Álvaro Moragrega, renovación en la arquitectura de Jalisco

Gustavo López Padilla

Desde los inicios del movimiento moderno de la arquitectura en México, a partir de la segunda mitad de los años veinte, del pasado siglo veinte, las aportaciones de los arquitectos nacidos en el Estado de Jalisco han sido relevantes y trascendentes. Lo anterior está ampliamente documentado en las guías y libros de la  historia de la Arquitectura Mexicana Contemporánea y en particular en aquellos que dan cuenta de las particularidades de la arquitectura jalisciense. Entre estos últimos podemos mencionar: Guía arquitectónica esencial zona metropolitana de Guadalajara, editada y coordinada por Arabella González Hueso, Gobierno del Estado de Jalisco, Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco, 2005, el libro Una mirada a la modernidad arquitectónica en Guadalajara, de la autora Dra. Claudia Rueda Velázquez, coedición de la Universidad de Guadalajara, ITESO y Arquitónica, del año 2016 y la Guía de Arquitectura Guadalajara, editada por Arquine, también en el año 2016.Desde hace poco mas de diez años, se ha desarrollado una importante renovación generacional en la arquitectura del estado de Jalisco, lo cual se ha empezado a manifestar en los ámbitos, sobre todo de la ciudad de Guadalajara y sus alrededores, con un conjunto de obras que dan cuenta de la reciente arquitectura jalisciense, enriqueciendo la propia arquitectura del lugar, así como el conjunto de la Arquitectura Mexicana Contemporánea. Entre los autores destacados encontramos al arquitecto Álvaro Moragrega, nacido en la ciudad de Guadalajara en marzo del año 1972, egresado del ITESO en el año 1995  y habiendo realizado estudios de maestría y doctorado en la ciudad de Barcelona, España, entre los años 1996 y el 2000. Entre las obras realizadas hasta ahora por Moragrega, destaca un discreto edificio de departamentos, ubicado en la colonia Americana, en la calle  Efraín González Luna, en el número 1916, terminado en el año 2014. Con esta obra se perfilan con claridad las ideas,  habilidades e intereses proyectuales del arquitecto, desde la voluntad de que el edificio se inserte con naturalidad en el contexto que lo rodea, mimetizándose con el lugar, pero al mismo tiempo logrando mostrar una imagen urbana que identifica la obra en sus particularidades y propuestas de diseño. Se trata de que la arquitectura haga ciudad, que  enriquezca el tejido de la misma, de manera inteligente y respetuosa, casi como si la obra hubiera estado siempre en el lugar. Un detalle que vale la pena comentar, en términos de ciudad, es la presencia de la banqueta que da frente al edificio, terminada con  mosaicos de cuadros rojos y blancos, que bien podría haber sido una preexistencia en el lugar, que recuerda los tratamientos de las banquetas tradicionales del centro de la ciudad de Guadalajara.

La obra en cuestión se desplanta sobre un terreno plano, que cuenta con 525.00 m2, con clara orientación dominante norte sur, siendo esta última orientación, la sur, la que califica la fachada principal.  El edificio se despliega en seis niveles, cinco de los cuales alojan los departamentos que lo componen y uno, el de planta baja aloja los estacionamientos, el acceso principal peatonal y la ubicación de las articulaciones verticales. La volumetría general del edificio, muestra el criterio de contar con una base de soporte o arranque del edificio, un cuerpo dominante, cerrado, masivo y un claro remate superior, de presencia mas ligera y transparente. Dos terrazas se ubican en el primer nivel; una de carácter privado, un tanto jardinada da frente a la fachada principal, propiciando el remetimiento del volumen principal del edificio respecto del alineamiento, consiguiendo que la presencia del mismo sea mas amable y cuente con una mejor escala respecto de la calle y los peatones que la recorren. Otra terraza de mayores dimensiones, al fondo del terreno, de carácter colectivo, opera como lugar de distribución, encuentro, convivencia y ahí rematan las escaleras principales que conducen a los diferentes niveles del edificio.

Existe una mezcla y variedad de tipos de departamentos, cinco para ser precisos, con un total de once unidades habitables, que oscilan entre 59.70 m2 y 121,64 m2. El edificio cuenta con un área total construida de 1320.00 m2. El orden compositivo de los departamentos es simple y riguroso. Se trata de una arquitectura que transita entre las ideas del  racionalismo y sus variantes minimalistas. Formas geométricas simples, regulares, materiales aparentes, claridad constructiva y funcional, buscando el máximo aprovechamiento del espacio, la regulación del asoleamiento, el máximo aprovechamiento de la luz, su  incidencia y el flujo de la ventilación natural. Muy en la tónica de la vida moderna, cosmopolita, la unidad habitable mas pequeña, que sirve de base para las otras unidades, es propiamente un único espacio múltiple, continuo, flexible, un tanto alargado, con apenas subdivisiones para alojar y resguardar los servicios sanitarios y de lavado. La tipología de muebles, sus dimensiones y ubicación, definen apenas las actividades funcionales. Entre las distintas tipologías de departamentos, que permiten usuarios diferentes, lo que alienta y enriquece la vida social en el edificio, pueden haber unidades con dobles alturas u otras de áreas mayores, pero siempre respetando una claridad y un orden compositivo riguroso. Como remate del edificio en el último nivel, con una propuesta contrastante, uno de los departamentos de los  de mayor área, ocupa el nivel completo y cuenta además con una terraza alargada, angosta, perimetral y todas sus fachadas están terminadas con cristal, lo que nos recuerda a la distancia, las propuestas miesianas de cómo resolver una unidad habitable. Hablamos de los criterios de planta libre, flexible, totalmente transparente, con una interrelación intensa entre los interiores y los exteriores. Orden compositivo, riguroso, modular y sistemático. Se trata de una arquitectura que cuida y resuelve con esmero, el conjunto de las soluciones de detalle, el manejo y transición de los materiales que se emplean en la obra.

Las fachadas norte y sur del edificio, las que se consideran como principal y posterior son notoriamente contrastantes. La sur, la que da a la calle, es masiva, con el criterio compositivo de fondo y figura, juego entre muros y pequeñas ventanas, muros terminados en tabique de barro aparente y ventanas que cuentan con ciegos adicionales para regular la luz y el sol, terminados con paneles de lámina oxidados y calados de manera interesante. En otro sentido la fachada norte, al interior del edificio, está terminada predominantemente con cristal, mirando hacia la terraza común, ubicada en el primer nivel y hacia el juego dinámico de las escaleras. En los distintos niveles, un corredor también común, sobre esta fachada norte, permite el acceso a los diferentes tipos de departamentos. Me parece que aquí justamente en esta zona, se genera alguna condición criticable del edificio, ya que la transparencia dominante en esta fachada, limita las posibilidades de privacidad de los departamentos y su condición norte, no es necesariamente, climáticamente favorable. El fuerte contraste de esta fachada, respecto de la principal que da a la calle, llega a sugerir formalmente que se pudiera tratar de dos edificios diferentes o dos autores distintos de una misma obra, aunque es necesario reconocer, que el juego formal y geométrico, entre fachada, corredor, escaleras y terrazas es muy atractivo.

El edificio EGL 1916 del arquitecto Álvaro Moragrega, resuelto con serenidad, sensibilidad y seriedad profesionales, mas allá de las modas transitorias y de la arquitectura como espectáculo, representa la permanencia, continuidad y evolución de las ideas racionalistas, un futuro promisorio para la arquitectura de Jalisco y por ende de la Arquitectura Mexicana Contemporánea

Notas:

Colaboradores del proyecto arquitectónico : Carlos Ruiz Palomino y Roberto Soltero.

Fotografías: Jaime Navarro y Álvaro Moragrega

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Respiro verde en el paraíso del cemento y el automóvil

Gustavo López Padilla

El desarrollo de la Ciudad de México se relata en una larga historia, en la que a partir de la conquista española en el siglo XVI, se emprendieron acciones urbanas, que por lo general han sido contrarias a la presencia de la naturaleza. Increíblemente, durante este tiempo se mandaron  secar cinco  enormes lagos y se destruyeron grandes extensiones boscosas, lo que nos ha ubicado como una de las ciudades contemporáneas mas agresivas, en términos de equilibrios ambientales. En la actualidad estamos perdiendo la última gran oportunidad de enderezar el camino, al iniciar la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad, precisamente en los terrenos de Texcoco, cancelando casi la posibilidad de restaurar en buena medida nuestra original condición verde y lacustre. Según los estudiosos de las ciudades, se debe disponer con al menos entre doce y quince metros cuadrados de espacios verdes por habitante, para contar con condiciones propicias y adecuadas a la convivencia colectiva. Nuestra ciudad de casi nueve millones de habitantes, con una densidad de 5996 hab. por km2, actualmente dispone de cinco metros y medio de estos espacios verdes, lo que nos ubica distantes de las condiciones necesarias y deseables. Seguimos construyendo, extendiendo, densificando la ciudad y las oportunidades para crear nuevos e importantes espacios verdes se van limitando peligrosamente, poniendo en riesgo la viabilidad razonable de nuestro desarrollo urbano, si no pensamos este último de manera equilibrada e integral: arquitectura y espacios públicos.Tomando en cuenta este panorama, resulta importante que el pasado mes de noviembre  del año 2017, se haya inaugurado un nuevo parque urbano, en la Delegación Política de Cuajimalpa, en la zona de Santa Fé, denominado La Mexicana. Este nuevo espacio colectivo forma parte de 41.5 has., de las cuales el 70 % 29 has.,  está destinado al uso de área verde, en tanto que el restante será enfocado al desarrollo  de viviendas privadas. El Parque la Mexicana forma parte de un proyecto en el que participan el gobierno de la ciudad y la iniciativa privada. La inversión para ejecutar el parque de dos mil millones de pesos y su administración, mediante concesiones, corre a cargo de la iniciativa privada. Esta última desarrollará los proyectos de viviendas mencionados. Todo lo anterior regulado por el gobierno. El diseño del parque les fue encomendado a los arquitectos Víctor Márquez y Mario Schjetnan. El terreno donde se ubica el proyecto, de forma alargada, está limitado por la Ave. Tamaulipas, el Paseo de los Arquitectos y la Ave. Luís Barragán, colindando de manera cercana con una zona de edificios altos por un lado y por el otro con áreas habitacionales de viviendas unifamiliares de distintos niveles socioeconómicos y cerca también del Centro Comercial Santa Fé.        

En el lugar que originalmente fue explotado como una mina, los arquitectos diseñadores aprovecharon sus desniveles preexistentes, acentuando además otros nuevos cambios de nivel, para definir y delimitar distintas zonas de uso de acuerdo a los programas incluidos en el parque, entre los que se incluyen zonas de juegos, ciclopista, pistas de skate, carriles para corredores, andadores peatonales, mirador, anfiteatro, zona canina, dos lagos artificiales, fuentes, zonas de comida y desde luego extensas zonas verdes. Se trata de un nuevo espacio verde, abierto, público y democrático, que funciona como un respiro apenas necesario, en medio de un intenso y continuo trafico vehicular, paraíso del automóvil y el cemento, que resulta de una zona de desarrollo urbano de gran densidad construida, en donde el peatón es un ser en desamparo, que casi no es tomado en cuenta, si acaso tan solo cuantificado como dato para el consumo, resultando además una zona urbana difícilmente articulada con el tejido del resto de la ciudad de México. El parque La Mexicana es amable, agradable, bien ejecutado, aceptado por el público en general; se pueden ver familias y personas de distintos grupos sociales, que recorren el lugar, que lo viven, lo disfrutan y comienzan a hacerlo suyo, aprovechando las distintas actividades que ahí se ofrecen.Se trata de que el parque, dada su administración, seguridad y concesiones privadas,  opere su funcionamiento y mantenimiento de manera regular y eficiente, garantizando en todo momento su inclusión social abierta y plural. En términos de diseño y ambientales, el parque cuenta con cisternas para almacenar el agua de lluvia y aprovecha además una planta de tratamiento de aguas residuales cercana al lugar, para garantizar así el riego eficiente del parque y el agua necesaria para los dos lagos artificiales, incluyendo su chorro de agua y otras fuentes, limitando la utilización de  agua potable. La iluminación nocturna requerida se administra mediante luminarias con celdas solares y se cuenta en la zona con internet inalámbrico. Me parece que hubiera sido deseable, que se retrasara un poco de tiempo su entrega y apertura al público, para garantizar que las especies vegetales pudieran consolidar su presencia en el lugar. Pero evidentemente los tiempos razonables de proyecto, nunca coinciden con los tiempos políticos. La administración privada del lugar y el público en general, deberán poner de su parte lo que les corresponda, para no deteriorar la calidad del parque.La posibilidad de imaginar y llevar a cabo un desarrollo urbano para nuestra ciudad, coordinando esfuerzos e intereses entre la iniciativa privada y los gobiernos de la ciudad, es un camino viable, diría incluso necesario, respetando razonablemente los niveles de inversión y recuperación para ambas partes, pensando sobre todo en el bienestar común y no solo en los intereses de la iniciativa privada. Es una realidad que para los gobiernos de la ciudad, en muchas ocasiones es difícil la operación y mantenimiento de los espacios públicos, de ahí que la participación, insisto razonable, de la iniciativa privada sea deseable. A nuestra ciudad le hacen falta todavía muchos espacios verdes, muchos lugares en donde el agua esté presente; tenemos que aprovechar los pocos territorios disponibles e incluso afrontar el hecho de tener que destruir zonas ya construidas, aumentando razonablemente su densidad construida, buscando la posibilidad para alojar nuevos espacios verdes.La meta de contar con al menos entre doce y quince metros cuadrados de espacio verde por habitante, la debemos tener presente, asumiendo que las ciudades se hacen y rehacen en el tiempo, pensando en nuevos espacios comunitarios amables y bellos, para la convivencia y el confort de quienes aquí vivimos; tratando de restituir para nuestra ciudad, en la medida de lo posible, las atrocidades ambientales que hemos realizado a lo largo del tiempo. El Parque la Mexicana es un buen paso y ejemplo en este sentido; hay que mejorar los mecanismos operativos y financieros empleados, para lograr mas lugares como este. En este sentido hay que valorar adecuadamente los terrenos que ocupará el nuevo aeropuerto de la ciudad y los que queden al trasladar allá las instalaciones existentes. Evidentemente no todo puede ser espacio publico, pero una posición razonable, equilibrada, nos daría la oportunidad de contar con mas parques como La Mexicana, con mayores áreas útiles, tratando de recuperar en la medida de lo posible nuestra condición boscosa y lacustre.

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Equipamiento urbano público, Skate Park Constituyentes

Gustavo López Padilla

La  habitabilidad de las ciudades está determinada por la calidad, cantidad, diversidad y significación de los espacios públicos con los que se cuenta. Nos referimos a sus calles, plazas, jardines y sus equipamientos. En estos lugares se desarrollan en buena medida las relaciones de encuentro, convivencia e intercambio de  experiencias de vida, que terminan por perfilar y enriquecer, la diversidad cultural y social de los habitantes de estas ciudades. Hablamos desde luego de lugares urbanos que deben contar con libre accesibilidad, democráticos, plurales, incluyentes, en donde las mezclas de diferentes generaciones y grupos sociales se incentiven sin limitaciones. En los últimos años en la ciudad de México, bajo distintas modalidades de ejecución, se ha puesto atención a la restauración, mantenimiento, mejoramiento y creación de nuevos espacios públicos de esta naturaleza. En este sentido, recientemente fue inaugurada una nueva pista para la práctica de skate, que se puede realizar con lo  comúnmente conocemos como avalanchas o también con patines con ruedas y a lo que se suman las posibilidades de manejar bicicletas, con las que se realizan algunas suertes cercanas a las acrobacias. Este nuevo equipamiento deportivo y de entretenimiento se ubica en la segunda sección del Bosque de Chapultepec, cercano al llamado Lago Menor, colindando con la Ave. Constituyentes, a la altura del número 345 de esta circulación vial, próximo también al cruce de esta avenida con el Anillo Periférico, en la Delegación Miguel Hidalgo, de la ciudad de México.El proyecto de aproximadamente 4200.00 m2 construidos, les fue encargado a los jóvenes arquitectos paisajistas de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, Bruno Jarhani Palomino y Emilio Rodríguez, quienes hicieron equipo con el escultor Eduardo Mendieta. La preexistencia paisajística del Bosque de Chapultepec le confiere al lugar una atmósfera amable y relajada,  aprovechando para el proyecto de la pista, un claro poco arbolado, organizándolo linealmente a partir de un eje predominante, paralelo  al flujo vehicular de la Ave. Constituyentes, armonizando lo construido con algunos elementos verdes que acompañan y rodean perimetralmente la nueva pista, procurando con ello ámbitos sombreados, propios para el descanso o la contemplación de las suertes que ejecutan los patinadores. El diseño de la pista implica un despliegue geométrico que incluye plataformas, cambios de niveles, escaleras diversas, superficies inclinadas, rampas onduladas y toda suerte de muretes y barandales metálicos que son naturales y necesarios para  las actividades de los patinadores, ajustándose lo anterior en buena medida a la topografía preexistente. El conjunto esta conceptualizado como una escultura dinámica o un bajorrelieve que se despliega horizontalmente, realizado en concreto, mayoritariamente terminado pulido para el eficiente rodamiento de los patines o avalanchas. La suma y variedad de estos componentes, hace que la experiencia pueda resultar desde simplemente divertida, hasta niveles altos de sudar adrenalina. Como parte del equipamiento se cuenta con un módulo, en el que se  atienden los requerimientos de los deportistas, ubicándose ahí mismo los servicios sanitarios necesarios. En breve tiempo la pista se ha convertido en un lugar concurrido, aceptado, complementando las diversas actividades deportivas, culturales y de entretenimiento que se pueden realizar en el Bosque de Chapultepec.No se cuenta con estacionamiento para automóviles en el sitio. En términos de movilidad o conectividad con la ciudad, se puede llegar a la pista solamente a través de transporte público, ya sea metro o camiones y si bien esto es eficiente, deseable se podría decir, creo que hubiera sido funcional que se contara con alguna ruta segura de bicicletas para llegar al lugar, así como un estacionamiento para éstas últimas, pensando sobre todo en la movilidad de los jóvenes o incluso del público en general. En una primera impresión el conjunto Skate Constituyentes se aprecia divertido, bien ejecutado, construido y terminado, esperando que lo anterior sea así, para resistir la fuerte demanda e impacto físico que sobre el lugar, resulta del desempeño natural de sus ocupantes y que mas adelante, su mantenimiento sea atendido con regularidad y eficiencia. Este proyecto representa, sumando algunos otros realizados por los mismos jóvenes diseñadores, en buena medida, una parte importante de la renovación de la plantilla de arquitectos paisajistas mexicanos, egresados además de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, circunstancia significativa para el desempeño del conjunto de la Arquitectura Mexicana Contemporánea.

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Teodoro González de León Lecciones

Gustavo López Padilla

                         El presente es lo que debería interesar a los arquitectos.
                               Hacemos el futuro enfrentando el presente.
                                                                                                          T.G.L. 

En el año 2016 apareció el libro Lecciones, Teodoro González de León, escritos reunidos 1966 – 2016, editado por El Colegio Nacional. En este libro aparecen textos elaborados por el arquitecto justamente a lo largo de cincuenta años, correspondiendo con el tiempo de su desarrollo y consolidación profesionales, dentro del ámbito de la arquitectura mexicana contemporánea. Si bien Teodoro no escribió libros de teoría, historia o crítica de la arquitectura realizados ex profeso, que dieran cuenta de la construcción de sus ideas arquitectónicas, urbanas, culturales o filosóficas, en este libro, a partir de setenta textos breves nos podemos adentrar en el universo de sus pensamientos, inquietudes, preocupaciones y propuestas, que tienen que ver con la vida, su vida, la ciudad y la arquitectura. Sin duda Teodoro González de león ( ciudad de México 28 de mayo de 1926 – ciudad de México 16 de septiembre del 2016 ) es uno de los arquitectos mas trascendentes, prolíficos y reconocidos tanto dentro de la escena nacional como internacional. Su actividad profesional fue muy diversa, abarcando proyectos de distintas escalas y temas, ubicados la mayoría dentro del territorio nacional, pero incluyendo otros ubicados mas allá de nuestras fronteras. Su obra construida ha sido ampliamente difundida y analizada en diversas publicaciones, destacando desde luego los trabajos y referencias sobre la misma, que hiciera el reconocido historiador y crítico William Curtis, con quién Teodoro mantenía una buena relación de amistad. Es así entonces que la publicación de sus Lecciones, escritos reunidos, vino a complementar la presencia de Teodoro, dentro del universo de la arquitectura contemporánea.

Es importante anotar de inicio, que Teodoro González de León fue miembro del Colegio Nacional, a partir del 28 de octubre del año 1989, institución que agrupa a los científicos, artistas y literatos mexicanos mas destacados desde el año de 1943. Ya entrando en materia, el libro Lecciones esta constituido por tres secciones: una primera que Teodoro denomina Espacios, en la que da cuenta de sus influencias, ideas, reflexiones y preocupaciones arquitectónicas, urbanas y culturales. Una segunda que denomina 2D de 3D, en la que muestra algunos de sus trabajos relacionados con la pintura y la especulación geométrica, que complementaron su actividad de diseño y finalmente una tercera sección que identifica como Personas, en la que comenta, de manera muy amena por cierto, algunas de sus relaciones de amistad con personajes relevantes, arquitectos nacionales, extranjeros, escritores, poetas e intelectuales, que sin duda retroalimentaron sus visiones e interpretaciones de la vida y la arquitectura. Resulta interesante que la primera sección, constituida por cuarenta y ocho textos, se inicie justamente con comentarios acerca de su encuentro y relación con lecorbusier, arquitecto destacado dentro del movimiento moderno, racionalista, con quién trabajó en París durante 18 meses a partir del año 1947, circunstancia que sin duda influyó en su pensamiento y maneras de entender el ejercicio de la arquitectura y el urbanismo. Pero mas allá de la documentación histórica, el hecho nos muestra la importancia que para un joven profesional resulta de relacionarse con un arquitecto consolidado, que tiene ideas y formas trascendentes de ejercer la arquitectura. Lo anterior se traduce en una lección que los jóvenes arquitectos mexicanos, no pueden pasar por alto, siendo absolutamente necesario que se relacionen y trabajen con un arquitecto importante. Históricamente está ampliamente documentada la importancia necesaria y fructífera, que resulta de la relación maestro alumno. En este caso desde luego, el maestro es el arquitecto con quién se trabaja. Ahí están las relaciones entre Frank Lloyd Wrigth y Louis Sullivan, Lecorbusier y August Perret o Mies Van Der Rohe con Peter Behrens a manera de notables ejemplos. Teodoro González de León logró en buena medida su lugar en la historia, como producto de su relación e influencias lecorbusianas, siendo desde luego necesario que Teodoro mostrara su propia y recia personalidad, voluntad de trascendencia, conocimientos, capacidad creativa, a lo que se suman un amplio y orgulloso sentido de pertenencia cultural, en relación con nuestro país.En esta primera sección están documentados los textos que resultaron de las invitaciones que recibiera Teodoro a participar en seminarios, congresos y conferencias, a lo que se suman otros escritos, que dan cuenta de las palabras de agradecimiento a los reconocimientos que le otorgaran distintas instituciones a lo largo de su trayectoria. En todas estas oportunidades se acercó a temas muy diversos, que tienen que ver con la propia elaboración de sus ideas de cómo enfrentar la arquitectura, como construir esta última a partir del uso del concreto con su interpretación personalísima, valoraciones acerca de la arquitectura mexicana contemporánea, reflexiones sobre la ciudad moderna,  relaciones posibles y necesarias entre la arquitectura y la política, la poesía, la ciencia, la modernidad y la tradición. Aparecen de manera reiterada y obsesiva, según mi punto de vista de manera innecesaria, comentarios sobre su participación y desconocimiento durante el proyecto de la ciudad universitaria, de la Universidad Nacional Autónoma de México, así como  su propuesta para restituir en buena medida la condición lacustre de la ciudad de México. Ocupan un lugar especial los textos que dan cuenta de algunos de sus viajes a Japón y con ello su acercamiento a su cultura y construcciones tradicionales. En este orden de cosas, mas allá de la valoración de sus palabras e ideas, está la lección no escrita, de considerar y valorar la arquitectura y las ciudades, como expresiones, resultados y relaciones que tienen con el conjunto de la cultura, así como  la importancia de viajar en la formación de la personalidad y las ideas de los arquitectos.

En la segunda sección del libro, se muestran algunas imágenes limitadas, que tienen que ver con esa otra actividad que realizó Teodoro a lo largo de su vida, relacionada con la práctica de la pintura y la escultura, que entendió como complementarias y retroalimentadoras de su actividad profesional como arquitecto diseñador. En este sentido, retoma de nueva cuenta la influencia que sin duda recibió también de Lecorbusier, quién también practicó la pintura y la escultura, como experimentos plásticos y prefiguraciones arquitectónicas y urbanas. Habría que recordar que Lecorbusier impulsó la vanguardia del purismo, variante del cubismo, relacionado este último con Pablo Picasso, Georges Braque y Juan gris. Teodoro González de León, influido por la pintura de Fernand Léger, desarrolló una intensa actividad en ese sentido, dejando como legado un buen número de pinturas, esculturas y maquetas escultórico arquitectónicas, que sin duda influyeron en su manera de entender y ejercer la arquitectura. En este sentido a la distancia, sin duda, tanto para Lecorbusier como para Teodoro, está la fascinante, vasta referencia y experiencia del multifacético gran renacentista florentino,  Leonardo da Vinci. Y aquí recogemos otra lección, en el sentido de que para ser arquitecto, un buen arquitecto, se vuelve indispensable realizar actividades complementarias, que están relacionadas con otras expresiones de la cultura, como pintura, escultura, música, literatura o teatro y pudiendo incluir desde luego al cine y sus variantes colaterales como televisión y hoy en día lo que tiene que ver con la ejecución de videos.

En la tercera y última sección del libro que ahora nos ocupa, están documentadas algunas de las relaciones de amistad y profesionales de Teodoro, con distintos e importantes personajes de la cultura nacional y extranjera, de quienes también recibió influencias y con algunos de los cuales llegó a tener  relaciones de trabajo. Se trata de veintidós personajes, algunos poetas, escultores, pintores, arquitectos nacionales y extranjeros, a los que se suman críticos de la cultura y la arquitectura. Con ellos, a lo largo de los textos respectivos, se relacionan otros personajes y se da cuenta de algunos pasajes históricos de la cultura y la arquitectura mexicanas. En estos textos se habla de cultura, de amistad y de la vida. Se documenta la historia, una manera de ser y estar en el mundo. Y aquí se puede vislumbrar otra clara lección: la necesidad vital de establecer relaciones de amistad, intelectuales y profesionales, con distintos actores de la cultura, para asimilar y enriquecer con otras visiones, las propias interpretaciones de las cosas y luego así, acto seguido, tener la capacidad de traducirlas y representarlas en términos de arquitectura y construcción de las ciudades. Nuevamente a la distancia, el propio Lecorbusier fue una referencia importante; habría tan solo que recordar que el arquitecto representante del movimiento moderno, contaba entre sus amistades a personalidades tales como Pablo Picasso o Albert Einstein. Al final del camino, con este libro de Lecciones, se completa la rica visión de la experiencia vital y profesional de Teodoro González de león, que incluye el ser  arquitecto, artista plástico y al personaje que le dedica tiempo a la reflexión  y construcción de las  ideas que le van a dar sentido a todo lo que hace.

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Humberto Ricalde

Gustavo López Padilla

Conocí a Humberto Ricalde cuando iniciaba mis estudios en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, en el año de 1968, siendo él mi profesor de dibujo. Durante su clase recorrimos distintos lugares interesantes de la ciudad, mismos que debíamos dibujar a mano, a veces con lápiz, otras mas con acuarela y al mismo tiempo comentamos sobre la importancia, significación y características arquitectónicas y urbanas de esos lugares. Recuerdo haber dibujado en Ave. de los Insurgentes y el Anillo Periférico, la escultura denominada Reloj Solar, obra del escultor polaco Grzegorz Kowalski, que forma parte de la llamada Ruta de la Amistad, que se instalara con motivo de la visión cultural de los Juegos Olímpicos, celebrados en nuestro país en el año 1968. Visitamos y dibujamos también la Parroquia de San Jacinto, obra dominica del siglo XVI, ubicada en San Ángel, al sur de la ciudad de México. Desde los años de la preparatoria, yo había comenzado a trabajar como dibujante en algunos despachos y recuerdo que ya en la universidad, siendo Humberto mi profesor me quedé sin trabajo y le comenté si había alguna posibilidad de trabajar con él. Unos días después me informó que había una oportunidad de entrar a trabajar en el despacho del arquitecto Augusto H. Álvarez, con quien él trabajaba por esos tiempos. A partir de esa oportunidad de trabajo se empezó a tejer una relación de amistad,  misma que duró cuarenta y cinco años.

Trabajando juntos íbamos con frecuencia a comer, platicábamos de arquitectura, de la vida y desde luego nos tocó compartir en ese tiempo, varias manifestaciones que formaron parte del movimiento del 68. Recuerdo la estremecedora manifestación del silencio y cuando, en otro día, estando sentados en  la plancha del Zócalo, frente a Palacio Nacional en su costado izquierdo, escuchamos las arengas de los dirigentes del movimiento estudiantil, estos últimos encaramados en un camión que habían hecho llegar hasta ese lugar. De ese tiempo tengo presente también que me regaló algunos libros: Rayuela de Julio Cortázar, de Editorial Sudamericana, Buenos aires,  1967, el Fenómeno humano de Teilhard de Chardin, de Taurus ediciones, Madrid, 1967 y un poco mas tarde, El concepto del espacio arquitectónico desde el Barroco a nuestros días, de Giulio Carlo Argan, ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1977, mismos que me impactaron en su momento, libros que conservo hasta la fecha con afecto y que he vuelto a releer.  Poco tiempo después Humberto se fue a Praga en Checoslovaquia y allá continuó viviendo los sucesos mundiales, sociales y políticos, consecuencia del 68, además de estudiar una maestría en diseño arquitectónico, en la escuela de Artes y oficios de aquella ciudad. Estuvo también en Italia y en Finlandia. Mientras él estuvo allá, mantuvimos una constante comunicación a través de cartas. Sus cartas que recibía con entusiasmo, se convirtieron muy pronto en un motivo de preocupación para mí. Eran las más de las veces disertaciones largas y profundas sobre la vida y la arquitectura. Me costaba trabajo contestarlas. En ocasiones tenía que buscar información y leer algunos libros o revistas para poder contestar esas cartas. Pero al final del camino, debo reconocer que esto formó parte del impulso directo o indirecto de Humberto, con lo que me acerqué a los libros de manera mas constante, consciente y ordenada y lo cual desde luego siempre he agradecido.

Unos años después Humberto regresó de Europa, casado con la arquitecta italiana Giovanna Rechia y continuó nuestra amistad, incluyendo ahora a Giovanna y a Maricarmen mi mujer. Nos veíamos con frecuencia a comer o cenar, ya sea en su casa o en la nuestra y a veces con otros amigos.  El recuerdo de aquellas reuniones es verdaderamente entrañable; ricas en conversaciones y por supuesto con muy buena comida. Tanto Humberto como Giovanna cocinaban de maravilla. A veces comida yucateca, otras comida italiana. En el año de 1974, yo ya formando parte de Sánchez Arquitectos y Asociados, lo invitamos  junto con el arquitecto Héctor Meza, quién también había sido colaborador del Arquitecto Augusto H. Álvarez, a que formaran parte del equipo que diseñamos el conjunto habitacional, que terminó llamándose Integración Latinoamericana, para el Fovisste, ubicado al sur de la ciudad de México, que inaugurara Luis Echeverría como una de sus últimas obras sexenales en el año de 1976.

Poco mas tarde en 1980, la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes, que dirigían en ese entonces los arquitectos Juan Urquiaga y Víctor Jiménez, decidieron realizar una serie de libros revistas, que dieran cuenta de la arquitectura mexicana a partir del inicio del siglo XX, hasta justamente los años ochenta. Se invitó a un nutrido grupo de arquitectos y a Humberto Ricalde y a mí, en equipo, nos encargaron realizar un ensayo que revisara y valorara la arquitectura en el período comprendido entre 1960 y 1980. Ese período en la amistad entre Humberto y yo fue muy rico e intenso. Nos reuníamos con regularidad por las noches en mi casa a discutir, planear, organizar y redactar, los textos que nos habían encomendado. Maricarmen mi esposa, nos preparaba de cenar y en ocasiones, terminábamos platicando los tres entrada la noche, de cultura, de la vida y sus asegunes. En el año de 1982 aparecieron los dos volúmenes de los Apuntes para la historia y crítica de la Arquitectura Mexicana del siglo XX. Nuestros textos, de Humberto y míos, unitariamente aparecen en el volumen número 2. Humberto siempre fue un lector constante, un viajero frecuente y un crítico inteligente, certero y en muchas ocasiones  cáustico. Hablaba varios idiomas y sus viajes a muchos lugares en el mundo eran intensos, como casi todo lo que hacía en la vida. Caminar diez o doce horas diarias, luego visitar bares y dormir pocas horas, así durante días y días. El comentaba que no se iba a lugares distantes a dormir, eso ya se haría después, lo importante era aprovechar la oportunidad para conocer, aprender y la mejor manera de lograrlo era realizar intensas caminatas, con los ojos y los sentidos atentos. De ahí aprendí que la mejor escuela de arquitectura que existe en el mundo, es precisamente la calle. Aprender como lo hizo el mismísimo Lecorbusier. En este orden de cosas recuerdo haber hecho un viaje con el y los integrantes de quienes formábamos el despacho Sánchez Arquitectos y Asociados a Nueva York, luego entonces comenzábamos muy temprano por las mañanas, a las seis o seis y media y a caminar, con un plan preestablecido, así hasta la madrugada, viviendo y admirando a lo largo del día, la ciudad, sus calles, plazas, edificios, museos, jardines, restaurantes y bares. Ocho días agotadores y resultando al final de cuentas una gran lección formativa como arquitectos. Así fueron siempre sus viajes, quienes tuvieron la oportunidad de realizarlos junto con él, sin duda disponen de un innumerable conjunto de anécdotas y vivencias.

La personalidad de Humberto, como la de casi todos los personajes brillantes, inteligentes y cultos, era compleja y cambiante, de acuerdo a muchas circunstancias;   podía ser muy amable, conversador y de pronto a veces ácido e incluso hiriente. Por ahí de 1987 tuvimos una discusión que no terminó en buenos términos y llegamos a distanciarnos por un tiempo, aunque nos seguíamos tratando y viendo con frecuencia en eventos distintos y en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, específicamente en el Taller Max Cetto, lugar donde dábamos clase casi todos los días. He reconocido con frecuencia y en varios foros, mi deuda intelectual con Humberto. El fue un importante maestro en mi vida. Le he dedicado algunos textos que he realizado en mi camino como interesado en reflexionar sobre las ciudades y la arquitectura y recuerdo en particular que en el año 2010, lo invité a la presentación de mi primer libro, llamado Arquitectura Mexicana Contemporánea, Critica y Reflexiones y sus comentarios fueron muy generosos, lo cual le agradecí en su momento y lo sigo recordando con afecto. Humberto fue maestro de diseño y teoría de la arquitectura de muchas generaciones, poco mas de cuarenta años de docente en distintas universidades e impartió una buena cantidad de pláticas y conferencias. Escucharlo era un gran aprendizaje y un deleite, porque sabía relacionar la arquitectura, con la cultura en general y con la vida. Recuerdo entre muchas,  dos platicas que realizó en los llamados ¨viernes de la cubita, en Sánchez Arquitectos y Asociados¨, ambas excelentes, una sobre la obra y el pensamiento de Alvar Aalto, a quién conocía muy bien  y otra no menos interesante sobre las casas Milá y Batlló de Antoni Gaudí, habiendo él regresado de un viaje a Barcelona, en el que tuvo la oportunidad de visitarlas.

Izquierda: Integración Lationamericana, Derecha: Edificio Oficinas Prado Sur

En relación a su obra proyectual y constructiva, vale la pena decir que sorprendentemente siendo un arquitecto con una gran formación intelectual y reconocidas habilidades proyectuales, casi no existen obras de su propia autoría. Hasta donde tengo información, realizó algunas pequeñas obras de carácter familiar, que poco se conocen. Básicamente trabajó haciendo equipo con otros, entre los que vale la pena destacar desde luego sus valiosas colaboraciones con Augusto H. Álvarez, Sánchez Arquitectos y Asociados, Alberto Kalach y Moisés Becker. Recuerdo entre estas colaboraciones, particularmente con Becker, el diseño del edificio de oficinas, del año 2000, ubicado en la calle Prado Sur, cerca de la intersección del Paseo de la Reforma y el Periférico. No dejó tampoco una abundante obra escrita. Algunos lo incitábamos a que escribiera libros, diciéndole que tenía mucho que aportar a la historia y crítica de la arquitectura y la cultura; el contestaba socráticamente, que lo más importante de su pensamiento caminaba en las personas de sus alumnos y de sus amigos.

Entre lo poco de su pensamiento documentado destacan: Arquitectura en México 1960-1980, escrita conmigo y que forma parte de los Apuntes para la historia y crítica de la Arquitectura Mexicana del siglo XX, vol. 2, edición de la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes, 1982,  a lo que se suman escritos diversos y responsabilidad de la edición de un suplemento llamado Traza, formando parte del periódico unomasuno, del cual aparecieron ocho números entre marzo-abril de 1983 y julio-agosto de 1984. En ese mismo año 1984, realizó un ensayo en colaboración con Félix Sánchez, con motivo  del Premio Nacional de Arquitectura 1983, otorgado al arquitecto Augusto H. Álvarez, texto denominado Arquitectura Mexicana siglo XX, editado por la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México, A.C. En el año 1994, apareció el libro La Arquitectura Mexicana del siglo XX, coordinada y prologada por el arquitecto Fernando González Gortázar, edición del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en el que apareció una colaboración de Humberto, relacionada con la valoración de la obra del arquitecto yucateco Manuel Amábilis. En el año 2005 apareció el libro Max Cetto vida y obra, editado por la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Mas adelante en el año 2006, fungió como Asesor en Arquitectura y escribió el prólogo de un libro llamado Entre el concreto y el cielo, editado por Cementos Cruz Azul.  En el año 2013, apareció el libro Lo mejor de lo mejor, arquitecturas mexicanas 2001-2010, edición del año 2012 de editorial Arquine, en el cual a partir de la selección de 50 obras, Humberto Ricalde reflexiona sobre los valores y logros de la arquitectura mexicana, a lo largo de ese período. Finalmente en el año 2016, apareció el libro Luís Barragán 1990 Historia de un debate, edición de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, que recoge la ponencias que se realizaron con motivo de una reunión que se efectuó en el año 1990, coordinada por el arquitecto Enrique X de Anda, con la idea de valorar la obra del arquitecto jaliciense y en la que Humberto participó con el tema: Entre la morada y el pensamiento (Una reflexión sobre Luis Barragán). Sin duda será importante realizar una labor más exhaustiva y detallada de investigación, para documentar el conjunto total de los textos que Humberto realizo a lo largo de su vida, dejando con ello constancia de sus conocimientos, inquietudes y su pensamiento.

Seguramente existen entre sus amigos distintas versiones, interpretaciones, vivencias y anécdotas en relación con la intensa vida del maestro Ricalde, que a lo mejor mas adelante podremos conocer. El presente texto es una breve versión de mi relación profesional y de amistad  con él. Humberto Ricalde nació en la ciudad de Mérida, en el estado de Yucatán, en el año 1942, se graduó de arquitecto en la Facultad de Arquitectura de la UNAM y murió en la ciudad de México en el año 2013.

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Casa Elisa

Gustavo López Padilla 

Diseñar una casa habitación es para los arquitectos una oportunidad relativamente frecuente, fascinante y presenta ciertas dificultades al enfrentarlo, dado el hecho de la vasta y variada experiencia que se ha desarrollado sobre el tema, lo que significa que descubrir nuevas posibilidades compositivas, espaciales y formales se vuelve un reto interesante. A lo anterior se puede sumar la dificultad, si la propuesta en cuestión es para ser vivida por el propio arquitecto diseñador, como es ahora el caso, ya que entonces por su propia naturaleza, el diseño se vuelve mas representativo de las ideas y búsquedas del autor y establecer los límites de experimentación puede ser también complicado. En este orden de cosas, recientemente ha comenzado a ser vivida la llamada Casa Elisa, diseñada por el arquitecto Matías  Martínez, ubicada precisamente en la calle Elisa, número 204, en la colonia Nativitas, en la ciudad de México. El arquitecto Martínez es egresado en el año 2008, del Taller Max Cetto, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM

El proyecto de la Casa Elisa se desplantó, ocupando el frente de un lote que previamente cuenta con una vivienda unifamiliar que opera regularmente. Un patio arbolado media entre la vivienda preexistente, al fondo del terreno y la nueva edificación. En términos urbanos, el reciente proyecto se inserta con naturalidad, con discreción y serenidad, en el tejido y atmósfera vivencial del barrio, respetando el alineamiento  y la altura dominante de las construcciones en la calle donde se ubica. Podemos entender entonces, que esta pequeña obra hace ciudad. En términos compositivos y formales, la propuesta de diseño forma parte de la postura racionalista, expresándose con formas geométricas simples y regulares, mostrando con claridad el comportamiento y presencia de sus componentes constructivos, dejando ver un gusto particular por las soluciones de detalle, que tienen que ver con los despieces precisos de materiales, tanto en pisos como en muros y techos, lo que se refiere a cambios de materiales, con sus particulares colores y texturas y lo que tiene que ver con las soluciones de las necesarias conexiones estructurales. El repertorio de materiales que se experimentan en esta obra son: barro, elementos metálicos, madera y cristal, mostrándose básicamente en su condición aparente.La casa cuenta con tres niveles, la planta baja destinada al acceso peatonal principal y estacionamiento para la propia Casa Elisa. El estacionamiento de la casa preexistente se soluciona en el patio intermedio ya mencionado y cuenta con su acceso independiente. En un primer nivel de ubican las zonas públicas como estancia, comedor, cocina y baño de servicio. En un segundo nivel se ubican las zonas privadas de las recámaras, dos para ser precisos, con su baño correspondiente. La azotea se planteó como una terraza descubierta, propicia para ser utilizada como lugar de reunión, que permite mirar hacia la calle, al entorno circundante y donde se ubican de manera controlada además, los servicios generales necesarios. La escalera, como articulación vertical de la casa, se ubica en la parte posterior del volumen dominante, mirando a través de un gran ventanal hacia el patio central arbolado.El orden compositivo y formal de los componentes de programa, esta rigurosamente ordenado por un sistema modular que se deja ver con claridad, en los ritmos de los manguetes de las dos fachadas transparentes, la principal y la posterior y en la posición de los componentes estructurales, metálicos de los entrepisos. En las áreas públicas y la zona de escaleras, los espacios fluyen libremente y en continuidad, permitiendo además una relación directa, por un lado con la calle, arbolada, y por el otro con el patio  central, también arbolado; este último espacio  articula y estructura el conjunto de las dos casas. Las zonas privadas de dormir, se compartimentan procurando su privacidad necesaria. Los grandes ventanales de las fachadas facilitan aprovechar la captación de luz natural y permiten a la vez una ventilación natural cruzada.. La luz mencionada dramatiza texturas, colores, ritmos, claroscuros y despieces de los materiales empleados. Los terminados de madera y barro, con sus texturas y color proporcionan a los espacios de la casa, calidez ambiental, contrastando con los elementos metálicos de la estructura, incluyendo los entrepisos de lámina galvanizada aparentes. Se acentúan las calidades ambientales del lugar, con el tratamiento de la luz indirecta artificial. Vale la pena anotar, que en la intensión de buscar una calidad formal sencilla y fina, las escaleras de la casa no cuentan con barandales y las zonas privadas de dormir, no son totalmente aisladas en cuanto a ruido, lo que puede traer como consecuencia algunas dificultades operativas a futuro, pensando en la vida cotidiana de una familia.

Al final del camino nos encontramos con un proyecto de casa habitación que no busca alardes compositivos, protagonismos  formales o constructivos, sino que al contrario, su gran mérito es buscar sencillez, eficiencia, racionalidad, sensatez, serenidad, armonía urbana, cercana a los criterios de lo que identificamos como minimalismo, variante racionalista, siendo congruente en continuidad conceptual con algunas otras obras del mismo arquitecto, como lo es el proyecto, desde luego en otro orden de cosas, como la estación del metrobús del Centro Cultural Universitario, ubicado en la Ave. de los Insurgentes sur, obra que realizara en el año 2011, en conjunto con los arquitectos Honorato Carrasco y Víctor Ramírez. Vale la pena anotar, que el mismo Matías Martínez, es autor también del proyecto paisajístico, de la reciente obra vial que se ubica en la intersección de la Ave. de los Insurgentes y Río Mixcoac.

Fotografías

De la calle y terraza superior Gustavo López

Casa e interiores Hugo González.

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Aprendiendo como lo hacía Lecorbusier

Gustavo Lopez Padilla

Sin duda una de las experiencias mas gratificantes, es la oportunidad de compartir a través de la enseñanza, lo que se ha ido aprendiendo a lo largo del tiempo. Desde muy joven tuve interés por la enseñanza y por la participación además, en grupos interdisciplinarios, como una posibilidad de aprender e intercambiar puntos de vista en relación con la vida y la cultura. Siendo estudiante de los últimos semestres en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, participando en el movimiento del Autogobierno, en el año de 1973 tuve la oportunidad de comenzar a enseñar a mis propios compañeros de los semestres inferiores, ante la falta de maestros que pudieran ocupar las vacantes, que el propio movimiento del Autogobierno demandaba. De esos años a la fecha he impartido clases, ininterrumpidamente todos los días de la semana, primero en lo que se identificaba como el Taller Cinco del Autogobierno, mismo que se convertiría años mas tarde en el Taller Max Cetto, que conserva todavía muchos de los ideales que se consolidaron con el Autogobierno, siendo fundamental entender que la práctica de la arquitectura es antes que nada un servicio y un compromiso social, en el sentido mas amplio de los términos.

Una condición esencial que ha calificado mi experiencia en la enseñanza, ha sido la fantástica oportunidad, que resulta de asistir casi todos los días del año a las espléndidas instalaciones de la Facultad de Arquitectura y al propio conjunto de la UNAM, Patrimonio Nacional y de la Humanidad, lo que sin duda mi espíritu agradece constantemente. Disfrutar y admirar el Campus, sus edificios, sus espléndidos jardines y los magníficos murales, obras de algunos de los mas importantes pintores de la plástica mexicana, Siqueiros, Rivera, O´Gorman, Eppens, Chávez Morado, enriquecen la experiencia cotidiana. Lo anterior confirma la idea, de que la calidad de los espacios que uno habita cotidianamente, generan conductas, positivas o negativas y propician las condiciones para alentar o no un mejor aprendizaje. Desde luego que las instalaciones del conjunto de Ciudad Universitaria, son propiciatorias para que aflore lo mejor, espiritual e intelectualmente hablando, por parte de sus ocupantes y visitantes. Estas mismas instalaciones, con todo lo bueno y discutible que puedan mostrar y contener, como obras arquitectónicas y urbanas, se vuelven en sí mismas, al recorrerlas, en una constante lección aprendizaje.

Desde un inicio, como consecuencia de mis intereses personales y la disponibilidad de mis horarios, me dediqué básicamente a impartir clases de teoría de la arquitectura, historia y diseño urbano, este último también desde el lado de la teoría. Es importante reconocer que a lo largo de mi actividad docente, he tenido influencias, deudas de formación, información y modalidades de enseñanza, con algunos personajes entrañables de la propia Facultad de Arquitectura, como con mis maestros todos: José Luís Benlliure (1928-1994), Humberto Ricalde (1942-2013), Jesús Barba (1935-2009) y Carlos González Lobo (1939), entre los más significativos. En los últimos años ha sido importante también en mis cursos, la influencia de la obra histórica y teórica del arquitecto español, Josep María Montaner, considerando la variedad y profundidad de su vasta obra escrita y publicada. Así las cosas, los modus operandi de mis clases han ido variando a lo largo de los años, y van desde visitas directas a las obras, exposiciones de las mismas a través de transparencias, hasta la modalidad actual que se estructura a partir de dibujar, leer, pensar y discutir un conjunto de obras, de acuerdo a un programa previamente establecido, compartiendo y discutiendo con mis alumnos, lo que en conjunto sabemos de los temas, teorías, autores y proyectos, que forman parte de nuestros programas actuales.

Dos grandes vertientes de la historia y teoría de la arquitectura me han interesado y conforman fundamentalmente mis cursos. Por una lado los orígenes, desarrollo, consolidación y expresiones actuales del movimiento moderno de la arquitectura y por otro lado, como lo anterior se ha expresado y experimentado en México, a partir de los años veinte del siglo pasado, hasta nuestros días. Y es así que tomando en cuenta este marco general, mis alumnos, de acuerdo a un programa previamente establecido de autores, obras y tendencias arquitectónicas, tienen que dibujar para cada clase, tres obras, representándolas cada una, en tres planos tamaño doble carta, mostrando plantas, cortes y apuntes perspectivos. Para cada sesión, deben dibujar necesariamente nueve planos, realizados obligatoriamente a mano, con la técnica que mas les guste, calcando los dibujos de copias tamaño doble carta, que previamente deben conseguir. En paralelo deben leer, en libros de historia y teoría previamente acordados o en otros más, si son de su interés, sobre la formación de cada autor o arquitecto, la tendencia o tendencias de la arquitectura a las que pertenecen, reconociendo cuales son las características y valores de estas mismas tendencias. A la hora de dibujar a mano las obras, deben imaginarse dentro de las mismas, recorriéndolas, identificando su relación con el tejido de la ciudad donde se ubican, reconociendo ordenes compositivos y estructurales, manejos de materiales e imaginando las calidades resultantes de los espacios: escala, proporción, ritmos, simetrías, contrastes, juegos de claroscuros y manejo del color.

En cada sesión se seleccionan los mejores dibujos que se hayan realizado en el grupo, mismos que se fijan al frente, en el pizarrón del salón y se comienza así una discusión colectiva, pudiendo comparar obras, de las que se discuten en cada sesión, pero comparándolas además con las que previamente en sesiones anteriores se hayan discutido y que puedan formar parte de tendencias arquitectónicas semejantes o distintas. El haber dibujado a mano las obras, les permite tener un acercamiento y conocimiento de las mismas, lo que les permite además poder memorizar y pensar sus contenidos y ordenes compositivos, de tal manera que a la hora de proyectar, en sus clases de taller de proyectos, pueden decidir si plantean sus diseños, siguiendo o no las experiencias previas de los maestros o plantear posturas totalmente distintas. Para proyectar parten del conocimiento razonado de las obras previas y no de la nada o la inspiración solamente. Así es como se vincula la clase de teoría con los talleres de diseño. Se trata al final de cuentas de dibujar, leer sobre las obras y sus autores, sobre todo pensar las mismas, discutirlas colectiva y comparativamente. Realizamos algo semejante a como aprendió arquitectura en buena medida Lecorbusier, el gran maestro del movimiento moderno, que si bien no fue a una escuela de arquitectura, aprendió dibujando proyectos que fueron de su interés, meditándolos y comparándolos. Vale la pena reconocer, que si bien la manera anterior de acercarse al conocimiento de la arquitectura tiene sus virtudes, es absolutamente necesario complementar lo anterior, con recorridos personales a las obras y a los contextos urbanos donde se ubican. Algo que también hizo el propio Lecorbusier. No hay duda, la calle es la mejor escuela de arquitectura.

En términos generales los cursos anteriormente descritos han tenido aceptación y buenos resultados entre los alumnos de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, aunque es importante reconocer también que ha habido estudiantes a los que no les han parecido interesantes e importantes los contenidos y técnicas de cómo imparto estas clases. Han habido críticas furibundas contra mis cursos y otros más han reconocido que han contribuido a su formación profesional. Respeto y considero las críticas y reconozco también las valiosas aportaciones de una buena cantidad de alumnos que han participado con entusiasmo en estos cursos y de los cuales he tenido la oportunidad constante de aprender. Quiero expresar mi agradecimiento permanente a la Facultad de Arquitectura de la UNAM y al Taller Max Cetto, por esta oportunidad invaluable de convivir cotidianamente e intercambiar experiencias arquitectónicas, urbanas y de vida, con los jóvenes estudiantes de arquitectura.

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