¿Escribir es hacer arquitectura?

Gustavo López Padilla

Existe una diferencia fundamental entre construir y hacer arquitectura. Construir lo puede hacer casi cualquier persona, se trata al final de cuentas de colocar simplemente un tabique sobre otro, o alguna piedra sobre otra,  de tal manera que se sostengan y conjuntamente con una cubierta cualquiera, delimitar un espacio que sirva para protegerse de las inclemencias del tiempo y realizar actividades diversas en ese espacio definido. De hecho así se construyen en el mundo, una buena parte de las obras en las ciudades. Se trata de edificaciones de diferentes escalas y usos que simplemente están ahí, cumpliendo eso sí una función social importante, dar cobijo a las mayorías, pero las mas de las veces, carecen de valores formales, habitables, simbólicos o culturales reconocidos, que permitan el desenvolvimiento de las mejores emociones y capacidades creativas de quienes habitan esos lugares. Hacer arquitectura es otra cosa, es justamente poner en juego la imaginación para lograr la construcción de espacios habitables, que tengan un manejo de los materiales y procedimientos constructivos disponibles, de manera ingeniosa y creativa, logrando una atmósfera vivencial amable, funcional, confortable, disfrutable, que resulta de la búsqueda de un orden compositivo, una secuencialidad espacial y una disposición formal tales, que logran que sus habitantes los consideren bellos y permiten que se desenvuelvan en su seno, las mejores calidades de vida, conductas positivas individuales y colectivas, propiciando emociones y el desarrollo de las capacidades creativas de sus moradores. Es indudable que las condiciones de los espacios generan conductas, positivas o negativas, dependiendo de su calidad  habitable.

El hacer arquitectura no está asociado necesariamente a un estilo o movimiento cultural en específico, ni está determinado por un costo o manejo de materiales y procedimientos constructivos en lo particular. Es desde luego plural en sus expresiones. No necesariamente la arquitectura es aquella que realizan los arquitectos, sino que resulta de la sensibilidad, experiencia, acuerdos sociales y creatividad de sus realizadores, que pueden ser o no arquitectos. Existen muchos ejemplos en el mundo, en diferentes tiempos históricos que demuestran lo anterior. Para referirnos a algunos de esta naturaleza,  nos podemos remitir a los estudios que realizó Bernard Rudofsky ( Suchdol Nad Odrou, República checa 1905 – Nueva York, E.U., 1988) y que quedaron registrados en sus libros Arquitectura sin arquitectos del año 1964 y en Constructores prodigiosos del año 1977. Pero desde luego los arquitectos a lo largo de la historia han realizado importantes contribuciones que han quedado registradas en un sinnúmero de publicaciones. En general cuando hablamos de arquitectura, nos referimos a aquella que genera emociones y un interés colectivo tales, que propician que la gente viaje muchos kilómetros, con la finalidad de disfrutar las calidades formales, espaciales y vivenciales de esas obras en específico. Pero hablar de arquitectura es considerar al mismo tiempo la idea de ciudades. En ocasiones visitamos en las ciudades obras en lo particular, en su individualidad arquitectónica, pero en muchas otras oportunidades visitamos y disfrutamos el conjunto de obras, que conforman los ámbitos de las ciudades y que son el resultado de la actividad creativa del conjunto de sus sociedades. Desde luego tenemos que considerar que existe una relación estrecha entre lo que significa hacer arquitectura y hacer ciudad.

Hablar de arquitectura, nos lleva a valorar  el conjunto de ideas o razones que le dan sentido, que le confieren sentido de pertenencia a un lugar y un tiempo determinados. Ideas que le dan congruencia al orden  y secuencia de espacios que  conforman cada arquitectura, al manejo de materiales y procedimientos constructivos empleados, pero sobre todo hablar de arquitectura se refiere a lo construido que resulta de considerar un mundo de significados y valores históricos, sociales, políticos, económicos, culturales, emocionales, filosóficos y vivenciales. En los tiempos modernos, los trabajos creativos de los arquitectos, reconociendo la importancia del valor de las ideas en arquitectura, se han constituido con tiempos que se dedican a pensar y elaborar el conjunto de sus ideas y otros dedicados a la  realización material de sus proyectos. De pensar y crear se procede a la edificación material  de las ideas y de ellas se vuelve a los ámbitos del pensamiento reflexivo. Se retroalimentan mutuamente. Así las cosas, acercándonos a algunos de los arquitectos mas importantes del movimiento moderno, valorando el desarrollo de su proceso creativo, encontramos ejemplos notables que dan cuenta de los tiempos y trabajos en los que se dedicaron a pensar y crear el universo de sus propias ideas.    En primera instancia, identificando los orígenes del movimiento moderno de la arquitectura, nos podemos remitir al movimiento Protoracionalista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que daría finalmente como resultado el Movimiento Moderno o Racionalista y aquí justamente nos tenemos que referir a los trabajos intelectuales  de  Adolf Loos, arquitecto Austriaco ( Brno, Moravia 1870 – Viena, Austria 1933 ) quién escribiera un breve texto denominado Ornamento y delito, en el año 1908, en el que sentara las bases conceptuales para la realización de una nueva arquitectura, alejada de las cargas formales, constructivas y vivenciales de la arquitectura histórico académica. Se trató de la búsqueda de una arquitectura distinta, acorde con la nueva realidad económica, social y política de su tiempo,  tomando en cuenta los nuevos materiales y tecnologías constructivas resultantes del desarrollo de la revolución industrial. Loos nos habla de realizar obras congruentes con los tiempos de principios del siglo XX, dejando de lado los adornos, lo superfluo, buscando formas geométricas simples, una arquitectura eficiente, funcional y económica.  Con ello Loos sentó las bases conceptuales que siguen vigentes, aún en la actualidad, para una manera racionalista de ver la arquitectura y las ciudades.

Muy cercano a lo anterior,  podemos recordar el trabajo intelectual que realizara  Antonio Sant´Elia ( Como, Italia 1888 – Monfalcone, Italia 1916 ) y que dejara documentado en su Manifiesto futurista del año 1914, formando parte de un gran movimiento cultural que se llamó Las vanguardias figurativas. En este documento el arquitecto Sant´Elia, visualiza el desarrollo de ciudades que creen en el progreso, en el desarrollo de la ciencia, la técnica y una economía tales, que deberían estar ordenadas a partir de las ideas de movilidad y velocidad, planteando la instrumentación de importantes densidades construidas, que se reflejan formalmente en la dinámica de una gran variedad de edificios altos y vialidades resueltas en diferentes niveles.Retomando en buena medida las experiencias intelectuales de los dos arquitectos anteriores, Lecorbusier ( La chaux –de- fonds, Suiza 1887 – Roquebrun – Cap Martín, Francia 1965 ) el gran maestro del movimiento moderno racionalista, se dio a la tarea de construir las bases conceptuales, urbanas y arquitectónicas, que le darían sentido a su prolífica tarea profesional y que sirvieron también de guía para la multitud de profesionales, que en casi todas las latitudes del mundo lo siguieron de cerca. Lecorbusier fue un prolífico pensador y dejó ampliamente documentado lo anterior en un conjunto de libros en los que propuso a manera de un deber ser, como debían realizarse los proyectos arquitectónicos y urbanos, incluyendo no solo un repertorio conceptual y formal, sino llegando incluso a proponer un distinto sistema de medidas, apoyado en los criterios históricos de belleza, que se expresan a través de la llamada sección aúrea. Lecorbusier propuso su sistema de medidas que llamó el Modulor. Entre las obras intelectuales escritas, más conocidas del maestro suizo-francés, destacan desde luego: Hacia una arquitectura del año 1923, La máquina de habitar, 1924, Urbanismo, 1924 y El Modulor, 1950. Como una expresión distinta y complementaria al movimiento moderno, Frank Lloyd  Wrigth ( Wisconsin E.U., 1876 – Arizona, E.U., 1959 ) en paralelo al desarrollo de sus obras, en una buena cantidad de escritos,  dejó documentadas sus reflexiones entorno a sus interpretaciones de la arquitectura orgánica, con la idea de realizar si una arquitectura racionalista, pero que tuviera mayor atención a lo que tiene que ver con las particularidades objetivas y subjetivas de los usuarios y a la valoración cuidadosa de los entornos naturales, estableciendo relaciones de equilibrio y armonía entre lo construido y los espacios verdes, tanto en lo que tiene que ver con el desarrollo de las ciudades, como en lo referente a las particularidades de la obra arquitectónica. Propuso pensar la arquitectura en íntima relación con la vida y todo lo que ella significa y representa. Podemos acercarnos al pensamiento wrightiano  en un texto que recopila algunos de sus escritos denominado El futuro de la arquitectura.Asumiendo una postura diferente y contestataria, Louis Isadore Kahn ( Kuresaare, Estonia 1901 –Pensilvania, E.U., 1974 ) se desarrollo dentro del movimiento moderno de la arquitectura, a partir de valorar teórica y formalmente, el papel que podía jugar el considerar de nueva cuenta a la historia como una referencia importante, que reconceptualizada contemporáneamente, podía enriquecer los repertorios conceptuales, compositivos, formales y vivenciales del racionalismo, considerando con ello además, propuestas de orden y jerarquía, monumentalidad, masividad, materialidad, eficiencia y claridad en lo que tiene que ver con el empleo de materiales aparentes y procedimientos constructivos racionalizados.  Su pensamiento queda documentado en una variedad de escritos, a los que nos podemos acercar. La obra proyectual de Robert Charles Venturi ( Pensilvania E.U., 1925 ) no se puede entender, sin sus trabajos que tienen que ver con la valoración del conjunto de la historia de la arquitectura, con particular atención a lo que tiene que ver con el movimiento moderno. El resultado de sus reflexiones quedó documentado entre otros, en su libro Complejidad y contradicción en arquitectura del año 1966, ampliando como resultado de sus trabajos, los horizontes y posibilidades para el ejercicio de la arquitectura y el urbanismo, dejando atrás la posición reduccionista, simplificadora que resultaba de la imposición e implementación de las ideas del movimiento moderno. Sin duda existe un antes y un después en la historia de la arquitectura moderna, a partir de los trabajos teóricos escritos por Venturi. Por principio de cuentas se consideró a partir de entonces, la aceptación de la diversidad y de las diferencias con los otros, como  condiciones necesarias e irreversibles, lo que se tradujo en la practica, en un enriquecimiento de posturas y posibilidades en el ejercicio de la arquitectura, aceptando como válidas distintas maneras de experimentar los repertorios formales, compositivos y constructivos, respondiendo a diferentes realidades políticas, sociales, económicas, culturales, filosóficas y de desarrollo tecnológico.Un ejemplo notable en la reciente arquitectura, que tiene que ver con la importancia que se otorga a la generación de ideas que van a dar sentido a la arquitectura, está representado por la obra de Remmet Lucas Koolhaas ( Roterdam, Holanda, 1944 ) quién cuenta con dos oficinas, una dedicada a pensar la actualidad de la vida, la arquitectura y las ciudades y otra distinta que realiza diseños de proyectos arquitectónicos y urbanos, que son en buena medida,  consecuencia conceptual de los resultados de la primera oficina ya mencionada.  Los trabajos de investigación intelectual de Koolhaas han quedado documentados en distintos libros, entre los cuales se significa Delirio de Nueva York, del año 2008, en el cual reflexiona sobre las complejidades, realidades y posibilidades de la vida actual y sus manifestaciones que tienen que ver con altas densidades construidas, con la congestión urbana y humana, con la dinámica y velocidad de la movilidad citadina, con las ideas de globalidad,  diversidad y angustia que todo esto conlleva. Si se piensa con detenimiento, estamos ante la valoración de la realización construida llevada al extremo, de las ideas futuristas de Sant ´Elia, de los inicios del siglo pasado, con las interpretaciones propias de Koolhaas pensando en el fin del siglo XX y los inicios del XXI.

Al tomar en cuenta la revisión del conjunto de trabajos de este grupo de arquitectos notables, que han tenido que ver con el planteamiento y desarrollo de las ideas  que han significado una buena parte de la realidad edificada del urbanismo y la arquitectura del siglo XX y lo que va del XXI, queda clara la importancia de lo que tiene que ver con la construcción de ideas que dan sentido y están íntimamente ligadas con la materialidad de las obras. Ideas que son útiles para quién las genera, pero que se convierten en referencia fundamental para muchos otros que las siguen, las hacen suyas y las convierten también en realidades habitables, distintas o semejantes. Y es aquí donde retomamos la pregunta inicial de si pensar y escribir significa construir ciudades y arquitectura. Desde luego la arquitectura y las ciudades tienen su propia realidad, que tiene que ver con su materialidad y cuando los usuarios  recorren sus espacios, los usan, viven, disfrutan o padecen; pero es entendible que responden a una idea previa que les da sentido. Los arquitectos desarrollan a lo largo de su ejercicio profesional,  capacidades para imaginar, elaborar y crear conceptos de ciudades y arquitecturas en su intelecto, lo que incluye  calidades y formas de vida que tienen sus propios valores, sus propios universos de existencia y que pueden tener distintas interpretaciones formales y compositivas. Estas ideas cuentan  con su propia realidad, casi como verdaderas construcciones. Hablamos de realidades no materiales pero igualmente importantes. El trabajo creativo de los arquitectos, se desarrolla como un proceso que puede iniciar con la construcción de ideas y formas en el intelecto, que se vuelven mas adelante obras reales. Pero se trata de un proceso que no es necesariamente lineal.   Hablamos de  un proceso que se retroalimenta de ida y de vuelta. Pasar de la idea a lo construido  y de lo construido a la idea, asumiendo que son realidades distintas, pero complementarias y siempre hablando de arquitectura.  De lo anterior se puede inferir, que escribir conceptualmente si se puede considerar como una forma de hacer ciudades y arquitectura. Es mas, lo anterior es un trabajo absolutamente necesario, para hacer tangible lo que consideramos verdaderamente como arquitectura. Porque la arquitectura no existe sin las ideas que le dan sentido, significación  e importancia. Hablamos de arquitectura, como la expresión construida de los valores de la vida. Pero desde luego no todo lo escrito de arquitectura lo podemos considerar arquitectura. Todo tiene sus valoraciones y como se ha documentado, al hablar de arquitectura nos referimos en particular de los textos teóricos realizados por arquitectos, los buenos arquitectos o conocedores del tema, que son capaces de conceptualizar o imaginar formas nuevas de habitar y construir los espacios, arquitectónicos y urbanos.

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Intervención 2018 en el Museo El Eco

Gustavo López Padilla

A partir del año 2010 el Museo El Eco, dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México, (obra original del año 1953, cuyo autor es  Mathias Goeritz,  Polonia 1915 – Cd. de México 1990) ha convocado año con año a jóvenes arquitectos radicados en México, para realizar intervenciones temporales en su patio, con la finalidad de incentivar las capacidades creativas de los participantes, tomando en cuenta desde luego como base fundamental en los concursos realizados, la conservación de las preexistencias construidas. En 2018, los ganadores de esta reciente oportunidad fueron los arquitectos José G. Amozurrutia (Cd. de México 1983) y Carlos Facio Gaxiola (Cd. de México 1983) ambos egresados de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, del Taller Max Cetto, quienes hacen equipo con otros jóvenes como Mariana Brito,  Úrsula Rebollar y Álvaro Martínez, contando además con la colaboración de Pedro Lechuga, Ana Lu Villaseñor, Angélica Mota, Patricia García Morales y Sergio Carbajal. La reciente intervención fue denominada por los autores como Campanario.

Es importante destacar de inicio que las propuestas de este concurso, presentan la dificultad de coexistir con la escala, calidad y contundencia del proyecto original de Goeritz, que en sus resultados originales nos muestran una arquitectura de secuencias direccionales de espacios racionales, continuos, emotivos, minimalistas, plenos de contrastes formales, volumétricos, de luz, color y texturas. El espléndido patio como continuidad de la sala principal del museo, nos muestra entre sus componentes, la fuerte presencia de una  estela alta de color amarillo y el contraste de muros desnudos terminados en gris, calificados algunos por el color, juegos de luces y sombras de la profusa vegetación, que próxima pero fuera del museo, juega su papel dentro de la composición general del conjunto.

Así las cosas, la propuesta de los jóvenes arquitectos, de manera respetuosa se posa libremente  sobre la superficie del piso original, terminado con cuarterones de barro, sin interactuar constructivamente con estos últimos. Sobre el piso, un cuádruple entramado de varillas de acero soportan esbeltos apoyos, también ejecutados con varillas de acero, en series de 36 unidades, para dar un total de 144, que se coronan a su vez con unos platos o sombrillas ejecutadas en cobre. La esbeltez vertical de las varillas de apoyo, permite que vibren y los platos puedan tocarse entre si, produciendo una serie de resultados sonoros. El público asistente a la intervención, interactúa lúdicamente con los elementos constitutivos de la misma, moviéndolos, chocándolos, al tiempo que recorre un laberinto ordenado, que produce juegos cambiantes de perspectivas, luces y sombras. El resultado formal de diseño, cuenta con fuerza y personalidad propias, logrando estar ahí en el lugar, dejando ver su presencia racional y orgánica; cubierta ligera y discontinua, que establece un diálogo respetuoso y contrastante, con el minimalismo de las formas dominantes en el Eco.

Es importante en el orden compositivo direccional y de perspectivas, el que la altura de las sombrillas o platos, varíe desde la barra horizontal media  de la ventana alta, que da luz a la sala principal del museo, hasta una altura de 1.95 metros. Es atractivo el brillo de las mencionadas sombrillas y el juego de color que hacen respecto de los cuarterones de barro del piso. Otro tanto hacen los reflejos y sombras cambiantes que se producen en el citado ventanal y al interior mismo de la sala principal del museo. Debe ser interesante poder apreciar El Campanario durante la lluvia, pensando en sus posibilidades sonoras y en el juego de las verticalidades que se producen entre el caer de la propia lluvia y los soportes de las sombrillas. Se aprecia una buena calidad de manufactura y seriedad en la solución de los detalles necesarios para la ejecución de la obra. Sin embargo, en otro sentido, me parece un tanto pobre la calidad sonora de los resultados del trabajo, al ser demasiado seca y homogenea. Entiendo la dificultad que representa y el tiempo que se requeriría, para que con calidades distintas de material, espesores y dimensiones diversas, se lograra una mayor riqueza sonora. A la distancia, desde luego en otra escala y circunstancia, el trabajo de Amozurrutia y Facio, me recuerda el juego de columnas-cubierta, que Frank Lloyd Wright (Wisconsin 1867 – 1959 Arizona ) diseñara, para los interiores de la gran sala de trabajo de los Laboratorios Johnson Wax, (1936 – 1939) ubicados en Racine Wisconsin, en los Estados Unidos de Norteamérica.

Vale la pena recordar el hecho de que la obra fue pensada tomando en cuenta el respeto a las preexistencias en el museo y en la posibilidad de reciclar los materiales empleados para la ejecución de la misma. Por un lado se pueden reutilizar las varillas de acero y los autores proponen vender los platos de cobre y las ganancias donarlas a alguna causa social. Al final de cuentas la propuesta llamada Campanario resulta atractiva y divertida para los visitantes al museo y muestra las habilidades conceptuales y proyectuales de sus diseñadores, que prometen ocupar un lugar en el futuro de la arquitectura mexicana contemporánea. Es importante también resaltar la significación de la labor que realizan las autoridades universitarias del Museo El Eco, en la promoción y difusión de oportunidades para el desarrollo profesional de jóvenes arquitectos residentes en México.

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Galería OMR

Gustavo López Padilla

Durante poco más de cincuenta años, la Sala Margolín, ubicada en la calle de Córdoba número 100, casi esquina con Álvaro Obregón, en la colonia Roma, fue un importante recinto cultural-comercial, donde se podían adquirir los mejores discos de música clásica, ópera, música latinoamericana, jazz o blues. Esta sala fue fundada a finales de los años cincuenta por Walter Gruen (Viena, Austria 2014 – Cd. de México 2008), quién fuera marido de la extraordinaria pintora surrealista Remedios Varo (1908 Anglés España – Cd. de México 1963). El recinto de la sala diseñado por el arquitecto José Priani, era amplio, generoso, iluminado, acogedor y mientras uno recorría los anaqueles para seleccionar la música deseada, se podía uno encontrar a distintos personajes importantes de la cultura mexicana. Sin lugar a dudas, la Margolín, fue un referente fundamental de la vida colectiva y cultural de la colonia Roma y de la ciudad de México. Su suerte de permanencia, asociada a la vida y comercialización de los discos y lo Cds., la llevó a tener que cerrar el 31 de mayo del año 2012, significando una gran pérdida emocional y vivencial, para todos aquellos conocedores y aficionados a la música.

Foto: María Luisa Severiano

Durante años la sala permaneció cerrada y su destino parecía estar encaminado hacia su desaparición. Pero finalmente al inicio del año 2016, el recinto original fue destinado a alojar las nuevas instalaciones de la Galería OMR, que había sido fundada originalmente en el año de 1983 por Jaime Riestra y Paulina Ortiz Monasterio, habiendo tenido su ubicación original en un caserío de principios del siglo XX, ubicado en Plaza Río de Janeiro No. 54. Las nuevas instalaciones de la Galería OMR, ahora dirigidas por Cristóbal Riestra, fueron diseñadas por los jóvenes arquitectos Mateo Riestra (Ciudad de México 1980, arquitecto de la Universidad Iberoamericana), José Arnaud Bello (Oaxaca 1976, arquitecto de la Universidad Iberoamericana) y Max Von Werz (Montreal 1977, arquitecto de la Architectural Association de Londres), aprovechando las preexistencias construidas de lo que fueran las instalaciones de la Sala Margolín. El proyecto resultante de dos niveles, resuelto con base en detalles muy finos y bien resueltos, es respetuoso de la propuesta original de José Priani.Pensando el proyecto como parte de la ciudad, se mantiene en buena medida una presencia discreta, con la imagen y volumetría que recuerdan a la distancia lo que fuera la sala de música, pero mostrando con serenidad un nuevo rostro, que ahora se identifica con la Galería OMR. En su primer nivel de doble altura, se ubican un pequeño jardín de acceso, las áreas de recepción y control, la sala principal de exhibición, una pequeña zona de servicios y un jardín posterior. En un nivel intermedio de la doble altura, al fondo del volumen construido, se ubican los servicios sanitarios correspondientes. En el segundo nivel, de altura un poco mas alta de lo habitual, se ubican tres salas de exposiciones, de menor tamaño en relación con  la ubicada en el primer nivel, una biblioteca, la oficina principal del museo, incluyendo una sala de juntas. En colindancia con estas últimas y dando frente hacia la fachada de la calle de Córdoba, se ubica una terraza jardinada. En el nivel azotea, existe un área útil, destinada a actividades diversas complementarias.En términos generales la conceptualización del diseño, se acerca a los criterios de un racionalismo minimalista, en donde los espacios se definen de manera clara, con base en componentes mínimos esenciales ordenados modularmente, uso de materiales aparentes, formas geométricas simples, regulares, eliminando los adornos y lo superfluo, otorgándole fuerza presencial, al manejo diestro de la escala y la solución cuidadosa de los detalles necesarios correspondientes. La sala principal de exposiciones, de doble altura, un paralelogramo que cuenta con cuatro columnas de concreto aparente ubicadas casi al centro de su superficie, muestra la estructura del entrepiso, resuelta con  base en casetones aparentes de concreto, otorgándole al conjunto espacial una fuerza expresiva interesante, contrastando con las superficies lisas de las paredes y del plafón luminoso, localizado al centro de las cuatro columnas. El piso de cemento pulido rigurosamente subdividido complementa la imagen de la sala, que apunta hacia una neutralidad formal y visual, como telón de fondo propicio para dar cabida a las diferentes expresiones de las exposiciones que ahí se muestran. Desde luego el criterio de las distintas salas de exposiciones involucra la idea de plantas libres reconfigurables, dependiendo de las necesidades propias de cada exposición.La escalera que articula verticalmente los distintos niveles del proyecto, ubicada al fondo de la volumetría construida, racional y funcionalmente ejecutada, se despliega formalmente de manera interesante en la fachada secundaria de la galería. El conjunto de los detalles de las distintas herrerías necesarias, incluyendo el ventanal de doble altura que colinda con el jardín, rigurosamente modulado tanto en planta como en alzado y el que da frente e ilumina la zona de oficinas en el segundo piso, resueltos ambos mediante placas y ángulos metálicos convencionales, nos dejan ver las habilidades de diseño de los arquitectos encargados del mismo, reforzando la filiación, racionalista minimalista del proyecto. Los jardines, entendidos como espacios necesarios para procurar una iluminación regulada, contrastan la simplicidad de sus limitantes formales, con la vegetación implementada y estos además, funcionan como posibles extensiones espaciales de algunas exposiciones. Siguiendo cánones lecorbusianos, la azotea es también un lugar útil, en el que se pueden desarrollar algunas actividades culturales complementarias

El resultado final de la remodelación – conversión a galería de exposiciones, de la OMR, nos remite a la distancia, a la buena arquitectura mexicana de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Diálogo sabroso entre modernidad y nostalgia. Aprovechamiento de las preexistencias construidas, valoración-reinterpretación del patrimonio reconocido de la arquitectura mexicana contemporánea y compromiso por dejar constancia del propio tiempo.

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El futuro

Gustavo López Padilla

Al final construimos porque creemos en el futuro; nada muestra más compromiso con el futuro que la arquitectura. Y construimos bien porque creemos en un futuro mejor.

                                               Paul Goldberger en Porqué importa la arquitectura.

Si pensamos en las dificultades que implica reflexionar sobre el presente, a partir de la difícil posibilidad de disponer de datos suficientes,  claros y certeros, dada la limitada perspectiva con la que nos enfrentamos a los hechos; visualizar y sopesar las posibles realidades futuras, nos ubica aún más en la incertidumbre. Sin embargo es indudable la importancia y necesidad de detenerse a pensar desde el pasado, cruzando por el  presente y aventurar los posibles escenarios de futuro, entendiendo lo anterior como un proceso en el que se establecen relaciones de causa y efecto, pero al que se incorporan de manera inevitable, lo que tiene que ver con el azar, lo imprevisto, a veces lo inexplicable, condiciones estas últimas que hacen que la vida sea fascinante, valga la pena ser vivida y hacen de sus expresiones una experiencia rica, atractiva y emocionante. Vivimos el presente como consecuencia del pasado y hoy mas que nunca lo hacemos con tal intensidad, como si este fuera nuestra única posibilidad de vida, pero al mismo tiempo siempre están ahí la esperanza, las ideas, los sueños de mejores cosas en todos los sentidos que imaginamos para el futuro. Como seres humanos conscientes, somos necesariamente los tres tiempos estrechamente relacionados, pasado, presente y futuro, cada uno con sus características particulares.Pero ahora la idea es reflexionar precisamente sobre como deseamos e imaginamos nuestro futuro. Y así las cosas, quiero primero pensar y valorar lo que tiene que ver con lo social. Históricamente hemos vivido la desigualdad, esta se ha afianzado en casi todas nuestras sociedades. Hoy mas que nunca la pobreza, la desigualdad, la falta de libertades y la injusticia  nos agobian. Unos pocos disfrutan excesivamente los increíbles beneficios de la vida moderna, mientras millones de personas  en los cinco continentes padecen hambre, sed, falta de trabajo, techo y arraigo a un lugar determinado. Poco más de veinte siglos de filosofía, desde los presocráticos hasta los postestructuralistas, de desarrollo de la ciencia, desde la máquina de vapor hasta la nanotecnología, de experiencias en sistemas políticos y organizaciones sociales, desde los originales sistemas autoritarios, pasando por el socialismo y la democracia, hasta el neoliberalismo mas crudo, no nos han sido suficientes para lograr condiciones de vida aceptables para el conjunto de todos los que habitamos en este planeta. Pero eso si, ya estamos empeñados por conquistar y habitar marte. Podemos entender que a lo mejor siempre habrá pobres, pero la realidad de hoy en día es que su número y condiciones de vida son inhumanas, alarmantes, inaceptables y vergonzosas. Los malos manejos   políticos, sociales, el egoísmo, la insensibilidad y la ambición desmedida, están incrustadas en lo mas hondo de nuestra naturaleza humana y el futuro, por ahora, no nos augura notables cambios para mejorar en este sentido. Y luego entonces tenemos que considerar un hecho contundente; si no somos capaces de mejorar en lo social y en una redistribución razonable de las riquezas, todos los demás logros serán relativos,  motivo de severas criticas, desencuentros, enfrentamientos que cada vez pueden ser mas peligrosos y destructivos. Pensando en el futuro, para lograr mejores condiciones sociales y económicas, tenemos que empeñarnos en mejorar la aceptación de los otros, lo que tiene que ver con la  diversidad, la libertad, la justicia, la práctica de la democracia, entendida con sus limitaciones como la mejor organización que hemos imaginado y experimentado en poco mas de veinte siglos y lo que va del presente siglo XXI. Tenemos que  mejorar sobre todo la educación y después de esta como su consecuencia, la instrumentación de oportunidades de trabajo que dejen atrás las ideas de explotación de los desprotegidos, el respeto por el estar, el derecho al arraigo a la tierra y a contar con un techo seguro que nos proteja, el acceso a los medios de comunicación. Tenemos que aprovechar mejor  el impresionante desarrollo de la ciencia para beneficio de todos. Lo anterior se nos presenta hoy en día  como una utopía. Debemos comprometernos y empeñarnos en ser capaces de lograr la realización de esta utopía, si aspiramos a mejores cosas para los tiempos que vienen.

Es una realidad que el futuro nos depara que mayoritariamente la población mundial vivirá en ciudades, se visualiza que en los años por venir lo haga el 75 % de la población mundial; esta es una de nuestras certezas en el tiempo. En las ciudades se han realizado y se verifican las mayores transformaciones sociales, políticas, económicas, científicas, culturales y no dejan de sorprendernos cotidianamente. Nuestro futuro en buena medida está enraizado en la realidad de las ciudades y todo lo que ello implica. En los últimos años se ha aceptado abiertamente la transformación de la familia, entendida como la célula principal de la organización social urbana. De aquella idea de familia, con padres, hijos, abuelos y tíos, hemos pasado a una variedad de posibilidades que están dadas por la aceptación de la diversidad sexual y por lo que nos ofrece la ciencia a través de la genética. Hoy existen distintas modalidades de familia. En otro sentido, como consecuencia del desarrollo de la medicina, nuestro tiempo de vida se ha alargado considerablemente, a lo que se suma un incremento notable de la población mundial, mal distribuida en relación con la geografía mundial y a la accesibilidad de los satisfactores vitales. La movilidad social entre países en el mundo, buscando mejores oportunidades de vida, es inevitable y habrá que enfrentarla en el presente y en el futuro con inteligencia y sensibilidad, reconociendo las aportaciones de las distintas culturas. Paulatinamente, distintos grupos sociales cada vez mas informados y mejor preparados, participan activamente en el desarrollo de sus ciudades y demandan activa y conscientemente  distintos satisfactores a sus demandas y se oponen a todo aquello que consideran daña a sus comunidades. Requeriremos en el futuro planear una racional  distribución poblacional en el planeta, con un sentido humanista e incluyente. Además deberemos regular el crecimiento poblacional, entendiendo y regulando de manera mas equitativa la distribución de los satisfactores naturales, que requiere toda la población y que desde luego son limitados y acotados en nuestro planeta. El futuro de nuestras ciudades, su orden espacial colectivo, el tipo de arquitecturas y sus condiciones de habitabilidad van a tener que responder a todos estos requerimientos, condiciones políticas, culturales, económicas y sociales descritas previamente.El futuro estará en gran medida calificado por el vertiginoso desarrollo de la ciencia, aplicada a un sin fin de campos del conocimiento y de la vida. Creo que lo mas impactante tendrá que ver con la medicina, por un lado el control de enfermedades que alargarán aún más la vida, con calidad para disfrutarla, lo que aumentará radicalmente la población adulta, con todo lo que conlleva lo anterior. En otro sentido la tecnología aplicada al cuerpo humano, la llamada biotecnología, mejorará aún más sus capacidades y rendimientos, entrecruzando la naturaleza de los seres humanos con los robots  y  desde luego todo lo que tiene que ver con la regulación de las calidades bilógicas de los seres humanos, en particular lo referido a las manipulaciones genéticas y los clones, que hoy en día son una realidad. Me atrevo a afirmar que ya existen los primeros clones humanos y eso formará parte de nuestra cotidianeidad. Nuevas formas de producción de energía estarán sin duda presentes en nuestro futuro, energías que esperamos sean cada vez mas limpias, de mucha mayor duración y rendimiento. Lo que tiene que ver con el hidrógeno por ejemplo. No podemos seguir consumiendo energías altamente contaminantes y destructivas, estamos en las fronteras límite, que ponen en riesgo la viabilidad de la vida como la conocemos. Confío en la sensatez de los seres humanos para impulsar  nuevas fuentes de energía, amigables con la naturaleza. Nuevas formas de comunicación no dejarán de sorprendernos, lo que puede traer consigo, distintas y novedosas formas de conductas, relaciones humanas y distintas modalidades de  conocimiento. La ciencia aplicada a la movilidad, tendrá también un impacto muy importante en el futuro, formalizando aún más los criterios de globalidad, reduciendo tiempos y distancias. Movilidad personal y colectiva, dejando atrás el rudimentario uso de los automóviles, que cederán su lugar a otros sistemas mas avanzados. La tecnología aplicada al trabajo en general, tendrá un impacto brutal en todos los campos, lo que terminará por transformar las formas de vida de los seres humanos. La llamada inteligencia artificial y la presencia práctica de los robots impactando en lo que tiene que ver con el trabajo y el desenvolvimiento de la vida cotidiana. Tenemos que imaginar radicalmente en el futuro, nuevas formas de ocupar, distribuir el tiempo y con ello ser imaginativos, creativos de nuevas actividades. La tecnología aplicada en las ciudades y en la arquitectura producirá cambios sorprendentes, de los cuales atisbamos hoy en día apenas unos cuantos. Seguirán apareciendo materiales mas ligeros, económicos, durables, con mayores resistencias, distintas calidades y presencia, que transformarán las formas de construcción, operación y mantenimiento de las ciudades y la arquitectura. Lo que tiene que ver con la nanotecnolgía por ejemplo. Las máquinas estarán presentes, reordenando la participación en el trabajo de los seres humanos, incluyendo  lo que tiene que ver con el diseño y todo lo referente a la construcción, operación y mantenimiento de las ciudades y sus arquitecturas. Los robots intensificarán su presencia en nuestras vidas, en lo que se refiere a la limpieza y mantenimiento de nuestros hogares, preparación de alimentos, atención al público, mejoramiento y regulación de las condiciones de confort de los espacios habitables, controlando todo por computadoras.Pero es importante entender que el futuro no implica borrón y cuenta nueva; es necesariamente continuidad entre el pasado, el presente y el futuro. Con una visión optimista se requiere meditar y valorar los logros y errores de poco mas de veinte siglos y lo que va del presente siglo XXI con sus maneras de entender las ciudades y sus arquitecturas, aprovechando unos y evitando los otros. El futuro implica la conservación de los patrimonios construidos que hemos heredado y que nos son significativos, entrañables e indispensables, la restauración de otros que por falta de visión, sensibilidad y arrogancia hemos dañado, la construcción de nuevos ámbitos habitables que deben solucionar y responder a nuestras necesidades presentes y la conceptualización y visualización de escenarios futuros que pensamos serían deseables, siempre pensando en que podremos ser mejores seres humanos y dispondremos de mejores condiciones habitables. En primera instancia debemos reconsiderar el papel que juega la naturaleza en todo esto. Tenemos la gran tarea en el futuro de restaurar los sistemas ecológicos que hemos dañado: bosques, ríos, lagos, lagunas, mares, manglares, etc. Lograr equilibrios ambientales entre el territorio ocupado por las ciudades y la naturaleza, pensando en el presente y el futuro, tomando en cuenta no solo a los seres humanos, sino al conjunto de la vida, incluyendo a los animales, con quienes compartimos la vida como parte de un sistema integral en este planeta.Las ciudades por su propia naturaleza, son varias ciudades al mismo tiempo y en las modernas, las actuales y las futuras, las mezclas razonables de distintos tiempos históricos, diversas densidades construidas, una gran variedad de maneras de entender y resolver sus arquitecturas, diferentes y complementarios usos del suelo son inevitables y deseables. El saber plantear y la sensibilidad combinatoria de densidades y usos del suelo, determinarán en gran medida la calidad habitable de nuestras ciudades, en el presente y en el futuro. Si bien entiendo la necesidad de instrumentar densidades altas en las ciudades modernas, lo anterior no se traduce necesaria y mayoritariamente  en imágenes de muchos edificios altos muy tecnologizados como la idea  que dominará todo el futuro. De hecho es preferible dentro de las posibilidades urbanas combinatorias, una mayor presencia de densidades medias, como las aplicadas al desarrollo de ciudades europeas, Barcelona, Londres o Amsterdam, que permiten una mejor relación de escala entre lo construido, la naturaleza y los seres humanos; sumando en el futuro la presencia de innumerables avances tecnológicos que formarán parte de la vida cotidiana. Se suma a lo anterior la necesidad de tomar en cuenta la conservación, restauración y creación de espacios públicos, abiertos, democráticos e incluyentes, en número, calidad y variedad tales, que respondan a la cantidad de población y a las densidades implementadas en las ciudades. Sabemos de sobra por la experiencia acumulada, que la calidad habitable de las ciudades, es directamente proporcional a la disponibilidad de espacios públicos. Como parte de estos espacios públicos, debemos considerar las áreas verdes necesarias, atendiendo las recomendaciones de los estudiosos en materias urbanas y sociales, en el sentido de que las ciudades deben contar con al menos 15 m2 de espacios verdes por habitante. Es fundamental en las ciudades que alojen poblaciones a las que se pueda atender en sus demandas de satisfactores, distribuidas adecuadamente, evitando sobredensidades malsanas y en otro sentido malos aprovechamientos. Se relacionará con ello el factor de la movilidad, que en el futuro contará con medios sorprendentes, entre lo que tiene que ver con la conducción autónoma segura, los drones y la posibilidad de moverse a través  del aire. Sin embargo, lo deseable para mí es que nuestras ciudades pudieran responder a una redistribución territorial tal, que pudieran ser en buena medida caminables. Habrá gente que le gustará o tendrá que vivir en el piso 150 y deberá trasladarse por los aires entre un edificio y otro. Pero nada, absolutamente nada es mejor para los seres humanos que caminar o andar en bicicleta, entre calles, plazas y jardines, admirar lo construido pausadamente, esperando en el azar, las posibilidades maravillosas de encuentros con otras personas, que lo anterior posibilita.Sabiendo que se ha anunciado recientemente que Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, se ha quedado prácticamente sin agua, imagino para las ciudades en el futuro, ciclos cerrados en el manejo y uso del agua potable e incluyendo la de lluvia, directamente relacionados con el reciclamiento de las aguas residuales, entendidas estas últimas como un bien, reponiendo dentro de los sistemas cerrados, solo el agua que pudiera perderse por fallas en las tuberías o por motivo de evaporación. Lo anterior llevaría a una mejor conservación de ríos, lagos, lagunas y la disponibilidad de agua en los mantos freáticos. Desde luego la posibilidad de la potabilización razonable y ambientalmente comprometida del agua del mar, es otro camino en el presente y futuro, para la disponibilidad de agua en las ciudades. Imagino también ciclos cerrados en la producción de objetos y generación de basura, entendiendo esta última como un bien reciclable, reponiendo también algunas pérdidas. Creo en un mejor aprovechamiento de la luz natural en los espacios útiles, habitables y un razonable uso de la energía, que deberá producirse mayoritariamente mediante fuentes renovables y limpias, como la solar, eólica, mareas e hidrógeno. Confiamos en que la ciencia podrá mejorar las fuentes de energía comentadas previamente y encontrar además otras formas de producción  que dejen atrás definitivamente el carbón, el petróleo y la nuclear, que tanto daño han hecho a la naturaleza, a las ciudades y a los seres humanos.

Formalmente nuestras ciudades estarán determinadas por una gran variedad de densidades construidas, ambientes urbanos y sus arquitecturas, esperando que dentro de su diversidad puedan ser bellas, amables, vivibles, confortables y que permitan que los seres humanos puedan desplegar sus mejores habilidades, capacidades creativas, sus mejores conductas sociales y de relaciones humanas. Sabemos claramente, que la calidad de los espacios habitables, arquitectónicos y urbanos, generan conductas en los seres humanos, que pueden ser positivas o negativas, creadoras o destructivas. Esperamos que nuestra experiencia adquirida nos permita que en nuestras ciudades de futuro, podamos vivir mejor y ser mejores seres humanos. El como y con que calidades habitables tendremos nuestras ciudades en los tiempos por venir, son sin duda responsabilidades colectivas, todos somos necesariamente corresponsables.

Mazdar CIty, Proyecto Norman Foster

Nota:

La lectura previa de los anteriores comentarios, la realicé durante la décimo tercer Congreso Internacional de Arquitectura con Alta Tecnología Bioclimática y Diseño Sustentable, realizado en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, entre el 5 y el 8 de marzo del presente 2018.

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Generación 68 Facultad de Arquitectura UNAM

Gustavo López Padilla

Al inicio del año 1968, llegamos deslumbrados a las instalaciones del campus de la Universidad Nacional Autónoma de México y en particular  a la llamada entonces Escuela Nacional de Arquitectura. Al caminar por el campus, nuestros ojos aún poco educados, se detenían a admirar los magníficos y emblemáticos murales de los maestros que acompañan la arquitectura que personaliza nuestra universidad y que formaron parte de lo que se conoce como movimiento de Integración Plástica. Rivera en el Estadio Olímpico, Siqueiros en la Rectoría, O´Gorman en la Biblioteca, Eppens en Medicina, Chávez Morado en el edificio de Ciencias. Rápidamente comenzamos a utilizar los jardines centrales del campus, donde jugábamos futbol y disfrutamos las islas, donde se descansaba, dormía o se fumaban carretadas de mota. Amor y Paz era la consigna, al mismo tiempo que oíamos las interpretaciones musicales de personajes como Janis Joplin con Un pedazo de mi corazón, a Bob Dylan, cantando como una piedra rodante, a Jimi Hendrix, con su maravillosa guitarra interpretando neblina morada, a los Beatles con el Sargento Pimienta y su Viaje Mágico y Misterioso o a los Rolling Stones con Satisfacción y Simpatía por el diablo. Recorríamos los edificios de nuestra universidad y comenzábamos a saber de sus autores, entre otros Augusto Pérez Palacios, Mario Pani, Enrique del Moral, Augusto H. Álvarez, Juan O´Gorman, José Villagrán, Francisco Serrano, Félix Candela, Ramón Torres, Ramón Marcos, Pedro Ramírez Vázquez, Enrique Yánez y desde luego Alberto T. Arai, de quién según nos contaban, cuando vino alguna vez Frank Lloyd Wrigth a Ciudad Universitaria, comentó que los frontones, con su reinterpretación volumétrica prehispánica, era lo que más le había impresionado. En nuestro espíritu, en lo mas profundo de nuestra alma, comenzamos a construir un sentido de pertenencia y orgullo por ser parte de esta nuestra casa.La generación del 68 se caracterizó entre otras cosas porque muchos de nuestros compañeros venían de distintas regiones y ciudades de la República Mexicana. Desde Baja california, Sonora, el occidente, pasando por distintas ciudades del bajío, el centro del país y desde luego todos aquellos que venían del sureste como Yucatán o Chiapas. Algunos más venían del extranjero. Estudiar en la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM era la mejor alternativa de aquellos años, hoy sin duda, en el 2018 lo sigue siendo, somos la mejor opción, aunque ya existen otras. En nuestra generación contamos con pocas mujeres, entre un 7 y un 10 %, así eran aquellos tiempos. Era memorable que algunas intrépidas se atrevieran a cruzar el patio principal de la escuela y tuvieran que aguantar a lo largo del recorrido una buena cantidad de silbidos y piropos. En los primeros años pasamos casi todo el día en esta escuela, así fue que se crearon diversas hermandades. Llegábamos a las siete de la mañana y estábamos aquí hasta las siete u ocho de la noche casi toda la semana. Aquí estudiábamos, jugábamos y comíamos. Era usual hacerlo en la espléndida cafetería central, que estaba aquí muy cerca de nuestra escuela, aquel edificio de planta libre, apoyos de columnas metálicas esbeltas y fachada transparente, como mandaban los cánones del movimiento moderno, mirando hacia el campus central, la biblioteca y su mural, rectoría con el suyo, los jardines y el espléndido espejo de agua en el que se refleja la biblioteca, el cielo y la naturaleza. La cafetería era amplia, muy iluminada y contaba con mesas grandes, de superficies negras y pulidas, que nos servían de maravilla para desplegar nuestros planos, trabajar en el lugar e intercambiar ideas con los otros. Aquí nos encontrábamos al mismo tiempo con compañeros de otras escuelas y facultades. También podíamos comer en la cafetería de lo que fueron las instalaciones de Radio Universidad, o íbamos a la cafetería de Filosofía, donde había mas mujeres y eso era siempre muy atractivo o a veces comíamos tortas, exquisititas por cierto o al menos así nos parecía  a las dos de la tarde, de las que vendían al fondo de la estación de camiones, que era el medio de transporte básico para  llegar a ciudad universitaria. Muy pronto en el año de 1969 se inaugurarían las primeras líneas  del metro y algunos lo usarían para acercarse casi hasta aquí.Nuestra vida académica se estructuró a partir de la idea y los tiempos asociados a los talleres de proyectos, donde realizábamos nuestros ejercicios de diseño. Talleres que se asociaban a las ideas y directrices de sus coordinadores. Cada quién seleccionaba el taller de acuerdo a sus intereses y preferencias. En ese entonces seguimos muy de cerca el modelo académico que vino de Alemania, en particular de la Bauhaus, con sus cursos de iniciación al diseño y mas tarde lo que terminaba siendo propiamente proyectos. Contamos con maestros de gran calidad y experiencia. Maestros que enseñaban y al mismo tiempo ejercían la profesión, eran verdaderos ejemplos a seguir. Algunos de ellos iniciaron y consolidaron el movimiento moderno en México. Así pues el racionalismo o funcionalismo era el camino seguro, confiable a seguir. Era casi un deber ser. Contamos con maestros de proyectos como Ramón Torres, Manuel González Rul, Max Cetto, Domingo García Ramos, José Luis Benlliure, Ricardo Flores, Enrique Ávila, Santos Ruiz, Josefina Saisó, entre otros. En geometría recordamos especialmente a Miguel De la Torre y a Carlos Chanfón. En historia y teoría a gentes como los arquitectos José Villagrán,  Carlos González Lobo, Jesús Barba, Salvador Díaz Berrio, Antonio Encinas o Vicente Martín. Y que decir de las clases que impartía Mathías Goeritz, discípulo de Barragán, siguiendo de igual manera las ideas bauhasianas de Walter Gropius, Lazlo Moholy Nagy, Marcel Breuer, Paul Klee, Vasily Kandinsky o Joseph Albers. En estructuras contamos con las enseñanzas de los arquitectos Bernardo y José Luís Calderón, Jesús Aguirre Cárdenas, Félix Candela, las del temido Eugenio Peschard o las de Honorato Carrasco. En dibujo desde luego contamos con el Charro Medina o los inicios de Humberto Ricalde. Con este último recuerdo por ejemplo haber dibujado, en la clase llamada dibujo de imitación,  algunas de las esculturas de la Ruta de la Amistad que se instalaron con motivo de las Olimpiadas.Aprendimos pronto a trabajar en equipo y fueron memorables, los incontables fines de semana que nos reunimos en casa de algunos de nosotros, nos encerrábamos desde el viernes por la tarde noche, hasta la entrega del lunes por la mañana; en todo ese tiempo jugamos cartas, hojeamos revistas, algunas de arquitectura y algunas otras mas divertidas. Oímos música, cantamos y a veces hasta bailamos. Desarrollamos los trabajos en equipo que nos fueron encomendados, al mismo tiempo que desde luego escuchábamos música de los Beatles, los Rolling Stones, Los Credence Clear Water Revival, los Beach Boys, Pink Floyd, Led Zepellin, Cream  o los Doors. Pero también escuchamos a Violeta Parra o a Atahualpa Yupanqui. Del rock nacional a veces oíamos a los Locos del ritmo con Antonio de la Villa o a los Crazy Boys, con el Bibi Hernández. Por esos años acudíamos a escuchar música en los cafés cantantes de moda y a las llamadas peñas. Nunca nos falló trabajar en  e Boys, con el Bibi Hernández.   squipo, identificamos y aprovechamos con inteligencia, las distintas habilidades del grupo de compañeros que nos reuníamos. No fuimos una generación muy viajera, sin embargo si realizamos varios viajes, algunos de ellos con motivo de nuestras clases, generalmente de proyectos y otros solamente de diversión. Nos quedan de todos ellos gratos recuerdos.El 68 fue crucial como tiempo de cambio en el mundo, principalmente en Europa, los Estados Unidos y desde luego en México. Nuestras vidas se transformaron en esos años. Había un espíritu idealista y de cambio que se respiraba en la atmósfera. De Rebeldía contra la autoridad, contra los sistemas sociales y políticos, contra la economía injusta, al mismo tiempo que se demandaban procesos de elección democrática. Se criticaron fuertemente las formas tradicionales de familia, de convivencia, se criticó a la iglesia; a lo anterior se les llamó en conjunto movimientos de protesta o de liberación. En Europa y los ejemplos pueden ser Francia y Checoslovaquia, se puso en tela de juicio todo lo anterior y hubo revueltas estudiantiles,  de trabajadores y de clases medias, lo mismo sucedió en los Estados Unidos. México no fue la excepción. Solo faltaba un motivo, una pequeña gran causa, un pretexto que bien podía parecer intrascendente para que el movimiento del 68 comenzara. Y de pronto ya estábamos en la calle, entre marchas y plantones, con arengas del comité de lucha encaramado en los toldos de los camiones instalados en plena plaza del zócalo, movilizaciones que desde luego no eran bien vistas por el gobierno autoritario de Gustavo Díaz Ordaz, quién asumió el movimiento como un peligro, una amenaza para la estabilidad nacional y pronto empezaron la intolerancia, las represiones y los arrestos. Entre las marchas recuerdo en particular la encabezada por el rector de nuestra propia Universidad, Javier Barros Sierra, después de aquel bazukazo a la puerta de madera labrada del siglo XVIII en la entrada de la preparatoria no. 1 de San Ildefonso, en el centro de la ciudad de México. O aquella otra impresionante que se llamó la marcha del silencio. Y qué decir de los trágicos sucesos de Tlatelolco, el 2 de octubre, que no se olvida. Algunos de nosotros que participamos en las marchas, aunque no de una manera tan activa en el movimiento, por azahares del destino no acudimos ese día a Tlatelolco. Pero muchos compañeros si lo hicieron. En el mejor de los casos terminaron en la cárcel y ahí estuvieron por lo menos un par de años. A un compañero que estuvo en Lecumberri me lo encontré años mas tarde y me comentó que se había afiliado a la guerrilla. El ambiente de agitación y transformación se respiraba por doquier y en ese entonces leímos entre otros a  Herbert Marcuse, con obras como El hombre unidimensional, Razón y revolución o Un ensayo sobre la liberación. Seguimos de cerca  al Arzobizpo  rebelde Sergio Mendez Arceo  en Cuernavaca, llamado el teólogo de la liberación, que se revelaba contra la estructura tradicional de la iglesia.

Leímos a Cortázar, desde luego Rayuela e Historias de cronopios y de famas, a León Felipe, con Ganarás la luz, a Pablo Neruda con sus veinte poemas de amor, a Walt Whitman con sus hojas de hierba. Pero también leíamos a Octavio Paz, con el Laberinto de la Soledad y a Carlos Fuentes con La muerte de Artemio Cruz. Como parte del 68, estuvieron presentes entre nuestros intereses, las obras literarias y periodísticas de José Revueltas,  Luís González de Alba,  Elena Poniatowska, Carlos Monsivais y desde luego  Don Daniel Cosío Villegas. En teatro fue la época notable de Jodorowzky con la obra El juego que todos jugamos y en pintura estuvo presente la rebeldía de José Luis Cuevas y Rufino Tamayo, en contra de los maestros muralistas. Leímos  ciencia ficción,  Aldous Huxley, Isaac Asimov, Ray Bradbury, Arthur C. Clark o Georges Orwell. Aquellos mundos fantasiosos e increíbles hoy en día, en muchos aspectos son parte de nuestra cotidianeidad. Fue el tiempo también en que una mañana de 1969, en nuestro salón de clases, las suspendimos para seguir en tiempo real, en un radio de pilas que alguien llevaba, la transmisión de la llegada del hombre a la luna, Neil Amstrong, Aldrin y Collins. La carrera espacial entre Rusia y los E.U. en pleno. Fue también el tiempo de la píldora anticonceptiva, de la minifalda, los pantalones acampanados, el pelo largo y la barba. Las propuestas de vida comunitaria de lo hippies.  El apogeo de las películas de James bond, de Brigitte Bardot, Sofía Loren, Marcelo Mastroiani o Alain Delón. Fueron muy importantes por esos años las muestras internacionales de cine y hacíamos largas colas en el Cine Roble, ubicado en de Paseo de la Reforma, casi en el cruce con Insurgentes; podíamos ver hasta tres películas en un día, obras  de Fellini, Visconti, Bertolucci, Bergman o Woddy Allen.Las Olimpiadas de México 68 fueron un pequeño respiro, un intervalo en la violencia y la  transformación política, social y educativa del país. Los juegos fueron espléndidos y memorables; recordamos con emoción las fanfarrias olímpicas, los triunfos en natación del Tibio Muñoz y María del Pilar Roldán en esgrima. Con los juegos se celebró en paralelo la llamada Olimpiada Cultural. La universidad en este sentido desempeñó un papel fundamental. Recordamos las magníficas exposiciones celebradas en el Museo Universitario sobre arte contemporáneo. Entre los trabajos de los grandes expositores, particularmente fue significativa una escultura que se instaló en el museo, con un pequeño espejo de agua y que permaneció ahí por varios años. Se trató de una escultura de gran formato, tallada en madera, del finlandés Tapio Birkala. Poco mas adelante todavía siendo estudiantes,  fueron los tiempos en los que se celebraron el Festival de Woddstock en 1969 y el de Avándaro en 1971, con todo lo que significaron en su momento y para el futuro. Nos tocó vivir la guerra fría y la caliente también que  cobró muchas vidas. Vimos pasar frente a nosotros a personajes y líderes emblemáticos, desde Nikita Krushov, John F. Kennedy, Mao Tse Tung, Fidel Castro,  Charles de Gaulle, Winston Churchill, Josep Broz Tito y que decir del emblemático Ché Guevara. Nuestra generación, además del cambio,  desde el año de 1976 se ha enfrentado a vivir casi permanentemente en la crisis. Hoy en día padecemos una de tantas y nos hacen falta nuevos y mejores líderes, con verdaderos compromisos de valores para con sus países y sus sociedades.Por distintas razones varios de nosotros comenzamos a trabajar, al mismo tiempo que estudiábamos en la Escuela de Arquitectura. Circunstancia de la vida que fue muy afortunada. Trabajar en un buen despacho de proyectos, es parte fundamental en la formación de un joven estudiante de arquitectura. Históricamente la relación maestro alumno ha sido ampliamente documentada y es sin duda fundamental para la evolución de la arquitectura. Ahí están las fructíferas relaciones de Lecorbusier con Perret, Wright con Sullivan, Mies con Behrens o la de Teodoro González de león con el mismo Lecorbusier. Hacer arquitectura por esos años en México, entre 1968 y 1973 era realizar proyectos racionalistas. No había duda, eso era lo correcto y la manera dominante de hacerlo. Pero muy pronto pasamos de las certezas a la incertidumbre. Con la aparición en 1969 del libro Complejidad y contradicción en arquitectura de Robert Venturi, se terminó de poner en duda la vigencia del racionalismo, entendido como la  vía mas importante para ejercer la arquitectura y se abrió un panorama amplio de posibilidades para practicarla, algunas de las cuales se consideraban de poco valor, como la arquitectura posmoderna. De una supuesta uniformidad, de una arquitectura racionalista que pretendió imponerse con la denominación de internacional, pasamos a la aceptación de la diversidad, condición que nos acompaña hasta nuestros días. Los maestros de la arquitectura, muchos de los cuales nos formaron en nuestra época de estudiantes, fueron paulatinamente reemplazados por nuevas generaciones, con visiones distintas e incluyentes.Nuestra generación se significa por los cambios, que poco a poco se fueron presentando vertiginosos. Pasamos de dibujar con regla T, escuadras y compás, con  plumillas Spitball, para sustituirlas luego por el graphos, luego el rapidograph, pasando por las plantillas de letras, las calacas metálicas, el leroy, las reglas universales y las paralelas, hasta la computadora y ahora lo virtual, los dibujos en tres D, el revit  y todo lo relacionado con la nanotecnología. Desde la escuela tradicional que enseñaba los órdenes clásicos en la arquitectura, pasando por el racionalismo, hasta la aceptación de la diversidad del conocimiento, que acepta  hoy en día que existe realmente una única regla absoluta y universal y que es que no hay ninguna regla. Desde la escuela tradicional en la que a partir del 68 se iniciara la gestión de un movimiento que se traduciría un poco mas tarde en las formas educativas del autogobierno en 1972 y la arquitectura participativa, hasta llegar a la educación de nuestros días, incluyente, diversa, con un alto compromiso social y donde la tecnología con características que nos sorprenden todos los días, forma parte ahora de nuestra realidad cotidiana, con formas novedosas, sorprendentes, atractivas y divertidas de enseñanza. Una buena cantidad de nosotros somos egresados del autogobierno y hoy en día la realidad de nuestra escuela se caracteriza por ser incluyente, respetuosa, tolerante, rica  y diversa. El tiempo de cincuenta años, de 1968 al 2018,  se nos ha pasado como un suspiro, todo ha sido y sigue siendo vertiginoso y sorprendente. Estamos plenamente conscientes de que no somos cualquier generación, somos la generación 1968, la generación del cambio, la idealista, la del antes y el después. Pero haciendo un razonable ejercicio de autocrítica, tenemos que reconocer que todavía no hemos contribuido lo suficiente, lo que se espera de nosotros  a la arquitectura mexicana contemporánea.

Algunos de nuestros compañeros ya no están con nosotros. Vayan para ellos nuestro reconocimiento, nuestros recuerdos y nuestro afecto. Los demás estamos aquí todavía, activos y vitales, haciendo desde distintas trincheras lo que nos gusta, lo que nos apasiona, lo que en buena medida le da sentido a nuestras vidas, hacemos Arquitectura y todavía tenemos muchas cosas por hacer. Nos aferramos a la máxima histórica aceptada de que la buena arquitectura se hace con la experiencia de los años, con las canas o la falta de pelo. Dicen que los buenos arquitectos han logrado contar en la historia después de los cincuenta, los sesenta o los setenta años. Tenemos que aprovechar al máximo el tiempo que nos queda. El actual es también nuestro tiempo y lo vamos a aprovechar y  ejercer plenamente.

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Álvaro Moragrega, renovación en la arquitectura de Jalisco

Gustavo López Padilla

Desde los inicios del movimiento moderno de la arquitectura en México, a partir de la segunda mitad de los años veinte, del pasado siglo veinte, las aportaciones de los arquitectos nacidos en el Estado de Jalisco han sido relevantes y trascendentes. Lo anterior está ampliamente documentado en las guías y libros de la  historia de la Arquitectura Mexicana Contemporánea y en particular en aquellos que dan cuenta de las particularidades de la arquitectura jalisciense. Entre estos últimos podemos mencionar: Guía arquitectónica esencial zona metropolitana de Guadalajara, editada y coordinada por Arabella González Hueso, Gobierno del Estado de Jalisco, Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco, 2005, el libro Una mirada a la modernidad arquitectónica en Guadalajara, de la autora Dra. Claudia Rueda Velázquez, coedición de la Universidad de Guadalajara, ITESO y Arquitónica, del año 2016 y la Guía de Arquitectura Guadalajara, editada por Arquine, también en el año 2016.Desde hace poco mas de diez años, se ha desarrollado una importante renovación generacional en la arquitectura del estado de Jalisco, lo cual se ha empezado a manifestar en los ámbitos, sobre todo de la ciudad de Guadalajara y sus alrededores, con un conjunto de obras que dan cuenta de la reciente arquitectura jalisciense, enriqueciendo la propia arquitectura del lugar, así como el conjunto de la Arquitectura Mexicana Contemporánea. Entre los autores destacados encontramos al arquitecto Álvaro Moragrega, nacido en la ciudad de Guadalajara en marzo del año 1972, egresado del ITESO en el año 1995  y habiendo realizado estudios de maestría y doctorado en la ciudad de Barcelona, España, entre los años 1996 y el 2000. Entre las obras realizadas hasta ahora por Moragrega, destaca un discreto edificio de departamentos, ubicado en la colonia Americana, en la calle  Efraín González Luna, en el número 1916, terminado en el año 2014. Con esta obra se perfilan con claridad las ideas,  habilidades e intereses proyectuales del arquitecto, desde la voluntad de que el edificio se inserte con naturalidad en el contexto que lo rodea, mimetizándose con el lugar, pero al mismo tiempo logrando mostrar una imagen urbana que identifica la obra en sus particularidades y propuestas de diseño. Se trata de que la arquitectura haga ciudad, que  enriquezca el tejido de la misma, de manera inteligente y respetuosa, casi como si la obra hubiera estado siempre en el lugar. Un detalle que vale la pena comentar, en términos de ciudad, es la presencia de la banqueta que da frente al edificio, terminada con  mosaicos de cuadros rojos y blancos, que bien podría haber sido una preexistencia en el lugar, que recuerda los tratamientos de las banquetas tradicionales del centro de la ciudad de Guadalajara.

La obra en cuestión se desplanta sobre un terreno plano, que cuenta con 525.00 m2, con clara orientación dominante norte sur, siendo esta última orientación, la sur, la que califica la fachada principal.  El edificio se despliega en seis niveles, cinco de los cuales alojan los departamentos que lo componen y uno, el de planta baja aloja los estacionamientos, el acceso principal peatonal y la ubicación de las articulaciones verticales. La volumetría general del edificio, muestra el criterio de contar con una base de soporte o arranque del edificio, un cuerpo dominante, cerrado, masivo y un claro remate superior, de presencia mas ligera y transparente. Dos terrazas se ubican en el primer nivel; una de carácter privado, un tanto jardinada da frente a la fachada principal, propiciando el remetimiento del volumen principal del edificio respecto del alineamiento, consiguiendo que la presencia del mismo sea mas amable y cuente con una mejor escala respecto de la calle y los peatones que la recorren. Otra terraza de mayores dimensiones, al fondo del terreno, de carácter colectivo, opera como lugar de distribución, encuentro, convivencia y ahí rematan las escaleras principales que conducen a los diferentes niveles del edificio.

Existe una mezcla y variedad de tipos de departamentos, cinco para ser precisos, con un total de once unidades habitables, que oscilan entre 59.70 m2 y 121,64 m2. El edificio cuenta con un área total construida de 1320.00 m2. El orden compositivo de los departamentos es simple y riguroso. Se trata de una arquitectura que transita entre las ideas del  racionalismo y sus variantes minimalistas. Formas geométricas simples, regulares, materiales aparentes, claridad constructiva y funcional, buscando el máximo aprovechamiento del espacio, la regulación del asoleamiento, el máximo aprovechamiento de la luz, su  incidencia y el flujo de la ventilación natural. Muy en la tónica de la vida moderna, cosmopolita, la unidad habitable mas pequeña, que sirve de base para las otras unidades, es propiamente un único espacio múltiple, continuo, flexible, un tanto alargado, con apenas subdivisiones para alojar y resguardar los servicios sanitarios y de lavado. La tipología de muebles, sus dimensiones y ubicación, definen apenas las actividades funcionales. Entre las distintas tipologías de departamentos, que permiten usuarios diferentes, lo que alienta y enriquece la vida social en el edificio, pueden haber unidades con dobles alturas u otras de áreas mayores, pero siempre respetando una claridad y un orden compositivo riguroso. Como remate del edificio en el último nivel, con una propuesta contrastante, uno de los departamentos de los  de mayor área, ocupa el nivel completo y cuenta además con una terraza alargada, angosta, perimetral y todas sus fachadas están terminadas con cristal, lo que nos recuerda a la distancia, las propuestas miesianas de cómo resolver una unidad habitable. Hablamos de los criterios de planta libre, flexible, totalmente transparente, con una interrelación intensa entre los interiores y los exteriores. Orden compositivo, riguroso, modular y sistemático. Se trata de una arquitectura que cuida y resuelve con esmero, el conjunto de las soluciones de detalle, el manejo y transición de los materiales que se emplean en la obra.

Las fachadas norte y sur del edificio, las que se consideran como principal y posterior son notoriamente contrastantes. La sur, la que da a la calle, es masiva, con el criterio compositivo de fondo y figura, juego entre muros y pequeñas ventanas, muros terminados en tabique de barro aparente y ventanas que cuentan con ciegos adicionales para regular la luz y el sol, terminados con paneles de lámina oxidados y calados de manera interesante. En otro sentido la fachada norte, al interior del edificio, está terminada predominantemente con cristal, mirando hacia la terraza común, ubicada en el primer nivel y hacia el juego dinámico de las escaleras. En los distintos niveles, un corredor también común, sobre esta fachada norte, permite el acceso a los diferentes tipos de departamentos. Me parece que aquí justamente en esta zona, se genera alguna condición criticable del edificio, ya que la transparencia dominante en esta fachada, limita las posibilidades de privacidad de los departamentos y su condición norte, no es necesariamente, climáticamente favorable. El fuerte contraste de esta fachada, respecto de la principal que da a la calle, llega a sugerir formalmente que se pudiera tratar de dos edificios diferentes o dos autores distintos de una misma obra, aunque es necesario reconocer, que el juego formal y geométrico, entre fachada, corredor, escaleras y terrazas es muy atractivo.

El edificio EGL 1916 del arquitecto Álvaro Moragrega, resuelto con serenidad, sensibilidad y seriedad profesionales, mas allá de las modas transitorias y de la arquitectura como espectáculo, representa la permanencia, continuidad y evolución de las ideas racionalistas, un futuro promisorio para la arquitectura de Jalisco y por ende de la Arquitectura Mexicana Contemporánea

Notas:

Colaboradores del proyecto arquitectónico : Carlos Ruiz Palomino y Roberto Soltero.

Fotografías: Jaime Navarro y Álvaro Moragrega

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Respiro verde en el paraíso del cemento y el automóvil

Gustavo López Padilla

El desarrollo de la Ciudad de México se relata en una larga historia, en la que a partir de la conquista española en el siglo XVI, se emprendieron acciones urbanas, que por lo general han sido contrarias a la presencia de la naturaleza. Increíblemente, durante este tiempo se mandaron  secar cinco  enormes lagos y se destruyeron grandes extensiones boscosas, lo que nos ha ubicado como una de las ciudades contemporáneas mas agresivas, en términos de equilibrios ambientales. En la actualidad estamos perdiendo la última gran oportunidad de enderezar el camino, al iniciar la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad, precisamente en los terrenos de Texcoco, cancelando casi la posibilidad de restaurar en buena medida nuestra original condición verde y lacustre. Según los estudiosos de las ciudades, se debe disponer con al menos entre doce y quince metros cuadrados de espacios verdes por habitante, para contar con condiciones propicias y adecuadas a la convivencia colectiva. Nuestra ciudad de casi nueve millones de habitantes, con una densidad de 5996 hab. por km2, actualmente dispone de cinco metros y medio de estos espacios verdes, lo que nos ubica distantes de las condiciones necesarias y deseables. Seguimos construyendo, extendiendo, densificando la ciudad y las oportunidades para crear nuevos e importantes espacios verdes se van limitando peligrosamente, poniendo en riesgo la viabilidad razonable de nuestro desarrollo urbano, si no pensamos este último de manera equilibrada e integral: arquitectura y espacios públicos.Tomando en cuenta este panorama, resulta importante que el pasado mes de noviembre  del año 2017, se haya inaugurado un nuevo parque urbano, en la Delegación Política de Cuajimalpa, en la zona de Santa Fé, denominado La Mexicana. Este nuevo espacio colectivo forma parte de 41.5 has., de las cuales el 70 % 29 has.,  está destinado al uso de área verde, en tanto que el restante será enfocado al desarrollo  de viviendas privadas. El Parque la Mexicana forma parte de un proyecto en el que participan el gobierno de la ciudad y la iniciativa privada. La inversión para ejecutar el parque de dos mil millones de pesos y su administración, mediante concesiones, corre a cargo de la iniciativa privada. Esta última desarrollará los proyectos de viviendas mencionados. Todo lo anterior regulado por el gobierno. El diseño del parque les fue encomendado a los arquitectos Víctor Márquez y Mario Schjetnan. El terreno donde se ubica el proyecto, de forma alargada, está limitado por la Ave. Tamaulipas, el Paseo de los Arquitectos y la Ave. Luís Barragán, colindando de manera cercana con una zona de edificios altos por un lado y por el otro con áreas habitacionales de viviendas unifamiliares de distintos niveles socioeconómicos y cerca también del Centro Comercial Santa Fé.        

En el lugar que originalmente fue explotado como una mina, los arquitectos diseñadores aprovecharon sus desniveles preexistentes, acentuando además otros nuevos cambios de nivel, para definir y delimitar distintas zonas de uso de acuerdo a los programas incluidos en el parque, entre los que se incluyen zonas de juegos, ciclopista, pistas de skate, carriles para corredores, andadores peatonales, mirador, anfiteatro, zona canina, dos lagos artificiales, fuentes, zonas de comida y desde luego extensas zonas verdes. Se trata de un nuevo espacio verde, abierto, público y democrático, que funciona como un respiro apenas necesario, en medio de un intenso y continuo trafico vehicular, paraíso del automóvil y el cemento, que resulta de una zona de desarrollo urbano de gran densidad construida, en donde el peatón es un ser en desamparo, que casi no es tomado en cuenta, si acaso tan solo cuantificado como dato para el consumo, resultando además una zona urbana difícilmente articulada con el tejido del resto de la ciudad de México. El parque La Mexicana es amable, agradable, bien ejecutado, aceptado por el público en general; se pueden ver familias y personas de distintos grupos sociales, que recorren el lugar, que lo viven, lo disfrutan y comienzan a hacerlo suyo, aprovechando las distintas actividades que ahí se ofrecen.Se trata de que el parque, dada su administración, seguridad y concesiones privadas,  opere su funcionamiento y mantenimiento de manera regular y eficiente, garantizando en todo momento su inclusión social abierta y plural. En términos de diseño y ambientales, el parque cuenta con cisternas para almacenar el agua de lluvia y aprovecha además una planta de tratamiento de aguas residuales cercana al lugar, para garantizar así el riego eficiente del parque y el agua necesaria para los dos lagos artificiales, incluyendo su chorro de agua y otras fuentes, limitando la utilización de  agua potable. La iluminación nocturna requerida se administra mediante luminarias con celdas solares y se cuenta en la zona con internet inalámbrico. Me parece que hubiera sido deseable, que se retrasara un poco de tiempo su entrega y apertura al público, para garantizar que las especies vegetales pudieran consolidar su presencia en el lugar. Pero evidentemente los tiempos razonables de proyecto, nunca coinciden con los tiempos políticos. La administración privada del lugar y el público en general, deberán poner de su parte lo que les corresponda, para no deteriorar la calidad del parque.La posibilidad de imaginar y llevar a cabo un desarrollo urbano para nuestra ciudad, coordinando esfuerzos e intereses entre la iniciativa privada y los gobiernos de la ciudad, es un camino viable, diría incluso necesario, respetando razonablemente los niveles de inversión y recuperación para ambas partes, pensando sobre todo en el bienestar común y no solo en los intereses de la iniciativa privada. Es una realidad que para los gobiernos de la ciudad, en muchas ocasiones es difícil la operación y mantenimiento de los espacios públicos, de ahí que la participación, insisto razonable, de la iniciativa privada sea deseable. A nuestra ciudad le hacen falta todavía muchos espacios verdes, muchos lugares en donde el agua esté presente; tenemos que aprovechar los pocos territorios disponibles e incluso afrontar el hecho de tener que destruir zonas ya construidas, aumentando razonablemente su densidad construida, buscando la posibilidad para alojar nuevos espacios verdes.La meta de contar con al menos entre doce y quince metros cuadrados de espacio verde por habitante, la debemos tener presente, asumiendo que las ciudades se hacen y rehacen en el tiempo, pensando en nuevos espacios comunitarios amables y bellos, para la convivencia y el confort de quienes aquí vivimos; tratando de restituir para nuestra ciudad, en la medida de lo posible, las atrocidades ambientales que hemos realizado a lo largo del tiempo. El Parque la Mexicana es un buen paso y ejemplo en este sentido; hay que mejorar los mecanismos operativos y financieros empleados, para lograr mas lugares como este. En este sentido hay que valorar adecuadamente los terrenos que ocupará el nuevo aeropuerto de la ciudad y los que queden al trasladar allá las instalaciones existentes. Evidentemente no todo puede ser espacio publico, pero una posición razonable, equilibrada, nos daría la oportunidad de contar con mas parques como La Mexicana, con mayores áreas útiles, tratando de recuperar en la medida de lo posible nuestra condición boscosa y lacustre.

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