia debemos reconsiderar el papel que juega la naturaleza en todo esto. Tenemos la gran tarea en el futuro de restaurar los sistemas ecológicos que hemos dañado: bosques, ríos, lagos, lagunas, mares, manglares, etc. Lograr equilibrios ambientales entre el territorio ocupado por las ciudades y la naturaleza, pensando en el presente y el futuro, tomando en cuenta no solo a los seres humanos, sino al conjunto de la vida, incluyendo a los animales, con quienes compartimos la vida como parte de un sistema integral en este planeta.Las ciudades por su propia naturaleza, son varias ciudades al mismo tiempo y en las modernas, las actuales y las futuras, las mezclas razonables de distintos tiempos históricos, diversas densidades construidas, una gran variedad de maneras de entender y resolver sus arquitecturas, diferentes y complementarios usos del suelo son inevitables y deseables. El saber plantear y la sensibilidad combinatoria de densidades y usos del suelo, determinarán en gran medida la calidad habitable de nuestras ciudades, en el presente y en el futuro. Si bien entiendo la necesidad de instrumentar densidades altas en las ciudades modernas, lo anterior no se traduce necesaria y mayoritariamente  en imágenes de muchos edificios altos muy tecnologizados como la idea  que dominará todo el futuro. De hecho es preferible dentro de las posibilidades urbanas combinatorias, una mayor presencia de densidades medias, como las aplicadas al desarrollo de ciudades europeas, Barcelona, Londres o Amsterdam, que permiten una mejor relación de escala entre lo construido, la naturaleza y los seres humanos; sumando en el futuro la presencia de innumerables avances tecnológicos que formarán parte de la vida cotidiana. Se suma a lo anterior la necesidad de tomar en cuenta la conservación, restauración y creación de espacios públicos, abiertos, democráticos e incluyentes, en número, calidad y variedad tales, que respondan a la cantidad de población y a las densidades implementadas en las ciudades. Sabemos de sobra por la experiencia acumulada, que la calidad habitable de las ciudades, es directamente proporcional a la disponibilidad de espacios públicos. Como parte de estos espacios públicos, debemos considerar las áreas verdes necesarias, atendiendo las recomendaciones de los estudiosos en materias urbanas y sociales, en el sentido de que las ciudades deben contar con al menos 15 m2 de espacios verdes por habitante. Es fundamental en las ciudades que alojen poblaciones a las que se pueda atender en sus demandas de satisfactores, distribuidas adecuadamente, evitando sobredensidades malsanas y en otro sentido malos aprovechamientos. Se relacionará con ello el factor de la movilidad, que en el futuro contará con medios sorprendentes, entre lo que tiene que ver con la conducción autónoma segura, los drones y la posibilidad de moverse a través  del aire. Sin embargo, lo deseable para mí es que nuestras ciudades pudieran responder a una redistribución territorial tal, que pudieran ser en buena medida caminables. Habrá gente que le gustará o tendrá que vivir en el piso 150 y deberá trasladarse por los aires entre un edificio y otro. Pero nada, absolutamente nada es mejor para los seres humanos que caminar o andar en bicicleta, entre calles, plazas y jardines, admirar lo construido pausadamente, esperando en el azar, las posibilidades maravillosas de encuentros con otras personas, que lo anterior posibilita.Sabiendo que se ha anunciado recientemente que Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, se ha quedado prácticamente sin agua, imagino para las ciudades en el futuro, ciclos cerrados en el manejo y uso del agua potable e incluyendo la de lluvia, directamente relacionados con el reciclamiento de las aguas residuales, entendidas estas últimas como un bien, reponiendo dentro de los sistemas cerrados, solo el agua que pudiera perderse por fallas en las tuberías o por motivo de evaporación. Lo anterior llevaría a una mejor conservación de ríos, lagos, lagunas y la disponibilidad de agua en los mantos freáticos. Desde luego la posibilidad de la potabilización razonable y ambientalmente comprometida del agua del mar, es otro camino en el presente y futuro, para la disponibilidad de agua en las ciudades. Imagino también ciclos cerrados en la producción de objetos y generación de basura, entendiendo esta última como un bien reciclable, reponiendo también algunas pérdidas. Creo en un mejor aprovechamiento de la luz natural en los espacios útiles, habitables y un razonable uso de la energía, que deberá producirse mayoritariamente mediante fuentes renovables y limpias, como la solar, eólica, mareas e hidrógeno. Confiamos en que la ciencia podrá mejorar las fuentes de energía comentadas previamente y encontrar además otras formas de producción  que dejen atrás definitivamente el carbón, el petróleo y la nuclear, que tanto daño han hecho a la naturaleza, a las ciudades y a los seres humanos.

Formalmente nuestras ciudades estarán determinadas por una gran variedad de densidades construidas, ambientes urbanos y sus arquitecturas, esperando que dentro de su diversidad puedan ser bellas, amables, vivibles, confortables y que permitan que los seres humanos puedan desplegar sus mejores habilidades, capacidades creativas, sus mejores conductas sociales y de relaciones humanas. Sabemos claramente, que la calidad de los espacios habitables, arquitectónicos y urbanos, generan conductas en los seres humanos, que pueden ser positivas o negativas, creadoras o destructivas. Esperamos que nuestra experiencia adquirida nos permita que en nuestras ciudades de futuro, podamos vivir mejor y ser mejores seres humanos. El como y con que calidades habitables tendremos nuestras ciudades en los tiempos por venir, son sin duda responsabilidades colectivas, todos somos necesariamente corresponsables.

Mazdar CIty, Proyecto Norman Foster

Nota:

La lectura previa de los anteriores comentarios, la realicé durante la décimo tercer Congreso Internacional de Arquitectura con Alta Tecnología Bioclimática y Diseño Sustentable, realizado en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, entre el 5 y el 8 de marzo del presente 2018.

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Generación 68 Facultad de Arquitectura UNAM

Gustavo López Padilla

Al inicio del año 1968, llegamos deslumbrados a las instalaciones del campus de la Universidad Nacional Autónoma de México y en particular  a la llamada entonces Escuela Nacional de Arquitectura. Al caminar por el campus, nuestros ojos aún poco educados, se detenían a admirar los magníficos y emblemáticos murales de los maestros que acompañan la arquitectura que personaliza nuestra universidad y que formaron parte de lo que se conoce como movimiento de Integración Plástica. Rivera en el Estadio Olímpico, Siqueiros en la Rectoría, O´Gorman en la Biblioteca, Eppens en Medicina, Chávez Morado en el edificio de Ciencias. Rápidamente comenzamos a utilizar los jardines centrales del campus, donde jugábamos futbol y disfrutamos las islas, donde se descansaba, dormía o se fumaban carretadas de mota. Amor y Paz era la consigna, al mismo tiempo que oíamos las interpretaciones musicales de personajes como Janis Joplin con Un pedazo de mi corazón, a Bob Dylan, cantando como una piedra rodante, a Jimi Hendrix, con su maravillosa guitarra interpretando neblina morada, a los Beatles con el Sargento Pimienta y su Viaje Mágico y Misterioso o a los Rolling Stones con Satisfacción y Simpatía por el diablo. Recorríamos los edificios de nuestra universidad y comenzábamos a saber de sus autores, entre otros Augusto Pérez Palacios, Mario Pani, Enrique del Moral, Augusto H. Álvarez, Juan O´Gorman, José Villagrán, Francisco Serrano, Félix Candela, Ramón Torres, Ramón Marcos, Pedro Ramírez Vázquez, Enrique Yánez y desde luego Alberto T. Arai, de quién según nos contaban, cuando vino alguna vez Frank Lloyd Wrigth a Ciudad Universitaria, comentó que los frontones, con su reinterpretación volumétrica prehispánica, era lo que más le había impresionado. En nuestro espíritu, en lo mas profundo de nuestra alma, comenzamos a construir un sentido de pertenencia y orgullo por ser parte de esta nuestra casa.La generación del 68 se caracterizó entre otras cosas porque muchos de nuestros compañeros venían de distintas regiones y ciudades de la República Mexicana. Desde Baja california, Sonora, el occidente, pasando por distintas ciudades del bajío, el centro del país y desde luego todos aquellos que venían del sureste como Yucatán o Chiapas. Algunos más venían del extranjero. Estudiar en la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM era la mejor alternativa de aquellos años, hoy sin duda, en el 2018 lo sigue siendo, somos la mejor opción, aunque ya existen otras. En nuestra generación contamos con pocas mujeres, entre un 7 y un 10 %, así eran aquellos tiempos. Era memorable que algunas intrépidas se atrevieran a cruzar el patio principal de la escuela y tuvieran que aguantar a lo largo del recorrido una buena cantidad de silbidos y piropos. En los primeros años pasamos casi todo el día en esta escuela, así fue que se crearon diversas hermandades. Llegábamos a las siete de la mañana y estábamos aquí hasta las siete u ocho de la noche casi toda la semana. Aquí estudiábamos, jugábamos y comíamos. Era usual hacerlo en la espléndida cafetería central, que estaba aquí muy cerca de nuestra escuela, aquel edificio de planta libre, apoyos de columnas metálicas esbeltas y fachada transparente, como mandaban los cánones del movimiento moderno, mirando hacia el campus central, la biblioteca y su mural, rectoría con el suyo, los jardines y el espléndido espejo de agua en el que se refleja la biblioteca, el cielo y la naturaleza. La cafetería era amplia, muy iluminada y contaba con mesas grandes, de superficies negras y pulidas, que nos servían de maravilla para desplegar nuestros planos, trabajar en el lugar e intercambiar ideas con los otros. Aquí nos encontrábamos al mismo tiempo con compañeros de otras escuelas y facultades. También podíamos comer en la cafetería de lo que fueron las instalaciones de Radio Universidad, o íbamos a la cafetería de Filosofía, donde había mas mujeres y eso era siempre muy atractivo o a veces comíamos tortas, exquisititas por cierto o al menos así nos parecía  a las dos de la tarde, de las que vendían al fondo de la estación de camiones, que era el medio de transporte básico para  llegar a ciudad universitaria. Muy pronto en el año de 1969 se inaugurarían las primeras líneas  del metro y algunos lo usarían para acercarse casi hasta aquí.Nuestra vida académica se estructuró a partir de la idea y los tiempos asociados a los talleres de proyectos, donde realizábamos nuestros ejercicios de diseño. Talleres que se asociaban a las ideas y directrices de sus coordinadores. Cada quién seleccionaba el taller de acuerdo a sus intereses y preferencias. En ese entonces seguimos muy de cerca el modelo académico que vino de Alemania, en particular de la Bauhaus, con sus cursos de iniciación al diseño y mas tarde lo que terminaba siendo propiamente proyectos. Contamos con maestros de gran calidad y experiencia. Maestros que enseñaban y al mismo tiempo ejercían la profesión, eran verdaderos ejemplos a seguir. Algunos de ellos iniciaron y consolidaron el movimiento moderno en México. Así pues el racionalismo o funcionalismo era el camino seguro, confiable a seguir. Era casi un deber ser. Contamos con maestros de proyectos como Ramón Torres, Manuel González Rul, Max Cetto, Domingo García Ramos, José Luis Benlliure, Ricardo Flores, Enrique Ávila, Santos Ruiz, Josefina Saisó, entre otros. En geometría recordamos especialmente a Miguel De la Torre y a Carlos Chanfón. En historia y teoría a gentes como los arquitectos José Villagrán,  Carlos González Lobo, Jesús Barba, Salvador Díaz Berrio, Antonio Encinas o Vicente Martín. Y que decir de las clases que impartía Mathías Goeritz, discípulo de Barragán, siguiendo de igual manera las ideas bauhasianas de Walter Gropius, Lazlo Moholy Nagy, Marcel Breuer, Paul Klee, Vasily Kandinsky o Joseph Albers. En estructuras contamos con las enseñanzas de los arquitectos Bernardo y José Luís Calderón, Jesús Aguirre Cárdenas, Félix Candela, las del temido Eugenio Peschard o las de Honorato Carrasco. En dibujo desde luego contamos con el Charro Medina o los inicios de Humberto Ricalde. Con este último recuerdo por ejemplo haber dibujado, en la clase llamada dibujo de imitación,  algunas de las esculturas de la Ruta de la Amistad que se instalaron con motivo de las Olimpiadas.Aprendimos pronto a trabajar en equipo y fueron memorables, los incontables fines de semana que nos reunimos en casa de algunos de nosotros, nos encerrábamos desde el viernes por la tarde noche, hasta la entrega del lunes por la mañana; en todo ese tiempo jugamos cartas, hojeamos revistas, algunas de arquitectura y algunas otras mas divertidas. Oímos música, cantamos y a veces hasta bailamos. Desarrollamos los trabajos en equipo que nos fueron encomendados, al mismo tiempo que desde luego escuchábamos música de los Beatles, los Rolling Stones, Los Credence Clear Water Revival, los Beach Boys, Pink Floyd, Led Zepellin, Cream  o los Doors. Pero también escuchamos a Violeta Parra o a Atahualpa Yupanqui. Del rock nacional a veces oíamos a los Locos del ritmo con Antonio de la Villa o a los Crazy Boys, con el Bibi Hernández. Por esos años acudíamos a escuchar música en los cafés cantantes de moda y a las llamadas peñas. Nunca nos falló trabajar en  e Boys, con el Bibi Hernández.   squipo, identificamos y aprovechamos con inteligencia, las distintas habilidades del grupo de compañeros que nos reuníamos. No fuimos una generación muy viajera, sin embargo si realizamos varios viajes, algunos de ellos con motivo de nuestras clases, generalmente de proyectos y otros solamente de diversión. Nos quedan de todos ellos gratos recuerdos.El 68 fue crucial como tiempo de cambio en el mundo, principalmente en Europa, los Estados Unidos y desde luego en México. Nuestras vidas se transformaron en esos años. Había un espíritu idealista y de cambio que se respiraba en la atmósfera. De Rebeldía contra la autoridad, contra los sistemas sociales y políticos, contra la economía injusta, al mismo tiempo que se demandaban procesos de elección democrática. Se criticaron fuertemente las formas tradicionales de familia, de convivencia, se criticó a la iglesia; a lo anterior se les llamó en conjunto movimientos de protesta o de liberación. En Europa y los ejemplos pueden ser Francia y Checoslovaquia, se puso en tela de juicio todo lo anterior y hubo revueltas estudiantiles,  de trabajadores y de clases medias, lo mismo sucedió en los Estados Unidos. México no fue la excepción. Solo faltaba un motivo, una pequeña gran causa, un pretexto que bien podía parecer intrascendente para que el movimiento del 68 comenzara. Y de pronto ya estábamos en la calle, entre marchas y plantones, con arengas del comité de lucha encaramado en los toldos de los camiones instalados en plena plaza del zócalo, movilizaciones que desde luego no eran bien vistas por el gobierno autoritario de Gustavo Díaz Ordaz, quién asumió el movimiento como un peligro, una amenaza para la estabilidad nacional y pronto empezaron la intolerancia, las represiones y los arrestos. Entre las marchas recuerdo en particular la encabezada por el rector de nuestra propia Universidad, Javier Barros Sierra, después de aquel bazukazo a la puerta de madera labrada del siglo XVIII en la entrada de la preparatoria no. 1 de San Ildefonso, en el centro de la ciudad de México. O aquella otra impresionante que se llamó la marcha del silencio. Y qué decir de los trágicos sucesos de Tlatelolco, el 2 de octubre, que no se olvida. Algunos de nosotros que participamos en las marchas, aunque no de una manera tan activa en el movimiento, por azahares del destino no acudimos ese día a Tlatelolco. Pero muchos compañeros si lo hicieron. En el mejor de los casos terminaron en la cárcel y ahí estuvieron por lo menos un par de años. A un compañero que estuvo en Lecumberri me lo encontré años mas tarde y me comentó que se había afiliado a la guerrilla. El ambiente de agitación y transformación se respiraba por doquier y en ese entonces leímos entre otros a  Herbert Marcuse, con obras como El hombre unidimensional, Razón y revolución o Un ensayo sobre la liberación. Seguimos de cerca  al Arzobizpo  rebelde Sergio Mendez Arceo  en Cuernavaca, llamado el teólogo de la liberación, que se revelaba contra la estructura tradicional de la iglesia.

Leímos a Cortázar, desde luego Rayuela e Historias de cronopios y de famas, a León Felipe, con Ganarás la luz, a Pablo Neruda con sus veinte poemas de amor, a Walt Whitman con sus hojas de hierba. Pero también leíamos a Octavio Paz, con el Laberinto de la Soledad y a Carlos Fuentes con La muerte de Artemio Cruz. Como parte del 68, estuvieron presentes entre nuestros intereses, las obras literarias y periodísticas de José Revueltas,  Luís González de Alba,  Elena Poniatowska, Carlos Monsivais y desde luego  Don Daniel Cosío Villegas. En teatro fue la época notable de Jodorowzky con la obra El juego que todos jugamos y en pintura estuvo presente la rebeldía de José Luis Cuevas y Rufino Tamayo, en contra de los maestros muralistas. Leímos  ciencia ficción,  Aldous Huxley, Isaac Asimov, Ray Bradbury, Arthur C. Clark o Georges Orwell. Aquellos mundos fantasiosos e increíbles hoy en día, en muchos aspectos son parte de nuestra cotidianeidad. Fue el tiempo también en que una mañana de 1969, en nuestro salón de clases, las suspendimos para seguir en tiempo real, en un radio de pilas que alguien llevaba, la transmisión de la llegada del hombre a la luna, Neil Amstrong, Aldrin y Collins. La carrera espacial entre Rusia y los E.U. en pleno. Fue también el tiempo de la píldora anticonceptiva, de la minifalda, los pantalones acampanados, el pelo largo y la barba. Las propuestas de vida comunitaria de lo hippies.  El apogeo de las películas de James bond, de Brigitte Bardot, Sofía Loren, Marcelo Mastroiani o Alain Delón. Fueron muy importantes por esos años las muestras internacionales de cine y hacíamos largas colas en el Cine Roble, ubicado en de Paseo de la Reforma, casi en el cruce con Insurgentes; podíamos ver hasta tres películas en un día, obras  de Fellini, Visconti, Bertolucci, Bergman o Woddy Allen.Las Olimpiadas de México 68 fueron un pequeño respiro, un intervalo en la violencia y la  transformación política, social y educativa del país. Los juegos fueron espléndidos y memorables; recordamos con emoción las fanfarrias olímpicas, los triunfos en natación del Tibio Muñoz y María del Pilar Roldán en esgrima. Con los juegos se celebró en paralelo la llamada Olimpiada Cultural. La universidad en este sentido desempeñó un papel fundamental. Recordamos las magníficas exposiciones celebradas en el Museo Universitario sobre arte contemporáneo. Entre los trabajos de los grandes expositores, particularmente fue significativa una escultura que se instaló en el museo, con un pequeño espejo de agua y que permaneció ahí por varios años. Se trató de una escultura de gran formato, tallada en madera, del finlandés Tapio Birkala. Poco mas adelante todavía siendo estudiantes,  fueron los tiempos en los que se celebraron el Festival de Woddstock en 1969 y el de Avándaro en 1971, con todo lo que significaron en su momento y para el futuro. Nos tocó vivir la guerra fría y la caliente también que  cobró muchas vidas. Vimos pasar frente a nosotros a personajes y líderes emblemáticos, desde Nikita Krushov, John F. Kennedy, Mao Tse Tung, Fidel Castro,  Charles de Gaulle, Winston Churchill, Josep Broz Tito y que decir del emblemático Ché Guevara. Nuestra generación, además del cambio,  desde el año de 1976 se ha enfrentado a vivir casi permanentemente en la crisis. Hoy en día padecemos una de tantas y nos hacen falta nuevos y mejores líderes, con verdaderos compromisos de valores para con sus países y sus sociedades.Por distintas razones varios de nosotros comenzamos a trabajar, al mismo tiempo que estudiábamos en la Escuela de Arquitectura. Circunstancia de la vida que fue muy afortunada. Trabajar en un buen despacho de proyectos, es parte fundamental en la formación de un joven estudiante de arquitectura. Históricamente la relación maestro alumno ha sido ampliamente documentada y es sin duda fundamental para la evolución de la arquitectura. Ahí están las fructíferas relaciones de Lecorbusier con Perret, Wright con Sullivan, Mies con Behrens o la de Teodoro González de león con el mismo Lecorbusier. Hacer arquitectura por esos años en México, entre 1968 y 1973 era realizar proyectos racionalistas. No había duda, eso era lo correcto y la manera dominante de hacerlo. Pero muy pronto pasamos de las certezas a la incertidumbre. Con la aparición en 1969 del libro Complejidad y contradicción en arquitectura de Robert Venturi, se terminó de poner en duda la vigencia del racionalismo, entendido como la  vía mas importante para ejercer la arquitectura y se abrió un panorama amplio de posibilidades para practicarla, algunas de las cuales se consideraban de poco valor, como la arquitectura posmoderna. De una supuesta uniformidad, de una arquitectura racionalista que pretendió imponerse con la denominación de internacional, pasamos a la aceptación de la diversidad, condición que nos acompaña hasta nuestros días. Los maestros de la arquitectura, muchos de los cuales nos formaron en nuestra época de estudiantes, fueron paulatinamente reemplazados por nuevas generaciones, con visiones distintas e incluyentes.Nuestra generación se significa por los cambios, que poco a poco se fueron presentando vertiginosos. Pasamos de dibujar con regla T, escuadras y compás, con  plumillas Spitball, para sustituirlas luego por el graphos, luego el rapidograph, pasando por las plantillas de letras, las calacas metálicas, el leroy, las reglas universales y las paralelas, hasta la computadora y ahora lo virtual, los dibujos en tres D, el revit  y todo lo relacionado con la nanotecnología. Desde la escuela tradicional que enseñaba los órdenes clásicos en la arquitectura, pasando por el racionalismo, hasta la aceptación de la diversidad del conocimiento, que acepta  hoy en día que existe realmente una única regla absoluta y universal y que es que no hay ninguna regla. Desde la escuela tradicional en la que a partir del 68 se iniciara la gestión de un movimiento que se traduciría un poco mas tarde en las formas educativas del autogobierno en 1972 y la arquitectura participativa, hasta llegar a la educación de nuestros días, incluyente, diversa, con un alto compromiso social y donde la tecnología con características que nos sorprenden todos los días, forma parte ahora de nuestra realidad cotidiana, con formas novedosas, sorprendentes, atractivas y divertidas de enseñanza. Una buena cantidad de nosotros somos egresados del autogobierno y hoy en día la realidad de nuestra escuela se caracteriza por ser incluyente, respetuosa, tolerante, rica  y diversa. El tiempo de cincuenta años, de 1968 al 2018,  se nos ha pasado como un suspiro, todo ha sido y sigue siendo vertiginoso y sorprendente. Estamos plenamente conscientes de que no somos cualquier generación, somos la generación 1968, la generación del cambio, la idealista, la del antes y el después. Pero haciendo un razonable ejercicio de autocrítica, tenemos que reconocer que todavía no hemos contribuido lo suficiente, lo que se espera de nosotros  a la arquitectura mexicana contemporánea.

Algunos de nuestros compañeros ya no están con nosotros. Vayan para ellos nuestro reconocimiento, nuestros recuerdos y nuestro afecto. Los demás estamos aquí todavía, activos y vitales, haciendo desde distintas trincheras lo que nos gusta, lo que nos apasiona, lo que en buena medida le da sentido a nuestras vidas, hacemos Arquitectura y todavía tenemos muchas cosas por hacer. Nos aferramos a la máxima histórica aceptada de que la buena arquitectura se hace con la experiencia de los años, con las canas o la falta de pelo. Dicen que los buenos arquitectos han logrado contar en la historia después de los cincuenta, los sesenta o los setenta años. Tenemos que aprovechar al máximo el tiempo que nos queda. El actual es también nuestro tiempo y lo vamos a aprovechar y  ejercer plenamente.

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