Recuerdos de Manhattan

Gustavo López Padilla

En los últimos años ha habido un creciente interés, por todo lo que sucede en relación a la vida social en las ciudades. Es frecuente ver noticias, reportajes, comentarios, resultados de estudios con distintos enfoques y profundidad,  apareciendo en  los diferentes medios de comunicación como prensa, libros, revistas, radio,  televisión e incluyendo por supuesto a las redes sociales. Se revisa y comenta lo que tiene que ver con su economía, relaciones sociales, manejo de sus recursos naturales y su calidad habitable urbana y arquitectónica. Se valora también lo que se refiere a sus aportaciones culturales, condiciones ambientales, movilidad pública y su gastronomía. Se hacen estudios de ciudades puntuales y se hacen comparaciones conformando grupos urbanos semejantes o se plantean contrastes entre ciudades que representan distintas culturas, economías, regímenes políticos y condiciones geográficas. En estos estudios y reflexiones se comparan planteamientos de tejidos urbanos, densidades construidas, relaciones con la naturaleza, enfoques constructivos, usos del espacio público y manejos financieros en cuanto a su funcionamiento y visiones de futuro. En estos trabajos es frecuente establecer en algún momento, alusiones o referencias a los modelos urbanos experimentados en las ciudades construidas en los Estados Unidos de Norteamérica y muy en particular con lo que tiene que ver con Nueva York, emblemática ciudad ubicada en la costa noreste de los Estados Unidos, colindando con el Oceáno Atlántico.

El interés por la ciudad de Nueva York tiene que ver con su destacada presencia económico financiera, su significación cultural, su interpretación urbana y arquitectónica de la modernidad,  a partir del desarrollo de un modelo soportado en la experimentación de una alta densidad de construcción, apoyada en criterios de racionalidad, eficiencia, progreso, desarrollo tecnológico, constante reinvención y una visión global cosmopolita, que ha dado como resultado la construcción de sectores urbanos y edificios, que se han convertido en referencia para el urbanismo y la arquitectura contemporánea.  La ciudad de Nueva York, ubicada en el estado del mismo nombre, fue fundada en el año 1624 por un grupo de holandeses, cuenta en la actualidad con 1214 km2 de superficie, de los cuales 789 km2 son de tierra y 425 km2 constituidos por agua. Según los datos del año 2015, contaba con una población de 8,550,496 habitantes y una densidad construida de 10,756 habitantes por hectárea. La ciudad está constituida por cinco distritos: Manhattan, Queens, Staten Island, Brooklyn y el Bronx. El desarrollo de estos distritos no es necesariamente homogéneo, siendo particularmente significativo lo que tiene que ver con Manhattan, que se ha convertido en imagen icónica del urbanismo y la arquitectura contemporánea. Me interesa en adelante, desarrollar algunos comentarios que tienen que ver justamente con las particularidades de Manhattan, su modelo de desarrollo y los resultados que se han obtenido con ello.

Hay que identificar en primera instancia, que Manhattan es una isla rodeada por el río Harlem, el East River  y el río Hudson, contando con una superficie de 87.5 km2 de los cuales 59.5. km2 son tierra y 28 km2 de agua. La superficie de tierra cuenta con  21.5 km de largo y 3.7 km de ancho y en particular Manhattan dispone de una densidad de 27,330 habitantes por hectárea. La topografía dominante en este distrito es básicamente plana y de ahí el planteamiento de su traza urbana, que responde mayoritariamente a una retícula regular de calles, numeradas de manera ordenada y que se organiza teniendo como corazón del tejido urbano el llamado Central Park, diseñado en 1857 por Frederick Law Olmstead y Calvert Vaux y que cuenta con 4000 m de largo por 800 m de ancho. La traza regular de la ciudad y su rigurosa nomenclatura numérica, permite a la hora de recorrerla,  certeza y confianza de donde se está ubicado y hacia donde se puede uno dirigir. En este mismo sentido, se suman a la certeza de ubicación territorial mencionada, recordando los criterios del teórico urbanista Kevin Lynch, expuestos en su libro La imagen de la ciudad del año 1960, una serie de referencias construidas a manera de hitos, bordos y límites, que permiten reconocer y ubicar las diferentes zonas o barrios que constituyen Manhattan, siendo poco probable sentirse extraviado. La ciudad cuenta con 12 largas avenidas que corren de norte a sur y 180 calles que corren de este a oeste, conectando el río Hudson con el East River y el río Harlem. Las primeras son por lo general de 60 mts. de ancho y de las segundas, algunas tienen 18 mts y otras 30 mts.  El promedio típico de medidas de las manzanas es de 240 mts de longitud por 60 mts de ancho, proporción 1 a 4.

Al caminar las calles de Manhattan es notable desde luego su densidad construida, la altura de sus edificios, la tecnología desplegada en la construcción de ellos, a lo que se suman la cantidad y diversidad de gentes que recorren estas calles y que se manifiesta alegremente al escuchar al paso, cualquier cantidad de lenguas, que nos remiten a muchas ciudades y países. Es notable en estas calles la anchura de sus banquetas, lo que permite recorridos seguros y confortables, admirando la variedad arquitectónica de sus edificios y sobre todo el espectáculo dinámico y cambiante de los aparadores comerciales que se ubican en las plantas bajas de la mayoría de estos mismos edificios. Nuevamente el carácter cosmopolita de la ciudad, se manifiesta en la enorme variedad de productos que se ven en los aparadores, que nos remiten a una gran diversidad de culturas y sus países de origen. Nueva York y Manhattan en lo particular son expresiones de la ciudad en donde confluyen todos los excesos: se contrasta lo mas caro, elegante y deslumbrante, con la miseria de alguien que hurga en un basurero por algo de comida. Lo mas limpio y ordenado de algunas zonas, con el desorden y las basura que se acumula en otras. La tranquilidad y sobriedad de algunas calles y barrios, con la abrumadora presencia de mucha gente que al mismo tiempo transita, grita y se empuja en algunas zonas y tiempos determinados, demandando su espacio mínimo vital. Las calles y sus edificios se nos muestran como un espectáculo permanente, de muchas pistas, connotaciones y significados. Hay que mirar al cielo y estar atento a lo que sucede en las banquetas.

Es la ciudad que representa de manera descarnada la práctica del neoliberalismo económico y por ende la competencia, las oportunidades y el progreso que se logran a partir del esfuerzo, la inteligencia, el ingenio, el talento y que se deben alcanzar como sea. Las calles definen y  representan los diferentes barrios de Manhattan, unos muy consolidados, amables y unitarios, otros mas diversos y agresivos, así como aquellos que se nos muestran agitados, universales, cosmopolitas y muy densificados, constructiva y poblacionalmente hablando. Significan y delimitan barrios también, en donde se realizan actividades definidas; habitar, comerciales, financieras o culturales. Calles con mucho tráfico vehicular y algunas que se han ido transformando en peatonales, a veces de manera permanente y otras temporalmente, siguiendo las recomendaciones del arquitecto y urbanista danés Jan Gehl. Calles convertidas en corredores verdes, como la elevada que de tránsito de locomotoras dió lugar al High Line Park, interesante transformación urbana del año 2009, impulsada por la propia comunidad del lugar, convirtiéndose rápidamente en importante espacio verde para la ciudad, que es hoy atracción turística. En otro orden de cosas, vale la pena comentar, que se ha  comenzado a partir del año 2013 a impulsar el uso de la bicicleta, sistema que actualmente cuenta con 600 estaciones y 10000 bicicletas;  medio de movilidad que se ha sumado al importante sistema de transporte público, que en Manhattan se estructura sobre todo a partir del metro y autobuses, que operan de manera bastante eficiente.

Manhattan por sectores se puede recorrer a pié, diría incluso que para conocerlo se debe recorrer a pié y al hacerlo es notable y agradable, que a lo largo de las travesías van apareciendo, jardines, plazas y rincones urbanos muy diversos, de una escala, calidad  y  cantidad tal, que logran hacer mas habitable, mas amable, la alta concentración construida y de gente que habita o visita la ciudad. Desde luego es importante, en términos de espacio público, abierto y de libre acceso, la presencia de Central Park, con su amplias zonas verdes y sus cuerpos de agua, lugar de encuentro, descanso y convivencia, pero de pronto, también  podemos ver aparecer en medio de la agitación urbana, en una escala menor, lugares como el Bryant Park, rodeado de edificios altos, espacio verde con quioscos y sillas que invitan a tomar una pausa y reponer fuerzas o con dimensiones todavía mas reducidas, pero no por ello menos confortable y bello, el Paley Park, pequeño remanso urbano ubicado en la calle 53, entre Madison y la 5ª. Avenida, en donde la presencia del agua, a través de una bella cascada que escurre sobre un muro al fondo del lugar, proporciona con ello  tranquilidad y confort. Pero los edificios altos, construidos en una gran cantidad en Manhattan, también contribuyen a la diversidad de ofertas de espacio público; por un lado remetiendo su volumetría respecto del alineamiento de la calle y generando pequeñas plazas o jardines de uso común, a veces inclusive con pequeños cuerpos de agua, propiciando espacios abiertos y democráticos o generando, en otro orden de ideas, en las plantas bajas de los mismos edificios, zonas de cafés o galerías, que permiten tomar un refrigerio en el lugar, leer el periódico o simplemente platicar con los amigos. A lo largo y ancho de Manhattan, contrarrestando la abrumadora presencia construida de sus edificios, hay ofertas diversas de espacios abiertos, de todo y para todos, a veces mas públicos y otras veces con algunas restricciones de uso.

En el tiempo, de los edificios construidos en Manhattan, podemos afirmar que representan en buena medida, la evolución de la visión moderna  de entender las ciudades y la arquitectura, sobre todo a partir de mediados del siglo XIX, con el surgimiento y la influencia del movimiento identificado como la  Escuela de Chicago, que impulsó las edificaciones verticales a partir de estructuras metálicas, el uso del elevador y el criterio de plantas libres, pasando por las distintas etapas de la arquitectura moderna, que incluyen desde las aplicaciones del Art Decó, por el movimiento racionalista, sus variantes y la arquitectura posmoderna, hasta llegar a interpretaciones un tanto mas complejas, cercanas a lo que conocemos como high tech o el deconstructivismo. Desde entonces hasta ahora, en esta manera de enfrentar la arquitectura, con base en el uso de densidades altas, se ha mantenido la idea de buscar la máxima eficiencia, funcionalidad, flexibilidad en el uso del espacio y rentabilidad financiera, resolviendo los proyectos aprovechando los mayores avances en tecnología constructiva. Los repertorios compositivos y formales, así como el manejo de distintos materiales y procedimientos constructivos de las obras han evolucionado, a partir de edificios como el Flatiron, de 22 niveles, del año 1902, de los arquitectos Daniel Burnham y Frederick P. Dinkelberg, pasando por otros como el edificio Chrysler, de 77 niveles, del año 1930, del arquitecto William Van Alen, el edificio Empire State, de 102 pisos, del año 1931, de los arquitectos Shreve, Lamb y Harmon, el edificio Lever House, de 21 pisos, del año 1952, de los arquitectos Skidmore, Owings and Merryll, el edificio Seagram, de 39 pisos, del año 1957, de los arquitectos Mies Van Der Rohe y Phillip Johnson, el edificio de la Fundación Ford, de 12 niveles, del año 1967, de los arquitectos Kevin Roche y John Dinkeloo, el edificio Citycorp, de 59 niveles, del año 1977, del arquitecto Hugh Stubbins, el edificio New York Times, de 52 niveles, del año 2001, del arquitecto Renzo Piano y hasta llegar al nuevo World Trade Center, de 110 niveles, del año 2014, de los arquitectos David Childs (SOM) y Daniel Libeskind. Algunos de estos edificios construidos en el corazón de Manhattan, se han convertido en emblemáticos, representativos de un período particular de la historia y han contribuido a perfilar las rutas del desarrollo del urbanismo y la arquitectura contemporánea, en lo que tiene que ver con los edificios en altura. Es desde luego importante hoy en día, reflexionar entre otras cosas, sobre la huella ambiental que implican los desarrollos urbanos como la ciudad de Nueva York, pensando que aún en lo construido y sobre todo en los nuevos desarrollos urbanos, se pueden replantear sus consumos energéticos y las repercusiones que resultan de ellos.

No hay duda que Manhattan, como parte sustancial de la ciudad de Nueva York es siempre fascinante, cautivadora, adictiva, siempre la misma y siempre distinta, atractiva y repulsiva a la vez, capaz de mostrarnos lo bueno y lo malo, los rumbos por donde fluye y fluirá la economía, las relaciones sociales, la pintura, la música, la escultura, el teatro y el cine, así como los rumbos por los cuales pueden transitar  la arquitectura y las ciudades, entendidas como grandes confluencias globales, sociales y culturales, aceptando la diversidad, asumiendo la confianza en el progreso y el futuro, con todos los riesgos, contradicciones y aventuras que lo anterior implica.

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Espacio, función y estructura, Enrique de la Mora y Palomar

Gustavo López Padilla

En la esencia misma del proceso creativo arquitectónico, se establece una interrelación dinámica entre la manera de conceptualizar las formas de los espacios,  la valoración de  las funciones o actividades de la vida que se van a realizar en los mismos y con ello se plantean de manera simultánea, los criterios de cómo se pretenden materializar estos espacios, es decir lo que tiene que ver con la definición de las estructuras y los materiales con los cuales finalmente se puedan construir estos espacios. Este proceso creativo responde a tiempos y metodologías de trabajo, que van a depender de la naturaleza misma de los proyectos y los resultados proyectuales pueden ser muy variados,  respondiendo a las circunstancias vitales,  formación intelectual, intereses y habilidades creativas de los diseñadores de estos proyectos. El balance entre las maneras de conceptualizar espacio, función y estructura, depende también de las distintas maneras en que cada  diseñador visualiza el cómo  deberían ser sus proyectos, que valores quiere experimentar, abriendo con ello la posibilidad de distintas posturas de cómo se ejerce la arquitectura. Enrique de la Mora y Palomar (1907-1978), arquitecto mexicano representante del movimiento racionalista, asumió de manera particular las ideas anteriores, lo cual queda claramente identificado en el conjunto de sus obras, en las cuales deja ver un interés por experimentar diversas posibilidades estructurales, que se ven reflejadas  en los resultados compositivos, formales y volumétricos de estas mismas obras. Vale la pena recordar que el arquitecto nació en la ciudad de Guadalajara, pero realizó sus estudios profesionales en la ciudad de México, en la Escuela Nacional de Arquitectura, habiendo obtenido su título profesional en el año de 1933. A lo largo de su ejercicio profesional que comienza en 1934 y se extenderá hasta 1974, periodo de tiempo en el que la presencia de la arquitectura racionalista en México tuvo un carácter dominante, estableció distintas relaciones profesionales con arquitectos y especialistas en estructuras, entre los que destacan José Villagrán, Fernando López Carmona, Alberto González Pozo, José Creixell, Leonardo Zeevaert y muy particularmente tuvo relevancia su relación con Félix Candela, arquitecto español avecindado en México, experimentador matemático, geométrico y constructivo de los cascarones de concreto armado.

Entre las obras de Enrique de la Mora destacan: el pequeño edificio de departamentos ubicado en la calle de Estrasburgo 20, en la colonia Juárez, ciudad de México, del año 1937, realizado en colaboración con José Creixell, P. Padilla y M de la Mora, el templo Parroquial de La Purísima Concepción, del año 1946, ubicado en la ciudad de Monterrey, la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, 1952, realizado en colaboración con Manuel de la Colina y Enrique Landa, la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, conocida como El Altillo, del año 1958, ubicado en Ave. Universidad, ciudad de México, realizado en colaboración con Fernando López Carmona y Félix Candela, la Capilla de la Medalla Milagrosa, del año 1960, ubicada en la colonia del Valle, ciudad de México, realizado en colaboración con Fernando López Carmona y Félix Candela, el edificio de Seguros Monterrey, del año 1960, ubicado en Ave. Presidente Mazaryk, ciudad de México, realizado en colaboración con Alberto González Pozo y con el diseño estructural del Ing. Leonardo Zeevaert y el Condominio Paseo, ubicado en Ave. Paseo de la Reforma 195, en la ciudad de México, del año 1965. Con esta relación se  mencionan algunas de sus obras mas importantes. Desde luego son ampliamente conocidos y difundidos los proyectos que realizó el arquitecto Enrique de la Mora en colaboración con Félix Candela, pero en esta ocasión me quiero referir y reflexionar, sobre los logros y resultados del edificio identificado como Condominio Paseo, mismo que ya ha sido mencionado líneas arriba. Recuerdo que aún antes de iniciar mis estudios de arquitectura en la UNAM, al recorrer a pié el Paseo de la Reforma, en particular  siempre me llamaba la atención este edificio, que muestra una imagen  distinta del conjunto de edificios, que formaban el paisaje urbano de esta importante avenida de la ciudad de México. Así las cosas, siguiendo criterios racionalistas, el edificio se soluciona acudiendo a formas geométricas simples, regulares, experimentando con la idea de plantas libres, buscando con ello la máxima rentabilidad financiera, flexibilidad de espacios y la mas eficiente captación de luz natural, pero limitando en la manera de lo posible, la incidencia directa del sol y con ello sus ganancias de calor, que repercuten en el consumo de energía de los sistemas de aire acondicionado.

Si se revisa con atención la composición de la planta tipo, como representativa del conjunto de los 18 niveles que componen el edificio, se puede observar su forma rectangular y en la que  el conjunto de las articulaciones verticales y servicios necesarios se disponen de la manera mas compacta posible, casi al fondo del terreno, en su sección norte, convirtiendo estos elementos en uno de los apoyos estructurales fundamentales, que trabajan en conjunto con una serie de columnas metálicas, ubicadas al sur de la composición, que tienen la particularidad de estar fuera de la superficie útil del edificio. Estas columnas se conceptualizan estructuralmente como un entramado de formas romboidales, que llegan a constituir  una primera fachada del edificio, que se libera de una segunda fachada terminada con aluminio, cristal y acero porcelanizado. La primera fachada estructural romboidal, se liga en nodos específicos al volumen de concreto de los servicios antes mencionados, mediante armaduras metálicas, que trabajando en conjunto con losas de concreto coladas en sitio, constituyen así el esqueleto estructural del edificio, logrando con ello el máximo aprovechamiento posible de la superficie útil, de las distintas plantas que constituyen el proyecto.  Pequeñas secciones en planta, ubicadas al oriente y poniente de cada planta tipo, se resuelven en voladizo, liberando así, estructuralmente, las esquinas de fachada del edificio.

Volumétricamente el edificio está constituido por cuatro primeros niveles, destinados a comercios y oficinas, que funcionan como una base, trece niveles de oficinas que conforman el cuerpo fundamental y un remate muy formal en azotea, con terraza incluida, constituyendo espacios desde los cuales las perspectivas visuales del propio Paseo de la reforma y la ciudad en su conjunto, resultan muy atractivas. El uso del color complementa la presencia urbana de la obra. Negro resaltando la primera fachada estructural desprendida y suaves tonos de verdes, definiendo el volumen de cristal y acero del edificio, que constituyen una segunda fachada. Vale la pena resaltar en la solución de las diferentes plantas libres, el que en la segunda fachada constituida por cristal y acero porcelanizado, las superficies transparentes son la mitad superior de cada entrepiso, lo que permite regular en alguna medida las incidencias del sol y sus ganancias de calor, así como el poder recargar muebles en fachada, sin causar problemas de imagen urbana y haciendo más útil el aprovechamiento interior de los espacios.

Estamos ante una propuesta racionalista expresiva, identificando y dramatizando con claridad sus componentes programáticos y estructurales, convirtiendo parte de estos últimos en la imagen misma del edificio, experimentando además con la idea de contrastes, juegos de planos, volúmenes, colores, luces, texturas y sombras. En esta propuesta la conceptualización y soluciones estructurales son determinantes para el funcionamiento y la utilidad de los espacios, así como para la definición de la presencia formal y urbana del edificio, siendo importante resaltar, el cuidado y calidad de las soluciones de detalle, sobre todo en lo que tiene que ver con las intersecciones volumétricas, detalles de conexiones y cambio de materiales. Hoy en día, el edificio muestra algunas alteraciones respecto del proyecto original, que bien valdría corregir, a lo que habría que sumar algunas intervenciones necesarias de mantenimiento que vale la pena realizar, para que el edificio realce su dignidad original y siga formando parte esencial del patrimonio moderno de la arquitectura en México y del panorama construido a lo largo del Paseo de la Reforma. En los últimos años, en el propio Paseo de la Reforma y en otras áreas al sur de nuestra ciudad, se ha vuelto a experimentar con soluciones expresivas cercanas al Condominio Paseo, que pueden parecer novedosas. En este orden de cosas es importante tener en cuenta, el valor que en este sentido tienen las contribuciones de la obra del arquitecto Enrique de la Mora y Palomar.

Quiero agradecer a la Arq. María Eugenia Hernández Sánchez, representante del Archivo de Arquitectos Mexicanos, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, su valiosa contribución, en términos de información, para la realización de los presentes comentarios.

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Recorridos londinenses

Gustavo López Padilla

Con cariño y agradecimiento para Rodrigo, Doña Ale  y la adorable Inés.

 Una ciudad viva siempre está en construcción, nos dice el reconocido urbanista danés Jan Gehl, en entrevista que le realizó Anatxu Zabalbeascoa para el periódico el País, el pasado 9 de enero de este mismo 2017. (1) Tomando en cuenta las ideas anteriores y con sus particularidades, al recorrer a pié la ciudad de Londres, es perceptible una ciudad viva, en constante transformación, tratando de equilibrar la conservación de su rico  patrimonio milenario –la ciudad fue fundada por los Romanos en el año 43 después de Cristo- con las visiones mas modernas del urbanismo y la arquitectura. Vale la pena recordar además, que Londres desempeñó un papel fundamental en el impulso a la Revolución Industrial entre los siglos XVIII y XIX, con todo lo que ello implica en términos de desarrollo económico, político, social y cultural, incluyendo nuevas visiones en el entendimiento de la arquitectura y el desarrollo de las ciudades. Hablamos en esta oportunidad de una de las ciudades mas importantes del mundo occidental europeo, que cuenta con una población estimada al año 2012 de 8,846,535 habitantes, con una superficie territorial de 1572 km2, una densidad construida de 5490 hab. por km2 y que dispone de 27 m2 de espacio verde por habitante. Londres ciudad cosmopolita, global, en la que se desarrollan por igual con criterios de vanguardia entre otros: el comercio, las artes, la educación, la investigación, el mundo de las finanzas, las comunicaciones y el turismo. En este último rubro se estiman 17 millones de visitantes al año en la capital británica.

Londres cuenta con un tejido urbano orgánico, irregular, según los urbanistas conocido como de plato roto, ordenado por algunos anillos viales concéntricos y avenidas radiales que se dirigen al centro de la ciudad, hacia el origen, hacia el área urbana conocida como la City. La topografía del lugar es relativamente plana, contando con algunas colinas suaves. Además la ciudad se organiza y relaciona con el curso del Río Támesis, que corre del suroeste hacia el este, entendido como un recurso natural importante que hay que conservar y respetar. Río navegable, el más importante de Inglaterra, que nace desde el Condado de Gloucestershire, cruzando Londres y desembocando hasta el Mar del Norte, contando con una extensión total de 346 km. La ciudad se subdivide en 32 municipios mas uno adicional, la City, que corresponde con el principal centro financiero del país. Al recorrer la ciudad, se percibe con claridad que su perfil urbano está definido en promedio, por bloques de edificios de entre cinco y siete pisos, con algunas intermitencias de viviendas de entre dos y tres pisos, mas algunas zonas puntuales en las que se han permitido construir edificios altos. Los edificios de entre cinco y siete pisos, característicos de una gran cantidad de ciudades europeas, perfilan gran parte de los barrios residenciales londinenses, su imagen y rostro urbanos, con paramentos continuos que definen los límites de las calles, alturas constantes y con tipologías arquitectónicas que muestran  un carácter académico, en donde se experimenta con el criterio de unidad en la variedad, ya que parecería que fuera un mismo edificio repetido constantemente, pero cuando se mira con detalle, existen algunas variantes que permiten identificar la particularidad de algunos edificios o bloques de los mismos. Pero es claro que en muchos de los barrios residenciales e incluso en algunas de las principales calles del centro de la ciudad, los londinenses apuestan por la unidad y la continuidad, para definir sus presencias urbanas que terminan siendo ordenadas, vivibles  y muy amables. Es característico además que los edificios volumétricamente cuenten con una base, un cuerpo fundamental y su remate en la parte alta. Estos usual que estos mismos edificios  estén construidos y terminados, por sus exteriores, unitariamente con tabiques de barro aparentes y en otras ocasiones los conjuntos están preferentemente terminados en color blanco. Desde luego hacia el centro de la ciudad y en sus obras mas contemporáneas, se utiliza una mayor diversidad de materiales.

En algunas zonas existe la combinación de edificios tradicionales con edificios modernos, en una relación que resulta en alguna medida armoniosa, respetando sobre todo los límites de alturas y continuidad de paramentos. En contraste resulta interesante la diferencia de lo que sucede en estos barrios residenciales muy consolidados, unitarios, respecto a la transformación que han sufrido algunas zonas, como la conocida como City, en la cual se han construido y se siguen construyendo actualmente nuevos edificios altos, que conviven, contrastantes, con edificaciones patrimoniales de menores alturas. Estamos ante un orden distinto, caótico, diverso, poco unitario, un tanto agresivo, altamente densificado, que responde básicamente a las leyes del mercado. Aquí en el conjunto de la City, destacan aun por sobre lo que se construye actualmente dos edificios emblemáticos, el 30 St Mary de Norman Foster del año 2003, conocido también como el pepinillo y el Lloyds compañía de seguros, edificio high tech,  diseñado por Richard Rogers, del año 1986. Pero aún en este orden un tanto caótico, se cuenta con pequeños espacios públicos, a los cuales las gentes que trabajan en el lugar acuden para tomarse un refrigerio, descansar, tomar el sol, compartir la vida pública y democráticamente unos con otros. La presencia diversa de criterios urbanos, estilos, tiempos históricos, densidades y alturas de edificios, nos da cuenta de la idea de que las ciudades modernas son varias ciudades, que conviven al mismo tiempo en un mismo territorio geográfico.

Al recorrer las calles de algunos de los barrios de Londres, de los muy consolidados y definidos, es notable la amplitud de sus banquetas, la gran cantidad y variedad de espacios verdes, a veces públicos y otros más privados, formando parte de zonas comunitarias de vecinos, que acceden a sus espacios jardinados de manera regulada según acuerdos particulares entre ellos. A estos espacios verdes de pequeña escala, muy bien cuidados, donde se desarrolla la vida cotidiana, se suman los grandes parques públicos, como lo pueden ser a manera de ejemplos: The Regents Park, Hyde Park, Battersea Park, Kensington Gardens o St. James Park, la mayoría de ellos contando con importantes cuerpos de agua, contribuyendo en su conjunto a la calidad ambiental de la ciudad. Vale la pena recordar el dato de que la ciudad cuenta con 27 m2 de espacio verde por habitante, considerando que los acuerdos internacionales de urbanistas, recomiendan que las ciudades deberían contar con al menos entre 12 m2 y 15 m2 por habitante de estos espacios. Al caminar entre las laberínticas calles de Londres, el tejido urbano de plato roto lo favorece, van surgiendo muchos rincones, recovecos, pequeñas plazas, espacios públicos diversos, en donde aparecen comercios, galerías de arte, restaurantes y los clásicos pubs, en los que se puede comer o tomar cerveza, las mas de las veces a pié, afuera de los propios establecimientos, en las pequeñas plazas o en las banquetas, recargando las bebidas en los pretiles de las ventanas de los establecimientos. En los barrios elegantes, muy consolidados, existen bastas zonas sin comercios, solo viviendas, contando con algunas calles específicas donde se da la vida social, comercial, comunitaria. En el resto de la ciudad la mezcla de usos del suelo es frecuente, habiendo comercios, oficinas, galerías, hoteles de diferente escala y categoría, restaurantes y muchos, muchos pubs. La vida comunitaria es intensa y global en su conformación social; las mas diversas nacionalidades, ocupaciones laborales, niveles socioeconómicos, culturas e idiomas, se entremezclan en calles, plazas, rincones, en la gran diversidad y cantidad de espacios públicos con los que cuenta la ciudad de Londres. En las tardes veraniegas, entre las cinco o seis de la tarde, estos espacios se vuelven plenos de vida comunitaria, no se diga los fines de semana, que pueden tener tiempos de ocio mas prolongados. Los habitantes de Londres toman su ciudad, la hacen suya y la disfrutan a plenitud. Al final de cuentas, una buena parte de la extensión de Londres tiene una condición caminable; se le puede recorrer, disfrutando de sus barrios y edificios emblemáticos, tradicionales y modernos, contando siempre con la referencia del Río Támesis. Aquí vale la pena recordar al crítico estadounidense Paul Goldberger, quien nos comenta en su libro Porqué importa la arquitectura, cuando nos dice: Entre caminar por las calles y leer un libro de historia de la arquitectura, siempre escogeré caminar y así experimentar el poder de la percepción real. (2)

En términos de movilidad, la ciudad cuenta con importantes, diversos, extensos y complementarios sistemas de transporte público; comenzando con sus camiones emblemáticos de dos pisos, de color rojo. Según algunos datos estadísticos relativamente recientes, el parque vehicular de camiones asciende a 8000 unidades, dispuestas en 700 líneas. Se suma a lo anterior la red del metro, conocido como The Tube, el mas antiguo del mundo, inaugurado en el año de 1863, conformado por 270 estaciones, 11 líneas.  Con los camiones y con el metro, es posible llegar a casi toda la geografía urbana londinense. Complementan la movilidad sus emblemáticos taxis, la mayoría de color negro, de diseño tradicional, los trenes de cercanías, los transportes fluviales y mas recientemente, desde junio del 2010, una creciente red de bicicletas, que se vuelve cada vez mas popular y presente en la vida urbana de la ciudad. Existen diferentes y claras políticas restrictivas para el uso de los automóviles; desde que la mayoría de los edificios no cuentan con estacionamientos privados, hasta la limitación en el uso del automóvil y cobranza para circular por zonas específicas, sobretodo en el centro de la ciudad. Recordando de nueva cuenta la mencionada entrevista a Jan Gehl, el nos comenta: El Homo Sapiens camina…una persona que no lo hace está incompleta… el coche tiene los días contados en la ciudad… el coche era una tecnología inteligente hace casi cien años. Pero a medida que las ciudades se densifican –y no hay otro crecimiento posible- se convierten en un estorbo… hoy urge una combinación de piernas, bicicletas y transporte público. (1) Londres, como una buena parte de las ciudades modernas está encaminada a la implementación de estas últimas ideas de movilidad mencionadas.

El mismo Jan Gehl nos habla de la reconquista de las calles, volviéndolas en lo posible peatonales, diversificando la posibilidad, número, calidad y variedad de los espacios públicos para estar. Nos comenta en la misma entrevista mencionada: Sentarse en la calle a mirar pasar a la gente es uno de los placeres de la vida. (1) Recorrer una ciudad es una excelente oportunidad para aprender de ella, poder descubrir y disfrutar sus secretos y en este sentido Paul Goldberger nos comenta: el único modo de aprender es mirar, volver a mirar, luego mirar un poco mas. (2) Londres  a cambiado ya algunas de sus calles, incluso pequeñas zonas barriales, convirtiéndolas a su condición peatonal. Algunas de manera permanente y otras que se vuelven peatonales para los fines de semana, como Regents Street, la cual se puede recorrer a pié, mirar sus edificios con mayor detenimiento, visitar sus comercios, disfrutar de espectáculos musicales diversos, bastante buenos por cierto o simplemente estar en la calle conviviendo democrática y libremente con la comunidad global que en grandes cantidades la camina. Pero si bien todo lo anteriormente mencionado puede ser disfrutable, a ratos también la cantidad de gente que asiste a estas calles y zonas de la ciudad puede resultar abrumadora.

Otro tema importante, presente en ciudades como Londres, es lo que comúnmente se ha dado en llamar como la gentrificación. Zonas importantes de las ciudades que han aumentado sus costos de operación, mantenimiento y rentas de inmuebles, desplazando a los grupos sociales originales de estas zonas, los menos favorecidos económicamente hablando, creando zonas de exclusión en donde solo vive población de recursos altos. En este sentido, en  Londres a manera de ejemplos podemos citar a Chelsea, Pimblico y que decir de Mayfair, en donde en la calle se ven estacionados como si nada, como si los regalaran por montones, autos Porche, Ferraris, maseratis, Lotus y otros mas por el estilo, de último modelo. Las rentas de las viviendas en esos mismos lugares han llegado a niveles estratosféricos. La segregación socio económica es evidente. Los mas necesitados son desplazados a la periferia, a distancias cada vez mayores del corazón de la ciudad. Es claro que de manera natural, los diferentes grupos sociales se necesitan unos a los otros, que sus mezclas son necesarias social, política, económica y culturalmente. En este sentido, de nueva cuenta Jan Gehl nos comenta: La gentrificación requiere decisiones políticas, yo, como urbanista, creo en un porcentaje de vivienda social en cada barrio. (1) El fenómeno de la gentrificación se multiplica, en la propia Londres en  barrios como Spitalfields o  Shoreditch, conocidos como el nuevo Soho,  una zona deteriorada, pero con una atmósfera, realidad urbana y arquitectónica interesantes y  atractivas. Barrios en los cuales se han dado importantes movimientos de arte callejero, reconocidos ampliamente. Aquí en estos barrios los comercios y las viviendas se comienzan a transformar, sobretodo interiormente, con diseños mas modernos, con intervenciones mas costosas y se inicia ya el desplazamiento de la población originalmente residente en el lugar.

Consciente de las leyes de la vida, el mismo Gehl nos comenta: cuando algo no cambia se muere. (1) Las ciudades como un fenómeno social vivo,  tienden a cambiar, necesitan transformarse constantemente, pero lo deben hacer como se hace en Londres, respetando su historia, su cultura, sus tradiciones, su patrimonio construido, tratando de armonizar lo antiguo con lo moderno y pensando antes que nada en el bienestar del conjunto de los diferentes grupos sociales que las conforman. Valorando los equilibrios racionales en el uso del espacio,  la disponibilidad y distribución de sus recursos,  la diversificación y apertura de oportunidades de trabajo,  el respeto a las diferentes condiciones sociales, culturales, procurando además desarrollos urbanos que sean incluyentes y además amables ambientalmente  con la naturaleza. Londres es una ciudad que además,  tendrá que conciliar todo lo anterior con las nuevas realidades que resulten de las negociaciones del Brexit y sus nuevas relaciones con la comunidad europea y el mundo, que sin duda alteraran el curso de las cosas que se viven actualmente en la ciudad. Londres se muestra como una ciudad pujante, próspera, moderna, vanguardista, con muchos aciertos urbanos, sociales y culturales. El reto de una nueva realidad política, social y económica está a la vuelta de la esquina. Ojalá y se tengan presentes en las negociaciones, insistiendo,  conseguir el bienestar del conjunto de comunidades globales que constituyen la fuerza vital de la ciudad y no solo el beneficio para unos cuantos, generalmente los históricamente mas favorecidos.

 

  • Entrevista a Jan Gehl por Anatxu Zabalbeascoa.
Periódico el País. 9 de enero del 2017.
  • Porqué importa la arquitectura.
Paul Goldberger. Ivorypress Madrid 2012
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Del Ángel 14

Gustavo López Padilla

Desde hace poco mas de quince años, en la ciudad de México se ha emprendido una intensa actividad de transformación urbana, a partir de la puesta en práctica de nuevas densidades constructivas, aplicables en diferentes delegaciones y colonias de esta ciudad capital. Lo anterior ha ido creando un rostro urbano distinto, mas cosmopolita, en el que viviendas unifamiliares han ido dejando su lugar a edificios que han intensificado y diversificado la vida colectiva, mezclando en algunos además distintos usos del suelo, con todo lo cual se  aprovecha de mejor manera la propia disponibilidad del suelo y las infraestructuras urbanas instaladas. Una de las Delegaciones políticas que han mostrado con mayor claridad e intensidad esta transformación urbana es la Benito Juárez, ubicada en el centro sur de la ciudad, en la cual han aparecido nuevos edificios corporativos y centros comerciales, ubicados en algunas de sus avenidas mas importantes, como pueden ser Revolución, Río Mixcoac o Insurgentes sur, incluyendo en el conjunto de la Delegación, mayoritariamente edificios diversos destinados para el uso de viviendas. El Gobierno de la ciudad y el de la propia Delegación política, han emprendido obras viales importantes en la zona, que implican un carácter regional, tratando de aliviar el intenso flujo vehicular que se ha incrementado sustancialmente en los últimos años, no solo en los límites de la demarcación política, sino en toda la ciudad. Débilmente para este sector centro sur de la ciudad, se han instrumentado algunas acciones para impulsar el uso de la bicicleta, lo cual desde luego deberá impulsarse en breve con mayor decisión y cuidado, pensando sobre todo en lo que tiene que ver con sus diseños respectivos, buscando antes que nada la seguridad de los usuarios de este indispensable y necesario medio de transporte, tratando además de articular estas nuevas redes ciclistas, con las rutas mas consolidadas, ubicadas sobre todo en las Delegaciones Cuauhtémoc y parte de la Miguel Hidalgo. Dentro de la propia Benito Juárez se han sumado también algunos proyectos de restauración, en términos de arquitectura de paisaje, que han mejorado y vuelto mas amable la presencia urbana de la zona y alentando su condición caminable y de convivencia colectiva.

Formando parte de este panorama urbano, a finales del año 2016 se terminó de construir el edificio de departamentos, ubicado en la calle Del Ángel no. 14, en la colonia San José Insurgentes, dentro del perímetro de la ya referida Delegación Benito Juárez, proyecto de Gustavo López Padilla, contando con la colaboración de Graciela Díaz del Barrio.  El edificio se desplanta sobre un terreno de 397.00 m2, contando con un semisótano destinado para estacionamiento, el acceso peatonal principal y la ubicación de las articulaciones verticales necesarias. En tres niveles superiores se ubican seis departamentos de 119.00 m2 cada uno, aprovechando además las azoteas para contar con terrazas descubiertas, parcialmente pergoladas, asignadas a los departamentos ubicados en el tercer nivel. En total el edificio cuenta con 927.00 m2 construidos. El terreno de forma regular, alargado, oriente-poniente, indujo naturalmente la propuesta de diseño, habiéndose ubicado los servicios y articulaciones verticales en el centro del mismo, las zonas privadas de dormir al fondo, buscando la incidencia matutina del sol y las zonas públicas al frente, con orientación poniente, regulando en esta zona las incidencias del sol y sus ganancias de calor, mediante balcones y parteluces metálicos móviles, que procuran sombra y una cierta privacidad cambiante y ordenada por los propios usuarios de los departamentos, pero sin descuidar la relación de los interiores con la calle, profusamente arbolada, en donde una jacaranda al frente mismo del terreno, ocupa un lugar preponderante.

La presencia del edificio de densidad media es amable en términos urbanos, dada su resultante volumétrica, discreta, tres alturas, dentro de lo cual se buscó en el planteamiento general de proyecto, una disposición que contiene la idea de una base, un cuerpo principal de desarrollo y un remate superior, en este caso definido por las pérgolas que limitan las terrazas en azotea. La disposición del conjunto de los departamentos permite una franca privacidad entre todos, lo que genera una grata habitabilidad. Se planteó separar claramente la privacidad de las zonas de dormir de las zonas públicas, funcionando algunos componentes de servicio como  enlace entre ambas. Las zonas públicas entendidas como un todo continuo, flexible, reconfigurable, pueden subdividirse, dependiendo de los requerimientos de funcionamiento de cada usuario en lo particular. El conjunto de los espacios resulta bien iluminado y ventilado naturalmente, siendo importantes los louvers o parteluces metálicos móviles, que regulan la luz y las incidencias del sol, que funcionan como una doble fachada en los balcones que dan a la calle, otorgándole al edificio una presencia urbana dinámica, cambiante, con juegos de claroscuros. Los interiores de los departamentos están terminados mayoritariamente con madera en pisos y muros, lo cual genera una atmósfera cálida, vivible, amable.

Los proyectos de esta naturaleza, dado el común denominador de sus posibles respuestas proyectuales, relacionado con las posibilidades mismas del terreno, las condicionantes regulatorias y sus posibles parámetros financieros, representan un reto interesante para sus diseñadores, en el sentido de tratar de encontrar variables en algunos de sus elementos compositivos, formales, espaciales o funcionales, que sean útiles, razonables y económicos, de tal suerte que le permitan al edificio y sus usuarios en cuestión, descubrir su propia personalidad y posibles contribuciones, en términos de funcionalidad arquitectónica  e imagen urbana.

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Colegio Montessori en Mazatlán, Sinaloa

Gustavo López Padilla

Resulta alentador que exista una nueva realidad geográfica en el panorama de la Arquitectura Mexicana Contemporánea. Hoy en día existen diversas regiones, estados  y ciudades de la República Mexicana, en las cuales es verificable la presencia de nuevas generaciones de arquitectos, que han enriquecido el repertorio de contribuciones conceptuales, compositivas y formales de nuestra arquitectura reciente. A estados como Baja California, Nuevo León, Jalisco, Veracruz, Yucatán y la ciudad de México, se ha sumado Sinaloa, en donde en ciudades como Culiacán, Mazatlán o Mochis, es perceptible la presencia de jóvenes firmas de arquitectos que realizan actualmente un esfuerzo importante, para que sean reconocidos sus trabajos proyectuales y constructivos, con sentido de pertenencia a sus lugares de origen y sumando sus experiencias al conjunto de la Arquitectura Mexicana Contemporánea. En este orden de cosas podemos reconocer trabajos de distinta naturaleza, temática y escala, que incluyen experiencias que tienen que ver con diseño urbano, arquitectónico y de paisaje. Formando parte de estos nuevos escenarios arquitectónicos, en el año 2016 fue inaugurado el Colegio María Montessori, ubicado en la ciudad de Mazatlán, proyecto realizado en conjunto por EPArquitectos (Arq. Erick Pérez Páez) y el Estudio Macías Peredo (Arq. Salvador Macías Corona, Arq. Magui Peredo Arenas), contando además con la colaboración de Isaac Veloz, Guillermo Barrera, Sacnité Flores y Alejandra Garate. Lo que tiene que ver con el diseño de paisaje estuvo a cargo del arquitecto  Erick Pérez. El Colegio cuenta con un área construida de 1,100.00 m2. en una primera etapa.

La presencia del Montessori, desde el punto de vista formal resulta atractivo, diferente, dinámico, contando con una escala urbana amable. Es interesante el planteamiento general de la composición del conjunto del colegio, experimentando con ordenes geométricos, volumétricos y formales que van más allá de los esquemas tradicionales, con los cuales regularmente se han resuelto proyectos educativos de esta naturaleza. Desde luego Influyen en lo anterior, además de la voluntad proyectual de sus diseñadores, los enfoques y prácticas educativas que forman parte de la educación Montessori, en las cuales las atmósferas, calidades  y condiciones materiales de las aulas y demás espacios educativos, deben fomentar la convivencia y participación de los alumnos en actividades grupales, para acercarse de manera natural al conocimiento. Así las cosas, los autores de la obra enfrentaron su solución proyectual, a partir de un sistema espacial modular hexagonal, resolviendo de manera homogénea los distintos requerimientos de programa que les fueron solicitados: administrativos, educativos y de servicios. En el conjunto se van alternando las presencias volumétricas de los espacios útiles con espacios vacíos, descubiertos, que funcionan para permitir otras actividades complementarias. Es un acierto el que cada módulo de proyecto cuente con una doble fachada, generando una circulación perimetral al núcleo de cada módulo, lo que permite además de la movilidad de los usuarios, contar con espacios protegidos, bien iluminados,  regulando las incidencias del sol y sus ganancias de calor al interior de los espacios útiles, propiciando además, naturalmente, flujos de corrientes de aire para lograr una cierta frescura ambiente, lo que en conjunto permite resolver en buena medida los requerimientos climáticos para un lugar geográfico como Mazatlán, Sinaloa, que cuenta con un clima caluroso y húmedo.

Constructivamente la escuela está resuelta mediante  sistemas tradicionales de apoyos de concreto armado, muros de carga y losas encasetonadas también de concreto armado, privilegiando la presencia formal, de texturas y color del tabique de barro recocido, este último convertido en imagen dominante del proyecto. Se aprecia con claridad un gusto y capacidad de los diseñadores para resolver los requerimientos de detalle constructivos, que incluyen soluciones de relaciones y continuidades geométricas, despiece y transiciones de materiales. A la distancia, esta presencia masiva de muros de tabique, el tratamiento compositivo de fondo y figura,  destacando el juego formal de vanos y ventanas triangulares, recuerda la arquitectura de Louis Kahn; otro tanto sucede en el mismo sentido con el orden geométrico, un tanto complejo en la solución del conjunto de la Escuela Montessori. Se suman a lo anterior las variaciones y contrastes de luces y sombras, texturas y cambios de materiales, lo que termina otorgando al proyecto una dinámica interesante en el transcurso de sus recorridos. Me parece sin embargo, que siguiendo con la lógica Kahniana, le faltó al proyecto Montessori un tratamiento mas cuidadoso en el manejo de jerarquías volumétricas, espaciales y funcionales, diferenciando presencias construidas dependiendo de las actividades particulares de los espacios. Recordamos desde luego aquellas ideas de los espacios servidos y servidores. En este mismo sentido, creo que es interesante que los recorridos espaciales sean sorpresivos, sin embargo como está resuelto el proyecto, en principio me parecen confusos para llegar a los distintos lugares que constituyen la escuela, al ser  todo tan semejante y poco diferenciado. Creo también que como esta resuelto el sistema modular, si bien es interesante y atractivo, resulta poco flexible al no permitir posibles continuidades espaciales mayores a cada módulo y la flexibilidad puede ser un factor importante, pensando en la cambiante dinámica educativa de nuestros días.  Sin embargo, al final del camino,  puedo entender que una escuela como esta, resulte mas interesante y divertida para los niños y conciliar educación y diversión es sin duda una formula necesaria y exitosa.

Sin duda el tema de la educación es fundamental para el desenvolvimiento de nuestra sociedad y mas todavía en los tiempos recientes en que vemos como se transforma y deteriora el universo de los valores y los tejidos sociales. En este orden de cosas, se vuelve indispensable impulsar la educación y entender las propias  y actuales dinámicas de la educación que han cambiado vertiginosamente a lo largo de los últimos treinta años y los nuevos planteles educativos,  deben afrontar las nuevas condiciones en las cuales se desenvuelven  los diversos medios y maneras de generar y transmitir el conocimiento. Hoy en día,  los modelos educativos demandan proyectos arquitectónicos que entiendan y resuelvan estas distintas realidades, mas reflexivas, objetivas, dinámicas, divertidas, visuales, comprometidas con la vida,  la sociedad y con el planeta en que vivimos. Este proyecto del Colegio María Montessori de Mazatlán, pretende estar cerca de todo lo anterior y debe ser entendido y valorado en sus resultados,  desde esta perspectiva.

Los dibujos que acompañan las presentes reflexiones, fueron proporcionados por el Arq. Erick Pérez.

Las fotografías que ilustran los comentarios son de la autoría de Onnis Luque + Erick Pérez.

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Arquitectura y redensificación urbana, edifico Ucello 10

Gustavo López Padilla

En los últimos años se ha insistido en la conveniencia de que nuestra ciudad de México, debe emprender una actividad constructiva, basada en la redensificación de distintas zonas urbanas, que cuentan con una importante infraestructura instalada, en lo que tiene que ver con las redes de suministro de agua potable y energía eléctrica,  descargas de aguas residuales, servicios de recolección de basura y disponibilidad de distintos medios de transporte público, además de contar con servicios suficientes en lo que tiene que ver con comercio y relativamente resuelto lo relativo a educación y recreo; tratando con ello de evitar el crecimiento horizontal de la ciudad, extensiones construidas con base en densidades bajas que deterioran y destruyen los espacios naturales verdes, periféricos a la mancha urbana ya consolidada. En este sentido se han ido actualizando los planes de desarrollo urbano correspondientes. Las ideas anteriores ya forman parte de la realidad proyectual, urbana y arquitectónica de nuestra ciudad y en colonias como Polanco, Hipódromo, Roma, Del Valle, Narvarte, San José insurgentes o el Barrio de San Juan Mixcoac, por citar solo algunas, se puede constatar que instrumentando distintas densidades construidas, dependiendo de algunas condicionantes como ancho de las calles o facilidades de movilidad urbana, ha ido cambiando el rostro urbano de esas zonas, apareciendo nuevos edificios que han ido sustituyendo las casas originales de uno o dos niveles. Con lo anterior se va consolidando poco a poco, una imagen mas cosmopolita, en distintas regiones urbanas de la ciudad de México. Las ciudades modernas por su propia naturaleza, son varias ciudades que conviven  al mismo tiempo, combinado distintas densidades construidas, usos del suelo y diferentes tiempos históricos edificados. Lo anterior implica poner en juego por parte del conjunto de la sociedad y su gobierno representativo, planes de desarrollo en donde prevalezca la razón, el sentido común y sobre todo la búsqueda del bienestar colectivo.

 

En este orden de cosas, en el año 2012 se terminó la construcción de un edificio de densidad media, ubicado en la calle de Ucello No. 10, en la colonia Barrio de San Juan Mixcoac, en la Delegación Benito Juárez, proyecto del arquitecto Nicolás Vázquez, egresado de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, del taller Max Cetto, haciendo equipo con Helmut Balle. El edificio en cuestión está constituido por tres unidades habitables. La calle de Ucello se encuentra localizada dentro de un cuadrante definido por importantes vialidades como el eje 6 sur Tintoretto, la calle de Holbein, Ave. Revolución y la Ave. de los Insurgentes, zona urbana que cuenta con importantes equipamientos comerciales, de servicios y espacios verdes, entre los que destacan el Estadio de futbol llamado Azul, la Plaza de toros México o el Parque Luis G. Urbina. llamado coloquialmente Parque Hundido. La propia calle de Ucello ha ido actualizando su perfil urbano, cambiando casas por edificios, algunos incluso se terminan actualmente y el proyecto del arquitecto Nicolás Vázquez forma parte importante de esta transformación. El edificio que ahora nos ocupa cuenta con cinco niveles, uno de ellos medio nivel abajo del nivel de banqueta que se utiliza como acceso principal peatonal, de servicios y estacionamiento. En un primer nivel se ubica un departamento de un solo nivel con 100.00 m2 construidos y en los tres restantes se localizan dos departamentos de 150.00 m2 construidos cada uno, ubicándose en el último nivel terrazas azotea y zonas de dormir o estudio.

 

El proyecto está resuelto tomando en cuenta criterios racionalistas, en lo que tiene que ver con su orden compositivo, características constructivas y manejo de materiales. El Arq. Nicolás Vázquez reconoce influencias y referencias conceptuales respecto de las ideas y obras de los arquitectos Louis Kahn y Lecorbusier, maestros del movimiento moderno, mismas que se pueden identificar con claridad en las realidades proyectuales, de detalle y vivenciales del edificio Ucello 10. La escala del edificio le proporciona una presencia urbana amable,  resultando además atractiva por los contrastes, juegos volumétricos y de claroscuros, identificando la particularidad de este edifico con  respecto de sus vecinos semejantes. En la disposición de los componentes de programa se privilegia en lo que tiene que ver con vistas, iluminación y ventilación, los lugares de estar y dormir que dan directamente a las fachadas, en tanto que de manera ordenada y ocupando el centro de la composición, se disponen los espacios de servicio y las articulaciones verticales, criterio evidentemente kahniano, que se refiere a la idea de los espacios servidores y espacios servidos. Los departamentos mas grandes que ocupan los últimos tres niveles, disponen en una primera planta los espacios públicos y en las restantes los privados. Unas terrazas en azotea, ya comentadas, complementan el programa y diversidad vivencial de estos departamentos.

Se pueden apreciar en la composición del proyecto búsquedas de orden, claridad, jerarquización de espacios, aprovechamiento de la luz natural y flujos naturales de ventilación, contando para el efecto con una orientación dominante oriente poniente. Se entiende también la inquietud de alcanzar  racionalidad, precisión e identificación formal y constructiva de los componentes estructurales, con especial cuidado en las uniones y transiciones de cambio de materiales y solución de detalles particulares. Se aprecia un gusto por la utilización de materiales aparentes, con una presencia dominante de tabiques de barro recocido, con distintos aparejos. En los interiores, los colores claros le dan frescura y una presencia luminosa y confortable a los mismos. Son atractivos los contrastes de materiales, colores y texturas, que se suman a los juegos de claroscuros volumétricos. Se trata al final de cuentas de un edificio sencillo, amable y claro, condiciones resultantes de diseño que se entienden como búsquedas proyectuales por parte de Nicolás Vázquez.

 

Es un acierto de planeación urbana la redensificación de zonas de nuestra ciudad. Vale la pena en este sentido, con la idea de que la ciudad se hace y rehace en el tiempo, que esta actividad constructiva vaya acompañada con otros proyectos complementarios, que doten a la ciudad y sus habitantes con mayores y diversos espacios públicos, plazas y sobretodo jardines, abiertos y democráticos, tratando de acercarnos lo más posible a la referencia de contar con entre doce y quince metros cuadrados de espacio abierto, natural, verde, por habitante, asumiendo que tenemos que derribar obras ya construidas para lograr lo anterior. Porque densificar sin incrementar los espacios públicos, puede resultar contraproducente en relación a las posibles conductas colectivas, negativas, de los habitantes de la ciudad.

Colaboradores de proyecto: Rodrigo de la Garza, Ernesto Lomelí y Rosalía Yuste.

Fotografías Onnis Luque

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El mítico Campos Elíseos 432

Gustavo López Padilla

Los grandes personajes son reconocidos por sus pensamientos, por sus obras y acciones que nos dejan como herencia fructífera, como contribuciones a la evolución social y cultural. Al paso del tiempo, autores y obras se convierten en referencias para las nuevas generaciones que buscan su propio sentido y lugar en la historia. Formando parte de lo anterior se vuelven significativos: el sitio donde realizaron sus trabajos, los lugares que frecuentaron y desde luego las gentes que los acompañaron a lo largo de su vida creativa. Para el caso de los arquitectos, el espacio donde imaginan y desarrollan sus obras, se vuelve representativo de su persona, del orden,  profundidad, calidad de ideas y pensamientos que califican a su obras. Así las cosas, recuerdo gratamente que a principios del año de 1968, iniciando mis estudios de arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México, a mi entrañable maestro Humberto Ricalde González (1941-2013) le pedí que me diera una oportunidad de trabajo y fue así que me invitó a formar parte del taller del Arquitecto Augusto H. Álvarez (1914-1995) con quién él mismo previamente ya colaboraba, luego entonces tuve la oportunidad de conocer, aprender y estar por cuatro años en el mítico taller de proyectos de Campos Elíseos 432, de la Colonia Polanco.

Durante el tiempo que trabajé en el taller del Arquitecto Álvarez, conocí a algunos de sus colaboradores que me brindaron su amistad y consejos, que fueron importantes para mi formación como persona y profesional. Recuerdo entre otros desde luego al Arq. Enrique Carral Icaza (1914-1976), distinguido, serio y profesional socio de aquellos años del Arq. Álvarez, quién con el tiempo descubrí que además de buen arquitecto, era un fanático del beisbol, particularmente interesado en lo que se conoce como la serie mundial. Naturalmente con quién tuve una relación cercana y enriquecedora fue con Humberto Ricalde, con quién platicaba de la vida y la arquitectura, ya sea en el propio taller o yendo a comer a los alrededores o a algunas cantinas famosas del centro de la ciudad, que eran lugares preferidos para las tertulias. Recuerdo intensamente las vivencias relacionadas con los sucesos del 68, que sacudieron social, política y culturalmente al mundo y a México, asistiendo juntos a algunas de las marchas mas significativas del movimiento. El Arq. Héctor Meza Pastor, quién era uno de los colaboradores más cercanos e importantes del Arq. Álvarez, nos deleitaba con pláticas amenas de todo cuanto sucedía, además de aprender de sus habilidades para resolver y desarrollar constructivamente los proyectos en los que estábamos involucrados y quién tiene además una mano privilegiada para dibujar los detalles constructivos arquitectónicos que se presentaban necesarios. La dedicación constante y cotidiana, ocupando un restirador junto a todos los que formábamos el taller, mas sus dibujos a mano sobre papel reticulado que realizaba  el Arq. Álvarez, en los que metodológicamente con finos plumones combinaba colores diversos  mostrando al mismo tiempo en un solo plano plantas, cortes, fachadas y algún detalle constructivo  fueron lecciones invaluables. Jorge Flores Villasana fue sin duda otro gran maestro, serio, profesional, preciso. Ahí conocí también a los arquitectos Juan Pablo Flores, Fernando Moreno, Luís Sánchez Renero, Marina Zárate, Víctor Bayardo,  Salvador Laborde y Francisco Pérez de Salazar entre otros.

El diseño del taller que existe todavía como tal, pero ocupado por otros arquitectos que lo usan actualmente, es consecuente con las líneas de pensamiento con las que Augusto H. Álvarez y Enrique Carral, conceptualizaban y desarrollaban sus proyectos, dentro de un funcionalismo abiertamente Miesiano. Formas geométricas simples, regulares, volúmenes claramente definidos, contundentes, resueltos con base en una estructura metálica aparente, ordenada modularmente, que trabaja en conjunto con algunos muros laterales de carga. Plantas libres y grandes ventanales en los que se dejan ver criterios de ligereza, transparencia, aprovechamiento de la luz natural, continuidades espaciales, relación clara y directa entre los espacios interiores y un patio interior cubierto, que opera como acceso peatonal, a lo que se suma un espléndido jardín lateral que se relaciona con la sala de juntas y un pequeño privado para recibir clientes.  Las fachadas hacia la calle, cerradas, buscando cierta privacidad, muestran un diestro manejo de proporciones, escala humana amable y algunos contrastes de materiales, colores y texturas. Atmósferas y ambientes que terminan siendo alentadores, sugerentes, propicios para las actividades creativas. En planta baja se ubican las áreas administrativas y las salas de juntas que se extienden hacia el jardín lateral mencionado. En planta alta, las zonas de trabajo se constituyen por dos talleres apenas separados por un discreto patio interior cubierto. En este ambiente los proyectos se resolvían asumiendo la certeza de que la arquitectura debía ser funcionalista, con todo lo que ello pudiera implicar. La crisis del funcionalismo que para esos años, 1968, era ya manifiesta en el mundo, sobretodo documentada con la aparición del libro Complejidad y Contradicción en Arquitectura, de Robert Venturi, 1966,  en México se volvería presente hasta finales de los años setenta. El mundo, México incluido, se transformaba cultural, política, social, económica y científicamente. Así las cosas en el taller de proyectos de Campos Elíseos, se acordaba previamente la medida modular adecuada para cada proyecto, pudiendo ser 91.5 por 91.5 cms ó 1.22 por 1.22 cms, (medidas industriales base, a partir  de las cuales se producen una buena cantidad de materiales para la construcción), para acto seguido  todo mundo dibujar la retícula correspondiente en los planos necesarios y disponer ordenada y rigurosamente así todos y cada uno de los componentes del proyecto en cuestión, según los lineamientos proyectuales imaginados con antelación  por el Arq. Augusto H. Álvarez. No había dudas, así se resolvían los proyectos, así debían ser, siguiendo criterios, formas, ordenamientos espaciales y detalles practicados por los maestros como Mies Van der Rohe (1886-1969), Phillip Johnson (1906-2005), Walter Gropius (1883-1969),  Skidmore Owings and Merryll ó Kevin Roche (1922) y John Dinkeloo. (1918-1981)

Las obras construidas representan valores, se cargan de significados, la calidad de sus espacios generan conductas. Campos elíseos 432 representaba la confianza en el trabajo, en el ejercicio de la razón, en el esfuerzo constante como posibilidad de progreso, en la utilización de la ciencia y la tecnología de manera ordenada, como oportunidad para solucionar requerimientos proyectuales. Estaba presente la idea de un taller de proyectos, con todo lo que lo anterior implica, dirigido por Augusto H. Álvarez y Enrique Carral,  formando equipo con diferentes generaciones de arquitectos y estudiantes, sumando el esfuerzo colectivo para desarrollar los trabajos de proyecto. Entendiendo además el taller profesional de diseño, como  espacio natural y necesario, donde se posibilita  la relación directa entre maestro y aprendiz, que brinda la oportunidad necesaria de complementar la enseñanza aprendizaje de nuevas generaciones. La atmósfera que imperaba en el lugar, que se constituía por sus espacios, materiales, muebles y personas, era una invitación propicia para el trabajo creativo.

Notas

Quiero agradecer a la Arq. Lourdes Cruz González Franco Directora del Archivo de Arquitectos Mexicanos de la Facultad de Arquitectura de la UNAM su valiosa colaboración en cuanto a información, para la elaboración de los presentes comentarios. Muy especialmente agradezco también en el mismo sentido a la Arq. María Eugenia Hernández Sánchez, representante del mismo archivo.

 Reconozco la colaboración del Arq. Augusto F. Álvarez.

 Los planos y fotografías que aparecen acompañando los presentes comentarios fueron proporcionados por el Arq. Augusto F. Álvarez  y por el Archivo de Arquitectos Mexicanos de la Facultad de Arquitectura de la UNAM a quién le fue encomendado el resguardo del archivo del Arq. Augusto H. Álvarez.

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