Galería OMR

Gustavo López Padilla

Durante poco más de cincuenta años, la Sala Margolín, ubicada en la calle de Córdoba número 100, casi esquina con Álvaro Obregón, en la colonia Roma, fue un importante recinto cultural-comercial, donde se podían adquirir los mejores discos de música clásica, ópera, música latinoamericana, jazz o blues. Esta sala fue fundada a finales de los años cincuenta por Walter Gruen (Viena, Austria 2014 – Cd. de México 2008), quién fuera marido de la extraordinaria pintora surrealista Remedios Varo (1908 Anglés España – Cd. de México 1963). El recinto de la sala diseñado por el arquitecto José Priani, era amplio, generoso, iluminado, acogedor y mientras uno recorría los anaqueles para seleccionar la música deseada, se podía uno encontrar a distintos personajes importantes de la cultura mexicana. Sin lugar a dudas, la Margolín, fue un referente fundamental de la vida colectiva y cultural de la colonia Roma y de la ciudad de México. Su suerte de permanencia, asociada a la vida y comercialización de los discos y lo Cds., la llevó a tener que cerrar el 31 de mayo del año 2012, significando una gran pérdida emocional y vivencial, para todos aquellos conocedores y aficionados a la música.

Foto: María Luisa Severiano

Durante años la sala permaneció cerrada y su destino parecía estar encaminado hacia su desaparición. Pero finalmente al inicio del año 2016, el recinto original fue destinado a alojar las nuevas instalaciones de la Galería OMR, que había sido fundada originalmente en el año de 1983 por Jaime Riestra y Paulina Ortiz Monasterio, habiendo tenido su ubicación original en un caserío de principios del siglo XX, ubicado en Plaza Río de Janeiro No. 54. Las nuevas instalaciones de la Galería OMR, ahora dirigidas por Cristóbal Riestra, fueron diseñadas por los jóvenes arquitectos Mateo Riestra (Ciudad de México 1980, arquitecto de la Universidad Iberoamericana), José Arnaud Bello (Oaxaca 1976, arquitecto de la Universidad Iberoamericana) y Max Von Werz (Montreal 1977, arquitecto de la Architectural Association de Londres), aprovechando las preexistencias construidas de lo que fueran las instalaciones de la Sala Margolín. El proyecto resultante de dos niveles, resuelto con base en detalles muy finos y bien resueltos, es respetuoso de la propuesta original de José Priani.Pensando el proyecto como parte de la ciudad, se mantiene en buena medida una presencia discreta, con la imagen y volumetría que recuerdan a la distancia lo que fuera la sala de música, pero mostrando con serenidad un nuevo rostro, que ahora se identifica con la Galería OMR. En su primer nivel de doble altura, se ubican un pequeño jardín de acceso, las áreas de recepción y control, la sala principal de exhibición, una pequeña zona de servicios y un jardín posterior. En un nivel intermedio de la doble altura, al fondo del volumen construido, se ubican los servicios sanitarios correspondientes. En el segundo nivel, de altura un poco mas alta de lo habitual, se ubican tres salas de exposiciones, de menor tamaño en relación con  la ubicada en el primer nivel, una biblioteca, la oficina principal del museo, incluyendo una sala de juntas. En colindancia con estas últimas y dando frente hacia la fachada de la calle de Córdoba, se ubica una terraza jardinada. En el nivel azotea, existe un área útil, destinada a actividades diversas complementarias.En términos generales la conceptualización del diseño, se acerca a los criterios de un racionalismo minimalista, en donde los espacios se definen de manera clara, con base en componentes mínimos esenciales ordenados modularmente, uso de materiales aparentes, formas geométricas simples, regulares, eliminando los adornos y lo superfluo, otorgándole fuerza presencial, al manejo diestro de la escala y la solución cuidadosa de los detalles necesarios correspondientes. La sala principal de exposiciones, de doble altura, un paralelogramo que cuenta con cuatro columnas de concreto aparente ubicadas casi al centro de su superficie, muestra la estructura del entrepiso, resuelta con  base en casetones aparentes de concreto, otorgándole al conjunto espacial una fuerza expresiva interesante, contrastando con las superficies lisas de las paredes y del plafón luminoso, localizado al centro de las cuatro columnas. El piso de cemento pulido rigurosamente subdividido complementa la imagen de la sala, que apunta hacia una neutralidad formal y visual, como telón de fondo propicio para dar cabida a las diferentes expresiones de las exposiciones que ahí se muestran. Desde luego el criterio de las distintas salas de exposiciones involucra la idea de plantas libres reconfigurables, dependiendo de las necesidades propias de cada exposición.La escalera que articula verticalmente los distintos niveles del proyecto, ubicada al fondo de la volumetría construida, racional y funcionalmente ejecutada, se despliega formalmente de manera interesante en la fachada secundaria de la galería. El conjunto de los detalles de las distintas herrerías necesarias, incluyendo el ventanal de doble altura que colinda con el jardín, rigurosamente modulado tanto en planta como en alzado y el que da frente e ilumina la zona de oficinas en el segundo piso, resueltos ambos mediante placas y ángulos metálicos convencionales, nos dejan ver las habilidades de diseño de los arquitectos encargados del mismo, reforzando la filiación, racionalista minimalista del proyecto. Los jardines, entendidos como espacios necesarios para procurar una iluminación regulada, contrastan la simplicidad de sus limitantes formales, con la vegetación implementada y estos además, funcionan como posibles extensiones espaciales de algunas exposiciones. Siguiendo cánones lecorbusianos, la azotea es también un lugar útil, en el que se pueden desarrollar algunas actividades culturales complementarias

El resultado final de la remodelación – conversión a galería de exposiciones, de la OMR, nos remite a la distancia, a la buena arquitectura mexicana de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Diálogo sabroso entre modernidad y nostalgia. Aprovechamiento de las preexistencias construidas, valoración-reinterpretación del patrimonio reconocido de la arquitectura mexicana contemporánea y compromiso por dejar constancia del propio tiempo.

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El futuro

Gustavo López Padilla

Al final construimos porque creemos en el futuro; nada muestra más compromiso con el futuro que la arquitectura. Y construimos bien porque creemos en un futuro mejor.

                                               Paul Goldberger en Porqué importa la arquitectura.

Si pensamos en las dificultades que implica reflexionar sobre el presente, a partir de la difícil posibilidad de disponer de datos suficientes,  claros y certeros, dada la limitada perspectiva con la que nos enfrentamos a los hechos; visualizar y sopesar las posibles realidades futuras, nos ubica aún más en la incertidumbre. Sin embargo es indudable la importancia y necesidad de detenerse a pensar desde el pasado, cruzando por el  presente y aventurar los posibles escenarios de futuro, entendiendo lo anterior como un proceso en el que se establecen relaciones de causa y efecto, pero al que se incorporan de manera inevitable, lo que tiene que ver con el azar, lo imprevisto, a veces lo inexplicable, condiciones estas últimas que hacen que la vida sea fascinante, valga la pena ser vivida y hacen de sus expresiones una experiencia rica, atractiva y emocionante. Vivimos el presente como consecuencia del pasado y hoy mas que nunca lo hacemos con tal intensidad, como si este fuera nuestra única posibilidad de vida, pero al mismo tiempo siempre están ahí la esperanza, las ideas, los sueños de mejores cosas en todos los sentidos que imaginamos para el futuro. Como seres humanos conscientes, somos necesariamente los tres tiempos estrechamente relacionados, pasado, presente y futuro, cada uno con sus características particulares.Pero ahora la idea es reflexionar precisamente sobre como deseamos e imaginamos nuestro futuro. Y así las cosas, quiero primero pensar y valorar lo que tiene que ver con lo social. Históricamente hemos vivido la desigualdad, esta se ha afianzado en casi todas nuestras sociedades. Hoy mas que nunca la pobreza, la desigualdad, la falta de libertades y la injusticia  nos agobian. Unos pocos disfrutan excesivamente los increíbles beneficios de la vida moderna, mientras millones de personas  en los cinco continentes padecen hambre, sed, falta de trabajo, techo y arraigo a un lugar determinado. Poco más de veinte siglos de filosofía, desde los presocráticos hasta los postestructuralistas, de desarrollo de la ciencia, desde la máquina de vapor hasta la nanotecnología, de experiencias en sistemas políticos y organizaciones sociales, desde los originales sistemas autoritarios, pasando por el socialismo y la democracia, hasta el neoliberalismo mas crudo, no nos han sido suficientes para lograr condiciones de vida aceptables para el conjunto de todos los que habitamos en este planeta. Pero eso si, ya estamos empeñados por conquistar y habitar marte. Podemos entender que a lo mejor siempre habrá pobres, pero la realidad de hoy en día es que su número y condiciones de vida son inhumanas, alarmantes, inaceptables y vergonzosas. Los malos manejos   políticos, sociales, el egoísmo, la insensibilidad y la ambición desmedida, están incrustadas en lo mas hondo de nuestra naturaleza humana y el futuro, por ahora, no nos augura notables cambios para mejorar en este sentido. Y luego entonces tenemos que considerar un hecho contundente; si no somos capaces de mejorar en lo social y en una redistribución razonable de las riquezas, todos los demás logros serán relativos,  motivo de severas criticas, desencuentros, enfrentamientos que cada vez pueden ser mas peligrosos y destructivos. Pensando en el futuro, para lograr mejores condiciones sociales y económicas, tenemos que empeñarnos en mejorar la aceptación de los otros, lo que tiene que ver con la  diversidad, la libertad, la justicia, la práctica de la democracia, entendida con sus limitaciones como la mejor organización que hemos imaginado y experimentado en poco mas de veinte siglos y lo que va del presente siglo XXI. Tenemos que  mejorar sobre todo la educación y después de esta como su consecuencia, la instrumentación de oportunidades de trabajo que dejen atrás las ideas de explotación de los desprotegidos, el respeto por el estar, el derecho al arraigo a la tierra y a contar con un techo seguro que nos proteja, el acceso a los medios de comunicación. Tenemos que aprovechar mejor  el impresionante desarrollo de la ciencia para beneficio de todos. Lo anterior se nos presenta hoy en día  como una utopía. Debemos comprometernos y empeñarnos en ser capaces de lograr la realización de esta utopía, si aspiramos a mejores cosas para los tiempos que vienen.

Es una realidad que el futuro nos depara que mayoritariamente la población mundial vivirá en ciudades, se visualiza que en los años por venir lo haga el 75 % de la población mundial; esta es una de nuestras certezas en el tiempo. En las ciudades se han realizado y se verifican las mayores transformaciones sociales, políticas, económicas, científicas, culturales y no dejan de sorprendernos cotidianamente. Nuestro futuro en buena medida está enraizado en la realidad de las ciudades y todo lo que ello implica. En los últimos años se ha aceptado abiertamente la transformación de la familia, entendida como la célula principal de la organización social urbana. De aquella idea de familia, con padres, hijos, abuelos y tíos, hemos pasado a una variedad de posibilidades que están dadas por la aceptación de la diversidad sexual y por lo que nos ofrece la ciencia a través de la genética. Hoy existen distintas modalidades de familia. En otro sentido, como consecuencia del desarrollo de la medicina, nuestro tiempo de vida se ha alargado considerablemente, a lo que se suma un incremento notable de la población mundial, mal distribuida en relación con la geografía mundial y a la accesibilidad de los satisfactores vitales. La movilidad social entre países en el mundo, buscando mejores oportunidades de vida, es inevitable y habrá que enfrentarla en el presente y en el futuro con inteligencia y sensibilidad, reconociendo las aportaciones de las distintas culturas. Paulatinamente, distintos grupos sociales cada vez mas informados y mejor preparados, participan activamente en el desarrollo de sus ciudades y demandan activa y conscientemente  distintos satisfactores a sus demandas y se oponen a todo aquello que consideran daña a sus comunidades. Requeriremos en el futuro planear una racional  distribución poblacional en el planeta, con un sentido humanista e incluyente. Además deberemos regular el crecimiento poblacional, entendiendo y regulando de manera mas equitativa la distribución de los satisfactores naturales, que requiere toda la población y que desde luego son limitados y acotados en nuestro planeta. El futuro de nuestras ciudades, su orden espacial colectivo, el tipo de arquitecturas y sus condiciones de habitabilidad van a tener que responder a todos estos requerimientos, condiciones políticas, culturales, económicas y sociales descritas previamente.El futuro estará en gran medida calificado por el vertiginoso desarrollo de la ciencia, aplicada a un sin fin de campos del conocimiento y de la vida. Creo que lo mas impactante tendrá que ver con la medicina, por un lado el control de enfermedades que alargarán aún más la vida, con calidad para disfrutarla, lo que aumentará radicalmente la población adulta, con todo lo que conlleva lo anterior. En otro sentido la tecnología aplicada al cuerpo humano, la llamada biotecnología, mejorará aún más sus capacidades y rendimientos, entrecruzando la naturaleza de los seres humanos con los robots  y  desde luego todo lo que tiene que ver con la regulación de las calidades bilógicas de los seres humanos, en particular lo referido a las manipulaciones genéticas y los clones, que hoy en día son una realidad. Me atrevo a afirmar que ya existen los primeros clones humanos y eso formará parte de nuestra cotidianeidad. Nuevas formas de producción de energía estarán sin duda presentes en nuestro futuro, energías que esperamos sean cada vez mas limpias, de mucha mayor duración y rendimiento. Lo que tiene que ver con el hidrógeno por ejemplo. No podemos seguir consumiendo energías altamente contaminantes y destructivas, estamos en las fronteras límite, que ponen en riesgo la viabilidad de la vida como la conocemos. Confío en la sensatez de los seres humanos para impulsar  nuevas fuentes de energía, amigables con la naturaleza. Nuevas formas de comunicación no dejarán de sorprendernos, lo que puede traer consigo, distintas y novedosas formas de conductas, relaciones humanas y distintas modalidades de  conocimiento. La ciencia aplicada a la movilidad, tendrá también un impacto muy importante en el futuro, formalizando aún más los criterios de globalidad, reduciendo tiempos y distancias. Movilidad personal y colectiva, dejando atrás el rudimentario uso de los automóviles, que cederán su lugar a otros sistemas mas avanzados. La tecnología aplicada al trabajo en general, tendrá un impacto brutal en todos los campos, lo que terminará por transformar las formas de vida de los seres humanos. La llamada inteligencia artificial y la presencia práctica de los robots impactando en lo que tiene que ver con el trabajo y el desenvolvimiento de la vida cotidiana. Tenemos que imaginar radicalmente en el futuro, nuevas formas de ocupar, distribuir el tiempo y con ello ser imaginativos, creativos de nuevas actividades. La tecnología aplicada en las ciudades y en la arquitectura producirá cambios sorprendentes, de los cuales atisbamos hoy en día apenas unos cuantos. Seguirán apareciendo materiales mas ligeros, económicos, durables, con mayores resistencias, distintas calidades y presencia, que transformarán las formas de construcción, operación y mantenimiento de las ciudades y la arquitectura. Lo que tiene que ver con la nanotecnolgía por ejemplo. Las máquinas estarán presentes, reordenando la participación en el trabajo de los seres humanos, incluyendo  lo que tiene que ver con el diseño y todo lo referente a la construcción, operación y mantenimiento de las ciudades y sus arquitecturas. Los robots intensificarán su presencia en nuestras vidas, en lo que se refiere a la limpieza y mantenimiento de nuestros hogares, preparación de alimentos, atención al público, mejoramiento y regulación de las condiciones de confort de los espacios habitables, controlando todo por computadoras.Pero es importante entender que el futuro no implica borrón y cuenta nueva; es necesariamente continuidad entre el pasado, el presente y el futuro. Con una visión optimista se requiere meditar y valorar los logros y errores de poco mas de veinte siglos y lo que va del presente siglo XXI con sus maneras de entender las ciudades y sus arquitecturas, aprovechando unos y evitando los otros. El futuro implica la conservación de los patrimonios construidos que hemos heredado y que nos son significativos, entrañables e indispensables, la restauración de otros que por falta de visión, sensibilidad y arrogancia hemos dañado, la construcción de nuevos ámbitos habitables que deben solucionar y responder a nuestras necesidades presentes y la conceptualización y visualización de escenarios futuros que pensamos serían deseables, siempre pensando en que podremos ser mejores seres humanos y dispondremos de mejores condiciones habitables. En primera instancia debemos reconsiderar el papel que juega la naturaleza en todo esto. Tenemos la gran tarea en el futuro de restaurar los sistemas ecológicos que hemos dañado: bosques, ríos, lagos, lagunas, mares, manglares, etc. Lograr equilibrios ambientales entre el territorio ocupado por las ciudades y la naturaleza, pensando en el presente y el futuro, tomando en cuenta no solo a los seres humanos, sino al conjunto de la vida, incluyendo a los animales, con quienes compartimos la vida como parte de un sistema integral en este planeta.Las ciudades por su propia naturaleza, son varias ciudades al mismo tiempo y en las modernas, las actuales y las futuras, las mezclas razonables de distintos tiempos históricos, diversas densidades construidas, una gran variedad de maneras de entender y resolver sus arquitecturas, diferentes y complementarios usos del suelo son inevitables y deseables. El saber plantear y la sensibilidad combinatoria de densidades y usos del suelo, determinarán en gran medida la calidad habitable de nuestras ciudades, en el presente y en el futuro. Si bien entiendo la necesidad de instrumentar densidades altas en las ciudades modernas, lo anterior no se traduce necesaria y mayoritariamente  en imágenes de muchos edificios altos muy tecnologizados como la idea  que dominará todo el futuro. De hecho es preferible dentro de las posibilidades urbanas combinatorias, una mayor presencia de densidades medias, como las aplicadas al desarrollo de ciudades europeas, Barcelona, Londres o Amsterdam, que permiten una mejor relación de escala entre lo construido, la naturaleza y los seres humanos; sumando en el futuro la presencia de innumerables avances tecnológicos que formarán parte de la vida cotidiana. Se suma a lo anterior la necesidad de tomar en cuenta la conservación, restauración y creación de espacios públicos, abiertos, democráticos e incluyentes, en número, calidad y variedad tales, que respondan a la cantidad de población y a las densidades implementadas en las ciudades. Sabemos de sobra por la experiencia acumulada, que la calidad habitable de las ciudades, es directamente proporcional a la disponibilidad de espacios públicos. Como parte de estos espacios públicos, debemos considerar las áreas verdes necesarias, atendiendo las recomendaciones de los estudiosos en materias urbanas y sociales, en el sentido de que las ciudades deben contar con al menos 15 m2 de espacios verdes por habitante. Es fundamental en las ciudades que alojen poblaciones a las que se pueda atender en sus demandas de satisfactores, distribuidas adecuadamente, evitando sobredensidades malsanas y en otro sentido malos aprovechamientos. Se relacionará con ello el factor de la movilidad, que en el futuro contará con medios sorprendentes, entre lo que tiene que ver con la conducción autónoma segura, los drones y la posibilidad de moverse a través  del aire. Sin embargo, lo deseable para mí es que nuestras ciudades pudieran responder a una redistribución territorial tal, que pudieran ser en buena medida caminables. Habrá gente que le gustará o tendrá que vivir en el piso 150 y deberá trasladarse por los aires entre un edificio y otro. Pero nada, absolutamente nada es mejor para los seres humanos que caminar o andar en bicicleta, entre calles, plazas y jardines, admirar lo construido pausadamente, esperando en el azar, las posibilidades maravillosas de encuentros con otras personas, que lo anterior posibilita.Sabiendo que se ha anunciado recientemente que Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, se ha quedado prácticamente sin agua, imagino para las ciudades en el futuro, ciclos cerrados en el manejo y uso del agua potable e incluyendo la de lluvia, directamente relacionados con el reciclamiento de las aguas residuales, entendidas estas últimas como un bien, reponiendo dentro de los sistemas cerrados, solo el agua que pudiera perderse por fallas en las tuberías o por motivo de evaporación. Lo anterior llevaría a una mejor conservación de ríos, lagos, lagunas y la disponibilidad de agua en los mantos freáticos. Desde luego la posibilidad de la potabilización razonable y ambientalmente comprometida del agua del mar, es otro camino en el presente y futuro, para la disponibilidad de agua en las ciudades. Imagino también ciclos cerrados en la producción de objetos y generación de basura, entendiendo esta última como un bien reciclable, reponiendo también algunas pérdidas. Creo en un mejor aprovechamiento de la luz natural en los espacios útiles, habitables y un razonable uso de la energía, que deberá producirse mayoritariamente mediante fuentes renovables y limpias, como la solar, eólica, mareas e hidrógeno. Confiamos en que la ciencia podrá mejorar las fuentes de energía comentadas previamente y encontrar además otras formas de producción  que dejen atrás definitivamente el carbón, el petróleo y la nuclear, que tanto daño han hecho a la naturaleza, a las ciudades y a los seres humanos.

Formalmente nuestras ciudades estarán determinadas por una gran variedad de densidades construidas, ambientes urbanos y sus arquitecturas, esperando que dentro de su diversidad puedan ser bellas, amables, vivibles, confortables y que permitan que los seres humanos puedan desplegar sus mejores habilidades, capacidades creativas, sus mejores conductas sociales y de relaciones humanas. Sabemos claramente, que la calidad de los espacios habitables, arquitectónicos y urbanos, generan conductas en los seres humanos, que pueden ser positivas o negativas, creadoras o destructivas. Esperamos que nuestra experiencia adquirida nos permita que en nuestras ciudades de futuro, podamos vivir mejor y ser mejores seres humanos. El como y con que calidades habitables tendremos nuestras ciudades en los tiempos por venir, son sin duda responsabilidades colectivas, todos somos necesariamente corresponsables.

Mazdar CIty, Proyecto Norman Foster

Nota:

La lectura previa de los anteriores comentarios, la realicé durante la décimo tercer Congreso Internacional de Arquitectura con Alta Tecnología Bioclimática y Diseño Sustentable, realizado en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, entre el 5 y el 8 de marzo del presente 2018.

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Generación 68 Facultad de Arquitectura UNAM

Gustavo López Padilla

Al inicio del año 1968, llegamos deslumbrados a las instalaciones del campus de la Universidad Nacional Autónoma de México y en particular  a la llamada entonces Escuela Nacional de Arquitectura. Al caminar por el campus, nuestros ojos aún poco educados, se detenían a admirar los magníficos y emblemáticos murales de los maestros que acompañan la arquitectura que personaliza nuestra universidad y que formaron parte de lo que se conoce como movimiento de Integración Plástica. Rivera en el Estadio Olímpico, Siqueiros en la Rectoría, O´Gorman en la Biblioteca, Eppens en Medicina, Chávez Morado en el edificio de Ciencias. Rápidamente comenzamos a utilizar los jardines centrales del campus, donde jugábamos futbol y disfrutamos las islas, donde se descansaba, dormía o se fumaban carretadas de mota. Amor y Paz era la consigna, al mismo tiempo que oíamos las interpretaciones musicales de personajes como Janis Joplin con Un pedazo de mi corazón, a Bob Dylan, cantando como una piedra rodante, a Jimi Hendrix, con su maravillosa guitarra interpretando neblina morada, a los Beatles con el Sargento Pimienta y su Viaje Mágico y Misterioso o a los Rolling Stones con Satisfacción y Simpatía por el diablo. Recorríamos los edificios de nuestra universidad y comenzábamos a saber de sus autores, entre otros Augusto Pérez Palacios, Mario Pani, Enrique del Moral, Augusto H. Álvarez, Juan O´Gorman, José Villagrán, Francisco Serrano, Félix Candela, Ramón Torres, Ramón Marcos, Pedro Ramírez Vázquez, Enrique Yánez y desde luego Alberto T. Arai, de quién según nos contaban, cuando vino alguna vez Frank Lloyd Wrigth a Ciudad Universitaria, comentó que los frontones, con su reinterpretación volumétrica prehispánica, era lo que más le había impresionado. En nuestro espíritu, en lo mas profundo de nuestra alma, comenzamos a construir un sentido de pertenencia y orgullo por ser parte de esta nuestra casa.La generación del 68 se caracterizó entre otras cosas porque muchos de nuestros compañeros venían de distintas regiones y ciudades de la República Mexicana. Desde Baja california, Sonora, el occidente, pasando por distintas ciudades del bajío, el centro del país y desde luego todos aquellos que venían del sureste como Yucatán o Chiapas. Algunos más venían del extranjero. Estudiar en la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM era la mejor alternativa de aquellos años, hoy sin duda, en el 2018 lo sigue siendo, somos la mejor opción, aunque ya existen otras. En nuestra generación contamos con pocas mujeres, entre un 7 y un 10 %, así eran aquellos tiempos. Era memorable que algunas intrépidas se atrevieran a cruzar el patio principal de la escuela y tuvieran que aguantar a lo largo del recorrido una buena cantidad de silbidos y piropos. En los primeros años pasamos casi todo el día en esta escuela, así fue que se crearon diversas hermandades. Llegábamos a las siete de la mañana y estábamos aquí hasta las siete u ocho de la noche casi toda la semana. Aquí estudiábamos, jugábamos y comíamos. Era usual hacerlo en la espléndida cafetería central, que estaba aquí muy cerca de nuestra escuela, aquel edificio de planta libre, apoyos de columnas metálicas esbeltas y fachada transparente, como mandaban los cánones del movimiento moderno, mirando hacia el campus central, la biblioteca y su mural, rectoría con el suyo, los jardines y el espléndido espejo de agua en el que se refleja la biblioteca, el cielo y la naturaleza. La cafetería era amplia, muy iluminada y contaba con mesas grandes, de superficies negras y pulidas, que nos servían de maravilla para desplegar nuestros planos, trabajar en el lugar e intercambiar ideas con los otros. Aquí nos encontrábamos al mismo tiempo con compañeros de otras escuelas y facultades. También podíamos comer en la cafetería de lo que fueron las instalaciones de Radio Universidad, o íbamos a la cafetería de Filosofía, donde había mas mujeres y eso era siempre muy atractivo o a veces comíamos tortas, exquisititas por cierto o al menos así nos parecía  a las dos de la tarde, de las que vendían al fondo de la estación de camiones, que era el medio de transporte básico para  llegar a ciudad universitaria. Muy pronto en el año de 1969 se inaugurarían las primeras líneas  del metro y algunos lo usarían para acercarse casi hasta aquí.Nuestra vida académica se estructuró a partir de la idea y los tiempos asociados a los talleres de proyectos, donde realizábamos nuestros ejercicios de diseño. Talleres que se asociaban a las ideas y directrices de sus coordinadores. Cada quién seleccionaba el taller de acuerdo a sus intereses y preferencias. En ese entonces seguimos muy de cerca el modelo académico que vino de Alemania, en particular de la Bauhaus, con sus cursos de iniciación al diseño y mas tarde lo que terminaba siendo propiamente proyectos. Contamos con maestros de gran calidad y experiencia. Maestros que enseñaban y al mismo tiempo ejercían la profesión, eran verdaderos ejemplos a seguir. Algunos de ellos iniciaron y consolidaron el movimiento moderno en México. Así pues el racionalismo o funcionalismo era el camino seguro, confiable a seguir. Era casi un deber ser. Contamos con maestros de proyectos como Ramón Torres, Manuel González Rul, Max Cetto, Domingo García Ramos, José Luis Benlliure, Ricardo Flores, Enrique Ávila, Santos Ruiz, Josefina Saisó, entre otros. En geometría recordamos especialmente a Miguel De la Torre y a Carlos Chanfón. En historia y teoría a gentes como los arquitectos José Villagrán,  Carlos González Lobo, Jesús Barba, Salvador Díaz Berrio, Antonio Encinas o Vicente Martín. Y que decir de las clases que impartía Mathías Goeritz, discípulo de Barragán, siguiendo de igual manera las ideas bauhasianas de Walter Gropius, Lazlo Moholy Nagy, Marcel Breuer, Paul Klee, Vasily Kandinsky o Joseph Albers. En estructuras contamos con las enseñanzas de los arquitectos Bernardo y José Luís Calderón, Jesús Aguirre Cárdenas, Félix Candela, las del temido Eugenio Peschard o las de Honorato Carrasco. En dibujo desde luego contamos con el Charro Medina o los inicios de Humberto Ricalde. Con este último recuerdo por ejemplo haber dibujado, en la clase llamada dibujo de imitación,  algunas de las esculturas de la Ruta de la Amistad que se instalaron con motivo de las Olimpiadas.Aprendimos pronto a trabajar en equipo y fueron memorables, los incontables fines de semana que nos reunimos en casa de algunos de nosotros, nos encerrábamos desde el viernes por la tarde noche, hasta la entrega del lunes por la mañana; en todo ese tiempo jugamos cartas, hojeamos revistas, algunas de arquitectura y algunas otras mas divertidas. Oímos música, cantamos y a veces hasta bailamos. Desarrollamos los trabajos en equipo que nos fueron encomendados, al mismo tiempo que desde luego escuchábamos música de los Beatles, los Rolling Stones, Los Credence Clear Water Revival, los Beach Boys, Pink Floyd, Led Zepellin, Cream  o los Doors. Pero también escuchamos a Violeta Parra o a Atahualpa Yupanqui. Del rock nacional a veces oíamos a los Locos del ritmo con Antonio de la Villa o a los Crazy Boys, con el Bibi Hernández. Por esos años acudíamos a escuchar música en los cafés cantantes de moda y a las llamadas peñas. Nunca nos falló trabajar en  e Boys, con el Bibi Hernández.   squipo, identificamos y aprovechamos con inteligencia, las distintas habilidades del grupo de compañeros que nos reuníamos. No fuimos una generación muy viajera, sin embargo si realizamos varios viajes, algunos de ellos con motivo de nuestras clases, generalmente de proyectos y otros solamente de diversión. Nos quedan de todos ellos gratos recuerdos.El 68 fue crucial como tiempo de cambio en el mundo, principalmente en Europa, los Estados Unidos y desde luego en México. Nuestras vidas se transformaron en esos años. Había un espíritu idealista y de cambio que se respiraba en la atmósfera. De Rebeldía contra la autoridad, contra los sistemas sociales y políticos, contra la economía injusta, al mismo tiempo que se demandaban procesos de elección democrática. Se criticaron fuertemente las formas tradicionales de familia, de convivencia, se criticó a la iglesia; a lo anterior se les llamó en conjunto movimientos de protesta o de liberación. En Europa y los ejemplos pueden ser Francia y Checoslovaquia, se puso en tela de juicio todo lo anterior y hubo revueltas estudiantiles,  de trabajadores y de clases medias, lo mismo sucedió en los Estados Unidos. México no fue la excepción. Solo faltaba un motivo, una pequeña gran causa, un pretexto que bien podía parecer intrascendente para que el movimiento del 68 comenzara. Y de pronto ya estábamos en la calle, entre marchas y plantones, con arengas del comité de lucha encaramado en los toldos de los camiones instalados en plena plaza del zócalo, movilizaciones que desde luego no eran bien vistas por el gobierno autoritario de Gustavo Díaz Ordaz, quién asumió el movimiento como un peligro, una amenaza para la estabilidad nacional y pronto empezaron la intolerancia, las represiones y los arrestos. Entre las marchas recuerdo en particular la encabezada por el rector de nuestra propia Universidad, Javier Barros Sierra, después de aquel bazukazo a la puerta de madera labrada del siglo XVIII en la entrada de la preparatoria no. 1 de San Ildefonso, en el centro de la ciudad de México. O aquella otra impresionante que se llamó la marcha del silencio. Y qué decir de los trágicos sucesos de Tlatelolco, el 2 de octubre, que no se olvida. Algunos de nosotros que participamos en las marchas, aunque no de una manera tan activa en el movimiento, por azahares del destino no acudimos ese día a Tlatelolco. Pero muchos compañeros si lo hicieron. En el mejor de los casos terminaron en la cárcel y ahí estuvieron por lo menos un par de años. A un compañero que estuvo en Lecumberri me lo encontré años mas tarde y me comentó que se había afiliado a la guerrilla. El ambiente de agitación y transformación se respiraba por doquier y en ese entonces leímos entre otros a  Herbert Marcuse, con obras como El hombre unidimensional, Razón y revolución o Un ensayo sobre la liberación. Seguimos de cerca  al Arzobizpo  rebelde Sergio Mendez Arceo  en Cuernavaca, llamado el teólogo de la liberación, que se revelaba contra la estructura tradicional de la iglesia.

Leímos a Cortázar, desde luego Rayuela e Historias de cronopios y de famas, a León Felipe, con Ganarás la luz, a Pablo Neruda con sus veinte poemas de amor, a Walt Whitman con sus hojas de hierba. Pero también leíamos a Octavio Paz, con el Laberinto de la Soledad y a Carlos Fuentes con La muerte de Artemio Cruz. Como parte del 68, estuvieron presentes entre nuestros intereses, las obras literarias y periodísticas de José Revueltas,  Luís González de Alba,  Elena Poniatowska, Carlos Monsivais y desde luego  Don Daniel Cosío Villegas. En teatro fue la época notable de Jodorowzky con la obra El juego que todos jugamos y en pintura estuvo presente la rebeldía de José Luis Cuevas y Rufino Tamayo, en contra de los maestros muralistas. Leímos  ciencia ficción,  Aldous Huxley, Isaac Asimov, Ray Bradbury, Arthur C. Clark o Georges Orwell. Aquellos mundos fantasiosos e increíbles hoy en día, en muchos aspectos son parte de nuestra cotidianeidad. Fue el tiempo también en que una mañana de 1969, en nuestro salón de clases, las suspendimos para seguir en tiempo real, en un radio de pilas que alguien llevaba, la transmisión de la llegada del hombre a la luna, Neil Amstrong, Aldrin y Collins. La carrera espacial entre Rusia y los E.U. en pleno. Fue también el tiempo de la píldora anticonceptiva, de la minifalda, los pantalones acampanados, el pelo largo y la barba. Las propuestas de vida comunitaria de lo hippies.  El apogeo de las películas de James bond, de Brigitte Bardot, Sofía Loren, Marcelo Mastroiani o Alain Delón. Fueron muy importantes por esos años las muestras internacionales de cine y hacíamos largas colas en el Cine Roble, ubicado en de Paseo de la Reforma, casi en el cruce con Insurgentes; podíamos ver hasta tres películas en un día, obras  de Fellini, Visconti, Bertolucci, Bergman o Woddy Allen.Las Olimpiadas de México 68 fueron un pequeño respiro, un intervalo en la violencia y la  transformación política, social y educativa del país. Los juegos fueron espléndidos y memorables; recordamos con emoción las fanfarrias olímpicas, los triunfos en natación del Tibio Muñoz y María del Pilar Roldán en esgrima. Con los juegos se celebró en paralelo la llamada Olimpiada Cultural. La universidad en este sentido desempeñó un papel fundamental. Recordamos las magníficas exposiciones celebradas en el Museo Universitario sobre arte contemporáneo. Entre los trabajos de los grandes expositores, particularmente fue significativa una escultura que se instaló en el museo, con un pequeño espejo de agua y que permaneció ahí por varios años. Se trató de una escultura de gran formato, tallada en madera, del finlandés Tapio Birkala. Poco mas adelante todavía siendo estudiantes,  fueron los tiempos en los que se celebraron el Festival de Woddstock en 1969 y el de Avándaro en 1971, con todo lo que significaron en su momento y para el futuro. Nos tocó vivir la guerra fría y la caliente también que  cobró muchas vidas. Vimos pasar frente a nosotros a personajes y líderes emblemáticos, desde Nikita Krushov, John F. Kennedy, Mao Tse Tung, Fidel Castro,  Charles de Gaulle, Winston Churchill, Josep Broz Tito y que decir del emblemático Ché Guevara. Nuestra generación, además del cambio,  desde el año de 1976 se ha enfrentado a vivir casi permanentemente en la crisis. Hoy en día padecemos una de tantas y nos hacen falta nuevos y mejores líderes, con verdaderos compromisos de valores para con sus países y sus sociedades.Por distintas razones varios de nosotros comenzamos a trabajar, al mismo tiempo que estudiábamos en la Escuela de Arquitectura. Circunstancia de la vida que fue muy afortunada. Trabajar en un buen despacho de proyectos, es parte fundamental en la formación de un joven estudiante de arquitectura. Históricamente la relación maestro alumno ha sido ampliamente documentada y es sin duda fundamental para la evolución de la arquitectura. Ahí están las fructíferas relaciones de Lecorbusier con Perret, Wright con Sullivan, Mies con Behrens o la de Teodoro González de león con el mismo Lecorbusier. Hacer arquitectura por esos años en México, entre 1968 y 1973 era realizar proyectos racionalistas. No había duda, eso era lo correcto y la manera dominante de hacerlo. Pero muy pronto pasamos de las certezas a la incertidumbre. Con la aparición en 1969 del libro Complejidad y contradicción en arquitectura de Robert Venturi, se terminó de poner en duda la vigencia del racionalismo, entendido como la  vía mas importante para ejercer la arquitectura y se abrió un panorama amplio de posibilidades para practicarla, algunas de las cuales se consideraban de poco valor, como la arquitectura posmoderna. De una supuesta uniformidad, de una arquitectura racionalista que pretendió imponerse con la denominación de internacional, pasamos a la aceptación de la diversidad, condición que nos acompaña hasta nuestros días. Los maestros de la arquitectura, muchos de los cuales nos formaron en nuestra época de estudiantes, fueron paulatinamente reemplazados por nuevas generaciones, con visiones distintas e incluyentes.Nuestra generación se significa por los cambios, que poco a poco se fueron presentando vertiginosos. Pasamos de dibujar con regla T, escuadras y compás, con  plumillas Spitball, para sustituirlas luego por el graphos, luego el rapidograph, pasando por las plantillas de letras, las calacas metálicas, el leroy, las reglas universales y las paralelas, hasta la computadora y ahora lo virtual, los dibujos en tres D, el revit  y todo lo relacionado con la nanotecnología. Desde la escuela tradicional que enseñaba los órdenes clásicos en la arquitectura, pasando por el racionalismo, hasta la aceptación de la diversidad del conocimiento, que acepta  hoy en día que existe realmente una única regla absoluta y universal y que es que no hay ninguna regla. Desde la escuela tradicional en la que a partir del 68 se iniciara la gestión de un movimiento que se traduciría un poco mas tarde en las formas educativas del autogobierno en 1972 y la arquitectura participativa, hasta llegar a la educación de nuestros días, incluyente, diversa, con un alto compromiso social y donde la tecnología con características que nos sorprenden todos los días, forma parte ahora de nuestra realidad cotidiana, con formas novedosas, sorprendentes, atractivas y divertidas de enseñanza. Una buena cantidad de nosotros somos egresados del autogobierno y hoy en día la realidad de nuestra escuela se caracteriza por ser incluyente, respetuosa, tolerante, rica  y diversa. El tiempo de cincuenta años, de 1968 al 2018,  se nos ha pasado como un suspiro, todo ha sido y sigue siendo vertiginoso y sorprendente. Estamos plenamente conscientes de que no somos cualquier generación, somos la generación 1968, la generación del cambio, la idealista, la del antes y el después. Pero haciendo un razonable ejercicio de autocrítica, tenemos que reconocer que todavía no hemos contribuido lo suficiente, lo que se espera de nosotros  a la arquitectura mexicana contemporánea.

Algunos de nuestros compañeros ya no están con nosotros. Vayan para ellos nuestro reconocimiento, nuestros recuerdos y nuestro afecto. Los demás estamos aquí todavía, activos y vitales, haciendo desde distintas trincheras lo que nos gusta, lo que nos apasiona, lo que en buena medida le da sentido a nuestras vidas, hacemos Arquitectura y todavía tenemos muchas cosas por hacer. Nos aferramos a la máxima histórica aceptada de que la buena arquitectura se hace con la experiencia de los años, con las canas o la falta de pelo. Dicen que los buenos arquitectos han logrado contar en la historia después de los cincuenta, los sesenta o los setenta años. Tenemos que aprovechar al máximo el tiempo que nos queda. El actual es también nuestro tiempo y lo vamos a aprovechar y  ejercer plenamente.

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Álvaro Moragrega, renovación en la arquitectura de Jalisco

Gustavo López Padilla

Desde los inicios del movimiento moderno de la arquitectura en México, a partir de la segunda mitad de los años veinte, del pasado siglo veinte, las aportaciones de los arquitectos nacidos en el Estado de Jalisco han sido relevantes y trascendentes. Lo anterior está ampliamente documentado en las guías y libros de la  historia de la Arquitectura Mexicana Contemporánea y en particular en aquellos que dan cuenta de las particularidades de la arquitectura jalisciense. Entre estos últimos podemos mencionar: Guía arquitectónica esencial zona metropolitana de Guadalajara, editada y coordinada por Arabella González Hueso, Gobierno del Estado de Jalisco, Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco, 2005, el libro Una mirada a la modernidad arquitectónica en Guadalajara, de la autora Dra. Claudia Rueda Velázquez, coedición de la Universidad de Guadalajara, ITESO y Arquitónica, del año 2016 y la Guía de Arquitectura Guadalajara, editada por Arquine, también en el año 2016.Desde hace poco mas de diez años, se ha desarrollado una importante renovación generacional en la arquitectura del estado de Jalisco, lo cual se ha empezado a manifestar en los ámbitos, sobre todo de la ciudad de Guadalajara y sus alrededores, con un conjunto de obras que dan cuenta de la reciente arquitectura jalisciense, enriqueciendo la propia arquitectura del lugar, así como el conjunto de la Arquitectura Mexicana Contemporánea. Entre los autores destacados encontramos al arquitecto Álvaro Moragrega, nacido en la ciudad de Guadalajara en marzo del año 1972, egresado del ITESO en el año 1995  y habiendo realizado estudios de maestría y doctorado en la ciudad de Barcelona, España, entre los años 1996 y el 2000. Entre las obras realizadas hasta ahora por Moragrega, destaca un discreto edificio de departamentos, ubicado en la colonia Americana, en la calle  Efraín González Luna, en el número 1916, terminado en el año 2014. Con esta obra se perfilan con claridad las ideas,  habilidades e intereses proyectuales del arquitecto, desde la voluntad de que el edificio se inserte con naturalidad en el contexto que lo rodea, mimetizándose con el lugar, pero al mismo tiempo logrando mostrar una imagen urbana que identifica la obra en sus particularidades y propuestas de diseño. Se trata de que la arquitectura haga ciudad, que  enriquezca el tejido de la misma, de manera inteligente y respetuosa, casi como si la obra hubiera estado siempre en el lugar. Un detalle que vale la pena comentar, en términos de ciudad, es la presencia de la banqueta que da frente al edificio, terminada con  mosaicos de cuadros rojos y blancos, que bien podría haber sido una preexistencia en el lugar, que recuerda los tratamientos de las banquetas tradicionales del centro de la ciudad de Guadalajara.

La obra en cuestión se desplanta sobre un terreno plano, que cuenta con 525.00 m2, con clara orientación dominante norte sur, siendo esta última orientación, la sur, la que califica la fachada principal.  El edificio se despliega en seis niveles, cinco de los cuales alojan los departamentos que lo componen y uno, el de planta baja aloja los estacionamientos, el acceso principal peatonal y la ubicación de las articulaciones verticales. La volumetría general del edificio, muestra el criterio de contar con una base de soporte o arranque del edificio, un cuerpo dominante, cerrado, masivo y un claro remate superior, de presencia mas ligera y transparente. Dos terrazas se ubican en el primer nivel; una de carácter privado, un tanto jardinada da frente a la fachada principal, propiciando el remetimiento del volumen principal del edificio respecto del alineamiento, consiguiendo que la presencia del mismo sea mas amable y cuente con una mejor escala respecto de la calle y los peatones que la recorren. Otra terraza de mayores dimensiones, al fondo del terreno, de carácter colectivo, opera como lugar de distribución, encuentro, convivencia y ahí rematan las escaleras principales que conducen a los diferentes niveles del edificio.

Existe una mezcla y variedad de tipos de departamentos, cinco para ser precisos, con un total de once unidades habitables, que oscilan entre 59.70 m2 y 121,64 m2. El edificio cuenta con un área total construida de 1320.00 m2. El orden compositivo de los departamentos es simple y riguroso. Se trata de una arquitectura que transita entre las ideas del  racionalismo y sus variantes minimalistas. Formas geométricas simples, regulares, materiales aparentes, claridad constructiva y funcional, buscando el máximo aprovechamiento del espacio, la regulación del asoleamiento, el máximo aprovechamiento de la luz, su  incidencia y el flujo de la ventilación natural. Muy en la tónica de la vida moderna, cosmopolita, la unidad habitable mas pequeña, que sirve de base para las otras unidades, es propiamente un único espacio múltiple, continuo, flexible, un tanto alargado, con apenas subdivisiones para alojar y resguardar los servicios sanitarios y de lavado. La tipología de muebles, sus dimensiones y ubicación, definen apenas las actividades funcionales. Entre las distintas tipologías de departamentos, que permiten usuarios diferentes, lo que alienta y enriquece la vida social en el edificio, pueden haber unidades con dobles alturas u otras de áreas mayores, pero siempre respetando una claridad y un orden compositivo riguroso. Como remate del edificio en el último nivel, con una propuesta contrastante, uno de los departamentos de los  de mayor área, ocupa el nivel completo y cuenta además con una terraza alargada, angosta, perimetral y todas sus fachadas están terminadas con cristal, lo que nos recuerda a la distancia, las propuestas miesianas de cómo resolver una unidad habitable. Hablamos de los criterios de planta libre, flexible, totalmente transparente, con una interrelación intensa entre los interiores y los exteriores. Orden compositivo, riguroso, modular y sistemático. Se trata de una arquitectura que cuida y resuelve con esmero, el conjunto de las soluciones de detalle, el manejo y transición de los materiales que se emplean en la obra.

Las fachadas norte y sur del edificio, las que se consideran como principal y posterior son notoriamente contrastantes. La sur, la que da a la calle, es masiva, con el criterio compositivo de fondo y figura, juego entre muros y pequeñas ventanas, muros terminados en tabique de barro aparente y ventanas que cuentan con ciegos adicionales para regular la luz y el sol, terminados con paneles de lámina oxidados y calados de manera interesante. En otro sentido la fachada norte, al interior del edificio, está terminada predominantemente con cristal, mirando hacia la terraza común, ubicada en el primer nivel y hacia el juego dinámico de las escaleras. En los distintos niveles, un corredor también común, sobre esta fachada norte, permite el acceso a los diferentes tipos de departamentos. Me parece que aquí justamente en esta zona, se genera alguna condición criticable del edificio, ya que la transparencia dominante en esta fachada, limita las posibilidades de privacidad de los departamentos y su condición norte, no es necesariamente, climáticamente favorable. El fuerte contraste de esta fachada, respecto de la principal que da a la calle, llega a sugerir formalmente que se pudiera tratar de dos edificios diferentes o dos autores distintos de una misma obra, aunque es necesario reconocer, que el juego formal y geométrico, entre fachada, corredor, escaleras y terrazas es muy atractivo.

El edificio EGL 1916 del arquitecto Álvaro Moragrega, resuelto con serenidad, sensibilidad y seriedad profesionales, mas allá de las modas transitorias y de la arquitectura como espectáculo, representa la permanencia, continuidad y evolución de las ideas racionalistas, un futuro promisorio para la arquitectura de Jalisco y por ende de la Arquitectura Mexicana Contemporánea

Notas:

Colaboradores del proyecto arquitectónico : Carlos Ruiz Palomino y Roberto Soltero.

Fotografías: Jaime Navarro y Álvaro Moragrega

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Respiro verde en el paraíso del cemento y el automóvil

Gustavo López Padilla

El desarrollo de la Ciudad de México se relata en una larga historia, en la que a partir de la conquista española en el siglo XVI, se emprendieron acciones urbanas, que por lo general han sido contrarias a la presencia de la naturaleza. Increíblemente, durante este tiempo se mandaron  secar cinco  enormes lagos y se destruyeron grandes extensiones boscosas, lo que nos ha ubicado como una de las ciudades contemporáneas mas agresivas, en términos de equilibrios ambientales. En la actualidad estamos perdiendo la última gran oportunidad de enderezar el camino, al iniciar la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad, precisamente en los terrenos de Texcoco, cancelando casi la posibilidad de restaurar en buena medida nuestra original condición verde y lacustre. Según los estudiosos de las ciudades, se debe disponer con al menos entre doce y quince metros cuadrados de espacios verdes por habitante, para contar con condiciones propicias y adecuadas a la convivencia colectiva. Nuestra ciudad de casi nueve millones de habitantes, con una densidad de 5996 hab. por km2, actualmente dispone de cinco metros y medio de estos espacios verdes, lo que nos ubica distantes de las condiciones necesarias y deseables. Seguimos construyendo, extendiendo, densificando la ciudad y las oportunidades para crear nuevos e importantes espacios verdes se van limitando peligrosamente, poniendo en riesgo la viabilidad razonable de nuestro desarrollo urbano, si no pensamos este último de manera equilibrada e integral: arquitectura y espacios públicos.Tomando en cuenta este panorama, resulta importante que el pasado mes de noviembre  del año 2017, se haya inaugurado un nuevo parque urbano, en la Delegación Política de Cuajimalpa, en la zona de Santa Fé, denominado La Mexicana. Este nuevo espacio colectivo forma parte de 41.5 has., de las cuales el 70 % 29 has.,  está destinado al uso de área verde, en tanto que el restante será enfocado al desarrollo  de viviendas privadas. El Parque la Mexicana forma parte de un proyecto en el que participan el gobierno de la ciudad y la iniciativa privada. La inversión para ejecutar el parque de dos mil millones de pesos y su administración, mediante concesiones, corre a cargo de la iniciativa privada. Esta última desarrollará los proyectos de viviendas mencionados. Todo lo anterior regulado por el gobierno. El diseño del parque les fue encomendado a los arquitectos Víctor Márquez y Mario Schjetnan. El terreno donde se ubica el proyecto, de forma alargada, está limitado por la Ave. Tamaulipas, el Paseo de los Arquitectos y la Ave. Luís Barragán, colindando de manera cercana con una zona de edificios altos por un lado y por el otro con áreas habitacionales de viviendas unifamiliares de distintos niveles socioeconómicos y cerca también del Centro Comercial Santa Fé.        

En el lugar que originalmente fue explotado como una mina, los arquitectos diseñadores aprovecharon sus desniveles preexistentes, acentuando además otros nuevos cambios de nivel, para definir y delimitar distintas zonas de uso de acuerdo a los programas incluidos en el parque, entre los que se incluyen zonas de juegos, ciclopista, pistas de skate, carriles para corredores, andadores peatonales, mirador, anfiteatro, zona canina, dos lagos artificiales, fuentes, zonas de comida y desde luego extensas zonas verdes. Se trata de un nuevo espacio verde, abierto, público y democrático, que funciona como un respiro apenas necesario, en medio de un intenso y continuo trafico vehicular, paraíso del automóvil y el cemento, que resulta de una zona de desarrollo urbano de gran densidad construida, en donde el peatón es un ser en desamparo, que casi no es tomado en cuenta, si acaso tan solo cuantificado como dato para el consumo, resultando además una zona urbana difícilmente articulada con el tejido del resto de la ciudad de México. El parque La Mexicana es amable, agradable, bien ejecutado, aceptado por el público en general; se pueden ver familias y personas de distintos grupos sociales, que recorren el lugar, que lo viven, lo disfrutan y comienzan a hacerlo suyo, aprovechando las distintas actividades que ahí se ofrecen.Se trata de que el parque, dada su administración, seguridad y concesiones privadas,  opere su funcionamiento y mantenimiento de manera regular y eficiente, garantizando en todo momento su inclusión social abierta y plural. En términos de diseño y ambientales, el parque cuenta con cisternas para almacenar el agua de lluvia y aprovecha además una planta de tratamiento de aguas residuales cercana al lugar, para garantizar así el riego eficiente del parque y el agua necesaria para los dos lagos artificiales, incluyendo su chorro de agua y otras fuentes, limitando la utilización de  agua potable. La iluminación nocturna requerida se administra mediante luminarias con celdas solares y se cuenta en la zona con internet inalámbrico. Me parece que hubiera sido deseable, que se retrasara un poco de tiempo su entrega y apertura al público, para garantizar que las especies vegetales pudieran consolidar su presencia en el lugar. Pero evidentemente los tiempos razonables de proyecto, nunca coinciden con los tiempos políticos. La administración privada del lugar y el público en general, deberán poner de su parte lo que les corresponda, para no deteriorar la calidad del parque.La posibilidad de imaginar y llevar a cabo un desarrollo urbano para nuestra ciudad, coordinando esfuerzos e intereses entre la iniciativa privada y los gobiernos de la ciudad, es un camino viable, diría incluso necesario, respetando razonablemente los niveles de inversión y recuperación para ambas partes, pensando sobre todo en el bienestar común y no solo en los intereses de la iniciativa privada. Es una realidad que para los gobiernos de la ciudad, en muchas ocasiones es difícil la operación y mantenimiento de los espacios públicos, de ahí que la participación, insisto razonable, de la iniciativa privada sea deseable. A nuestra ciudad le hacen falta todavía muchos espacios verdes, muchos lugares en donde el agua esté presente; tenemos que aprovechar los pocos territorios disponibles e incluso afrontar el hecho de tener que destruir zonas ya construidas, aumentando razonablemente su densidad construida, buscando la posibilidad para alojar nuevos espacios verdes.La meta de contar con al menos entre doce y quince metros cuadrados de espacio verde por habitante, la debemos tener presente, asumiendo que las ciudades se hacen y rehacen en el tiempo, pensando en nuevos espacios comunitarios amables y bellos, para la convivencia y el confort de quienes aquí vivimos; tratando de restituir para nuestra ciudad, en la medida de lo posible, las atrocidades ambientales que hemos realizado a lo largo del tiempo. El Parque la Mexicana es un buen paso y ejemplo en este sentido; hay que mejorar los mecanismos operativos y financieros empleados, para lograr mas lugares como este. En este sentido hay que valorar adecuadamente los terrenos que ocupará el nuevo aeropuerto de la ciudad y los que queden al trasladar allá las instalaciones existentes. Evidentemente no todo puede ser espacio publico, pero una posición razonable, equilibrada, nos daría la oportunidad de contar con mas parques como La Mexicana, con mayores áreas útiles, tratando de recuperar en la medida de lo posible nuestra condición boscosa y lacustre.

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Equipamiento urbano público, Skate Park Constituyentes

Gustavo López Padilla

La  habitabilidad de las ciudades está determinada por la calidad, cantidad, diversidad y significación de los espacios públicos con los que se cuenta. Nos referimos a sus calles, plazas, jardines y sus equipamientos. En estos lugares se desarrollan en buena medida las relaciones de encuentro, convivencia e intercambio de  experiencias de vida, que terminan por perfilar y enriquecer, la diversidad cultural y social de los habitantes de estas ciudades. Hablamos desde luego de lugares urbanos que deben contar con libre accesibilidad, democráticos, plurales, incluyentes, en donde las mezclas de diferentes generaciones y grupos sociales se incentiven sin limitaciones. En los últimos años en la ciudad de México, bajo distintas modalidades de ejecución, se ha puesto atención a la restauración, mantenimiento, mejoramiento y creación de nuevos espacios públicos de esta naturaleza. En este sentido, recientemente fue inaugurada una nueva pista para la práctica de skate, que se puede realizar con lo  comúnmente conocemos como avalanchas o también con patines con ruedas y a lo que se suman las posibilidades de manejar bicicletas, con las que se realizan algunas suertes cercanas a las acrobacias. Este nuevo equipamiento deportivo y de entretenimiento se ubica en la segunda sección del Bosque de Chapultepec, cercano al llamado Lago Menor, colindando con la Ave. Constituyentes, a la altura del número 345 de esta circulación vial, próximo también al cruce de esta avenida con el Anillo Periférico, en la Delegación Miguel Hidalgo, de la ciudad de México.El proyecto de aproximadamente 4200.00 m2 construidos, les fue encargado a los jóvenes arquitectos paisajistas de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, Bruno Jarhani Palomino y Emilio Rodríguez, quienes hicieron equipo con el escultor Eduardo Mendieta. La preexistencia paisajística del Bosque de Chapultepec le confiere al lugar una atmósfera amable y relajada,  aprovechando para el proyecto de la pista, un claro poco arbolado, organizándolo linealmente a partir de un eje predominante, paralelo  al flujo vehicular de la Ave. Constituyentes, armonizando lo construido con algunos elementos verdes que acompañan y rodean perimetralmente la nueva pista, procurando con ello ámbitos sombreados, propios para el descanso o la contemplación de las suertes que ejecutan los patinadores. El diseño de la pista implica un despliegue geométrico que incluye plataformas, cambios de niveles, escaleras diversas, superficies inclinadas, rampas onduladas y toda suerte de muretes y barandales metálicos que son naturales y necesarios para  las actividades de los patinadores, ajustándose lo anterior en buena medida a la topografía preexistente. El conjunto esta conceptualizado como una escultura dinámica o un bajorrelieve que se despliega horizontalmente, realizado en concreto, mayoritariamente terminado pulido para el eficiente rodamiento de los patines o avalanchas. La suma y variedad de estos componentes, hace que la experiencia pueda resultar desde simplemente divertida, hasta niveles altos de sudar adrenalina. Como parte del equipamiento se cuenta con un módulo, en el que se  atienden los requerimientos de los deportistas, ubicándose ahí mismo los servicios sanitarios necesarios. En breve tiempo la pista se ha convertido en un lugar concurrido, aceptado, complementando las diversas actividades deportivas, culturales y de entretenimiento que se pueden realizar en el Bosque de Chapultepec.No se cuenta con estacionamiento para automóviles en el sitio. En términos de movilidad o conectividad con la ciudad, se puede llegar a la pista solamente a través de transporte público, ya sea metro o camiones y si bien esto es eficiente, deseable se podría decir, creo que hubiera sido funcional que se contara con alguna ruta segura de bicicletas para llegar al lugar, así como un estacionamiento para éstas últimas, pensando sobre todo en la movilidad de los jóvenes o incluso del público en general. En una primera impresión el conjunto Skate Constituyentes se aprecia divertido, bien ejecutado, construido y terminado, esperando que lo anterior sea así, para resistir la fuerte demanda e impacto físico que sobre el lugar, resulta del desempeño natural de sus ocupantes y que mas adelante, su mantenimiento sea atendido con regularidad y eficiencia. Este proyecto representa, sumando algunos otros realizados por los mismos jóvenes diseñadores, en buena medida, una parte importante de la renovación de la plantilla de arquitectos paisajistas mexicanos, egresados además de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, circunstancia significativa para el desempeño del conjunto de la Arquitectura Mexicana Contemporánea.

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Teodoro González de León Lecciones

Gustavo López Padilla

                         El presente es lo que debería interesar a los arquitectos.
                               Hacemos el futuro enfrentando el presente.
                                                                                                          T.G.L. 

En el año 2016 apareció el libro Lecciones, Teodoro González de León, escritos reunidos 1966 – 2016, editado por El Colegio Nacional. En este libro aparecen textos elaborados por el arquitecto justamente a lo largo de cincuenta años, correspondiendo con el tiempo de su desarrollo y consolidación profesionales, dentro del ámbito de la arquitectura mexicana contemporánea. Si bien Teodoro no escribió libros de teoría, historia o crítica de la arquitectura realizados ex profeso, que dieran cuenta de la construcción de sus ideas arquitectónicas, urbanas, culturales o filosóficas, en este libro, a partir de setenta textos breves nos podemos adentrar en el universo de sus pensamientos, inquietudes, preocupaciones y propuestas, que tienen que ver con la vida, su vida, la ciudad y la arquitectura. Sin duda Teodoro González de león ( ciudad de México 28 de mayo de 1926 – ciudad de México 16 de septiembre del 2016 ) es uno de los arquitectos mas trascendentes, prolíficos y reconocidos tanto dentro de la escena nacional como internacional. Su actividad profesional fue muy diversa, abarcando proyectos de distintas escalas y temas, ubicados la mayoría dentro del territorio nacional, pero incluyendo otros ubicados mas allá de nuestras fronteras. Su obra construida ha sido ampliamente difundida y analizada en diversas publicaciones, destacando desde luego los trabajos y referencias sobre la misma, que hiciera el reconocido historiador y crítico William Curtis, con quién Teodoro mantenía una buena relación de amistad. Es así entonces que la publicación de sus Lecciones, escritos reunidos, vino a complementar la presencia de Teodoro, dentro del universo de la arquitectura contemporánea.

Es importante anotar de inicio, que Teodoro González de León fue miembro del Colegio Nacional, a partir del 28 de octubre del año 1989, institución que agrupa a los científicos, artistas y literatos mexicanos mas destacados desde el año de 1943. Ya entrando en materia, el libro Lecciones esta constituido por tres secciones: una primera que Teodoro denomina Espacios, en la que da cuenta de sus influencias, ideas, reflexiones y preocupaciones arquitectónicas, urbanas y culturales. Una segunda que denomina 2D de 3D, en la que muestra algunos de sus trabajos relacionados con la pintura y la especulación geométrica, que complementaron su actividad de diseño y finalmente una tercera sección que identifica como Personas, en la que comenta, de manera muy amena por cierto, algunas de sus relaciones de amistad con personajes relevantes, arquitectos nacionales, extranjeros, escritores, poetas e intelectuales, que sin duda retroalimentaron sus visiones e interpretaciones de la vida y la arquitectura. Resulta interesante que la primera sección, constituida por cuarenta y ocho textos, se inicie justamente con comentarios acerca de su encuentro y relación con lecorbusier, arquitecto destacado dentro del movimiento moderno, racionalista, con quién trabajó en París durante 18 meses a partir del año 1947, circunstancia que sin duda influyó en su pensamiento y maneras de entender el ejercicio de la arquitectura y el urbanismo. Pero mas allá de la documentación histórica, el hecho nos muestra la importancia que para un joven profesional resulta de relacionarse con un arquitecto consolidado, que tiene ideas y formas trascendentes de ejercer la arquitectura. Lo anterior se traduce en una lección que los jóvenes arquitectos mexicanos, no pueden pasar por alto, siendo absolutamente necesario que se relacionen y trabajen con un arquitecto importante. Históricamente está ampliamente documentada la importancia necesaria y fructífera, que resulta de la relación maestro alumno. En este caso desde luego, el maestro es el arquitecto con quién se trabaja. Ahí están las relaciones entre Frank Lloyd Wrigth y Louis Sullivan, Lecorbusier y August Perret o Mies Van Der Rohe con Peter Behrens a manera de notables ejemplos. Teodoro González de León logró en buena medida su lugar en la historia, como producto de su relación e influencias lecorbusianas, siendo desde luego necesario que Teodoro mostrara su propia y recia personalidad, voluntad de trascendencia, conocimientos, capacidad creativa, a lo que se suman un amplio y orgulloso sentido de pertenencia cultural, en relación con nuestro país.En esta primera sección están documentados los textos que resultaron de las invitaciones que recibiera Teodoro a participar en seminarios, congresos y conferencias, a lo que se suman otros escritos, que dan cuenta de las palabras de agradecimiento a los reconocimientos que le otorgaran distintas instituciones a lo largo de su trayectoria. En todas estas oportunidades se acercó a temas muy diversos, que tienen que ver con la propia elaboración de sus ideas de cómo enfrentar la arquitectura, como construir esta última a partir del uso del concreto con su interpretación personalísima, valoraciones acerca de la arquitectura mexicana contemporánea, reflexiones sobre la ciudad moderna,  relaciones posibles y necesarias entre la arquitectura y la política, la poesía, la ciencia, la modernidad y la tradición. Aparecen de manera reiterada y obsesiva, según mi punto de vista de manera innecesaria, comentarios sobre su participación y desconocimiento durante el proyecto de la ciudad universitaria, de la Universidad Nacional Autónoma de México, así como  su propuesta para restituir en buena medida la condición lacustre de la ciudad de México. Ocupan un lugar especial los textos que dan cuenta de algunos de sus viajes a Japón y con ello su acercamiento a su cultura y construcciones tradicionales. En este orden de cosas, mas allá de la valoración de sus palabras e ideas, está la lección no escrita, de considerar y valorar la arquitectura y las ciudades, como expresiones, resultados y relaciones que tienen con el conjunto de la cultura, así como  la importancia de viajar en la formación de la personalidad y las ideas de los arquitectos.

En la segunda sección del libro, se muestran algunas imágenes limitadas, que tienen que ver con esa otra actividad que realizó Teodoro a lo largo de su vida, relacionada con la práctica de la pintura y la escultura, que entendió como complementarias y retroalimentadoras de su actividad profesional como arquitecto diseñador. En este sentido, retoma de nueva cuenta la influencia que sin duda recibió también de Lecorbusier, quién también practicó la pintura y la escultura, como experimentos plásticos y prefiguraciones arquitectónicas y urbanas. Habría que recordar que Lecorbusier impulsó la vanguardia del purismo, variante del cubismo, relacionado este último con Pablo Picasso, Georges Braque y Juan gris. Teodoro González de León, influido por la pintura de Fernand Léger, desarrolló una intensa actividad en ese sentido, dejando como legado un buen número de pinturas, esculturas y maquetas escultórico arquitectónicas, que sin duda influyeron en su manera de entender y ejercer la arquitectura. En este sentido a la distancia, sin duda, tanto para Lecorbusier como para Teodoro, está la fascinante, vasta referencia y experiencia del multifacético gran renacentista florentino,  Leonardo da Vinci. Y aquí recogemos otra lección, en el sentido de que para ser arquitecto, un buen arquitecto, se vuelve indispensable realizar actividades complementarias, que están relacionadas con otras expresiones de la cultura, como pintura, escultura, música, literatura o teatro y pudiendo incluir desde luego al cine y sus variantes colaterales como televisión y hoy en día lo que tiene que ver con la ejecución de videos.

En la tercera y última sección del libro que ahora nos ocupa, están documentadas algunas de las relaciones de amistad y profesionales de Teodoro, con distintos e importantes personajes de la cultura nacional y extranjera, de quienes también recibió influencias y con algunos de los cuales llegó a tener  relaciones de trabajo. Se trata de veintidós personajes, algunos poetas, escultores, pintores, arquitectos nacionales y extranjeros, a los que se suman críticos de la cultura y la arquitectura. Con ellos, a lo largo de los textos respectivos, se relacionan otros personajes y se da cuenta de algunos pasajes históricos de la cultura y la arquitectura mexicanas. En estos textos se habla de cultura, de amistad y de la vida. Se documenta la historia, una manera de ser y estar en el mundo. Y aquí se puede vislumbrar otra clara lección: la necesidad vital de establecer relaciones de amistad, intelectuales y profesionales, con distintos actores de la cultura, para asimilar y enriquecer con otras visiones, las propias interpretaciones de las cosas y luego así, acto seguido, tener la capacidad de traducirlas y representarlas en términos de arquitectura y construcción de las ciudades. Nuevamente a la distancia, el propio Lecorbusier fue una referencia importante; habría tan solo que recordar que el arquitecto representante del movimiento moderno, contaba entre sus amistades a personalidades tales como Pablo Picasso o Albert Einstein. Al final del camino, con este libro de Lecciones, se completa la rica visión de la experiencia vital y profesional de Teodoro González de león, que incluye el ser  arquitecto, artista plástico y al personaje que le dedica tiempo a la reflexión  y construcción de las  ideas que le van a dar sentido a todo lo que hace.

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