Teodoro González de León Lecciones

Gustavo López Padilla

                         El presente es lo que debería interesar a los arquitectos.
                               Hacemos el futuro enfrentando el presente.
                                                                                                          T.G.L. 

En el año 2016 apareció el libro Lecciones, Teodoro González de León, escritos reunidos 1966 – 2016, editado por El Colegio Nacional. En este libro aparecen textos elaborados por el arquitecto justamente a lo largo de cincuenta años, correspondiendo con el tiempo de su desarrollo y consolidación profesionales, dentro del ámbito de la arquitectura mexicana contemporánea. Si bien Teodoro no escribió libros de teoría, historia o crítica de la arquitectura realizados ex profeso, que dieran cuenta de la construcción de sus ideas arquitectónicas, urbanas, culturales o filosóficas, en este libro, a partir de setenta textos breves nos podemos adentrar en el universo de sus pensamientos, inquietudes, preocupaciones y propuestas, que tienen que ver con la vida, su vida, la ciudad y la arquitectura. Sin duda Teodoro González de león ( ciudad de México 28 de mayo de 1926 – ciudad de México 16 de septiembre del 2016 ) es uno de los arquitectos mas trascendentes, prolíficos y reconocidos tanto dentro de la escena nacional como internacional. Su actividad profesional fue muy diversa, abarcando proyectos de distintas escalas y temas, ubicados la mayoría dentro del territorio nacional, pero incluyendo otros ubicados mas allá de nuestras fronteras. Su obra construida ha sido ampliamente difundida y analizada en diversas publicaciones, destacando desde luego los trabajos y referencias sobre la misma, que hiciera el reconocido historiador y crítico William Curtis, con quién Teodoro mantenía una buena relación de amistad. Es así entonces que la publicación de sus Lecciones, escritos reunidos, vino a complementar la presencia de Teodoro, dentro del universo de la arquitectura contemporánea.

Es importante anotar de inicio, que Teodoro González de León fue miembro del Colegio Nacional, a partir del 28 de octubre del año 1989, institución que agrupa a los científicos, artistas y literatos mexicanos mas destacados desde el año de 1943. Ya entrando en materia, el libro Lecciones esta constituido por tres secciones: una primera que Teodoro denomina Espacios, en la que da cuenta de sus influencias, ideas, reflexiones y preocupaciones arquitectónicas, urbanas y culturales. Una segunda que denomina 2D de 3D, en la que muestra algunos de sus trabajos relacionados con la pintura y la especulación geométrica, que complementaron su actividad de diseño y finalmente una tercera sección que identifica como Personas, en la que comenta, de manera muy amena por cierto, algunas de sus relaciones de amistad con personajes relevantes, arquitectos nacionales, extranjeros, escritores, poetas e intelectuales, que sin duda retroalimentaron sus visiones e interpretaciones de la vida y la arquitectura. Resulta interesante que la primera sección, constituida por cuarenta y ocho textos, se inicie justamente con comentarios acerca de su encuentro y relación con lecorbusier, arquitecto destacado dentro del movimiento moderno, racionalista, con quién trabajó en París durante 18 meses a partir del año 1947, circunstancia que sin duda influyó en su pensamiento y maneras de entender el ejercicio de la arquitectura y el urbanismo. Pero mas allá de la documentación histórica, el hecho nos muestra la importancia que para un joven profesional resulta de relacionarse con un arquitecto consolidado, que tiene ideas y formas trascendentes de ejercer la arquitectura. Lo anterior se traduce en una lección que los jóvenes arquitectos mexicanos, no pueden pasar por alto, siendo absolutamente necesario que se relacionen y trabajen con un arquitecto importante. Históricamente está ampliamente documentada la importancia necesaria y fructífera, que resulta de la relación maestro alumno. En este caso desde luego, el maestro es el arquitecto con quién se trabaja. Ahí están las relaciones entre Frank Lloyd Wrigth y Louis Sullivan, Lecorbusier y August Perret o Mies Van Der Rohe con Peter Behrens a manera de notables ejemplos. Teodoro González de León logró en buena medida su lugar en la historia, como producto de su relación e influencias lecorbusianas, siendo desde luego necesario que Teodoro mostrara su propia y recia personalidad, voluntad de trascendencia, conocimientos, capacidad creativa, a lo que se suman un amplio y orgulloso sentido de pertenencia cultural, en relación con nuestro país.En esta primera sección están documentados los textos que resultaron de las invitaciones que recibiera Teodoro a participar en seminarios, congresos y conferencias, a lo que se suman otros escritos, que dan cuenta de las palabras de agradecimiento a los reconocimientos que le otorgaran distintas instituciones a lo largo de su trayectoria. En todas estas oportunidades se acercó a temas muy diversos, que tienen que ver con la propia elaboración de sus ideas de cómo enfrentar la arquitectura, como construir esta última a partir del uso del concreto con su interpretación personalísima, valoraciones acerca de la arquitectura mexicana contemporánea, reflexiones sobre la ciudad moderna,  relaciones posibles y necesarias entre la arquitectura y la política, la poesía, la ciencia, la modernidad y la tradición. Aparecen de manera reiterada y obsesiva, según mi punto de vista de manera innecesaria, comentarios sobre su participación y desconocimiento durante el proyecto de la ciudad universitaria, de la Universidad Nacional Autónoma de México, así como  su propuesta para restituir en buena medida la condición lacustre de la ciudad de México. Ocupan un lugar especial los textos que dan cuenta de algunos de sus viajes a Japón y con ello su acercamiento a su cultura y construcciones tradicionales. En este orden de cosas, mas allá de la valoración de sus palabras e ideas, está la lección no escrita, de considerar y valorar la arquitectura y las ciudades, como expresiones, resultados y relaciones que tienen con el conjunto de la cultura, así como  la importancia de viajar en la formación de la personalidad y las ideas de los arquitectos.

En la segunda sección del libro, se muestran algunas imágenes limitadas, que tienen que ver con esa otra actividad que realizó Teodoro a lo largo de su vida, relacionada con la práctica de la pintura y la escultura, que entendió como complementarias y retroalimentadoras de su actividad profesional como arquitecto diseñador. En este sentido, retoma de nueva cuenta la influencia que sin duda recibió también de Lecorbusier, quién también practicó la pintura y la escultura, como experimentos plásticos y prefiguraciones arquitectónicas y urbanas. Habría que recordar que Lecorbusier impulsó la vanguardia del purismo, variante del cubismo, relacionado este último con Pablo Picasso, Georges Braque y Juan gris. Teodoro González de León, influido por la pintura de Fernand Léger, desarrolló una intensa actividad en ese sentido, dejando como legado un buen número de pinturas, esculturas y maquetas escultórico arquitectónicas, que sin duda influyeron en su manera de entender y ejercer la arquitectura. En este sentido a la distancia, sin duda, tanto para Lecorbusier como para Teodoro, está la fascinante, vasta referencia y experiencia del multifacético gran renacentista florentino,  Leonardo da Vinci. Y aquí recogemos otra lección, en el sentido de que para ser arquitecto, un buen arquitecto, se vuelve indispensable realizar actividades complementarias, que están relacionadas con otras expresiones de la cultura, como pintura, escultura, música, literatura o teatro y pudiendo incluir desde luego al cine y sus variantes colaterales como televisión y hoy en día lo que tiene que ver con la ejecución de videos.

En la tercera y última sección del libro que ahora nos ocupa, están documentadas algunas de las relaciones de amistad y profesionales de Teodoro, con distintos e importantes personajes de la cultura nacional y extranjera, de quienes también recibió influencias y con algunos de los cuales llegó a tener  relaciones de trabajo. Se trata de veintidós personajes, algunos poetas, escultores, pintores, arquitectos nacionales y extranjeros, a los que se suman críticos de la cultura y la arquitectura. Con ellos, a lo largo de los textos respectivos, se relacionan otros personajes y se da cuenta de algunos pasajes históricos de la cultura y la arquitectura mexicanas. En estos textos se habla de cultura, de amistad y de la vida. Se documenta la historia, una manera de ser y estar en el mundo. Y aquí se puede vislumbrar otra clara lección: la necesidad vital de establecer relaciones de amistad, intelectuales y profesionales, con distintos actores de la cultura, para asimilar y enriquecer con otras visiones, las propias interpretaciones de las cosas y luego así, acto seguido, tener la capacidad de traducirlas y representarlas en términos de arquitectura y construcción de las ciudades. Nuevamente a la distancia, el propio Lecorbusier fue una referencia importante; habría tan solo que recordar que el arquitecto representante del movimiento moderno, contaba entre sus amistades a personalidades tales como Pablo Picasso o Albert Einstein. Al final del camino, con este libro de Lecciones, se completa la rica visión de la experiencia vital y profesional de Teodoro González de león, que incluye el ser  arquitecto, artista plástico y al personaje que le dedica tiempo a la reflexión  y construcción de las  ideas que le van a dar sentido a todo lo que hace.

Anuncios
Publicado en Sobre ideas y libros | Etiquetado , , | Deja un comentario

Humberto Ricalde

Gustavo López Padilla

Conocí a Humberto Ricalde cuando iniciaba mis estudios en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, en el año de 1968, siendo él mi profesor de dibujo. Durante su clase recorrimos distintos lugares interesantes de la ciudad, mismos que debíamos dibujar a mano, a veces con lápiz, otras mas con acuarela y al mismo tiempo comentamos sobre la importancia, significación y características arquitectónicas y urbanas de esos lugares. Recuerdo haber dibujado en Ave. de los Insurgentes y el Anillo Periférico, la escultura denominada Reloj Solar, obra del escultor polaco Grzegorz Kowalski, que forma parte de la llamada Ruta de la Amistad, que se instalara con motivo de la visión cultural de los Juegos Olímpicos, celebrados en nuestro país en el año 1968. Visitamos y dibujamos también la Parroquia de San Jacinto, obra dominica del siglo XVI, ubicada en San Ángel, al sur de la ciudad de México. Desde los años de la preparatoria, yo había comenzado a trabajar como dibujante en algunos despachos y recuerdo que ya en la universidad, siendo Humberto mi profesor me quedé sin trabajo y le comenté si había alguna posibilidad de trabajar con él. Unos días después me informó que había una oportunidad de entrar a trabajar en el despacho del arquitecto Augusto H. Álvarez, con quien él trabajaba por esos tiempos. A partir de esa oportunidad de trabajo se empezó a tejer una relación de amistad,  misma que duró cuarenta y cinco años.

Trabajando juntos íbamos con frecuencia a comer, platicábamos de arquitectura, de la vida y desde luego nos tocó compartir en ese tiempo, varias manifestaciones que formaron parte del movimiento del 68. Recuerdo la estremecedora manifestación del silencio y cuando, en otro día, estando sentados en  la plancha del Zócalo, frente a Palacio Nacional en su costado izquierdo, escuchamos las arengas de los dirigentes del movimiento estudiantil, estos últimos encaramados en un camión que habían hecho llegar hasta ese lugar. De ese tiempo tengo presente también que me regaló algunos libros: Rayuela de Julio Cortázar, de Editorial Sudamericana, Buenos aires,  1967, el Fenómeno humano de Teilhard de Chardin, de Taurus ediciones, Madrid, 1967 y un poco mas tarde, El concepto del espacio arquitectónico desde el Barroco a nuestros días, de Giulio Carlo Argan, ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1977, mismos que me impactaron en su momento, libros que conservo hasta la fecha con afecto y que he vuelto a releer.  Poco tiempo después Humberto se fue a Praga en Checoslovaquia y allá continuó viviendo los sucesos mundiales, sociales y políticos, consecuencia del 68, además de estudiar una maestría en diseño arquitectónico, en la escuela de Artes y oficios de aquella ciudad. Estuvo también en Italia y en Finlandia. Mientras él estuvo allá, mantuvimos una constante comunicación a través de cartas. Sus cartas que recibía con entusiasmo, se convirtieron muy pronto en un motivo de preocupación para mí. Eran las más de las veces disertaciones largas y profundas sobre la vida y la arquitectura. Me costaba trabajo contestarlas. En ocasiones tenía que buscar información y leer algunos libros o revistas para poder contestar esas cartas. Pero al final del camino, debo reconocer que esto formó parte del impulso directo o indirecto de Humberto, con lo que me acerqué a los libros de manera mas constante, consciente y ordenada y lo cual desde luego siempre he agradecido.

Unos años después Humberto regresó de Europa, casado con la arquitecta italiana Giovanna Rechia y continuó nuestra amistad, incluyendo ahora a Giovanna y a Maricarmen mi mujer. Nos veíamos con frecuencia a comer o cenar, ya sea en su casa o en la nuestra y a veces con otros amigos.  El recuerdo de aquellas reuniones es verdaderamente entrañable; ricas en conversaciones y por supuesto con muy buena comida. Tanto Humberto como Giovanna cocinaban de maravilla. A veces comida yucateca, otras comida italiana. En el año de 1974, yo ya formando parte de Sánchez Arquitectos y Asociados, lo invitamos  junto con el arquitecto Héctor Meza, quién también había sido colaborador del Arquitecto Augusto H. Álvarez, a que formaran parte del equipo que diseñamos el conjunto habitacional, que terminó llamándose Integración Latinoamericana, para el Fovisste, ubicado al sur de la ciudad de México, que inaugurara Luis Echeverría como una de sus últimas obras sexenales en el año de 1976.

Poco mas tarde en 1980, la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes, que dirigían en ese entonces los arquitectos Juan Urquiaga y Víctor Jiménez, decidieron realizar una serie de libros revistas, que dieran cuenta de la arquitectura mexicana a partir del inicio del siglo XX, hasta justamente los años ochenta. Se invitó a un nutrido grupo de arquitectos y a Humberto Ricalde y a mí, en equipo, nos encargaron realizar un ensayo que revisara y valorara la arquitectura en el período comprendido entre 1960 y 1980. Ese período en la amistad entre Humberto y yo fue muy rico e intenso. Nos reuníamos con regularidad por las noches en mi casa a discutir, planear, organizar y redactar, los textos que nos habían encomendado. Maricarmen mi esposa, nos preparaba de cenar y en ocasiones, terminábamos platicando los tres entrada la noche, de cultura, de la vida y sus asegunes. En el año de 1982 aparecieron los dos volúmenes de los Apuntes para la historia y crítica de la Arquitectura Mexicana del siglo XX. Nuestros textos, de Humberto y míos, unitariamente aparecen en el volumen número 2. Humberto siempre fue un lector constante, un viajero frecuente y un crítico inteligente, certero y en muchas ocasiones  cáustico. Hablaba varios idiomas y sus viajes a muchos lugares en el mundo eran intensos, como casi todo lo que hacía en la vida. Caminar diez o doce horas diarias, luego visitar bares y dormir pocas horas, así durante días y días. El comentaba que no se iba a lugares distantes a dormir, eso ya se haría después, lo importante era aprovechar la oportunidad para conocer, aprender y la mejor manera de lograrlo era realizar intensas caminatas, con los ojos y los sentidos atentos. De ahí aprendí que la mejor escuela de arquitectura que existe en el mundo, es precisamente la calle. Aprender como lo hizo el mismísimo Lecorbusier. En este orden de cosas recuerdo haber hecho un viaje con el y los integrantes de quienes formábamos el despacho Sánchez Arquitectos y Asociados a Nueva York, luego entonces comenzábamos muy temprano por las mañanas, a las seis o seis y media y a caminar, con un plan preestablecido, así hasta la madrugada, viviendo y admirando a lo largo del día, la ciudad, sus calles, plazas, edificios, museos, jardines, restaurantes y bares. Ocho días agotadores y resultando al final de cuentas una gran lección formativa como arquitectos. Así fueron siempre sus viajes, quienes tuvieron la oportunidad de realizarlos junto con él, sin duda disponen de un innumerable conjunto de anécdotas y vivencias.

La personalidad de Humberto, como la de casi todos los personajes brillantes, inteligentes y cultos, era compleja y cambiante, de acuerdo a muchas circunstancias;   podía ser muy amable, conversador y de pronto a veces ácido e incluso hiriente. Por ahí de 1987 tuvimos una discusión que no terminó en buenos términos y llegamos a distanciarnos por un tiempo, aunque nos seguíamos tratando y viendo con frecuencia en eventos distintos y en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, específicamente en el Taller Max Cetto, lugar donde dábamos clase casi todos los días. He reconocido con frecuencia y en varios foros, mi deuda intelectual con Humberto. El fue un importante maestro en mi vida. Le he dedicado algunos textos que he realizado en mi camino como interesado en reflexionar sobre las ciudades y la arquitectura y recuerdo en particular que en el año 2010, lo invité a la presentación de mi primer libro, llamado Arquitectura Mexicana Contemporánea, Critica y Reflexiones y sus comentarios fueron muy generosos, lo cual le agradecí en su momento y lo sigo recordando con afecto. Humberto fue maestro de diseño y teoría de la arquitectura de muchas generaciones, poco mas de cuarenta años de docente en distintas universidades e impartió una buena cantidad de pláticas y conferencias. Escucharlo era un gran aprendizaje y un deleite, porque sabía relacionar la arquitectura, con la cultura en general y con la vida. Recuerdo entre muchas,  dos platicas que realizó en los llamados ¨viernes de la cubita, en Sánchez Arquitectos y Asociados¨, ambas excelentes, una sobre la obra y el pensamiento de Alvar Aalto, a quién conocía muy bien  y otra no menos interesante sobre las casas Milá y Batlló de Antoni Gaudí, habiendo él regresado de un viaje a Barcelona, en el que tuvo la oportunidad de visitarlas.

Izquierda: Integración Lationamericana, Derecha: Edificio Oficinas Prado Sur

En relación a su obra proyectual y constructiva, vale la pena decir que sorprendentemente siendo un arquitecto con una gran formación intelectual y reconocidas habilidades proyectuales, casi no existen obras de su propia autoría. Hasta donde tengo información, realizó algunas pequeñas obras de carácter familiar, que poco se conocen. Básicamente trabajó haciendo equipo con otros, entre los que vale la pena destacar desde luego sus valiosas colaboraciones con Augusto H. Álvarez, Sánchez Arquitectos y Asociados, Alberto Kalach y Moisés Becker. Recuerdo entre estas colaboraciones, particularmente con Becker, el diseño del edificio de oficinas, del año 2000, ubicado en la calle Prado Sur, cerca de la intersección del Paseo de la Reforma y el Periférico. No dejó tampoco una abundante obra escrita. Algunos lo incitábamos a que escribiera libros, diciéndole que tenía mucho que aportar a la historia y crítica de la arquitectura y la cultura; el contestaba socráticamente, que lo más importante de su pensamiento caminaba en las personas de sus alumnos y de sus amigos.

Entre lo poco de su pensamiento documentado destacan: Arquitectura en México 1960-1980, escrita conmigo y que forma parte de los Apuntes para la historia y crítica de la Arquitectura Mexicana del siglo XX, vol. 2, edición de la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes, 1982,  a lo que se suman escritos diversos y responsabilidad de la edición de un suplemento llamado Traza, formando parte del periódico unomasuno, del cual aparecieron ocho números entre marzo-abril de 1983 y julio-agosto de 1984. En ese mismo año 1984, realizó un ensayo en colaboración con Félix Sánchez, con motivo  del Premio Nacional de Arquitectura 1983, otorgado al arquitecto Augusto H. Álvarez, texto denominado Arquitectura Mexicana siglo XX, editado por la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México, A.C. En el año 1994, apareció el libro La Arquitectura Mexicana del siglo XX, coordinada y prologada por el arquitecto Fernando González Gortázar, edición del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en el que apareció una colaboración de Humberto, relacionada con la valoración de la obra del arquitecto yucateco Manuel Amábilis. En el año 2005 apareció el libro Max Cetto vida y obra, editado por la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Mas adelante en el año 2006, fungió como Asesor en Arquitectura y escribió el prólogo de un libro llamado Entre el concreto y el cielo, editado por Cementos Cruz Azul.  En el año 2013, apareció el libro Lo mejor de lo mejor, arquitecturas mexicanas 2001-2010, edición del año 2012 de editorial Arquine, en el cual a partir de la selección de 50 obras, Humberto Ricalde reflexiona sobre los valores y logros de la arquitectura mexicana, a lo largo de ese período. Finalmente en el año 2016, apareció el libro Luís Barragán 1990 Historia de un debate, edición de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, que recoge la ponencias que se realizaron con motivo de una reunión que se efectuó en el año 1990, coordinada por el arquitecto Enrique X de Anda, con la idea de valorar la obra del arquitecto jaliciense y en la que Humberto participó con el tema: Entre la morada y el pensamiento (Una reflexión sobre Luis Barragán). Sin duda será importante realizar una labor más exhaustiva y detallada de investigación, para documentar el conjunto total de los textos que Humberto realizo a lo largo de su vida, dejando con ello constancia de sus conocimientos, inquietudes y su pensamiento.

Seguramente existen entre sus amigos distintas versiones, interpretaciones, vivencias y anécdotas en relación con la intensa vida del maestro Ricalde, que a lo mejor mas adelante podremos conocer. El presente texto es una breve versión de mi relación profesional y de amistad  con él. Humberto Ricalde nació en la ciudad de Mérida, en el estado de Yucatán, en el año 1942, se graduó de arquitecto en la Facultad de Arquitectura de la UNAM y murió en la ciudad de México en el año 2013.

Publicado en Sobre ideas y libros | Etiquetado , , | 2 comentarios

Casa Elisa

Gustavo López Padilla 

Diseñar una casa habitación es para los arquitectos una oportunidad relativamente frecuente, fascinante y presenta ciertas dificultades al enfrentarlo, dado el hecho de la vasta y variada experiencia que se ha desarrollado sobre el tema, lo que significa que descubrir nuevas posibilidades compositivas, espaciales y formales se vuelve un reto interesante. A lo anterior se puede sumar la dificultad, si la propuesta en cuestión es para ser vivida por el propio arquitecto diseñador, como es ahora el caso, ya que entonces por su propia naturaleza, el diseño se vuelve mas representativo de las ideas y búsquedas del autor y establecer los límites de experimentación puede ser también complicado. En este orden de cosas, recientemente ha comenzado a ser vivida la llamada Casa Elisa, diseñada por el arquitecto Matías  Martínez, ubicada precisamente en la calle Elisa, número 204, en la colonia Nativitas, en la ciudad de México. El arquitecto Martínez es egresado en el año 2008, del Taller Max Cetto, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM

El proyecto de la Casa Elisa se desplantó, ocupando el frente de un lote que previamente cuenta con una vivienda unifamiliar que opera regularmente. Un patio arbolado media entre la vivienda preexistente, al fondo del terreno y la nueva edificación. En términos urbanos, el reciente proyecto se inserta con naturalidad, con discreción y serenidad, en el tejido y atmósfera vivencial del barrio, respetando el alineamiento  y la altura dominante de las construcciones en la calle donde se ubica. Podemos entender entonces, que esta pequeña obra hace ciudad. En términos compositivos y formales, la propuesta de diseño forma parte de la postura racionalista, expresándose con formas geométricas simples y regulares, mostrando con claridad el comportamiento y presencia de sus componentes constructivos, dejando ver un gusto particular por las soluciones de detalle, que tienen que ver con los despieces precisos de materiales, tanto en pisos como en muros y techos, lo que se refiere a cambios de materiales, con sus particulares colores y texturas y lo que tiene que ver con las soluciones de las necesarias conexiones estructurales. El repertorio de materiales que se experimentan en esta obra son: barro, elementos metálicos, madera y cristal, mostrándose básicamente en su condición aparente.La casa cuenta con tres niveles, la planta baja destinada al acceso peatonal principal y estacionamiento para la propia Casa Elisa. El estacionamiento de la casa preexistente se soluciona en el patio intermedio ya mencionado y cuenta con su acceso independiente. En un primer nivel de ubican las zonas públicas como estancia, comedor, cocina y baño de servicio. En un segundo nivel se ubican las zonas privadas de las recámaras, dos para ser precisos, con su baño correspondiente. La azotea se planteó como una terraza descubierta, propicia para ser utilizada como lugar de reunión, que permite mirar hacia la calle, al entorno circundante y donde se ubican de manera controlada además, los servicios generales necesarios. La escalera, como articulación vertical de la casa, se ubica en la parte posterior del volumen dominante, mirando a través de un gran ventanal hacia el patio central arbolado.El orden compositivo y formal de los componentes de programa, esta rigurosamente ordenado por un sistema modular que se deja ver con claridad, en los ritmos de los manguetes de las dos fachadas transparentes, la principal y la posterior y en la posición de los componentes estructurales, metálicos de los entrepisos. En las áreas públicas y la zona de escaleras, los espacios fluyen libremente y en continuidad, permitiendo además una relación directa, por un lado con la calle, arbolada, y por el otro con el patio  central, también arbolado; este último espacio  articula y estructura el conjunto de las dos casas. Las zonas privadas de dormir, se compartimentan procurando su privacidad necesaria. Los grandes ventanales de las fachadas facilitan aprovechar la captación de luz natural y permiten a la vez una ventilación natural cruzada.. La luz mencionada dramatiza texturas, colores, ritmos, claroscuros y despieces de los materiales empleados. Los terminados de madera y barro, con sus texturas y color proporcionan a los espacios de la casa, calidez ambiental, contrastando con los elementos metálicos de la estructura, incluyendo los entrepisos de lámina galvanizada aparentes. Se acentúan las calidades ambientales del lugar, con el tratamiento de la luz indirecta artificial. Vale la pena anotar, que en la intensión de buscar una calidad formal sencilla y fina, las escaleras de la casa no cuentan con barandales y las zonas privadas de dormir, no son totalmente aisladas en cuanto a ruido, lo que puede traer como consecuencia algunas dificultades operativas a futuro, pensando en la vida cotidiana de una familia.

Al final del camino nos encontramos con un proyecto de casa habitación que no busca alardes compositivos, protagonismos  formales o constructivos, sino que al contrario, su gran mérito es buscar sencillez, eficiencia, racionalidad, sensatez, serenidad, armonía urbana, cercana a los criterios de lo que identificamos como minimalismo, variante racionalista, siendo congruente en continuidad conceptual con algunas otras obras del mismo arquitecto, como lo es el proyecto, desde luego en otro orden de cosas, como la estación del metrobús del Centro Cultural Universitario, ubicado en la Ave. de los Insurgentes sur, obra que realizara en el año 2011, en conjunto con los arquitectos Honorato Carrasco y Víctor Ramírez. Vale la pena anotar, que el mismo Matías Martínez, es autor también del proyecto paisajístico, de la reciente obra vial que se ubica en la intersección de la Ave. de los Insurgentes y Río Mixcoac.

Fotografías

De la calle y terraza superior Gustavo López

Casa e interiores Hugo González.

Publicado en Arquitectura Mexicana | Etiquetado , | Deja un comentario

Aprendiendo como lo hacía Lecorbusier

Gustavo Lopez Padilla

Sin duda una de las experiencias mas gratificantes, es la oportunidad de compartir a través de la enseñanza, lo que se ha ido aprendiendo a lo largo del tiempo. Desde muy joven tuve interés por la enseñanza y por la participación además, en grupos interdisciplinarios, como una posibilidad de aprender e intercambiar puntos de vista en relación con la vida y la cultura. Siendo estudiante de los últimos semestres en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, participando en el movimiento del Autogobierno, en el año de 1973 tuve la oportunidad de comenzar a enseñar a mis propios compañeros de los semestres inferiores, ante la falta de maestros que pudieran ocupar las vacantes, que el propio movimiento del Autogobierno demandaba. De esos años a la fecha he impartido clases, ininterrumpidamente todos los días de la semana, primero en lo que se identificaba como el Taller Cinco del Autogobierno, mismo que se convertiría años mas tarde en el Taller Max Cetto, que conserva todavía muchos de los ideales que se consolidaron con el Autogobierno, siendo fundamental entender que la práctica de la arquitectura es antes que nada un servicio y un compromiso social, en el sentido mas amplio de los términos.

Una condición esencial que ha calificado mi experiencia en la enseñanza, ha sido la fantástica oportunidad, que resulta de asistir casi todos los días del año a las espléndidas instalaciones de la Facultad de Arquitectura y al propio conjunto de la UNAM, Patrimonio Nacional y de la Humanidad, lo que sin duda mi espíritu agradece constantemente. Disfrutar y admirar el Campus, sus edificios, sus espléndidos jardines y los magníficos murales, obras de algunos de los mas importantes pintores de la plástica mexicana, Siqueiros, Rivera, O´Gorman, Eppens, Chávez Morado, enriquecen la experiencia cotidiana. Lo anterior confirma la idea, de que la calidad de los espacios que uno habita cotidianamente, generan conductas, positivas o negativas y propician las condiciones para alentar o no un mejor aprendizaje. Desde luego que las instalaciones del conjunto de Ciudad Universitaria, son propiciatorias para que aflore lo mejor, espiritual e intelectualmente hablando, por parte de sus ocupantes y visitantes. Estas mismas instalaciones, con todo lo bueno y discutible que puedan mostrar y contener, como obras arquitectónicas y urbanas, se vuelven en sí mismas, al recorrerlas, en una constante lección aprendizaje.

Desde un inicio, como consecuencia de mis intereses personales y la disponibilidad de mis horarios, me dediqué básicamente a impartir clases de teoría de la arquitectura, historia y diseño urbano, este último también desde el lado de la teoría. Es importante reconocer que a lo largo de mi actividad docente, he tenido influencias, deudas de formación, información y modalidades de enseñanza, con algunos personajes entrañables de la propia Facultad de Arquitectura, como con mis maestros todos: José Luís Benlliure (1928-1994), Humberto Ricalde (1942-2013), Jesús Barba (1935-2009) y Carlos González Lobo (1939), entre los más significativos. En los últimos años ha sido importante también en mis cursos, la influencia de la obra histórica y teórica del arquitecto español, Josep María Montaner, considerando la variedad y profundidad de su vasta obra escrita y publicada. Así las cosas, los modus operandi de mis clases han ido variando a lo largo de los años, y van desde visitas directas a las obras, exposiciones de las mismas a través de transparencias, hasta la modalidad actual que se estructura a partir de dibujar, leer, pensar y discutir un conjunto de obras, de acuerdo a un programa previamente establecido, compartiendo y discutiendo con mis alumnos, lo que en conjunto sabemos de los temas, teorías, autores y proyectos, que forman parte de nuestros programas actuales.

Dos grandes vertientes de la historia y teoría de la arquitectura me han interesado y conforman fundamentalmente mis cursos. Por una lado los orígenes, desarrollo, consolidación y expresiones actuales del movimiento moderno de la arquitectura y por otro lado, como lo anterior se ha expresado y experimentado en México, a partir de los años veinte del siglo pasado, hasta nuestros días. Y es así que tomando en cuenta este marco general, mis alumnos, de acuerdo a un programa previamente establecido de autores, obras y tendencias arquitectónicas, tienen que dibujar para cada clase, tres obras, representándolas cada una, en tres planos tamaño doble carta, mostrando plantas, cortes y apuntes perspectivos. Para cada sesión, deben dibujar necesariamente nueve planos, realizados obligatoriamente a mano, con la técnica que mas les guste, calcando los dibujos de copias tamaño doble carta, que previamente deben conseguir. En paralelo deben leer, en libros de historia y teoría previamente acordados o en otros más, si son de su interés, sobre la formación de cada autor o arquitecto, la tendencia o tendencias de la arquitectura a las que pertenecen, reconociendo cuales son las características y valores de estas mismas tendencias. A la hora de dibujar a mano las obras, deben imaginarse dentro de las mismas, recorriéndolas, identificando su relación con el tejido de la ciudad donde se ubican, reconociendo ordenes compositivos y estructurales, manejos de materiales e imaginando las calidades resultantes de los espacios: escala, proporción, ritmos, simetrías, contrastes, juegos de claroscuros y manejo del color.

En cada sesión se seleccionan los mejores dibujos que se hayan realizado en el grupo, mismos que se fijan al frente, en el pizarrón del salón y se comienza así una discusión colectiva, pudiendo comparar obras, de las que se discuten en cada sesión, pero comparándolas además con las que previamente en sesiones anteriores se hayan discutido y que puedan formar parte de tendencias arquitectónicas semejantes o distintas. El haber dibujado a mano las obras, les permite tener un acercamiento y conocimiento de las mismas, lo que les permite además poder memorizar y pensar sus contenidos y ordenes compositivos, de tal manera que a la hora de proyectar, en sus clases de taller de proyectos, pueden decidir si plantean sus diseños, siguiendo o no las experiencias previas de los maestros o plantear posturas totalmente distintas. Para proyectar parten del conocimiento razonado de las obras previas y no de la nada o la inspiración solamente. Así es como se vincula la clase de teoría con los talleres de diseño. Se trata al final de cuentas de dibujar, leer sobre las obras y sus autores, sobre todo pensar las mismas, discutirlas colectiva y comparativamente. Realizamos algo semejante a como aprendió arquitectura en buena medida Lecorbusier, el gran maestro del movimiento moderno, que si bien no fue a una escuela de arquitectura, aprendió dibujando proyectos que fueron de su interés, meditándolos y comparándolos. Vale la pena reconocer, que si bien la manera anterior de acercarse al conocimiento de la arquitectura tiene sus virtudes, es absolutamente necesario complementar lo anterior, con recorridos personales a las obras y a los contextos urbanos donde se ubican. Algo que también hizo el propio Lecorbusier. No hay duda, la calle es la mejor escuela de arquitectura.

En términos generales los cursos anteriormente descritos han tenido aceptación y buenos resultados entre los alumnos de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, aunque es importante reconocer también que ha habido estudiantes a los que no les han parecido interesantes e importantes los contenidos y técnicas de cómo imparto estas clases. Han habido críticas furibundas contra mis cursos y otros más han reconocido que han contribuido a su formación profesional. Respeto y considero las críticas y reconozco también las valiosas aportaciones de una buena cantidad de alumnos que han participado con entusiasmo en estos cursos y de los cuales he tenido la oportunidad constante de aprender. Quiero expresar mi agradecimiento permanente a la Facultad de Arquitectura de la UNAM y al Taller Max Cetto, por esta oportunidad invaluable de convivir cotidianamente e intercambiar experiencias arquitectónicas, urbanas y de vida, con los jóvenes estudiantes de arquitectura.

Publicado en Sobre ideas y libros | Etiquetado | Deja un comentario

Lecciones urbanas, arquitectónicas y sociales de los sismos del 7 y 19 de septiembre del 2017.

Gustavo Lopez Padilla

En los pasados 7 y 19 de septiembre, sacudieron sendos sismos los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Morelos, Puebla, el Estado de México y la Ciudad de México, impactando brutalmente su vida social, económica, política y urbana. Las repercusiones de esos sismos no se acaban de evaluar todavía cabalmente y la recuperación producto del impacto de los mismos ocupara tiempo, muchos recursos e implicará decisiones sociales, políticas, económicas, urbanas, arquitectónicas y tecnológicas, que habrá que plantear de manera racional, eficiente y serena, para que las acciones emprendidas resuelvan de la mejor manera posible, los problemas inmediatos y los de largo plazo, tratando que en el futuro, dado lo inevitable de nuevos sismos u otras catástrofes naturales, las podamos enfrentar en mejores condiciones y con muchos menores daños materiales y sobre todo de vidas humanas. Se trata de aprender las lecciones urbanas, arquitectónicas y sociales que estos sismos nos dejan y a partir de ellas replantear las visiones de nuestras ciudades en el futuro.

Es una realidad que mayoritariamente en nuestro país, vivimos en ciudades y que muchas de ellas están expuestas a catástrofes naturales y muy particularmente algunas a embates sísmicos. Es un hecho también que seguiremos viviendo en estas ciudades y que su población aumentará, de ser posible dentro de rangos que debiéramos poder controlar lógicamente. Los sismos han estado presentes siempre en nuestras ciudades y siempre acompañarán nuestras vidas urbanas. Luego entonces debemos entender y valorar como se han desarrollado nuestras ciudades, como las han impactado los sismos y aprender de nuestras dolorosas experiencias, para enfrentar, vislumbrar y plantear que es lo que deseamos y esperamos para el futuro de las mismas. Existe toda una experiencia acumulada a lo largo del tiempo, en donde hemos estudiado las repercusiones de muchos sismos, sobre todo pensando en lo acontecido a lo largo de los siglos XX y XXI, en los cuales el desarrollo de nuestras ciudades ha sido mas importante, extenso y significativo. Hablamos de sismos como los de 1957 y 1985, por recordar los previos más importantes y que han tenido mayores repercusiones en el conjunto de la vida en nuestras ciudades y ahora se suman los recientes del 2017. Hoy en día tenemos identificadas las calidades del suelo donde se desplantan nuestras ciudades y los posibles efectos sísmicos, que resultan si construimos sobre ellos de una determinada manera. Se dice por los expertos en la materia, que el sismo del 19 de septiembre del 2017, posee algunas características distintas a todos los sismos previos y luego entonces será necesario que los dedicados a la geología, mecánica de suelos y estructuras, lo puedan evaluar lo más certeramente posible e incorporar estos conocimientos a nuestras futuras experiencias en términos de desarrollo urbano y técnicas constructivas. Hay que identificar con mayor claridad todavía, las zonas mas vulnerables de nuestras ciudades, las de mayores recurrencias en cuanto a posibles daños, los distintos comportamientos de los diferentes tipos de suelos, para poder actuar constructivamente en consecuencia. Requerimos valorar serena, racional y científicamente todo lo dañado con estos nuevos sismos, para saber donde y con que características podemos construir y cuales zonas deberíamos evitar o limitar y orientar claramente que es lo que se puede edificar.

Necesitamos plantear como deberían de ser en el futuro nuestras ciudades, las que han sido afectadas por los sismos de septiembre, entendiendo las características particulares de cada una de ellas, valorando sus distintos patrimonios, históricos y recientes, económicos, sociales, culturales y construidos. Cada ciudad e inclusive cada zona, dentro de una misma ciudad, requiere de planteamientos particulares. Las densidades a construir y sus consecuentes alturas, ordenes espaciales, sistemas constructivos y materiales a emplear, deben responder a las condiciones y requerimientos de cada localidad. No es posible generalizar modelos urbanos y arquitectónicos, porque somos la suma de circunstancias y condiciones geográficas, sociales, económicas, culturales y tecnológicas diversas. Ahora bien, en el caso particular de la ciudad de México, es un hecho que tendremos que seguir construyendo verticalmente, ya no es posible ni recomendable crecer horizontalmente, luego entonces tenemos que valorar donde crecer y como, para que exista un desarrollo urbano razonable, económicamente viable, ordenado, seguro, con calidad habitable, aprovechando los recursos y condiciones disponibles y tratando de evitar los daños que un fenómeno sísmico puede traer consigo. Necesitamos entonces volver a pensar las mezclas de usos del suelo, sus densidades construidas, la disponibilidad, cantidad y calidad de espacios públicos que se necesitan como lugares de convivencia y esparcimiento, pero que además son necesarios como lugares de reunión seguros en caso de sismos y lo que tiene que ver con las infraestructuras, para preveer su adecuado funcionamiento y que sucede en casos de emergencia, como lo que ahora vivimos en relación a la disponibilidad de agua potable en importantes áreas de nuestra ciudad y resolver urbanísticamente zonas que tienen mala o limitada accesibilidad y transporte público, donde se crean problemas cotidianos y mayores en caso de contingencias. Después de estos eventos que hemos vivido, nuestras ciudades no serán, ni deben ser las mismas, pero hay que pensar y valorar, cómo las imaginamos a futuro, que es lo verdaderamente inevitable que habrá que destruir por riesgos estructurales y en otro sentido que se debe rescatar, como hacerlo, hasta que punto, aprovechando dentro de la medida de lo posible lo construido preexistente, sus materiales disponibles y saber que hacer nuevo, donde y como, respetando culturas, formas de vida, tradiciones sociales, urbanas y arquitectónicas, que responden en muchos casos a experiencias milenarias invaluables. Hay que reconocer con claridad que no hay recetas ni manuales generales para realizar lo anterior, se deben poner en practica el sentido común, la ciencia constructiva, la sensibilidad y creatividad de los actores de la reconstrucción de nuestras ciudades, valorando cuestiones sociales, económicas culturales, climáticas y patrimoniales. En paralelo a la reconstrucción de ciudades y pueblos, se deben impulsar de nueva cuenta las fuentes de trabajo naturales a cada localidad, pensando en un nuevo desarrollo integral de las comunidades.

En términos arquitectónicos es indispensable evaluar racionalmente que se destruyó y porqué sucedió, que está dañado ahora con los sismos y que estaba dañado previamente, identificando las edificaciones de muchos años de antigüedad y las nuevas, haciéndolo lo más científicamente posible, siendo necesario acercarse a planos, documentos, memorias constructivas o modelos que objetiven cada caso, entendiendo ordenes espaciales, planteamientos estructurales, sistemas constructivos y distintos usos de materiales, para estar seguros de lo que se debe hacer en el presente inmediato y en el futuro, pensando sobre todo en la seguridad y economía de las personas. Estos trabajos los deben hacer preferentemente conocedores profesionales en el tema. El que destruir y que dejar en pié para ser restaurado es algo delicado y con muchas implicaciones, que tienen que ver con valores patrimoniales, la economía de las ciudades y las personas, riesgos estructurales y la seguridad de quienes viven y transitan por los lugares en conflicto. Las decisiones de que hacer deben ser científicas, certeras, lógicas, razonables y en los tiempos que marquen la circunstancia y gravedad de cada caso. Hay que valorar los tipos y alturas de edificaciones, en particular aquellos que van entre dos y hasta siete u ocho pisos, pero sin descartar como modelos las alturas mayores, que en este caso casi no sufrieron importantes afectaciones. No podemos volver a dejar edificaciones sin valorar e intervenir de la manera que sea necesaria, para no lamentar nuevamente en el futuro, tragedias previsibles. Lo anterior implicará enormes esfuerzos de los usuarios directos de los inmuebles afectados, de la sociedad en general e incluyendo los distintos ordenes de gobierno, para lo cual habrá que implementar los mecanismos financieros necesarios mas eficientes.

Requerimos valorar el conjunto de las obras, las construidas con adobe, con barro, cemento o acero, estas últimas por cierto, poco afectadas en estos sismos. Las de muros de carga, las estructuradas con base en columnas, trabes y losas y también las mixtas, que son muy usuales en la ciudad de México. Los edificios de entre cuatro y siete niveles, muchos de las cuales tienen estructuras mixtas y que fueron dañados mayoritariamente en esta ocasión, que son necesarios para lograr una deseable densidad media de construcción, se seguirán levantando en la ciudad de México y en otras ciudades con carácter urbano al interior del país y siendo así debemos poner mayor atención en ellos, mejorar sus esquemas de uso y aprovechamiento del espacio, comportamientos estructurales, materiales y sistemas constructivos a emplear, porque, insistiendo, es casi inevitable que no se usen este tipo de edificaciones. Hay que volverlas mas seguras, eficientes y rentables. En otro sentido lo mismo sucede con el adobe en los pueblos y ciudades que tienen esta tradición. Hay que seguir construyendo con adobe, mejorando sus calidades, resistencias, combinaciones con otros materiales, comportamientos estructurales y seguridades sísmicas. Hay que construir con adobe, pero también con madera o con bambú, sin descartar para casos especiales y puntuales, otros materiales y sistemas constructivos, que puedan responder armónica y arquitectónicamente a la riqueza contextual y patrimonial de cada lugar. Los modelos espaciales urbanos y arquitectónicos de los pueblos, deben ser mayoritariamente los que tradicionalmente se han experimentado por mucho tiempo en cada localidad y que han demostrado ser eficientes. Estos modelos pueden ser mejorados, pero fundamentalmente deben ser respetados. La importación indiscriminada de modelos ajenos, traería muchos problemas y daños culturales, patrimoniales, de costumbres e incluso incongruencias de pertinencias climáticas y vivenciales, estas ultimas consideraciones muy importantes. Pero igual en este tema, vale la pena decir, que no existen necesariamente recetas universales y absolutas, se requiere criterio, sensibilidad y sentido común.

En términos sociales, las respuestas de solidaridad y ayuda a los damnificados, aunque desiguales, dependiendo de cada localidad afectada, fueron ejemplares. La presencia del estado mexicano y las fuerzas armadas, ya sean el ejército, la marina o la policía, también fue mucho mejor y mas pronta que en el sismo del 85. Se ha identificado con claridad el valor y presencia de los jóvenes en esta solidaridad, implicando a todos los grupos sociales. Esto nos muestra que la sociedad y los jóvenes necesitan causas nobles y pueden organizarse para conseguir resultados. Se ha hablado mucho de no desperdiciar y valorar este enorme potencial de que dispone el país, pensando en su desarrollo futuro. Fue muy importante y destacado el papel que ejercieron las universidades y colegios de ingenieros y arquitectos, mediante brigadas de maestros y jóvenes estudiantes, orientando a la población afectada, sobre el estado y seguridad de sus edificaciones. Sin que haya pasado la emergencia, los tiempos por correr tendrán una dinámica distinta. Se trata ahora de evaluar lo sucedido y pensar los mejores caminos a emprender en el presente y el futuro. Tendrán que participar muchos otros actores, pensando en que queremos para México, desde los puntos de vista político, social, económico, conrá necesario que los dedicados a laa,aectura.defuturo de como s como Mnos de futuro. Tendrmucho de no desperdiciar y valora este visiones de futuro de cómo queremos nuestras ciudades y su arquitectura. Habrá que reforzar además las políticas de prevención, que deben implicar nuevamente simulacros de como afrontar las contingencias, pero que deben incluir valoraciones periódicas de las estructuras de los edificios, entendidos estos últimos como entes construidos que envejecen y se fatigan después de los embates de cada sismo. Valoraciones que deben ser realizadas por expertos calificados, sumando a lo anterior, el contar con seguros distintos para las edificaciones, de responsabilidad civil y de daños, que puedan responder en estos casos de emergencias y finalmente habrá que mejorar desde luego nuestras sistemas de control de las nuevas edificaciones, evitando los descuidos y la corrupción, que ya se ha comprobado que hacen mucho daño en estas circunstancias.

Ejercidas con seriedad, rigor y honestidad profesionales, respetando normas y reglamentos vigentes, no hay duda de que la ingeniería y la arquitectura mexicanas, a partir de las experiencias proyectuales y sísmicas de muchos años, hoy en día son de las mejores, mas adelantadas y experimentadas del mundo, pensando en construcciones desplantadas en suelos poco consolidados y en el comportamiento dinámico de las estructuras. Esta nueva experiencia dolorosa, seguramente enriquecerá y mejorará el conocimiento científico de los ingenieros y arquitectos mexicanos y se podrán hacer mejores ciudades y mejor arquitectura, en el sentido amplio del término, pensando sobre todo en el bienestar y seguridad de los usuarios.

Publicado en Sobre la ciudad | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Recuerdos de Manhattan

Gustavo López Padilla

En los últimos años ha habido un creciente interés, por todo lo que sucede en relación a la vida social en las ciudades. Es frecuente ver noticias, reportajes, comentarios, resultados de estudios con distintos enfoques y profundidad,  apareciendo en  los diferentes medios de comunicación como prensa, libros, revistas, radio,  televisión e incluyendo por supuesto a las redes sociales. Se revisa y comenta lo que tiene que ver con su economía, relaciones sociales, manejo de sus recursos naturales y su calidad habitable urbana y arquitectónica. Se valora también lo que se refiere a sus aportaciones culturales, condiciones ambientales, movilidad pública y su gastronomía. Se hacen estudios de ciudades puntuales y se hacen comparaciones conformando grupos urbanos semejantes o se plantean contrastes entre ciudades que representan distintas culturas, economías, regímenes políticos y condiciones geográficas. En estos estudios y reflexiones se comparan planteamientos de tejidos urbanos, densidades construidas, relaciones con la naturaleza, enfoques constructivos, usos del espacio público y manejos financieros en cuanto a su funcionamiento y visiones de futuro. En estos trabajos es frecuente establecer en algún momento, alusiones o referencias a los modelos urbanos experimentados en las ciudades construidas en los Estados Unidos de Norteamérica y muy en particular con lo que tiene que ver con Nueva York, emblemática ciudad ubicada en la costa noreste de los Estados Unidos, colindando con el Oceáno Atlántico.

El interés por la ciudad de Nueva York tiene que ver con su destacada presencia económico financiera, su significación cultural, su interpretación urbana y arquitectónica de la modernidad,  a partir del desarrollo de un modelo soportado en la experimentación de una alta densidad de construcción, apoyada en criterios de racionalidad, eficiencia, progreso, desarrollo tecnológico, constante reinvención y una visión global cosmopolita, que ha dado como resultado la construcción de sectores urbanos y edificios, que se han convertido en referencia para el urbanismo y la arquitectura contemporánea.  La ciudad de Nueva York, ubicada en el estado del mismo nombre, fue fundada en el año 1624 por un grupo de holandeses, cuenta en la actualidad con 1214 km2 de superficie, de los cuales 789 km2 son de tierra y 425 km2 constituidos por agua. Según los datos del año 2015, contaba con una población de 8,550,496 habitantes y una densidad construida de 10,756 habitantes por hectárea. La ciudad está constituida por cinco distritos: Manhattan, Queens, Staten Island, Brooklyn y el Bronx. El desarrollo de estos distritos no es necesariamente homogéneo, siendo particularmente significativo lo que tiene que ver con Manhattan, que se ha convertido en imagen icónica del urbanismo y la arquitectura contemporánea. Me interesa en adelante, desarrollar algunos comentarios que tienen que ver justamente con las particularidades de Manhattan, su modelo de desarrollo y los resultados que se han obtenido con ello.

Hay que identificar en primera instancia, que Manhattan es una isla rodeada por el río Harlem, el East River  y el río Hudson, contando con una superficie de 87.5 km2 de los cuales 59.5. km2 son tierra y 28 km2 de agua. La superficie de tierra cuenta con  21.5 km de largo y 3.7 km de ancho y en particular Manhattan dispone de una densidad de 27,330 habitantes por hectárea. La topografía dominante en este distrito es básicamente plana y de ahí el planteamiento de su traza urbana, que responde mayoritariamente a una retícula regular de calles, numeradas de manera ordenada y que se organiza teniendo como corazón del tejido urbano el llamado Central Park, diseñado en 1857 por Frederick Law Olmstead y Calvert Vaux y que cuenta con 4000 m de largo por 800 m de ancho. La traza regular de la ciudad y su rigurosa nomenclatura numérica, permite a la hora de recorrerla,  certeza y confianza de donde se está ubicado y hacia donde se puede uno dirigir. En este mismo sentido, se suman a la certeza de ubicación territorial mencionada, recordando los criterios del teórico urbanista Kevin Lynch, expuestos en su libro La imagen de la ciudad del año 1960, una serie de referencias construidas a manera de hitos, bordos y límites, que permiten reconocer y ubicar las diferentes zonas o barrios que constituyen Manhattan, siendo poco probable sentirse extraviado. La ciudad cuenta con 12 largas avenidas que corren de norte a sur y 180 calles que corren de este a oeste, conectando el río Hudson con el East River y el río Harlem. Las primeras son por lo general de 60 mts. de ancho y de las segundas, algunas tienen 18 mts y otras 30 mts.  El promedio típico de medidas de las manzanas es de 240 mts de longitud por 60 mts de ancho, proporción 1 a 4.

Al caminar las calles de Manhattan es notable desde luego su densidad construida, la altura de sus edificios, la tecnología desplegada en la construcción de ellos, a lo que se suman la cantidad y diversidad de gentes que recorren estas calles y que se manifiesta alegremente al escuchar al paso, cualquier cantidad de lenguas, que nos remiten a muchas ciudades y países. Es notable en estas calles la anchura de sus banquetas, lo que permite recorridos seguros y confortables, admirando la variedad arquitectónica de sus edificios y sobre todo el espectáculo dinámico y cambiante de los aparadores comerciales que se ubican en las plantas bajas de la mayoría de estos mismos edificios. Nuevamente el carácter cosmopolita de la ciudad, se manifiesta en la enorme variedad de productos que se ven en los aparadores, que nos remiten a una gran diversidad de culturas y sus países de origen. Nueva York y Manhattan en lo particular son expresiones de la ciudad en donde confluyen todos los excesos: se contrasta lo mas caro, elegante y deslumbrante, con la miseria de alguien que hurga en un basurero por algo de comida. Lo mas limpio y ordenado de algunas zonas, con el desorden y las basura que se acumula en otras. La tranquilidad y sobriedad de algunas calles y barrios, con la abrumadora presencia de mucha gente que al mismo tiempo transita, grita y se empuja en algunas zonas y tiempos determinados, demandando su espacio mínimo vital. Las calles y sus edificios se nos muestran como un espectáculo permanente, de muchas pistas, connotaciones y significados. Hay que mirar al cielo y estar atento a lo que sucede en las banquetas.

Es la ciudad que representa de manera descarnada la práctica del neoliberalismo económico y por ende la competencia, las oportunidades y el progreso que se logran a partir del esfuerzo, la inteligencia, el ingenio, el talento y que se deben alcanzar como sea. Las calles definen y  representan los diferentes barrios de Manhattan, unos muy consolidados, amables y unitarios, otros mas diversos y agresivos, así como aquellos que se nos muestran agitados, universales, cosmopolitas y muy densificados, constructiva y poblacionalmente hablando. Significan y delimitan barrios también, en donde se realizan actividades definidas; habitar, comerciales, financieras o culturales. Calles con mucho tráfico vehicular y algunas que se han ido transformando en peatonales, a veces de manera permanente y otras temporalmente, siguiendo las recomendaciones del arquitecto y urbanista danés Jan Gehl. Calles convertidas en corredores verdes, como la elevada que de tránsito de locomotoras dió lugar al High Line Park, interesante transformación urbana del año 2009, impulsada por la propia comunidad del lugar, convirtiéndose rápidamente en importante espacio verde para la ciudad, que es hoy atracción turística. En otro orden de cosas, vale la pena comentar, que se ha  comenzado a partir del año 2013 a impulsar el uso de la bicicleta, sistema que actualmente cuenta con 600 estaciones y 10000 bicicletas;  medio de movilidad que se ha sumado al importante sistema de transporte público, que en Manhattan se estructura sobre todo a partir del metro y autobuses, que operan de manera bastante eficiente.

Manhattan por sectores se puede recorrer a pié, diría incluso que para conocerlo se debe recorrer a pié y al hacerlo es notable y agradable, que a lo largo de las travesías van apareciendo, jardines, plazas y rincones urbanos muy diversos, de una escala, calidad  y  cantidad tal, que logran hacer mas habitable, mas amable, la alta concentración construida y de gente que habita o visita la ciudad. Desde luego es importante, en términos de espacio público, abierto y de libre acceso, la presencia de Central Park, con su amplias zonas verdes y sus cuerpos de agua, lugar de encuentro, descanso y convivencia, pero de pronto, también  podemos ver aparecer en medio de la agitación urbana, en una escala menor, lugares como el Bryant Park, rodeado de edificios altos, espacio verde con quioscos y sillas que invitan a tomar una pausa y reponer fuerzas o con dimensiones todavía mas reducidas, pero no por ello menos confortable y bello, el Paley Park, pequeño remanso urbano ubicado en la calle 53, entre Madison y la 5ª. Avenida, en donde la presencia del agua, a través de una bella cascada que escurre sobre un muro al fondo del lugar, proporciona con ello  tranquilidad y confort. Pero los edificios altos, construidos en una gran cantidad en Manhattan, también contribuyen a la diversidad de ofertas de espacio público; por un lado remetiendo su volumetría respecto del alineamiento de la calle y generando pequeñas plazas o jardines de uso común, a veces inclusive con pequeños cuerpos de agua, propiciando espacios abiertos y democráticos o generando, en otro orden de ideas, en las plantas bajas de los mismos edificios, zonas de cafés o galerías, que permiten tomar un refrigerio en el lugar, leer el periódico o simplemente platicar con los amigos. A lo largo y ancho de Manhattan, contrarrestando la abrumadora presencia construida de sus edificios, hay ofertas diversas de espacios abiertos, de todo y para todos, a veces mas públicos y otras veces con algunas restricciones de uso.

En el tiempo, de los edificios construidos en Manhattan, podemos afirmar que representan en buena medida, la evolución de la visión moderna  de entender las ciudades y la arquitectura, sobre todo a partir de mediados del siglo XIX, con el surgimiento y la influencia del movimiento identificado como la  Escuela de Chicago, que impulsó las edificaciones verticales a partir de estructuras metálicas, el uso del elevador y el criterio de plantas libres, pasando por las distintas etapas de la arquitectura moderna, que incluyen desde las aplicaciones del Art Decó, por el movimiento racionalista, sus variantes y la arquitectura posmoderna, hasta llegar a interpretaciones un tanto mas complejas, cercanas a lo que conocemos como high tech o el deconstructivismo. Desde entonces hasta ahora, en esta manera de enfrentar la arquitectura, con base en el uso de densidades altas, se ha mantenido la idea de buscar la máxima eficiencia, funcionalidad, flexibilidad en el uso del espacio y rentabilidad financiera, resolviendo los proyectos aprovechando los mayores avances en tecnología constructiva. Los repertorios compositivos y formales, así como el manejo de distintos materiales y procedimientos constructivos de las obras han evolucionado, a partir de edificios como el Flatiron, de 22 niveles, del año 1902, de los arquitectos Daniel Burnham y Frederick P. Dinkelberg, pasando por otros como el edificio Chrysler, de 77 niveles, del año 1930, del arquitecto William Van Alen, el edificio Empire State, de 102 pisos, del año 1931, de los arquitectos Shreve, Lamb y Harmon, el edificio Lever House, de 21 pisos, del año 1952, de los arquitectos Skidmore, Owings and Merryll, el edificio Seagram, de 39 pisos, del año 1957, de los arquitectos Mies Van Der Rohe y Phillip Johnson, el edificio de la Fundación Ford, de 12 niveles, del año 1967, de los arquitectos Kevin Roche y John Dinkeloo, el edificio Citycorp, de 59 niveles, del año 1977, del arquitecto Hugh Stubbins, el edificio New York Times, de 52 niveles, del año 2001, del arquitecto Renzo Piano y hasta llegar al nuevo World Trade Center, de 110 niveles, del año 2014, de los arquitectos David Childs (SOM) y Daniel Libeskind. Algunos de estos edificios construidos en el corazón de Manhattan, se han convertido en emblemáticos, representativos de un período particular de la historia y han contribuido a perfilar las rutas del desarrollo del urbanismo y la arquitectura contemporánea, en lo que tiene que ver con los edificios en altura. Es desde luego importante hoy en día, reflexionar entre otras cosas, sobre la huella ambiental que implican los desarrollos urbanos como la ciudad de Nueva York, pensando que aún en lo construido y sobre todo en los nuevos desarrollos urbanos, se pueden replantear sus consumos energéticos y las repercusiones que resultan de ellos.

No hay duda que Manhattan, como parte sustancial de la ciudad de Nueva York es siempre fascinante, cautivadora, adictiva, siempre la misma y siempre distinta, atractiva y repulsiva a la vez, capaz de mostrarnos lo bueno y lo malo, los rumbos por donde fluye y fluirá la economía, las relaciones sociales, la pintura, la música, la escultura, el teatro y el cine, así como los rumbos por los cuales pueden transitar  la arquitectura y las ciudades, entendidas como grandes confluencias globales, sociales y culturales, aceptando la diversidad, asumiendo la confianza en el progreso y el futuro, con todos los riesgos, contradicciones y aventuras que lo anterior implica.

Publicado en Sobre la ciudad | Deja un comentario

Espacio, función y estructura, Enrique de la Mora y Palomar

Gustavo López Padilla

En la esencia misma del proceso creativo arquitectónico, se establece una interrelación dinámica entre la manera de conceptualizar las formas de los espacios,  la valoración de  las funciones o actividades de la vida que se van a realizar en los mismos y con ello se plantean de manera simultánea, los criterios de cómo se pretenden materializar estos espacios, es decir lo que tiene que ver con la definición de las estructuras y los materiales con los cuales finalmente se puedan construir estos espacios. Este proceso creativo responde a tiempos y metodologías de trabajo, que van a depender de la naturaleza misma de los proyectos y los resultados proyectuales pueden ser muy variados,  respondiendo a las circunstancias vitales,  formación intelectual, intereses y habilidades creativas de los diseñadores de estos proyectos. El balance entre las maneras de conceptualizar espacio, función y estructura, depende también de las distintas maneras en que cada  diseñador visualiza el cómo  deberían ser sus proyectos, que valores quiere experimentar, abriendo con ello la posibilidad de distintas posturas de cómo se ejerce la arquitectura. Enrique de la Mora y Palomar (1907-1978), arquitecto mexicano representante del movimiento racionalista, asumió de manera particular las ideas anteriores, lo cual queda claramente identificado en el conjunto de sus obras, en las cuales deja ver un interés por experimentar diversas posibilidades estructurales, que se ven reflejadas  en los resultados compositivos, formales y volumétricos de estas mismas obras. Vale la pena recordar que el arquitecto nació en la ciudad de Guadalajara, pero realizó sus estudios profesionales en la ciudad de México, en la Escuela Nacional de Arquitectura, habiendo obtenido su título profesional en el año de 1933. A lo largo de su ejercicio profesional que comienza en 1934 y se extenderá hasta 1974, periodo de tiempo en el que la presencia de la arquitectura racionalista en México tuvo un carácter dominante, estableció distintas relaciones profesionales con arquitectos y especialistas en estructuras, entre los que destacan José Villagrán, Fernando López Carmona, Alberto González Pozo, José Creixell, Leonardo Zeevaert y muy particularmente tuvo relevancia su relación con Félix Candela, arquitecto español avecindado en México, experimentador matemático, geométrico y constructivo de los cascarones de concreto armado.

Entre las obras de Enrique de la Mora destacan: el pequeño edificio de departamentos ubicado en la calle de Estrasburgo 20, en la colonia Juárez, ciudad de México, del año 1937, realizado en colaboración con José Creixell, P. Padilla y M de la Mora, el templo Parroquial de La Purísima Concepción, del año 1946, ubicado en la ciudad de Monterrey, la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, 1952, realizado en colaboración con Manuel de la Colina y Enrique Landa, la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, conocida como El Altillo, del año 1958, ubicado en Ave. Universidad, ciudad de México, realizado en colaboración con Fernando López Carmona y Félix Candela, la Capilla de la Medalla Milagrosa, del año 1960, ubicada en la colonia del Valle, ciudad de México, realizado en colaboración con Fernando López Carmona y Félix Candela, el edificio de Seguros Monterrey, del año 1960, ubicado en Ave. Presidente Mazaryk, ciudad de México, realizado en colaboración con Alberto González Pozo y con el diseño estructural del Ing. Leonardo Zeevaert y el Condominio Paseo, ubicado en Ave. Paseo de la Reforma 195, en la ciudad de México, del año 1965. Con esta relación se  mencionan algunas de sus obras mas importantes. Desde luego son ampliamente conocidos y difundidos los proyectos que realizó el arquitecto Enrique de la Mora en colaboración con Félix Candela, pero en esta ocasión me quiero referir y reflexionar, sobre los logros y resultados del edificio identificado como Condominio Paseo, mismo que ya ha sido mencionado líneas arriba. Recuerdo que aún antes de iniciar mis estudios de arquitectura en la UNAM, al recorrer a pié el Paseo de la Reforma, en particular  siempre me llamaba la atención este edificio, que muestra una imagen  distinta del conjunto de edificios, que formaban el paisaje urbano de esta importante avenida de la ciudad de México. Así las cosas, siguiendo criterios racionalistas, el edificio se soluciona acudiendo a formas geométricas simples, regulares, experimentando con la idea de plantas libres, buscando con ello la máxima rentabilidad financiera, flexibilidad de espacios y la mas eficiente captación de luz natural, pero limitando en la manera de lo posible, la incidencia directa del sol y con ello sus ganancias de calor, que repercuten en el consumo de energía de los sistemas de aire acondicionado.

Si se revisa con atención la composición de la planta tipo, como representativa del conjunto de los 18 niveles que componen el edificio, se puede observar su forma rectangular y en la que  el conjunto de las articulaciones verticales y servicios necesarios se disponen de la manera mas compacta posible, casi al fondo del terreno, en su sección norte, convirtiendo estos elementos en uno de los apoyos estructurales fundamentales, que trabajan en conjunto con una serie de columnas metálicas, ubicadas al sur de la composición, que tienen la particularidad de estar fuera de la superficie útil del edificio. Estas columnas se conceptualizan estructuralmente como un entramado de formas romboidales, que llegan a constituir  una primera fachada del edificio, que se libera de una segunda fachada terminada con aluminio, cristal y acero porcelanizado. La primera fachada estructural romboidal, se liga en nodos específicos al volumen de concreto de los servicios antes mencionados, mediante armaduras metálicas, que trabajando en conjunto con losas de concreto coladas en sitio, constituyen así el esqueleto estructural del edificio, logrando con ello el máximo aprovechamiento posible de la superficie útil, de las distintas plantas que constituyen el proyecto.  Pequeñas secciones en planta, ubicadas al oriente y poniente de cada planta tipo, se resuelven en voladizo, liberando así, estructuralmente, las esquinas de fachada del edificio.

Volumétricamente el edificio está constituido por cuatro primeros niveles, destinados a comercios y oficinas, que funcionan como una base, trece niveles de oficinas que conforman el cuerpo fundamental y un remate muy formal en azotea, con terraza incluida, constituyendo espacios desde los cuales las perspectivas visuales del propio Paseo de la reforma y la ciudad en su conjunto, resultan muy atractivas. El uso del color complementa la presencia urbana de la obra. Negro resaltando la primera fachada estructural desprendida y suaves tonos de verdes, definiendo el volumen de cristal y acero del edificio, que constituyen una segunda fachada. Vale la pena resaltar en la solución de las diferentes plantas libres, el que en la segunda fachada constituida por cristal y acero porcelanizado, las superficies transparentes son la mitad superior de cada entrepiso, lo que permite regular en alguna medida las incidencias del sol y sus ganancias de calor, así como el poder recargar muebles en fachada, sin causar problemas de imagen urbana y haciendo más útil el aprovechamiento interior de los espacios.

Estamos ante una propuesta racionalista expresiva, identificando y dramatizando con claridad sus componentes programáticos y estructurales, convirtiendo parte de estos últimos en la imagen misma del edificio, experimentando además con la idea de contrastes, juegos de planos, volúmenes, colores, luces, texturas y sombras. En esta propuesta la conceptualización y soluciones estructurales son determinantes para el funcionamiento y la utilidad de los espacios, así como para la definición de la presencia formal y urbana del edificio, siendo importante resaltar, el cuidado y calidad de las soluciones de detalle, sobre todo en lo que tiene que ver con las intersecciones volumétricas, detalles de conexiones y cambio de materiales. Hoy en día, el edificio muestra algunas alteraciones respecto del proyecto original, que bien valdría corregir, a lo que habría que sumar algunas intervenciones necesarias de mantenimiento que vale la pena realizar, para que el edificio realce su dignidad original y siga formando parte esencial del patrimonio moderno de la arquitectura en México y del panorama construido a lo largo del Paseo de la Reforma. En los últimos años, en el propio Paseo de la Reforma y en otras áreas al sur de nuestra ciudad, se ha vuelto a experimentar con soluciones expresivas cercanas al Condominio Paseo, que pueden parecer novedosas. En este orden de cosas es importante tener en cuenta, el valor que en este sentido tienen las contribuciones de la obra del arquitecto Enrique de la Mora y Palomar.

Quiero agradecer a la Arq. María Eugenia Hernández Sánchez, representante del Archivo de Arquitectos Mexicanos, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, su valiosa contribución, en términos de información, para la realización de los presentes comentarios.

Publicado en Arquitectura Mexicana | Etiquetado | Deja un comentario