Diseño participativo en México

Gustavo López Padilla

Toda propuesta de diseño arquitectónico, urbano o de paisaje, implica un servicio y compromiso social, independientemente del nivel socioeconómico de los usuarios que solicitan los proyectos. El compromiso del o los arquitectos es resolver de la mejor manera posible, en términos de proyectar espacios habitables, los requerimientos de necesidades particulares de los usuarios que les son solicitados. Se trata además de un compromiso en el cual los proyectos a diseñar, mas allá de que resuelvan sus particularidades, enriquezcan el conjunto de los espacios públicos, ya sean calles,  plazas o jardines, en relación a los cuales se desarrolla la vida social y con ello se mejore la convivencia comunitaria. Sin duda la calidad de los resultados proyectuales de los espacios habitables, arquitectónicos y urbanos, generan conductas y así las cosas, si son buenos los resultados, se propiciará que se expresen las mejores conductas, individuales y colectivas.

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Hassan Fathy

De entre las prácticas en el ejercicio profesional de diseño, existe una modalidad denominada Diseño Participativo, en el cual se tejen lazos mas estrechos, en relación al compromiso social para con los usuarios de una comunidad en específico. En esta manera de hacer arquitectura, los usuarios de un posible proyecto, trabajando en conjunto con él o los arquitectos, identifican las necesidades a resolver, que por lo general terminan implicando a un conjunto social. Haciendo equipo con los arquitectos, seleccionan el lugar adecuado para la ubicación de la obra a construir, planteando además la disponibilidad de recursos económicos y humanos, los posibles materiales a emplear y sus correspondientes procesos constructivos. Se propone así un proceso de diseño, en el que se ponen sobre la mesa las necesidades que originalmente nacen de los propios usuarios, quienes conocen a detalle desde luego lo que es menester resolver y el o los arquitectos, de una manera sensible y respetuosa, enriquecen e interpretan lo planteado por los usuarios, respetando las costumbres, modos de vida de la localidad y las condiciones generales geográficas del sitio, volviendo construibles las propuestas. La edificación del proyecto, generalmente la ejecutan los propios usuarios o  la comunidad involucrada, con asesoría de los profesionales. Se trata de una metodología de diseño, que enriquece la creatividad proyectual en las direcciones que van de ida y vuelta entre usuarios y arquitectos. Con ello la arquitectura se vuelve sociología y antropología social.

Extensión del Colegio Gando        Diebédo Francis Keré

Esta modalidad de Diseño Participativo se identifica plenamente como tal, a partir de mediados del pasado siglo XX, como una alternativa al movimiento racionalista, pensando en acercar y volver viables, posibles alternativas de solución, a las necesidades de espacios habitables de los grandes grupos sociales menos favorecidos económicamente, en las distintas regiones geográficas del planeta. Sin embargo se pueden ubicar también como antecedentes un tanto mas lejanos, las experiencias de diseño de los llamados Socialistas Utópicos de mediados del siglo XIX. Hablamos de los proyectos urbano arquitectónicos realizados por autores como Charles Fourier, Robert Owen, Flora Tristan o Ethiene Cabet. Ya entrado el siglo XX son importantes en el Diseño Participativo, las obras comprometidas de autores como las del arquitecto egipcio Hassan Fathy (1900-1989), las del inglés F.C. Turner (1947) y como una variante de lo mismo mas reciente, las del arquitecto estadounidense Michael Reynolds (1945). Son significativas también las experiencias proyectuales y constructivas de otros arquitectos como las del español Santiago Cirugeda (1971) o algunos  latinoamericanos y africanos, que han impulsado y cooperado en la realización de proyectos hoy ampliamente reconocidos. Hablamos de autores como el chileno Alejandro Aravena (1967) y Diebédo Francis Keré (1965), oriundo de Burkina Faso, ubicada en África Occidental, cerca de Mali. En el año 2016, la Arquitectura Participativa tuvo un gran impulso y reconocimiento, al ser tema central de la Bienal realizada en Venecia en ese mismo año, siendo Director Artístico de la Bienal Alejandro Aravena y en la cual México participó con la muestra denominada Despliegues y Ensambles, curada de manera acertada por el regiomontano Dr. en Antropología  Pablo Landa Ruiloba (1983).

Santiago Cirugeda

En nuestro país el Diseño Participativo se reconoce, impulsa  y consolida con el llamado Autogobierno a partir del año 1972, en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, movimiento político educativo, que es en buena medida consecuencia del movimiento estudiantil del año 1968. Entre los distintos talleres de la propia Facultad de Arquitectura, que contemplan en sus planes educativos el Diseño Participativo, el Max Cetto que originalmente con el Autogobierno era el Taller 5, ha practicado exitosamente el Diseño Participativo como una modalidad de enseñanza aprendizaje, relacionando la educación de sus estudiantes, coordinados por sus profesores, propiciando un acercamiento directo a las necesidades de diversas comunidades de la República Mexicana, realizando proyectos concretos reales, que han sido entregados a estas comunidades para su realización y que han merecido ya algunos reconocimientos. Entre algunos de los arquitectos del propio Taller Cetto, que además de su actividad docente practican profesionalmente el Diseño Participativo, identificamos a autores como Alejandro Suárez Pareyón (1948), Gustavo Romero (1940), Carlos González Lobo (1939) y Guillermo Vanegas (1948). De la misma UNAM están desde luego el Arq. Enrique Ortiz Flores y  los espléndidos trabajos, ampliamente valorados y reconocidos, del destacado arquitecto Oscar Hagerman (1936), quién además ha realizado proyectos de mobiliario para integrarlos a sus diseños arquitectónicos. Dentro de este panorama, en los años recientes se han sumado de manera brillante a la Arquitectura Participativa, algunos despachos de nuevas generaciones de arquitectos, entre los que podemos mencionar a los integrantes del grupo llamado Comunal Taller de Arquitectura, dirigido por las arquitectas Mariana Ordóñez Grajales (1986), egresada de la Universidad Autónoma de Yucatán  y la arquitecta Jesica Amescua Carrera (1983) egresada de la Universidad Iberoamericana, campus ciudad de México.

Carlos González Lobo            Conjunto de Viviendas en Ahome

Los proyectos que realizan los arquitectos que forman parte de esta Arquitectura Participativa, tienen que ver en ocasiones con intervenciones menores, pero no  menos importantes, tratando de mejorar las condiciones habitables de construcciones precarias preexistentes de usuarios o comunidades de escasos recursos. En otros proyectos se plantea resolver requerimientos de suministros de agua potable, energía eléctrica o desalojo y reutilización de aguas residuales, así como el reciclamiento y aprovechamiento de la basura. Se suman también proyectos nuevos que pueden ser viviendas individuales o conjuntos de ellas, escuelas de sistemas educativos tradicionales o aquellas que están directamente involucradas con formas de producción o trabajo de las propias comunidades, centros de salud, asistenciales o parroquiales. Se cuentan también entre los posibles proyectos, algunos planes parciales de desarrollo o aquellos que pretenden restituir condiciones ambientales en las comunidades. Otros son aquellos  que atienden situaciones de emergencia, como lo que resulta del efecto de sismos, tsunamis, inundaciones u otras afectaciones que tienen que ver con la naturaleza. Como consecuencia de los pasados sismos de septiembre del año 2017, muchos de estos despachos colaboraron y lo siguen haciendo, para tratar de resolver los efectos destructivos de aquellos terremotos. En este sentido es notable la participación de grupos de jóvenes, que de manera organizada y profesional se han sumado recientemente a esta plausible labor, como el llamado Consultorio de Arquitectura Práctica, compuesto por alumnos egresados de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

Imagen relacionada

Universidad del Medio Ambiente              Arq.Oscar Hagerman

Vale la pena insistir que se trata de proyectos que buscan una relación mas directa con los usuarios, con los usos y costumbres de sus localidades, respetando condiciones climáticas y del entorno, utilizando preferentemente materiales y procedimientos constructivos empleados tradicionalmente en el sitio, que son el resultado exitoso de años de experiencias culturales, pero sin cerrarse necesariamente a la incorporación muy razonada, cuidadosa y mesurada de algunos materiales y métodos constructivos mas recientes. En ocasiones los arquitectos, en conjunto con los futuros usuarios, construyen modelos preliminares que se vuelven prototipos, para que mas adelante en el tiempo, el conjunto de  la propia comunidad los pueda volver a repetir, a partir del entrenamiento de la experiencia previa. Se trata de proyectos y obras, eficientes, racionales, económicos, directamente vinculados a las necesidades de usuarios y comunidades, lejos de las arquitecturas que aparecen en las revistas de moda, lejos de lo glamoroso o de aquellas obras que forman parte de la idea del consumo y el espectáculo. Pero no dejan en muchos casos de mostrar notables calidades formales, plásticas, constructivas y vivenciales, dejando ver las sensibilidades creativas de los propios usuarios y de los arquitectos que los asesoran.

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Comunal Taller de Arquitectura              Escuela Rural Productiva

Si partimos de la estadística de que los arquitectos en una práctica ortodoxa, apenas inciden entre el 3 y el 5 % de los proyectos que se realizan en la República Mexicana, trabajando sobretodo para las gentes que disponen de recursos suficientes para pagar a profesionales, es relevante esta Arquitectura Participativa, que atiende de diferente manera a los grandes grupos sociales que son mayoría en el país, que ganan  menos de un salario mínimo o apenas una o dos veces el mismo, siendo absolutamente necesario impulsarla aún más entre los profesionales en activo y sobre todo entre las nuevas generaciones de arquitectos, en las distintas universidades del país.

Nota: Imágenes tomadas de internet para efectos de difusión no lucrativa.

 

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Torre Manacar de Teodoro González de León

Gustavo López Padilla

Cuando se revisa la obra realizada por Teodoro González de León (1926-2016) a lo largo de poco más de sesenta años de ejercicio profesional, es sorprendente reconocer su voluntad y capacidad para reinventarse cada periodo de tiempo, en el que percibía que sus propuestas de diseño, agotaban un repertorio compositivo que había sido debidamente experimentado. No fue un arquitecto, que una vez que hubo encontrado un lenguaje compositivo y formal que lo identificaba, asumiera que podía transitar de manera complaciente por esa zona de confort, sin afrontar nuevos riesgos que pudieran evolucionar y enriquecer el conjunto de sus trabajos. En ese sentido, supo asimilar la experiencia del mismísimo Lecorbusier, con quién tuvo la oportunidad de colaborar entre 1947 y 1948. Desde su perspectiva histórica e intelectual, Lecorbusier fue un gran experimentador de la forma, el espacio y sus posibilidades constructivas. Teodoro González de León, de recia personalidad propia, haciendo valer su sentido de pertenencia a nuestra cultura,  también lo fue.Entre la Casa Catán de 1951, una de sus primeras obras, realizada en colaboración con Armando Franco y la Torre Manacar, finalmente terminada en este 2108, existe un largo y fructífero  recorrido por la arquitectura, cercano fundamentalmente a las ideas del movimiento racionalista, buscando Teodoro González de León repertorios formalmente expresivos, de vigorosa y monumental presencia urbana, incluyendo acercamientos a lo largo de los últimos años a opciones mas complejas, experimentaciones que tienen que ver incluso con la arquitectura deconstructivista. Así las cosas la Torre Manacar, ubicada en la esquina norponiente de la intersección de Río Mixcoac y la Ave. de Los insurgentes Sur, en el número 1457 de esta última, en la colonia Insurgentes Mixcoac, Delegación Benito Juárez, en la Ciudad de México, fue polémica desde sus inicios, al sustituir la original Torre Manacar, proyecto del arquitecto Enrique Carral Icaza (1914-1976) del año 1963, que representaba una de las versiones mas acabadas de la arquitectura mexicana contemporánea, formando parte del movimiento racionalista, influido por las ideas, obras e imágenes de Mies Van Der Rohe y luego un poco mas tarde por Skidmore, Owings and Merrill.La recientemente terminada Torre Manacar es un conjunto de usos mixtos, 144.00 m de altura, con 180,000.00 m2 construidos, de los cuales 12 niveles en sótano están destinados para estacionamiento, alojando 2700 automóviles, 5 pisos para zona comercial, 1 nivel mas para salas de cine, 1 piso para gimnasio y otros servicios, 22 niveles de oficinas, mas algunos pisos donde se ubican servicios generales. En términos urbanos el emplazamiento del conjunto es interesante, relacionándose geométricamente de manera directa, con la traza del proyecto urbano y de paisaje, del recientemente inaugurado nodo de Insurgentes y Río Mixcoac. La Torre Manacar se ordena también, tomando en cuenta y dando frente en su fachada principal, al eje que alinea la calle de Minerva y que conecta la ave. Insurgentes con la colonia Crédito Constructor y que va a dar hasta el Centro Libanés. Las fachadas laterales del Manacar de alinean además hacia el oriente con la ave. Insurgentes y hacia el sur con Río Mixcoac. Esta posición urbano geométrica, permite que el Manacar se aprecie de manera interesante, como un cuerpo dispuesto en perspectiva, si se le mira viniendo desde el sur de la ciudad por Insurgentes y de igual manera en perspectiva si se aprecia, aproximándose a él desde el poniente, al mirar el edificio desde el jardín lineal peatonal, que corre paralelo a Río Mixcoac. Esta condición se refuerza, al perfilarse el edificio en altura, disminuyendo y afilando la parte volumétrica superior del mismo. Al final del camino, encontramos al edificio vinculado o insertado con la traza y el tejido urbano, de esa zona de la ciudad.En términos de diseño arquitectónico, el Manacar se aproxima a lenguajes de otros edificios semejantes  contemporáneos, proyectados en años recientes por otros autores, ubicados tanto en Europa como en los Estados unidos, en los cuales de descompone el cuerpo básico de los edificios, con base en planos inclinados diferentes, acentuando su verticalidad al disminuir su superficie en planta de manera significativa en su parte alta. Estamos ante un proyecto de Teodoro González de León, que al filo de los noventa años, anduvo buscando, arriesgando, distintas interpretaciones de la arquitectura, alejándose de los proyectos que por muchos años lo identificaron plenamente, otorgándole su propio lugar en la historia. En este mismo sentido, la estructura del Manacar, como algunos otros de González de León de los últimos años, está resuelta mediante componentes metálicos, dejando atrás el uso de concreto armado aparente, como una influencia Lecorbusiana. Se trata ahora de una variante del criterio de piel y huesos, en donde los huesos son la estructura metálica y las fachadas terminadas como una piel de cristal, en las cuales Teodoro incorpora algunas aletas a pequeños planos ciegos verticales en fachada, como una intensión formal, pero reduciendo con ellos también, aunque de manera limitada, las incidencias directas del sol y sus ganancias de calor, lo que repercute en la disminución de las capacidades  y consumos de energía de los equipos de aire acondicionado. Adicionalmente vale la pena anotar, que el contar con fachadas perimetrales de cristal, lo anterior debería significar un aprovechamiento racional de la luz natural, disminuyendo con ello  también el uso de luz artificial y su consecuente consumo de energía.A nivel de calle el edificio cuenta con tres accesos peatonales, recordando a la distancia el criterio de los pasajes comerciales, que caracterizaron una buena parte de la arquitectura mexicana de principios de siglo, particularmente el de algunas calles del llamado Centro Histórico de la Ciudad de México. Estos accesos conducen al interior del centro del conjunto,  conformado por un espacio de seis alturas, rematado por un domo que permite la incidencia y el aprovechamiento de luz natural en el recinto mencionado y en alguna medida a los propios locales ubicados en la zona. La geometría del vestíbulo general y de estos lugares   comerciales, responde en sus interiores a algunos repertorios formales orgánicos, que en conjunto con su escala resultante propician un ambiente amable, agradable. Las soluciones de detalle, están bien resueltas en sus continuidades y relaciones geométricas, lo que se puede apreciar con claridad, en el orden de los despieces de materiales tanto en pisos, como barandales acristalados, plafones y fachadas de los locales. Existe una definida unidad en la variedad, en esta zona comercial, al predominar los materiales de mármol en pisos, marimbas de madera en plafones y perímetros de fachadas de los locales terminadas con  cristal esmerilado y madera. Cada local adquiere su propia personalidad con el manejo de imagen y materiales, al interior de cada uno de ellos. A la zona de oficinas planteada a manera de plantas libres, se llega mediante escaleras y articulaciones verticales, resueltas, mostrando sus componentes estructurales y operativos de manera aparente. Las ofertas de oficinas son variadas, dada la diversidad de sus superficies  rentables al subir cada nivel, lo que propicia una rica convivencia de distintas empresas en el conjunto del edificio.A partir de las particularidades de sus resultados formales, la Torre Manacar se ha ido convirtiendo, poco a poco en el tiempo, en una referencia urbana, para los que habitamos y transitamos esta ciudad. Habrá que darle tiempo para hacer nuevas valoraciones, a partir de sus resultados operativos y de la aceptación en la vida colectiva de la ciudad. Pero es indudable, que representa una actitud valiente por parte de Teodoro González de león, que a lo largo de su trayectoria profesional, lejos del conformismo y la autocomplacencia, supo asumir riesgos que enriquecieron y diversificaron su experiencia profesional proyectual y constructiva.

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Plaza Andaro

Gustavo López Padilla

Como toda actividad que se relaciona con el arte, la ciencia, la creatividad y el azar, hacer arquitectura es fascinante, ya que permite en la oportunidad de cada nuevo proyecto, en términos de propuestas de diseño, explorar posibilidades en las que se puede dar continuidad, mejorando un poco tal vez lo experimentado previamente o  asumiendo una postura mas radical, corriendo riesgos, abrir otras posibilidades que puedan reinventar los criterios aplicados, adentrándose en aquellos que no hayan sido explorados con anterioridad. Desde luego la máxima aspiración de los arquitectos, es poder concretar alguna vez en su vida,  proyectos que tengan las últimas condiciones de lo comentado líneas arriba. Vale la pena decir, que lo anterior no está relacionado con la espectacularidad de los proyectos, su costo de construcción,  los metros cuadrados construidos o la escala de los mismos, sino que tiene que ver exclusivamente con el valor y la originalidad de las ideas implicadas.Lo anterior tiene particular significación, cuando se trata de los trabajos realizados por las nuevas generaciones de arquitectos, que buscan su lugar dentro de los escenarios de la arquitectura.  Formar parte del conjunto común o poco a poco ocupar un sitio singularizado. En este orden de cosas, dentro del panorama reciente de la arquitectura mexicana, una pareja de arquitectos, Juan Carlos Cano (1971) y Paloma Vera (1973), ambos egresados de la Universidad Iberoamericana, buscan con sus trabajos su lugar en la historia. Dentro de las obras que han realizado hasta ahora y que nos permiten acercarnos a sus búsquedas y valorarlas,  destaca el conjunto de un centro comercial denominado Andaro, localizado  en Del Carmen, Avándaro,  51200, en Valle de Bravo, Estado de México, que cuenta con 2000.00 m2 construidos, terminado en el año 2013.En términos urbanos se trata de una obra discreta, de tan solo dos niveles, que se inserta con serenidad, pero con algunos rasgos de personalidad propia, dentro del poco ordenado perfil de la calle donde se ubica y tomando en cuenta su escala modesta, ayuda a conformar una cierta idea de ciudad en la zona donde se localiza. El proyecto de Cano Vera Arquitectos, está lejos de la arquitectura espectáculo, que en muchas ocasiones se asocia con las soluciones relacionadas con el tema de los centros comerciales. Pensando en lo que tiene que ver con su calidad urbana, es poco afortunado, que como parte sustancial de su imagen, predominen los autos estacionados al frente del conjunto.En lo que tiene que ver con sus particularidades, resulta interesante que la propuesta de diseño del conjunto del Centro Comercial Andaro, haya tomado en cuenta el respeto y consideración de las preexistencias naturales del sitio, como son un conjunto de árboles de buen tamaño y larga vida, así como la permanencia de un cuerpo de agua, un pequeño tramo de río entre piedras, que recorriendo linealmente una parte del centro del conjunto, reaparece fundamentalmente en cada temporada de lluvias. Así las cosas, el proyecto se ordena respetando este espacio central natural, incorporando nueva vegetación baja, disponiendo una circulación peatonal perimetral al espacio anteriormente descrito, desde la cual se accede a cada uno de los distintos locales que constituyen la plaza comercial, lo que en su conjunto contribuye a crear una atmósfera general, que va de acuerdo al criterio de zona boscosa, que es característico del desarrollo de Avándaro. Arquitectónicamente el Andaro está resuelto racionalmente en base a formas geométricas simples, regulares, seis agrupamientos compactos de locales distintos, que dejan espacios vacíos entre ellos.

Constructivamente está resuelto combinando un repertorio de secciones metálicas, terminadas en color negro, trabajando conjuntamente para los entrepisos y cubiertas de azoteas, con distintos componentes de madera, vigas y tablones. Los terminados de pisos exteriores están trabajados con variedades de piedras naturales. Predominan en las fachadas exteriores, otorgándole al conjunto expresividad y juegos de claroscuros lumínicos, importantes planos resueltos a manera de celosías verticales, empleando durmientes de madera reutilizados. Los interiores de los locales responden en sus acabados, a la naturaleza propia de la firma que los ocupa. Sus fachadas particulares están resueltas con mangueterías de madera y amplios componentes acristalados, propios de locales comerciales. En el primer nivel se combinan locales cerrados, con terrazas abiertas destinadas fundamentalmente para ser restaurantes y bares, generando una transparencia visual y vivencial entre exteriores, interiores y la vida de la calle, generando un ambiente agradable para estar y una animación colectiva atractiva. Al final del camino nos encontramos con un proyecto racionalmente resuelto, eficiente, mesurado pero expresivo, respetuoso del entorno natural donde se ubica, dando cuenta de las habilidades proyectuales de sus autores, resolviendo el planteamiento de conjunto y  llegando a una solución de detalles y manejo de materiales que terminan por crear una atmósfera vivencial que le otorga personalidad propia y congruente con la zona semi urbana donde se ubica. Se trata de una discreta variación de la tipología de los centros comerciales, apoyada en las condiciones del espacio natural central que lo constituye y al tratamiento en celosía de madera de sus fachadas exteriores.

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!Lo volvimos a hacer¡

2da. Edición 21 Jóvenes Arquitectos Mexicanos       

Gustavo López Padilla

Mostrarse a los demás, explicando las razones que le dan sentido a lo que se hace, es una de las oportunidades mas genuinas de los arquitectos, que permiten hacer una pausa y reconocer en que punto del camino creativo se encuentran. Así las obras de cada autor en primera instancia se exponen y se abre la oportunidad de valorar las calidades espaciales y vivenciales de su materialidad, al mismo tiempo que se identifican las ideas que a lo largo del proceso creativo se han ido experimentando. Al mostrarse se puede documentar la historia y con ello naturalmente la crítica hace su aparición. Con la crítica se aclaran las ideas, se replantean o retroalimentan y es así que los resultados proyectuales pueden llegar a representar un tiempo específico de la historia y visualizar las posibilidades evolutivas de futuro. Hablamos de lo que se identifica como  crítica creativa, de como hacer también arquitectura a través de la palabra. La experiencia se vuelve más rica y trascendente, si el hecho de mostrarse no tiene un carácter individual, sino que implica una exposición colectiva, representando una generación de autores, dentro de un tiempo y una cultura determinada.

Con este sentido se planteó realizar la 2da. Edición de 21 Jóvenes Arquitectos Mexicanos, promovida por los profesores de la Facultad de Arquitectura de la UNAM: Gustavo López Padilla, Honorato Carrasco Mahr y Lucía Zesati Farías, los mismos que en el año 2012 realizaron la primera edición. Para esta reciente exposición, se trabajó en equipo con la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes y ha quedado expuesta en el Museo del Palacio de Bellas Artes desde 10 de agosto y hasta el 23 de septiembre de este 2018. El objetivo esencial de la exposición es identificar y valorar en la medida de lo posible, a partir de 42 obras realizadas por 21 despachos de jóvenes arquitectos, en que punto se encuentra la arquitectura mexicana contemporánea. Se planteó de inicio, que la selección de los despachos participantes fuera incluyente y diversa, para lo cual se realizó por parte de los curadores, una investigación directa de autores, valorando sus obras realizadas en los últimos años, a lo largo y ancho del territorio nacional. Los autores debían ser distintos a los convocados durante la primera edición. Así las cosas para esta oportunidad, se seleccionaron arquitectos oriundos de las ciudades de Monterrey, Guadalajara, Mazatlán, Mérida y la ciudad de México.Dentro de los criterios de diversidad, se seleccionaron obras solicitadas por el sector público, otras por la iniciativa privada e incluyendo aquellas que se reconocen como arquitectura participativa, en las cuales los autores se relacionan de manera más directa con algunas comunidades, para el entendimiento de los programas requeridos, el desarrollo ejecutivo de los proyectos, hasta la ejecución constructiva de los mismos, que realizan las propias comunidades con asesoría de los arquitectos autores de los diseños. En lo que se refiere a los temas de los proyectos se incluyeron viviendas unifamiliares privadas, edificios de departamentos, viviendas sociales, escuelas, equipamientos deportivos, hoteles urbanos y de playa, restaurantes, intervenciones de espacios públicos en unidades habitacionales preexistentes, intervenciones y restauraciones en edificios patrimoniales, algunos diseños urbanos, museos, espacios de usos múltiples, de trabajo y centros comerciales. Entendiendo siempre la arquitectura como un servicio al conjunto de la comunidad social, existen obras comerciales de razonables costos constructivos y otras de costos mas ajustados, en donde  como ya se comentó previamente, las propias comunidades levantan de manera directa sus construcciones. Adicionalmente resulta interesante, que algunos autores que participan en la exposición, hayan tenido la oportunidad de ir a estudiar y quedarse a vivir en Europa, lo que les ha permitido realizar proyectos como mexicanos en territorio europeo.Los autores y firmas seleccionadas para esta exposición son: Ken Matías Martínez, Nicolás Vázquez, JC Arquitectura, Bruno Jarhani y Eduardo Mendieta, Miguel Montor, Cadaval & Solá Morales, Boutique de Arquitectura, NIZ + Chauvet Arquitectos, Taller Héctor Barroso, BAAQ, Cano Vera Arquitectos, Rozana Montiel, Estudio de Arquitectura Atelier Ars Alejandro Guerrero y Andrea Soto, Estudio Macías Peredo, Álvaro Moragrega, Jorge Bolio, Covachita Taller de Arquitectura, TACO, EPA Arquitectos, Comunal Taller de Arquitectura y los arquitectos Mendoza Partida. El Conjunto de sus obras presentadas, merecerá mas adelante una reflexión detallada de las mismas, pero entretanto, algunas consideraciones generales que las caracterizan son las siguientes: en general cuentan con una escala media de construcción, pero algunas son verdaderamente modestas, varían entre uno y seis niveles construidos. Oscilan entre los 55.00 m2 y los 10,000 m2 construidos y fueron desarrolladas entre los años 2010 y 2018, aunque mayoritariamente datan del 2015 en adelante. En términos de imagen, la mayoría se inserta con discreción, en relación a los entornos urbanos o naturales donde se ubican. Algunas obras incluso, dan la impresión de que existieran en el lugar desde hace  tiempo. Tienen la capacidad de hacer ciudad, mimetizándose y enriqueciendo la imagen de los tejidos habitables preexistentes. Responden con acierto a las condiciones climatológicas de los lugares donde se ubican, a las formas de vida locales y en algunos casos reinterpretan las imágenes, materiales y procedimientos constructivos tradicionales del lugar.En términos compositivos y formales, la mayoría responde a criterios de una arquitectura racionalista, relacionando de manera directa forma y función, experimentando con formas geométricas simples, regulares, empleando materiales y procedimientos constructivos convencionales. Unos cuantos se acercan a algunas variantes orgánicas y repertorios compositivos  mas complejos, experimentando además con distintas  combinaciones de materiales. Pero en general, están lejos de la arquitectura espectáculo y su valor mas importante estriba en que son proyectos formalmente atractivos, cómodamente vivibles, serenos, bien resueltos, eficientemente construidos, razonablemente económicos, respondiendo a las necesidades programáticas que les son solicitadas. En su conjunto, los proyectos presentados no son necesariamente homogéneos, muestran variantes que los identifican en sus particularidades. Así las cosas el presente y futuro de la arquitectura mexicana contemporánea, a partir de las experiencias proyectuales de sus nuevas generaciones se muestra alentador. Algunas de estas obras ya han recibido distintos reconocimientos. Sería de esperarse sin embargo que en el futuro próximo, en nuevas oportunidades proyectuales, pensando en criterios de diversificación,  algunos autores  corrieran riesgos mayores en los repertorios de sus planteamientos compositivos, en sus secuencias espaciales, en el manejo de las combinaciones de sus materiales a emplear, experimentando con alternativas constructivas distintas, aprovechando los vertiginosos avances tecnológicos, de la mano de posturas sustentables, sin caer necesariamente en la tentación de la arquitectura espectáculo comentada previamente.Y si ¡ lo volvimos a hacer ¡ Ha aparecido la segunda edición de 21 Jóvenes Arquitectos Mexicanos. Y lo hicimos esencialmente, porque como sentido de vida, amamos hacer arquitectura de muy diferentes maneras. Amamos hacer proyectos, construirlos y amamos dar clase en la Facultad de Arquitectura de la UNAM y como consecuencia de ello creemos en los jóvenes, en sus capacidades y compromisos. Consideramos que los arquitectos no solo deben hacer arquitectura, hay que buscar  adicionalmente formas de  escribirla y pensarla, compositiva, social y políticamente, compartiendo lo anterior con el conjunto de la sociedad. Se trata de contribuir a documentar la historia y propiciar el ejercicio de la crítica, entendida como el instrumento intelectual fundamental, para hacer de manera socialmente  mas comprometida, mejor arquitectura y evolucionarla, tomando en cuenta  sin duda, que hacer arquitectura es hacer ciudad y con ello, la responsabilidad proyectual y constructiva es mayor. Esperamos que los contenidos de esta exposición puedan convertirse en una provocación y que después de las imágenes haga su aparición la palabra o las palabras. De ahora en adelante, todas las palabras son bienvenidas.

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Estado y vivienda social

Gustavo López Padilla

 Terminada la Revolución Mexicana, al inicio de los años veinte del siglo pasado, los gobiernos postrevolucionarios se plantearon enfocar sus políticas de Estado, tomando en cuenta las urgentes necesidades sociales, que no habían sido debidamente atendidas durante el largo gobierno del presidente Porfirio Díaz. Se plantearon de inicio, crear nuevas instituciones, que debían afrontar las rezagadas demandas que tenían que ver con educación, salud, vivienda, infraestructura y el impulso a fuentes el trabajo tanto en el campo como en la ciudad. Particularmente en términos de lo que tenía que ver con la construcción de viviendas, en los años treinta, el Estado Mexicano asumió el compromiso y la responsabilidad de crear programas nacionales, a través de los cuales se dotaría de viviendas, sobre todo a los grandes grupos sociales de menores ingresos. En otro orden de cosas, desde mediados de los años veinte, la arquitectura mexicana se acercó a las ideas y obras que significaron al movimiento moderno, particularmente con lo que se identifica como racionalismo o funcionalismo, dentro del cual se le dio un papel preponderante a la preocupación por plantear y resolver el tema de la vivienda de carácter social. El racionalismo apareció por esos años en el escenario nacional, como la manera natural, eficiente y lógica de afrontar, en términos de ideas y soluciones, lo que se requería al gobierno postrevolucionario.

Conjuntos Balbuena y Miguel Alemán

Así las cosas, el Estado Mexicano se convirtió en el responsable de impulsar, organizar, desarrollar  y realizar, un buen número de proyectos de conjuntos de viviendas, que atendieron una buena parte de las necesidades, sobre todo de los obreros y los trabajadores que formaban parte de las instituciones del mismo Estado. Desde los años treinta, hasta mediados de los años ochenta, el Estado Mexicano creó distintas instituciones dedicadas al tema de la vivienda social y a lo largo de todo este tiempo se  construyeron un buen número de conjuntos, que por su calidad de diseño arquitectónico y urbano han sido ampliamente reconocidos, tanto dentro del desarrollo de la Arquitectura Mexicana Contemporánea, como formando parte de la Arquitectura Internacional. Algunos de estos proyectos se han convertido, en parte sustancial, de nuestro moderno patrimonio nacional construido.

Conjuntos Independencia y Torres de Mixcoac

Hablamos de proyectos edificados en distintas regiones geográficas del país, pero ahora para estos comentarios, nos referiremos tan solo a algunos ubicados en la ciudad de México a manera de ejemplos significativos, como el conjunto de vivienda para obreros del año 1934, diseñado por Juan Legarreta, ubicado en Balbuena, el Conjunto Urbano Presidente Alemán del año 1947, proyecto de Mario Pani, ubicado en la colonia Del Valle, el Multifamiliar Benito Juárez del año 1952, también diseñado por Mario Pani en colaboración con Salvador Ortega, ubicado en la colonia Roma Sur, la Unidad Independencia del año 1960, diseñada por Alejandro Prieto y José María Gutiérrez Trujillo, ubicada cercana a las colonia Batán Viejo y Progreso Tizapán, el Conjunto de Viviendas San Juan de Aragón del año 1965, proyecto de Ramón Torres Martínez, ubicado en el barrio del mismo nombre, el conjunto de viviendas Nonoalco Tlatelolco del año 1964, proyecto de Mario Pani, ubicado en el barrio del mismo nombre, el conjunto Torres de Mixcoac del año 1967, diseñado por Abraham Zabludovky y Teodoro Gonzáles de León, ubicado en Lomas de Plateros.

Conjuntos Villa Olimpica e Infonavit Iztacalco

Se suman a los anteriores el conjunto Villa Olímpica del año 1968, diseñado por Agustín Hernández, Manuel González Rul y Carlos Ortega, ubicado en Tlalpan, el Conjunto Infonavit Iztacalco del año 1974, proyecto de Imanol Ordorika y Mariano Araluce, ubicado en Iztacalco, el Conjunto La Esmeralda del año 1975, diseño de Gonzalo Gómez Palacio y Gustavo Eichelmann, ubicado en Camino a San Juan de Aragón, el Conjunto Habitacional Integración Latinoamericana del año 1976, diseñado por Félix Sánchez, Luis Sánchez, Gustavo López, Fernando Mota, Humberto Ricalde y Héctor Meza, ubicado en Copilco, el Conjunto Alianza Popular Revolucionaria del año 1977, de Honorato Carrasco Navarrete y Miguel herrera Lazo, el conjunto Habitacional Centenario del año 1978, diseñado por Félix Sánchez, Luis Sánchez, Gustavo López  y Fernando Mota. La relación anterior es limitada, pero representativa de la experiencia que en materia de vivienda de carácter social, se desarrolló en la Arquitectura Mexicana Contemporánea, entre los años treinta y el comienzo de los ochenta.

Conjuntos La Esmeralda e Integración Latinoamericana

 Al revisar con detenimiento los proyectos anteriores, podemos identificar que sus propuestas en términos de diseño de los conjuntos, se insertan al tejido y a la vida colectiva de la ciudad y algunos contribuyen de manera sustancial justamente a hacer ciudad. Han pasado a formar parte del paisaje urbano cotidiano, que identifica y da personalidad a la ciudad o a las ciudades, porque vale la pena insistir, la experiencia de este tipo de conjuntos, se extiende a otras ciudades del interior de la República Mexicana. En estos proyectos se mezclan distintos niveles socioeconómicos, lo que contribuye a la riqueza de las relaciones sociales, que es natural a las ciudades contemporáneas. Algunos conjuntos se han vuelto emblemáticos, de tal suerte que la gente que vive en ellos, siente orgullo por pertenecer a la comunidad de los mismos y de manera organizada contribuyen a su conservación y mantenimiento. Siguiendo con los criterios de diseño urbano, también tienen en común, que cuentan con espacios abiertos públicos, ya sean plazas o jardines, suficientes, amplios y bien diseñados, de tal suerte que en ellos se propicia la vida colectiva, el intercambio de experiencias vitales, lo que enriquece su significación social. Los resultados de lo  anterior forman parte de antiguas legislaciones urbanas, que regulaban el uso del suelo en estos conjuntos. En el mismo sentido, algunos cuentan con equipamientos diversos, que pueden ser comerciales, educativos, recreativos o de salud, que también estaban regulados por las mencionadas legislaciones proyectuales urbanas.

Conjuntos Centenario y Alianza Popular Revolucionaria

Los diseños de los conjuntos, en términos de su calidad proyectual son muy buenos y han sido muchos de ellos, como ya comenté previamente, ampliamente reconocidos a nivel nacional e internacional. En ellos es usual que se mezclen distintas densidades de ocupación, contando en varios casos con intensidades altas que se traducen en edificios en altura, que llegan a tener hasta quince pisos, combinados con otros de menores niveles. Cuentan también con distintos prototipos de vivienda, eficientes y bien logrados en términos de diseño, que responden a necesidades diferentes, lo que contribuye a ricas mezclas sociales y culturales. Por lo general los conjuntos se levantaron con sistemas constructivos tradicionales y materiales aparentes. Hablamos de concreto armado, tabiques aparentes, pensando en la sistematización eficiente durante su construcción y tratando que sus costos de mantenimiento en el tiempo fueran razonables. Algunos han sido transformados en el tiempo, afectando su imagen urbana, pero la mayoría se han mantenido, respetando su presencia urbana original. Siguen siendo hoy en día, motivo de orgullo en cuanto a sus diseños, urbano y arquitectónico y en términos de su calidad habitable.Las circunstancias políticas, sociales y económicas cambiaron a partir de la presidencia de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), quién en la instrumentación de políticas neoliberales, desmanteló una buena parte de las instituciones gubernamentales, que estaban encargadas de los diseños y ejecución de estos proyectos de vivienda social. Estas instituciones de convirtieron en financieras y reguladoras mínimas de proyectos, que desde esos años a la fecha, realizan empresas privadas. Las leyes que regulaban los diseños urbanos y arquitectónicos se volvieron endebles, favoreciendo sobre todo la viabilidad de negocios, descuidando notablemente la calidad de los resultados de diseño y habitables de los proyectos. A lo anterior se sumó el incremento del costo de la tierra, así como la poca disponibilidad de la misma, en el corazón de las ciudades. Todo esto se tradujo, en que la mayoría de los proyectos realizados durante los últimos veinte o veinticinco años, se levantaron en las periferias de las ciudades, lejos de la intensa vida social de las mismas. Así las cosas se levantaron millones de viviendas de muy baja calidad urbana, arquitectónica y vivencial, afectando notablemente los entornos naturales existentes. El deterioro de la economía nacional, llevó a proyectos muy reducidos en área, sin contar en los conjuntos con servicios de salud, educativos y comercios, con limitadísimos espacios colectivos, mal construidos. Las mas de las veces los conjuntos se convirtieron en lugares dormitorio, alejados de la vida y el trabajo, muchos de las cuales han terminado en el abandono, con su consecuente deterioro. Al final de cuentas nos encontramos con un balance, de muy poco rescatable en términos de hacer ciudad y nada de lo cual se puedan sentir orgullosos sus propietarios y también la arquitectura mexicana de los últimos años.

Los malos resultados a los que nos hemos referido, nos llevan a la urgente necesidad de replantear las políticas del estado, en términos de diseño y construcción de viviendas de interés social. Si bien estamos inmersos en políticas económicas neoliberales, que siguen vigentes y privilegian las leyes del mercado, el estado requiere tener una mayor participación y regular de mejor manera el desarrollo urbano de nuestras ciudades y como parte de ello, lo que tiene que ver con la construcción de viviendas sociales. Es claro que hoy en día existe una expulsión de grandes grupos sociales del corazón de las ciudades hacia la periferia, lo que significa deterioro social, urbano y ambiental al mismo tiempo. Ya algunas ciudades importantes en el mundo, han planteado que se deben combinar, razonablemente, viviendas que respondan al mercado, pero tomando en cuenta mezclas con algunas otras, que favorezcan a los grupos sociales de menores ingresos. El estado deber regular estas posibilidades a partir de incentivos económicos que hagan posible lo anterior. Las mezclas sociales, económicas y culturales, son necesarias para una vida saludable en las ciudades. Al mismo tiempo vale la pena rescatar las leyes que regulen que no solo se construyan viviendas, sino que se tome en cuenta la necesidad de contar además con espacios comerciales, educativos, culturales, así como con un razonable porcentaje de espacios abiertos, plazas y jardines, verdaderamente públicos y democráticos. Se trata de volver a realizar buenos proyectos, aprovechando la riqueza de la experiencia construida ya comentada, con base en densidades medias, en zonas de las denominadas blandas, que se pueden reconfigurar, dentro del corazón de las ciudades. El estado debe volver a vigilar de alguna manera, las calidades de lo que resulte y no solo dejar que las empresas privadas hagan lo que sea, con tal de realizar un buen negocio para ellas y uno pésimo para la calidad habitable de nuestras ciudades. No se trata nostálgicamente de volver al pasado, pero hasta los economistas reconocidos y clásicos, piensan que el estado debe participar de mejor manera, acotada, pero responsable, pensando sobre todo en el bien común.

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Aeropuerto, polémica y planeación urbana

Gustavo López Padilla

 A diferencia de las espléndidas experiencias previas de los Mexicas, quienes se plantearon con decisión, hacer convivir su desarrollo urbano en armonía con la naturaleza y como parte de ella con el agua, en lo que se llamaba México Tenochtitlan, desde los inicios de la Colonia en el siglo XVI, los españoles tuvieron serias dificultades para armonizar el asentamiento y crecimiento de la ciudad, particularmente con el agua preexistente en los cinco lagos prehispánicos, adoptando la postura equivocada de iniciar la eliminación de aquellos importantes cuerpos hidráulicos, que constituían el entorno natural en medio del cual se decidió edificar la ciudad de México, como la más importante de lo que fuera la Nueva España. A partir de aquellos años, de manera lenta pero constante, las áreas ocupadas por los cuerpos de agua  fueron disminuyendo, a medida que crecía la mancha urbana, con la intensión de evitar inundaciones. Con el paso del tiempo, de la mano de una visión y actitud depredatoria, que se transformó en un estigma nacional que nos cala hasta los huesos, nos convertimos en campeones indiscutibles del desarrollo urbano agresivo, extensivo, de baja densidad, desordenado, lastimando de múltiples maneras a la naturaleza: a sus cuerpos de agua, a sus bosques, a sus especies animales e incluyendo por supuesto el deterioro de la calidad del aire que respiramos en condiciones adversas hoy en día, poco mas de 20 millones de personas, que habitamos la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.En los inicios de los años sesenta del siglo pasado, en la ciudad de México, como una alternativa inteligente, visionaria, de gran aliento, los ingenieros Nabor Carrillo y Gerardo Cruickshank, propusieron la restitución de una buena parte de la condición lacustre  del Valle de México, lo que se tradujo en la aparición del Lago que lleva por nombre precisamente Nabor Carrillo, que se imaginaba como una primera experiencia que debía extenderse a la mayor parte de los terrenos baldíos disponibles en Texcoco, en esa zona noroeste, en la colindancia de la Ciudad de México y el Estado de México. Los cuerpos de agua se alimentarían con aguas residuales tratadas, provenientes del drenaje de la misma ciudad de México, ayudando de manera importante a aliviar el problema de las inundaciones, además de significar una importante  reconciliación ambiental. El Lago Nabor Carrillo, aunque discreto en dimensiones, ha dado importantes frutos, al regular de alguna manera las tolvaneras que se volcaban sobre la capital de la República Mexicana, mejorando  en algo el clima y la calidad del aire en la zona metropolitana.El ambicioso plan de rescate ambiental de toda esa zona de grandes terrenos baldíos salitrosos, quedó detenido por años, hasta que fue puesto nuevamente sobre la mesa de las discusiones a finales del siglo XX, por Alberto Kalach, Teodoro Gonzáles de León,  Gabriel Quadri de la Torre y Alejandro Rosas Robles, quienes volvieron a proponer la restitución lacustre del Valle de México, además de incluir la construcción de un nuevo aeropuerto para la Ciudad de México, que se ubicaría justamente en el corazón de lo que sería el rescate lacustre, sumando a lo anterior algunas zonas de desarrollo urbano que incluían usos habitacionales, servicios y usos mixtos. Este último interesante e inteligente proyecto, en su momento causó mucha polémica, pero pronto fue desechado.Mas recientemente, de nueva cuenta, con la urgente necesidad de construir un nuevo aeropuerto para la capital de la República Mexicana, volvió a aparecer el tema y se propusieron dos alternativas de ubicación: Por un lado Tizayuca en el Estado de Hidalgo y nuevamente los terrenos baldíos del antiguo Lago de Texcoco. Fui de las personas que apoyaron que la construcción del aeropuerto se realizara en Tizayuca y no en Texcoco. Básicamente mis consideraciones de apoyo a Tizayuca, estuvieron fundamentadas, en el hecho de la enorme importancia de poder asumir con mayor libertad, una de nuestras últimas o quizá la última oportunidad de restituir la condición lacustre del Valle de México y no porque me pareciera mal construir el aeropuerto en Texcoco, como lo proponían Kalach, González de León, Alejandro Rosas y Quadri.  Temía que nuestros gobiernos, federales y estatales, estaban muy lejos de considerar el nuevo aeropuerto, con parte de un ambicioso plan integral de rescate ambiental verde y lacustre. Estaba seguro que preferirían el aeropuerto en Texcoco,  generando antes que nada un negocio especulativo con la tierra, en el cual posiblemente los propios funcionarios públicos estarían involucrados. Mis temores se han confirmado y desde hace tres años el aeropuerto se construye en Texcoco y la posibilidad del gran rescate ambiental, para beneficio de millones de personas que habitamos el Valle de México, a nuestros gobiernos, hasta ahora, no les ha interesado. Independientemente de reconocer la importancia de construir un nuevo aeropuerto para la ciudad de México, hasta donde conozco, no existe actualmente un plan ampliamente documentado, conocido y aprobado, para saber que se hará con los terrenos colindantes al nuevo aeropuerto. Nuevamente me temo, que con una planeación limitada y deficiente, se podría ocupar y desarrollar la mayor parte del área disponible y los planes ambientales quedarían reducidos a su mínima expresión y las afectaciones ambientales negativas para el conjunto del Valle de México  pueden ser considerables, independientemente del beneficio de contar con un nuevo aeropuerto.A lo anterior se suma el hecho de que cuando empiece a operar el nuevo aeropuerto, los terrenos en donde funciona actualmente el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, quedarán disponibles y hasta la fecha no sabemos tampoco de un plan de desarrollo de esa importante disponibilidad de territorio. Pero todavía más, con la aparición del nuevo aeropuerto, es evidente que la zona nororiente de la ciudad de México y su correspondiente colindancia urbana con el Estado de México, se verán impactados y nuevas fuerzas de desarrollo se harán presentes. Con el inicio del nuevo gobierno que encabeza el Lic. Andrés Manuel López Obrador y con él Claudia Sheinbaum, se ha vuelto a poner sobre la mesa de las discusiones la viabilidad y conveniencia de la construcción del nuevo aeropuerto en los terrenos donde se edifica, que ya para estas fechas tiene importantes avances constructivos y significativas inversiones realizadas.Me parece que para la ciudad de México, se presenta una brillante y trascendente oportunidad histórica, que bien pensada y realizada significaría un gran impulso al desarrollo urbano metropolitano, oportunidades de abrir significativos mercados económicos y la posibilidad inigualable de una gran reconciliación ambiental. Se requiere antes que nada de voluntad política y visión inteligente de las ricas posibilidades de desarrollo urbano. Lo anterior debiera hacerse de manera integral e incluyente, incorporando al conjunto de la sociedad, a los gobiernos responsables y a los mejores especialistas sobre el tema, que en nuestro país existen, con capacidades profesionales ampliamente probadas. Creo que dado el avance de la construcción del nuevo aeropuerto, ahora este debía continuarse, pero de la mano de la instrumentación de un amplio, visionario y ambicioso plan de desarrollo urbano, que incluya las instalaciones del aeropuerto con sus terrenos colindantes, la disponibilidad de los terrenos del viejo aeropuerto e incluyendo además la amplísima zona norponiente de la ciudad de México y sus correspondientes vecinos en el Estado de México, estas últimas, zonas urbanas entendidas como importantes reservas territoriales, ya que no están debidamente aprovechadas, en función de su baja densidad construida y su gran potencialidad,  tomando en cuenta el envión que significa el nuevo aeropuerto.Un plan urbano ambiental que se debería convertir en modelo de desarrollo para nuestra ciudad, para nuestro país y porque no, en un modelo histórico de desarrollo urbano de prestigio mundial, que se vuelva orgullo para todos  los mexicanos, referencia de lo que somos capaces de hacer, tomando en cuenta el aeropuerto que se construye, e incluyendo nuevas zonas habitacionales y de usos mixtos, incorporando por supuesto actividades económicas diversas, estudiando la combinación de densidades razonables y adecuadas, sin perder de vista la necesidad de contar con amplios y adecuados espacios públicos, abiertos, democráticos, que no son centros comerciales. Se deberían privilegiar en el plan, las densidades medias, el transporte público, el uso de la bicicleta y la peatonalización de zonas significativas. Lo anterior tomando en cuenta la conservación del Lago Nabor Carrillo y la inclusión de importantes nuevos cuerpos de agua y zonas arboladas, con la visión de reconciliación con  la naturaleza, acompañando el desarrollo urbano. Sabemos que un proyecto tan ambicioso como este requiere de dilatados tiempos para su ejecución, una razonable y cuantiosa inversión, pública y privada, que debe haber retornos financieros atractivos, pero debiera prevalecer por sobre todas las cosas la voluntad de lograr el bien común, el bien de todos y superar el estigma de que aquí en México, con la obra pública, se hacen negocios particulares para beneficio de unos cuantos, sin importar el presente y futuro de las mayorías y el juicio de la historia. ¡Exigimos que se hagan bien las cosas! ¡Con inteligencia, sentido común, transparencia y rendición de cuentas! ¡Ahora, en estos tiempos que corren, queremos creer en nuestros nuevos representantes!

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EBC Campus ciudad de México

Gustavo López Padilla

En buena medida, los países desarrollados han cimentado el bienestar de su población en la educación, traduciendo lo anterior en una realidad cotidiana, que muestra buenas calidades de vida para el conjunto de sus habitantes. Se trata de una educación crítica, abierta, respetuosa, interactiva, promotora de los valores humanos, experimentando metodologías didácticas que se apoyan en la lectura, el intercambio de ideas, la reflexión y en medios avanzados de comunicación del conocimiento. Estas mismas sociedades tienen en cuenta la importancia, de que para que esta educación de calidad pueda desarrollarse en las mejores condiciones, es necesario disponer de unas instalaciones educativas, que cuenten con  condiciones espaciales tales, que propicien o alienten la dinámica de enseñanza aprendizaje. Saben que la calidad y variedad de los espacios educativos, generan conductas entre los educandos y educadores y así las cosas, se preocupan por contar con espacios eficientes, confortables, bellos, variados, flexibles y divertidos.

En este orden de cosas, la Escuela Bancaria y Comercial, consciente de su compromiso educativo para con los jóvenes que acuden a sus instalaciones y en su afán de brindarles las mejores condiciones para desarrollar sus estudios y capacidades,  emprendió desde hace por lo menos quince años, un programa constante y ambicioso de mejoramiento, expansión y diversificación de sus planteles o campus, en distintas entidades del país, acompañando lo anterior con la actualización de sus programas y metodologías de enseñanza. Como parte de lo anterior, el pasado mes de abril de este 2018, fueron inauguradas las instalaciones del nuevo Campus ciudad de México, ubicadas en la calle de Liverpool No. 54, haciendo esquina con Dinamarca, en la colonia Juárez, de la Delegación Cuauhtémoc. Previamente a unas cuadras de la recién inaugurada, en la esquina de Hamburgo y Dinamarca, en la misma demarcación política, abrió las puertas de su Escuela de Posgrado en el año 2003 y en la misma calle de Liverpool, en su número  57, un edificio de estacionamientos en el año 2016. Este conjunto de proyectos fueron diseñados por el arquitecto Gustavo López Padilla, quién forma parte del grupo SAYA + Arquitectos, haciendo equipo con los también arquitectos Luis Sánchez Renero, Félix Sánchez Aguilar y Fernando Mota Fernández, contando además con la activa colaboración de los arquitectos Joel Damian Villa,  Alfredo Hernández, Graciela Díaz del Barrio, Angélica Becerra y Citlali Ovando, siendo fundamental la participación estrecha de las propias autoridades representativas de la EBC para la realización de los proyectos. Los resultados obtenidos son consecuencia de un estrecho y constante trabajo en equipo, que incluye desde luego al conjunto de los constructores implicados en las obras.En términos urbanos, la proximidad entre las instalaciones educativas mencionadas, conforma un sistema educativo y edificatorio, que se integra y relaciona con naturalidad, a la vida colectiva  del barrio donde se ubican.  Coadyuvan con lo anterior el hecho de  contar con cuatro niveles construidos sobre el nivel de la calle, una densidad media de construcción, la condición de que los predios dedicados a los dos edificios  educativos, cuentan con una esquina dominante y el que ambas soluciones arquitectónicas de los proyectos, además de tomar en cuenta esta condición de esquina, se presentan abiertos, transparentes, dejando ver hacia el exterior, hacia la calle, la vida y las actividades educativas que se desarrollan en su interior.  Los edificios de la EBC están en el barrio de la Juárez, enriquecen la vida colectiva del lugar y del conjunto de la ciudad. Son obras que cuentan con una escala y una presencia urbana amables, que hacen ciudad. Se suman a lo anterior, el que entre las tres instalaciones, sumando el edificio de estacionamientos, se puedan hacer recorridos a pié y su cercanía con importantes calles y avenidas de la ciudad, como lo son Ave. de los Insurgentes, el Paseo de la Reforma, ave. Chapultepec o la calle de Niza y con ello disponer de las facilidades de transporte y movilidad, que esta zona de la ciudad de México ofrece, tales como el metro, el metrobús, rutas de camiones y desde luego estaciones y carriles de bicicletas. El barrio en su conjunto cuenta con edificaciones en las que conviven distintos periodos históricos, con usos del suelo diversos y complementarios como  restaurantes, oficinas, centros culturales, oficinas administrativas, otras escuelas, lugares de entretenimiento y sobre todo calles caminables, reflejando la condición e intensidad de la vida colectiva y mezclas de usos del suelo, que caracterizan a las modernas ciudades contemporáneas.Desde el punto de vista arquitectónico, el campus EBC ciudad de México representó un reto de diseño, en el sentido de lograr una vez mas su propia identidad, pero que al mismo tiempo significara una nueva contribución para consolidar la imagen corporativa de la institución, reinterpretando algunos componentes compositivos y formales, previamente experimentados en otros campus de la propia Escuela, de tal manera que el público en general siga identificando con claridad a la EBC. El conjunto de los edificios ubicados en esta ciudad, nos muestra escuelas semejantes, complementarias pero distintas, aprovechando y mejorando en cada oportunidad, las experiencias previas. Como constantes en el campus ciudad de México, se ordenan los requerimientos de programa en relación al criterio de patios, con diferentes escalas y condiciones habitables, pensados como lugares de distribución y encuentros, con vistas y relaciones claras, francas  hacia la calle,  buscando siempre aprovechar al máximo la luz natural, regulando las incidencias del sol y protegiéndose de la lluvia. La disposición de componentes de programa y la solución estructural metálica del edificio, permite la máxima flexibilidad en la subdivisión y utilización del espacio, que se puede reconfigurar con facilidad, avanzando en paralelo con las nuevas y dinámicas metodologías educativas.Formando parte del compromiso social y educativo de la EBC para con la ciudad, el país y el planeta, en este nuevo campus se volvieron a experimentar, mejoradas, soluciones de carácter ambiental, sustentables, que ya desde hace varios años han caracterizado los distintos campus de la institución. Hablamos de aprovechar la luz natural, racionalizar la utilización de energía con base en equipos y componentes de bajo consumo y máxima durabilidad en el tiempo, regular las incidencias del sol y sus ganancias de calor mediante el criterio de dobles fachadas y utilizando aire acondicionado solo en zonas indispensables. Se suman a lo anterior el reutilizar el agua de lluvia, reciclar en buena medida las aguas residuales, regular la producción de basura y contar con zonas verdes al interior del edificio, que mejoran las condiciones interiores ambientales, al tiempo que contribuyen a la salud y propician conductas amables de los ocupantes de la escuela. Las aulas como unidades base de la escuela, son variadas en cuanto a sus dimensiones, pero semejantes en cuanto a contar con suficiente luz natural, ventilación natural cruzada, regulando el ruido ambiental y el del interior de las mismas, con soluciones acústicas de detalle y uso de materiales, que procuran que las clases cotidianas se desarrollen en las mejores condiciones de confort. En términos de programa de necesidades el Campus ciudad de México, cuenta con 11,689.00 m2 construidos, distribuidos en controles de acceso, salones de clase de disposiciones y tamaños diferentes, salones de usos múltiples reconfigurables, biblioteca-centro de información y cómputo, oficinas administrativas, gimnasio, circuito para correr y caminar, dos cafeterías y sobre todo patios, puentes y terrazas con condiciones de uso y ambientes diferentes, ubicados  a distintos niveles, que desde diversas perspectivas fomentan la vida colectiva y la posibilidad de intercambio de información y experiencias de vida. En el nivel de acceso, articulando secuencialmente los patios principales, se establece un recorrido peatonal a manera de una calle interior, que articula todo el conjunto y posibilita la relación entre las calles de Liverpool y Marsella. La edificación está resuelta con base en una estructura metálica atornillada, sistemas de pisos de losacero y concreto, muros divisorios acústicos reconfigurables, block de cristal, instalaciones en general aparentes, propiciando la posibilidad de su fácil mantenimiento o el que puedan ser  modificadas o sustituidas por aquellas más avanzadas en el tiempo. Los materiales empleados en la construcción, son en su mayoría aparentes, de bajo mantenimiento y solo algunos complementarios como maderas, telas y cerámicas, califican  algunos lugares en lo particular.En sintonía con las mejores ciudades e instituciones educativas en el mundo, la experiencia del campus ciudad de México, se suma a otros de la misma EBC, como los de Hamburgo y Dinamarca, Tlalnepantla, Toluca, Querétaro, León, San Luis Potosí y Mérida, diseñados todos por los mismos autores, logrando consolidar una red nacional educativa, que cuenta con una imagen corporativa que identifica a la institución, que se ha caracterizado por preocuparse por el confort, eficiencia,  funcionalidad, calidad, variedad y flexibilidad de los espacios que se ofrecen a sus alumnos, profesores y personal administrativo, como una condición esencial para un adecuado y amable aprendizaje.

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