Aeropuerto, polémica y planeación urbana

Gustavo López Padilla

 A diferencia de las espléndidas experiencias previas de los Mexicas, quienes se plantearon con decisión, hacer convivir su desarrollo urbano en armonía con la naturaleza y como parte de ella con el agua, en lo que se llamaba México Tenochtitlan, desde los inicios de la Colonia en el siglo XVI, los españoles tuvieron serias dificultades para armonizar el asentamiento y crecimiento de la ciudad, particularmente con el agua preexistente en los cinco lagos prehispánicos, adoptando la postura equivocada de iniciar la eliminación de aquellos importantes cuerpos hidráulicos, que constituían el entorno natural en medio del cual se decidió edificar la ciudad de México, como la más importante de lo que fuera la Nueva España. A partir de aquellos años, de manera lenta pero constante, las áreas ocupadas por los cuerpos de agua  fueron disminuyendo, a medida que crecía la mancha urbana, con la intensión de evitar inundaciones. Con el paso del tiempo, de la mano de una visión y actitud depredatoria, que se transformó en un estigma nacional que nos cala hasta los huesos, nos convertimos en campeones indiscutibles del desarrollo urbano agresivo, extensivo, de baja densidad, desordenado, lastimando de múltiples maneras a la naturaleza: a sus cuerpos de agua, a sus bosques, a sus especies animales e incluyendo por supuesto el deterioro de la calidad del aire que respiramos en condiciones adversas hoy en día, poco mas de 20 millones de personas, que habitamos la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.En los inicios de los años sesenta del siglo pasado, en la ciudad de México, como una alternativa inteligente, visionaria, de gran aliento, los ingenieros Nabor Carrillo y Gerardo Cruickshank, propusieron la restitución de una buena parte de la condición lacustre  del Valle de México, lo que se tradujo en la aparición del Lago que lleva por nombre precisamente Nabor Carrillo, que se imaginaba como una primera experiencia que debía extenderse a la mayor parte de los terrenos baldíos disponibles en Texcoco, en esa zona noroeste, en la colindancia de la Ciudad de México y el Estado de México. Los cuerpos de agua se alimentarían con aguas residuales tratadas, provenientes del drenaje de la misma ciudad de México, ayudando de manera importante a aliviar el problema de las inundaciones, además de significar una importante  reconciliación ambiental. El Lago Nabor Carrillo, aunque discreto en dimensiones, ha dado importantes frutos, al regular de alguna manera las tolvaneras que se volcaban sobre la capital de la República Mexicana, mejorando  en algo el clima y la calidad del aire en la zona metropolitana.El ambicioso plan de rescate ambiental de toda esa zona de grandes terrenos baldíos salitrosos, quedó detenido por años, hasta que fue puesto nuevamente sobre la mesa de las discusiones a finales del siglo XX, por Alberto Kalach, Teodoro Gonzáles de León,  Gabriel Quadri de la Torre y Alejandro Rosas Robles, quienes volvieron a proponer la restitución lacustre del Valle de México, además de incluir la construcción de un nuevo aeropuerto para la Ciudad de México, que se ubicaría justamente en el corazón de lo que sería el rescate lacustre, sumando a lo anterior algunas zonas de desarrollo urbano que incluían usos habitacionales, servicios y usos mixtos. Este último interesante e inteligente proyecto, en su momento causó mucha polémica, pero pronto fue desechado.Mas recientemente, de nueva cuenta, con la urgente necesidad de construir un nuevo aeropuerto para la capital de la República Mexicana, volvió a aparecer el tema y se propusieron dos alternativas de ubicación: Por un lado Tizayuca en el Estado de Hidalgo y nuevamente los terrenos baldíos del antiguo Lago de Texcoco. Fui de las personas que apoyaron que la construcción del aeropuerto se realizara en Tizayuca y no en Texcoco. Básicamente mis consideraciones de apoyo a Tizayuca, estuvieron fundamentadas, en el hecho de la enorme importancia de poder asumir con mayor libertad, una de nuestras últimas o quizá la última oportunidad de restituir la condición lacustre del Valle de México y no porque me pareciera mal construir el aeropuerto en Texcoco, como lo proponían Kalach, González de León, Alejandro Rosas y Quadri.  Temía que nuestros gobiernos, federales y estatales, estaban muy lejos de considerar el nuevo aeropuerto, con parte de un ambicioso plan integral de rescate ambiental verde y lacustre. Estaba seguro que preferirían el aeropuerto en Texcoco,  generando antes que nada un negocio especulativo con la tierra, en el cual posiblemente los propios funcionarios públicos estarían involucrados. Mis temores se han confirmado y desde hace tres años el aeropuerto se construye en Texcoco y la posibilidad del gran rescate ambiental, para beneficio de millones de personas que habitamos el Valle de México, a nuestros gobiernos, hasta ahora, no les ha interesado. Independientemente de reconocer la importancia de construir un nuevo aeropuerto para la ciudad de México, hasta donde conozco, no existe actualmente un plan ampliamente documentado, conocido y aprobado, para saber que se hará con los terrenos colindantes al nuevo aeropuerto. Nuevamente me temo, que con una planeación limitada y deficiente, se podría ocupar y desarrollar la mayor parte del área disponible y los planes ambientales quedarían reducidos a su mínima expresión y las afectaciones ambientales negativas para el conjunto del Valle de México  pueden ser considerables, independientemente del beneficio de contar con un nuevo aeropuerto.A lo anterior se suma el hecho de que cuando empiece a operar el nuevo aeropuerto, los terrenos en donde funciona actualmente el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, quedarán disponibles y hasta la fecha no sabemos tampoco de un plan de desarrollo de esa importante disponibilidad de territorio. Pero todavía más, con la aparición del nuevo aeropuerto, es evidente que la zona nororiente de la ciudad de México y su correspondiente colindancia urbana con el Estado de México, se verán impactados y nuevas fuerzas de desarrollo se harán presentes. Con el inicio del nuevo gobierno que encabeza el Lic. Andrés Manuel López Obrador y con él Claudia Sheinbaum, se ha vuelto a poner sobre la mesa de las discusiones la viabilidad y conveniencia de la construcción del nuevo aeropuerto en los terrenos donde se edifica, que ya para estas fechas tiene importantes avances constructivos y significativas inversiones realizadas.Me parece que para la ciudad de México, se presenta una brillante y trascendente oportunidad histórica, que bien pensada y realizada significaría un gran impulso al desarrollo urbano metropolitano, oportunidades de abrir significativos mercados económicos y la posibilidad inigualable de una gran reconciliación ambiental. Se requiere antes que nada de voluntad política y visión inteligente de las ricas posibilidades de desarrollo urbano. Lo anterior debiera hacerse de manera integral e incluyente, incorporando al conjunto de la sociedad, a los gobiernos responsables y a los mejores especialistas sobre el tema, que en nuestro país existen, con capacidades profesionales ampliamente probadas. Creo que dado el avance de la construcción del nuevo aeropuerto, ahora este debía continuarse, pero de la mano de la instrumentación de un amplio, visionario y ambicioso plan de desarrollo urbano, que incluya las instalaciones del aeropuerto con sus terrenos colindantes, la disponibilidad de los terrenos del viejo aeropuerto e incluyendo además la amplísima zona norponiente de la ciudad de México y sus correspondientes vecinos en el Estado de México, estas últimas, zonas urbanas entendidas como importantes reservas territoriales, ya que no están debidamente aprovechadas, en función de su baja densidad construida y su gran potencialidad,  tomando en cuenta el envión que significa el nuevo aeropuerto.Un plan urbano ambiental que se debería convertir en modelo de desarrollo para nuestra ciudad, para nuestro país y porque no, en un modelo histórico de desarrollo urbano de prestigio mundial, que se vuelva orgullo para todos  los mexicanos, referencia de lo que somos capaces de hacer, tomando en cuenta el aeropuerto que se construye, e incluyendo nuevas zonas habitacionales y de usos mixtos, incorporando por supuesto actividades económicas diversas, estudiando la combinación de densidades razonables y adecuadas, sin perder de vista la necesidad de contar con amplios y adecuados espacios públicos, abiertos, democráticos, que no son centros comerciales. Se deberían privilegiar en el plan, las densidades medias, el transporte público, el uso de la bicicleta y la peatonalización de zonas significativas. Lo anterior tomando en cuenta la conservación del Lago Nabor Carrillo y la inclusión de importantes nuevos cuerpos de agua y zonas arboladas, con la visión de reconciliación con  la naturaleza, acompañando el desarrollo urbano. Sabemos que un proyecto tan ambicioso como este requiere de dilatados tiempos para su ejecución, una razonable y cuantiosa inversión, pública y privada, que debe haber retornos financieros atractivos, pero debiera prevalecer por sobre todas las cosas la voluntad de lograr el bien común, el bien de todos y superar el estigma de que aquí en México, con la obra pública, se hacen negocios particulares para beneficio de unos cuantos, sin importar el presente y futuro de las mayorías y el juicio de la historia. ¡Exigimos que se hagan bien las cosas! ¡Con inteligencia, sentido común, transparencia y rendición de cuentas! ¡Ahora, en estos tiempos que corren, queremos creer en nuestros nuevos representantes!

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EBC Campus ciudad de México

Gustavo López Padilla

En buena medida, los países desarrollados han cimentado el bienestar de su población en la educación, traduciendo lo anterior en una realidad cotidiana, que muestra buenas calidades de vida para el conjunto de sus habitantes. Se trata de una educación crítica, abierta, respetuosa, interactiva, promotora de los valores humanos, experimentando metodologías didácticas que se apoyan en la lectura, el intercambio de ideas, la reflexión y en medios avanzados de comunicación del conocimiento. Estas mismas sociedades tienen en cuenta la importancia, de que para que esta educación de calidad pueda desarrollarse en las mejores condiciones, es necesario disponer de unas instalaciones educativas, que cuenten con  condiciones espaciales tales, que propicien o alienten la dinámica de enseñanza aprendizaje. Saben que la calidad y variedad de los espacios educativos, generan conductas entre los educandos y educadores y así las cosas, se preocupan por contar con espacios eficientes, confortables, bellos, variados, flexibles y divertidos.

En este orden de cosas, la Escuela Bancaria y Comercial, consciente de su compromiso educativo para con los jóvenes que acuden a sus instalaciones y en su afán de brindarles las mejores condiciones para desarrollar sus estudios y capacidades,  emprendió desde hace por lo menos quince años, un programa constante y ambicioso de mejoramiento, expansión y diversificación de sus planteles o campus, en distintas entidades del país, acompañando lo anterior con la actualización de sus programas y metodologías de enseñanza. Como parte de lo anterior, el pasado mes de abril de este 2018, fueron inauguradas las instalaciones del nuevo Campus ciudad de México, ubicadas en la calle de Liverpool No. 54, haciendo esquina con Dinamarca, en la colonia Juárez, de la Delegación Cuauhtémoc. Previamente a unas cuadras de la recién inaugurada, en la esquina de Hamburgo y Dinamarca, en la misma demarcación política, abrió las puertas de su Escuela de Posgrado en el año 2003 y en la misma calle de Liverpool, en su número  57, un edificio de estacionamientos en el año 2016. Este conjunto de proyectos fueron diseñados por el arquitecto Gustavo López Padilla, quién forma parte del grupo SAYA + Arquitectos, haciendo equipo con los también arquitectos Luis Sánchez Renero, Félix Sánchez Aguilar y Fernando Mota Fernández, contando además con la activa colaboración de los arquitectos Joel Damian Villa,  Alfredo Hernández, Graciela Díaz del Barrio, Angélica Becerra y Citlali Ovando, siendo fundamental la participación estrecha de las propias autoridades representativas de la EBC para la realización de los proyectos. Los resultados obtenidos son consecuencia de un estrecho y constante trabajo en equipo, que incluye desde luego al conjunto de los constructores implicados en las obras.En términos urbanos, la proximidad entre las instalaciones educativas mencionadas, conforma un sistema educativo y edificatorio, que se integra y relaciona con naturalidad, a la vida colectiva  del barrio donde se ubican.  Coadyuvan con lo anterior el hecho de  contar con cuatro niveles construidos sobre el nivel de la calle, una densidad media de construcción, la condición de que los predios dedicados a los dos edificios  educativos, cuentan con una esquina dominante y el que ambas soluciones arquitectónicas de los proyectos, además de tomar en cuenta esta condición de esquina, se presentan abiertos, transparentes, dejando ver hacia el exterior, hacia la calle, la vida y las actividades educativas que se desarrollan en su interior.  Los edificios de la EBC están en el barrio de la Juárez, enriquecen la vida colectiva del lugar y del conjunto de la ciudad. Son obras que cuentan con una escala y una presencia urbana amables, que hacen ciudad. Se suman a lo anterior, el que entre las tres instalaciones, sumando el edificio de estacionamientos, se puedan hacer recorridos a pié y su cercanía con importantes calles y avenidas de la ciudad, como lo son Ave. de los Insurgentes, el Paseo de la Reforma, ave. Chapultepec o la calle de Niza y con ello disponer de las facilidades de transporte y movilidad, que esta zona de la ciudad de México ofrece, tales como el metro, el metrobús, rutas de camiones y desde luego estaciones y carriles de bicicletas. El barrio en su conjunto cuenta con edificaciones en las que conviven distintos periodos históricos, con usos del suelo diversos y complementarios como  restaurantes, oficinas, centros culturales, oficinas administrativas, otras escuelas, lugares de entretenimiento y sobre todo calles caminables, reflejando la condición e intensidad de la vida colectiva y mezclas de usos del suelo, que caracterizan a las modernas ciudades contemporáneas.Desde el punto de vista arquitectónico, el campus EBC ciudad de México representó un reto de diseño, en el sentido de lograr una vez mas su propia identidad, pero que al mismo tiempo significara una nueva contribución para consolidar la imagen corporativa de la institución, reinterpretando algunos componentes compositivos y formales, previamente experimentados en otros campus de la propia Escuela, de tal manera que el público en general siga identificando con claridad a la EBC. El conjunto de los edificios ubicados en esta ciudad, nos muestra escuelas semejantes, complementarias pero distintas, aprovechando y mejorando en cada oportunidad, las experiencias previas. Como constantes en el campus ciudad de México, se ordenan los requerimientos de programa en relación al criterio de patios, con diferentes escalas y condiciones habitables, pensados como lugares de distribución y encuentros, con vistas y relaciones claras, francas  hacia la calle,  buscando siempre aprovechar al máximo la luz natural, regulando las incidencias del sol y protegiéndose de la lluvia. La disposición de componentes de programa y la solución estructural metálica del edificio, permite la máxima flexibilidad en la subdivisión y utilización del espacio, que se puede reconfigurar con facilidad, avanzando en paralelo con las nuevas y dinámicas metodologías educativas.Formando parte del compromiso social y educativo de la EBC para con la ciudad, el país y el planeta, en este nuevo campus se volvieron a experimentar, mejoradas, soluciones de carácter ambiental, sustentables, que ya desde hace varios años han caracterizado los distintos campus de la institución. Hablamos de aprovechar la luz natural, racionalizar la utilización de energía con base en equipos y componentes de bajo consumo y máxima durabilidad en el tiempo, regular las incidencias del sol y sus ganancias de calor mediante el criterio de dobles fachadas y utilizando aire acondicionado solo en zonas indispensables. Se suman a lo anterior el reutilizar el agua de lluvia, reciclar en buena medida las aguas residuales, regular la producción de basura y contar con zonas verdes al interior del edificio, que mejoran las condiciones interiores ambientales, al tiempo que contribuyen a la salud y propician conductas amables de los ocupantes de la escuela. Las aulas como unidades base de la escuela, son variadas en cuanto a sus dimensiones, pero semejantes en cuanto a contar con suficiente luz natural, ventilación natural cruzada, regulando el ruido ambiental y el del interior de las mismas, con soluciones acústicas de detalle y uso de materiales, que procuran que las clases cotidianas se desarrollen en las mejores condiciones de confort. En términos de programa de necesidades el Campus ciudad de México, cuenta con 11,689.00 m2 construidos, distribuidos en controles de acceso, salones de clase de disposiciones y tamaños diferentes, salones de usos múltiples reconfigurables, biblioteca-centro de información y cómputo, oficinas administrativas, gimnasio, circuito para correr y caminar, dos cafeterías y sobre todo patios, puentes y terrazas con condiciones de uso y ambientes diferentes, ubicados  a distintos niveles, que desde diversas perspectivas fomentan la vida colectiva y la posibilidad de intercambio de información y experiencias de vida. En el nivel de acceso, articulando secuencialmente los patios principales, se establece un recorrido peatonal a manera de una calle interior, que articula todo el conjunto y posibilita la relación entre las calles de Liverpool y Marsella. La edificación está resuelta con base en una estructura metálica atornillada, sistemas de pisos de losacero y concreto, muros divisorios acústicos reconfigurables, block de cristal, instalaciones en general aparentes, propiciando la posibilidad de su fácil mantenimiento o el que puedan ser  modificadas o sustituidas por aquellas más avanzadas en el tiempo. Los materiales empleados en la construcción, son en su mayoría aparentes, de bajo mantenimiento y solo algunos complementarios como maderas, telas y cerámicas, califican  algunos lugares en lo particular.En sintonía con las mejores ciudades e instituciones educativas en el mundo, la experiencia del campus ciudad de México, se suma a otros de la misma EBC, como los de Hamburgo y Dinamarca, Tlalnepantla, Toluca, Querétaro, León, San Luis Potosí y Mérida, diseñados todos por los mismos autores, logrando consolidar una red nacional educativa, que cuenta con una imagen corporativa que identifica a la institución, que se ha caracterizado por preocuparse por el confort, eficiencia,  funcionalidad, calidad, variedad y flexibilidad de los espacios que se ofrecen a sus alumnos, profesores y personal administrativo, como una condición esencial para un adecuado y amable aprendizaje.

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La arquitectura de la vivienda colectiva

Gustavo López Padilla

Es ampliamente conocida, la nutrida obra histórico reflexiva del arquitecto  Josep María Montaner, en relación con el surgimiento, desarrollo y perspectivas de la arquitectura contemporánea universal. Dan cuenta de ello, el conjunto diverso de libros que ha escrito hasta ahora, abordando el tema desde distintos enfoques, que incluyen documentaciones y valoraciones históricas, sociales, culturales, filosóficas, económicas y políticas e incluyendo desde luego consideraciones que tienen que ver con las calidades y significados de los ordenes compositivos, formales y constructivos, desde la escala de las ciudades, pasando por las distintas posturas arquitectónicas y tomando en cuenta lo que tiene que ver con la arquitectura del paisaje y el diseño industrial. Entre sus acercamientos a los hechos urbanos y arquitectónicos, destaca el hecho de ser catedrático de Composición Arquitectónica, en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, dentro de la  cual codirige con Zaida Muxi, el Laboratorio de la Vivienda Sostenible.Así las cosas, el tema de la vivienda y sobre todo la vivienda colectiva, ha ocupado un lugar central en el desarrollo de sus actividades profesionales, educativas e intelectuales. En sus libros como: después del movimiento moderno, Gustavo Gili, 1993, las formas del siglo XX, Gustavo Gili, 2002, Sistemas arquitectónicos contemporáneos, Gustavo Gili, 2008, Arquitectura y política, Gustavo Gili, 2011 y en La condición contemporánea de la arquitectura, Gustavo Gili, 2015, entre otros, la preocupación y valoración de lo que tiene que ver con la vivienda han estado presentes. Pero al final del camino, después de muchos cursos, conferencias y trabajos en lo particular, luego de años de recopilar información, ordenarla y valorarla, apareció en el año 2015, el libro La arquitectura de la vivienda colectiva, políticas y proyectos de la ciudad contemporánea,  editado por Reverté, en el que desarrolla de manera ordenada y reflexiva, la documentación histórica -desde los años finales del siglo XIX, hasta los inicios del presente XXI- del surgimiento, consolidación y desarrollo de las políticas y ejecución de proyectos que tienen que ver con la vivienda colectiva, incluyendo lo sucedido tanto en Europa, como Asía y América, tomando en cuenta las experiencias de los países industrializados, las de aquellos considerados como emergentes y algunos otros de economías menos desarrolladas. En este sentido me parece importante reconocer el Montaner, el interés dedicado a las contribuciones mexicanas sobre el tema, incluyendo además otros países latinoamericanos.

Esquema de Ciudad Jardín de Ebenezer Howard

Los estudios de Montaner en materia de la vivienda colectiva, incluyen recopilaciones y valoraciones desarrolladas en gabinete, de informaciones sociales, políticas, culturales, tecnológicas y aquellas  referidas a los resultados concretos en el tiempo, de proyectos emblemáticos específicos. Una buena parte de los resultados de estas investigaciones, fueron obtenidas como consecuencia de haber ido a los lugares de los proyectos, en las distintas localidades y países; caminarlos, entenderlos en sus valores como diseños en lo individual, pero al mismo tiempo tomar en cuenta sus relaciones para con el tejido de las ciudades y las sociedades que les han dado vida y sentido. La postura de Montaner que se percibe y reconoce en el libro, es la de ser incluyente, al tomar en cuenta proyectos de distintas escalas y significaciones, incluyendo desde modestas y económicas experiencias, hasta proyectos de escalas  y costos mayores. En todos ellos  se valoran al final de cuentas sus significados sociales, políticos, culturales, filosóficos y tecnológicos, entendiendo que la labor de los arquitectos y urbanistas, es antes que nada un servicio para el conjunto de las sociedades, considerando de igual manera las necesidades de la gente humilde y las de  aquellos que disponen de mayores recursos.

Casa Domino, Le Corbusier

Así las cosas, en las cuatro secciones y dieciséis capítulos con los que cuenta el libro y reconociendo de entrada, la importancia sustancial que el tema de la vivienda ha tenido en el desarrollo de las ciudades contemporáneas, Montaner documenta las propuestas y resultados de los proyectos de vivienda colectiva, desde las experiencias de los desarrollos de vivienda de las llamadas Company Towns en Inglaterra, como resultado de la Revolución Industrial, pasando por las propuestas de los Socialistas Utópicos y las ciudades Jardín, los movimientos de las vanguardias y el Protoracionalismo de finales del siglo XIX y principios del XX, sumando el inicio y consolidación del Movimiento Moderno, desde los años veinte hasta finales de los sesenta del pasado siglo, tomando en cuenta las propuestas de la llamada Arquitectura Orgánica. Valora también el tránsito que va de la crisis del movimiento moderno, hasta llegar a la diversificación de posturas urbano arquitectónicas, que nos caracterizan en los días que corren actualmente. Se trata de un recuento y valoración completa e incluyente. Hablamos de un trabajo comparativo de experiencias, en donde lo importante es reconocer aportaciones y limitaciones, como parte de la evolución y desarrollo de la arquitectura.

Casa Schröder, Gerrit Rietveld

En el recorrido histórico, se ponderan los valores de las viviendas  como proyectos específicos en lo individual, reconociendo sus particularidades, lenguajes formales, ordenes compositivos, formas de uso vivencial, flexibilidad de los espacios componentes, la aplicación de las tecnologías constructivas y uso de materiales mas avanzados para su tiempo. Se valoran también las viviendas como parte de un edificio o un conjunto de viviendas, entendiendo y reflexionando sobre sus significaciones políticas, sociales y culturales. Cuando es el caso y la escala, se valoran los proyectos en la medida que hacen ciudad, revisando de que manera se insertan en el tejido urbano, propiciando y enriqueciendo o no la vida colectiva. Una clara preocupación de Montaner es el hecho de estudiar las viviendas colectivas, en su relación con la diversidad de usos que deben caracterizar a las ciudades. Entendiendo la necesidad de que los proyectos de viviendas colectivas deben acompañarse, con actividades recreativas, comerciales, de servicios y de trabajo, con la idea de que un conjunto de vivienda, sea como una  pequeña porción de la ciudad, que debe contener y representar la vida colectiva, con todo lo que ello significa. Habla de la importancia de dedicarle tiempo y esfuerzos a la experimentación teórica y proyectual, como la posibilidad de lograr mejores resultados y la evolución del conjunto de la arquitectura.

Unidad Habitacional de Marsella, Le Corbusier

Montaner comenta la necesidad de combinar razonablemente distintos tipos de densidades construidas, procurando en la medida de lo posible las densidades medias y altas, para lograr desarrollos urbanos más eficientes, compactos y ecológicos, al limitar su huella de desplante y  contar con ello con mayores áreas verdes en las ciudades. En este mismo sentido ecológico, valora la necesidad de lograr proyectos que privilegien el uso de luz natural, que limiten el consumo de energía, procurando ventilaciones cruzadas, razonable uso del agua potable, estudios claros de la incidencia del sol, utilización del agua de lluvia y reciclamiento de las aguas residuales y la basura. En sus reflexiones incluye proyectos realizados como parte de los intereses de la iniciativa privada, otros realizados por distintas instancias gubernamentales y sumando a lo anterior la llamada arquitectura participativa, que puede ser el resultado de las acciones de las llamadas Ongs o algunas otras entidades y personas preocupadas por las viviendas de grupos sociales con menores recursos y posibilidades de contar con viviendas dignas. Toma en cuenta en sus trabajos, los proyectos que se realizan para afrontar condiciones de emergencia y las experiencias muy generalizadas de las viviendas marginales, que forman parte de la realidad social, política, económica, cultural y del paisaje urbano de muchas ciudades. Puntualiza a lo largo de sus reflexiones, la valoración de las ideas de lo que tiene que ver con la flexibilidad y la posibilidad de transformación en el tiempo de las viviendas, de acuerdo a las necesidades cambiantes de sus usuarios, así como la necesidad de contar con una cantidad de variantes de las mismas, para considerar la inclusión de distintos grupos sociales, económicos y culturales, tomando en cuenta desde la familia nuclear tradicional, las nuevas y diversas realidades de familias, las gentes mayores o las personas que viven solas, entendiendo la importancia de la relación entre todas estas diversidades, para el propio desenvolvimiento de la sociedad y la cultura contemporáneas.

Conjunto de Viviendas Silodam, MVRDV

En términos urbanos Montaner insiste de manera reiterada, en la necesidad de que en los proyectos de vivienda colectiva, existan mezclas de usos del suelo, incluyendo el estar o vivir en los lugares, el divertirse y el poder trabajar, sumando las ideas de privilegiar el espacio público, ya sean plazas, jardines o calles, con el sentido de que lo más importante en las ciudades son las personas, el fomentar la vida social, otorgándole una consideración menor  a los automóviles, que a lo largo del urbanismo del siglo XX ocuparon un lugar preponderante. En este mismo orden de cosas apoya las ideas de privilegiar el transporte público, el uso de la bicicleta y peatonalizar lo mas posible distintas áreas en las ciudades. Montaner valora de manera sustancial, la combinación entre lo que tiene que ver con las posibilidades de las viviendas que pueden ser adquiridas por sus usuarios como propiedades privadas y la necesidad de contar con algunas otras, en número y variedad razonables, que pueden ser vividas mediante el pago de rentas. Pone sobre la mesa de las discusiones, el problema social del desplazamiento de importantes grupos sociales, hacia las periferias de las ciudades, ante la imposibilidad de adquirir viviendas en compra en el centro de las mismas. Periferias  construidas, que generalmente carecen de los servicios y las combinaciones de usos del suelo, que hacen que un lugar pueda ser realmente vivible, en toda la extensión de lo que esto significa y no solo un lugar para dormir.

Conjunto de Viviendas en Ahome Sinaloa, Carlos González Lobo

Se trata al final del camino con el libro de Josep María Montaner, no solo de una relación histórica, sino de una revisión minuciosa, reflexiva y comparada, bastante completa y representativa, que nos permite conocer el conjunto de las experiencias previas en materia de vivienda, a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, entendiendo la anterior no solo como una información cultural, sido además como una herramienta intelectual, que nos puede permitir plantear en el presente y en el futuro, nuevas posibilidades proyectuales urbanas y arquitectónicas, en relación con el importante tema de la vivienda colectiva.

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¿Escribir es hacer arquitectura?

Gustavo López Padilla

Existe una diferencia fundamental entre construir y hacer arquitectura. Construir lo puede hacer casi cualquier persona, se trata al final de cuentas de colocar simplemente un tabique sobre otro, o alguna piedra sobre otra,  de tal manera que se sostengan y conjuntamente con una cubierta cualquiera, delimitar un espacio que sirva para protegerse de las inclemencias del tiempo y realizar actividades diversas en ese espacio definido. De hecho así se construyen en el mundo, una buena parte de las obras en las ciudades. Se trata de edificaciones de diferentes escalas y usos que simplemente están ahí, cumpliendo eso sí una función social importante, dar cobijo a las mayorías, pero las mas de las veces, carecen de valores formales, habitables, simbólicos o culturales reconocidos, que permitan el desenvolvimiento de las mejores emociones y capacidades creativas de quienes habitan esos lugares. Hacer arquitectura es otra cosa, es justamente poner en juego la imaginación para lograr la construcción de espacios habitables, que tengan un manejo de los materiales y procedimientos constructivos disponibles, de manera ingeniosa y creativa, logrando una atmósfera vivencial amable, funcional, confortable, disfrutable, que resulta de la búsqueda de un orden compositivo, una secuencialidad espacial y una disposición formal tales, que logran que sus habitantes los consideren bellos y permiten que se desenvuelvan en su seno, las mejores calidades de vida, conductas positivas individuales y colectivas, propiciando emociones y el desarrollo de las capacidades creativas de sus moradores. Es indudable que las condiciones de los espacios generan conductas, positivas o negativas, dependiendo de su calidad  habitable.

El hacer arquitectura no está asociado necesariamente a un estilo o movimiento cultural en específico, ni está determinado por un costo o manejo de materiales y procedimientos constructivos en lo particular. Es desde luego plural en sus expresiones. No necesariamente la arquitectura es aquella que realizan los arquitectos, sino que resulta de la sensibilidad, experiencia, acuerdos sociales y creatividad de sus realizadores, que pueden ser o no arquitectos. Existen muchos ejemplos en el mundo, en diferentes tiempos históricos que demuestran lo anterior. Para referirnos a algunos de esta naturaleza,  nos podemos remitir a los estudios que realizó Bernard Rudofsky ( Suchdol Nad Odrou, República checa 1905 – Nueva York, E.U., 1988) y que quedaron registrados en sus libros Arquitectura sin arquitectos del año 1964 y en Constructores prodigiosos del año 1977. Pero desde luego los arquitectos a lo largo de la historia han realizado importantes contribuciones que han quedado registradas en un sinnúmero de publicaciones. En general cuando hablamos de arquitectura, nos referimos a aquella que genera emociones y un interés colectivo tales, que propician que la gente viaje muchos kilómetros, con la finalidad de disfrutar las calidades formales, espaciales y vivenciales de esas obras en específico. Pero hablar de arquitectura es considerar al mismo tiempo la idea de ciudades. En ocasiones visitamos en las ciudades obras en lo particular, en su individualidad arquitectónica, pero en muchas otras oportunidades visitamos y disfrutamos el conjunto de obras, que conforman los ámbitos de las ciudades y que son el resultado de la actividad creativa del conjunto de sus sociedades. Desde luego tenemos que considerar que existe una relación estrecha entre lo que significa hacer arquitectura y hacer ciudad.

Hablar de arquitectura, nos lleva a valorar  el conjunto de ideas o razones que le dan sentido, que le confieren sentido de pertenencia a un lugar y un tiempo determinados. Ideas que le dan congruencia al orden  y secuencia de espacios que  conforman cada arquitectura, al manejo de materiales y procedimientos constructivos empleados, pero sobre todo hablar de arquitectura se refiere a lo construido que resulta de considerar un mundo de significados y valores históricos, sociales, políticos, económicos, culturales, emocionales, filosóficos y vivenciales. En los tiempos modernos, los trabajos creativos de los arquitectos, reconociendo la importancia del valor de las ideas en arquitectura, se han constituido con tiempos que se dedican a pensar y elaborar el conjunto de sus ideas y otros dedicados a la  realización material de sus proyectos. De pensar y crear se procede a la edificación material  de las ideas y de ellas se vuelve a los ámbitos del pensamiento reflexivo. Se retroalimentan mutuamente. Así las cosas, acercándonos a algunos de los arquitectos mas importantes del movimiento moderno, valorando el desarrollo de su proceso creativo, encontramos ejemplos notables que dan cuenta de los tiempos y trabajos en los que se dedicaron a pensar y crear el universo de sus propias ideas.    En primera instancia, identificando los orígenes del movimiento moderno de la arquitectura, nos podemos remitir al movimiento Protoracionalista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que daría finalmente como resultado el Movimiento Moderno o Racionalista y aquí justamente nos tenemos que referir a los trabajos intelectuales  de  Adolf Loos, arquitecto Austriaco ( Brno, Moravia 1870 – Viena, Austria 1933 ) quién escribiera un breve texto denominado Ornamento y delito, en el año 1908, en el que sentara las bases conceptuales para la realización de una nueva arquitectura, alejada de las cargas formales, constructivas y vivenciales de la arquitectura histórico académica. Se trató de la búsqueda de una arquitectura distinta, acorde con la nueva realidad económica, social y política de su tiempo,  tomando en cuenta los nuevos materiales y tecnologías constructivas resultantes del desarrollo de la revolución industrial. Loos nos habla de realizar obras congruentes con los tiempos de principios del siglo XX, dejando de lado los adornos, lo superfluo, buscando formas geométricas simples, una arquitectura eficiente, funcional y económica.  Con ello Loos sentó las bases conceptuales que siguen vigentes, aún en la actualidad, para una manera racionalista de ver la arquitectura y las ciudades.

Muy cercano a lo anterior,  podemos recordar el trabajo intelectual que realizara  Antonio Sant´Elia ( Como, Italia 1888 – Monfalcone, Italia 1916 ) y que dejara documentado en su Manifiesto futurista del año 1914, formando parte de un gran movimiento cultural que se llamó Las vanguardias figurativas. En este documento el arquitecto Sant´Elia, visualiza el desarrollo de ciudades que creen en el progreso, en el desarrollo de la ciencia, la técnica y una economía tales, que deberían estar ordenadas a partir de las ideas de movilidad y velocidad, planteando la instrumentación de importantes densidades construidas, que se reflejan formalmente en la dinámica de una gran variedad de edificios altos y vialidades resueltas en diferentes niveles.Retomando en buena medida las experiencias intelectuales de los dos arquitectos anteriores, Lecorbusier ( La chaux –de- fonds, Suiza 1887 – Roquebrun – Cap Martín, Francia 1965 ) el gran maestro del movimiento moderno racionalista, se dio a la tarea de construir las bases conceptuales, urbanas y arquitectónicas, que le darían sentido a su prolífica tarea profesional y que sirvieron también de guía para la multitud de profesionales, que en casi todas las latitudes del mundo lo siguieron de cerca. Lecorbusier fue un prolífico pensador y dejó ampliamente documentado lo anterior en un conjunto de libros en los que propuso a manera de un deber ser, como debían realizarse los proyectos arquitectónicos y urbanos, incluyendo no solo un repertorio conceptual y formal, sino llegando incluso a proponer un distinto sistema de medidas, apoyado en los criterios históricos de belleza, que se expresan a través de la llamada sección aúrea. Lecorbusier propuso su sistema de medidas que llamó el Modulor. Entre las obras intelectuales escritas, más conocidas del maestro suizo-francés, destacan desde luego: Hacia una arquitectura del año 1923, La máquina de habitar, 1924, Urbanismo, 1924 y El Modulor, 1950. Como una expresión distinta y complementaria al movimiento moderno, Frank Lloyd  Wrigth ( Wisconsin E.U., 1876 – Arizona, E.U., 1959 ) en paralelo al desarrollo de sus obras, en una buena cantidad de escritos,  dejó documentadas sus reflexiones entorno a sus interpretaciones de la arquitectura orgánica, con la idea de realizar si una arquitectura racionalista, pero que tuviera mayor atención a lo que tiene que ver con las particularidades objetivas y subjetivas de los usuarios y a la valoración cuidadosa de los entornos naturales, estableciendo relaciones de equilibrio y armonía entre lo construido y los espacios verdes, tanto en lo que tiene que ver con el desarrollo de las ciudades, como en lo referente a las particularidades de la obra arquitectónica. Propuso pensar la arquitectura en íntima relación con la vida y todo lo que ella significa y representa. Podemos acercarnos al pensamiento wrightiano  en un texto que recopila algunos de sus escritos denominado El futuro de la arquitectura.Asumiendo una postura diferente y contestataria, Louis Isadore Kahn ( Kuresaare, Estonia 1901 –Pensilvania, E.U., 1974 ) se desarrollo dentro del movimiento moderno de la arquitectura, a partir de valorar teórica y formalmente, el papel que podía jugar el considerar de nueva cuenta a la historia como una referencia importante, que reconceptualizada contemporáneamente, podía enriquecer los repertorios conceptuales, compositivos, formales y vivenciales del racionalismo, considerando con ello además, propuestas de orden y jerarquía, monumentalidad, masividad, materialidad, eficiencia y claridad en lo que tiene que ver con el empleo de materiales aparentes y procedimientos constructivos racionalizados.  Su pensamiento queda documentado en una variedad de escritos, a los que nos podemos acercar. La obra proyectual de Robert Charles Venturi ( Pensilvania E.U., 1925 ) no se puede entender, sin sus trabajos que tienen que ver con la valoración del conjunto de la historia de la arquitectura, con particular atención a lo que tiene que ver con el movimiento moderno. El resultado de sus reflexiones quedó documentado entre otros, en su libro Complejidad y contradicción en arquitectura del año 1966, ampliando como resultado de sus trabajos, los horizontes y posibilidades para el ejercicio de la arquitectura y el urbanismo, dejando atrás la posición reduccionista, simplificadora que resultaba de la imposición e implementación de las ideas del movimiento moderno. Sin duda existe un antes y un después en la historia de la arquitectura moderna, a partir de los trabajos teóricos escritos por Venturi. Por principio de cuentas se consideró a partir de entonces, la aceptación de la diversidad y de las diferencias con los otros, como  condiciones necesarias e irreversibles, lo que se tradujo en la practica, en un enriquecimiento de posturas y posibilidades en el ejercicio de la arquitectura, aceptando como válidas distintas maneras de experimentar los repertorios formales, compositivos y constructivos, respondiendo a diferentes realidades políticas, sociales, económicas, culturales, filosóficas y de desarrollo tecnológico.Un ejemplo notable en la reciente arquitectura, que tiene que ver con la importancia que se otorga a la generación de ideas que van a dar sentido a la arquitectura, está representado por la obra de Remmet Lucas Koolhaas ( Roterdam, Holanda, 1944 ) quién cuenta con dos oficinas, una dedicada a pensar la actualidad de la vida, la arquitectura y las ciudades y otra distinta que realiza diseños de proyectos arquitectónicos y urbanos, que son en buena medida,  consecuencia conceptual de los resultados de la primera oficina ya mencionada.  Los trabajos de investigación intelectual de Koolhaas han quedado documentados en distintos libros, entre los cuales se significa Delirio de Nueva York, del año 2008, en el cual reflexiona sobre las complejidades, realidades y posibilidades de la vida actual y sus manifestaciones que tienen que ver con altas densidades construidas, con la congestión urbana y humana, con la dinámica y velocidad de la movilidad citadina, con las ideas de globalidad,  diversidad y angustia que todo esto conlleva. Si se piensa con detenimiento, estamos ante la valoración de la realización construida llevada al extremo, de las ideas futuristas de Sant ´Elia, de los inicios del siglo pasado, con las interpretaciones propias de Koolhaas pensando en el fin del siglo XX y los inicios del XXI.

Al tomar en cuenta la revisión del conjunto de trabajos de este grupo de arquitectos notables, que han tenido que ver con el planteamiento y desarrollo de las ideas  que han significado una buena parte de la realidad edificada del urbanismo y la arquitectura del siglo XX y lo que va del XXI, queda clara la importancia de lo que tiene que ver con la construcción de ideas que dan sentido y están íntimamente ligadas con la materialidad de las obras. Ideas que son útiles para quién las genera, pero que se convierten en referencia fundamental para muchos otros que las siguen, las hacen suyas y las convierten también en realidades habitables, distintas o semejantes. Y es aquí donde retomamos la pregunta inicial de si pensar y escribir significa construir ciudades y arquitectura. Desde luego la arquitectura y las ciudades tienen su propia realidad, que tiene que ver con su materialidad y cuando los usuarios  recorren sus espacios, los usan, viven, disfrutan o padecen; pero es entendible que responden a una idea previa que les da sentido. Los arquitectos desarrollan a lo largo de su ejercicio profesional,  capacidades para imaginar, elaborar y crear conceptos de ciudades y arquitecturas en su intelecto, lo que incluye  calidades y formas de vida que tienen sus propios valores, sus propios universos de existencia y que pueden tener distintas interpretaciones formales y compositivas. Estas ideas cuentan  con su propia realidad, casi como verdaderas construcciones. Hablamos de realidades no materiales pero igualmente importantes. El trabajo creativo de los arquitectos, se desarrolla como un proceso que puede iniciar con la construcción de ideas y formas en el intelecto, que se vuelven mas adelante obras reales. Pero se trata de un proceso que no es necesariamente lineal.   Hablamos de  un proceso que se retroalimenta de ida y de vuelta. Pasar de la idea a lo construido  y de lo construido a la idea, asumiendo que son realidades distintas, pero complementarias y siempre hablando de arquitectura.  De lo anterior se puede inferir, que escribir conceptualmente si se puede considerar como una forma de hacer ciudades y arquitectura. Es mas, lo anterior es un trabajo absolutamente necesario, para hacer tangible lo que consideramos verdaderamente como arquitectura. Porque la arquitectura no existe sin las ideas que le dan sentido, significación  e importancia. Hablamos de arquitectura, como la expresión construida de los valores de la vida. Pero desde luego no todo lo escrito de arquitectura lo podemos considerar arquitectura. Todo tiene sus valoraciones y como se ha documentado, al hablar de arquitectura nos referimos en particular de los textos teóricos realizados por arquitectos, los buenos arquitectos o conocedores del tema, que son capaces de conceptualizar o imaginar formas nuevas de habitar y construir los espacios, arquitectónicos y urbanos.

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Intervención 2018 en el Museo El Eco

Gustavo López Padilla

A partir del año 2010 el Museo El Eco, dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México, (obra original del año 1953, cuyo autor es  Mathias Goeritz,  Polonia 1915 – Cd. de México 1990) ha convocado año con año a jóvenes arquitectos radicados en México, para realizar intervenciones temporales en su patio, con la finalidad de incentivar las capacidades creativas de los participantes, tomando en cuenta desde luego como base fundamental en los concursos realizados, la conservación de las preexistencias construidas. En 2018, los ganadores de esta reciente oportunidad fueron los arquitectos José G. Amozurrutia (Cd. de México 1983) y Carlos Facio Gaxiola (Cd. de México 1983) ambos egresados de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, del Taller Max Cetto, quienes hacen equipo con otros jóvenes como Mariana Brito,  Úrsula Rebollar y Álvaro Martínez, contando además con la colaboración de Pedro Lechuga, Ana Lu Villaseñor, Angélica Mota, Patricia García Morales y Sergio Carbajal. La reciente intervención fue denominada por los autores como Campanario.

Es importante destacar de inicio que las propuestas de este concurso, presentan la dificultad de coexistir con la escala, calidad y contundencia del proyecto original de Goeritz, que en sus resultados originales nos muestran una arquitectura de secuencias direccionales de espacios racionales, continuos, emotivos, minimalistas, plenos de contrastes formales, volumétricos, de luz, color y texturas. El espléndido patio como continuidad de la sala principal del museo, nos muestra entre sus componentes, la fuerte presencia de una  estela alta de color amarillo y el contraste de muros desnudos terminados en gris, calificados algunos por el color, juegos de luces y sombras de la profusa vegetación, que próxima pero fuera del museo, juega su papel dentro de la composición general del conjunto.

Así las cosas, la propuesta de los jóvenes arquitectos, de manera respetuosa se posa libremente  sobre la superficie del piso original, terminado con cuarterones de barro, sin interactuar constructivamente con estos últimos. Sobre el piso, un cuádruple entramado de varillas de acero soportan esbeltos apoyos, también ejecutados con varillas de acero, en series de 36 unidades, para dar un total de 144, que se coronan a su vez con unos platos o sombrillas ejecutadas en cobre. La esbeltez vertical de las varillas de apoyo, permite que vibren y los platos puedan tocarse entre si, produciendo una serie de resultados sonoros. El público asistente a la intervención, interactúa lúdicamente con los elementos constitutivos de la misma, moviéndolos, chocándolos, al tiempo que recorre un laberinto ordenado, que produce juegos cambiantes de perspectivas, luces y sombras. El resultado formal de diseño, cuenta con fuerza y personalidad propias, logrando estar ahí en el lugar, dejando ver su presencia racional y orgánica; cubierta ligera y discontinua, que establece un diálogo respetuoso y contrastante, con el minimalismo de las formas dominantes en el Eco.

Es importante en el orden compositivo direccional y de perspectivas, el que la altura de las sombrillas o platos, varíe desde la barra horizontal media  de la ventana alta, que da luz a la sala principal del museo, hasta una altura de 1.95 metros. Es atractivo el brillo de las mencionadas sombrillas y el juego de color que hacen respecto de los cuarterones de barro del piso. Otro tanto hacen los reflejos y sombras cambiantes que se producen en el citado ventanal y al interior mismo de la sala principal del museo. Debe ser interesante poder apreciar El Campanario durante la lluvia, pensando en sus posibilidades sonoras y en el juego de las verticalidades que se producen entre el caer de la propia lluvia y los soportes de las sombrillas. Se aprecia una buena calidad de manufactura y seriedad en la solución de los detalles necesarios para la ejecución de la obra. Sin embargo, en otro sentido, me parece un tanto pobre la calidad sonora de los resultados del trabajo, al ser demasiado seca y homogenea. Entiendo la dificultad que representa y el tiempo que se requeriría, para que con calidades distintas de material, espesores y dimensiones diversas, se lograra una mayor riqueza sonora. A la distancia, desde luego en otra escala y circunstancia, el trabajo de Amozurrutia y Facio, me recuerda el juego de columnas-cubierta, que Frank Lloyd Wright (Wisconsin 1867 – 1959 Arizona ) diseñara, para los interiores de la gran sala de trabajo de los Laboratorios Johnson Wax, (1936 – 1939) ubicados en Racine Wisconsin, en los Estados Unidos de Norteamérica.

Vale la pena recordar el hecho de que la obra fue pensada tomando en cuenta el respeto a las preexistencias en el museo y en la posibilidad de reciclar los materiales empleados para la ejecución de la misma. Por un lado se pueden reutilizar las varillas de acero y los autores proponen vender los platos de cobre y las ganancias donarlas a alguna causa social. Al final de cuentas la propuesta llamada Campanario resulta atractiva y divertida para los visitantes al museo y muestra las habilidades conceptuales y proyectuales de sus diseñadores, que prometen ocupar un lugar en el futuro de la arquitectura mexicana contemporánea. Es importante también resaltar la significación de la labor que realizan las autoridades universitarias del Museo El Eco, en la promoción y difusión de oportunidades para el desarrollo profesional de jóvenes arquitectos residentes en México.

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Galería OMR

Gustavo López Padilla

Durante poco más de cincuenta años, la Sala Margolín, ubicada en la calle de Córdoba número 100, casi esquina con Álvaro Obregón, en la colonia Roma, fue un importante recinto cultural-comercial, donde se podían adquirir los mejores discos de música clásica, ópera, música latinoamericana, jazz o blues. Esta sala fue fundada a finales de los años cincuenta por Walter Gruen (Viena, Austria 2014 – Cd. de México 2008), quién fuera marido de la extraordinaria pintora surrealista Remedios Varo (1908 Anglés España – Cd. de México 1963). El recinto de la sala diseñado por el arquitecto José Priani, era amplio, generoso, iluminado, acogedor y mientras uno recorría los anaqueles para seleccionar la música deseada, se podía uno encontrar a distintos personajes importantes de la cultura mexicana. Sin lugar a dudas, la Margolín, fue un referente fundamental de la vida colectiva y cultural de la colonia Roma y de la ciudad de México. Su suerte de permanencia, asociada a la vida y comercialización de los discos y lo Cds., la llevó a tener que cerrar el 31 de mayo del año 2012, significando una gran pérdida emocional y vivencial, para todos aquellos conocedores y aficionados a la música.

Foto: María Luisa Severiano

Durante años la sala permaneció cerrada y su destino parecía estar encaminado hacia su desaparición. Pero finalmente al inicio del año 2016, el recinto original fue destinado a alojar las nuevas instalaciones de la Galería OMR, que había sido fundada originalmente en el año de 1983 por Jaime Riestra y Paulina Ortiz Monasterio, habiendo tenido su ubicación original en un caserío de principios del siglo XX, ubicado en Plaza Río de Janeiro No. 54. Las nuevas instalaciones de la Galería OMR, ahora dirigidas por Cristóbal Riestra, fueron diseñadas por los jóvenes arquitectos Mateo Riestra (Ciudad de México 1980, arquitecto de la Universidad Iberoamericana), José Arnaud Bello (Oaxaca 1976, arquitecto de la Universidad Iberoamericana) y Max Von Werz (Montreal 1977, arquitecto de la Architectural Association de Londres), aprovechando las preexistencias construidas de lo que fueran las instalaciones de la Sala Margolín. El proyecto resultante de dos niveles, resuelto con base en detalles muy finos y bien resueltos, es respetuoso de la propuesta original de José Priani.Pensando el proyecto como parte de la ciudad, se mantiene en buena medida una presencia discreta, con la imagen y volumetría que recuerdan a la distancia lo que fuera la sala de música, pero mostrando con serenidad un nuevo rostro, que ahora se identifica con la Galería OMR. En su primer nivel de doble altura, se ubican un pequeño jardín de acceso, las áreas de recepción y control, la sala principal de exhibición, una pequeña zona de servicios y un jardín posterior. En un nivel intermedio de la doble altura, al fondo del volumen construido, se ubican los servicios sanitarios correspondientes. En el segundo nivel, de altura un poco mas alta de lo habitual, se ubican tres salas de exposiciones, de menor tamaño en relación con  la ubicada en el primer nivel, una biblioteca, la oficina principal del museo, incluyendo una sala de juntas. En colindancia con estas últimas y dando frente hacia la fachada de la calle de Córdoba, se ubica una terraza jardinada. En el nivel azotea, existe un área útil, destinada a actividades diversas complementarias.En términos generales la conceptualización del diseño, se acerca a los criterios de un racionalismo minimalista, en donde los espacios se definen de manera clara, con base en componentes mínimos esenciales ordenados modularmente, uso de materiales aparentes, formas geométricas simples, regulares, eliminando los adornos y lo superfluo, otorgándole fuerza presencial, al manejo diestro de la escala y la solución cuidadosa de los detalles necesarios correspondientes. La sala principal de exposiciones, de doble altura, un paralelogramo que cuenta con cuatro columnas de concreto aparente ubicadas casi al centro de su superficie, muestra la estructura del entrepiso, resuelta con  base en casetones aparentes de concreto, otorgándole al conjunto espacial una fuerza expresiva interesante, contrastando con las superficies lisas de las paredes y del plafón luminoso, localizado al centro de las cuatro columnas. El piso de cemento pulido rigurosamente subdividido complementa la imagen de la sala, que apunta hacia una neutralidad formal y visual, como telón de fondo propicio para dar cabida a las diferentes expresiones de las exposiciones que ahí se muestran. Desde luego el criterio de las distintas salas de exposiciones involucra la idea de plantas libres reconfigurables, dependiendo de las necesidades propias de cada exposición.La escalera que articula verticalmente los distintos niveles del proyecto, ubicada al fondo de la volumetría construida, racional y funcionalmente ejecutada, se despliega formalmente de manera interesante en la fachada secundaria de la galería. El conjunto de los detalles de las distintas herrerías necesarias, incluyendo el ventanal de doble altura que colinda con el jardín, rigurosamente modulado tanto en planta como en alzado y el que da frente e ilumina la zona de oficinas en el segundo piso, resueltos ambos mediante placas y ángulos metálicos convencionales, nos dejan ver las habilidades de diseño de los arquitectos encargados del mismo, reforzando la filiación, racionalista minimalista del proyecto. Los jardines, entendidos como espacios necesarios para procurar una iluminación regulada, contrastan la simplicidad de sus limitantes formales, con la vegetación implementada y estos además, funcionan como posibles extensiones espaciales de algunas exposiciones. Siguiendo cánones lecorbusianos, la azotea es también un lugar útil, en el que se pueden desarrollar algunas actividades culturales complementarias

El resultado final de la remodelación – conversión a galería de exposiciones, de la OMR, nos remite a la distancia, a la buena arquitectura mexicana de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Diálogo sabroso entre modernidad y nostalgia. Aprovechamiento de las preexistencias construidas, valoración-reinterpretación del patrimonio reconocido de la arquitectura mexicana contemporánea y compromiso por dejar constancia del propio tiempo.

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El futuro

Gustavo López Padilla

Al final construimos porque creemos en el futuro; nada muestra más compromiso con el futuro que la arquitectura. Y construimos bien porque creemos en un futuro mejor.

                                               Paul Goldberger en Porqué importa la arquitectura.

Si pensamos en las dificultades que implica reflexionar sobre el presente, a partir de la difícil posibilidad de disponer de datos suficientes,  claros y certeros, dada la limitada perspectiva con la que nos enfrentamos a los hechos; visualizar y sopesar las posibles realidades futuras, nos ubica aún más en la incertidumbre. Sin embargo es indudable la importancia y necesidad de detenerse a pensar desde el pasado, cruzando por el  presente y aventurar los posibles escenarios de futuro, entendiendo lo anterior como un proceso en el que se establecen relaciones de causa y efecto, pero al que se incorporan de manera inevitable, lo que tiene que ver con el azar, lo imprevisto, a veces lo inexplicable, condiciones estas últimas que hacen que la vida sea fascinante, valga la pena ser vivida y hacen de sus expresiones una experiencia rica, atractiva y emocionante. Vivimos el presente como consecuencia del pasado y hoy mas que nunca lo hacemos con tal intensidad, como si este fuera nuestra única posibilidad de vida, pero al mismo tiempo siempre están ahí la esperanza, las ideas, los sueños de mejores cosas en todos los sentidos que imaginamos para el futuro. Como seres humanos conscientes, somos necesariamente los tres tiempos estrechamente relacionados, pasado, presente y futuro, cada uno con sus características particulares.Pero ahora la idea es reflexionar precisamente sobre como deseamos e imaginamos nuestro futuro. Y así las cosas, quiero primero pensar y valorar lo que tiene que ver con lo social. Históricamente hemos vivido la desigualdad, esta se ha afianzado en casi todas nuestras sociedades. Hoy mas que nunca la pobreza, la desigualdad, la falta de libertades y la injusticia  nos agobian. Unos pocos disfrutan excesivamente los increíbles beneficios de la vida moderna, mientras millones de personas  en los cinco continentes padecen hambre, sed, falta de trabajo, techo y arraigo a un lugar determinado. Poco más de veinte siglos de filosofía, desde los presocráticos hasta los postestructuralistas, de desarrollo de la ciencia, desde la máquina de vapor hasta la nanotecnología, de experiencias en sistemas políticos y organizaciones sociales, desde los originales sistemas autoritarios, pasando por el socialismo y la democracia, hasta el neoliberalismo mas crudo, no nos han sido suficientes para lograr condiciones de vida aceptables para el conjunto de todos los que habitamos en este planeta. Pero eso si, ya estamos empeñados por conquistar y habitar marte. Podemos entender que a lo mejor siempre habrá pobres, pero la realidad de hoy en día es que su número y condiciones de vida son inhumanas, alarmantes, inaceptables y vergonzosas. Los malos manejos   políticos, sociales, el egoísmo, la insensibilidad y la ambición desmedida, están incrustadas en lo mas hondo de nuestra naturaleza humana y el futuro, por ahora, no nos augura notables cambios para mejorar en este sentido. Y luego entonces tenemos que considerar un hecho contundente; si no somos capaces de mejorar en lo social y en una redistribución razonable de las riquezas, todos los demás logros serán relativos,  motivo de severas criticas, desencuentros, enfrentamientos que cada vez pueden ser mas peligrosos y destructivos. Pensando en el futuro, para lograr mejores condiciones sociales y económicas, tenemos que empeñarnos en mejorar la aceptación de los otros, lo que tiene que ver con la  diversidad, la libertad, la justicia, la práctica de la democracia, entendida con sus limitaciones como la mejor organización que hemos imaginado y experimentado en poco mas de veinte siglos y lo que va del presente siglo XXI. Tenemos que  mejorar sobre todo la educación y después de esta como su consecuencia, la instrumentación de oportunidades de trabajo que dejen atrás las ideas de explotación de los desprotegidos, el respeto por el estar, el derecho al arraigo a la tierra y a contar con un techo seguro que nos proteja, el acceso a los medios de comunicación. Tenemos que aprovechar mejor  el impresionante desarrollo de la ciencia para beneficio de todos. Lo anterior se nos presenta hoy en día  como una utopía. Debemos comprometernos y empeñarnos en ser capaces de lograr la realización de esta utopía, si aspiramos a mejores cosas para los tiempos que vienen.

Es una realidad que el futuro nos depara que mayoritariamente la población mundial vivirá en ciudades, se visualiza que en los años por venir lo haga el 75 % de la población mundial; esta es una de nuestras certezas en el tiempo. En las ciudades se han realizado y se verifican las mayores transformaciones sociales, políticas, económicas, científicas, culturales y no dejan de sorprendernos cotidianamente. Nuestro futuro en buena medida está enraizado en la realidad de las ciudades y todo lo que ello implica. En los últimos años se ha aceptado abiertamente la transformación de la familia, entendida como la célula principal de la organización social urbana. De aquella idea de familia, con padres, hijos, abuelos y tíos, hemos pasado a una variedad de posibilidades que están dadas por la aceptación de la diversidad sexual y por lo que nos ofrece la ciencia a través de la genética. Hoy existen distintas modalidades de familia. En otro sentido, como consecuencia del desarrollo de la medicina, nuestro tiempo de vida se ha alargado considerablemente, a lo que se suma un incremento notable de la población mundial, mal distribuida en relación con la geografía mundial y a la accesibilidad de los satisfactores vitales. La movilidad social entre países en el mundo, buscando mejores oportunidades de vida, es inevitable y habrá que enfrentarla en el presente y en el futuro con inteligencia y sensibilidad, reconociendo las aportaciones de las distintas culturas. Paulatinamente, distintos grupos sociales cada vez mas informados y mejor preparados, participan activamente en el desarrollo de sus ciudades y demandan activa y conscientemente  distintos satisfactores a sus demandas y se oponen a todo aquello que consideran daña a sus comunidades. Requeriremos en el futuro planear una racional  distribución poblacional en el planeta, con un sentido humanista e incluyente. Además deberemos regular el crecimiento poblacional, entendiendo y regulando de manera mas equitativa la distribución de los satisfactores naturales, que requiere toda la población y que desde luego son limitados y acotados en nuestro planeta. El futuro de nuestras ciudades, su orden espacial colectivo, el tipo de arquitecturas y sus condiciones de habitabilidad van a tener que responder a todos estos requerimientos, condiciones políticas, culturales, económicas y sociales descritas previamente.El futuro estará en gran medida calificado por el vertiginoso desarrollo de la ciencia, aplicada a un sin fin de campos del conocimiento y de la vida. Creo que lo mas impactante tendrá que ver con la medicina, por un lado el control de enfermedades que alargarán aún más la vida, con calidad para disfrutarla, lo que aumentará radicalmente la población adulta, con todo lo que conlleva lo anterior. En otro sentido la tecnología aplicada al cuerpo humano, la llamada biotecnología, mejorará aún más sus capacidades y rendimientos, entrecruzando la naturaleza de los seres humanos con los robots  y  desde luego todo lo que tiene que ver con la regulación de las calidades bilógicas de los seres humanos, en particular lo referido a las manipulaciones genéticas y los clones, que hoy en día son una realidad. Me atrevo a afirmar que ya existen los primeros clones humanos y eso formará parte de nuestra cotidianeidad. Nuevas formas de producción de energía estarán sin duda presentes en nuestro futuro, energías que esperamos sean cada vez mas limpias, de mucha mayor duración y rendimiento. Lo que tiene que ver con el hidrógeno por ejemplo. No podemos seguir consumiendo energías altamente contaminantes y destructivas, estamos en las fronteras límite, que ponen en riesgo la viabilidad de la vida como la conocemos. Confío en la sensatez de los seres humanos para impulsar  nuevas fuentes de energía, amigables con la naturaleza. Nuevas formas de comunicación no dejarán de sorprendernos, lo que puede traer consigo, distintas y novedosas formas de conductas, relaciones humanas y distintas modalidades de  conocimiento. La ciencia aplicada a la movilidad, tendrá también un impacto muy importante en el futuro, formalizando aún más los criterios de globalidad, reduciendo tiempos y distancias. Movilidad personal y colectiva, dejando atrás el rudimentario uso de los automóviles, que cederán su lugar a otros sistemas mas avanzados. La tecnología aplicada al trabajo en general, tendrá un impacto brutal en todos los campos, lo que terminará por transformar las formas de vida de los seres humanos. La llamada inteligencia artificial y la presencia práctica de los robots impactando en lo que tiene que ver con el trabajo y el desenvolvimiento de la vida cotidiana. Tenemos que imaginar radicalmente en el futuro, nuevas formas de ocupar, distribuir el tiempo y con ello ser imaginativos, creativos de nuevas actividades. La tecnología aplicada en las ciudades y en la arquitectura producirá cambios sorprendentes, de los cuales atisbamos hoy en día apenas unos cuantos. Seguirán apareciendo materiales mas ligeros, económicos, durables, con mayores resistencias, distintas calidades y presencia, que transformarán las formas de construcción, operación y mantenimiento de las ciudades y la arquitectura. Lo que tiene que ver con la nanotecnolgía por ejemplo. Las máquinas estarán presentes, reordenando la participación en el trabajo de los seres humanos, incluyendo  lo que tiene que ver con el diseño y todo lo referente a la construcción, operación y mantenimiento de las ciudades y sus arquitecturas. Los robots intensificarán su presencia en nuestras vidas, en lo que se refiere a la limpieza y mantenimiento de nuestros hogares, preparación de alimentos, atención al público, mejoramiento y regulación de las condiciones de confort de los espacios habitables, controlando todo por computadoras.Pero es importante entender que el futuro no implica borrón y cuenta nueva; es necesariamente continuidad entre el pasado, el presente y el futuro. Con una visión optimista se requiere meditar y valorar los logros y errores de poco mas de veinte siglos y lo que va del presente siglo XXI con sus maneras de entender las ciudades y sus arquitecturas, aprovechando unos y evitando los otros. El futuro implica la conservación de los patrimonios construidos que hemos heredado y que nos son significativos, entrañables e indispensables, la restauración de otros que por falta de visión, sensibilidad y arrogancia hemos dañado, la construcción de nuevos ámbitos habitables que deben solucionar y responder a nuestras necesidades presentes y la conceptualización y visualización de escenarios futuros que pensamos serían deseables, siempre pensando en que podremos ser mejores seres humanos y dispondremos de mejores condiciones habitables. En primera instancia debemos reconsiderar el papel que juega la naturaleza en todo esto. Tenemos la gran tarea en el futuro de restaurar los sistemas ecológicos que hemos dañado: bosques, ríos, lagos, lagunas, mares, manglares, etc. Lograr equilibrios ambientales entre el territorio ocupado por las ciudades y la naturaleza, pensando en el presente y el futuro, tomando en cuenta no solo a los seres humanos, sino al conjunto de la vida, incluyendo a los animales, con quienes compartimos la vida como parte de un sistema integral en este planeta.Las ciudades por su propia naturaleza, son varias ciudades al mismo tiempo y en las modernas, las actuales y las futuras, las mezclas razonables de distintos tiempos históricos, diversas densidades construidas, una gran variedad de maneras de entender y resolver sus arquitecturas, diferentes y complementarios usos del suelo son inevitables y deseables. El saber plantear y la sensibilidad combinatoria de densidades y usos del suelo, determinarán en gran medida la calidad habitable de nuestras ciudades, en el presente y en el futuro. Si bien entiendo la necesidad de instrumentar densidades altas en las ciudades modernas, lo anterior no se traduce necesaria y mayoritariamente  en imágenes de muchos edificios altos muy tecnologizados como la idea  que dominará todo el futuro. De hecho es preferible dentro de las posibilidades urbanas combinatorias, una mayor presencia de densidades medias, como las aplicadas al desarrollo de ciudades europeas, Barcelona, Londres o Amsterdam, que permiten una mejor relación de escala entre lo construido, la naturaleza y los seres humanos; sumando en el futuro la presencia de innumerables avances tecnológicos que formarán parte de la vida cotidiana. Se suma a lo anterior la necesidad de tomar en cuenta la conservación, restauración y creación de espacios públicos, abiertos, democráticos e incluyentes, en número, calidad y variedad tales, que respondan a la cantidad de población y a las densidades implementadas en las ciudades. Sabemos de sobra por la experiencia acumulada, que la calidad habitable de las ciudades, es directamente proporcional a la disponibilidad de espacios públicos. Como parte de estos espacios públicos, debemos considerar las áreas verdes necesarias, atendiendo las recomendaciones de los estudiosos en materias urbanas y sociales, en el sentido de que las ciudades deben contar con al menos 15 m2 de espacios verdes por habitante. Es fundamental en las ciudades que alojen poblaciones a las que se pueda atender en sus demandas de satisfactores, distribuidas adecuadamente, evitando sobredensidades malsanas y en otro sentido malos aprovechamientos. Se relacionará con ello el factor de la movilidad, que en el futuro contará con medios sorprendentes, entre lo que tiene que ver con la conducción autónoma segura, los drones y la posibilidad de moverse a través  del aire. Sin embargo, lo deseable para mí es que nuestras ciudades pudieran responder a una redistribución territorial tal, que pudieran ser en buena medida caminables. Habrá gente que le gustará o tendrá que vivir en el piso 150 y deberá trasladarse por los aires entre un edificio y otro. Pero nada, absolutamente nada es mejor para los seres humanos que caminar o andar en bicicleta, entre calles, plazas y jardines, admirar lo construido pausadamente, esperando en el azar, las posibilidades maravillosas de encuentros con otras personas, que lo anterior posibilita.Sabiendo que se ha anunciado recientemente que Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, se ha quedado prácticamente sin agua, imagino para las ciudades en el futuro, ciclos cerrados en el manejo y uso del agua potable e incluyendo la de lluvia, directamente relacionados con el reciclamiento de las aguas residuales, entendidas estas últimas como un bien, reponiendo dentro de los sistemas cerrados, solo el agua que pudiera perderse por fallas en las tuberías o por motivo de evaporación. Lo anterior llevaría a una mejor conservación de ríos, lagos, lagunas y la disponibilidad de agua en los mantos freáticos. Desde luego la posibilidad de la potabilización razonable y ambientalmente comprometida del agua del mar, es otro camino en el presente y futuro, para la disponibilidad de agua en las ciudades. Imagino también ciclos cerrados en la producción de objetos y generación de basura, entendiendo esta última como un bien reciclable, reponiendo también algunas pérdidas. Creo en un mejor aprovechamiento de la luz natural en los espacios útiles, habitables y un razonable uso de la energía, que deberá producirse mayoritariamente mediante fuentes renovables y limpias, como la solar, eólica, mareas e hidrógeno. Confiamos en que la ciencia podrá mejorar las fuentes de energía comentadas previamente y encontrar además otras formas de producción  que dejen atrás definitivamente el carbón, el petróleo y la nuclear, que tanto daño han hecho a la naturaleza, a las ciudades y a los seres humanos.

Formalmente nuestras ciudades estarán determinadas por una gran variedad de densidades construidas, ambientes urbanos y sus arquitecturas, esperando que dentro de su diversidad puedan ser bellas, amables, vivibles, confortables y que permitan que los seres humanos puedan desplegar sus mejores habilidades, capacidades creativas, sus mejores conductas sociales y de relaciones humanas. Sabemos claramente, que la calidad de los espacios habitables, arquitectónicos y urbanos, generan conductas en los seres humanos, que pueden ser positivas o negativas, creadoras o destructivas. Esperamos que nuestra experiencia adquirida nos permita que en nuestras ciudades de futuro, podamos vivir mejor y ser mejores seres humanos. El como y con que calidades habitables tendremos nuestras ciudades en los tiempos por venir, son sin duda responsabilidades colectivas, todos somos necesariamente corresponsables.

Mazdar CIty, Proyecto Norman Foster

Nota:

La lectura previa de los anteriores comentarios, la realicé durante la décimo tercer Congreso Internacional de Arquitectura con Alta Tecnología Bioclimática y Diseño Sustentable, realizado en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, entre el 5 y el 8 de marzo del presente 2018.

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